EPIDEMIOLOGIA Y PREVENCION. PERSPECTIVAS (Epidemiology and Prevention Perspectives)

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Publicado el : sábado, 01 de enero de 1994
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Fuente : Revista Española de Salud Pública 1135-5727 (1994) Vol. 68 Num. monográfico
Número de páginas: 4
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EPIDEMIOLOGIA Y PREVENCION. PERSPECTIVAS
Miguel Gili Miner
No es tarea fkil hacer una síntesis sobïc da, prevalencia de problemas y utilización
las perspectivas de la utilización de la epide- de servicios a nivel nacional son engañosos
miología en prevención, mis aún si se pre- cuando pretenden aplicarse a Cantabria y Se-
tende enmarcarla en el contexto histórico y villa, donde los resultados dc estas variables se
social dc la España de 1992, y hacer una ex- desvían ostensiblemente de las medias nacio-
posición sobre todos esLos aspectos en brc- nalcs, en uno y otro sentido. El análisis a nivel
ves minutos. Es probable que si se solicitase nacional cs imprescindible para la planifica-
la opinión de los participantes en estas Jorna- ción general dc programas de prevención y
das sobre estas pcrspcctivas se obtuviera un control dc los problemas relacionados con
amplio espectro de puntos de vista sobre el el alcohol, particularmente las medidas de
tema, seguramente muy fructíi‘cro c intere- orden 1egislaGvo y social, pero cl estudio a
sanLe pero también con enfoques muy diver- nivel local cs Lambién imprescindible para
sos y difícilmente comparables. Por ello, voy identificar los grupos sobre los curíles debe
a permitirme comentar algunos problemas actuarse con programas específicos, parlicular-
que estimo importantes, admitiendo y advir- mcntc los educativos y los asistenciales, da-
tiendo que hay un inevitable sesgo personal das las grandes diferencias intcrrcgionalcs
cn la selección de los itcms. Asimismo, en existentes.
esta no aleatoria de problemas me
vov a permitir sacar a la luz algunos surgidos Otro problema es cl del IIK~KX& clesfilsc 2
en estudios con los que estoy más familiari- cultwu1 irltel-~<Yl,,r~lci,,lL11. En España nos
zado por haber parkipado como investiga- encontramos co11 abismales diferencias cul-
dor en ellos. turalcs entre generaciones, conviviendo ni-
ños, adolescentes y jOvenes familiarizados
Uno dc los problemas que surge al prctcn- con cl manejo de computadores personales
der aplicar los resultados de la investigación con muchas personas mayores con grandes
epidemiológica en programas dc prevención cs limitaciones cn la interpretación de los tcx-
cl de las marcadas diferencias interregionalcs y tos dc los periódicos, y mucho mcís de cucs-
de 1~1 uurtelu CWI ll1 rillc se clehe q?licnt- resd- tionarios sobre problemas de salud y I‘ollctos
tuílos de uivel wciomd Ci nivel regioml 0 lo- con mensajes educativos. Esto plantea un in-
cnl. Un e.jemplo es el anjlisis comparativo tcrcsantc problema tknico cn cl diseño dc
de los resultados de la cncucsta Gallup sobre estudios cpidcmiológicos dirigidos a g-l-upos
los patrones de consumo dc alcohol en Espa- cn los cutíles coexisten colectivos dc distin-
íía ’ y los resultados del estudio OMS-Minis- tas edades (por cjcmplo, la población genc-
terio de Sanidad y COI~SUIIIO de la Respuesta ral, o los usuarios dc centros dc salud). Así,
Comunitaria a los Problemas Relacionados ~111 cuestionano postal o auto-respondido
con el Alcohol ‘.‘. En ellos puede observarse pucdc ser una herramienta dc trabajo accpta-
que los datos sobre patrones dc COIISLII~~O, x- blc cntrc población joven y dc mediana
titudes y normas culturales Irentc a la bebi- edad, pero las tasas dc no-respuesta y los errores de interpretación cuestionan su aplica- tuales criterios de admisión de pacientes con
ción a grupos de edad más avanzada, obligan- insuficiencia renal crónica en programas de
do a emplear otras opciones, por ejemplo, hemodiálisis y tenderán a ser más restricti-
entrevistas personales, lo cuál encarece nota- vos. Algo similar acontecerá en los progra-
blemente los programas de intervención. mas de trasplantes de órganos. Los estudios
de supervivencia en Unidades de Cuidados
Además de estos problemas culturales, la Intensivos permitir5n definir quienes deben
~voluci/jn Qer?togucífku de la población espa- y quienes no deben ser admitidos en estas
ííola plantea ya, y presentará con creciente
Unidades, sea porque no es necesario o por-
gravedad, otros scríos problemas en la plani-
que igualmente van a fallecer ‘, iQuién sabe,
ficación de programas preventivos. La lon-
hasta cs posible que los ensayos clínicos so-
gevidad creciente de la población española
bre vasodilatadores cerebrales nos saquen a
va a determinar que a principios del siglo todos de dudas sobre su eficacia t-cal y SC re-
XXI tnás de un 25% de la población tenga gule su prescripción?.
