Capitalismo agrario en el Perú

De

Hace treinta años el Perú, comoelresto de América Latina, era confrontado a una importante agitación agraria que motivó dos "reformas agrarias" sucesivas-en 1964 y 1968-. A parte de unos análisis de carácter estadístico o periodístico, raras eran entonces las obras de carácter científico que intentaban comprender las raíces de esa situación. En ese sentido, cuando el autor presentó su trabajo "Historia del capitalismo agrario" en 1973 en la Sorbonne de París, hizo un esfuerzo pionero que después fue seguido por otras obras -peruanas o extranjeras- también dedicadas a la historia agraria andina. Reeditar en español, veinte años después, la obra publicada primero en francés, tiene como propósito hacer reflexionar a un público más amplio sobre la evolución de la cuestión y de la historiografía agrarias andinas, no solamente desde hace un cuarto de siglo, sino desde la instalación y consolidación de la estructura rural del Perú después de la conquista y la independencia.


Publicado el : miércoles, 21 de mayo de 2014
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Licencia: Todos los derechos reservados
EAN13 : 9782821845961
Número de páginas: 622
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Capitalismo agrario en el Perú

Jean Piel
  • Editor: Institut français d’études andines, Universidad Nacional de Salta
  • Año de edición: 1995
  • Publicación en OpenEdition Books: 21 mayo 2014
  • Colección: Travaux de l’IFÉA
  • ISBN electrónico: 9782821845961

OpenEdition Books

http://books.openedition.org

Edición impresa
  • ISBN: 9788489302228
  • Número de páginas: 622
 
Referencia electrónica

PIEL, Jean. Capitalismo agrario en el Perú. Nueva edición [en línea]. Lima: Institut français d’études andines, 1995 (generado el 20 enero 2015). Disponible en Internet: <http://books.openedition.org/ifea/1427>. ISBN: 9782821845961.

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Hace treinta años el Perú, comoelresto de América Latina, era confrontado a una importante agitación agraria que motivó dos "reformas agrarias" sucesivas-en 1964 y 1968-. A parte de unos análisis de carácter estadístico o periodístico, raras eran entonces las obras de carácter científico que intentaban comprender las raíces de esa situación.

En ese sentido, cuando el autor presentó su trabajo "Historia del capitalismo agrario" en 1973 en la Sorbonne de París, hizo un esfuerzo pionero que después fue seguido por otras obras -peruanas o extranjeras- también dedicadas a la historia agraria andina. Reeditar en español, veinte años después, la obra publicada primero en francés, tiene como propósito hacer reflexionar a un público más amplio sobre la evolución de la cuestión y de la historiografía agrarias andinas, no solamente desde hace un cuarto de siglo, sino desde la instalación y consolidación de la estructura rural del Perú después de la conquista y la independencia.

Índice
  1. A modo de advertencia

    María Julia Palacios
  2. Prólogo

  3. Introducción

    1. 1 - LA GRAVEDAD DEL PROBLEMA AGRARIO PERUANO EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO xx
    2. 2 - CONSTITUCIÓN HISTÓRICA DEL PROBLEMA AGRARIO PERUANO Y PLAN DE ESTUDIO
    3. 3 - LOS LÍMITES HISTORIOGRÁFICO, TEMÁTICO Y METODOLÓGICO DEL PRESENTE ESTUDIO
  4. Primera parte. Originalidades y orígenes de la sociedad agraria hacia mediados del siglo XLX

    1. Capítulo primero. Agricultura y agricultores del Perú: las relaciones entre el hombre y el medio agrícola

      1. A.- LOS DATOS GEOGRÁFICOS: MEDIOS NATURALES CONTRASTADOS, FRACCIONADOS Y COMPLEMENTARIOS
      2. B.- LOS DATOS ETNOHISTÓRICOS: LOS AGRICULTORES PERUANOS, CREADORES DE AGRICULTURAS Y DE CIVILIZACIONES AGRÍCOLAS
    2. Capítulo II. Las condiciones de aparición de las principales instituciones agrarias del Perú colonial en los siglos xvi y xvii

