Entre Dios y el Diablo

Los primeros evangelizadores de los Andes no tardaron en descubrir que el principal obstáculo a su misión era la presencia del demonio que los indios adoraban bajo la forma de ídolos o de manifestaciones de la naturaleza como el sol, la luna, las estrellas. Sin embargo, beneficiaron de un instrumento ideal para luchar contra este enemigo: la existencia de una “lengua general” el quechua que llamaban del “inga” que les permitía predicar, en un lenguaje comprensible a la mayoría, la refutación de las idolatrías. “¿Has visto al perro que, tirándole una piedra, deja de morder a quien se la tira y muerde la piedra? Pues, así haces tú cuando adoras al sol que no sabe lo que haces. ¿Piensas tú que, porque es tan grande y tan resplandeciente el sol, que por eso es Dios? Es cosa de risa; tú indio miserable, eres mejor y de más estima que el sol porque tienes alma y sientes y hablas y conoces a Dios. El sol no siente ni habla ni conoce más de que es una hacha grande que puso Dios allí para alumbrar este mundo. Pues la luna y las estrellas menos son que el sol y no hacen sino dar vueltas sin descansar como Dios los manda, pues las puso para adornar el cielo y para producir frutos en la tierra, mas la luna y las estrellas no sienten ni hablan ni responden ni se curan de lo que les dice ni se les da nada por lo que les ofreces.” III Concilio Límense 1583: Tercero Catecismo y exposición de la Doctrina Cristiana por sermones (Los Reyes, 1585) “Todas las cosas que quiso, hizo el Señor en el cielo y en la tierra, en la mar y en todos los abismos. Y las nubes crecen y se aumentan con el rocío y la lluvia. Primeramente hizo los once cielos, el uno solo fijo y todos los demás, que siempre se mueven con sus astros y sus estrellas. El ardiente sol y la luna resplandeciente, el lucero y todas las estrellas rutilantes las esmalta en el campo azul del cielo Dios, hacedor de todas las cosas.” Fray Luis Jerónimo de Oré. Símbolo Católico Indiano (Lima, 1598)


Publicado el : martes, 02 de junio de 2015
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EAN13 : 9782821844551
Número de páginas: 209
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Entre Dios y el Diablo

Magia y poder en la costa norte del Perú

Hiroyasu Tomoeda, Tatsihiko Fujii y Luis Millones (dir.)
  • Editor: Institut français d’études andines, Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú
  • Año de edición: 2004
  • Publicación en OpenEdition Books: 2 junio 2015
  • Colección: Travaux de l’IFÉA
  • ISBN electrónico: 9782821844551

OpenEdition Books

http://books.openedition.org

Edición impresa
  • ISBN: 9789972623301
  • Número de páginas: 209
 
Referencia electrónica

TOMOEDA, Hiroyasu (dir.) ; FUJII, Tatsihiko (dir.) ; y MILLONES, Luis (dir.). Entre Dios y el Diablo: Magia y poder en la costa norte del Perú. Nueva edición [en línea]. Lima: Institut français d’études andines, 2004 (generado el 19 noviembre 2015). Disponible en Internet: <http://books.openedition.org/ifea/4847>. ISBN: 9782821844551.

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Los primeros evangelizadores de los Andes no tardaron en descubrir que el principal obstáculo a su misión era la presencia del demonio que los indios adoraban bajo la forma de ídolos o de manifestaciones de la naturaleza como el sol, la luna, las estrellas. Sin embargo, beneficiaron de un instrumento ideal para luchar contra este enemigo: la existencia de una “lengua general” el quechua que llamaban del “inga” que les permitía predicar, en un lenguaje comprensible a la mayoría, la refutación de las idolatrías.

“¿Has visto al perro que, tirándole una piedra, deja de morder a quien se la tira y muerde la piedra? Pues, así haces tú cuando adoras al sol que no sabe lo que haces. ¿Piensas tú que, porque es tan grande y tan resplandeciente el sol, que por eso es Dios? Es cosa de risa; tú indio miserable, eres mejor y de más estima que el sol porque tienes alma y sientes y hablas y conoces a Dios. El sol no siente ni habla ni conoce más de que es una hacha grande que puso Dios allí para alumbrar este mundo. Pues la luna y las estrellas menos son que el sol y no hacen sino dar vueltas sin descansar como Dios los manda, pues las puso para adornar el cielo y para producir frutos en la tierra, mas la luna y las estrellas no sienten ni hablan ni responden ni se curan de lo que les dice ni se les da nada por lo que les ofreces.”
III Concilio Límense 1583: Tercero Catecismo y exposición de la Doctrina Cristiana por sermones (Los Reyes, 1585)