más de 65 años. Esta creciente proporción de
Otro motivo de preocupación lo seguir5 personas mayores elevará el número absolu-
to de enfermedades crónicas, aun cuando constituyendo el de las ~wwcu&zs diferencias
disminuya entre ellos la incidencia de esLas de nzor~3ilidud y de nzcrrtalidud entre las d$e-
rentes clases sociales de la poDlucih y su enfermedades. En otros casos inclusive va a
muy riistiì2tcr lctilizncin’rr y ul7’-~~v”chanlientrz aumentar la incidencia de ciertas enfertneda-
de los sei-vicios sarziturios. Durante las últi- des crónicas incapacitantcs, como la artritis,
mas décadas no se ha logrado reducir en la las lumbalgias y otros problemas musculo-
tnistna medida en todos los países desarro- esqueléticos, con su consiguiente gravamen
llados las diferencias entre estas clases so- sanitario, social y económico. Los porccnta-
ciales. Lo cierto es que en todas las regiones ics de supervivientes con graves incapacida-
españolas la salud y la cnfcrmedad no se dis- des tras un infarto dc tniocardio o un ictus
wibuyen en la sociedad de forma aleatoria. apoplético van a seguir siendo progrcsiva-
Ciertos grupos sociales est5n enfermos con tnemc mayores. La propot-ción de enfermos
mayor frecuencia que otros, y mueren antes. con insuficiencia renal crónica que inicien
A pesar del espectacular desarrollo económi- tratamiento sustitutivo de hemodi~lisis ser&
co y social alcanzado durante este siglo, las también crecientes, al igual que el número de
trasplantes ‘. Las necesidades de Unidades diferencias entre clases sociales siguen tnan-
teniéndose cn gran medida. Las clases socia- de Cuidados Intensivos scrán también cre-
les tnk bajas siguen cstando sujetas a tasas cientes dada la plétora de personas mayores
de mortalidad, tnorbilidad e incapacidad mk con enfermedades basales graves pero con
elevadas. Estos hechos, y el que estos grupos supervivencias cada v& más prolongadas.
hacen menor y peor uso de los servicios sani- Los consumos de vasodilatadores cerebrales
tarios “, refuerzan la necesidad de reorientar pueden llegar a alcanzar cifras estrctneccdo-
los patrones asistenciales no sólo en la con- ras si su prescrtpctón sigue en el futuro los
jugación de las actividades curativas con las patrones actuales.
