La Venganza de Don Mendo

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La Venganza de Don Mendo es la cuarta obra más representada en España, desde su estreno en el Teatro de la Comedia de Madrid el 20 de diciembre de 1918. Comedia en verso y ambientada en la España medieval, parodia el teatro del Siglo de Oro y el modernismo literario, con abundantes juegos de palabras y golpes de humor.


Publicado el : martes, 30 de abril de 2013
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EAN13 : 9788494137426
Número de páginas: no comunicado
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La Venganza de D. Mendo Caricatura de Tragedia
Pedro Muñoz Seca
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La Venganza de D. Mendo – Muñoz Seca
Indice
Indice ........................................................................................................................................ 3
Prólogo ..................................................................................................................................... 4
Personajes ................................................................................................................................ 5
Jornada Primera ....................................................................................................................... 6
Jornada Segunda .................................................................................................................... 27
Jornada Tercera ...................................................................................................................... 48
Jornada Cuarta ....................................................................................................................... 74
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La Venganza de D. Mendo – Muñoz Seca
Prólogo
Obra teatral del gaditano Pedro Muñoz Seca (El Puerto de Santa María, 1879 - Paracuellos de Jarama, 1936), La venganza de Don Mendo se estrenó en el Teatro de la Comedia de Madrid, el 20 de diciembre de 1918, con música del maestro Moreno Torroba, convirtiéndose al instante en todo un éxito como comedia ambientada en la España medieval y como parodia del teatro histórico del modernismo literario español y las convenciones y temas del teatro clásico español del Sigo de Oro.
Gustaron tanto las andanzas del arruinado Don Mendo que su éxito se prolonga hasta nuestros días, y la obra continúa siendo la cuarta más representada de todos los tiempos en España, junto con Don Juan Tenorio, Fuenteovejuna y La vida es sueño. Un reconocimiento que quizás pueda deberse a su pertenencia al género del Astracán o Astracanada, creado precisamente por Muñoz Seca.
Proveniente de Astracán, ciudad rusa del Caspio, este subgénero teatral cómico tremendamente popular en los escenarios españoles durante el primer tercio del siglo XX supuso la salida a la crisis de los sainetes y se basaba en hacer reír incluso a costa de la verosimilitud argumental, apoyándose en gran medida en un lenguaje rico en juegos de palabras y golpes de humor.
Así se aprecia a lo largo de esta alocada y famosa venganza, en la que se nos narra la historia de Magdalena, hija de Don Nuño Manso de Jarama, enamorada de Don Mendo, un noble pobre con quien mantiene relaciones secretas, pero casada finalmente con un rico privado del Rey, Don Pero.
La venganza de Don Mendo, primera entrega de la Serie ‘Teatro’ con la que la editorial Paradimage nos permite disfrutar de la risa a toda costa en formato electrónico, es una de las más de 130 obras teatrales escritas por Pedro Muñoz Seca, autor perteneciente a la llamada “otra generación del 27”, casado con la cubana María de la Asunción de Ariza y Díez de Bulnes y padre de nueve hijos, quien, tras ser arrestado en Barcelona cuando se inició la Guerra Civil Española, acusado de albergar ideas monárquicas y católicas, murió asesinado por milicianos comunistas en la prisión en la que se encontraba recluido en Madrid.
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La Venganza de D. Mendo – Muñoz Seca
Personajes
Magdalena Azofaifa Doña Ramírez Doña Berenguela Marquesa Duquesa Raquel Ester Rezaida Aljalamita Ninón Mencías Don Mendo Don Nuño Moncada Abad Don Alfonso VII Bertoldino Froilán Clodulfo Girona Don Lupo León Sigüenza Manfredo Marcial Ali-Faféz Don Juan Don Lope Don Gil Lorenzana Don Suero Aldana Don Cleto Oliva Don Tirso
Damas, pajes 1 y 2, heraldos 1 y 2, tamborilero, pifanero, frailes, escuderos, ballesteros y halconeros.
