Sebastián Salazar Bondy: Pasión por la cultura

Esta investigación de Cérald Hirschhorn es parte de su tesis de doctorado sustentada en la Universidad de Lyon (Francia). La presentación consta de varios temas que abarcan la cultura peruana entre los años 1954-1965, época en que Sebastián Salazar Bondy, a su regreso de Buenos Aires (Argentina), destaca en el medio. El mérito del autor reside en estudiar de manera sistemática los diferentes escenarios de la cultura limeña, destacando el rol clave de Sebastián Salazar Bondy como verdadero eslabón cultural. Al mismo tiempo se presentan, por primera vez, unos anexos donde aparece el repertorio exhaustivo de las producciones del autor de «Lima la horrible»: artículos periodísticos, ensayos, poemas, dramas, comedias, novelas y cuentos, sin olvidar sus obras inéditas. La lectura de la obra es básica no sólo para quien se interesa en la cultura de los años cincuenta, sino también para los investigadores que quieran seguir el camino abierto por el autor.


Publicado el : martes, 02 de junio de 2015
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EAN13 : 9782821844575
Número de páginas: 526
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Sebastián Salazar Bondy: Pasión por la cultura

Gérald Hirschhorn (dir.)
  • Editor: Institut français d’études andines, Fondo Editorial Universidad Nacional Mayor de San Marcos
  • Año de edición: 2005
  • Publicación en OpenEdition Books: 2 junio 2015
  • Colección: Travaux de l’IFÉA
  • ISBN electrónico: 9782821844575

OpenEdition Books

http://books.openedition.org

Edición impresa
  • ISBN: 9789972462887
  • Número de páginas: 526
 
Referencia electrónica

HIRSCHHORN, Gérald (dir.). Sebastián Salazar Bondy: Pasión por la cultura. Nueva edición [en línea]. Lima: Institut français d’études andines, 2005 (generado el 19 noviembre 2015). Disponible en Internet: <http://books.openedition.org/ifea/4728>. ISBN: 9782821844575.

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© Institut français d’études andines, 2005

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Esta investigación de Cérald Hirschhorn es parte de su tesis de doctorado sustentada en la Universidad de Lyon (Francia). La presentación consta de varios temas que abarcan la cultura peruana entre los años 1954-1965, época en que Sebastián Salazar Bondy, a su regreso de Buenos Aires (Argentina), destaca en el medio.
El mérito del autor reside en estudiar de manera sistemática los diferentes escenarios de la cultura limeña, destacando el rol clave de Sebastián Salazar Bondy como verdadero eslabón cultural. Al mismo tiempo se presentan, por primera vez, unos anexos donde aparece el repertorio exhaustivo de las producciones del autor de «Lima la horrible»: artículos periodísticos, ensayos, poemas, dramas, comedias, novelas y cuentos, sin olvidar sus obras inéditas. La lectura de la obra es básica no sólo para quien se interesa en la cultura de los años cincuenta, sino también para los investigadores que quieran seguir el camino abierto por el autor.

Gérald Hirschhorn

Gérald Hirschhorn (Francia, 1941) es profesor universitario y comenzó su trayectoria enseñando la Literatura francesa. En 1966 reside en Túnez, donde imparte clases de Literatura y se dedica entonces al estudio del teatro del siglo XVI. Formado en la Universidad de Tours (centro del Renacimiento), publica varios artículos sobre los inicios de la tragedia renacentista en Francia y obtiene su doctorado en Literatura francesa del siglo XVI con un estudio crítico sobre «Medea» de Jean Bastier de La Péruse. A partir de 1981 viaja a Lima, donde dirige la Alianza Francesa de Miradores y dicta cursos de Literatura francesa en la Pontificia Universidad Católica. El encuentro con el Perú es decisivo en su carrera universitaria puesto que deja definitivamente la literatura francesa para dedicarse al estudio del castellano y de la literatura hispanoamericana y peruana. Obtiene su segundo doctorado en Literatura con una tesis sobre la influencia de Sebastián Salazar Bondy en la cultura peruana.
Enseña Literatura hispanoamericana en la Universidad de Tours. En 1992 es nombrado director de la Alianza Francesa de Guadalajara (México); allí publica varios artículos de crítica literaria y es nombrado miembro de la cátedra julio Cortázar.
Viaja a Colombia donde ocupa el cargo de director general de la Alianza Francesa. A su regreso a Francia, en el 2000, se dedica a la escritura y a la promoción cultural.

