Más allá de los encantos

De

Si se busca en sus raíces más primitivas, es conocido que los alucinógenos han jugado un papel muy importante en el nacimiento de las religiones. Las religiones indígenas, durante el período colonial y los primeros tiempos republicanos, han sido un tema de estudio bastante recorrido. No obstante, la historia de la costa norteña tiene poca atención. Poder leer los expedientes de idolatrías de la región, contenidos en el Archivo del Obispado de Trujillo, permitirá unir los testimonios monumentales con la palabra viva que da su versión del mundo sobrenatural. La posibilidad de hacerlo se la debemos al paciente trabajo de la doctora Laura Larco, quien nos permite acercarnos con perspectiva histórica a la práctica del curanderismo, cuyos cultores hoy reclaman ser descendientes de los sacerdotes mochicas y, como prueba de ello, tienen en sus «mesas» o altares, ceramios de ese período, al lado de cráneos, crucifijos e imágenes católicas. Son ellos los que dirigen las sesiones en las que se consume el cactus sagrado, y conforman parte de una memoria colectiva a la que debemos contraponer los datos documentales.


Publicado el : martes, 02 de junio de 2015
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EAN13 : 9782821844537
Número de páginas: 402
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Más allá de los encantos

Documentos históricos y etnografía contemporánea sobre extirpación de idolatrías en Trujillo (siglos XVIII-XX)

Laura Larco
  • Editor: Institut français d’études andines, Fondo Editorial Universidad Nacional Mayor de San Marcos
  • Año de edición: 2008
  • Publicación en OpenEdition Books: 2 junio 2015
  • Colección: Travaux de l’IFÉA
  • ISBN electrónico: 9782821844537

OpenEdition Books

http://books.openedition.org

Edición impresa
  • ISBN: 9789972463976
  • Número de páginas: 402
 
Referencia electrónica

LARCO, Laura. Más allá de los encantos: Documentos históricos y etnografía contemporánea sobre extirpación de idolatrías en Trujillo (siglos XVIII-XX). Nueva edición [en línea]. Lima: Institut français d’études andines, 2008 (generado el 16 noviembre 2015). Disponible en Internet: <http://books.openedition.org/ifea/4926>. ISBN: 9782821844537.

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Si se busca en sus raíces más primitivas, es conocido que los alucinógenos han jugado un papel muy importante en el nacimiento de las religiones. Las religiones indígenas, durante el período colonial y los primeros tiempos republicanos, han sido un tema de estudio bastante recorrido. No obstante, la historia de la costa norteña tiene poca atención.

Poder leer los expedientes de idolatrías de la región, contenidos en el Archivo del Obispado de Trujillo, permitirá unir los testimonios monumentales con la palabra viva que da su versión del mundo sobrenatural.

La posibilidad de hacerlo se la debemos al paciente trabajo de la doctora Laura Larco, quien nos permite acercarnos con perspectiva histórica a la práctica del curanderismo, cuyos cultores hoy reclaman ser descendientes de los sacerdotes mochicas y, como prueba de ello, tienen en sus «mesas» o altares, ceramios de ese período, al lado de cráneos, crucifijos e imágenes católicas. Son ellos los que dirigen las sesiones en las que se consume el cactus sagrado, y conforman parte de una memoria colectiva a la que debemos contraponer los datos documentales.

