Viaje a través de América del Sur. Tomo I

De

Uno de los más importantes viajeros que visitaron y recorrieron el Perú a mediados del siglo XIX, y que residió por largas temporadas en la sierra del sur, fue el francés Paul Marcoy. Hombre de notable coraje, persona cultivada, de gran sensibilidad y generosidad, que de sintió fascinada por los Andes y la selva amazónica.Dio a conocer sus experiencias, observaciones e impresiones en múltiples artículos periodísticos en revistas francesas, y en libros como Scènes et Pasysages dans les Andes (1861 y 1865), o Souvenirs d'un mutilé, récits de chasse dans le Nouveau Monde (1862), pero su obra magna es sin duda la que presentamos aquí por primera vez en español, Viaje a través de América del Sur, del Océano Pacifico al Océano Atlantico, publicada originalement en París en 1869. En ella se despliega el talento narrativo de Marcoy, su viva y empática curiosidad frente a los más diversos tipos humanos, las costumbres, los monumentos, del mundo andino. Y después en capítulos no menos memorables, relata su larga odisea por la floresta, aporta datos absolutamente novedosos sobre las etnias y culturas selváticas, describe plantas y animales, y se maravilla ante la riqueza de ese universo. Pero también, haciendo gala de sus dotes plásticas, nos ofrece en innumerables y magníficos grabados toda una visión romántica, sin dejar de ser fidedigna, de paisajes, escenarios, hombres y mujeres, de gran valor documental.Por todo ello estos volúmenes constituyen, a la vez que un acto de justica, un servicio inestimable para el conocimiento del Perú del siglo XIX.


Publicado el : viernes, 26 de julio de 2013
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EAN13 : 9782821826670
Número de páginas: 567
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Viaje a través de América del Sur. Tomo I
Del Océano Pacífico al Océano Atlántico
Paul Marcoy
Traductor: Edgardo Rivera Martinez
Editor : Institut français d’études andines
Año de edición : 2001
Publicación en OpenEdition Books : 26 julio 2013
Colección : Travaux de l’IFÉA
ISBN electrónico : 9782821826670
http://books.openedition.org
Referencia electrónica
MARCOY, Paul. Viaje a través de América del Sur. Tomo I: Del Océano Pacífico al Océano Atlántico.
Nueva edición [en línea]. Lima: Institut français d’études andines, 2001 (generado el 28 enero
2014). Disponible en Internet: . ISBN: 9782821826670.
Edición impresa:
ISBN : 9789972623141
Número de páginas : 567
© Institut français d’études andines, 2001
Condiciones de uso:
http://www.openedition.org/6540Uno de los más importantes viajeros que visitaron y recorrieron el Perú a mediados del siglo XIX,
y que residió por largas temporadas en la sierra del sur, fue el francés Paul Marcoy. Hombre de
notable coraje, persona cultivada, de gran sensibilidad y generosidad, que de sintió fascinada por
los Andes y la selva amazónica.Dio a conocer sus experiencias, observaciones e impresiones en
múltiples artículos periodísticos en revistas francesas, y en libros como Scènes et Pasysages dans les
Andes (1861 y 1865), o Souvenirs d'un mutilé, récits de chasse dans le Nouveau Monde (1862), pero su
obra magna es sin duda la que presentamos aquí por primera vez en español, Viaje a través de
América del Sur, del Océano Pacifico al Océano Atlantico, publicada originalement en París en
1869.
En ella se despliega el talento narrativo de Marcoy, su viva y empática curiosidad frente a los más
diversos tipos humanos, las costumbres, los monumentos, del mundo andino. Y después en
capítulos no menos memorables, relata su larga odisea por la floresta, aporta datos absolutamente
novedosos sobre las etnias y culturas selváticas, describe plantas y animales, y se maravilla ante la
riqueza de ese universo.
Pero también, haciendo gala de sus dotes plásticas, nos ofrece en innumerables y magníficos
grabados toda una visión romántica, sin dejar de ser fidedigna, de paisajes, escenarios, hombres y
mujeres, de gran valor documental.Por todo ello estos volúmenes constituyen, a la vez que un acto
de justica, un servicio inestimable para el conocimiento del Perú del siglo XIX.ÍNDICE
Presentación
Un viajero sin prisa a mediados del siglo XIX
Laurent Saint-Cricq (Paul Marcoy)
Jean-Pierre Chaumeil
ENTRE VIAJES Y PINTURAS
LA PASION DE LO VIVIDO
LAS TEORIAS DEL HOMBRE AMERICANO
EL VIAJE DEL PACIFICO AL ATLANTICO
LA ETNOGRAFIA DE MARCOY
Agradecimientos
Bibliografía de Paul Marcoy
Bibliografía General
Primera etapa. De Islay a Arequipa
Segunda etapa. De Arequipa a Lampa
Tercera etapa. De Lampa a Acopia
Cuarta etapa. De Acopia al Cuzco
IDIOMA QUECHUA
Quinta etapa. Del Cuzco a Echarati
LOS RIGORES DE UN PADRE
Sexta etapa. De Echarati a ChulituquiPresentación
1 Paul Marcoy, viajero francés cuyo verdadero nombre fue Laurent Saint-Cricq, recorrió los
territorios peruano y brasileño probablemente entre 1840 y 1846, y publicó en Paris en 1869 la
narración descriptiva de su recorrido con el título de Voyage à travers l'Amérique du Sud. De l'Océan
Pacifique à l'Océan Atlantique en dos grandes volúmenes. Esta obra, magníficamente escrita e
ilustrada, y considerada como uno de los más importantes relatos de viajeros que han visitado
America del Sur en el siglo xix, nos permite introducirnos por páramos y selvas, de pueblo en
pueblo, a través del vasto territorio de esta parte del continente, descubriendo su flora y su fauna,
su gente y sus costumbres, en una larga odisea de centenares y miles de kilómetros, desde la Costa
Sur del Perú hasta la desembocadura del Río Amazonas en el Atlántico.
