Grandeza y miseria del oficio

De

Este estudio reconstituye las prácticas colectivas e individuales de un grupo de la élite colonial, los oficiales de la administración de finanzas en la Nueva España, en el que se asocia la trayectoria socio profesional a su vida familiar, social y económica y nos permite reflexionar acerca del funcionamiento del Estado imperial, en el ejercicio del poder de la Colonia.


Publicado el : miércoles, 24 de abril de 2013
Lectura(s) : 9
Etiquetas :
Licencia: Todos los derechos reservados
EAN13 : 9782821827844
Número de páginas: 591
Ver más Ver menos
Cette publication est uniquement disponible à l'achat
Portada

Grandeza y miseria del oficio

Los oficiales de la Real Hacienda de la Nueva España, siglos XVII y XVII

Michel Bertrand
  • Editor : Centro de estudios mexicanos y centroamericanos
  • Año de edición : 2011
  • Publicación en OpenEdition Books : 24 abril 2013
  • Colección : Historia
  • ISBN electrónico : 9782821827844

OpenEdition Books

http://books.openedition.org

Referencia electrónica

BERTRAND, Michel. Grandeza y miseria del oficio: Los oficiales de la Real Hacienda de la Nueva España, siglos XVII y XVII. Nueva edición [en línea]. Mexico: Centro de estudios mexicanos y centroamericanos, 2011 (generado el 09 noviembre 2013). Disponible en Internet: <http://books.openedition.org/cemca/1128>. ISBN: 9782821827844.

Edición impresa:
  • ISBN : 9786071605405
  • Número de páginas : 591

© Centro de estudios mexicanos y centroamericanos, 2011

Condiciones de uso:
http://www.openedition.org/6540

Índice
  1. Introducción: La prosopografía y las relaciones sociales en el méxico colonial

  2. I. El abuso de poder

    1. UN PROCESO MUY PROLONGADO
    2. DEL ABUSO DE PODER A LA CORRUPCIÓN ADMINISTRATIVA
    3. INTENTO DE MEDICIÓN DE LAS PRÁCTICAS ADMINISTRATIVAS DELICTUOSAS A LA ESCALA DE LA NUEVA ESPAÑA
  3. II. La administración de la Real Hacienda de la Nueva España

    1. UNA ESTRUCTURA ADMINISTRATIVA TAMBALEANTE
    2. FUNCIONAMIENTO DIFÍCIL Y ALEATORIO
    3. UN SISTEMA FUNDAMENTADO EN LA AUTONOMÍA DE LOS OFICIALES REALES
  4. III. Realidades y límites de la supervisión en la administración de la Real Hacienda de la Nueva España

    1. LA CASCADA DE SUPERVISIONES
    2. UN TRIBUNAL DE CUENTAS FUERA DE SÍ
  5. IV. La carrera profesional de los oficiales de la Real Hacienda

    1. LA ADMINISTRACIÓN DE LA REAL HACIENDA Y LA CONTRATACIÓN DE LOS OFICIALES
    2. LA CARRERA PROFESIONAL DEL OFICIAL REAL: INEXISTENCIA DE PERSPECTIVAS
    3. LA CARRERA PROFESIONAL DE MINISTRO DEL TRIBUNAL DE CUENTAS DE MÉXICO: LOS ESPEJISMOS DEL TÍTULO
  6. V. Sociabilidad, familia y linaje

    1. LAS REDES RELACIONALES: FUNDAMENTOS TEÓRICOS Y CONCEPTUALES
    2. FAMILIA Y MATRIMONIO
    3. LA CONTINUIDAD FAMILIAR: SIMULTANEIDAD Y HERENCIA
    4. ORÍGENES GEOGRÁFICOS Y RELACIONES FAMILIARES
    1. UNA PISTA PARA LA INVESTIGACIÓN: LA CONTINUIDAD DE LAS REDES FAMILIARES
    2. UNA GENEALOGÍA FAMILIAR EJEMPLAR: EL LINAJE MIRANDA/FERNÁNDEZ CANAL
  1. VI. Amistades, compadrazgo y clientelismo