      1. I.- LA CONQUISTA DESTRUCTORA DEL PERÚ POR LOS ESPAÑOLES Y SUS CONSECUENCIAS INMEDIATAS
      2. II.- FIJACIÓN DE LAS INSTITUCIONES AGRARIAS Y DE LA PROPIEDAD DEL SUELO EN EL PERÚ COLONIAL ENTRE LOS SIGLOS xvi Y xvii
    3. Capítulo III. Crisis y permanencia de la estructura agraria peruana hasta el siglo xix: el latifundismo colonial peruano

      1. I.- LAS RELACIONES CONFLICLTIVAS ENTRE LA GRAN PROPIEDAD Y LA COMUNIDAD INDIA
      2. II- CRISIS Y ESTABILIDAD DEL LATIFUNDISMO PERUANO EN EL SIGLO XVIII Y A COMIENZOS DEL SIGLO xix
    4. Capítulo IV. La independencia del Perú y el programa agrario liberal de los “libertadores”

      1. A.- LA INDEPENDENCIA DEL PERÚ O LA VICTORIA FINAL DEL LIBERALISMO EN UNA SOCIEDAD DE MONOPOLIO COLONIAL
      2. B.- EL PROGRAMA AGRARIO LIBERAL DE LOS LIBERTADORES
      3. C. EVOLUCIÓN DEL PROGRAMA AGRARIO DE LOS LIBERTADORES DESPUÉS DE LA INDEPENDENCIA. LA RESISTENCIA DE LAS SUPERVIVENCIAS COLONIALES A LA APLICACIÓN DEL DERECHO LIBERAL
  1. Segunda parte. La expansión del neolatifundismo en el perú republicano

    1. Capítulo primero. El cambio de coyuntura a partir de la era del guano y sus consecuencias para la sociedad y la agricultura peruanas

      1. A.- EL CAMBIO DE COYUNTURA EXTERIOR EN EL PERÚ A PARTIR DE LA ERA DEL GUANO
      2. B - LAS CONSECUENCIAS ECONÓMICAS Y SOCIALES INTERNAS: EL AUGE DEL CAPITALISMO COMERCIAL Y FINANCIERO DEPENDIENTE EN EL PERÚ
    2. Capítulo segundo. El desarrollo de la gran propiedad territorial especulativa de la era del guano al comienzo del siglo xx

      1. A.-EL DESPEGUE INTERRUMPIDO DE LA AGRICULTURA COMERCIAL DURANTE LA ERA DEL GUANO
      2. B.- EL DESBLOQUEO DEL DERECHO AGRARIO LIBERAL Y EL AUGE LEGAL DE LA GRAN PROPIEDAD ESPECULATIVA A PARTIR DE LA ERA DEL GUANO
    3. Capítulo tercero. Los problemas de la agricultura marginal: las haciendas tradicionales y las comunidades indias de la era del guano al comienzo del siglo xx

      1. A.- LAS HACIENDAS TRADICIONALES O MARGINALES Y EL NEOLATIFUNDISMO DE LAS REGIONES DEL INTERIOR ANDINO
      2. B.- LAS VÍCTIMAS PRINCIPALES DEL AUGE DEL NEOLATIFUNDISMO: LAS COMUNIDADES INDIAS
    4. Capítulo cuarto. El apogeo del neolatifundismo peruano al comienzo del siglo xx

      1. A.- DE LA AGRICULTURA ESPECULATIVA A LA AGRICULTURA CAPITALISTA: LOS LATIFUNDIOS, BASE DEL PODER DE LA ARISTOCRACIA RURAL
      2. B.-LA AGRICULTURA, LA BANCA Y EL ESTADO: EL PROBLEMA DEL PODER DE LA OLIGARQUÍA FINANCIERA PERUANA DESPUÉS DE LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL
  2. Bibliografía

  3. Indice de figuras

A modo de advertencia

María Julia Palacios

1La presente obra que coeditan hoy la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Salta (Argentina) y el Instituto Francés de Estudios Andinos, es la versión en español de una tesis de doctorado que fuera presentada por el autor en la Sorbonne en 1964 y editada en francés por el IFEA entre 1974 y 1983.