2 A principios del año 2000, gracias a una iniciativa del Instituto Francés de Estudios Andinos (IFEA)
y a un acuerdo con los fondos éditoriales del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP), del Centro
Amazonico de Antropología y Aplicacion Práctica (CAAAP) y de la Pontificia Universidad Católica
del Perú (PUCP), se encomendo la traduccion del texto al castellano al escritor Edgardo Rivera
Martínez, siendo esta la primera versión integral de la obra en español en la parte referente al
Perú. El trabajo, arduo pero apasionante, pues se trata de un texto "épico" publicado más de 100
años atrás, fue tomando forma a medida que se sucedían las paginas y su autor y protagonista
avanzaba a través del territorio peruano con destino al imponente Amazonas.
3 Los editores acordamos publicar en una primera edición la parte correspondiente al territorio
peruano, y dejar para una próxima oportunidad, tal vez con el concurso de alguna institución del
Brasil, la publicación de la parte del viaje correspondiente al territorio brasilero, que narra el
recorrido de Marcoy desde la localidad de Tabatinga hasta Santa María de Belen do Pará.
4 Es así como presentamos ahora, en dos tomos, y bajo el título de Viaje a través de América del Sur, la
relación de esa arriesgada y larga marcha a través de los Andes y de la floresta amazónica. El
primer volumen comprende la relación del recorrido que el autor y protagonista efectuó desde
Islay hasta la localidad de Chulituqui. El segundo la de la ruta que siguió desde este último sitio
hasta Tabatinga, al otro lado de la frontera peruano brasileña. Se han reproducido todas las
ilustraciones casi a su tamaño original, respetando en su totalidad la ubicación original de las
mismas.
5 Esta magnífica obra nos permitirá conocer facetas olvidadas de la vida en los Andes del sur, leer la
descripción detallada de usos y costumbres, y detenernos en la descripción de sitios
arqueológicos. Asimismo conocer pueblos indígenas amazónicos, reencontrar algunas especies de
animales poco conocidas, así como una rica variedad de plantas, flores y frutos propios de la
floresta.
6 La traducción de Edgardo Rivera Martínez ha sido revisada por Anne-Marie Brougère, resolviendo
ambos los problemas planteados por un libro de este carácter y de esa época. La parte del texto
sobre la Amazonía también ha sido revisada por Manuel Cornejo del CAAAP. Buena parte de las
Notas del Traductor son de la revisora, a quien se debe asimismo la diagramación de la obra. Iván
Larco tuvo a su cargo el diseño de carátula.
7 Quedamos agradecidos por las importantes sugerencias recibidas a lo largo de todo el proceso de
edición y confiamos en que este esfuerzo conjunto abrirá las puertas a nuevos e importantes
proyectos éditoriales que permitan un mayor conocimiento de la cultura y del pasado del Perú.Un viajero sin prisa a mediados del siglo XIX
Laurent Saint-Cricq (Paul Marcoy)
Jean-Pierre Chaumeil
"En viaje, como en literatura, y como en muchas
otras cosas, para alcanzar el objetivo, hay que
saber apurarse lentamente... " (Marcoy, 1869).
1 El siglo xix fue sin duda la gran época de las exploraciones científicas en la Amazonía que, en su
inmensa mayoría, era por aquel entonces tierra por descubrir. Como bien se sabe, muy pocos
científicos extranjeros, con la notable excepción de La Condamine, pudieron viajar por estas
lejanas provincias durante el periodo colonial. Basta recordar las dificultades de todo tipo
encontradas por Humboldt para visitar las posesiones españolas de sudamérica a principios del
siglo xix. Es pues preciso esperar los años posteriores a la independencia de los países
sudamericanos para ver llegar las primeras oleadas de viajeros extranjeros a la hoya amazónica.