“Todas las cosas que quiso, hizo el Señor en el cielo y en la tierra, en la mar y en todos los abismos. Y las nubes crecen y se aumentan con el rocío y la lluvia. Primeramente hizo los once cielos, el uno solo fijo y todos los demás, que siempre se mueven con sus astros y sus estrellas. El ardiente sol y la luna resplandeciente, el lucero y todas las estrellas rutilantes las esmalta en el campo azul del cielo Dios, hacedor de todas las cosas.”
Fray Luis Jerónimo de Oré. Símbolo Católico Indiano (Lima, 1598)

Hiroyasu Tomoeda

Antropólogo. Universidad de Tokio. Profesor de la Universidad de Hiroshima. Ha sido Director del Museo Etnológico Nacional de Japón. Es Profesor Emérito de la Universidad Nacional de San Cristóbal de Huamanga. Es condecorado por el gobierno peruano con la Gran Cruz de servicios distinguidos a la patria.

Tatsihiko Fujii

Antropólogo y arqueólogo. Universidad de Tokio. Ha sido miembro de la Expedición Científica de la Universidad de Tokio a la América Nuclear. Profesor de la Escuela de Post-Grado del Museo Etnológico Nacional de Japón. Editor de los libros sobre los Andes de la colección Senri de Osaka.

Luis Millones

Doctor en Letras. Universidad Católica de Lima. Ha sido Profesor de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y de la Universidad Nacional San Cristóbal de Huamanga. Es investigador del Seminario Interdisciplinario de Estudios Andinos y Doctor Honoris Causa de la Universidad Nacional de Trujilio.

Índice
  1. Relación de los autores

  2. Prólogo

    Orlando Velásquez
    1. TRADICIÓN Y RELIGIÓN
    2. EL CRISTIANISMO Y LA FESTIVIDAD RELIGIOSA
    3. EL ARTE COMO EXPRESIÓN DE VIDA
  3. Introdución

    Luis Millones, Hiroyasu Tomoeda y Tatsuhiko Fujii
  4. Cabeza y cola: expresión de dualidad, religiosidad y poder en los Andes

    Alfredo Narváez Vargas
  5. La cerámica de Chulucanas: ¿El renacimiento de la tradición de la alfarería prehispánica?

    Tatsuhiko Fujii
    1. INTRODUCCIÓN
    2. LA REGIÓN
    3. LA TRADICIÓN PREHISPÁNICA DE LA CERÁMICA DE CHULUCANAS
    4. LA FORMACIÓN DE LA CERÁMICA DE CHULUCANAS
    5. CONCLUSIONES
  6. La perspectiva de género en el curanderismo en el norte del Perú: metáforas, modelos y manifestaciones de la diferencia

    Bonnie Glass-Coffin
    1. INTRODUCCIÓN
    2. ANTECEDENTES
    3. LOS FUNDAMENTOS DE LA HECHICERÍA Y LAS HERRAMIENTAS DEL CURANDERO
    4. MODELOS MASCULINOS Y METÁFORAS DE CURACIÓN
    5. MODELOS FEMENINOS Y METÁFORAS DE CURA
    1. TRANSFORMACIÓN DE LA VÍCTIMA: CURACIÓN E INSTRUMENTOS EN EL RITUAL CHAMÁNICO
    2. MUJERES Y DAÑO EN EL NORTE DEL PERÚ
    3. ENCARNACIÓN Y RELACIÓN COMO UNA APROXIMACIÓN FEMENINA A LO DIVINO
    4. INMANENCIA, COESENCIA Y CORDONES UMBILICALES: EL FLUIR DE LA VIDA
    5. SUGERENCIAS PARA UNA DISCUSIÓN SOBRE GÉNERO Y RELIGIÓN
  1. El curanderismo en el laberinto judicial republicano

    Hiroyasu Tomoeda
  2. El mundo misterioso del compactado en el Perú septentrional

    Takahiro Kato
    1. INTRODUCCIÓN
    2. EL PACTO CON EL DIABLO
    3. EL COMPACTADO COMO SER ANTISOCIAL
    4. PARA CONCLUIR: LA GRAVEDAD DEL PECADO DEL COMPACTADO
  3. Cofradias y celebraciones: religiosidad y polîtica en Catacaos