    1. DE LOS GRADOS EN LOS CÍRCULOS DE AMISTADES
    2. ACTIVIDADES PROFESIONALES Y ASOCIACIÓN ECONÓMICA
    3. INTENTO DE TIPOLOGÍA DE LAS REDES DE AMISTAD
    4. REDES DE AMISTAD Y RELACIONES PROFESIONALES: FUNDAMENTO DE UNA INTEGRACIÓN LOGRADA
  2. VII. Las visitas y la supervisión de la administración de la Real Hacienda de la Nueva España

    1. LA TIPOLOGÍA DE LAS VISITAS ADMINISTRATIVAS
    2. LA ORDEN DE COMISIÓN
    3. LA LENTITUD DE LA PESADA MAQUINARIA JUDICIAL
    4. LA MEDICIÓN DE LA EFICACIA DE LA SUPERVISIÓN JUDICIAL
  3. VIII. Las reformas administrativas: un combate continuo

    1. LA GÉNESIS DEL APARATO DEL ESTADO: MATRIZ Y ADAPTACIONES
    2. EN BUSCA CONTINUA DE LA EFICACIA
    3. LAS ETAPAS SIGNIFICATIVAS
    4. LOS INTENTOS REFORMADORES PUNTUALES
  4. IX. El poder local, las estrategias y las ganancias familiares

    1. EL PODER LOCAL Y LA ADMINISTRACIÓN DE LA REAL HACIENDA
    2. LA IMPOTENCIA DEL PODER CENTRAL
    3. LA AFIRMACIÓN SOCIAL DE LOS OFICIALES DE LA REAL HACIENDA
  5. Conclusión

  6. Fuentes y bibliografía

  7. Glosario

  8. Índice onomástico

  1. Índice onomástico bibliográfico

  2. Índice de cuadros, figuras y gráficas

Introducción: La prosopografía y las relaciones sociales en el méxico colonial

1Este estudio corresponde al campo de un enfoque científico bautizado por sus iniciadores en el siglo xix como “prosopografía”. En los últimos años, el recurso a ese método de aprovechamiento metódico de la información se ha extendido a tal grado que ha desbordado el restringido marco histórico en que apareció. El lenguaje del historiador se ha encargado de reflejar el nuevo interés por el procedimiento, al igual que su banalización, al recurrir a uno de esos neologismos a los que tan aficionado sabe ser y calificar los estudios basados en ese procedimiento como “prosopográficos”, con lo que a veces ha corrido el riesgo de poner a sus autores en la situación de Monsieur Jourdain.1 Y se ha ido mucho más lejos: aun cuando la etimología del término supondría la aplicación del enfoque a los individuos,* la prosopografía es ahora un método de trabajo que se emplea en el análisis de objetos de lo más diversos y completamente diferentes.2 En fin, mientras que la prosopografía había sido elaborada como una respuesta a la pobreza de las fuentes documentales —en particular en el campo de la historia románica—, la utilización de la informática ha puesto completamente del revés el proyecto inicial. Ahora se aplica a investigaciones basadas en un enorme caudal de datos para las que resulta indispensable el recurso a la herramienta informática.3 En consecuencia, no puede uno dejar de interrogarse sobre la existencia hoy en día de un enfoque prosopográfico común a todas esas investigaciones que, independientemente de la diversidad temática o cronológica, conserve un mínimo, si no de unidad, al menos de coherencia metodológica. ¿Se puede estar convencido en realidad de que únicamente la utilización común de la informática garantizaría esa cohesión, dándole una apariencia de unidad? También puede uno interrogarse sobre la situación de hecho que ocupa la prosopografía en la elaboración de obras de historia. Si bien sus inventores del siglo xix habían hecho de ella una simple figura retórica,4 en la actualidad algunos no vacilan en propulsarla a la categoría de disciplina histórica.5 El objetivo de este trabajo es contribuir, a través del estudio de los oficiales de la Real Hacienda de la Nueva España de los siglos xvii y xviii, a una reflexión sobre el lugar que ocupa la prosopografía en la historia social, sobre sus intereses y, también, sin duda alguna, sobre sus límites o sus insuficiencias.