Índice
  1. Agradecimientos

  2. Prólogo

    Luis Millones
  3. Introducción

  4. Capítulo 1. El ritual

    1. Descripción de un ritual
  5. Capítulo 2. El Obispado de Trujillo

    1. Mapa de la diócesis de Trujillo
    2. Los maestros del norte
  6. Capítulo 3. Los documentos

    1. Los procesos
    2. Listado de documentos transcritos
  7. [Transcripción paleográfica]

    1. Archivo Arquidiocesano de Trujillo Sección Idolatrías. (Años 1752-1760)

    2. Archivo Arquidiocesano de Trujillo Sección Idolatrías. (Años 1768-1771)

    1. Archivo Arquidiocesano de Trujillo Sección Idolatrías. (Año 1771)

    2. Archivo Arquidiocesano de Trujillo Sección Idolatrías. (Desde el 28 de febrero de 1771)

    3. Archivo Arquidiocesano de Trujillo Sección Idolatrías. (Año 1771)

    4. Archivo Arquidiocesano de Trujillo Sección Idolatrías. (Año 1774)

    5. Archivo Arquidiocesano de Trujillo Sección Idolatrías. (Años 1778-1779)

    6. Archivo Arzobispal de Trujillo Sección Idolatrías. (Años 1786-1788)

    7. Archivo Arquidiocesano de Trujillo Sección Idolatrías. (Año 1786)

    8. Archivo Arquidiocesano de Trujillo Sección Idolatrías. (Años 1800-1803)

    9. Archivo Arquidiocesano de Trujillo Sección Idolatrías. (Año 1804)

    10. Archivo Arquidiocesano de Trujillo Sección Idolatrías. (Año 1808)

    1. Archivo Arquidiocesano de Trujillo Sección Idolatrías. (Años de 1809-1810)

    2. Archivo Arquidiocesano de Trujillo Seccion Idolatrias. (Años 1810-1819)

    3. Archivo Arquidiocesano de Trujillo Seccion Idolatrias. (Desde el 18 de junio de 1817)

    4. Archivo Arquidioceano de Trujilo Sección Idolatrías. (Años 1818-1819)

    5. Archivo Arzobispal de Trujillo Sección Idolatrías. (Año 1824)

    6. Archivo Arquidiocesano de Trujillo Sección Idolatrías. (Años 1825-1834)

    7. Archivo Arquidiocesano de Trujillo Sección Idolatrías. (años 1922-1924)

Agradecimientos

1El trabajo en este libro me ha permitido fortalecer muchas amistades y crear nuevas. Desde los primeros años conté con el apoyo de Ana María Hoyle, directora del Instituto Nacional de Cultura de Trujillo, quien compartió viajes, ideas y libros. Apoyó de manera crucial mis gestiones para conseguir acceso al Archivo Arzobispal de Trujillo. Rosy Pinillos permitió que leyera los libros de la biblioteca del tío Jorge Juan, y que reflexionara y escribiera en su estudio en Independencia. Ellas dos hicieron que me sintiera en casa durante mi estadía en 1994 en Las Delicias y en Trujillo, y durante las cortas visitas posteriores para terminar este trabajo.

2Lucho Millones me motivó a realizar trabajo en los archivos. Lo conocí en una conferencia sobre ritual en el Pueblo de Asco-pe, en el año 1994, y en una conversación cerca al poderoso cerro Cuculicote1 me recomendó la lectura de los documentos sobre Persecución de Idolatría en Trujillo.

3El acceso al Archivo Arzobispal de Trujillo no fue fácil. Agradezco el apoyo de los arzobispos Héctor Miguel Cabrejos Vidarte y Manuel Prado Pérez Rosas. El trabajo de transcripción no hubiera sido posible sin la ayuda, el apoyo e infinita paciencia de la secretaria del Archivo, la Srta. Imelda Solano; su experiencia y minuciosidad en paleografía me motivaron a imitarla. La colaboración durante el proceso de revisión de Denisse Quizpuco y Laura Mannucci Vega fueron invalorables.

4Lizzi Haworth e Iván Hinojosa por su amistad y apoyo; Iván me guió en la necesidad que es pararse en los propios pies, y a ser cuidadosa con el propio trabajo. Las noches de conversación y vino fueron siempre puntos de catarsis para continuar.

5A los miembros del «Huaca Club» en Washington, D. C. Sus comentarios durante mi presentación en junio de 2001 y a través de nuestras lecturas comunes trajeron frescura a las crónicas y documentos coloniales.

6Finalmente a mi familia por alojarme, alimentarme y apoyarme durante el trabajo de investigación y transcripción. Aunque no siempre comprendieron a qué me dedicaba, siempre me ofrecieron su apoyo incondicional.

Notas

1 El cerro Cuculicote es invocado en los rituales contemporáneos. Es mencionado como el cerro Cuculí en los documentos de Extirpación de Idolatrías del Archivo Arzobispal de Trujillo, legajo 3, folios 4v y 5v.

Prólogo

Luis Millones

1La construcción del discurso histórico peruano ha girado entre dos ciudades paradigmáticas: Cuzco y Lima. Esta característica, si bien da mayor vigor al diálogo o la ausencia de él, entre españoles o criollos e indígenas, termina por oscurecer, aún más, la falta de protagonismo de las sociedades del norte del Perú. Lo que nos aleja de una realidad histórica, arqueológica y antropológica cuya vigencia es indispensable para completar el complejo cuadro de la sociedad peruana.