    Alejandro Diez Hurtado
    1. SANTOS Y COMUNIDAD
    2. ORGANIZACIONES TRADICIONALES Y MODERNA GESTIÓN PARROQUIAL
    3. EL PÁRROCO Y LA ORGANIZACIÓN PARROQUIAL
    4. LAS LLAVES DEL TEMPLO: LA POLÍTICA (PÚBLICA) DE LOS GRUPOS (RELIGIOSOS)
    5. EL BANQUETE DE SEMANA SANTA: LA POLÍTICA (RELIGIOSA) DE LOS GRUPOS (POLÍTICOS)
    6. LOS LÍMITES DE LA TRADICIÓN: LOS PROBLEMAS DE UN PROCURADOR
    7. REFLEXIONES SOBRE LA RELIGIÓN Y LA POLÍTICA EN EL CATACAOS DE FINES DEL SIGLO XX
  4. Hechizos de amor: Poder y magia en el norte del Perú

    Luis Millones
    1. Introducción
    2. LOS HIJOS DE LOS MOCHICAS
    3. PARA QUE ME QUIERAN
    4. EL ENWAYANCHE
    5. EN BUSCA DE AMOR: SESIONES Y CONJUROS
    6. LOS ELEMENTOS PARA EL RITUAL DEL ENWAYANCHE
    1. LOS LÍMITES DEL HECHIZO
    2. A MANERA DE CONCLUSIONES

Relación de los autores

1Orlando Velásquez
Decano de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad nacional de Trujillo

2Alfredo Narváez
Jefe del Instituto Regional de Cultura Lambayeque, Perú.

3Tatsuhiko Fujii
Profesor del Museo Nacional de Etnología, Osaka, Japón.

4Bonnie Glass-Coffin
Profesor asistente de Antropología, Universidad de Estado de Utah, EE.UU.

5Hiroyasu Tomoeda
Profesor de la Facultad de Estudios Internacionales, Universidad de la Ciudad de Hiroshima, Japón.

6Takahiro Kato
Profesor de la Facultad de Humanidades, Universidad Nacional Mie, Japón.

7Alejandro Diez
Coordinador del Área de Antropología de la Pontificia Universidad Católica del Perú.

8Luis Millones
Investigador del Seminario Interdisciplinario de Estudios Andinos, Lima.

9Laura León
Estudiante post-graduado de Historia de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Lima.

Prólogo

Orlando Velásquez

1No hay una difusión importante de la tradición, los valores y patrones culturales del norte del Perú. Cuando se admira la riqueza de la cultura peruana, lo hermoso de sus costumbres, el legado de nuestros antepasados, la fuerza de lo simbólico, el colorido del arte y las manifestaciones culturales de la sociedad peruana, miramos hacia el sur y centro de nuestro país. La difusión de la riqueza cultural del norte es casi inexistente. El peruano común y corriente, el intelectual, el gobernante, el investigador, nacional o extranjero, siempre dirigen su atención hacia el sur y especialmente al Cuzco, Puno o Huancayo; ahí buscan la profundidad y riqueza de nuestro pasado. El norte es todavía ajeno a la curiosidad y la emoción que despierta el conocimiento de nuestros ancestros y el patrimonio cultural. Pocos se detienen a pensar o se preocupan por llegar al fondo de los pueblos del norte peruano, creyendo que ellos no son depositarios de aquello que asombra a propios y extraños. Esta equivocada apreciación que tiene sus raíces en tiempos anteriores, siempre impidió llegar a los tesoros que ocultan los pueblos norteños pero que conservan con lealtad y satisfacción aquellos patrones y valores, acumulados por siglos o milenios y que forman parte de su vida, de su mundo de relaciones, de sus fiestas y tradiciones tal como se ha expresado en el trabajo La idiosincrasia de los pueblos del Norte. Precisamente uno de los valores más significativos y presentes en la vida de estos pueblos, lo constituye la religiosidad y el culto a los muertos. El presente trabajo pretende presentar y evaluar sus principales manifestaciones, consciente de que la riqueza de la tradición se convertirá en un valioso aporte para el conocimiento de la ideología y las potencialidades que encierra la región que, siendo próspera e impulsadora del cambio, conserva sus costumbres y tradiciones que la identifican, la hacen grande y la preparan colectivamente para asumir los grandes retos que los nuevos tiempos le plantean (Velásquez 2001: 156).