2En su acepción tradicional, la prosopografía se puede definir como una “biografía colectiva elaborada mediante la descripción de los caracteres exteriores del grupo seleccionado, basada sobre todo en las características observables de este último, como origen, educación, carrera profesional, patrimonio familiar, actividades, etcétera”.6 Precisamente a ello se dedicaban los historiadores de la Antigüedad románica en sus investigaciones prosopográficas, preocupados por superar “las condiciones de excepcional penuria documental que caracterizan a la historia antigua”.7 A través de la elaboración de un corpus documental aprovechable metódicamente, buscaban responder a las interrogantes que se planteaban sobre la naturaleza y la estructura de un Estado imperial todavía mal conocido. Al hacerlo, transformaron una simple técnica documental, inventada en el siglo xix por los sabios alemanes para que fuese una ciencia auxiliar de la epigrafía,8 en un verdadero campo de investigación de la historia románica por derecho propio.

3A través de su enfoque original, que respondía a una situación documental específica, esos historiadores desbrozaron un terreno de investigación que llegaría a ser muy productivo en otros campos muy diferentes al suyo. En realidad, sus trabajos perseguían un doble objetivo: comprender, a través de la información sobre los hombres al servicio del Estado imperial, tanto las estructuras como las funciones de este último.9 Asimismo, esos historiadores, entre ellos R. Syme, se dedicaron tanto al estudio de las cuestiones jurídicas e institucionales como al de una historia más sociológica de los actores presentes en el aparato de Estado; pero eso no fue todo: partiendo de la observación del peso de la familia en el desarrollo de la carrera profesional en el mundo románico, integraron en sus investigaciones la reconstrucción de las relaciones familiares, las alianzas, el patrocinio o los vínculos políticos.10 De esa manera, la prosopografía aplicada por los historiadores de la Antigüedad románica permitía lograr una reconstrucción amplia de un grupo social.

4Sobre esa sólida base metodológica que respondía a la situación específica de un campo de la investigación, los historiadores de otros horizontes cronológicos emprendieron la adaptación del método, a veces con el riesgo de dejar un poco maltrecho el proyecto inicial. Es cierto que, al igual que la prosopografía elaborada por los precursores anglosajones de comienzos del siglo xx, todavía sigue apoyándose en la acumulación de los datos biográficos seleccionados, no conforme a las leyes del azar, sino en función de un grupo predeterminado, y, consecuentemente, se dedica a comprender los aspectos exteriores —definidos a través de variables mensurables— de individuos a los que se considera como los componentes de un grupo, con lo que se logra determinar lo que sería necesario calificar como “perfil medio” de los miembros del grupo; desde hace una veintena de años, no obstante, algunos cambios importantes han reorientado sus objetivos.

5Para comenzar, la prosopografía actual se fundamenta en una información cuantitativa a menudo muy abundante que desemboca en un estudio estadístico de los componentes sociales del grupo observado. Por lo demás, las orientaciones recientes insisten en el establecimiento de un enfoque más analítico que descriptivo, enfoque predominante que corresponde al desarrollado en su origen. Por lo tanto, la prosopografía no busca únicamente poner de manifiesto el perfil medio, sino, antes bien, los diversos elementos originales y significativos que se desprenden de los individuos reagrupados. La prosopografía, en fin, ha ampliado su campo de aplicación a terrenos cada vez más diversos. Si bien su preferencia por los cuerpos administrativos sigue estando vigente,11 también se aplica a personas con antecedentes penales, a comerciantes, escritores o incluso a barcos, caracteres de escritura o sellos imperiales. Consecuentemente, como lo hace notar Françoise Autrand, ¿es necesario seguir manteniendo el mismo calificativo para estudios tan diversos?12 Sin responder de manera categórica a una interrogante tan extensa, no se puede dejar de subrayar la vaguedad relativa que ha llegado a oscurecer las márgenes de un método histórico antaño clara y rigurosamente delimitado; sobre todo porque, en la actualidad, paralelamente a la fragmentación temática y cronológica, la prosopografía parece estar alcanzando algunos de sus límites.