Esto sucedió a pesar de que el ambiente político, marcado por guerras civiles y conflictos
fronterizos, no era del todo propicio para la investigación ni para las estadías prolongadas en el
campo. Aunque de carácter poco oficial y académico, el viaje de Paul Marcoy que presentamos a
continuación se inscribe de algún modo en esta tradición de los viajeros naturalistas. Estos últimos
llegaron a sudamérica no Sólo con el propósito de impulsar el avance de la ciencia, sino también
para investigar a nombre de sus países el potencial económico y comercial del Amazonas.
2 La década de 1840-1850, que nos interesa en primer lugar aquí, ha sido muy fértil en expediciones
por tierras andinas y amazónicas. Entre 1838-1842, el suizo J. von Tschudi viaja por los Andes
cruzando la cordillera. El peruano J. M. Valdez y Palacios alcanza en 1843 el Para bajando los nos
desde las alturas de Cuzco. El mismo año, el francés F. de Castelnau llega a Brasil para un periplo
de cuatro años a través del subcontinente ; concluye su viaje siguiendo la misma ruta que Valdez y
Palacios. En 1846, el italiano G. Osculati explora el Napo y el norteamericano W. Edwards el Bajo
Amazonas. En 1848, los británicos A. R. Wallace y H. W. Bátes desembarcan en el Para y se
establecen durante varios años en la selva, seguidos en 1849 por el botánico R. Spruce. Por último,
los oficiales de marina norteamericanos L. Herndon y L. Gibbon viajan a lo largo del Amazonas y
del Madeira para investigar su potencial comercial. Todos los grandes viajeros de esta década nos
han dejado obras muy valiosas en observaciones zoológicas, botánicas, etnográficas y geológicas,
las cuales han tenido mucha influencia sobre el pensamiento científico de la época.
3 Por lo que a Perú se refiere, el gobierno de Ramón Castilla (1845-1851 y 1855-1862) favoreció como
bien se sabe el desarrollo económico de las regiones orientales. La introducción de la navegación a
vapor en 1852 y la creación en 1867 de la Comisión Hidrográfica del Amazonas, con sede en Iquitos,
jugaron un papel importante en la apertura económica de tales regiones. Uno de los principales
objetivos de los primeros exploradores extranjeros era precisamente establecer una conexión
navegable entre el Pacífico y el Atlántico siguiendo el Amazonas (la famosa vía interoceánica), a
fin de asegurar una salida para los nuevos productos comerciales que se pensaba descubrir.
4 Durante la primera mitad del siglo xix, varias expediciones fueron organizadas para encontrar la
mejor vía de penetración hacía la selva. Distintos caminos fueron probados. El más conocido fue el
utilizado en 1828 por el oficial británico H. L. Maw, entrando por Chachapoyas, Moyobamba,
Huallaga y Amazonas. Los oficiales de la marina británica W. Smyth y F. Lowe (acompañados por elingeniero P. Beltrán y el teniente Azcárate del lado peruano) siguieron en 1834-1835 la ruta
Huánuco- Huallaga-Amazonas (la misma que fue utilizada por el botánico alemán E. Poeppig en
1829-1832 y por el oficial de marina norteamericano W. L. Herndon en 1851-1852). Por fin, la ruta
sin duda más difícil (Cuzco- Urubamba-Ucayali-Amazonas) fue escogida por la expedición de F. de
Castelnau (1846-1847), en la cual participó Paul Marcoy. Esta misma ruta había sido probada en
1843 por el peruano Valdez y Palacios, en su huida del Cuzco para escapar de la soldadesca del
general San Román (Porras Barrenechea, 1970).
5 En las últimas décadas del siglo XIX, los viajes del Pacífico al Atlántico son tan frecuentes que
constituyen de algún modo el lugar común de la mayoría de los viajeros y la ruta clásica para salir
a Europa y Norteamérica. Sin embargo, en el tiempo de Marcoy, tal viaje era todavía una aventura
llena de peligros, tal como lo atestiguan los sucesivos naufragios que conmovieron a la expedición
durante la bajada del Urubamba, en la cual murió un misionero y casi se ahogó el autor, perdiendo
gran parte de su equipaje.
6 Pero, ante todo, ¿quién era este enigmático viajero, algo bohemio, mezcla de aventurera y artista,
que llevaba como nombre de batalla Paul Marcoy ? Su arte de la mise en scène, agregado al tono un
tanto novelesco de sus escritos, le valieron cierto desprestigio en los medios académicos de aquel
entonces. Sin embargo, este viajero impenitente ha dejado una obra original y pintoresca, de gran
valor para quien quiera penetrar la sicología de la gente de aquella época y la atmósfera de los
lugares, características que muy pocos de sus contemporáneos han logrado traducir con tanta
agudeza.
ENTRE VIAJES Y PINTURAS
7 Laurent Saint Cricq, quien utilizó el seudónimo de Paul Marcoy, nació en Burdeos el 22 de octubre
de 1815. Su padre, Bernard Saint-Cricq, era propietario y negociante en el barrio de Chartrons
(Burdeos) ; su madré se llamaba Jeanne Roy. Al terminar sus estudios secundarios, se orienté hacía
los estudios comerciales en la pura tradición bordelesa y visité, entre 1831-1834, las grandes y
pequeñas Antillas. De regreso a Francia, colaboró en varias revistas locales y público artículos
sobre pintura (expuso más tarde sus propios lienzos en distintas galerías bordelesas), actividades
que lo apasionaron mucho más que el comercio.