2Es el resultado de investigaciones y reflexiones sobre un aspecto de la historia del Perú contemporáneo, entre el siglo xix y principios del xx, y resulta conveniente aclarar que se trata de investigaciones anteriores a toda producción científica -también polémica- sobre el tema, que se desarrolló en Perú después de 1975, razón por la cual no extrañará que no se encuentre referencias de esas obras. Tampoco debe extrañar la ausencia de algunas fuentes archivísticas que fueron posibles de ser consultadas sólo a partir de 1975.

3A pesar de la “antigüedad” del texto, a los coeditores les ha parecido útil y necesaria su traducción y publicación en español, pues consideran indispensable incorporar la obra al debate sobre la historia agraria peruana y andina como un modo de contribuir a que jóvenes investigadores interesados en el mundo andino, cuenten con una obra histórica en un doble sentido: porque es obra de un historiador y porque refleja un momento de la discusión sobre ese tema.

Autor
María Julia Palacios

Universidad Nacional de Salta

Prólogo

1La presente obra es incompleta e imperfecta. Algunas de sus carencias son las del mismo autor. En cuanto a éstas, no intentaré rehuir las críticas que se tendrá a bien hacerme. Pero otras insuficiencias se deben a las circunstancias que rodearon la redacción de la obra, en parte independientes de mi voluntad, en parte derivadas de una elección obligada por esas mismas circunstancias. De estas últimas quisiera hablar para empezar.

2El autor es francés, formado e integrado en instituciones universitarias y científicas francesas. Ello determina las eventuales cualidades que se le podrá reconocer. Ello determina también algunas limitaciones. Una de las más graves es que el Perú está lejos de Francia. Viajar y residir allí en buenas condiciones de trabajo no es por consiguiente fácil. Sin embargo, teniendo en cuenta el tema de Historia Contemporánea elegido, la documentación y la bibliografía no pueden encontrarse mayormente juntas sino en el lugar, y en todo caso allende el Atlántico. Al cabo de dos estadías en el Perú y en América, una de tres años de duración (de octubre de 1965 a octubre de 1968), la otra de tres meses (durante el verano boreal de 1969), al término de una decena de años de documentación y de reflexión sobre el tema, debo elegir: o bien perfeccionar mi investigación (pero lejos de mi terreno y de mis fuentes) o publicar desde ya, por más imperfecta que sea la obra, solución intermedia entre el ensayo argumentado y la erudición incompleta.

3Desde luego es con el segundo término de la alternativa que debo conformarme. En primer lugar, para responder por fin a la espera de aquellos (maestros, amigos, instituciones) que durante todo ese tiempo han aceptado tenerme confianza y ayudarme material y moralmente en mi trabajo. En segundo lugar porque me es imposible diferir más tiempo la contribución que significa este libro (por académico que sea este aporte, pero en prueba de amistad sincera y profunda al Perú) al enorme esfuerzo de progreso emprendido en condiciones difíciles por el pueblo peruano y algunos de sus dirigentes, particularmente en lo concerniente a los problemas agrarios. Por último, porque ya es hora de establecer, bajo la forma de este libro por ejemplo, el balance de los esfuerzos y de las ideas del hombre que he sido durante estos ocho últimos años de investigación. En una palabra, porque hay que saber terminar una tesis.