6El desarrollo de una prosopografía que se base en la estadística sistemática corre el riesgo de ocultar, tras una abundancia y una precisión completamente matemáticas, una realidad más imprecisa. La acumulación de porcentajes o medias o el aprovechamiento metódico de los datos conforme al análisis factorial desemboca en una representación modelo de la realidad que muy frecuentemente sólo corresponde a una materialidad endeble. En ocasiones, por lo demás, a pesar del atractivo que pudiera ejercer, ese “rigor estadístico” podría llevar a descuidar lo esencial.13 Los datos acumulados siguen siendo únicamente el reflejo de la documentación y las huellas que los individuos han dejado en ella. ¿Por qué algunos de ellos y no otros? Cuando se plantea esta pregunta, vemos la necesidad de que la prosopografía tome en consideración tanto los silencios de las fuentes documentales como los resultados mensurables. Desde este punto de vista, consecuentemente, mucho más que las medias, lo significativo son las diferencias; no obstante, tomar en cuenta los accidentes estadísticos supone, por lo tanto, que se deba recurrir a la información cualitativa en detrimento de la información cuantitativa pura.

7La delimitación de un grupo objeto representa un segundo obstáculo que se debe superar. Siempre que su definición se mantenga jurídicamente clara o precisa, las dificultades serán menores, aun cuando nunca desaparezcan totalmente,14 lo cual explica el interés de la prosopografía tradicional por los grupos fuertemente estructurados, sean cuales fueren sus fundamentos; sin embargo, podemos interrogarnos sobre los elementos que garantizan la realidad de la estructuración de un grupo. Es cierto que, en una sociedad de órdenes, la definición de la situación de hecho es indispensable para la identificación de un grupo o “cuerpo”; sin embargo, ¿son siempre y exclusivamente los rasgos de carácter jurídico lo que lo permite? ¿No existen otros vínculos, otros fundamentos no estrictamente jurídicos, aunque no menos importantes, que puedan servir de medio de unión de un grupo social? En fin, cuando se postula la existencia de un grupo únicamente conforme a los criterios jurídicos que lo definen —y que quizá sean los más accesibles a través de la documentación—, ¿no se corre el riesgo de atribuirle más realidad que la que efectivamente posee?

8En consecuencia, al dedicarse a la determinación de un grupo, a su composición, a su originalidad o a su especificidad, la prosopografía corre el riesgo de descuidar la naturaleza de los vínculos que unen a los individuos entre sí; tanto más cuanto que no todos los grupos sociales se estructuran a partir de reglas claras, legibles y estables de manera permanente. Entre los individuos existen relaciones cuya intensidad, activación y finalidad pueden variar en el tiempo y en el espacio. Lo anterior quiere decir que la prosopografía también debe contemplar la existencia de grupos de contornos más vagos, con estructuras más o menos informales, pero no menos presentes y activas.

9Las principales limitaciones que encuentra la prosopografía contemporánea son finalmente el resultado de la negligencia que se ha mostrado con respecto al estudio de uno de los objetos que los fundadores del método se habían fijado: las relaciones sociales. Como lo propone J. Nagle, lo que ahora debe interesar a la prosopografía ya no es únicamente la cuestión de la estructura de un grupo, sino, ante todo, el estudio de las dinámicas sociales del grupo.15 En consecuencia, debería dedicarse tanto a los grupos con situaciones de hecho definidas como a la reconstrucción de grupos en apariencia más informales. Ello es posible cuando el estudio se basa particularmente en la actividad de los grupos y, así, en la reconstrucción de los órganos de poder reales, que no necesariamente coinciden con los organigramas oficiales. Por medio de esas propuestas, la prosopografía únicamente estaría reconciliándose con sus objetivos originales, evitando, al mismo tiempo, el riesgo de la deriva que, a través de ellos, “ha llevado la historia social de lo económico hacia lo político”.16

10El trabajo que se presenta en este libro se orientó en función de los límites propios del análisis prosopográfico y basándose en las sugerencias hechas a ese respecto. Muy particularmente, en lo que al autor concierne, se buscó superar la aplicación sistemática y simplificadora de un método cuyo principal objetivo seguía siendo esbozar el retrato hablado de los miembros de un grupo definido a partir de criterios socioprofesionales. Consecuentemente, se extendió el conjunto de problemas a las dimensiones de un conjunto más amplio en sus delimitaciones humanas, aunque no menos importantes en el caso de la sociedad considerada: el de las redes de dependencia en las que se encontraban implicados los oficiales de la Real Hacienda de la Nueva España. Esa decisión impuso la adaptación de las características específicas del enfoque prosopográfico a los objetivos buscados, al igual que a la realidad de cada una de las fuentes documentales disponibles.