8 Después de algunos años de estadía en Burdeos, Marcoy viajó con sus propios recursos hacía
América del Sur, visitó Chile, Bolivia y Perú donde residió varios años —especialmente en Cuzco—
y emprendió numerosas incursiones en los Andes que le permitieron adquirir conocimientos
básicos del quechua (calculamos entre 1838-1840 y 1846, pero lo impreciso del autor respecta a las
fechas convierte la cronología de su vida en un verdadero rompecabezas para el biógrafo). No
sabemos tampoco por qué Saint-Cricq escogió el seudónimo de Paul Marcoy o Paul de Carmoy (o
más tarde el de Edmundo Antonio Poinsot, según René-Moreno, 1896 :481). Quizá el autor se
inspiré del nombre de un caserío de la Provincia de Pataz, Parcoy (famoso como sitio aerífero) que
hubiera visitado al principio de sus peregrinaciones. Tal hipótesis no recibe sin embargo ninguna
confirmación en sus escritos. Sabemos que el empleo de seudónimos era cosa común entre los
escritores de aquella época. En el caso de nuestro viajero, tal vez se debe a la influencia de su
amigo, el vizconde Eugène de Sartiges quien utilizaba en sus escritos el seudónimo de E. S. de
Lavandais. Eso por lo menos podría explicar el título de "vizconde" a veces otorgado a Marcoy
(Núnez, 1989 : 541), título que por supuesto no tenía. Lo cierto es que Sartiges (quien viajó a Perú
desde fines de 1833 hasta principios de 1835) era para Marcoy el modelo mismo del viajero. Se
supone que se conocieron íntimamente, tal como lo deja entender la dedicatoria a la memoria de
Sartiges al principio de Souvenirs d'un mutilé (1862).
9 En 1846, cuando procuraba regresar a Francia, Marcoy opté por la vía interoceánica entrando porla montaña al este del Cuzco. La idea de cruzar el subcontinente de oeste a este tenía su origen,
según confía el viajero, en una apuesta hecha en el puerto de Islay (costa del Pacífico) con un
capitán de navío escocés nativo de Glasgow (Marcoy, 1861, t. 2 :324-325 ; 1869,1.1 : 8-9). Sin
embargo, en su primer artículo publicado en febrero de 1848 en L'illustración, el autor no habla de
dicha apuesta sino más bien de su decisión de concluir sus seis años de andanzas siguiendo las
huellas abiertas poco antes por Valdez y Palacios, entrando por el valle de Santa Ana para luego
alcanzar, con la "ayuda de Dios", el Amazonas y la ciudad de Belem. Sea lo que sea, Marcoy
pretendía llegar en menos de tres meses a Belem do Pará, mientras que dicho capitán sostenía que
la ruta por el Cabo de Hornos era la más rápida. Huelga decir que Marcoy perdió su apuesta : en
vez de tres meses, gastó un año y 14 días de viaje para alcanzar el Pará. En el camino tuvo, sin
embargo, la oportunidad de unirse como dibujante a la famosa expedición del Conde de Castelnau
desde Echaraté hasta Sarayacu. A consecuencia de discrepancias con Castelnau, Marcoy siguió Sólo
el viaje por el Amazonas hasta el Pará donde llegó enfermo. Su pésimo estado de salud no le
permitió realizar su deseo de volver a Perú vía el Cabo de Hornos. Tuvo que embarcarse para Le
Havre a finales de noviembre de 1847 y "llegó moribundo a Paris" (Feret, 1888 : 556). Recordamos
que Marcoy era un viajero independiente que nunca se bénéfició del más mínimo apoyo oficial. A
pesar de la pérdida de varios documentos durante la bajada del Urubamba donde tuvo varios
naufragios, Marcoy llevó a Francia numerosas notas manuscritas relativas al relato de su viaje,
mapas, vocabularios en lenguas indígenas, muchos dibujos y acuarelas, colecciones zoológicas y
un herbario de 1700 plantas (Feret, 1888 : 555). Desafortunadamente, gran parte de este material
se dispersó debido a circunstancias desfavorables para su públicación. Vale recordar que Marcoy
llegó en Paris en el momento de la revolución de 1848. Sólo se tiene noticias de algunos objetos
etnográficos del Alto Amazonas depositados por el autor en el Museo de prehistoria de Burdeos
(Riviale, 1996 : 402).
