Comprender la agricultura campesina en los Andes Centrales

¿Cuáles son los motivos que incitan a un campesino a escoger una técnica en vez de otra? ¿Por qué utiliza aún aquella herramienta arcaica? Pierre Morlon se hizo estas preguntas con frecuencia a lo largo de los ocho años que vivió en los Andes. Es así que, paulatinamente, las acciones técnicas de vulgarización le parecieron cada vez menos adecuadas. Entonces, optó por una investigación histórica sobre la manera cómo se organizó la sociedad para utilizar el medio ambiente. La participación de numerosos especialistas para construir entre todos un conjunto coherente de explicaciones, no impide de ninguna manera que el lenguaje sea asequible y la presentación agradable, ilustrada con numerosos ejemplos. El lector podrá apreciar un texto sin a priori, pero no exento de pasión, pues es cierto que en este rubro, intentar comprender es empezar a admirar.


Publicado el : lunes, 30 de junio de 2014
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EAN13 : 9782821845350
Número de páginas: 495
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Comprender la agricultura campesina en los Andes Centrales

Perú-Bolivia

Pierre Morlon y Edgardo Rivera Martínez (dir.)
  • Editor: Institut français d’études andines, Centro de Estudios Regionales Andinos Bartolomé de Las Casas
  • Año de edición: 1996
  • Publicación en OpenEdition Books: 30 junio 2014
  • Colección: Travaux de l’IFÉA
  • ISBN electrónico: 9782821845350

OpenEdition Books

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Edición impresa
  • Número de páginas: 495
 
Referencia electrónica

MORLON, Pierre (dir.) ; RIVERA MARTÍNEZ, Edgardo (dir.). Comprender la agricultura campesina en los Andes Centrales: Perú-Bolivia. Nueva edición [en línea]. Lima: Institut français d’études andines, 1996 (generado el 20 enero 2015). Disponible en Internet: <http://books.openedition.org/ifea/2642>. ISBN: 9782821845350.

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© Institut français d’études andines, 1996

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¿Cuáles son los motivos que incitan a un campesino a escoger una técnica en vez de otra? ¿Por qué utiliza aún aquella herramienta arcaica? Pierre Morlon se hizo estas preguntas con frecuencia a lo largo de los ocho años que vivió en los Andes.

Es así que, paulatinamente, las acciones técnicas de vulgarización le parecieron cada vez menos adecuadas. Entonces, optó por una investigación histórica sobre la manera cómo se organizó la sociedad para utilizar el medio ambiente. La participación de numerosos especialistas para construir entre todos un conjunto coherente de explicaciones, no impide de ninguna manera que el lenguaje sea asequible y la presentación agradable, ilustrada con numerosos ejemplos.

El lector podrá apreciar un texto sin a priori, pero no exento de pasión, pues es cierto que en este rubro, intentar comprender es empezar a admirar.

Índice
  1. Introducción. Los Andes como memoria

    Olivier Dollfus
    1. Montañas antiguamente pobladas
    2. Montañas campesinas donde se inventaron forma–s de crianza de ganado y de agricultura (fig. 3)
    3. A escala del mundo, montañas altamente pobladas
    4. Un volumen montañoso que encierra mesetas y altiplanos (fig. 4 y 5)
    5. Una gran montaña tropical (fig. 5 y 6)
    6. Una alta montaña que plantea problemas de adaptación a los organismos
    7. Una gran diversidad de ambientes escalonados (fig. 7)
    8. Articulación de los ambientes entre sí, limitaciones y recursos
    9. Marginalización de los Andes y sus campesinos en países urbanos
    10. Los Andes en la inseguridad y la violencia
  2. Presentación

    Pierre Morlon
    1. El plan y los pasos para realizarlo
    2. Opciones y límites
    3. Agradecimientos
  3. Primera parte. “Obertura”