4Al comienzo de los años 60 del presente siglo, Francia daba fin apenas a una larga serie de combates de retaguardia que ella se había visto obligada a librar contra pueblos campesinos, antaño colonizados por ella, y que reivindicaban su independencia nacional. Erarnos varios jóvenes procedentes de distintas familias de pensamiento que formábamos el movimiento estudiantil de entonces (estudiantes de la Escuela Normal Superior y/o investigadores científicos) que nos planteábamos en consecuencia preguntas sobre el rol de las naciones campesinas en la Historia Contemporánea. Los maestros del marxismo no habían negado por cierto el papel importante de los campesinados en esa historia. Pero ellos insistían, acertadamente si se tienen en cuenta las condiciones históricas de su experiencia y su proyecto internacionalista, sobre el rol prominente del proletariado industrial y de los intelectuales desplazados. Ahora bien, nosotros nos encontrábamos concretamente ante un movimiento, internacional aunque con frecuencia motivado por reivindicaciones nacionalistas, en el que los campesinos PARECÍAN desempeñar el rol principal en la lucha de sus naciones por más independencia y progreso. Nos parecía pues que no todo había sido dicho sobre la cuestión y que ello merecía ser estudiado de más cerca.

5Muy naturalmente, algunos de nosotros dirigimos nuestra mirada hacia América latina, trémula de una agitación agraria secular, manifestada desde 1910 con la revolución mexicana y que acababa de alcanzar su apogeo en 1953 con la revolución boliviana, y sobre todo más recientemente con la revolución cubana. Además, la América hispana ofrecía a nuestra meditación, un siglo y medio antes de la independencia de nuestras antiguas colonias, el precedente de un imperio colonial liberado de la tutela de su metrópoli. Para uno de nosotros (nuestro compañero Régis Debray) esa pasión por América latina iba a tomar la forma de una aventura bastante peligrosa. A otros como yo, nos cupo la suerte de poder ir a trabajar en el lugar, en buenas condiciones materiales, y en el marco de una misión oficial.

6No por ello todo fue fácil. Entre 1960 y 1964, el Perú acababa de atravezar un intenso período de agitación agraria que había movilizado contra el viejo sistema latifundista a centenares de miles de campesinos indios y mestizos del norte al sur del país. En 1965, cuando llegué a Lima por primera vez, cuerpos especiales del ejército peruano libraban combates tendientes a liquidar focos de una guerrilla de inspiración castrista. Por último entre 1968 y 1969 asistí al conflicto vuelto insoluble entre el deseo de reformas del poder ejecutivo peruano y las resistencias de algunos grandes terratenientes tradicionales organizados en grupos de presión. Al término de un difícil período de chantajes y de negociaciones en el seno del organismo político civil, la crisis había exigido el recurso a un golpe de estado militar.

7Llevar a cabo en esas condiciones una encuesta, por “científica” que fuera, sobre la historia reciente de los problemas agrarios peruanos hacía surgir muchas dificultades. Mis inquietudes agitaban recuerdos de enfrentamientos agrarios, antiguos o recientes, que hubiera sido preferible olvidar. Ellas chocaban con hábitos de pensamiento vinculados a intereses materiales establecidos pero amenazados. Me llevaban a interrogar testigos de la historia agraria peruana habitualmente recusados y a veces clandestinos. Como a otros investigadores que trabajaban en la misma época en las mismas regiones, me ha ocurrido ser sospechado de malas intenciones (y no sólo por parte de los peruanos, muy por el contrario). Tan difícil es a veces, sobre todo en ese tipo de circunstancias, hacer aceptar lo que nos declaraba un día el profesor Bastides: “... que la investigación científica no admite ningún tabú.” Por ello mi gratitud es grande hacia las personas e instituciones que tuvieron a bien comprenderlo y honrarme con su atención, su confianza o su ayuda durante mi trabajo de investigación. Pienso en todas las autoridades peruanas, civiles, militares y eclesiásticas con las que tuve con frecuencia excelentes relaciones durante mis encuestas. Pienso también en el Sr. Guy Dorget, embajador de Francia en Lima y en Jacques Decourcelles, entonces consejero cultural.

