Viaje a la América Meridional. Tomo I

De

Enviado por el Museo de Historia Natural de París, a la edadde 23 años, el joven naturalista francés Alcide d'Orbigny recorriódurante ocho años la América meridonal (Brasil, Argentina,Paraguay, Uruguay, Chile, Perú y Bolivia) y a su regreso a Francia compuso una monumental obra publicada entre 1835 y 1847 con el título de Voyage dans l'Amérique Méridionale en nuevetomos y 11 volúmenes con más de 5 mil paginas y 500 ilustraciones. A pedido del presidente boliviano José Ballivián, en 1845 se editó un fragmento de la obra de d'Orbigny y no fue sino hasta un siglo después que la editorial Futuro de Buenos Aires publicó el diario de viaje en cuatro tomos, cuya versión revisada se ofrece hoy a los lectores de habla castellana, al cumplir el bicentenariodel nacimiento de su insigne autor. A su vasto conocimiento de las ciencias naturales, d'Orbigny añadió la fina observación del etnólogo y el historiador y combinóla descripción científica con propuestas de desarrollo para los países que visitó. Las ilustraciones y su elegante prosa dan cuentade sus extraordinarias cualidades como artista, con las que nos legó una visión fascinante y siempre actual de Sudamérica.


Publicado el : martes, 02 de junio de 2015
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EAN13 : 9782821845343
Número de páginas: 482
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Viaje a la América Meridional. Tomo I

Alcide d' Orbigny
  • Editor: Institut français d’études andines, Plural editores
  • Año de edición: 2002
  • Publicación en OpenEdition Books: 2 junio 2015
  • Colección: Travaux de l’IFÉA
  • ISBN electrónico: 9782821845343

OpenEdition Books

http://books.openedition.org

Edición impresa
  • ISBN: 9789990564495
  • Número de páginas: 482
 
Referencia electrónica

ORBIGNY, Alcide d'. Viaje a la América Meridional. Tomo I. Nueva edición [en línea]. Lima: Institut français d’études andines, 2002 (generado el 16 noviembre 2015). Disponible en Internet: <http://books.openedition.org/ifea/4119>. ISBN: 9782821845343.

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© Institut français d’études andines, 2002

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Enviado por el Museo de Historia Natural de París, a la edadde 23 años, el joven naturalista francés Alcide d'Orbigny recorriódurante ocho años la América meridonal (Brasil, Argentina,Paraguay, Uruguay, Chile, Perú y Bolivia) y a su regreso a Francia compuso una monumental obra publicada entre 1835 y 1847 con el título de Voyage dans l'Amérique Méridionale en nuevetomos y 11 volúmenes con más de 5 mil paginas y 500 ilustraciones.

A pedido del presidente boliviano José Ballivián, en 1845 se editó un fragmento de la obra de d'Orbigny y no fue sino hasta un siglo después que la editorial Futuro de Buenos Aires publicó el diario de viaje en cuatro tomos, cuya versión revisada se ofrece hoy a los lectores de habla castellana, al cumplir el bicentenariodel nacimiento de su insigne autor.

A su vasto conocimiento de las ciencias naturales, d'Orbigny añadió la fina observación del etnólogo y el historiador y combinóla descripción científica con propuestas de desarrollo para los países que visitó. Las ilustraciones y su elegante prosa dan cuentade sus extraordinarias cualidades como artista, con las que nos legó una visión fascinante y siempre actual de Sudamérica.

