Viaje a la América Meridional. Tomo IV

De

Enviado por el Museo de Historia Natural de París, a la edad de 23 años, el joven naturalista francés Alcide d'Orbigny recorrió durante ocho años la América meridonal (Brasil, Argentina, Paraguay, Uruguay, Chile, Perú y Bolivia) y a su regreso a Francia compuso una monumental obra publicada entre 1835 y 1847 con el título de Voyage dans l'Amérique Méridionale en nueve tomos y 11 volúmenes con más de 5 mil páginas y 500 ilustraciones. A pedido del presidente boliviano José Ballivián, en 1845 se editó un fragmento de la obra de d'Orbigny y no fue sino hasta un siglo después que la editorial Futuro de Buenos Aires publicó el diario de viaje en cuatro tomos, cuya versión revisada se ofrece hoy a los lectores de habla castellana, al cumplir el bicentenario del nacimiento de su insigne autor. A su vasto-conocimiento de las ciencias naturales, d'Orbigny añadió la fina observación del etnólogo y el historiador y combinó la descripción científica con propuestas de desarrollo para los países que visitó. Las ilustraciones y su elegante prosa dan cuenta de sus extraordinarias cualidades como artista, con las que nos legó una visión fascinante y siempre actual de Sudamérica.


Publicado el : lunes, 01 de junio de 2015
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EAN13 : 9782821845268
Número de páginas: 402
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Viaje a la América Meridional. Tomo IV

Alcide d' Orbigny
  • Editor: Institut français d’études andines, Plural editores
  • Año de edición: 2002
  • Publicación en OpenEdition Books: 1 junio 2015
  • Colección: Travaux de l’IFÉA
  • ISBN electrónico: 9782821845268

OpenEdition Books

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  • ISBN: 9789990564525
  • Número de páginas: 402
 
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ORBIGNY, Alcide d'. Viaje a la América Meridional. Tomo IV. Nueva edición [en línea]. Lima: Institut français d’études andines, 2002 (generado el 17 noviembre 2015). Disponible en Internet: <http://books.openedition.org/ifea/6812>. ISBN: 9782821845268.

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© Institut français d’études andines, 2002

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Enviado por el Museo de Historia Natural de París, a la edad de 23 años, el joven naturalista francés Alcide d'Orbigny recorrió durante ocho años la América meridonal (Brasil, Argentina, Paraguay, Uruguay, Chile, Perú y Bolivia) y a su regreso a Francia compuso una monumental obra publicada entre 1835 y 1847 con el título de Voyage dans l'Amérique Méridionale en nueve tomos y 11 volúmenes con más de 5 mil páginas y 500 ilustraciones.

A pedido del presidente boliviano José Ballivián, en 1845 se editó un fragmento de la obra de d'Orbigny y no fue sino hasta un siglo después que la editorial Futuro de Buenos Aires publicó el diario de viaje en cuatro tomos, cuya versión revisada se ofrece hoy a los lectores de habla castellana, al cumplir el bicentenario del nacimiento de su insigne autor.

A su vasto-conocimiento de las ciencias naturales, d'Orbigny añadió la fina observación del etnólogo y el historiador y combinó la descripción científica con propuestas de desarrollo para los países que visitó. Las ilustraciones y su elegante prosa dan cuenta de sus extraordinarias cualidades como artista, con las que nos legó una visión fascinante y siempre actual de Sudamérica.

Alcide d' Orbigny

Alcide Dessalines d'Orbigny, nació el 6 de septiembre de, 1802 en Couëron, cerca de Nantes. Desde muy joven, cuando vivía aj borde del mar en la ciudad de La Rochelle, d'Orbigny comienza a interesarse en los moluscos y los cefalópodos microscópicos. Publica entonces sus primeros estudios, los cuales llaman la atención del Museo de Historia Natural de París, institución prestigiosa a la que ingresa en 1824. A los 23 años, poco antes desembarcarse hacia América, crea una nueva disciplina: la micropaleontología. Consciente de las acusaciones de impostura que se hacían a cierta literatura científica, d'Orbigny se propuso escribir un texto de gran rigor cientifico sustentado en una completa y rica colección de muestras. Este objetivo está anunciado desde las primeras páginas de su obra, la que será, según advierte, "lectura para el hombre grave que busca distraerse de sus estudios y para el sabio, siempre ávido de aumentar el conjunto de sus conocimientos". Impulsado por una energía y una pasión inagotables, Alcide d'Orbigny, joven y apasionado como era, no escatimó esfuerzos y logró reunir, en cerca de ocho años, una impresionante serie de ilustraciones, de mapas, de apuntes científicos y una extraordinaria colección, en la que están comprendidos ejem­plares de geología, de mamíferos, de pájaros, de reptiles, de peces, de moluscos, de forami-níferos, de crustáceos, de insectos, así como de criptogamas y de palmeras que permitirán dar un verdadero salto a las ciencias naturales de la época. Todo ello lo confirma, por cierto, como un naturalista fuera de serie, que nos ha dejado una herencia científica excepcional.

