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Advertencia Defensa de lo imperfecto
Los textos de este libro surgieron entrey. Tienen en común la defensa de lo imperfecto en el hombre: la segunda mejor posibilidad, las solucionesvicarias, aquello que no es lo absoluto. Lo absoluto –lo perfecto sin más, lo extraordinario– no es humanamente posible, porque los hombres son finitos. “Todo o nada” no es para ellos una divisa practicable: lo humano yace en el medio, lo verdadero es lo medio. Los hombres son así, deben y pueden hacer algoen vezde otra cosa, y lo hacen: cada hombre es, en primer término, un bueno para nada que, secun-dariamente, se convierte en unhomo compensator. Los nueve capítulos de este libro quieren hacer valer esta idea en campos ejemplares de la cuestión: lo humanamente po-sible no es la perfecta felicidad, sino –y en medio de grandes infortunios– la felicidad imperfecta, la “felicidad en la infelici-dad”.La razón humana no es la razón absoluta; es la razón no-absoluta: la razón “como reacción-límite”.Cuando los hom-bres pretenden generar sus normas absolutamenteab ovo, mediante un supernosotros discursivo, la muerte es más rápida que esa generación. Por este motivo, los hombres no pueden prescindir de tradiciones y entonces existe “la inevitabilidad de los hábitos”. La curiosidad como impulso de la ciencia nunca alcanza la verdad absoluta, sino la verdad no-absoluta: el apego de las ciencias a la verdad vive de su licencia para errar y de su
 | F E L I C I D A D E N L A I N F E L I C I D A D
incapacidad para la herejía. Quien espera del mundo la per-fección absoluta y pone en juego a la naturaleza como magni-tud salvadora, termina en el “antimodernismo futurista”, en la revocación de la Ilustración. Tampoco las ciencias del espíritu –que, felizmente, no salvan sino que sólo compensan– son el espíritu absoluto, sino precisamente el espíritu no-absoluto: la moralística tardía de la tardía nación. Estas ciencias necesi-tan “pluralismo”, pues no tienen una posición absoluta, sino sólo posiciones contingentes (aunque muchas como compen-sación). La filosofía se arriesga por el camino de lo inhumano cuando –como en la República de Weimar– adopta la pose abso-luta del estado de excepción antiburgués de la revolución, o la de la autenticidad como una civilidad denegada; es racional quien evita el estado de excepción, quien acepta la civilidad. Pues cuando el hombre quiere ser lo absoluto, sufre ilusiones destructivas; por ello, para recuperar la cordura, se necesita una antropología escéptica que, como afirmó H. Plessner, se ocupe del hombre de este lado de la utopía, o sea, del hombre finito. Los hombres son finitos. De acuerdo con su esencia, no son tan buenos como para desdeñar lo imperfecto, pues carecen de lo absolutamente perfecto, y si lo tuvieran no lo soportarían. Los hombres necesitandescargarsede lo absoluto y para ello nece-sitan lo imperfecto, y quizá también, de algún modo, necesitan de la imperfecta apología de lo imperfecto que es este libro.