2En cierta forma, dicha carencia la hemos heredado de los prejuicios de los primeros cronistas. Si eran españoles, escribieron deslumbrados por la arquitectura del Cuzco, o por los caminos y los tambos reales con los que fueron tropezando desde el infortunado encuentro de Cajamarca hasta la capital incaica. Tampoco los cronistas indígenas o mestizos contribuyeron a dar una imagen diferente. La larga vigencia de los Comentarios reales contribuyó a la idea de un estado benefactor y uniforme, donde las divergencias con el Hijo del Sol eran pocas y se castigaban de inmediato.

3Los incas, al ser interrogados por los europeos, en general obviaron a las sociedades complejas de la costa, dejando sin mayor explicación los monumentales restos de Chan Chan o las pirámides de Túcume o las del Sol y la Luna. Ello a pesar de que no había pasado mucho tiempo desde que las tropas de los cuzqueños y sus aliados lograran derrotar a los guerreros de Chimor o Chimú. El último de sus monarcas no había podido evitar que su heredero fuera llevado al Cuzco para ser educado como noble subordinado a las órdenes del Inca. El estado norteño fue dividido y se le impuso gobernantes fieles al imperio del Sol, usando el sistema de traslado de gentes de otras regiones para debilitar cualquier intento de rehacer sus fuerzas.

4A pesar de que el empleo de migraciones forzadas que venían a tierras recién conquistadas, o de pueblos a los que trasladaban a territorios ya pacificados, era un esquema conocido, hacerlo en la costa norteña era de una necesidad perentoria. En primer lugar, porque la identidad de las gentes de Chimor tenía una antigüedad sólida. El reino Chimú era el heredero de la sociedad mochica, que se desarrolló en la zona norteña (de Piura hasta a la costa de Áncash) entre los siglos que van de 200 d. C. a 700 d. C. Luego de un período de influencia serrana —que se caracterizó por mostrar elementos del Estado Huari —, al resurgir como organización política autónoma, recuperó los espacios mochicas y logró extenderse hacia la inmediata región de los Andes occidentales y valles intermedios.

5La destrucción de Chimor o Chimú no fue sólo una nueva conquista incaica. En verdad, se trata de antagonismos muy marcados, que incluso hoy no se borran entre gentes de la costa y pobladores serranos. Si se reflexiona sobre los paisajes familiares a unos y otros, es fácil darse cuenta que la presencia del mar y del desierto crean resonancias en la personalidad y cultura bastante diferentes a quienes viven rodeados de cumbres elevadas, valles profundos y lagunas de altura. El Estado incaico construye su grandeza a partir del control de territorios cada vez más extensos, sobre la base probable de Huari, que pudo ser el primer experimento imperial de la sierra peruana, con algunas zonas de la costa incorporadas, aunque no sabemos bien la manera en que se hicieron tales anexiones. Los incas pactan o invaden o hacen alianzas para controlar recursos y sobre todo mano de obra disponible para continuar su expansión. Debieron tener un sistema de comunicaciones muy efectivo, del que ahora sólo nos quedan los indescifrables quipus, pero que podía ser funcional a los siete millones de habitantes, a pesar de las muchas lenguas que hablaban, y que los gobernantes no podían haber dominado en su totalidad.

6El Estado Chimú se asentó en territorios que le eran cultural-mente afines y sugiere más bien la construcción de una entidad política hegemónica con una estructura jerárquica muy rígida, aunque la apertura al océano les iba abriendo espacios cada vez más amplios, especialmente hacia el Norte donde el comercio o intercambio de productos de aguas cálidas era una tradición que tenía más de mil años.

7Si se busca en sus raíces más primitivas, es conocido que los alucinógenos han jugado un papel muy importante en el nacimiento de las religiones. Tampoco en eso coincidieron los incas y los de Chimor. La costa norteña es notable por el uso de San Pedro, cactus que cortado en rodajas y cocido produce unos jugos que suscitan las visiones que son interpretadas como encuentros con la divinidad. En la sierra central, sureña y en Bolivia (incluso en la costa de Chile) el psicodélico en uso fue la semilla del árbol de la wilca, que se molía para luego ser inhalada o bebida.

8La práctica es cotidiana y goza de total aceptación en el caso del San Pedro. La wilka ya no se consume, aunque todavía se emplea como una de las ofrendas a los cerros o apus, que son la expresión visible de la divinidad en la sierra peruana. No tenemos la fecha en que perdió su uso como alucinógeno, las últimas noticias certeras de tales prácticas son del siglo xviii.

