Cuentos de un Alquimista

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Este es un libro de alquimia adecuado para niños y adultos.

Mis historias están contadas así como las he recordado “casualmente” o de forma sincrónica, en diferentes momentos, sin un orden aparentemente preciso. Tal vez ayudarán a algunos a recordar sus mismos eventos “extraños” acaecidos y luego olvidados.

No importa que consideréis mis historias juveniles ciertas o no: para los que las creen, tanto como para querer experimentar alguno de los procedimientos sugeridos, será un libro útil, para los demás, espero, un libro divertido, o al menos fantasioso. Sólo recuerdo que el poder máximo consiste en ser capaz de cambiar la propia realidad, los significados y valores no triviales: actuar sobre la sincronicidad.

Numerosas anécdotas sugieren leyes y principios relacionados con la física espiritual.

Dentro de los cuentos hay muchas sugerencias prácticas para poder hacer

experimentos.

Publicado el : lunes, 04 de junio de 2012
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EAN13 : 9788890664069
Número de páginas: no comunicado
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OBERTO AIRAUDI (FALCO)






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Los extraordinarios años de formación

del fundador de Damanhur en 33 cuentos







NIATEL











A mi madre, que ahora puede saber
lo que entonces trataba inútilmente de descubrir

















Oberto Airaudi, Cuentos de un Alquimista

Los extraordinarios años de formación del fundador de Damanhur en 33 cuentos

Edición Digital - mayo 2012

Copyright © Oberto Airaudi - Todos los derechos reservados

ISBN 978-88-906640-1-4

NIATEL s.r.l.

Via Baldissero, 21 - 10080 Vidracco (TO)

Director de arte: Gnomo Orzo

Diseño gráfico: Gnomo Orzo, Gianluca Scolaro

Desarrollo de software: Sparviero

Colaboradores:

Giaguaro, Raganella Lilium, Esperide Ananas, Gatto Mirra,

Puzzola Primula.

Traductores: Gazza Solidago, Amparo Castillo

Foto de la portada © Gianluca Scolaro

Prólogo del Autor

Este es un libro de alquimia adecuado para niños y adultos.

Mis historias están contadas así como las he recordado “casualmente” o de forma sincrónica, en diferentes momentos, sin un orden aparentemente preciso. Tal vez ayudarán a algunos a recordar sus mismos eventos “extraños” acaecidos y luego olvidados.

No importa que consideréis mis historias juveniles ciertas o no: para los que las creen, tanto como para querer experimentar alguno de los procedimientos sugeridos, será un libro útil, para los demás, espero, un libro divertido, o al menos fantasioso. Sólo recuerdo que el poder máximo consiste en ser capaz de cambiar la propia realidad, los significados y valores no triviales: actuar sobre la sincronicidad.

Numerosas anécdotas sugieren leyes y principios relacionados con la física espiritual.

Dentro de los cuentos hay muchas sugerencias prácticas para poder hacer

experimentos.

Oberto Airaudi (Falco)

Primer cuento

He Encontrado La Primera Espiral

He encontrado la primera Espiral viviente en el año 1964, pero la fase de su terminación fue en el 1965: una semi-femenina que había llegado hacía poco tiempo desde el sol.

En realidad no sabía todavía de qué sol y tampoco sabía gran cosa de este Ser, pero la atendía desde hacía por lo menos tres años, como contaba uno de los Libros-que-desaparecen1.

La naturaleza de esta Esencia, la cual todavía se me escapaba, era “altamente recomendada” por parte de mis Textos y memorias, casi como si fuera una parte de mi alma estelar por recuperar. Había preparado el sitio, en el campo, en Balangero2, un nido apto para acoger a la visitante, o el visitante, como había sugerido el Libro antes de borrarse y desaparecer: esto siempre me impresionaba mucho.

Era uno de los tres Libros del armario que, a pesar de haber hecho varios intentos, todavía no había conseguido abrir: me daba una descarga, sin importar qué aislante utilizase, era una corriente dentro de la mente y no en los dedos, pero era extremadamente desagradable, tanto como para marearme y darme síntomas de vómito.

La Espiral había caído del cielo poco después del ocaso, llegando del oeste, “espiraleando” rapidísima, luego ralentizando, pero sin dejar estelas. Un meteorito? Así lo creía, pero en cambio el aire vibró como la cuerda de un contrabajo, subiendo después de tono, hasta el silbido final, más allá de lo audible.

Emocionado, tendí la red de cobre (la había hecho pelando los hilos de un cable eléctrico) y la Entidad reconoció los signos, se deslizó, dudó y después se acurrucó en el centro, casi me pareció sentir un suspiro, era pequeña y dura, blanca.