8La Escuela Normal Superior de Saint-Cloud, al concederme un año de investigación luego que haya aprobado mi concurso de agregación, me permitió perfeccionar mi formación de investigador antes de iniciar mi trabajo de campo. Durante tres años he sido en Lima el huésped del Instituto Francés de Estudios Andinos que depende del Ministerio de Asuntos Extranjeros. Luego de mi regreso a Francia, fui admitido como agregado y luego como encargado de investigación en el Centro Nacional de la Investigación Científica. Pude trabajar allí en la redacción de mi tesis y completar mi documentación en el curso de distintas misiones realizadas en el marco de la “Investigación colectiva programada n° 147” y del “Laboratorio asociado n° 111”, que funcionaban en los locales del Instituto de Altos Estudios de América Latina en París.

9Durante toda mi investigación me acompañaron la ayuda o los buenos deseos de mis amigos. Entre ellos debo citar en primer lugar a los mayores que me ayudaron, en el aislamiento intelectual en que me encontraba a veces, a conservar el contacto con los problemas concretos del Perú, de Francia y del mundo. Pienso en primer lugar en Laurent Casanova quien supo siempre recordarme, aún a distancia, las exigencias del mundo real en que vivimos, ayudándome así a situar el rol de mi esfuerzo de investigación solitaria. Pienso también en un plano más universitario, en Jean Chesneaux. Entre los de mi generación, mi pensamiento va hacia Annie y Jean Meyer, Jeanine Brisseau, Jean-Francois Mégard, amigos hospitalarios y buenos compañeros. Estoy muy agradecido a los peruanos que me han sostenido material y moralmente: Aníbal Quijano, Heraclio Bonilla, Hugo Neira y Matilde (quien era entonces su compañera y cuya familia se deshizo en atenciones cuando mis comienzos en Lima, justificando así la fama de gentileza de los peruanos hacia sus amigos). Esther Martínez, hija humilde y servicial del pueblo peruano, al ocuparse con cariño de mis hijos, pequeños aún en esa época, y de las tareas materiales de mi casa de Lima, hizo posible mi trabajo de investigador científico en el Perú.

10Mi esposa Frédérique y mis dos hijos Eve y Laurent soportaron la ausencia de un esposo y de un padre entregado a una investigación artesanal y solitaria, tal como se la practicaba todavía en Francia en los años 60. Sé que ya me han perdonado el purgatorio que por esa razón me vi a veces obligado a imponerles.

11Sobre el plano universitario, es mi maestro Pierre Vilar quien, cuando nos preparaba para la agregación de historia en sus cursos en la Escuela Normal Superior de Saint-Cloud, o cuando yo seguía su seminario en la Sexta Sección de la Escuela Práctica de Altos Estudios de París, comenzó a dirigir metódicamente mi interés por el nuevo continente. Desde entonces, su solicitud jamás se desmintió, particularmente cuando vino a verme en el Perú y recorrimos juntos paisajes agrarios cuya historia yo estudiaba bajo su dirección. Si la presente obra ofrece algunas cualidades, es a él a quien las debe en primer lugar.

12Es François Chevalier, entonces director científico del Instituto Francés de Estudios Andinos, quien se esforzó por orientarme hacia el estudio del latifundio en el Perú del siglo xix. Era desde luego la persona más indicada para ello puesto que su obra sobre La formación de las grandes propiedades en México, su larga familiaridad con ese país, su interés por el Perú hacían de él, para los jóvenes investigadores que éramos entonces, el maestro sobre los problemas agrarios latinoamericanos.