10 Restablecido, Marcoy público sin embargo diferentes trabajos en L'illustración (1948), el Bulletin de
la Société de Géographie de Paris (1853) —los unicos firmados bajo el nombre de Saint-Cricq—, y la
Revue contemporaine (1857 ; 1858-59 ; 1859 ; 1860). En 1860, la editora Hachette le propusó la
públicación de sus viajes del punto de vista anecdótico y pintoresco. Escribió entonces (siempre
bajo el seudónimo de Paul Marcoy) una serie de relatos, la mayoría en una revista muy popular de
la época (Le Tour du Monde), incluyendo la primera versión completa de su viaje a través de
América del Sur (1862-1867), obra que se público luego, con la misma editora, en dos lujosos tomos
(1869).
11 Se supone que Marcoy regresó por segunda vez al Perú entre 1854 y 1860, tal como lo deja
entender las "instrucciones" redactadas en 1853 por E. Cortambert a pedido del viajero en vista de
su nuevo proyecto de exploración del río Amazonas (Cortambert, 1854 ; Riviale, 1996 :198,402 ;
2000 :37). Marcoy acababa de públicar ese mismo año dos artículos (fruto de sus observaciones
anteriores) en el Bulletin de la Société de Géographie y se sentía algo autorizado, tal vez para pedir
auxilio a los "oficiales" de la digna Sociedad. Sin embargo, sabemos muy poco sobre este segundo
viaje. Se piensa que regresó a Cuzco para emprender, entre otras cosas, el tan discutido viaje al
valle de Marcapata y a la zona de Carabaya en busca de la "cascarilla" o quina (según el motivo
oficial de la expedición), pero sobretodo de la ciudad perdida de San Gabán a propósito de la cual
circulaban innumerables leyendas desde tiempos remotos (sobre el periodo de la "cascarilla",
véase Sala i Vila, 1998). En realidad no sabemos con certeza la fecha de este viaje, motivo de su
segundo libro importante (1870-1871) cuya primera versión, que sirvió de boceto a la segunda, se
imprimió en 1861 bajo el título Une expedición malheureuse (para un acercamiento de la
personalidad literaria de Marcoy, véase Daoulas, 1995). Varios indicios nos llevan a pensar que el
viaje por los valles de la quina se realizó durante la primera estadía del autor en el Perú, quizá en
1846 tal como él mismo lo indica en L'illustración (1848 : 392), es decir poco antes de su recorridopor el Amazonas.
12 Lo cierto es que Marcoy regresó definitivamente a Burdeos en 1875. Prosiguió sus escritos y
colaboró en La Gironde (periódico republicano) con diversas notas sobre geografía y etnografía. En
1876 fue nombrado director de los jardines y parques de la ciudad y ocupó, de 1876 hasta 1887, la
dirección administrativa del jardín Botánico de Burdeos. Murió en esta ciudad el 7 de febrero de
1888, "después de una larga enfermedad" (Archivos municipales).
13 Como se puede notar, muchos puntos quedan oscuros sobre la vida de nuestro viajero que era
ante todo un autodidacta, empezando por su cultura científica. Es bien claro que Marcoy demostró
a lo largo de su obra talentos artísticos y literarios más que científicos en el sentido estricto del
término, lo que lo diferencia de cierta manera de la mayoría de los grandes viajeros de su época,
pero lo acerca a algunos otros como E. de Sartiges. El mismo escribía en 1848 :
"entraba en nuestro proyecto un poco del artista, del bohemio y del sabio. Es así que
siempre hemos entendido la manera de trasladarse de un país al otro".
14 El traductor (E. Rich) de la edición inglesa del viaje (1875) elogió su estilo literario, y todo el
mundo concordó en reconocer la inteligencia y la agudeza artística del viajero, a pesar de las
eventuales críticas a su obra. Núñez (1989 : 541) habla de un "extraordinario narrador" dotado de
una firme cultura clásica, Daoulas (1995) hace resaltar la fascinante complejidad del personaje
como escritor mientras que Field (1873 : 259) se entusiasma por la riqueza de su aporte
iconográfico. En el prólogo a la edición española del Viaje por los milles de la quina (1941), Ortega y
Gasset presentó a Marcoy como un "farmacéutico francés que fue enviado a las regiones andinas
para estudiar, entre otras cosas, el árbol de la quinina". La información es equivocada, pero el lazo
del autor con el mundo de las plantas resalta claramente : tomó en efecto gran cuidado en dibujar
en el curso de su viaje una variedad de plantas y llevó, según Feret, un herbario de 1 700
especímenes del cual, desafortunadamente, no hemos encontrado huellas en las colecciones del
Jardín Botánico de Burdeos, sí es que en verdad fue ahí depositado. Es pues muy probable que
Marcoy se haya inscrito en la tradición bordelesa que consistía en traer plantas de América Latina
para experimentarlas en el jardín Botánico de la ciudad. Eso podría explicar, además, su
nombramiento, al fin de su carrera, en la dirección administrativa de dicho jardín.