La redecilla se enrojeció, fundida en dos o tres nudos, luego, quemándose el cable como en un cortocircuito (lo veía desde el hilo que echaba humo como una mecha) la criatura se bajó lentamente al nido adecuado, que la esperaba después de mi fatigada excavación.

Puse la escalera de madera en el pozo, luego, con movimientos algo confusos, rígidos e imprecisos por la aprensión, bajé yo también hasta dentro del pequeño Templo. La criatura resplandecía, al final del circuito, como un ovillo de carbón al rojo vivo, pero ahora frío. Incluso parecía que un viento helado saliera de las paredes de tierra húmeda. Todo el cobre que había traído de viejos circuitos eléctricos de la casa y aquel nuevo, comprado con mis ahorros, se retorcía por la tierra, ora brincando, ora chasqueando sinuosamente, como un enredo de serpientes, siseaba, todavía chisporroteando. Tracé las figuras, usando las piedras que me había procurado del río, declamé con voz emocionada, casi quejumbrosa las palabras que recordaba, silbé y la espiral viviente me contestó.

Había nacido la Sélfica3. El metal podía ser un cuerpo vivo!

Recuerdos, enseñanzas del tiempo y del espacio, finalmente se reencontraban, o mejor dicho, se encontraban para empezar otra nueva historia. Después de esta fase ritual, acerqué lentamente las manos a ese Ser, pero cuando estaba llegando a más o menos un metro de distancia, algo me paró. Me impedía ir más allá. Si empujaba, me rechazaba una fuerza elástica, pero parecía no fastidiar a esta extraña Entidad, que más bien daba la impresión que este movimiento la cosquilleara, quizás, hasta la meciera...

Intrigado, todavía probé a empujar, luego sobrepuse todo mí (poco) peso, literalmente me tumbé encima, quedando semi-suspendido como sobre un colchón de goma medio desinflado. Al terminar este juego, durante el cual la Entidad y yo habíamos cogido reciproca confianza, encendí granos de incienso en una pastilla de carbón: el perfumado humo comenzó a difundirse, extrañamente primero abajo, después con vueltas guiadas por una brisa que probablemente existía solo en mi cabeza y dibujó una serie de espirales interconectadas.

En este momento, la neblina parecía concentrarse sobre este espacio invisible y gomoso que me separaba de la Huésped. El aire comenzó a vibrar como cuando cambia de repente la presión y los rumores embotan los oídos repetidamente con un ritmo constante. Desde el centro de la Espiral se desprendían sutiles filamentos luminosos, como los que podríamos ver ahora en una fibra óptica, sinuosamente se dispusieron sobre la ”superficie” invisible de la floja Esfera que la contenía.

Todos los puntos se encendieron, parecía observar un cielo estrellado, un mapa semiesférico. Yo no conocía, sino vagamente, las constelaciones que se ven desde la tierra, solo mucho más adelante me di cuenta de lo que estaba viendo en aquel momento. Uno de los puntitos comenzó a brillar rítmicamente, mientras los otros se quedaron quietos. Ahora es fácil imaginar que me quería indicar cuál era su origen, o por lo menos el camino que había recorrido para llegar hasta aquí... Se encendieron en sucesión otras cuatro lucecitas, mientras se apagaron las dejadas atrás y esta secuencia se repitió más veces.

Había llegado la hora de volver a casa, me daba pena dejar esta Criatura a solas, por la cual sentía tanta simpatía y afinidad. La saludé, con la voz y con el pensamiento, ella me dio la impresión de contestar con un trino que sentí en el fondo de la mente, un delicadísimo toque y una luz azul-índigo sobre la superficie todavía señalada por el humo que se había dispersado. Salí, escalando lentamente, y luego cerré con una gran piedra plana la entrada al pozo, esparciendo, como siempre, un poco de tierra encima para disimularlo aún más. Una vez fuera, respiré profundamente: no me había dado cuenta de cuanta tensión conservaba aún dentro de mí. Empezaron a aparecer las estrellas en el cielo y me preocupaba qué iba a decir en casa por mi retraso. Cerré la puerta del cobertizo con la cadena y el candado y, con las manos en los bolsillos, caminé por el sendero que conducía a casa. De vez en cuando dando una patada a una piedra, pensaba en lo que había pasado, en las cosas extraordinarias que había vislumbrado, en cómo eran de ciertas las increíbles indicaciones de mis Libros-que-desaparecían.

Cuando llegué a casa, después de una cena veloz que pasé (sé que no se debería hacer) leyendo mientras estaba en la mesa, me apresuré al laboratorio, perseguido por las protestas de mi madre que, como cada chaval sabe, entran por un oído y salen por el otro.