    1. Capítulo 1. Una herramienta, un símbolo, un debate: la chaquitaclla y su persistencia en la agricultura andina

      Pierre Morlon, Jean Bourliaud, Raymond Réau y Dominique Hervé
      1. 1. LA CHAQUITACLLA, EMBLEMA DE LA AGRICULTURA ANDINA
      2. 2. LA LABRANZA EN LA ORGANIZACION DEL TRABAJO Y DEL ESPACIO
      3. 3. CHAQUITACLLA, ARADO DE PALO, TRACTOR... ¿QUÉ PERSPECTIVAS EXISTEN PARA EL FUTURO?
      4. ANEXO AL CAPÍTULO 1: LAS CHAQUITACLLAS
  4. Segunda parte. Organización social y utilización del territorio

    1. Capítulo 2. Sistemas de barbecho sectorial

      Benjamin Orlove, Ricardo Godoy y Pierre Morlon
      1. INTRODUCCIÓN
      2. 1. DESCRIPCIÓN Y FUNCIONAMIENTO: ALGUNOS EJEMPLOS
      3. 2. ENSAYO DE INTERPRETACIÓN
      4. 3. PRIVATIZACIÓN Y REDUCCIÓN DEL TIEMPO DE DESCANSO: ¿HACIA UN ABANDONO DEL BARBECHO SECTORIAL?
    1. Capítulo 3. Valorización de la diversidad ecológica

      Pierre Morlon, John Victor Murra, Thierry Saignes y Enrique Mayer
      1. INTRODUCCIÓN
      2. 1. EL CONTROL VERTICAL DE UN MÁXIMO DE PISOS ECOLÓGICOS Y EL MODELO EN ARCHIPIÉLAGO
      3. 2. QUINCE AÑOS DESPUÉS: BALANCE DE LA NOCIÓN DE ARCHIPIÉLAGO
      4. 3. DEL ARCHIPIÉLAGO ÉTNICO AL MINIFUNDIO
      5. 4. ZONAS DE PRODUCCIÓN: AUTONOMÍA INDIVIDUAL Y CONTROL COMUNAL
      6. 5. MODELOS DE COMPLEMENTARIEDAD ECOLÓGICA: UNA REVISIÓN BIBLIOGRÁFICA
      7. 6. PROPIEDADES FAMILIARES Y DISPERSIÓN DE RIESGOS: EL EJEMPLO DEL ALTIPLANO
    2. Capítulo 4. Infraestructuras agrícolas: ¿Vestigios del pasado o técnicas para el futuro?

      Pierre Morlon, Bernabé Cobo, Benjamin Sebastián Orlove, Félix Palacios Rios, Carmen Felipe-Morales, Carlos Reynel, E. Vergaray Lara, Luis Masson, Claudio Ramos Vera, Ignacio Garaycochea, Jorge Flores Ochoa, Magno Percy Paz Flores y Washington Rozas
      1. INTRODUCCIÓN
      2. 1. DIVERSIDAD DE LOS ACONDICIONAMIENTOS
      3. 2. HACIA LA RECONCILIACIÓN DE LO ANTIGUO Y DE LO NUEVO
      4. 3. REDUCCIÓN DE LOS RIESGOS CLIMÁTICOS POR MEDIO DE ACONDICIONAMIENTOS: EL EJEMPLO DE LAS HELADAS EN EL ALTIPLANO
      5. 4. ELEMENTOS PARA UN DEBATE
  1. Tercera parte. Los rendimientos obtenidos por los campesinos frente a la investigación agronómica y a la vulgarización

    1. Capítulo 5. ¿Qué tipos de mediciones y qué criterios para la evaluación?

      Pierre Morlon, A. Hibon, D. Horton, M. Tapia y F. Tardieu
      1. INTRODUCCIÓN: LOS DATOS OFICIALES
      2. 1. EL CULTIVO DE MAÍZ EN LOS SISTEMAS DE PRODUCCIÓN DEL CUSCO: ETAPAS DE UNA INVESTIGACIÓN
      3. 2. EL EJEMPLO DE LA PAPA EN EL VALLE DEL MANTARO
      4. 3. NO UNO, SINO NUMEROSOS RENDIMIENTOS
      5. 4. LOS RENDIMIENTOS COMO RESULTADO DE LAS ESTRATEGIAS CAMPESINAS
      6. ANEXOS AL CAPÍTULO 5
  2. Cuarta parte. Puntos de vista sobre los sistemas de producción