Índice
  1. Introducción

  2. Capítulo 1. Panorama cultural

    1. Galerías de exposición (1950-1964)
    2. Conjuntos musicales (1941-1964)
  1. Capítulo 2. La labor editorial

  2. Capítulo 3. Las editoriales

  3. Capítulo 4. «Heroicas revistas»

  4. Capítulo 5. El crítico literario

  5. Capítulo 6. El crítico teatral

  6. Capítulo 7. Las artes plásticas

  7. Capítulo 8. El crítico de arte

  8. Capítulo 9. Los protagonistas del juego abstracto

  9. Capítulo 10. Los museos

  10. Capítulo 11. El séptimo arte

  11. Conclusión

  12. Bibliografía citada

  13. Anexos. Publicaciones de Sebastián Salazar Bondy

  14. Índice onomástico de los artículos de Sebastián Salazar Bondy

Introducción

1Cuando falleció Sebastián Salazar Bondy, el 4 de julio de 1965, millares de personas quisieron darle testimonio de admiración, simpatía, emoción y para rendirle homenaje fueron a la Casa de la Cultura donde reposaba en su lecho de muerte. Aquella casona había sido reconstruida y totalmente remodelada para darle un sabor colonial adornándola con muebles barrocos, suntuosas lámparas, tal vez para tener la ilusión de que alguna vez la casa había tenido un esplendor ya olvidado, lo que irritaba la sinceridad de Sebastián Salazar Bondy cuando, en vida, la visitaba. ¡Qué lugar menos apropiado para el hombre que fustigó el mito de la Arcadia colonial! ¡Qué mentira para el hombre que simbolizaba la integridad cultural del Perú! Y justo unos meses antes había confiado con su gracia criolla a Ángel Rama:

¿Dónde está el indio? Esta es la casa de los conquistadores, no es la casa de los peruanos. Se lo he dicho a Arguedas. ¿Cómo él, justamente él, puede soportar entrar aquí todos los días? [...] Esta no es la casa de la cultura peruana. Esta cultura, la grande, la hicieron los indios. Esta es la mistificación colonial. (Rama 1965: 31)

2Sin embargo ese testimonio de respeto, de reconocimiento y de fidelidad era totalmente sincero: Lima saludaba a un hombre poseído por una curiosidad insaciable y que luchó contra el subdesarrollo cultural para que su país participara del concierto intelectual del mundo moderno. Sin duda alguna, a su lado se participaba en la aventura de la cultura, es decir en el teatro, pero también en la literatura, la pintura, la música, la arquitectura, la historia, la arqueología, las artes plásticas... Lejos de aceptar las clasificaciones escolásticas de las artes liberales, mecánicas y de adorno, eligió sembrar en los espíritus la efervescencia y la inquietud, como Prometeo llevando la antorcha. Era un eslabón:

Ligaba escritores con escritores. A éstos, con la política nacional. Y a las ideologías, con la cultura papel nexo, nervio y fibra como eras, de tantas cosas. Desde galerías de arte a corrientes partidarias, desde ediciones de libro a la lucha por la recuperación del petróleo, desde el auspicio a los jóvenes valores a la defensa de la revolución cubana, cuando aquello era sepultarse en vida. (Neira 1975: 3,17)

3Más aún, pensaba que sólo la revolución podía modificar a la vez las bases materiales de la producción y de la cultura. Intentaba hacer entender que cuanto más la sociedad se estratificaba y se diferenciaban las actividades, de manera más desigual se distribuía la herencia cultural. ¿No afirmaba con vehemencia que el acceso a las más eminentes obras del arte, de la ciencia, de la filosofía, de todo lo que designamos comúnmente por cultura, estaba reservado al pequeño número de gente cuya posición social preservaba de las necesidades? Por este motivo militaba sin tregua en favor de la alfabetización y de la difusión del saber, en favor de la investigación y de la creación.