9Gracias al Archivo Arzobispal de Lima tenemos el registro de las prácticas condenadas por la Iglesia católica, que en el norte del Perú comenzaron con los casi míticos viajes doctrinales de Santo Toribio de Mogrovejo, que murió en plena tarea de evangelización en el pueblo de Saña (Lambayeque). Pero las campañas de extirpación de las llamadas idolatrías tuvieron otros destinos, especialmente la sierra de lo que hoy es el departamento de Lima. Los remanentes de las religiones norteñas y los productos múltiples del mestizaje en el antiguo territorio mochica, se conocen por inferencias de los monumentos prehispánicos y templos cristianos, y sobre todo por una formidable tradición oral. Pero hasta la presente publicación no teníamos el testimonio escrito que se sume a lo que conocemos sobre Lima, Junín, Arequipa y Ayacucho, aunque en estos últimos tres casos se trata de materiales aislados, o en grupos documentales pequeños, como parte de las investigaciones particulares.

10Las religiones indígenas, durante el período colonial y los primeros tiempos republicanos, han sido un tema de estudio bastante recorrido. La bibliografía es extensa y permite volver sobre el problema de la poca atención que tiene la historia de la costa norteña.

11Poder leer los expedientes de idolatrías de la región, contenidos en el Archivo del Obispado de Trujillo, permitirá unir los testimonios monumentales con la palabra viva que da su versión del mundo sobrenatural. En adelante podremos fechar y ubicar en el espacio el uso del San Pedro, medir su continuidad y observar sus cambios. Nos acercaremos con perspectiva histórica a la práctica del curanderismo, cuyos cultores hoy reclaman ser descendientes de los sacerdotes mochicas y, como prueba de ello, tienen en sus «mesas» o altares, ceramios de ese período, al lado de cráneos, crucifijos e imágenes católicas. Son ellos los que dirigen las sesiones en las que se consume el cactus sagrado, y conforman parte de una memoria colectiva a la que debemos contraponer los datos documentales.

12La posibilidad de hacerlo se la debemos a la doctora Laura Larco, su enorme paciencia en sacar a luz y transcribir los materiales de este libro, su voluntad de publicarlos en el Perú —no obstante su residencia en Estados Unidos — merecen nuestro reconocimiento. Quedamos a la espera de sus trabajos todavía inéditos, y felicitamos el total empeño puesto en una obra que todos necesitamos.

Introducción1

1Este estudio introductorio precede la transcripción de diecinueve legajos de Persecución de Idolatrías de fines de la época colonial y principios de la República. Los casos ocurrieron en la jurisdicción del Arzobispado de Trujillo, en poblados y valles cercanos a la ciudad. El enfoque de dichos legajos es la acusación y condena del ritual de curación hoy en día conocido como «la mesa». El ritual fue perseguido y condenado por autoridades civiles y eclesiásticas españolas como expresión diabólica y de ignorancia por parte de la población indígena. Así, desde una perspectiva antropológica, me he aproximado a los documentos de archivo para hacer otra lectura, caracterizada esencialmente por la comparación entre prácticas rituales de fines de la colonia con las contemporáneas. El resultado ha sido una mirada más profunda a este fenómeno.

2En la actualidad, el ritual de la mesa se celebra principalmente en el Norte del Perú, en el área que perteneció al imperio moche. Es una ceremonia de curación cuyo fin principal es ayudar a las personas a recobrar su salud física, mental o espiritual. Inicié mi investigación y estudios sobre este rito en el año 1990, concentrándome en la ciudad de Trujillo y en los valles de Moche y Chicama.2 Mi trabajo entonces fue enteramente etnográfico y me enfoqué principalmente en el rol de la música en el ritual. Fue difícil mantener el balance tradicional propio de la antropología entre participación y observación en el campo. Durante el trabajo de campo tomé conciencia de la necesidad de envolverme totalmente en la participación en el ritual, y es así que el reto por mantener la distancia con el objeto de estudio fue gran parte de las veces esfuerzo frustrado. Eventualmente opté por combinar la participación intensa en el ritual con períodos de distancia temporal en los archivos.

3Siguiendo las sugerencias de Luis Millones visité los archivos de Trujillo y leí cuidadosamente los documentos sobre Persecución de Idolatrías. Esta actividad fue parte importante de la investigación, pues me permitió establecer la continuidad del ritual de la mesa desde la época colonial tardía hasta nuestros días.3 A su vez logré comparar un número selecto de elementos y creencias relacionadas al ritual en diversos contextos. La información etnográfica recogida y su elaboración constituyeron el material principal para la tesis doctoral publicada en 1996. El trabajo de archivo fue más lento y laborioso por la dificultad en la transcripción paleográfica de los documentos. Terminé ésta y las revisiones en un período de siete años durante cortas visitas anuales a Trujillo. El resultado de dicha labor es finalmente presentado aquí.