15 Marcoy desarrolló paralelamente diversas actividades culturales en Burdeos. Fundó un pequeño
folleto, Lavan-Scène, y participé en exposiciones de pintura ; él mismo se presentaba como
dibujante y fue por otra parte enrolado con este propósito en la expedición del Conde de
Castelnau. Es pues como viajero artista y literato que se hizo conocer por el gran público, lo que le
valió las críticas del medio científico. Es así que Marcoy no tuvo el privilegio de figurar en la
Historia de la geografía del Perú de Raimondi (1879) sino como ejemplo de falsa literatura, ni, por
ejemplo, en el estudio que J. Pacheco de Oliveira (1987) consagró a los viajeros de la Amazonía o en
los resúmenes biográficos de los exploradores realizados por J. Hemming (1987). No está tampoco
citado como integrante de la expedición de Castelnau en el reciente estudio de M. Bajon (1995) y
casi no figura (su nombre aparece solamente dos veces en el indice) en el trabajo de tesis de J.
Griffon du Bellay sobre los viajeros del siglo XIX en el Perú (1986). En su obra sobre Lima, M.
Fuentes criticó además algunos grabados de Marcoy por ser poco realista, hasta despectivos como
en el caso del Padre Plaza, ridiculizado según él "bajo la vulgar figura de un arriero" (1985 : VI).
LA PASION DE LO VIVIDO
16 Marcoy público en total cuatro libros (dos de los cuales salieron primero en Le Tour du Monde). Su
obra principal (1869) fue rápidamente traducida al inglés y editada en Londres en 1873
(reediciones 1875,1973-74) y en Nueva York (1875) donde tuvo un gran éxito. Curiosamente, no
hubo ninguna edición española (tenemos noticia de una versión portuguesa de la segunda partedel viaje referente al Brasil a cargo del antropólogo brasileño Antonio Porro, desconociendo sin
embargo sí se finalizó el proyecto), por lo cual se debe considerar la versión que presentamos
ahora como la primera en este idioma. En cambio, el Voyage dans les vallées de quinquinas (1870-71),
de menorimportancia a nuestro parecer, fue traducido parcialmente al castellano e impreso en
Argentina más recientemente (1941, reediciones 1943 ; 1948). Vale advertir que muchas de las
escenas descritas en estas dos obras se encuentran también, aunque de manera menos elaborada,
en los dos primeros libros del autor, Scènes et paysages dans les Andes (1861) y Souvenirs d'un mutilé
(1862), este último de tinte más novelesco. Es bien claro por ejemplo que "Une expedición
malheureuse" (segunda serie de Scènes et paysages dans les Andes) constituye la matriz de
reescritura del viaje por los valles de la quina. En su último periodo de escritura, Marcoy se dedicó
a redactar varios artículos polémicos en la revista La Gironde (1875-76), refutando en particular las
alegaciones de un cierto abate Durand sobre las regiones amazónicas del Brasil (Daoulas, trabajo
de tesis en curso). aquí resalta el profundo rechazo del autor por la "ciencia oficial", de la misma
manera que no vaciló en criticar a lo largo de su obra a La Condamine, Humboldt o d'Orbigny.
Lámina 1 - Libros de Paul Marcoy.17 Dicho esto, el autor moderno que hizo resaltar con mayor fuerza el valor cultural de la obra de
Marcoy es, a nuestro parecer, Pablo Macera (1976 : 126-131) cuando escribe :
"han sido muy pocos los que hayan podido como Marcoy dar una imagen tan directa y
personal del Perú,... su relato sigue siendo hoy, como lo fue para Francia en el siglo xix, un
depósito riquísimo de informaciones sobre la realidad serrana... Por primera vez se
mencionan las danzas del folklore popular, el maicito, el jalco, la mozamala, los
cachasparis. Tradiciones hoy perdidas como las del Supay de Machu Camanti y los cuentos
de Quinsachata. En todo hay la vibración de lo vivido. "
18 Pero, al mismo tiempo, el tono pintoresco y el estilo novelesco que dio a sus escritos, así como su
éxito entre el gran público, valieron a Marcoy, tal como se ha dicho, violentas críticas de parte de
sus colegas científicos. Fue en particular acusado de falso por Antonio Raimondi (1867 :118,130)
quien lo excluye de sus compilaciones (1879 : prólogo Iü-IV, 130). En su Voyage dans les vallées de
quinquinas, Marcoy había manifestado ya el poco aprecio que tenía tanto por el trabajo de
Raimondi, como por el de su protector Clements Markham, contra los cuales lanzó una diatriba
feroz (1870-71 :43, 150). Notaremos de paso que esta polémica no figura en la edición castellana del
Viaje (1941). Séría sumamente interesante desde este punto de vista realizar un estudio sobre los
viajes en los valles de Marcapata en busca de la quina, donde los intereses económicos de los
países involucrados influyeron mucho en las relaciones entre los viajeros europeos. De igual modo,
el naturalista J. Orton (1876 : 380) vio en los escritos de Marcoy una de las más notables imposturas
de la literatura mundial, idea que no estaba lejos de compartir el sabio J. Sabin (1879,11 :380),
quien condenó además a Marcoy por haberse inspirado, según él, en los trabajos arqueológicos deE. G. Squier (públicados sin embargo más tarde, en 1877). R. Vargas Ugarte (1959 : 230) y J. Palop
(1957 :115) no mostraron más entusiasmo. Como dice Núñez (1989 : 543), Marcoy "résulta el más
discutido y vapuleado de los viajeros franceses del XIX".