4Ser cultos para ser libres1 podría ser en el propio sentido etimológico del término, el lema de la lucha llevada a cabo a lo largo de su vida.

5Parece que en este día de luto el destino estaba burlándose de ese hombre tan sencillo, tan honesto, tan pertinaz, tan sensible, al transformarlo en una «institución» cultural limeña. Frente al catafalco puesto delante del portón de El Ángel numerosos fueron los que se preguntaron si el Sebastián Salazar Bondy de silueta donquijotesca, con su nariz «afilada como un cuchillo», había sido más poeta que ensayista, más dramaturgo que periodista, más escritor que hombre político o todo eso a la vez. Y ahora el gobierno peruano al mandar sus más dignos representantes, la universidad al delegar a sus profesores eméritos para pronunciar unos pomposos discursos y elogios chabacanos al son de la banda oficial, glorificaban a un hombre inclasificable, un autor que molestaba, al presentarlo como si fuera un escritor clásico con normas académicas. Tales exequias corresponden, desde el punto de vista baudelariano pero con colorido irónico, al ensayo premonitorio Visita a mi propia estatua, que Sebastián Salazar Bondy publicó, exactamente diez años atrás, día por día, antes de su muerte:

Debo declarar, no obstante el honor que significa ser objeto de un tan notorio homenaje público, que me hallo un tanto decepcionado. [...] Todo ello, sin embargo pudiera ser pasable en mérito a que el Estado es regularmente torpe en la elección de los escultores oficiales, pero, ¿a quién diablos se le ocurriría que alguna vez adopté una postura tan convencional y ridicula? (Salazar Bondy 1955a: 6-7)

6A cada género, historia, novela, cuento, poema corresponde un estilo más o menos ornamentado según el lugar que ocupa en la escala; así saca provecho Sebastián Salazar Bondy, con fina ironía, de los elogios fúnebres al ponerse a sí mismo en escena para ridiculizar los discursos ditirámbicos. Se desdobla, se caricaturiza e insiste con exceso al describir sus defectos físicos, recordando que todos lo apodaban cariñosamente «El Flaco»:

Puedo disculpar todos estos dislates estatutarios, mas creo imposible mostrarme indulgente con los detalles falaces de esta réplica de mi ser terreno: aquellos que aluden a mis más sobresalientes características físicas. El artista – si así puede llamársele a tan conspicuo animal –, abusando de la libertad creadora y de la ignorancia general, de la cual participan, a lo que parece, mis nietos y sus hijos, me ha presentado calumniosamente flaco y aparatosamente narigón. (Salazar Bondy 1955a: 7)

7La imagen duplicada se desarrolla a lo largo del párrafo de manera pintoresca y Salazar Bondy pone de relieve su artificio e irrisión. Este corto ensayo no llamaría la atención si el autor no hubiese denunciado una concepción convencional del mundo burgués, y claro está que no podía prever que diez años más tarde lo iban a elogiar, a levantar una estatua en su honor, como si el orden establecido quisiese borrar la áspera lucha de Salazar Bondy haciendo desaparecer de golpe la violencia, los ataques personales que le valieron sus escritos satíricos y su compromiso político. Muchas personalidades que no apreciaba fueron a recogerse delante de sus restos, aunque Sebastián Salazar Bondy no formara parte de las esferas del poder y nadie tuviese qué ganar al acompañar el ataúd al cementerio.

8Al rendirle un último homenaje de manera tan convencional, los miembros del gobierno mostraron la voluntad de hacer olvidar que el discurso de Sebastián Salazar Bondy había suscitado con vigor una nueva dimensión. Y es cierto que si bien no fue el primero en afirmar que el rol del Estado es el de estimular la creación de obras, de poner de relieve las creadas y ayudar a los hombres en su búsqueda sin imponer o sugerir una doctrina oficial, adoptó de Malraux una idea que estuvo en boga: invocar la cultura democrática y promocionar la Casa de la Cultura. De la misma manera sus ideas educacionales fueron imitadas muy a menudo, tan es cierto que tienen la espontaneidad, la pureza, el sentido de lo humano como razón de ser. Mas por tan grande que haya sido la notoriedad de Sebastián Salazar Bondy, la simpatía que podía inspirar a la gente que se le acercaba, no es suficientes para explicar de manera satisfactoria la amplitud de la aflicción que agobió a Lima. Abelardo Oquendo, su compañero de siempre, intentó explicar este fenómeno que asombró a los observadores de entonces:

[...] su sociabilidad no alcanza a explicar satisfactoriamente la vasta manifestación de pesar que sucedió a su muerte. Combativo y combatido como fue Sebastián Salazar, con una filiación y una fe bien definidas, no puede dejar de expresar algo la variedad de ideas, posiciones y actitudes que estuvieron representadas en los concurrentes a la vela de sus restos y a su traslado al Cementerio. (Oquendo 1965: 31)

9Un rápido examen de unos 116 artículos que le fueron dedicados permite precisar los motivos de todos esos testimonios que ni el valor literario ni la personalidad de Salazar Bondy pueden explicar:

Dos son las certidumbres que nos deja la vida, prematuramente acabada, de Sebastián Salazar Bondy: fue un genuino, esforzado, fecundo trabajador de la cultura; y fue un hombre que tradujo fielmente en sus actitudes vitales de orientación que le marcaban sus ideas y sus sentimientos sobre la sociedad y el mundo. Creó incansablemente en la literatura y combatió asimismo, sin tregua, por lo que creía justo. (La Prensa 1965: 2)

10O tal vez, como escribe Raúl Vargas, es porque fue uno de los pocos escritores peruanos que «definitivamente supo merecer a su pueblo, y están para atestiguarlo, cada línea, cada obra, cada artículo. Su gesto y su aventura tienen ahora e irremediablemente, una tranquila belleza que sangra» (Vargas 1965:11).

11O como lo nota con ternura y afección su amigo José María Arguedas:

Limeñísimo intelectual, tenía una gran agudeza para descubrir los rasgos sombríos, tristes o trágicos de las personas [...]. Era valiente, feliz y cautivador. [...] El Flaco es ahora como una aguja punzante que tratará de recordarnos, día a día, nuestras responsabilidades. ¡Esa boina! y su inverosímil cuerpo caminan adelante, con tierna ironía, casi invencible. Flaco, bien, bien no más. (Arguedas 1965:2)

12Aparecen bajo la pluma de los escritores y periodistas del continente americano términos recurrentes como pasión por escribir, ardor a favor de la defensa de ideas nobles y justas, furor de vivir, pero también todos señalan su lealtad, lucidez, valentía para describir y analizar la realidad nacional. Así lo percibe Mario Vargas Llosa cuando, de entrada, presenta a Salazar Bondy bajo los rasgos de un caballero muerto en duelo:

Al adversario valiente que mataban en buena o mala lid y al que hasta entonces había odiado y combatido sin desmayo, los iracundos héroes de las novelas de caballería rendían los más ceremoniosos honores. Hombre o dragón, moro o cristiano, plebeyo o de alta alcurnia, el enemigo gallardo era llorado, recordado, glorificado por los vencedores. (Vargas Llosa 1966: 25)

13Excepcional calidad de un hombre que con sus artículos sobre la educación, los hechos de sociedad y la delincuencia juvenil luchaba para preservar la libertad del hombre, defendiendo el pensamiento contra la depredación más y más acentuada de los valores morales y espirituales. Le gustaba insistir sobre la devastación de su sociedad natal al constatar la poca resistencia que la mentalidad peruana oponía a la presión cultural norteamericana, como por ejemplo en el cinema, la prensa y el libro. A un mismo tiempo abogaba por la autonomía individual y en el ámbito social para evitar la pérdida de las libertades primordiales en beneficio del Estado, puesto que la suerte del arte y del pensamiento quedaba ligada a la del individuo. Para Sebastián Salazar Bondy la causa del arte se confundía con la libertad humana, y cualquier perjuicio a la libertad del espíritu debe entenderse como una reacción ofensiva contra la libertad del hombre.