Si bien su formación fue esencialmente en ciencias naturales, Alcide d'Orbigny mostró durante su aventura americana, una capacidad sorprendente para la etnología. Sus obser­vaciones sobre las costumbres, los trajes, la música, las lenguas nativas, son de una rara riqueza. Este rasgo profundamente humanista queda manifiesto en la actitud que asumió frente a las injusticias cometidas en suelo americano. De vuelta a Francia, Alcide d'Orbigny, naturalista excepcional, precursor de la etno­logía, ecólogo que antecedió a la disciplina, humanista determinado nos ofrece a través de las páginas de su Voyage dans l'Amérique Méridionale, un documento científico, cultural y humano de un inmenso valor que alcanzó una gran resonancia en Europa y América. Para­dójicamente, su difusión ha sido desgracia­damente restringida, en particular en los países que visitó como estudioso.

En el marco de la celebración del bícen-tenario del nacimiento de Alcide Dessalines d'Orbigny, la Embajada de Francia en Bolivia y el Instituto Francés de Estudios Andinos (IFEA) decidieron reeditar el diario de viaje y dar a conocer, al menos en parte, las magní­ficas y sabias ilustraciones de d'Orbigny, de las que ofrecemos un centenar de ellas. Esta edición no habría sido posible sin la valiosa colaboración de TotalFinaElf, del IRD, (Insti­tuto de Investigación para el Desarrollo) y de Plural Editores.

  1. De las mejoras industriales y comerciales que se podrían introducir allí

    1. Generalidades geográficas
    2. Generalidades históricas
    3. Generalidades estadísticas. Estado actual de la provincia
    4. Nota suplementaria
  2. Capítulo XXXIII. Viaje a la provincia de Moxos por el Río San Miguel

    Estadía en las misiones de Baures e Itonamas de la provincia de Moxos. Fuerte del Principe de Beira y navegación por el Río Itenes o Guaporé

    1. Viaje a la provincia de Moxos por el Río San Miguel
    2. Estadía en las misiones de Baures e Itonamas de la provincia de Moxos. Misión del Carmen de Moxos
    3. Misión de la Purísima Concepción de Baures
    4. Misión de Santa Magdalena de Moxos
    5. Aldea de San Ramón
    6. Misión de San Joaquín
    7. Forte Do Príncipe de Beira (Brasil) y navegación por el Río Itenes o Guaporé
  3. Capítulo XXXIV. Viaje por el Río Mamoré

    Estadía en las misiones Cayuvavas, Movimas, Canichanas y Moxos

    1. Viaje por el Río Mamoré
    2. Misión de Exaltación de la Cruz
    3. Misión de Santa Ana de Moxos
    4. Misión de San Pedro
    5. Misión de San Francisco Javier
    6. Misión de Trinidad de Moxos
    7. Misión de Loreto
  4. Capítulo XXXV. Viaje de Moxos a Cochabamba, remontando el Mamoré, el Chapare y el Río Coni hasta el territorio de los Yuracarés

    Un alto con los Yuracarés. Vertientes de la Cordillera Oriental hasta Cochabamba

    1. Viaje remontando el Mamoré, el Chapare y el Río Coni, hasta el territorio de los Yuracarés. Río Mamoré
    1. Río Chapare y Río Coni
    2. Estadía con los Yuracarés
    3. Viaje por la vertiente de la cordillera oriental hasta Cochabamba
  1. Capítulo XXXVI. Estadía en Cochabamba

    Viaje a través de comarcas desconocidas para buscar un nuevo camino de Cochabamba a Moxos, hasta las regiones habitadas por los Yuracares. Estadía con estos indios