13Olivier Dollfus fue para mí, en nuestra universidad, el observador más curioso, el menos académico, de los problemas de desarrollo del Perú contemporáneo. Juntos, sucesivamente en compañía de los profesores Jean Dresch y François Bourricaud, de los peruanos Julio Cotler o Carlos Peña Herrera, realizamos largos viajes a través del Perú y contemplamos los “admirables paisajes de los Ancles”. Claude Collin Delavaud, con esa gran amabilidad tan propia de él, me llevó sobre su terreno predilecto: la costa norte del Perú. El me inició al conocimiento de sus problemas agrarios. Con él pasé momentos memorables reparando nuestros autos en los caminos, hurgando en los archivos locales y peregrinando en el desierto y sus oasis. Antes de mi partida para el Perú, los seminarios dirigidos por Pierre Chaunu en el Instituto de Altos Estudios de América Latina constituyeron una etapa necesaria de mi formación de investigador. Pierre Monbeig, pese a sus tareas de director del Instituto de Altos Estudios de América Latina y del Centro Nacional de la Investigación Científica, siguió siempre personalmente mis esfuerzos. Intervino en mi favor cada vez que surgió algún problema que hubiera podido trabar el buen desarrollo de mi trabajo. Gracias a él, pude animar un seminario de investigación sobre la historia agraria de América latina junto con los estudiantes del Instituto de América Latina. Aprendí mucho en contacto con ellos. Frédéric Mauro aceptó ser mi padrino cuando fui admitido como agregado investigador en el C.N.R.S.

14Son demasiado numerosos los amigos peruanos que contribuyeron directa o indirectamente en este trabajo para que pueda citarlos a tocios. Me veo entonces obligado a evocar como al paso lo que debo en ideas y en calor humano a los estudiantes, investigadores y profesores de La Universidad de San Marcos, del Instituto Raúl Porrás Barrenechea, de la Universidad Agraria de La Molina donde, con el pretexto de dar cursos y conferencias, recibí sobre todo sugerencias y críticas durante las discusiones que seguían. En el Instituto de Estudios Peruanos, el equipo científico dirigido por José Matos Mar, al confrontar mi formación de historiador francés con los problemas y los métodos de los etnólogos, antropólogos y sociólogos peruanos, tuvo sobre mí una influencia beneficiosa.

15El ingeniero Jorge Bravo Bresani, hombre culto y de experiencia, me permitió captar muchos problemas de la historia peruana. Gonzalo de Reparaz, viejo amigo de mi maestro Pierre Vilar, me abrió con mucha cordialidad sus archivos personales. Jorge Puccinelli me recibió siempre muy bien, tanto en su Instituto como en la biblioteca de la Universidad de San Marcos. En el transcurso de mis tres años de estadía, el maestro de la historia republicana del Perú, el Dr. Jorge Basadre, tuvo a bien concederme tres entrevistas. Junto con el ingeniero Chaparro, director gerente de la Sociedad Ganadera del Centro, pude visitar las inmensas propiedades de una de las más grandes sociedades ganaderas de América andina (nacionalizada desde entonces en aplicación de la ley de reforma agraria de 1969).

16La Srta. Sanchez Cerro, directora del departamento de investigación de la Biblioteca Nacional de Lima, me ayudó considerablemente al proporcionarme direcciones de investigación en las bibliotecas y los archivos peruanos. Le debo el haber evitado muchos tanteos y pérdidas de tiempo. Ella es quien tuvo la gentileza de ponerme en contacto con el doctor Félix Denegri Luna. En la magnífica biblioteca privada de este aficionado ilustrado de la historia, pasé en su compañía los sábados por la tarde largas horas de conversación sobre el pasado peruano. Con frecuencia intervenía en nuestros debates alguno de los numerosos investigadores de todas las nacionalidades que frecuentaban como yo su casa de San Isidro. Pese al respeto que le debo por la diferencia de edad y de experiencia que existe entre nosotros, espero sepa perdonar mi presunción si digo que nació allí una suerte de amistad grave, basada en la estima intelectual. En esa clase social cuyo poder tradicional se ve afectado por los acontecimientos recientes en el Perú, ese amigo es ciertamente uno de los pocos que haya conocido en ser capaz de tanta curiosidad intelectual y amplitud de ideas. Estoy seguro por consiguiente que él tolerará, con respecto a la historia agraria de su país, un punto de vista a veces muy diferente del suyo.