11El objetivo que se estableció consistía en llevar a cabo un estudio de antropología social e histórica acerca de un grupo de individuos de la sociedad colonial española. La intención era comprender el conjunto de las relaciones que esos individuos mantenían, tanto en el seno del grupo como con el exterior. En consecuencia, se trataba de descubrir las estrategias que esos actores ponían en juego con el propósito de asegurar su supervivencia y continuidad en la sociedad que los rodeaba; sin embargo, no se podía eliminar de la investigación el contexto general en que se insertaba esa sociedad: el de un mundo colonial compartimentado en grupos étnico-raciales que se concebía a sí mismo conforme a una jerarquía en cuyo seno tenían un lugar de capital importancia los prejuicios raciales y racistas.17 Consecuentemente, la temática de la integración, o de su rechazo, desempeña la función de hilo conductor en esta reflexión y se aplica a unos individuos que, siendo miembros de un grupo, con frecuencia se percibían a sí mismos como diferentes, incluso como rivales o, también, en una situación de enfrentamiento.

12Conforme a las reglas de la prosopografía, lo primero que se hizo fue definir el grupo que serviría como base de la empresa. La elección se inclinó por los oficiales de la Real Hacienda de la Nueva España de los siglos xvii y xviii. ¿Por qué esa opción? En primer lugar, porque esos oficiales constituían un verdadero “cuerpo”, tanto en el sentido prosopográfico como en el sociológico del término aplicado a las sociedades del Antiguo Régimen. Para comenzar, el grupo se definía por su fuerte homogeneidad profesional —en especial a través de su formación esencialmente práctica, sus obligaciones, sus responsabilidades y sus atribuciones—, homogeneidad que también se hacía presente en ocasión de las manifestaciones y las fiestas que marcaban la vida de la capital virreinal.18 El grupo se caracterizaba, en fin, por una presencia y una implantación locales sorprendentes: debido a que estaban establecidos en el conjunto del territorio del virreinato, los oficiales de la Real Hacienda controlaban vastas circunscripciones administrativas; y, sobre todo, junto con los oidores de las audiencias, los miembros del alto clero y los militares de alta graduación, constituían la parte superior del aparato administrativo y estatal español en América. Fuera de las dos o tres ciudades que contaban en la Nueva España durante ese periodo —México, Guadalajara y Zacatecas—, encarnaban un poder y una autoridad ante los que la oposición se expresaba con prudencia.

13Ahora bien, aunque los oficiales de la Real Hacienda eran poderosos y constituían un grupo relativamente coherente, no por ello dejaban de ser individuos que no pertenecían plenamente al mundo de las élites dirigentes: no acumulaban títulos ni honores, su abundancia de bienes, en especial bajo la forma aristocrática del mayorazgo, era nula o escasa y sus posibilidades materiales para vivir en una ostentación que fuese gratificante para el honor del apellido eran muy limitadas; a priori, no había nada, o muy poco, que hiciera de esos oficiales miembros de pleno derecho de la poderosa pero reducida fracción de las élites dirigentes. Basándose en la clasificación elaborada por John M. Tutino, cuando mucho se podría considerar a esos administradores fiscales en un grupo de élites secundarias.19

14Sin duda alguna, todos esos elementos contribuyen a hacer de los oficiales de la Real Hacienda el objeto ideal de la prosopografía clásica; y, en realidad, no se descuidará el dar respuesta a sus interrogantes tradicionales, trátese de los aspectos demográficos (matrimonios, hijos), sociales (estrategias matrimoniales), profesionales (desenvolvimiento de la carrera), económicos (acumulación y transmisión de bienes) o, en fin, culturales (formación, actividades externas a las obligaciones profesionales, etcétera). No obstante, tanto el acceso a fuentes documentales inusuales y su aprovechamiento metódico en el enfoque prosopográfico como el sector administrativo seleccionado motivaron que se ampliara el conjunto de problemas a ciertas cuestiones que permiten volver a situar a esos individuos en la dinámica social y política de la Nueva España del siglo xviii.