    1. Estadía en Cochabamba
    2. Viaje a través de comarcas desconocidas para buscar un nuevo camino de Cochabamba a Moxos
    3. Estadía con los Indios Yuracarés
  2. Capítulo XXXVII. Descripción de los indios Yuracarés y viaje del territorio de Yuracaré a Moxos por el Río Securi

    1. Descripción de los Indios Yuracarés
    2. Viaje desde el territorio de los Yuracarés a Moxos por el Río Securi
  3. Capítulo XXXVIII. Generalidades geográficas, históricas, y estadísticas sobre la provincia de Moxos

    De los adelantos comerciales e industriales que se podrían introducir allí

    1. Generalidades geográficas
    2. Generalidades Históricas
    3. Generalidades estadísticas. Estado actual de la provincia
  4. Capítulo XXXIX. Viaje por el Río Sara y el Río Piraí, de Moxos a Santa Cruz de la Sierra, y de Santa Cruz a Chuquisaca por las provincias de valle grande de la Laguna, etc.

    1. Viaje por el Río Sara y el Río Piraí de Moxos a Santa Cruz de la Sierra
    2. Viaje de Santa Cruz a Chuquisaca, por las provincias de Valle Grande, de la Laguna y de Yamparaes
    3. Provincia de Valle Grande
    4. Provincia de Tomina
    1. Provincia de Yamparaes
  1. Capítulo XL. Estadía en Chuquisaca; viaje a Potosí; descripción de la ciudad y del Cerro de Potosí y viaje a Oruro

    1. Estadía en Chuquisaca
    2. Viaje a Potosí
    3. Departamento de Potosí
    4. Descripción de la ciudad y del Cerro de Potosí
    5. Viaje de Potosí a Oruro. Territorio del departamento de Potosí
    6. Territorio del departamento de Oruro
  2. Capítulo XLI. Oruro y sus alrededores

    Reconocimiento de la provincia de Carangas. Viaje de Oruro a La Paz. Excursión por las Riberas del Lago Chucuito

    1. Oruro y sus alrededores
    2. Reconocimiento de la provincia de Carangas. Provincia de Oruro
    3. Provincia de Carangas
    4. Viaje de Oruro a La Paz. Provincia de Oruro
    5. Provincia de Sicasica
    6. Excursión a las márgenes del Lago Chucuito
  3. Capítulo XLII. Descripción de la provincia de Caupolicán

    1. Historia
    2. Estado actual de la provincia
  4. Capítulo XLIII. Partida de Bolivia

    Viaje por mar de Arica a Islay y a Lima, por la Costa de Perú. Regreso a Europa por Valparaíso y el Cabo de Hornos

    1. Partida de Bolivia. Viaje por mar de Arica a Islay y a Lima, por la Costa de Perú
    2. Regreso a Europa por Valparaíso y el Cabo de Hornos

Capítulo XXXII. Generalidades geográficas, históricas y estadísticas sobre la provincia de Chiquitos

De las mejoras industriales y comerciales que se podrían introducir allí

Generalidades geográficas

1832 Chiquitos

1Situada casi en el centro del continente americano, la provincia de Chiquitos presenta una superficie irregular, casi oval, comprendida entre los 14 y los 21 grados de latitud sur y los 58 y 65 grados de longitud occidental de París. Esta región, de más o menos treinta grados o 18.750 leguas de veinticinco por grado de superficie, está limitada al este por el curso del Paraguay y por las posesiones brasileñas de la provincia de Cuyaba o de Matto Grosso; al norte (siguiendo los límites de los tratados de 1750 y 1777 entre España y Portugal) por una línea que parte de la conjunción de los ríos Jauru y Paraguay, en dirección a Matto-Grosso, y más allá por una segunda línea que arranca desde ese punto hasta la confluencia de los ríos Verde y Barbado1. Al noroeste, selvas inmensas o pantanos deshabitados separan esta provincia de la de Moxos, algo al norte del país de los guarayos. Al oeste, el curso del río Grande le sirve de límite con la provincia de Santa Cruz de la Sierra. Finalmente, al sur se extienden las tierras deshabitadas del Gran Chaco, que todavía no pertenecen a ningún gobierno.