14Bien podría objetarse que hay una divergencia entre las necesidades de arte y las de la acción política. Mas a diferencia de un Rimbaud, que huye clandestinamente de Charleville, la ciudad donde vivía, para participar en la Comuna y que a pesar de todo sigue escribiendo sobre temas totalmente extraños a su elección, Salazar Bondy pensaba que la presencia en su obra de imperativos sociales o políticos era la condición misma de su eficacia revolucionaria.2 Así se solidarizó con todo un programa político, se situó respecto a métodos de acción y a un sistema filosófico revolucionario. Por eso creyó en la necesidad y en la posibilidad de una colaboración de la escritura con la acción política.

15Se encaró entonces con un problema que los surrealistas, por ejemplo, tuvieron también que enfrentar: el pensamiento corre el riesgo, al someterse a los imperativos de una acción política, de ser incompatible con su desarrollo. Se plantea, pues, el dilema que André Breton había enunciado usando una célebre fórmula: «para cambiar la vida hay que transformar el mundo». La idea de transformación del mundo pasa sin embargo por la economía, y los medios puestos en obra para acceder a ella pueden ir hasta la negación de toda esperanza de cambiar la vida. No obstante, la palabra de Sebastián Salazar Bondy será siempre la esperanza de un posible, y el enigma del oráculo que relatado por Heráclito le concierne muy especialmente: si no esperas no encontrarás lo inesperado que es inexplorable y está en lo imposible. Sebastián Salazar Bondy buscó apasionadamente cambiar este «imposible» en posible.

Notas

1 Con esta fórmula Salazar Bondy cierra su participación a un mitin en la plaza Buenos Aires de los Barrios Altos de Lima, el viernes 6 de abril de 1961, después de revelar que el Perú vivía una verdadera catástrofe: 800 mil niños no iban a la escuela.

2 Sebastián Salazar Bondy ha luchado para que cambie el sistema político y cultural del Perú, oponiéndose ipso facto a la derecha conservadora que apoyaba la oligarquía que estaba entonces en el poder.

Capítulo 1. Panorama cultural

1Al casarse en 1947 con Inda Ledesma, actriz argentina, Sebastián Salazar Bondy viaja a Buenos Aires donde vivió hasta 1950. A pesar de las numerosas dificultades encontradas en Argentina, su estancia no fue infructuosa, pues vivir en otro país le había afilado la mirada. Toma conciencia del atraso del Perú, y sus artículos en la prensa servirán de púlpito para tomar la defensa de la pintura moderna, para dar a conocer un poeta todavía ignorado o para obtener que una editorial dé una oportunidad a un escritor de talento.

2Impulsado por la voluntad de asimilar más que de imitar — sus diversas estancias en el extranjero son antes que nada voluntad de libertad, de perfección artística y de regeneración personal—, Salazar Bondy quiere crear algo específicamente peruano: por ello no adhiere a ninguna escuela francesa u otra. Sin embargo, no se libra de las influencias europeas profundas en su cultura, su conocimiento de las artes y sus numerosas amistades literarias: todo forma parte de la apasionante aventura artística del principal animador del debate peruano.

3El viaje a París y el encuentro con Jean Vilar van a inspirar a Sebastián Salazar Bondy en la investigación de lo auténtico. Había leído que era más peligroso para una nación dejarse conquistar por el espíritu que por las armas, y que el poeta debe encontrar su inspiración en su medio y su raza. Los artículos suyos expresan un sentimiento nacionalista que es antes que nada la consecuencia lógica de su estancia en Argentina, lo que nos permite medir el desarrollo del artista en veinte años. Así, sus concepciones artísticas a lo largo de la década del cuarenta eran poco originales y no se diferenciaban del resto de los artistas peruanos.

4Mas a partir de 1952, el discurso de Sebastián Salazar Bondy toma una nueva dimensión: la cultura debe entenderse no sólo como todo lo que está socialmente heredado o transmitido, sino como elemento de crítica permanente hacia la sociedad. Tendrá que ser la aptitud de la conciencia que permitirá al hombre reconocer las injusticias. La promoción cultural será en este sentido factor de transformación y de superación (Leiris 1968:104-112).