Alcide d' Orbigny

Alcide Dessalines d'Orbigny, nació el 6 de septiembre de 1802 en Couëron, cerca de Nantes. Desde muy joven, cuando vivía al borde del mar en la ciudad de La Rochelle, d'Orbigny comienza a interesarse en (los moluscos y los cefalópodos microscópicos. Publica entonces sus primeros estudios, los cuales llaman la atención del Museo de Historia Natural de París, institución prestigiosa a la que ingresa en 1824. A los 23 años, poco antes de embarcarse hacia América, crea una nueva disciplina: la micropaleontología. Consciente de las acusaciones de impostura que se hacían a cierta literatura científica, d'Orbigny se propuso escribir un texto de gran rigor cien­tífico sustentado en una completa y rica colección de muestras. Este objetivo está anunciado desde las primeras páginas de su obra, la que será, según advierte, "lectura para el hombre grave que busca distraerse de sus estudios y para el sabio, siempre ávido de aumentar el conjunto de sus conocimientos". Impulsado por una energía y una pasión inagotables, Alcide d'Orbigny, joven y apasionado como era, no escatimó esfuerzos y logró reunir, en cerca de ocho años, una impresionante serie de ilustraciones, de mapas, de apuntes científicos y una extraordinaria colección, en la que están comprendidos ejem­plares de geología, de mamíferos, de pájaros, de reptiles, de peces, de moluscos, de forami-níferos, de crustáceos, de insectos, así como de criptogamas y de palmeras que permitirán dar un verdadero salto a las ciencias naturales de la época. Todo ello lo confirma, por cierto, como un naturalista fuera de serie, que nos ha dejado una herencia científica excepcional.

Si bien su formación fue esencialmente en ciencias naturales, Alcide d'Orbigny mostró durante su aventura americana, una capacidad sorprendente para la etnología. Sus obser­vaciones sobre las costumbres, los trajes, la música, las lenguas nativas, son de una rara riqueza. Este rasgo profundamente humanista queda manifiesto en la actitud que asumió frente a las injusticias cometidas en suelo americano.

De vuelta a Francia, Alcide d'Orbigny, naturalista excepcional, precursor de la etno­logía, ecólogo que antecedió a la disciplina, humanista determinado nos ofrece a través de las páginas de su Voyage dans l'Amérique Méri dionale, un documento científico, cultural y humano de un inmenso valor que alcanzó una gran resonancia en Europa y América. Para­dójicamente, su difusión ha sido desgracia­damente restringida, en particular en los países que visitó como estudioso.

En el marco de la celebración del bicen­tenario del nacimiento de Alcide Dessalines d'Orbigny, la Embajada de Francia en Bolivia y el Instituto Francés de Estudios Andinos (IFEA) decidieron reeditar el diario de viaje y dar a conocer, al menos en parte, las magní­ficas y sabias ilustraciones de d'Orbigny, de las que ofrecemos un centenar de ellas. Esta edición no habría sido posible sin la valiosa colaboración de TotalFinaElf, del IRD, (Insti­tuto de Investigación para el Desarrollo) y de Plural Editores.

Françoise Le Bihan y Jean-Joinville Vacher, Embajadora de Francia en Bolivia y Director del IFEA, respectivamente.

Índice
  1. Presentación

    Françoise Le Bihan
  2. Prólogo. Alcide Dessalines d’Orbigny (1802-1857). Del Nuevo Mundo al pasado del mundo

    Philippe Taquet
  3. Capítulo I. Primeros estudios y trabajos preparatorios del autor. Su misión. Partida de Francia. Arribo y estadía en Tenerife. Partida de Tenerife. Prosecución y fin de la travesía

  4. Capítulo II. Estadía en Río de Janeiro. Partida y travesía a Montevideo

  5. Capítulo III. Estadía en Montevideo. Viaje a Maldonado. Vuelta y nueva estadía en Montevideo

    1. Estadía en Montevideo
    2. Viaje a Maldonado
    3. Nueva estadía en Montevideo
  6. Capítulo IV. Viaje por la provincia de la Banda Oriental y primera estadía en Buenos Aires

  7. Capítulo V. Viaje por el Paraná, de Buenos Aires a Corrientes

  1. Capítulo VI. Corrientes y sus alrededores. Primer viaje a Iribucuá

    1. Corrientes y sus alrededores
    2. Primer viaje a Iribicuá
  2. Capítulo VII. Corrientes. Viaje a San Roque. Continuación al rincón de Luna