    1. Capítulo 6. Agricultura y ganadería en la economía de la familia campesina: identidad andina y diversidades regionales

      Beatriz Montoya, Pierre Morlon, Sharon Channer, Luis Lescano, Fernando Huapaya, Gilles Brunschwig, Benjamin Orlove, Jean Bourliaud, Raymond Réau y Isabelle Lausent-Herrera
      1. 1. DIEZ AÑOS EN LA VIDA DE CAMPESINOS DE LAS RIBERAS DEL TITICACA
      2. 2. VENDER PARA VIVIR
      3. 3. EL ALTO VALLE DE CAÑETE: EL MATORRAL Y LA PUNA
      4. 4. AGRICULTURA, ALIMENTACIÓN Y POLÍTICAS
      5. Anexo B. Metodología y aprovechamiento crítico de los datos sobre la ganadería andina en tiempos de sequía. El caso de las comunidades del alto valle del río Chancay, Perú, 1976-1980
  1. Quinta parte. Discusion y perspectivas

    1. Capítulo 7. La economía campesina en los Andes peruanos: teorías y políticas

      Bruno Kervyn
      1. 1. LAS TEORÍAS SOBRE EL FUNCIONAMIENTO Y LA DINÁMICA DE LA ECONOMÍA CAMPESINA
      2. 2. EL PROGRESO TÉCNICO
      3. 3. LA ORGANIZACIÓN COMUNAL DEL ESPACIO
      4. 4. CONCLUSIONES
  2. Epílogo. Sobre mitos y fantasmas

    Pierre Morlon
  3. Conclusión

    Pierre Morlon
  4. Glosario

  5. Anexo A. Equivalencia de unidades de medida antiguas o locales

  6. Anexo B. Plantas cultivas andinas de altura

  7. Referencias citadas

  8. Lista alfabética de autores

  9. Lista de las instituciones que han dado autorización para reproducir o utilizar textos, ilustraciones o estudios

Introducción. Los Andes como memoria

Olivier Dollfus

1Las pocas realidades descritas en esta Introduccción se hallan presentes siempre, pero a menudo de manera implícita, en esta obra. Constituyen, pues, una “memoria” que debe permitir un mejor planteamiento de los hechos analizados y presentados a lo largo de los capítulos, y de interpretarlos situándolos en su contexto.

Montañas antiguamente pobladas

2Los Andes Centrales, desde el sur del Ecuador hasta el Trópico de Capricornio, están entre las regiones más pobladas del continente americano: relieve topográfico y volumen demográfico van juntos. Las densidades de población, sobre todo entre los grados 10 y 20 de latitud sur, contrastan -y contrastaban aún más en los primeros siglos de este milenio- con las extensiones muy débilmente ocupadas del sur del continente, las llanuras boscosas de la Amazonia y las sabanas de las mesetas brasileñas. Incluso si su peso relativo en los Estados declina, principalmente en el Perú, nunca han estado los Andes Centrales tan poblados como ahora (fig. 1 y 2); de 6 millones de habitantes en 1940 en este país, los 4 que vivían en los Andes representaban más del 60 % de la población; actualmente no representan “más que” el 30 %, pero sobre un total de más de 20 millones, lo cual equivale a 6 a 7 millones. El resultado son densidades poblacionales promedio del orden de 30 a 40 habitantes por kilómetro cuadrado, muy desigualmente repartidas: regiones en que las densidades son superiores a los 80 habitantes por km2, por ejemplo alrededor del lago Titicaca, colindan con “vacíos humanos” en que las densidades caen a 1 ó 2 habitantes, tal como sucede en algunas altas mesetas de la puna*1 seca consagradas al pastoreo. Es verdad, los efectivos han variado a lo largo de la historia: luego de un máximo que debe corresponder al apogeo del Imperio Inca, a fines del siglo xv, el choque colonial acarreó una disminución de las poblaciones en los Andes (quizás la mitad), pero la caída fue menos brutal que en los oasis de la costa, que perdieron por entonces hasta las cuatro quintas partes de sus habitantes.