TRADICIÓN Y RELIGIÓN

2Los pueblos del norte del Perú tienen una rica tradición religiosa, convertida en patrón de vida, pues el poder, la producción del arte, la tecnología y demás manifestaciones culturales tuvieron en la religiosidad su fundamento ideológico. Desde sus remotas formas culturales, con una antigüedad de 5 000 años a.C, hasta la imponente civilización Moche, nos muestran en sus diferentes manifestaciones la presencia de lo religioso como factor determinante en la vida de sus pueblos. La tarea productiva por excelencia que es la agricultura, la actividad ganadera, la arquitectura, la hidráulica, la artesanía expresada en los ceramios y otras manifestaciones artísticas que hoy asombran al mundo, constituyen mudos testigos de lo que fueron y la innegable influencia de la religiosidad en cada uno de ellos. Si se trata de explicar la vida de sus pueblos, el comportamiento, la valoración y los patrones de vida de la gente del mundo prehispánico, no podríamos hacerlo sin dejar de considerar el rol protagónico que cumple en su devenir histórico.

3Makowski en su trabajo para el último coloquio sobre Moche, establece la relación que existe entre el poder y la divinidad, nexo que se convierte en una constante en las civilizaciones del norte peruano, especialmente en la civilización Moche, de innegable influencia en el desarrollo de la cultura y la identidad de esta macrorregión del Perú. La determinación del número y de las características de las divinidades principales mochica tiene relevancia no solo para los estudios sobre las religiones andinas, sino también sobre el sistema del poder imperante en la Costa Norte del Perú entre los siglos ii y viii d.C. Es bien sabido que guerreros y sacerdotes lucen durante los combates y bailes rituales los mismos tipos de vestido y tocados que los seres sobrenaturales. Esta correspondencia es particularmente notoria cuando se compara el atuendo de los jefes con la manera cómo están ataviadas las deidades principales, estas mismas que suelen presidir ofrendas y combates y sostienen una copa en la mano, probablemente llena de sangre para el sacrificio (Makowski 2003: 343).

4Las huacas norteñas son imponentes centros ceremoniales que hoy desafían al tiempo y a la mente occidental y son muestras de los valores religiosos característicos de las poblaciones antiguas de nuestra región. Las Huacas del Sol y de La Luna se yerguen en el valle de Moche, donde han sobrevivido al río del mismo nombre, que muchas veces irrumpió y devastó cultivos y poblaciones. El Brujo, otra expresión clara del mundo mochica, se encuentra en el valle de Chicama, al costado de Magdalena del Cao se ha puesto al descubierto con los trabajos de los arqueólogos de la Universidad Nacional de Trujillo. Las Huacas El Dragón y La Esmeralda, hoy rodeadas del avasallador crecimiento urbano de Trujillo, se alzan desafiantes en medio de la modernidad para decirnos que están presentes en un mundo distinto, incomprendidas, pero que pese a ello muestran el pensamiento arquitectónico y religioso que se conjuga en su estructura. Las Huacas de Huancaco y Castillo de Tomabal, que se resisten al tiempo, a pesar de que no han logrado mostrar aún lo que expresan. Podemos suponer que de alguna manera muestran la capacidad del antiguo poblador liberteño, que por sus creencias estaba dispuesto a ofrendar su vida en devoción a sus dioses, perennizando su cultura a través de estas monumentales pirámides. Las Huacas Caballo Muerto, Licapa, entre muchas que existen a lo largo del departamento de La Libertad, en la costa y en la sierra vecina, corroboran la presencia religiosa en la vida del poblador liberteño desde los orígenes de su existencia hasta el presente.

5Mención especial merecen los trabajos arqueológicos en el departamento de Lambayeque. El Señor de Sipán, uno de los hallazgos más importantes de la cultura norteña, nos ha permitido conocer las creencias sobre el universo de ultratumba de la cultura moche. Hay que agradecer los trabajos realizados por su descubridor, el arqueólogo Walter Alva, cuyo interés en la divulgación del hallazgo ha convertido la tumba descubierta en un tema de estudio indispensable en la historia peruana. Las piezas encontradas están ahora en el Museo Tumbas Reales del Señor de Sipán, que fue inaugurado en el 2003. Es un hito en la tarea de preservar el patrimonio cultural de la nación.