2Delimitada de esta manera, la provincia de Chiquitos está rodeada de ríos y de pantanos, en medio de los cuales corren cadenas de colinas completamente aisladas en la dirección nornoroeste y sudsudeste. Esas colinas, que forman mi sistema geológico chiquitano y que dominan desde algunos centenares de metros las llanuras circundantes, son también los puntos culminantes, las cumbres que señalan la división entre las dos grandes vertientes del Amazonas y del Plata. Constituyen primero, hacia el grado 62, un largo macizo o meseta de gneis, de donde parten, del lado del oestenoroeste las colinas de la misma naturaleza de San Javier y de Guarayos, que se abaten en este último punto y terminar por desaparecer debajo de los aluviones modernos de las llanuras inundadas. Al estesudeste de la meseta central, algunos eslabones a menudo interrumpidos, se extienden bajo varios nombres y siempre en la misma dirección hasta el 58°. Son: 1o la Sierra de San Lorenzo, entre San Miguel y San José, toda formada de gneis; 2o la Sierra de San José que a medida que avanza hacia el este toma los nombres de Sierra de San Lorenzo, Sierra de Ipias y Sierra de Santiago, y que se compone de suelos silurianios y devonianos; 3o la Sierra de San Juan o de Sunsas, rama del macizo central, primero compuesto de gneis, luego, en Sunsas, de los mismos terrenos que la cadena paralela de Santiago. Estas últimas pierden altura al este y terminan bastante lejos del Río Paraguay.

3Este conjunto de cadenas más o menos elevadas, dibuja en medio de las llanuras, como ya lo dije, una isla de siete grados de longitud por un grado y medio de anchura media, dirigida de nornoroeste a sudsudeste. Lateralmente a su diámetro de este macizo presenta al nordeste una suave pendiente hasta el llano, en donde nacen los primeros afluentes de los ríos Paraguay y Amazonas. Al sudoeste la pendiente es más pronunciada, pero termina en la llanura en donde corren todavía los afluentes del Paraguay y del Amazonas.

4Quien contemple con detenimiento la geografía del centro de la América del Sur, admira la extensión de esas inmensas llanuras limitadas al oeste por los últimos contrafuertes de las cordilleras, al este por las montañas bajas del Brasil, que comienzan en las pampas de Buenos Aires y terminan en la desembocadura del Amazonas. Con una anchura más o menos igual, esas pampas se extienden, en efecto de sur a norte, elevándose poco a poco en las provincias de Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes, Paraguay y el Gran Chaco, hasta los 19 grados de latitud. Limitadas en parte a este paralelo por el sistema orográfico o islote de la provincia de Chiquitos, se dividen allí en dos grandes brazos. El brazo oriental sigue el curso del Río Paraguay, forma un estrecho apretado, contorneando la extremidad de las montañas de Chiquitos, y sesga en seguida al noroeste hacia Moxos. En este intervalo nacen el Río Paraguay, afluente del Plata, y el Río Barbado, primer afluente del Amazonas. El brazo occidental de las llanuras reducido igualmente a un amplio estrecho comprendido entre los últimos contrafuertes de las Cordilleras, cerca de Santa Cruz de la Sierra, y las colinas de San Javier de Chiquitos, pertenece ya por completo a la vertiente del norte. Este brazo se ensancha en la provincia de Moxos y se reúne con el brazo oriental allá por el 150 de latitud. Las planicies, entonces muy anchas, siguen la dirección nornoroeste. A los 12 grados de latitud, se reducen todavía más por el cabo que representa la extremidad occidental de las cadenas del Brasil, cerca de la confluencia del Río Itenes o Guaporé. Este nuevo y amplio estrecho sigue el curso del Río Madeira, extendiéndose hacia el este hasta formar la gran cuenca propiamente dicha del Marañón. Así, pues, las vastas llanuras del Plata se comunican, al este y al oeste del macizo de Chiquitos, con esos grandes llanos del Amazonas; cruzan de norte a sur todo el centro de la América meridional y forman una isla con el sistema orográfico de las montañas de Chiquitos.

5Todos los cursos de agua de la parte oriental de la provincia se dirigen al Río Paraguay y al de la Plata, en tanto que los de la parte occidental van a parar al Amazonas.