5Cuando se llevó a cabo en La Habana — del 4 al 11 de enero de 1968 — el congreso de los intelectuales del mundo entero para reflexionar sobre los problemas de la cultura en los «países subdesarrollados», un buen número de participantes volvieron a presentar las ideas emitidas por Sebastián Salazar Bondy sobre la educación.3 Se entiende, pues, mejor su insistencia en defender contra viento y marea la difusión del libro y de la cultura en su sentido más amplio. Su acción política es desde este punto de vista más preponderante en esos años en los que dos periodistas dominan el mundo periodístico: Óscar Miró Quesada4 y Sebastián Salazar Bondy, cada uno en su ámbito particular: «Racso en su dimensión científica; Sebastián Salazar Bondy en los dominios de la cultura artística. Creo que el periodismo cultural alcanzó con él niveles insuperados, de rara concentración y prosa limpia» (Romualdo 1990: viii).

6Durante casi 12 años Sebastián Salazar Bondy con su sección letras, artes y espectáculos, reina sobre La Prensa y El Comercio; sus columnas representan una parte viva de la producción artística de una época sacudida por las polémicas, las opiniones preconcebidas, las pasiones. Nerval acostumbraba decir «pertenezco a los escritores cuya vida se atiene íntimamente a las obras que los hicieron conocer».

7Sebastián Salazar Bondy forma parte de ellos y ha extendido tan lejos la comunicación entre vida y obra que ambas se confunden en una misma búsqueda de la verdad: «Porque no he dejado nunca de decir la verdad, me costara lo que fuere, y han tenido que respetarme por fin» (en Rama 1965: 31).

8El fundador del «Modernismo Brasileño» Oswaldo de Andrade5 no dejaba de repetir que «toda la materia se encuentra en el periódico», y es cierto que una página de un periódico representa el compendio auténtico de la existencia contemporánea. La idea del autor de Pau Brasil (De Andrade 1924)6 refleja perfectamente el compromiso de Sebastián Salazar Bondy con la vida de su país; basta consultar sus artículos periodísticos7 cuyo variado contenido es asombroso: gacetillas, invenciones científicas, política mundial, vida cotidiana se codean con sus columnas dedicadas a las diversas formas de arte: fotos, poemas, prosa, etc., todo lo que podemos llamar la «acción cultural».

9Así se va definiendo a lo largo de sus artículos lo que Sebastián Salazar Bondy suele designar como «necesidades culturales». Claro que el término mismo de cultura es una palabra-valija donde cada uno puede encontrar lo que le gusta. Nunca dará una definición precisa del término pero siempre lo opondrá a ocio, tiempo libre, distracción después del trabajo. La idea que tiene de la cultura varía según las épocas, sin embargo se puede encontrar constantes, como por ejemplo la educación. Consciente de que los peruanos son en su mayoría analfabetos, Sebastián Salazar Bondy insiste en el deber del Estado de educar a las masas antes de pasar a la noción de obras del espíritu. Por esta razón preconiza una política cultural que no sea producto de una élite, y así se entiende mejor su lucha contra el arte abstracto que no es inmediatamente comprendida por el público, y va a militar a favor de una «cultura de masa» un poco en el sentido que le daba el Frente Popular en 1936 en Francia: proscribir la condescendencia y el paternalismo. Se tratará para el Estado, pero también para las empresas privadas — sobre este punto de vista su visión es asombrosamente moderna—, de familiarizar al pueblo peruano con los medios de una expresión cultural. Se tendrá entonces que desarrollar los soportes culturales más corrientes: libros, bibliotecas, cinema, teatro, galerías de exposiciones. Así se justifica su deseo de actuar culturalmente usando los medios de comunicación, es decir, el periódico.

Articulos escritos entre 1942 y 1965

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Repartición por géneros

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Artículos dedicados a la cultura

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10Una lectura o relectura de la obra periodística de Sebastián Salazar Bondy revela que sigue inalterada a pesar de escribirse en relación directa con la actualidad; hay realmente muy pocas páginas que eliminar y no necesitan notas para ser inteligibles. Uno se asombra por la lucidez que lo lleva a veces a contracorriente, y por el sentido de la fórmula sobre todo en la elección de títulos de las secciones, como por ejemplo El Laberinto y el Hilo, Palo Dulce o La Ventana Indiscreta. Casi todos los artículos llevan su firma, lo que no impide que use muy a menudo seudónimos.