    1. Corrientes
    2. Viaje a San Roque
  3. Capítulo VIII. Nueva estadía en Corrientes y sus alrededores, y viaje a Itatí, sobre el Paraná. Estadía en Itatí y vuelta a Corrientes

    1. Nueva estadía en Corrientes y sus alrededores, y viaje a Itatí, sobre el Paraná
    2. Estadía en Itatí y vuelta a Corrientes
  4. Capítulo IX. Guerra de Misiones. Viaje remontando el Paraná. Caacaty y sus alrededores. Viaje a la Laguna de Ibera

    1. Guerra de Misiones
    2. Viaje remontando el Paraná
    3. Caacaty y sus alrededores
    4. Viaje a la Laguna de Iberá
  5. Capítulo Χ. Nuevo viaje por el Paraná. Excursiones al Chaco; los indios Tobas y lenguas

    1. Nuevo viaje por el Paraná
    2. Excursiones al Chaco; los indios Tobas y lenguas
  6. Capítulo XI. Vistazo sobre Corrientes y sus habitantes

  7. Capítulo XII. Viaje por el Paraná, al regresar a Buenos Aires por la parte Sur de Corrientes, la provincia de Entre Ríos, la de Santa Fe y las regiones septentrionales de la provincia de Buenos Aires

    1. Parte Sur de la provincia de Corrientes
    2. Provincia de Entre Ríos
    3. Provincia de Santa Fe
    4. Provincia de Buenos Aires

Presentación

Françoise Le Bihan

1El 21 de julio de 1826, el velero “La Meuse” zarpa del puerto de Brest con rumbo a Brasil. A bordo se halla el joven y todavía desconocido naturalista-viajero, Alcide Dessalines d’Orbigny quien era enviado por el Museo de Historia Natural de París para realizar una misión científica en América Meridional. Por entonces aún no había cumplido 24 años.

2Durante cerca de ocho años recorre sucesivamente Brasil, Uruguay, Argentina, Chile, Bolivia y Perú. De este importante viaje, el joven científico recogerá una inmensa y exhaustiva colección de especies animales y vegetales, de cristales y rocas, pero también de ceramios, mapas, partituras musicales y documentos históricos, precisas notas científicas y dibujos detallados. Toda esta vasta información, extraordinaria por su envergadura, será recogida y publicada entre 1835 y 1847 con el titulo de Voyage dans l’Amérique Méridíonale, en nueve tomos y once volúmenes, es decir una obra de cinco mil páginas y quinientas ilustraciones, un verdadero monumento de la ciencia del siglo xix como bien lo señaló en su momento Charles Darwin.

3Alcide Dessalines d’Orbigny, nació el 6 de septiembre de 1802 en Couëron, cerca de Nantes. Su padre, un ilustre cirujano, sería el encargado de transmitirle la pasión por las ciencias naturales y muy probablemente también por los viajes, ya que él mismo había nacido a bordo de un barco que navegaba desde Francia hacia Santo Domingo. Desde muy joven, cuando vivía al borde del mar en la ciudad de La Rochelle, d’Orbigny comienza a interesarse en los moluscos y los cefalópodos microscópicos. Publica entonces sus primeros estudios, los cuales llaman la atención del Museo de Historia Natural de París, institución prestigiosa a la que ingresa en 1824. Al año siguiente presenta sus primeros resultados sobre los foraminíferos y a los 23 años, poco antes de embarcarse hacia América, crea una nueva disciplina: la micropaleontología. Será su impresionante y profundo conocimiento de las ciencias de la naturaleza y de la tierra y su gusto pronunciado por las excursiones y las experiencias científicas lo que le valdrá ser elegido por el Museo para realizar esa importante misión científica. Se sabe que d’Orbigny acepta de inmediato la propuesta de trasladarse al nuevo continente pero antes de partir pide algunos meses para consolidar sus estudios en las ciencias naturales y la geología, ampliar sus conocimientos en geografía, historia y etnología y sobre todo, para poder encontrarse con los viajeros más célebres del momento, en particular Humboldt, quién le dará importantes consejos y valiosas cartas de recomendación.