3La continuidad de una fuerte presencia humana en los Andes tropicales al sur del Ecuador constituye, pues, un hecho mayor en su historia, desde los señoríos hasta los Imperios precolombinos, del Virreynato hasta la República. Se vincula con la existencia de campesinados que poseían una organización que regulaba las relaciones de los hombres entre sí, y sus relaciones con el medio, es decir de “civilizaciones campesinas”, tomando este concepto en el sentido que le asigna el geógrafo Pierre Gourou.

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Fig. 1: Distribución de la población del Perú según la altitud en 1940 y 1981 (según Bernex, 1988).
Toda la población de cada provincia o distrito ha sido contada como si viviera a la altura de su capital que, en las regiones altas, está generalmente ubicada en el fondo de un valle, es decir a menor altura que la vivienda real de la población. Hay pues, por encima de los 2 500 metros, un sesgo hacia abajo.

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Fig. 2: La población de la Sierra del Perú aumenta en valor absoluto, pero su proporción en la población total se reduce.

Montañas campesinas donde se inventaron forma–s de crianza de ganado y de agricultura (fig. 3)

4La historia de la ocupación agropastoral de los Andes Centrales no puede dejar de lado la utilización de los recursos del piedemonte desértico de las riberas del Pacífico, así como del otro, el boscoso, al este. Es posible que los cazadores recolectores que, hace unos diez mil años, recorrían los Altos Andes cazando cérvidos, guanacos y roedores, y recogiendo plantas acuáticas en los pantanos de altura o huevos de aves también acuáticas, estuviesen en relación con los que recogían caracoles en las “lomas” (oasis de brumas de la costa del Pacífico), o que buscaban conchas o mamíferos marinos varados en las playas marinas.

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Fig. 3: Principales culturas y civilizaciones precolombinas del Perú (según Lavailée, 1987).
Las divisiones Norte, Centro y Sur son relativas al interior del Perú.
En mayúsculas: culturas o civilizaciones; en minúsculas: sitios arqueológicos; en itálicos: aparición de las técnicas o de las especies domésticas.

5Está claro que no debe tenerse una visión lineal de las evoluciones: hubo cazadores y recolectores al mismo tiempo que agricultores, y a veces se trataba de los mismos individuos; las actividades de recolección pudieron prevalecer, en función de las circunstancias, a las del pastoreo y agricultura después de su “invención” entre séptimo y sexto milenios antes de nuestra era.

6La domesticación de camélidos tuvo lugar en los altiplanos a partir del sexto milenio: así apareció una primera forma de crianza específica de los altos Andes y del piso de las punas —se trata del único sitio del continente americano hasta la conquista española—. Entre los milenios octavo y quinto se pasa de una caza generalizada auna caza especializada de camélidos, luego a una domesticación progresiva de animales y a su crianza en las punas.

7¿Corresponden los comienzos de la agricultura a los frijoles (Phaseolus vulgaris), de los que se han hallado granos en un abrigo rocoso del Callejón de Huaylas, y que se remontan al sexto milenio? Sucede, sin embargo, que se hallan frijoles silvestres en esos medios entre los 2 500 y 2 000 metros del altura, y resulta difícil distinguirlos de las variedades cultivadas. De manera más segura en el tercer milenio antes de nuestra era, en el piso templado por debajo de las punas, aparecen los tubérculos, papas, ocas, ollucos, y probablemente la quinua, así como variedades de maíz muy primitivas. En los pisos más cálidos se cosechan frijoles, tomates y hojas de coca. Si el tomate podía ser consumido directamente, los tubérculos demandaban preparativos culinarios a menudo complejos: a la domesticación de plantas se añaden técnicas de cocción con los ustensilios correspondientes, de lo que se deriva el papel, principalmente, de la cerámica.