11¿Tal vez porque se rehúsa al lector, intenta esconderse o porque tiene miedo del Poder? En realidad Sebastián Salazar Bondy se divierte al colocarse una máscara pues, al ejemplo de Stendhal, la seudonomía: «No es una huida en el anonimato. Es un arte de parecer, es una alteración voluntaria de las relaciones humanas. Stendhal busca sólo sustraerse al sistema de valores nominales para sometérselo mejor y jugar mejor con él» (Starobinski 1961:194).

12Pero Sebastián Salazar Bondy lo usa por sencillas razones económicas que le permiten publicar dos o tres artículos al día en el mismo periódico. Los nombres de plumas utilizados hacen referencia a un poeta conocido, como por ejemplo Diego Mexía, o la mayoría del tiempo son juegos de palabras mezclando español e inglés, como en el caso de Juan Eye cuando firma las críticas de arte, recordando el aspecto visual, mismo juego que aparece con Diego Mirán, evocando el mirón por lo que concierne al teatro o la literatura; en fin, Pepe Chacarilla, nombre del barrio donde nació y que usa para firmar sus artículos de política.

13De la misma manera agudeza, humor, ironía son los rasgos evidentes de los artículos publicados en Oiga en la sección «Rocoto(s) Relleno(s)» que evocan el estilo del semanario satírico y humorístico francés Le Canard enchaîné8 que leía en Francia y que le hacía reír a carcajadas. Los «rocotos rellenos» evocan más un tema culinario que político, pero no olvidemos que el rocoto es un ají arequipeño muy picante de apariencia inofensiva, sin embargo... desdichado el que cae en la trampa. Pasa lo mismo con el contenido de sus artículos publicados del 31 de octubre de 1963 al 26 de febrero de 1965, Sebastián Salazar Bondy no los firma pero era un secreto a voces su autoría. No se anda con chiquitas y uno se pregunta cómo el Ministerio del Interior no lo censuró. Como si fuese un exutorio este hombre fino, delicado, cuya educación, cortesía, urbanidad y gentileza llaman la atención de todos, ese hombre, pues, usa un juego de palabras grosero, dudoso, muestra mala fe y a veces roza con el insulto:

Gracias a nuestro Servicio de Inteligencia, infiltrado en el Edificio de Baquíjano donde se edita el famoso diario «La Trenza», tenemos copia certificada, legalizada y Macartizada de un editorial de próxima aparición que pertenece a la serie de Ciencia-Ficción que tan brillantemente ha planeado don Chochocio Soplinez Ferez, autor de varios libros dedicados a la memoria de su maestro José Stalin... (Salazar Bondy 1964a:6)

14Sólo esos panfletos necesitan hoy notas explicativas porque están en relación directa con la política cotidiana del Perú de los años 1950-1960, y se refieren a hechos muy precisos, y la mayoría de las veces tratan de los tejemanejes de los políticos de entonces.

15Los cuadros siguientes muestran claramente que Sebastián Salazar Bondy privilegió el artículo periodístico no porque fuese su vía preferida sino porque tenía que ganarse la vida.9 Además, las columnas de los periódicos le permitieron ejercitarse plenamente en la escritura, hacerse conocer y sobre todo son el mejor medio de difusión de los acontecimientos culturales haciendo un rápido análisis que sea asequible a la mayoría, permitiendo también expresar sus ideas sobre la vida política. Este término tiene como evidencia un contenido intelectual, cultural, en la medida en que la sociedad, como la entiende Sebastián Salazar Bondy, es humanista y civil por oposición a una sociedad cerrada. Hay que darle a la palabra su más amplio significado, el sentido cultural confirma y refuerza el significado social del término. Todo lo que toca a la sociedad civil es político: de ahí los innumerables artículos refiriéndose a la vida cotidiana de los peruanos. En definitiva, sería la palabra social, en el sentido de «ciencias sociales», que refleja mejor lo «político» de Sebastián Salazar Bondy.10

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