4Consciente de las acusaciones de impostura que se hacían a cierta literatura científica, d’Orbigny se pone como objetivo escribir un texto de gran rigor científico sustentado en una completa y rica colección de muestras. Este objetivo está anunciado desde las primeras páginas de su obra, las que serán, según advierte, “lectura para el hombre grave que busca distraerse de sus estudios y para el sabio, siempre ávido de aumentar el conjunto de sus conocimientos”. Para él se trataba de lograr un saber que sea transmisible según las normas de clasificación valoradas también por el filósofo de Las Luces Jean-Jacques Rousseau.

5Impulsado por una energía y una pasión inagotables y aunque no conocía de antemano los múltiples peligros que podían acechar en los todavía jóvenes estados sudamericanos, que atravesaban en esos momentos por diversos conflictos, en muchos de los cuales se vio varias veces envuelto, e ignorando los riesgos de la selva tropical, Alcide d’Orbigny, joven y apasionado como era no escatimó esfuerzos y logró reunir, en cerca de ocho años, una impresionante serie de ilustraciones, de mapas, de apuntes científicos y una extraordinaria colección, en la que están comprendidos ejemplares de geología, de mamíferos, de pájaros, de reptiles, de peces, de moluscos, de foraminíferos, de crustáceos, de insectos, así como de criptogamas y de palmeras que permitirán dar un verdadero salto a las ciencias naturales de la época. A esta contribución se suma la primera escala precisa de los tiempos geológicos y miles de especies de invertebrados fósiles que permiten retrazar la historia de la tierra.

6Todo ello lo confirma, por cierto, como un naturalista fuera de serie, que nos ha dejado una herencia científica excepcional. Mas aún, y como lo señaló en una carta dirigida al presidente de Bolivia, Andrés de Santa Cruz, con quien mantuvo una estrecha amistad, Alcide d’Orbigny quiso, yendo más allá de su pasión cognoscitiva, contribuir a la aplicación de los resultados de sus descubrimientos y ser útil al progreso del país andino. Sus numerosas observaciones y consejos, así como sus planes para el desarrollo de los caminos, de las vías fluviales, de la explotación racional de los ricos recursos minerales y vegetales (por ejemplo la quina), y su reiterada recomendación de no usar el fuego para el desbroce, muestran una preocupación ecologista antes de tiempo y una sorprendente capacidad de ingeniero (en el sentido más noble del término).

7Si bien su formación fue esencialmente en ciencias naturales, Alcide d’Orbigny mostró durante su aventura americana, una capacidad sorprendente para la etnología. Sus observaciones sobre las costumbres, los trajes, la música, las lenguas nativas –como la de los moxos, chiquitanos, patagones, yuracaés–, son de una rara riqueza y demuestran, siguiendo en este sentido a Michel de Montaigne, un gran respeto por el otro y una gran apertura de espíritu. Este rasgo profundamente humanista queda manifiesto en la actitud que asumió frente a las injusticias cometidas en suelo americano. Condenó severamente y sin reservas los abusos y el trato inhumano de los cuales eran víctimas los indígenas y no dudó en denunciar a los funcionarios, religiosos, militares y terratenientes culpables de esas viejas prácticas coloniales. Según una concepción positivista, d’Orbigny planteó una mejora de la condición humana a través de la valoración de las potencialidades económicas.

8De vuelta a Francia, Alcide d’Orbigny, naturalista excepcional, precursor de la etnología, ecólogo que antecedió a la disciplina, humanista determinado nos ofrece a través de las páginas de su Voyage dans l’Amérique Méridionale, un documento científico, cultural y humano de un inmenso valor que alcanzó una gran resonancia en Europa y América. Paradójicamente, su difusión ha sido desgraciadamente restringida, en particular en los países que visitó como estudioso.