6A continuación se mencionan los ríos importantes de la vertiente del Plata:

  1. El Río Tucabaca nace con el nombre de Río San Juan en las ruinas de la antigua San Juan, entre los 61 y 62 grados de longitud; recibe todas las aguas del valle de Tucabaca hasta las ruinas de Santo Corazón, en 59° 30' de longitud. En la época de las crecientes los barcos podrían llegar hasta la altura de Santiago.
  2. El Río San Rafael nace en la vertiente meridional de la sierra de Santiago, por el 61° de longitud y se junta con el Río Tucabaca en el 59° 30'. Corre en seguida hasta el Río Paraguay con el nombre de Oxuquis. Es navegable un poco aguas arriba de su confluencia.
  3. Al norte de la sierra de San Juan nacen muchos arroyos que, reunidos en un solo curso de agua, reciben entonces el nombre de Río Tapanakich. Este río se dirige directamente hacia el este, a través de pantanos, y desemboca en el Río Paraguay hacia el 17° 50' de latitud. Parece ser navegable en la llanura.
  4. De los alrededores de Santo Corazón salen, además, al norte de la sierra de Sunsas, varios ríos pequeños que forman el Río Santo Tomás, el cual, a la altura del 17° 50' de latitud, corre hacia el este, atravesando la llanura de Yarayés, y arroja sus aguas en el Paraguay. Es navegable en las llanuras cuando está crecido.

7Quedan, indudablemente, al oeste del Río Tapanakich otros pequeños afluentes del Río Paraguay, ignorados hasta ahora.

8La vertiente del Amazonas ofrece los siguientes cursos de agua:

  1. El Río San Miguel atraviesa al oestenoroeste toda la provincia, desde el 62° al 65° oeste de París, recibiendo sucesivamente desde su nacimiento cuatro afluentes principales. El más oriental, el arroyo San José, nace en el mismo valle que el Río Tucabaca, al este de San José, y poco después lleva el nombre de San Luis. Del norte recibe las aguas de una parte de las montañas orientales del gran macizo central. El segundo brazo recoge parte de sus afluentes en las montañas de San Rafael, en la laguna de los Migueleños y en Santa Bárbara. Otros nacen cerca de Santa Ana y de San Ignacio y forman pronto el Sapococh oriental. El tercer afínenle o Sapococh occidental comienza en los alrededores de Concepción y en las partes situadas al este de esta misión. Todas esas aguas reunidas corren hacia el sudoeste hasta el Río San Miguel. El cuarto brazo nace en un gran lago en el territorio de los Guarayos, a los 64° 30' de longitud, y, con el nombre de Río Huacari o Negro, corre hasta más allá del 15' de latitud, en donde se incorpora al río principal. El Río San Miguel formado así es navegable hasta la altura de San Javier de Chiquitos. Sigue su dirección entre las llanuras de Moxos, cruza la laguna de Itonamas, cuyo nombre toma, atraviesa la misión de Magdalena de Moxos y se reúne con el Itenes, no lejos del Fuerte de Beira2.
  1. El Río Blanco o Baures tiene sus fuentes en la vertiente septentrional de las montañas de San Javier de Chiquitos. Formado por un gran número de afluentes, sigue la dirección del noroeste, atraviesa toda la provincia de Moxos, pasa por las misiones de Carmen y de Concepción de Moxos y va a arrojarse en el Itenes, muy cerca de Fuerte de Beira. Este río es navegable hasta el pie de las montañas.
  2. El Río Serre nace al norte de la misión de Concepción de Chiquitos y se dirige al noroeste hacia el. Itenes, en cuyas aguas se arroja, a los 64° 33' de longitud occidental de París.
  3. El Río Verde. Comienza al norte de San Ignacio de Chiquitos, sigue la misma dirección que el Río Serré y se une al Itenes a los 63° 40' de longitud.
  4. Finalmente, el Río Barbados se forma en los pantanos al norte de las misiones de Santa Ana y San Rafael de Chiquitos y constituye la fuente más considerable del Río Itenes pasando en Salinas, en Casalbasco y en Matto Grosso por las actuales posesiones del Brasil. Es navegable hasta Casalbasco.

9Los lagos de la provincia son bastante numerosos, pero hay pocos que tengan una gran extensión.

10Los mayores son los lagos o Salinas de San José y de Santiago, situados a los 62° de longitud y a los 29° 20' de latitud, muy al sur de San José. Se trata de lagos salados que, por la evaporación natural de la estación seca, dan una buena sal cristalizada.