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La Venganza de D. Mendo – Muñoz Seca
Jornada Primera
Sala de armas del castillo de don Nuño Manso de Jarama, Conde de Olmo. En el lateral derecha, primer término, una puerta. En segundo término y en ochava, una enorme chimenea. En el foro, puertas y ventanales que comunican con una terraza. En el lateral izquierda, primer término, el arranque de una galería abovedada. En último término, otra puerta. Tapices, muebles riquísimos, armaduras, etc. Es de noche. Hermosos candelabros dan luz a la estancia. En la chimenea, viva lumbre. La acción en las cercanías de León, allá en el siglo XII, durante el reinado de Alfonso VII.
Al levantarse el telón, están en escena el CONDE NUÑO, MAGDALENA, su hija; DOÑA RAMÍREZ, su dueña; DOÑA NINÓN, BERTOLDINO, un joven juglar, LORENZANA, ALDANA, OLIVA, varios escuderos y todas las mujeres que componen la servidumbre del castillo, dos FRAILES y dos PAJES. EL CONDE, en un gran sillón, cerca de la lumbre, presidiendo el cotarro, y los demás formando artístico grupo y escuchando a BERTOLDINO, que en el centro de la escena está recitando una trova.
NUÑO.-(A Bertoldino muy campanudamente.)
Ese canto, juglar, es un encanto. Hame gustado desde su principio, y es prodigioso que entre tanto canto no exista ningún ripio
MAGDALENA.- Verdad
NUÑO.–(A Bertoldino.)Seguid.
BERTOLDINO.–(Inclinándose respetuoso.)Mandad.
NUÑO.–(Enérgico a varios que cuchichean.)¡Callad!
BERTOLDINO.– Oid.(Se hace un gran silencio y recita enfáticamente.)
Los cuatro hermanos Quiñones a la lucha se aprestaron, y al correr de sus bridones, como a cuatro exhalaciones, hasta el castillo llegaron.
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La Venganza de D. Mendo – Muñoz Seca
¡Ah del castillo! -Dijeron-. ¡Bajad presto ese rastrillo! Callaron y nada oyeron, sordos sin duda se hicieron los infantes del castillo. ¡Tended el puente!... ¡Tendedlo! Pues de no hacerlo, ¡pardiez!, antes del primer destello domaremos la altivez de esa torre, habéis de vello... Entonces los infanzones contestaron: ¡Pobres locos!... Para asaltar torreones, cuatro Quiñones son pocos. ¡Hacen falta más Quiñones! Cesad en vuestra aventura, porque aventura es aquesta que dura, porque perdura el bodoque en mi ballesta... Y a una señal, dispararon los certeros ballesteros, y de tal guisa atinaron, que por el suelo rodaron corceles y caballeros.(Murmullos de aprobación.)Y según los cronicones aquí termina la historia de doña Aldonza Briones, cuñada de los Quiñones y prima de los Hontoria.(Nuevos murmullos.)
NUÑO.– Esas estrofas magnánimas son dignas del estro vuestro(Suena una campana.)
BERTOLDINO.– Gracias, gran señor.
NUÑO.–(Levantándose solemne.)¡Las ánimas!(Todos se ponen en pie.)
Padre nuestro...(Se arrodilla y reza.)
TODOS.–(Imitándole.) Padre nuestro...(Pausa. La campana, dentro, continúa un breve instante sonando lastimosamente.)
NUÑO.– Y ahora, deudos, retiraos, que es tarde y no es ocasión
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La Venganza de D. Mendo – Muñoz Seca
de veladas ni saraos. Recibid mi bendición. (Los bendice.)Magdalena y vos, quedaos. (Magdalena y doña Ramírez se inclinan y se colocan tras él, en tanto desfila ante el Conde toda la servidumbre.)Adiós, mi fiel Lorenzana y Guillena de Aragón... Buenas noches, Pedro Aldana. Descansad... Hasta mañana, Luis de Oliva... Adiós, Ninón... (Quedan en escena el Conde, Magdalena y doña Ramírez. Bueno, el Conde, que ya es anciano, es un tío capaz de quitar, no digo el hipo, sino la hipocondría; Magdalena es una muchacha como de veinte años, de trenzas rubias, y doña Ramírez una mujer como de cincuenta, algo bigotuda y tal.)Ahora que estamos solos, oídme atentas. Necesito que hablemos un instante de algo para los dos muy importante. (Magdalena toma asiento y el Conde la imita, diciéndola sin reproche.)Me sentaré, puesto que tú te sientas.