9A pedido del presidente de Bolivia José Ballivián, se editó en 1845, en castellano, el primer y único volumen de una Descripción geográfica, histórica y estadística de Bolivia, libro importante pero que no representa más que una reducida parte de los conocimientos y hallazgos de d’Orbigny. Habría que esperar un siglo, para que en 1945 la Casa Editorial Futuro de Buenos Aires editase en cuatro tomos y mil seiscientas páginas, la parte histórica (el diario de viaje) del Voyage dans l’Amérique Méridionale, edición agotada desde hace mucho. En cuanto a la versión francesa, que nunca fue reeditada, ha llegado a convertirse en una costosa rareza, muy buscada por los bibliófilos.

10En el marco de la celebración del bicentenario del nacimiento de Alcide Dessalines d’Orbigny, la Embajada de Francia en Bolivia y el Instituto Francés de Estudios Andinos decidieron reeditar el diario de viaje en la traducción de Alfredo Cepeda, revisada a partir del original en francés por Edgardo Rivera Martínez y Anne-Marie Brougère.

11Para poder dar a conocer, al menos en parte, las magníficas y sabias ilustraciones de d’Orbigny, ofrecemos un centenar de ellas, la mayoría en colores.

12Para finalizar, debemos decir que esta edición no habría sido posible sin la valiosa colaboración de TotalFinaElf, del IRD, (Instituto de Investigación para el Desarrollo) y de Plural Editores, a los cuales quedamos infinitamente agradecidos.

Autor
Françoise Le Bihan

EMBAJADORA DE FRANCIA EN BOLIVIA

DIRECTOR DEL INSTITUTO FRANCÉS DE ESTUDIOS ANDINOS

Prólogo. Alcide Dessalines d’Orbigny (1802-1857). Del Nuevo Mundo al pasado del mundo

Philippe Taquet
Nota del autor

Note portant sur l’auteur1

1En este año 2002 celebramos el bicentenario del nacimiento de Alcide Victor Marie Dessalines d’Orbigny, gran naturalista, viajero y científico de talento, quien nació en Couéron, cerca de Nantes en 1802.

2Alcide d’Orbigny provenía de una familia de viajeros y de naturalistas. Su padre, Charles-Marie, médico en la Marina, le transmitió su entusiasmo por las ciencias naturales.

3La familia d’Orbigny se instaló en La Rochelle en 1820 en cuyo litoral Alcide se apasionó desde muy joven por el estudio de un grupo de animales microscópicos que él denominó “foraminíferos” y le dedicó su primer estudio científico, sentando de esta manera las bases de una nueva ciencia, la micro-paleontología. Esta ciencia tiene aún hoy en día, numerosas aplicaciones en geología estratigráfica y contribuye en la prospección petrolera o en grandes obras como la construcción del túnel bajo el Canal de la Mancha.

4De 1826 a 1833 d’Orbigny recorrió América meridional en calidad de naturalista viajero del Museo Nacional de Historia Natural. Exploró Brasil, Argentina, Uruguay, Chile, Bolivia y Perú. De esta misión trajo una cosecha científica impresionante: más de 10.000 especies de animales y de vegetales y numerosas publicaciones referentes a botánica, zoología, geografía, geología y etnografía. La descripción que dio en “el relato del viaje a la América meridional” es uno de los monumentos de la ciencia del siglo xix, tal como lo escribió su ilustre contemporáneo Charles Darwin. En su obra “El hombre americano”, el naturalista francés dirige su mirada de humanista sobre las sociedades con las que compartió la vida en el transcurso de sus viajes, declarando en 1839: “nuestra íntima convicción es que, entre los hombres, no hay más que una única y misma especie”. Hoy en día el nombre de D’Orbigny sigue siendo más conocido en los países de América del Sur que en su propio país.