8Entre el segundo y primer milenios antes de nuestra era son empleados los principales elementos constitutivos de la agricultura andina, y servirán de base para los sistemas de producción agrícola hasta la Conquista. Pero tanto técnicas como instrumentación se desarrollarán por etapas, así la edificación de terrazas de cultivos y los trabajos de riego en las laderas; los mediocres resultados del palo de escarbar se ven mejorados con la invención de las primeras tacllas (ver el capítulo 1), pero se seguirán utilizando piedras talladas hasta la época contemporánea.

9Es probable que en el primer milenio de nuestra era fuese regla el escalonamiento de las producciones, con las complementariedades a que induce la crianza de animales en las punas, tubérculos de altura, maíz en los pisos templados y tibios. Se hilaba y tejía la lana de los camélidos, así como el algodón cosechado en las regiones cálidas.

10Las viviendas eran instaladas a menudo en el límite entre dos pisos, a fin de sacar partido de las posibilidades que ofrecían diferentes medios. Los límites altitudinales de los cultivos podían, por lo demás, oscilar en algunas centenas de metros, de acuerdo a las fluctuaciones climáticas: es posible que entre los siglos x y xii de nuestra era un ligero recalentamiento hubiese motivado una subida de 150 a 200 metros del conjunto de pisos ecológicos con respecto a su situación actual; el enfriamiento de la Pequeña Edad Glaciar, entre los siglos xvi y xviii, se tradujo en su descenso. Pero estas fluctuaciones del clima del último milenio han ocasionado menos perturbaciones en las sociedades andinas que los grandes choques políticos o culturales.

11El choque colonial y la reestructuración de la sociedad andina se traducen en un descenso importante de la población indígena, por efecto sobre todo de las epidemias. La población se ve reagrupada en aldeas, las “reducciones”, dispuestas en torno a la iglesia y el cementerio en que se depositaban los cadáveres retirados de las “huacas”, lugares sagrados indígenas. El establecimiento de territorios continuos en torno a los pueblos rompe la lógica andina del “archipiélago” (cap. 3). La evangelización por las órdenes religiosas se acompaña con la “extirpación de las idolatrías.” El control de la población corre a cargo de los “encomenderos” españoles2, asistidos en la base por los “caciques,” indios notables. Tiene como fin facilitar la cobranza del tributo y la prestación de trabajo obligatorio por medio de la “mita” y los “obrajes” (talleres textiles). Las ciudades fundadas por el conquistador, a menudo en antiguos asentamientos precolombinos, controlan el espacio y a los habitantes de los campos. Es allí donde residen las autoridades españolas, militares, judiciales, religiosas, fiscales.

12Una innovación fundamental es aquella vinculada con la aplicación del derecho romano, con las modalidades de apropiación privada de la tierra que permite, las mismas que conducen al desarrollo de la gran propiedad, a veces a partir de la extensión a la tierra del control de los hombres de la encomienda.

13Poco a poco se difunden en los Andes los animales procedentes de Europa: bovinos, porcinos, caprinos, caballos y asnos; las mulas desempeñan un importante papel como animales de carga, y compiten con los camélidos en las punas. En los pisos más bajos, estos animales contribuyen a la transformación de los bosques en landas. Se trata de una ganadería extensiva, sin establos, que ocupa mucho espacio. Al modificar los paisajes, y al facilitar la acumulación por aumento de los rebaños, las diferentes consecuencias de la ganadería modifican las relaciones sociales de producción. Pero esa ganadería, con prácticas que se remontan a las de la España medieval, no será mayormente objeto de mejoras zootécnicas, al menos hasta la época contemporánea. En estos sistemas de producción y en las rotaciones de cultivos se insertan los cereales, trigo, cebada, avena y habas, y más tarde la alfalfa, pero las prácticas de trabajo de la tierra no cambian mayormente. Cualesquiera que hayan sido las turbulencias de la historia, los Andes Centrales continúan siendo, a larga duración, montañas campesinas.