6El impacto y la simbiosis de lo divino y lo humano lo expresa Peter Kaulicke:

ʺEl Señor de Sipán tiene tres pares de orejeras, cuatro narigueras y cuatro collares. Lo más impresionantes, sin embargo, es la transformación de su cabeza. Sus ojos y su boca se convierten en oro. Esta boca consiste en dos filas de dientes en cuyo intermedio se observa un burdo corte con un cincel... quizá hecho posteriormente. La nariz lleva la imagen de una divinidad que aparece en los murales de la Huaca de la Luna de Trujillo. Esta máscara compuesta ilustra mejor que la complejidad secuencial del [Viejo Señor] la transformación virtual en dios. El corte posterior recuerda al ritual de la apertura de la boca de los egipcios antiguos. ¿No será señal de la recuperación del habla que se convierte en oráculo o palabra creadora?ʺ (Kaulicke 2001: 35)

7Un recorrido en este mismo departamento nos lleva a las imponentes pirámides de Túcume, entre otras manifestaciones de la presencia precolombina de las civilizaciones lambayecanas. Todos estos lugares nos aproximan al mundo mágico-religioso, que asocia vida, religión y poder. Siempre encontraremos en su iconografía las representaciones de sus dioses, que pueden tomar la forma de serpientes, productos agrarios, o el mar, entre otros. María Rostworowski, al comentar un trabajo de Bonavia en la que trata de la importancia de los dibujos marinos en la Huaca del Purgatorio:

“También señala la semejanza de la hilera de aves marinas en actitud de picada con las pinturas de El Purgatorio en Túcume. De lo que conocemos de los murales de Pachacamac se desprende la gran influencia del mar en sus motivos decorativos e indica que su culto fue preponderante. Los temas marinos ilustrados en el templo apoyan el decir de Pedro Pizarro de que Pachacamac era un lugar de pescadores y que, en la plaza frente al templo del ídolo, tenían por costumbre echar en ella cargas de sardinas frescas para ser devoradas por los cóndores (Vultur gryphus) y los gallinazos (Coragyps atratus), aves relacionadas también con las luchas entre Vichama y Pachacamac...” (Rostworowski 1981:125).

8La arqueología nos trae interesante información de los grandes ceremoniales de las principales civilizaciones que existieron antes de la conquista española. Tal es el caso de los estudios que siguieron a los trabajos de la Huaca Prieta por Junius Bird, como la restauración de uno de los palacios y ciudadelas de Chan Chan por Carol Mackey, y las investigaciones de Francisco Iriarte, entre otros; así como en los últimos cinco años los estudios en el Brujo dirigidos por los arqueólogos Segundo Vásquez, Régulo Franco y César Gálvez, que logran unir los estudios de la Huaca Prieta y poner al descubierto la vida cotidiana de la población prehispánica. Los rigurosos e interesantes trabajos de Santiago Uceda y Ricardo Morales en la Huaca de La Luna nos permiten llegar a conocer mejor la cultura Moche, acercándonos a la religiosidad, el poder, el modo de vida y el rol de los diferentes estamentos sociales de la población. Todo esto nos ayuda a que, de alguna manera, empecemos a entender la complejidad cultural de un pueblo que asocia evidentemente lo religioso con el poder y la supervivencia.

9Tomoeda y Millones nos proporcionan una interesante información acerca de esta relación, incidiendo en las características de la divinidad que asocia lo divino, lo humano, lo animal, y el poder.

ʺOtros dioses en diferentes partes del Tahuantinsuyo tenían pinturas y esculturas que demostraban un cierto refinamiento. En los valles norteños, por ejemplo, es notable la figura equivalente al Sacrificador de Wari y Tiwanacu, es decir un ser antropomorfo que lleva en una mano un arma cortante y una cabeza decapitada o víctima por degollar en la otra. Se le suele llamar el Degollador y es omnipresente en la cerámica y murales. Algunos arqueólogos lo han identificado con el Aiapoec, divinidad mencionada en la única gramática colonial de la lengua yunga que se conoceʺ (Carrera 1939 [1644]: 68).