19 No nos pronunciaremos sobre el conjunto de la obra de Marcoy dado que desconocemos muchas
de sus actividades a lo largo de sus años de estadía tanto en Cuzco como en la Sierra (sin embargo
véase Macera, 1976 : 129-131). En cambio las acusaciones de falso nos parecen completamente
infundadas en lo que concierne a la obra que discutimos aquí. Hemos tenido la oportunidad de
confrontar las tres versiones existentes del viaje de Echaraté hasta Sarayacu : la de la comisión
peruana encabezada por el Capitán de Fragata D. F. Carrasco y publicada en Raimondi (1879
:154192), la de la comisión francesa bajo la dirección de Castelnau (1851, t. 4) y, finalmente, la de
Marcoy (1869, t. 1). No solamente esta última no es de ningún modo la copia de las dos
precedentes, sino que contiene a nuestro parecer observaciones más extensas, particularmente en
lo concerniente a las misiones y a la etnografía de los diferentes grupos indígenas encontrados.
20 Además, el relato de Marcoy sobre el Amazonas es mucho más detallado que el de Castelnau,
quien dispuso de un lapso más corto que su excompañero de ruta. Recordemos que unos años
después, la obra del viajero francés C. Wiener (1880) también fue injustamente desvalorizada como
ejemplo de inexactitud y hasta de falsedad (Porras Barrenechea, 1954 : 70)
21 Dicho esto, el viaje de Marcoy despierta algunas interrogantes. Si la utilización de seudónimos
era, como lo hemos apuntado, cosa corriente entre los escritos de entonces, se entiende mal en
cambio por qué el autor cambió, en las entregas del Le Tour du Monde, las fechas de su viaje
(18481860) cuando obviamente este último tuvo lugar entre 1846-1847. ¿Corresponden esas fechas,
entonces, a los años de escritura o, más verosímilmente, al lapso transcurrido entre su retorno a
Francia y el contrato de públicación de las ediciones Hachette ? Sabemos, por otra parte, que las
relaciones de Marcoy con el Conde de Castelnau eran de lo más tensas (véase también Le Gentil,
1954 :194) ya que no apreciaba sus maneras aristocráticas, a tal punto de caricaturizarlo
grotescamente bajo el nombre de "conde de la Blanca Espina". Modificando los años de estadía,
¿pensaba Marcoy disociarse de los miembros de la expedición francesa, acentuando así el
desacuerdo que podía existir entre sus propios motivos de viaje y los de la comisión oficial ?
Asimismo, el título (rectificado después) de la primera edición del viaje estipula del Océano Atlántico
al Océano Pacifico, cuando se trata exactamente de lo contrario (error del editor ?). Es interesante
senalar que la reimpresión alemana de 1994 del Viaje guarda esta alteración en el título. Al final de
su obra, Marcoy dice embarcarse sobre un buque hacía el Perú vía el cabo de Hornos, cuando
sabemos que en verdad regresaba a Francia por motivo de enfermedad. Tenemos la impresión que
para él ese viaje nunca termina y se renueva perpetuamente. Es perfectamente comprensible que,
sobre el piano estrictamente científico, estos detalles agregados a otros hayan despertado
sospechas sobre su obra. No obstante, ésta queda ante nuestros ojos (véase también García, 1922 :
899) como una contribución mayor al conocimiento etnográfico del Amazonas en esta mitad del
siglo xix.
22 Cabe subrayar, por fin, que novelistas como Jules Verne (La Jangada, 1881) se inspiraron
ampliamente y tomaron mucho de los relatos e ilustraciones de Marcoy (además por supuesto del
relato de Valdez y Palacios). Encontramos también su influencia en la novela pintoresca de P.
Bory, Les chercheurs de Quinquinas (1891). L. Figuier utilizó en Les races humaines (1873) la
monografía de Marcoy sobre los anti, así como varias laminas incluyendo el retrato del Inca
Huáscar, mientras que R. Cortambert reprodujo en Moeurs et caractères des peuples (1879) varios
extractos del viajero, entre los cuales parte de las monografías sobre los conibo y los ticuna. En su
obra de propaganda The Amazon Provinces of Peru (1894), el consul H. Guillaume présenté varios
mapas y grabados de Marcoy, cambiando a veces las leyendas como en el caso del dibujo de unplatanal que se vuelve para Guillaume "A grove of quin-quinas ". Lo interesante es que Markham
felicitó al cónsulpor su obra destinada a dar un "conocimiento más exacto de los recursos del
Perú" !
23 Sin embargo es necesario distinguir en la obra de Marcoy, su visión romántica de la naturaleza,
sus observaciones botánicas, geográficas y etnográficas, y por otro lado, sus tentativas e hipótesis
sobre el origen del hombre americano. En verdad, el tono alegre y picante de las primeras se
vuelve medio ácido y aburrido, cuando se trata de disertar sobre la cuestión de los orígenes.