A escala del mundo, montañas altamente pobladas

14En un mapamundi en que figuran las densidades humanas en extensiones de altura superior a los 3 000-3 500 metros, los Andes tropicales aparecen, también en este caso, como zonas de densa población. Encontramos densidades semejantes en las mesetas de Etiopía, pero en manchas de una extensión más reducida y a altitudes diferentes de las de los Andes Centrales. Si bien es cierto que hay pobladores en la alta Asiacentral, sobre todo en las mesetas, valles y montañas del Tibet, a más de 3 000 metros, no se trata más que de 5 a 6 millones en 3 millones de kilómetros cuadrados: las densidades medias son de 10 a 20 veces mayores en la alta montaña andina, con respecto al Asia central. Pero ésta, por encontrarse entre los 30° y 40° de latitud norte, tiene invierno frío, mientras que los Andes Centrales se hallan en plena zona intertropical y no tienen invierno.

Un volumen montañoso que encierra mesetas y altiplanos (fig. 4 y 5)

15En las cordilleras que bordean todo el oeste del continente americano, desde Alaska hasta la Tierra del Fuego, hay dos regiones que constituyen focos de poblamiento que fueron territorio de los estados precolombinos: la meseta central mexicana y sus márgenes, y los Andes Centrales peruano bolivianos. En ambos casos estamos frente a un conjunto de mesetas centrales, altiplanos o amplias cuencas dominadas por volcanes o cadenas montañosas, con pesados flancos flexurados, profundamente excavados por los valles que descienden hacia los piedemontes y llanos de los niveles inferiores. Pero la meseta central mexicana, donde estuvo el imperio azteca, se encuentra a 1 500 metros más abajo que las mesetas y altiplanos de los Andes Centrales.

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Fig. 4: Cortes transversales de los Andes equinocciales del Ecuador y de los Andes tropicales a la latitud del Lago Titicaca (Troll, 1968).
1: bosque semi-deciduo de las tierras bajas.
2: bosque ombrofilo de las tierras bajas.
3 y 4: bosque tropical de montaña, de hojas persistentes (3: piso inferior; 4: piso superior = “bosque de la neblina”).
5: “páramos” (praderas de las altas tierras, en clima húmedo).
6: vegetación arbustiva de montañas y bosques de Polylepis (queñoales) de las altas tierras frias.
7: vegetación arbustiva o arbórea espinosa o suculenta (Cactus) de los valles templados.
8: arbustos espinosos o suculentos de las tierras frias. 9: desierto.
10: puna húmeda, de gramíneas.
11 : puna seca, espinosa.
12: sabanas húmedas de las tierras bajas.
13: límite de las nieves perpetuas.
14: cinturón de nubes.

16En éstos la disposición de los conjuntos topográficos acarrea consecuencias importantes. He aquí una alta montaña, orientada de sur-sureste a nor-noroeste, paralela al borde del continente, y, por lo tanto a las orillas del Pacífico, con una anchura de 200 kilómetros hacia los 10° de latitud sur, y que se expande hasta alcanzar de 500 a 600 kilómetros entre los 18o y 20°. Ningún paso a menos de 4 000 metros permite franquear los Andes al sur del paralelo 10°. La vertiente occidental, donde los torrentes descienden de 5 000 metros de altura al océano Pacífico en una centena de kilómetros, es seca; en la parte media de los valles el encajonamiento sobrepasa los 2 500 metros. La vertiente oriental amazónica húmeda, boscosa o cubierta de vegetación, ofrece un perfil todavía más escarpado, y se halla horadado por valles más estrechos. Cordilleras rocosas y nevadas forman eslabones discontinuos que dominan cada flanco; al sur del paralelo 14o, en la parte occidental de la montaña, los volcanes se alzan sobre vastos campos poco inclinados, de lava o de toba. Aquí el desierto sube muy alto a la montaña, y la escasez de las precipitaciones y la sequedad del aire impiden que volcanes que alcanzan los 6 000 metros de altura tengan glaciares. La originalidad topográfica mayor de los Andes Centrales está en una sucesión de altas mesetas en la cima, entre los 4 000 y 5 000 metros, con cuencas centrales que pueden formar altiplanos, desde el de Junín, a 4 000 metros del altura y 12° de latitud, hasta el altiplano peruano boliviano, que, a lo largo de 800 kilómetros, entre los 15° y 20°, no desciende por debajo de los 3 500 metros de altitud.

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