10En las alturas de La Libertad, el dios Apo Catequil era de piedra y debió tener forma humana hasta que lo decapitara el Inca Atahualpa. En Huacho, al norte de Lima, el visitador Felipe Medina encontró un ʺprincipal ídoloʺ que

ʺera de piedra extraordinaria y no como las de acá, sino traída de muy lejos, noté que tenía de largo tres varas y media y de ancho tres, los ojos tenía muy pequeños y casi confuso el hocico o boca era como de puerco, grabado y hecha a propósitoʺ (Tomoeda & Millones 1998: 19).

11Los pobladores del norte fueron capaces de representar con gran dominio de abstracción las obras de arte en las que logramos observar: ceremonias, diferentes actividades de la vida de subsistencia, como la pesca, la agricultura, la evocación a sus deidades, como la luna, el sol, las serpientes, diferentes actividades sacrificios, castigos, etc. Gracias a este gran don representativo hemos podido acercarnos a tratar de entender estas culturas. La ubicación de las huacas en las partes altas de los valles, al costado de los cerros, en lugares estratégicos, expresan también una concepción religiosa asociada al poder y fundamentalmente a la preservación de lo más significativo, ya sean los hombres o los demás seres de los reinos animal y vegetal.

12La misma geografía y el paisaje de los valles norteños donde las huacas están muy cerca de la inmensa cordillera, se suman para crear alrededor de ellas una atmósfera de misterio, respeto, admiración que hace aún más sentida la presencia de sus apu o dioses que imponen su poder y el sometimiento de sus súbditos a través de sus representantes terrenales los gobernantes y los sacerdotes.

13Lo religioso jugó un rol protagónico, porque formó parte inherente del colectivo, el ser social y de la vida de los pueblos. Lo demuestra el simbolismo mágico religioso, una valiosa tradición cultural que prevalece y desafía al tiempo y de la cual nos sentimos herederos. La proyección de aquello, a lo largo de siglos de dominio de modos culturales diferentes, es prueba de su grandeza, pues ni las ambiciones de los imperios posteriores, ni la ola avasalladora del colonialismo, impidieron su desaparición. La cultura y religiosidad norteña se imponen, sorteando inclemencias, injusticias, desafíos y diversos retos. Es indudable que la presencia hispana produjo un cambio significativo en el contenido del simbolismo religioso de nuestros pueblos; de un momento a otro se mutiló su originalidad, el significado de sus dioses, se vulneraron los diferentes cultos y se rompió ese vínculo que unía su existencia con la tierra, el espacio y el tiempo. Sin embargo el sentir religioso prevalece, con otras formas, con otros dioses o el Dios en la concepción cristiana, pero no deja de ser evidente su presencia y su influencia en la ideología y el comportamiento de la gente de nuestros días.

14Peña Ortega hace una interesante alusión sobre el asunto:

ʺEn los primeros años de la ocupación castellana se trató de catequizar a las poblaciones indígenas con la imposición de la religión católica, buscando su aceptación se recurrió a la coincidencia de fechas festivas, encontrándose el culto a la mamapacha que ocurría en los yaros al finalizar el periodo de las cosechas entre los meses de mayo a julio, con la celebración de la festividad en honor a la virgen María en su advocación del Carmen que ocurre el 16 de julio. Aparte de la coincidencia de fechas religiosas festivas, hubo otros factores que facilitaron la transposición: ¡as leyendas nativas de la concepción de mujeres vírgenes por obra de algún dios. Es interesante notar que tal mito no es patrimonio de cultura, tradición o religión en particular, pues lo encontramos en el norte de nuestro país, en un relato recogido por el padre Antonio de la Calancha quien a su vez alude a los religiosos Luis Teruel y su compañero Luis de Arriaga que narra el nacimiento de Vichama. Otro, recogido por Francisco de Ávila alude el mito de Conirayaʺ (Peña 2002: 41).

15Después de la conquista española, lo religioso tiene una innegable transformación en lo ceremonial, en los rituales, en los símbolos, en la música, la danza y lo que es más, en el objeto del culto de la población. De las ofrendas y procesiones al Señor, a la productividad, a los fenómenos naturales, a los animales y especies simbólicas, al sol, a la luna, al agua y a las divinidades representativas del mundo mágico religioso del hombre prehispánico, se traslada a la imagen del santo, de la virgen, del apóstol, y de tantas manifestaciones como la creatividad de los pueblos los disponen. Surge un producto nuevo, una religión nueva que abarca al mismo tiempo todas las creencias de los distintos grupos que han llegado a estas tierras y hoy son parte de la riqueza social del norte. La nueva expresión cultural de religiosidad, acepta las innovaciones, a partir de la presencia católica, pero conserva aquello que lo identifica y que lo hace adecuarse al mundo de hoy.