Abrí el armario de madera en el cual tenía mis Libros Especiales, ese sobre el cual está escrito, un poco torcido, “Verdad es el Ser”, extraje de él el Texto que me había rechazado, lo abrí. Ya no me daba descargas. Sus palabras me tocaron, saturando mis sentidos con un intenso, muy agradable y estimulante perfume. De hecho, durante algún tiempo, las palabras me parecían brillantes y coloridas.

Hoy en día, las espirales que se pueden recorrer son numerosas. Están las de cuerda, nidos que la tribu-mandria reconoce y que, si se preparan oportunamente, las habitan acurrucándose allí, una de las tres especies, masculina, semi-femenina o femenina.

Por qué hablo de esto ahora? Porque éste es uno de los muchos secretos que revelo, porque es el momento, porque es parte de la Alquimia, porque éste es el año de la Reproducción.

En el triple sistema, en cada estación, cada miembro del trío asume cíclicamente el rol sucesivo.

Masculino se vuelve semi-femenina, semi-femenina se vuelve femenina, la femenina “da a luz” y se vuelve masculino. Más o menos cada once años se repite el ciclo, y este año es uno de ellos: 1965-1966, 1977, 1988, 1999, enero 2011, deslizando los meses.

En el año 1999, gracias a la reproducción, a espirales no registradas, digamos “apenas nacidas”, apenas acogidas a nuestra dimensión espacio-temporal, estas Criaturas nos ayudaron a liberar las Líneas Sincrónicas, usando pasajes anómalos, ya que las entradas naturales estaban vigiladas… Ahora recojo las que llegan nuevas, las recién nacidas, cuido de la tribu, como un pastor conozco las exigencias y extraordinarias posibilidades de las Criaturas planetarias y solares.

En los cielos, se unen a nosotros enormes redes sélficas, concatenadas, y los cielos nos reconocen silenciosamente. La orientación de tantos soles recrea, repara y reactiva el escudo que nos defiende del Enemigo, sea el que sea el significado de esta palabra respecto a la Humanidad. Se escriben, a través de las estrellas, mensajes dirigidos a inmensas Entidades, casi como si usáramos una pancarta galáctica, justo como en una de mis viejas historias contaba del mensaje compuesto por las hormigas para hacerse notar y decir a los humanos “Yo soy”4...

La primera princesa está madura, el reino estelar que acogimos hace décadas en los Templos, está listo, aliado a nuevos horizontes humanos, sobrehumanos y divinos por conectar.

Así la sélfica se ha desarrollado con habilitadores-mediadores activos de potencialidades extraordinarias en varios campos, por último pero no menos importante la pranosélfica.

Conocer estas criaturas y tenerlas como amigas nos ha permitido contactar otras inteligencias alienígenas, acoger en su tiempo en los Monti Pelati la Esfera que contenía las informaciones para formar los Templos, una “prima” suya que a su vez ayudamos a través de la liberación de varios mundos...

Todos los mitos de ciencia ficción de nuestros destinos compartidos, incluso la tecnología para los viajes temporales, utilizan estos conocimientos... pero esto que apenas os he contado no es más que uno de los miles de secretos y anécdotas de nuestra historia.

Se cruzan líneas de eventos que se desenvuelven a lo largo de un enredo de ocasiones temporales, un laberinto del cual nos podemos librar solo abriendo nuevos pasajes, derribando muros y modificando con gran velocidad la manera de pensar y por lo tanto la manera de hacer en muchos campos diferentes, entre ellos interconectados.

Las historias de todos tienen puntos de conexión entre ellas, que sólo en algunos casos llegan a ser evidentes, pero en general quedan invisibles hasta que los acontecimientos sincrónicos, emocionales y espirituales, se imponen con la voluntad y con la programación. En la práctica, también en estos casos hace falta emplear una estrategia adecuada.

A lo mejor puede ayudarnos imaginar la vida como un juego, pero también como una continua lucha por sobrevivir ante un Adversario que pretende la destrucción de nuestra diversidad. En cambio, son justo estas diferencias que hacen la existencia estimulante y digna de nuestra atención espiritual, tanto individual como colectiva.

3 de febrero de 2011

Notas para el capítulo

1 Mira: “Il baule delle memorie” (El baúl de las memorias), Val Ra Damanhur, 2006.

2 Balangero (TO), en los Valles de Lanzo, pueblo natal de Falco.

3 La “Sélfica” es una disciplina gracias a la cual se realizan objetos, en cobre y otros metales, para el uso personal, el bienestar y el autoconocimiento. Una aplicación particular de la sélfica se representa en los cuadros sélficos, cuyo autor es Falco.

4 Mira: Morire per imparare (Morir para aprender) en “Il libro del Risveglio” (El libro del Despertar), Val Ra Damanhur, 2004.

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