15Indiscutiblemente, la Real Hacienda constituía un sector administrativo estratégico, en particular a través de su función de recaudación. En efecto, por medio de su engranaje administrativo, aseguraba el tránsito de lo fundamental de las riquezas americanas destinadas a la metrópoli o al funcionamiento local del aparato de Estado colonial. Evidentemente, por lo tanto, era un espacio administrativo que España no podía descuidar y a través del cual buscaba defender sus intereses vitales; en consecuencia, se puede admitir como hipótesis que la política real de protección y defensa de sus intereses era al menos tan importante en esa esfera como en los otros sectores administrativos, por lo que se supondría que la Real Hacienda llegaría a ser uno de los ámbitos predilectos para el estudio de las políticas de reformas, muy particularmente de las llevadas a cabo a todo lo largo del siglo xviii.

16Ahora bien, a pesar de su importancia crucial, resulta que precisamente ese sector administrativo todavía no ha sido objeto de un estudio sistemático, a diferencia de los otros grandes servicios administrativos.20 Hasta ahora, le ha sido dedicado un solo trabajo;21 sin embargo, la marginalidad del área geográfica considerada, la Florida, hace de él, en resumidas cuentas, un trabajo secundario, en comparación con el resto del sistema imperial español. Por tanto, se tomó la decisión de lanzarse en una zambullida vertical al seno de un sector administrativo. Partiendo de las oficinas centrales, se buscó tratar de reconstruir el conjunto de los estratos administrativos de la Real Hacienda de la Nueva España. La inmersión se llevó a cabo a todo lo largo de un siglo, entre 1660 y 1780, elección cronológica relativamente inusual en la historiografía americanista.

17Resultó evidente que las reformas administrativas de los años 1780 y su aplicación —relativamente bien estudiadas hasta ahora— constituyeron una verdadera ruptura en el seno del aparato administrativo de la Real Hacienda, muy particularmente con la aparición de las intendencias, puesto que estas últimas trastornaron la jerarquía administrativa provincial y volvieron a poner en tela de juicio la estructura de la administración central. Es cierto que, a su establecimiento, las reformas fueron rápidamente impugnadas y a menudo atenuadas, lo que no quita que los numerosos estudios ya realizados sobre esas cuestiones confirmen, si no la ruptura, al menos la voluntad política de llegar a ella. Consecuentemente, pareció prudente reflexionar sobre la génesis del proyecto reformador, antes bien que inclinarse, como se ha hecho en otros trabajos, por el contenido de las reformas mismas.

18Desde esa perspectiva, con la ruptura dinástica se corría el riesgo de que el azar político internacional tuviera mayor importancia que la lógica interna del sistema colonial hispánico; hacia atrás en el tiempo, por el contrario, los años 1660 ofrecían muchas ventajas: para comenzar, marcaron el inicio del reinado del desdichado Carlos II, etapa que, según los contemporáneos, coincidió con el periodo más negro de la historia de España.22 Si bien es cierto que los estudios de los historiadores han hecho retroceder 20 años el comienzo de ese sombrío periodo, ello no impide que, en el transcurso de la primera mitad de ese reinado, la coincidencia entre el sentimiento de los contemporáneos, que percibían una metrópoli en crisis que tocaba fondo, y el de la realidad reconstruida por los trabajos de los historiadores, sea prácticamente exacta.22 En lo referente al Imperio americano, los años 1660 marcaron también el comienzo del viraje de una coyuntura hasta entonces favorable. A partir de ese periodo, la Nueva España se encontró afectada a su vez por la “crisis general” del siglo xvii, aunque tal vez menos violenta y menos durablemente que en Europa y de una manera muy desigual de una región a otra.24 En consecuencia, la duración del periodo de análisis seleccionado ofrece una unidad temporal real: se sitúa a uno y otro lados de dos hitos importantes de la historia de España y su imperio, entre la crisis de la segunda mitad del siglo xvii y el sobresalto reformador de la segunda mitad del siglo xviii. En lo que se refiere al Estado colonial, esa época parece corresponder entonces al pasaje que Mark A. Burkholder y Dewit S. Chandler definieron como el de la impotencia ante la autoridad.25