4Concentré mis esfuerzos en el Archivo Arzobispal, pues contiene el mayor número de documentos relacionados con la Persecución de Idolatrías. Desde un inicio fue necesario realizar la transcripción paleográfica de diversos fragmentos con el fin de compararlos con el ritual contemporáneo. Esta labor se convirtió en proyecto de publicación debido a dos razones poderosas. Por un lado está la reconocida importancia de los documentos de Persecución de Idolatrías para entender el pasado colonial. Desafortunadamente, los estudios se han concentrado sobre todo en los documentos del Archivo Arzobispal de Lima y, con contadas excepciones, no se han realizado hasta la fecha transcripciones completas de los documentos que se encuentran en el Archivo Arzobispal de Trujillo.4 Por otro lado, el estado actual de los documentos es precario por la falta de equipos y técnicas que permitan preservar adecuadamente los originales. Cada vez que se revisan estos documentos, las páginas se desintegran aún más y en algunos casos se pierden completamente. Esta publicación permitirá el acceso a este material sin deteriorar innecesariamente los originales.

5Los procesos que se llevaron a cabo en la zona de Trujillo ofrecen valiosos datos sobre el ritual de la mesa en los siglos xviii y xix. Las descripciones brindan detalles sobre gestos, curaciones, instrumentos y hierbas utilizados en los rituales. También se observa el contraste entre las creencias de la Iglesia católica y las de los especialistas y practicantes de la mesa. La tensa y compleja relación entre Iglesia y ritual se despliega, haciéndonos testigos de cómo se demoniza y desprecia sistemáticamente a especialistas y creyentes. Estos practican el ritual por ser ignorantes de la doctrina o porque realizan pactos con el demonio. A partir de los legajos de Persecución de Idolatría tenemos evidencia de la continuidad de este ritual desde las últimas décadas de la colonia, a pesar de la intensa persecución por parte de los ministros de la Iglesia. La persistencia de este ritual se explica por su fuerte enraizamiento con creencias culturales y conocimientos empíricos sobre la salud.

6Los elementos comunes entre los rituales descritos en los documentos de Persecución de Idolatrías y los rituales que se celebran hoy en día son indiscutibles. Los datos de estas dos fuentes se complementan y nos motivan a continuar preguntando: ¿cómo sobrevivió la práctica del ritual de la mesa?, ¿cómo se relaciona la celebración del ritual con los documentos? y ¿cuál es la relación entre la práctica contemporánea y el ritual histórico?

Notas

1 Una versión preliminar de este estudio fue presentada en marzo de 2002 en la Universidad de Princeton como parte del seminario sobre «Religiosidad en los Andes Coloniales». Agradezco los valiosos comentarios, en esa oportunidad, de Luis Millones. Ken Mills y Peter Gose.

2 Posteriormente realicé estudios con fines comparativos en Huancabamba y diversas comunidades en los Andes de Piura.

3 En la iconografía y en la cerámica Moche hay evidencia de elementos del ritual de la mesa. No es mi meta aquí establecer la continuidad con el pasado prehispánico.

4 Los antropologos Bonnie Glass-Coffin y Rafael Vasquez realizaron una transcripcion del legajo 12 contra Maria de la O en el Journal of Latin American Lore en 1991. Sin embargo, la transcripcion no esta completa. Desde que inicie esta investigacion se han publicado varios trabajos sobre los documentos de Trujillo. incluyendo Millones, Gareis y Glass-Coffin.

Capítulo 1. El ritual

1Los antropólogos Adriennne Kaeppler y Roy Rappaport definen ritual como «[...] la realización de secuencias más o menos invariables de actos formales y expresiones que no han sido codifica dos por los ejecutantes» (Kalppler 1995: 80). Según los autores es tas secuencias de actos y expresiones no son generadas por los entendidos, sino que se memorizan y transmiten oralmente de especialista en especialista.1 De acuerdo con esta definición, el ritual es una forma de estructura dada por secuencias de actos y gestos que se transmiten a través del tiempo. Estas secuencias presentan características que guardan una relación más o menos fija, la cual se recrea durante la celebración del ritual.