preventivas, sino también en alcanzar una
Estas expectativas plantean una serie de equidad en la asistencia, de tal forma que se
lineas prioritarias en la investigacikt cpide- beneficien más de los programas asistencia-
tniológica española, no sólo por el impacto les aquellos que n-k ncccsidad tienen de
sanitario y social dc estos problemas de salud cllos. En este tema no puede olvidarse que es
sino rambién por su agobiante COSIO econótni- fácil caer en el error de r~wclicaliznr prd3k-
co. Sc precisará de un buen número de estudios mus que sofi esencinlnleate sociules. Los
epidemiológicos para poder aft-omar la resolu- programas de prevención aplicados con
ción más práctica y menos costosa dc estos criterios de equidad solo deberían ser con-
problemas. Seguramente cambiarán los ac- siderados como una herramienta más
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en el contexto de necesidades que deben sa- levante en el nivel donde SC van a aplicar los
tisfacerse con medidas de orden político: programas de prevención. Esto deber6 con-
medidas legislativas, medidas sociales, me- jugarse con una centralización dc la inforrna-
didas educativas y política sanitaria, todas ción y su disponibilidad para todos los
ellas orientadas a disminuir la desigualdad orupos del país. Esta última función deberá b
social. asumirla dc forma creciente el Centro Nacio-
nal de Epidemiología.
La desigualdad social ante la salud plan-
tea nuevos problemas en la investigación cpi- 2.” En el diseño de estuclios cpidemio-
demiológica que quiere aplicarse cn lógicos y en la evaluación de programas de
programas de prevención, y que se hacen evi- intervención será imprescindible tener en
dentes en el estudio sobre el estado nutricional cuenta las notables diferencias dc nivel cul-
de la población infantil de Andalucía ‘. Los tural entre generaciones. y emplear hcrra-
tiempos en los que el estado nuu-icional en mientas apropiadas para la recogida de
las distintas clases sociales se cuantificaba información en cada grupo.
con criterios clínicos es ya una anécdota his-
3.” La evolución dcmogr6f’ica dc la po- tórica en España. Inclusive los indicadores
blación va a agudizar cl impacto de proble- antropométricos de desnutrición reciente (-2
mas de salud que ya hoy cn día son muy DE o por debajo del percentil 5 de la curva de
importantes por su costo económico y de de- Peso/Talla del NCHYCDC) o dc desnutrición
dicación de recursos humanos y asistencia- antigua (-2 DE o por debajo del pcrccntil 5 dc
les. Los estudios cl~idcn~iológicos deberin la curva de TalWEdad del NCHYCDC), son
jugar un papel ~undamcntal cn la definición insuficientemente discriminanw cuando se
de criterios de inclusicjn y de exclusión en comparan en diferentes clases sociales. En
los programas asiswcialcs disponibles para cambio, si se busca un “estado dc desnutri-
la resolución de estos problemas (Unidades ción limítrofe” (“bordcrlinc”) del’inicndolo
de Cuidados Intensivos, Programas de He- en indicadcn de desnutrición reciente como
modiálisis, Trasplantes? i,prcscripción dc va- por debajo del percentil 10 dc la curva de Pe-
sodilatadores cerebrales?) so/Talla del NCHSKDC c indicador de
desnutrición antigua como por debajo del
4.” Un h-ea prioritaria dc los programas
percentil 10 de la curva de Talla/Edad del
de promoción de la salud y dc prevención cs-
NCHYCDC, se encuentra una clarísisn~a
pccíl’ica sch cl de la corrección de las dcsi-
estratificación, tanto si se emplean indicado-
waldades sociales cn salud. Esre capítulo a res de renta, de nivel educativo o de grupo
será realmcnw cfcctivo si cs un componen-
socio-ocupacional.
tc mcís dc un programa intersectorial enca-
minado a disminuir las dcsigualdadcs No deja de ser curioso que en Espafia no
sociales con otras medidas de carkter po- existe uniformidad en la utilización de indi-
lítico. La investigación cpidemiológica va a cadores de clase social; cada grupo elabora
precisar cn algunos casos dc nuevos indica- los suyos propios o adopta alguno dc Iùcra (a
dores del cstatus dc enfèrmcdad o de problc- veces con notables dificultades). Mc atrevo a
ma dc salud, y dc una unif’ormidad nacional sugerirlo como tema a tratar por la Sociedad
de los indicadores dc clasc social para per- Española de Epidemiología y el Centro Na-
mitir la comparabilidad dc los resultados ob- clonal de Epidemiología.
tenidos.
En suma, pretendiendo sintetizar los pro-
blemas que he planteado, puedo decir que:
BIBLIOGRAFIA
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