11Todos los demás son de agua dulce; a saber; 1o la laguna de Quisere, situada entre San Javier y la estancia San Julián; 2o los pequeños lagos artificiales de la misión de Santa Ana; 3o los demás depósitos de la misma naturaleza alrededor de San Ignacio; 4o la laguna de los Migueleños, entre San Rafael y San José, de dos kilómetros de largo; 5o el lago de la Tapera de San Juan, cerca de la antigua misión de San Juan; 6o el lago en el que nace el Río Huacaní, entre Ascensión y Trinidad de Guarayos; 7o el lago de Santa Cruz de Guarayos; 8o dos grandes lagos de la margen izquierda del Río San Miguel (país de los guarayos); 9° la laguna de Chitiopa, sobre el Río Blanco; 10° el lago del Purubí, entre Santa Ana y Matto Grosso. De esos lagos de agua dulce ninguno es importante, pero todos están poblados de excelentes peces.

12Las partes montañosas de la provincia y las tierras colindantes están libres de inundaciones; son las tierras más fértiles del mundo. El resto es parcialmente anegadizo en la estación de las lluvias, pero con excepción de la laguna de Yarayes, formada por los desbordes del Río Paraguay, todas las tierras se secan en invierno y dan praderas excelentes para la cría de ganado. Así, pues, la provincia entera, de unas 18/700 leguas cuadradas, podría ser utilizada con provecho para la agricultura el día que una población industriosa se apodere de ella y se entregue al trabajo necesario para extraerle provecho.

Generalidades históricas

Primera época: Antes de la llegada de los españoles

13Según los historiadores de los primeros tiempos de la Conquista, la provincia de Chiquitos estaba muy poblada en el siglo xvi. Agricultores y cazadores, los pueblos de esas regiones vivían diseminados en una multitud de pequeñas naciones, de tribus aisladas unas de otras, sin que, no obstante, hubiese entre ellas otras barreras que selvas espesas.

14Si, dejando de lado a esas naciones casi innumerables citadas por los historiadores y hoy desconocidas3, no tomo en cuenta más que aquellas cuyo lenguaje me ha permitido conocer su tronco, encuentro trece distintas, habiendo lenguas diferentes, divididas basta el infinito.

15La más considerable, la nación de Chiquito4, ocupaba el centro, las mesetas y sus laderas, en donde estaban diseminados en una multitud de pequeñas tribus. Agricultores todos, debieron establecerse preferentemente en aquellos lugares que ofrecían posibilidades para los cultivos; pero, no dejando de ser cazadores, se dividieron en secciones con el objeto de no hacerse daño mutuamente: de ahí su costumbre de vivir en medio de las selvas, bajo las frondas protectoras de la caza y mantenedoras de una humedad necesaria para las tierras agrícolas. Sus casas, cubiertas con hojas de palmera, tenían una puerta tan baja que no se la podía trasponer sino gateando, con lo que los chiquitos esperaban estar a cubierto de los bruscos ataques de sus enemigos. Cada familia dejaba a sus hijos en libertad a los catorce años, época en la que éstos se separaban de sus padres e iban a vivir en común en casas distintas.

16Su lengua es una de las más extensas y de las más completas de América; sobre todo, es de una ilimitada fecundidad en cuanto a la combinación de partículas5. Bastante suave, la distingue esta particularidad: que cada uno de los dos sexos usa palabras diferentes para designar los mismos objetos. En efecto, no sólo los nombres de los objetos indicados por una mujer tienen una terminación distinta que para los hombres, sitio que a menudo son hasta completamente diferentes; así, un hombre expresa la idea de padre por la palabra Iyaí, en tanto que una mujer que quiera expresar esta idea se servirá de la voz Yxupu. Todos los nombres de las partes del cuerpo comienzan con 0.

17Cuando un muchacho quería casarse se internaba en la selva y, a su regreso, depositaba el producto de su caza a la puerta de los padres de su amada, los que lo aceptaban por yerno si estaban satisfechos con la ofrenda. Unicamente los jefes se permitían la poligamia. Una vez casada, la mujer se ocupaba de sus quehaceres, tallaba y tejía y dormía en el suelo, mientras que el marido se tendía en su hamaca. Este cazaba, cultivaba su campo. Todas las mañanas, hasta que el sol no hubiese secado el rocío, tocaba la flauta, luego iniciaba su jornada de trabajo, que quedaba terminada a mediodía. En otoño, los indios se internaban a la selva para cazar y traer carne ahumada. Intrépidos guerreros, manejando con destreza el arco y la flecha, atacaban a sus vecinos de improviso y hacían de ellos esclavos, a los que a menudo daban sus hijas de compañeras. Se alocaban por el baile y la música, gustando también apasionadamente del guatoroch, juego de pelota que se ejecuta con la cabeza. Los hombres iban desnudos. Las mujeres llevaban camisas sin mangas, y en los días de fiesta se adornaban la cabeza y la cintura con plumas de colores6. Los hombres se agujereaban las orejas y el labio inferior con el objeto de introducir allí plumas de colores.