2Durante la celebración de la mesa, la secuencia de acciones y gestos se lleva a cabo con ligeras variaciones en el orden y duración de éstas. Asimismo, los especialistas construyen su estilo personal, ya sea en la manera de comunicarse con los asistentes, en la realización de gestos o en la ejecución de tarjos o cantos rituales. Ello hace que cada celebración del ritual de la mesa sea un evento único e imposible de replicar. A pesar de la singularidad de cada ritual, la secuencia de acciones y gestos está presente en todas las mesas del norte peruano, reafirmando así aspectos comunes a los rituales en esta área.

3La mesa es una tradición oral de larga historia, la cual ha sido transmitida de maestro a aprendiz y de generación en generación. Además de las idiosincracias personales que cada maestro aporta a la celebración de la mesa, el ritual también ha sido y es permeable a influencias externas tales como el contexto social, el momento histórico y las circunstancias particulares de cada paciente y de su comunidad. Una importante razón para en tender la continuidad del ritual es precisamente su gran capacidad de adaptación.

4Al igual que en otras regiones, en el norte del Perú antes de la conquista española ya había una tradición de asimilación religiosa promovida por los Incas. La religión estatal no tenía un carácter exclusivista y se aceptaron los cultos locales. Después de la conquista del Imperio Moche, los Incas trajeron el culto al sol, a la vez que permitieron la más antigua práctica del culto a la luna. Los nuevos conquistadores que llegaron doscientos años después se encontraron con que la práctica de asimilación religiosa no era cosa nueva. Sin embargo, el proyecto de los españoles era diferente y desde un principio intentaron imponer el cristianismo. Lejos de buscar la asimilación o la persuasión como lo sugirieron algunos religiosos, su política fue caracterizada por la represión más o menos sistemática de los rituales Moche. Los dioses fueron desposeídos de sus templos y sus imágenes deshecha-das. Al mismo tiempo, el sistema de creencias fue desprestigiado y las prácticas rituales prohibidas. De esta manera se destruyó públicamente la autoridad y validez del sistema religioso Moche y la población poco a poco aceptó la imposición de las nuevas ideas y prácticas religiosas españolas. A medida que el catolicismo fue expandiéndose a través de las doctrinas se asumió que las antiguas creencias habían sido abandonadas. Sin embargo, el récord escrito representado por los documentos del Archivo Arzobispal demuestra que el ritual de la mesa siguió practicándose desde fines de la colonia hasta nuestros días.

5Tanto en los documentos como en la práctica contemporánea se observa que el ritual de la mesa ha manteniendo una autonomía relativa frente a la religión católica. De diversas maneras el catolicismo se hace presente y es adaptado e incorporado al ritual. Santos y arcángeles conviven en el mismo espacio físico que piedras y figuras precolombinas; y las invocaciones a huacas y vientos tienen su paralelo en las invocaciones a dios y a San Cipriano. Tanto los indígenas y mestizos de los siglos xviii y xix como los practicantes actuales no tuvieron ni tienen problema en adoptar y adaptar las imágenes eclesiásticas, los gestos y las fórmulas escuchadas a los párrocos durante la celebración de las misas católicas. Estas mezclas y síntesis religiosas no siguieron ni siguen ningún patrón reconocible, y en algunos casos la semejanza con el ritual católico es muy clara. Refiriéndose a una especialista con la cual trabajó en 1989, Bonnie Glass-Coffin escribe que «[...] su ritual de curación se parecía mucho a las etapas que pasa una misa católica» (2004: 104). También se dan casos en donde se enfatizan las diferencias e incluso la distancia con el catolicismo (entrevistas a maestro de Ascope, 1995, 2001, 2003). En la actualidad, la mayoría de los rituales refleja la mezcla de los dos sistemas: santos y objetos católicos ocupan un lugar físico y ritual tan importante como el de huacas y piedras, y la curación del maestro no es completa sin la intervención de dios, de santos, así como de seres y entidades precolombinos.

6Durante la colonia, la gente fue selectiva en sus adhesiones religiosas. Muchas veces había fuertes razones para adorar a algún santo en particular o para aliarse con el párroco local.2 También es cierto que las creencias indígenas influyeron el catolicismo, dando lugar a mezclas religiosas; éstas no fueron planeadas ni por indígenas ni españoles. Kenneth Mills escribe que «[...] los incidentes de mezcla podían ser graduales, el resultado inadvertido de muchos años de experiencia, práctica y litigio en una parroquia india».3

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