EL CRISTIANISMO Y LA FESTIVIDAD RELIGIOSA

16Las encomiendas, los repartimientos y más tarde en la República, la hacienda, utilizaron el nombre de Dios y de los santos evangelios para obligar a los indígenas a servir, obedecer y a trabajar para enriquecer sus arcas. También, a nombre del gobierno y de la Iglesia se garantizó el tributo obligatorio a los indígenas, para sostener y cubrir las deudas de la Corona y de los futuros gobiernos. Las instituciones más significativas tenían el sello religioso. Se recuerda el nombramiento de alcaldes y regidores a través de las esferas oficiales del virreinato, pero al mismo tiempo se destacaba la opinión de las instancias eclesiásticas en el nombramiento de los mismos. La jerarquía eclesiástica estaba presente en los diferentes niveles del gobierno, pero también participaba activamente en los sectores productivos principales, contribuyendo a la explotación y al exterminio de la población indígena, cuya barbarie era justificada a nombre del Señor.

17En general esto ocurría en las instancias del poder, en las esferas de influencia de la oficialidad religiosa, en los mecanismos que garantizaban la presencia del virreinato en la región, pero en los pueblos de la periferia o distantes del centro de las jerarquías eclesiásticas, la población no estaba tan estrictamente vigilada y practicaba su propia religión. En sus festividades religiosas, el culto al santo o a la virgen fue ganando poco a poco la voluntad y la conciencia de la gente, se manifiesta con características espontáneas y naturales, donde lo indígena y lo occidental se juntan. Poco a poco la tradición religiosa, el culto y los patrones culturales van copando ese espacio ceremonial que nunca estuvo vacío, ya que la sabiduría del pueblo supo utilizar lo nuevo y asumirlo como suyo. Aquí, la divinidad, la imagen, la devoción, la danza, la comida, la bebida, la alegría y la esperanza se conjugan. La música ancestral y la de los invasores, con sus distintos instrumentos, nos muestran una nueva cara del ritual, junto con las creencias básicas, fervorosamente creen en lo superior, en la predestinación, en lo sobrenatural, en la fuerza extraordinaria de la creación; pero al mismo tiempo no pierden su visión de la realidad por que saben que lo espiritual está asociado a la vida cotidiana, a su destino, a sus deseos, a sus aspiraciones y sentimientos; en suma a las necesidades materiales y a su fe en el futuro.

18La religiosidad de nuestros pueblos no tiene límite; este poderoso elemento cultural, trasciende el tiempo. Nos lo explican muy bien los autores del libro En el Umbral de los Dioses,

ʺEl ceremonial practicado no es muy diferente del que se fue elaborando a lo largo de la Colonia para invocar a los Apus o Wamanis (es decir, a los dioses locales generalmente expresados en las elevaciones dominantes), nombres que progresivamente han ido reemplazando al de huacas, que contemporáneamente se usa para designar un lugar con restos arqueológicos. Como en el Taki Onqoy, los laiqas o pongos de los siglos xvii al xix armaban una tienda con mantas, bajo la cual invocaban al Wamani, que solía acudir tras el sonido de un aleteo, para hablar luego con voz en falsete o a través de gruñidos incomprensibles. Con variantes de poca importancia, el rito puede encontrarse hoy día a lo largo de la cordillera de los Andes.ʺ (Lemlij 1991: 29)

19Esta visión de la religiosidad en nuestros pueblos expresa la fuerza que tiene la fe y la presencia de la religión en su cultura. Explica también por qué existe la continuidad histórica del culto religioso, que solo cambia en las formas pero no en el contenido, en su esencia, en el fervor, en aquella devoción que une en determinados momentos a la gente con su dios o sus divinidades. La ofrenda, el milagro, la devoción, fueron siempre el cordón umbilical que liga al hombre con lo que cree. Es por eso que la esperanza genera una irresistible entrega a la voluntad suprema, que influye en sus vidas, predisponiendo a la gente, a la sumisión y a la espera de su voluntad, encarnando en lo seres del más allá, que con su poder superior determinarán el curso de sus vidas. Este dios se manifiesta en diferentes formas, en imágenes, esculturas, cruces y demás expresiones.

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