18Eran gobernados por una muchedumbre de jefecillos o Iriabos, elegidos por el consejo de ancianos, conduciendo cada uno su pequeña tribu, al mismo tiempo que ejercían las funciones de médico. A menudo atacaban a sus vecinos con el único objeto de labrarse una reputación de bravura. Se frecuentaban poco y rara vez hacían causa común; diseminados en centenares de secciones, no formaban, hablando con exactitud, un cuerpo nacional.

19Reducíase su religión a la creencia en otra vida, lo que motivaba la costumbre, generalmente extendida entre ellos, de enterrar armas y víveres con los muertos. Temían a un ser maléfico, el Sebores, y llamaban a la Luna su madre, sin rendirle, empero, culto; pero cuando el satélite se eclipsaba, convencidos de que los perros la mordían, salían de sus cabañas y lanzaban flechas hacia ella. Los relámpagos eran las almas de los difuntos que bajaban de su morada en las estrellas. Obtenían augurios del canto de los pájaros o de la presencia de un animal en ciertas circunstancias. Los Iriabos practicaban succiones a los enfermos; a veces atribuían la enfermedad al error de haber dado de comer a su perro carne de tortuga, injuria de la que se vengaba el alma de este último animal comprometiendo la salud. Si el mal persistía, el iriabo lo atribuía a la influencia maligna de una vieja que él mismo designaba. Los parientes del enfermo se apresuraban entonces a matarla, lo cual ocasionaba muy a menudo divisiones entre las familias de una misma tribu y entre tribus diferentes.

20La nación Samucu, compuesta por las tribus morotocos, potureros, guara-ñocas, etc.7, vivía al sur y al sudeste de la provincia, cerca de la Sierra de San José y de Santiago, y al este de esos parajes. Era menos numerosa que la nación de los Chiquitos y se le parecía bajo muchos aspectos, aunque hablaba una lengua distinta. Más orgullosos, más independientes aún que los chiquitos, tenían como armas la lanza, el arco y la cachiporra de dos filos. Gustaban del baile con una especie de frenesí; por eso sus cantos primitivos se han conservado hasta ahora en el país.

21En la extremidad noroccidental de la provincia vivía la nación, de los guarayos, resto de una antigua migración de guaraníes o caribes8, que llegó sin duda de Paraguay en una época muy remota.

22Las demás naciones, poco numerosas, estaban diseminadas alrededor de las primeras y a menudo en guerra con ellas. Los Sarabec y Curucanecas vivían al norte de la actual misión de Santa Ana; los Otukes, al norte; los Curuminacas, los Covarecas y los Tapiis, al oeste; los Curaves, en las selvas al sur de Santo Corazón; los Corabecas, al sur del San Rafael de hoy; los paiconecas y los Chapacuras, al norte de Concepción. Los primeros historiadores hablan de la nación de los Yarayes, Jarayes o Xarayes9, célebre en tiempo de la Conquista y que vivía en las márgenes de la laguna del mismo nombre, formada por los desbordes del Río Paraguay.

23Antes de la llegada de los españoles, se hablaban en la provincia de Chiquitos no menos de trece lenguas10, tan distintas unas de otras como lo son el alemán y el francés. Tales idiomas, empero, muestran al par que una semejanza completa en las palabras, formas gramaticales idénticas. Fácil es imaginar que esta diversidad de lengua originada sin duda en el aislamiento en que vivían los indígenas de muchos siglos atrás, era un motivo más para que el fraccionamiento de esas tribus aumentase con las querellas de familia; por eso las numerables secciones de esas tribus que vivían en la provincia de Chiquitos, ya que perteneciesen a naciones distintas por el lenguaje, ya que formasen parte de naciones más poderosas que Chiquitos y de Samucus, no constituían una población unida sino dividida hasta el infinito, sin ninguna unión de la que pudiese resultar una fuerza real. Amigas hoy, mañana enemigas; esas tribus tenían rara vez motivos para unirse, en tanto que, por el contrario, su gusto por la caza las llevada a rehuirse y a alejarse unas de otras, de donde resultaba para ellas un mayor desmenbramiento día a día, sin que el aumento de población ofreciese jamás ningún elemento de prosperidad ni de civilización progresiva.

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