LAS TEORIAS DEL HOMBRE AMERICANO
24 Como bien se sabe, uno de los grandes debates de mediados del siglo xix en Francia oponía, en los
cenáculos científicos, a los adeptos del monogenismo con los del poligenismo, precisamente sobre
la cuestión de la unidad o diversidad del hombre. Recordemos que las teorías darwinianas sobre la
evolución entraron muy tardíamente en Francia, con motivo de la persistencia de las ideas de
Lamark sobre el transformismo (días, 1991 :56). La Société d'ethnographie y la Société d'anthropologie
de Paris, creadas en 1859 respectivamente por Léon de Rosny y Paul Broca, asumieron entonces el
debate, oponiendo monogenismo y poligenismo, debate que también tenía un rostro político (días,
1991 : 58).
25 Marcoy, que era ferviente partidario de la república y de la laicidad (su anticlericalismo es
notorio a lo largo de su obra), adoptó hasta cierto punto las tesis poligenistas ya que, como
muchos de sus contemporáneos, se decía al mismo tiempo respetuoso de la doctrina cristiana de
la monogénesis (Daoulas, 1995 :16). Castelnau encambio era unmonogenista convencido, lo que
contribuía a profundizar sus discrepancias.
26 En aquella época existían varias tesis sobre el origen del hombre americano. Aparté de la vieja
tesis del origen bíblico, las tres en boga por entonces eran : la que se refería a continentes
desaparecidos ; la que explicaba el origen del hombre americano a partir del viejo mundo ; y por
fin, la que defendía el origen autóctono. La tesis de los continentes perdidos tuvo gran fama
gracias a los trabajos y especulaciones de Brasseur de Bourbourg sobre los atlantes, tesis que
Castelnau compartía : creía de buena fe que los antiguos americanos fueron semíticos y
descendientes directos de los atlantes. En cambio, Marcoy adopté la segunda tesis, la del origen a
partir del viejo continente, pero según dos trayectorias distintas, a partir de lo cual divide la
población amerindia en dos tipos primordiales : el tipo américano- mongol (el "elemento
colonizador" para emplear su terminología) llegado por migraciones sucesivas desde Asia
cruzando el Estrecho de Behring, y el tipo irano-aria (el "elemento civilizador"), originario según él
de Egipto, el cual habría dado nacimiento a las grandes culturas mexicanas y luego, por difusión a
partir de este primer centro, a las culturas andinas y amazónicas. De ahí las frecuentes analogías
establecidas por Marcoy entre la monumental arquitectura mexicana o peruana y la de Egipto.
Partidario de la teoría de la decadencia cultural muy en boga por entonces, el autor explicó el
"empobrecimiento" de las civilizaciones del sur del continente (como por ejemplo la pérdida del
alfabeto jeroglífico) por su alejamiento progresivo del centro de difusión original (México). Según
este esquema, las poblaciones se vuelven más "primitivas" a medida que migran hacía el sur,
guardando del pasado conceptos cada vez más vagos y confusos. Estas ideas generales sobre la
decadencia cultural resultan ser muy diferentes de aquellas emitidas en la misma época por sabios
como A. Wallace, quienes más bien atribuían el origen de la caída de las civilizaciones indígenas a
la conquista y la invasión europea (Pacheco de Oliveira, 1987 :164-165). Nada de eso tuvo que ver
con Marcoy, que siempre privilegió los estudios orientales para reconstruir el pasado de las
civilizaciones amerindias, otorgando menos crédito a las crónicas españolas que sin embargoconocía. Este enfoque difusionista repercutió desde luego en su clasificación general de los
pueblos indígenas de la Amazonia, como se verá al analizar más de cerca su aporte etnográfico.
27 Si bien esta clase de debates y especulaciones sobre el origen del hombre americano ya no tiene
validez hoy en día y nos parece ideas de otro tiempo, cabe destacar que las mismas alimentaban y
animaban todas las discusiones entre los eruditos y las sociedades culturales de la segunda mitad
del siglo XIX en Europa. El programa del primer Congreso Internacional de Americanistas,
celebrado en Nancy (Francia) en 1875, estaba mayormente dedicado a este tema (véase a este
propósito el artículo de Marcoy publicado en La Gironde del 3 de octubre de 1875). Léon de Rosny
fue uno de los primeros en Francia en llamar la atención del mundo académico sobre la fragilidad
de tales hipótesis, defendiendo la necesidad de desarrollar una verdadera ciencia americanista
(l'Américanisme), competidora y no más subproducto del Orientalisme como lo era hasta entonces.
En ese aspecto Marcoy no hizo una obra original, conformándose con poco sentido crítico a las
especulaciones de su época, y limitándose a señlar de paso los "errores" de Humboldt, d'Orbigny,
Castelnau, Markham o Raimondi, con una libertad de tono que revelaba de su parte un rechazo del
mundo académico al cual no pertenecía. Macera (1976 :131)...

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