17Durante los primeros meses de mi estadía en el Perú, el antropólogo norteamericano John Murra, entonces residente en Lima, fue para mí un guía irreemplazable. Fue él, junto con el desaparecido etnólogo y escritor peruano José María Arguedas, quien me hizo entrever y luego poco a poco comprender la verdadera naturaleza indio-mestiza del campesinado andino y de la gran mayoría del pueblo peruano. Gracias a ellos, comprendí muy pronto que el limitarme a la historia jurídicoeconómica del latifundio en el Perú independiente no me permitiría captar el problema esencial de la historia agraria contemporánea de ese país, y ni siquiera su historia a secas. Ese problema es el conflicto, permanente desde la Independencia, entre un derecho, un Estado, una sociedad liberal-criolla dominantes y la realidad original, autónoma, del pueblo campesino, ciertamente dominado pero gozando de su tradición propia, modelada por milenios de incubación cultural autóctona, remodelada por cuatro siglos de contacto colonial o neocolonial con la sociedad europea occidental.

18Esa intuición iba a verse confirmada hasta la evidencia íntima durante cada uno de mis viajes, cada una de mis encuestas en el Perú entre 1965 y 1970. Habré pasado en efecto más de la tercera parte de mi tiempo lejos de los archivos y biblioteca de la capital peruana recorriendo los caminos del cielo y de la tierra en avión, en camión, en tren, en jeep, en bote, a caballo, a pié, para interrogar a los hombres, los paisajes y los vestigios del pasado. Durante esas encuestas, trataba de tener la mirada y el oído del geógrafo, del sociólogo y del etnólogo al servicio del historiador. Desde el avión o desde el auto, intentaba comprender el significado de una estructura agraria abarcada con la mirada, y tenía a veces la suerte de que algunos testigos arqueológicos me revelaran antiguas formas de ocupación del suelo. Pasaba largas horas observando la muchedumbre campesina que concurría a los distintos mercados, ferias, fiestas, procesiones, meetings y manifestaciones sindicales o políticas. Interrogaba a quienquiera constituye en la provincia la élite local en contacto con los problemas agrarios: subprefectos, gobernadores, comerciantes, vendedores ambulantes, curas, terratenientes, ingenieros de minas, administradores, hombres políticos, etc.. Vivía sucesivamente en haciendas, en campamentos mineros, en chozas indias, compartiendo las horas y las comidas de mis anfitriones. No sin riesgo a veces (para ellos desgraciadamente más que para mí) me relacionaba con dirigentes del movimiento campesino, pasado o reciente, oficial o subterráneo. Con frecuencia éstos resultaban ser testigos extraordinarios de una historia no escrita: la historia de los campesinos del Perú.

19¿Cómo podría evocar sin emoción, por ejemplo, a ese anciano que, en una humilde choza perdida en la puna, al sur de Cuzco, desarrollaba para Jacqueline Weller y yo el relato doloroso de una revuelta campesina en la que él mismo había participado hacia 1920 en ese mismo lugar. Contaba como, pese a sus heridas, había escapado por milagro de una represión feroz. En ese mes de febrero de 1966 él era el único testigo vivo de ese episodio del que no existía ningún testimonio escrito accesible. Y ese hombre sabía, y nosotros sabíamos con él, que él iba a morir pronto y que una frágil cinta registradora magnética sería el único rastro de su historia.

20Son esos los momentos más dramáticos de mi encuesta. Los que devuelven el tema histórico más académico su contenido real de carne y de sangre. Si por consiguiente el presente trabajo logra a veces ser otra cosa que un simple ejercicio de erudición y de retórica necesaria para obtener un título universitario, es porque, al inspirarme en episodios semejantes, la muchedumbre curtida de cuatro generaciones de campesinos peruanos me ha hecho llegar y oir algo de su rumor y de su voz.

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