19Lo anterior quiere decir que, además de los oficiales de la Real Hacienda, este proyecto apunta a dos objetivos complementarios que ponen la prosopografía al servicio de una reflexión más amplia. Para empezar, la intención consiste en comprender el funcionamiento real de la administración, cuya responsabilidad estaba en manos de esos oficiales. Mediante la reconstrucción de las jerarquías internas y de los modos de funcionamiento y ejercicio del poder, se intentará determinar la mecánica del aparato administrativo colonial y definir las normas que éste pretendía imponer. En ese terreno, no obstante, no podría ser cuestión de detenerse únicamente en el estudio de las reglas administrativas. Con respecto a los reglamentos, particularmente minuciosos pero muy alejados de la realidad que se vivía, la intención consiste en llevar a cabo un descenso a la cotidianidad administrativa y política. Al mismo tiempo, se tratará de volver a situar al grupo en estudio en su entorno social, particularmente planteando interrogantes sobre sus relaciones con el medio local. Así, las estrategias familiares en la elección del cónyuge, las relaciones de amistad, de ayuda mutua o de espíritu de cuerpo y, en fin, los vínculos de dependencia y protección serán entonces los conductos a través de los que se intentará determinar la capacidad de interacción de los oficiales de la Real Hacienda en el mundo colonial y en el de sus élites.

20En mi opinión, esa reflexión doble se revela esencial para la comprensión del mundo colonial, marcado por la distancia con respecto a la metrópoli y por la tentación, inserta en sus orígenes mismos, de la autonomía, si no de la independencia. Para lograrlo, se decidió ampliar la base sociológica sobre la que se apoyaba originalmente el proyecto. Consecuentemente, a los oficiales de la Real Hacienda clara y fácilmente identificables se añadieron los individuos encontrados en su medio ambiente, tanto familiar como profesional; es decir, el grupo estudiado se compone de un núcleo esencial, rodeado de una multitud de satélites que gravitaban en su vecindad más o menos inmediata, por lo que sus límites se tornan relativamente vagos debido a su marcada inestabilidad. En el seno de ese conjunto fluctuante, se intentó poner de manifiesto las relaciones que cultivaban, su funcionamiento y su finalidad.

21El análisis que se busca llevar a cabo a partir de los oficiales de la Real Hacienda se organiza en torno a dos realidades claves que estructuran la reflexión: la corrupción y el clientelismo. Es cierto que la aplicación del primer término a propósito de una sociedad moderna plantea de entrada problemas teóricos que, en un primer momento, imponen un esfuerzo de conceptuación que los historiadores del Antiguo Régimen han descuidado a menudo, protegiéndose tras los fenómenos de desfase cultural.26 En el caso de este trabajo, no puede ser cuestión de conservar la connotación moral que se vincula a los cuatro sentidos de esa palabra que invariablemente proporcionan nuestros diccionarios contemporáneos. Tampoco puede tratarse de que se utilice esa palabra, a propósito de unos funcionarios reales, en el sentido que se le atribuye en el presente para referirse a los servidores prevaricadores de un Estado a cuyo servicio se han puesto. Por razones que tienen que ver con la concepción misma del cargo que se posee, de las responsabilidades que se ejercen y de las fidelidades que se deben respetar —fenómenos, todos, sobre los que se volverá más adelante—, no se podría trasponer al pasado, sin riesgo de anacronismo, un concepto que corresponde a una realidad estatal contemporánea.

22Lo anterior no impide que, a pesar de esas dificultades y las ambigüedades que ocasionan, se recurra a esa expresión, aun cuando sólo fuese, para empezar, por facilidad de escritura; sin embargo, tal decisión impone tanto hacer explícito el sentido que se desea atribuirle como un análisis de la realidad que esa palabra abarcaba en el siglo xviii: por “corrupción” se entiende toda clase de abusos, excesos, exacciones o anomalías que, en el ejercicio de su cargo, los oficiales de la Real Hacienda imponían a sus administrados; por lo tanto, el objetivo va a consistir en comprender los mecanismos —políticos, económicos, sociales o mentales— que llevaban a los oficiales a cometer esos excesos, así como las funciones y la finalidad de estos últimos en la sociedad colonial. En consecuencia, lo que se intentará es llevar a buen fin una reflexión acerca tanto del porqué como del cómo.

¡Sé el primero en escribir un comentario!

13/1000 caracteres como máximo.

Difunda esta publicación

También le puede gustar

El dibujo arqueológico

de centro-de-estudios-mexicanos-y-centroamericanos

La Mitad del mundo

de centro-de-estudios-mexicanos-y-centroamericanos

Política e identidad

de centro-de-estudios-mexicanos-y-centroamericanos

siguiente