MAGDALENA.– Dime, padre y señor.
NUÑO.– Digo, hija mía, y al decirlo Dios sabe que lo siento, que he concertado al fin tu casamiento, cosa que no es ninguna tontería. (Magdalena se estremece, casi pierde el sentido.)¿Te inmutas?
MAGDALENA.–(Reponiéndose y procurando sonreír.)¡No, por Dios!
NUÑO.–(Trágicamente escamado.)Pues parecióme.
MAGDALENA.– No te extrañe que el rubor mi rostro queme; de improviso cogióme la noticia feliz... e impresionéme.
NUÑO.– Has cumplido, si yo mal no recuerdo, veinte abriles.
MAGDALENA.– Exacto.
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NUÑO.– No eres lerda. Pues toda la familia está de acuerdo en que eres mi trasunto, y si yo soy cuerdo, siendo tú mi trasunto, serás cuerda. Eres bella... ¿Qué dije? Eres divina, como lo fue tu madre doña Evina.
MAGDALENA.– Gracias, padre y señor.
NUÑO.– Modestia aparte. Sabes latín, un poco de cocina, e igual puedes dorar una lubina que discutir de ciencias y aún de arte. Tu dote es colosal, cual mi fortuna, y es tan alta tu cuna, es nuestra estirpe de tan alta rama, que esto grabé en mi torre de Porcuna: «La cuna de los Manso de Jarama, a fuerza de ser alta cual ninguna, más que una cuna dijérase que es cama.»
La Venganza de D. Mendo – Muñoz Seca
MAGDALENA.–(Atajándole nerviosamente.)¿Y con quién mi boda, padre, has concertado?
NUÑO.– Con un caballero gentil y educado que es Duque y privado del Rey mi señor.
MAGDALENA.– ¿El Duque de Toro?...
NUÑO.– Lo has adivinado, El Duque de Toro, don Pero Collado, que ha querido hacernos con su amor, honor.
MAGDALENA.– ¿Y te habló con Pero?...
NUÑO.– Y don Pero hablóme y afable y rendido tu mano pidióme, y yo que era suya al fin contestele; y él agradecido besóme, abrazóme, y al ver el agrado con que yo mirele en la mano diestra cuatro besos dióme; y luego me dijo con voz embargada: Dígale, don Nuño, que presto mi espada rendiré ante ella, que presto iré a verla, que presto la boda será celebrada
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La Venganza de D. Mendo – Muñoz Seca
para que termine presto mi querella...(Levantándose.)Conque, Magdalena, tu suerte está echada, mi palabra dada y mi honor en ella; serás muy en breve duquesa y privada; no puedes quejarte de tu buena estrella.
MAGDALENA.– Gracias, padre, gracias.
NUÑO.– Noto tu alegría.
MAGDALENA.– Haré lo que ordenas.
NUÑO.– De tu amor lo espero.
MAGDALENA.– Puesto que lo quieres, seré de don Pero.
NUÑO.– Serás de don Pero.(La besa.)Adiós, hija mía.(Se va por la puerta de la derecha.)
MAGDALENA.–(Aterrada, dejándose caer sin fuerzas en una silla, digo sin fuerzas, porque si se deja caer con fuerza puede hacerse daño.)¡Ya escuchaste lo que dijo;...
RAMÍREZ.– Claro está que escuché, y sólo a fuerza de fuerzas me he podido contener, que tal temblor dio a mi cuerpo, tal hormiguillo a mis pies, que no sé cómo don Nuño no lo advirtió, no lo sé. ¡Casarte tú con el Duque siendo amante del Marqués!... ¡Ser esposa de don Pero la que de don Mendo es!... ¡Si el marqués lo sabe!...
MAGDALENA.– ¡Calla!
RAMÍREZ.– ¡Si el Duque se entera!...
MAGDALENA.– ¡Bien!
RAMÍREZ.– ¡Si al conde le dicen!...
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