5Al retornar a París, d’Orbigny da a conocer la descripción de todas las especies de invertebrados fósiles encontradas en las capas geológicas de Francia. Los ocho volúmenes publicados cuando aún estaba vivo y consagrados a la “Paleontología francesa” constituyen un notable compendio cuya re-edición crítica está en curso.

6Le debemos a d’Orbigny la primera escala de los tiempos geológicos y la definición de numerosos pisos geológicos de referencia como el Toarciano, El Caloviano, el Oxfordiano, el Kimmeridgiano, el Apciano, el Cenomaniano. Estos pisos siguen siendo utilizados por los geólogos del mundo entero en la escala cronoestratigráfica standard.

7La carrera de Alcide d’Orbigny se vio coronada con su nombramiento como profesor del Museo Nacional de Historia Natural de París, cuando la cátedra de paleontología fue creada para él en 1853. D’Orbigny ha legado a la posteridad inmensas colecciones y muchas obras científicas.

8Durante su estadía en Uruguay, Argentina, Chile, Perú y finalmente en Bolivia, donde permaneció cuatro años por invitación del Mariscal Andrés de Santa Cruz, Alcide d’Orbigny recibió de los habitantes de estos países una calurosa acogida. Con las autoridades bolivianas tejió una relación privilegiada y obtuvo un apoyo total del gobierno de esta joven república, tan es así que durante sus viajes y exploraciones estuvo acompañado por un oficial y tuvo la asistencia de jóvenes científicos bolivianos. Justamente durante la estadía de d’Orbigny, Francia fue el primer país no americano que estableció relaciones oficiales con Bolivia. En el momento de su partida, d’Orbigny fue declarado ciudadano de honor de Bolivia.

9Al volver a Francia, Alcide d’Orbigny dio a conocer con sus publicaciones, la riqueza y la diversidad de los paisajes, la flora y la fauna de América Meridional e hizo apreciar la generosidad y la calidad de su gente.

10Por todo esto, son muy numerosos los que, en este año que se celebra el nacimiento de Alcide d’Orbigny, rinden merecido homenaje al científico de renombre, al profundo humanista, al hombre cuya vida y obra contribuyeron notoriamente a acercar a los pueblos de América del Sur y de Europa.

Retrato de Alcide Victor Marie Dessalines d’Orbigny

Notas finales

1Profesor del Museo Nacional de Historia Natural, Miembro Correspondiente de la Academia de Ciencias.

Capítulo I. Primeros estudios y trabajos preparatorios del autor. Su misión. Partida de Francia. Arribo y estadía en Tenerife. Partida de Tenerife. Prosecución y fin de la travesía

1Sometidos al gran movimiento impreso a todos los espíritus durante el curso del siglo pasado y el primer cuarto del presente, los viajes, como todas las demás ramas de la literatura científica, tuvieron que asumir un carácter más imponente y serio que el que les era generalmente reconocido con anterioridad a esta época de regeneración y progreso.

2Los libros de viajes ya no están, como otrora, relegados al rincón más oscuro de las bibliotecas, entre las novelas y las obras de mera imaginación; y sin haber dejado de proporcionar una distracción agradable al hombre de mundo deseoso de deleitarse con sus goces, su lectura se ha convertido en una necesidad para el hombre grave que busca distraerse de sus estudios, así como para el sabio, siempre ávido de aumentar la suma de sus conocimientos; de donde resulta que los libros de viajes se incorporan realmente, hoy día, al dominio de las clases ilustradas, y constituyen, gracias a los inmensos progresos que hicieron últimamente, y aún hacen, la materia general y particular, el complemento indispensable de toda educación liberal.

3De ahí, dos disposiciones igualmente alentadoras para esta clase de trabajos: primero, el absoluto descrédito en el que ha caído, desde hace ya mucho tiempo, el injusto prejuicio que incluía, sin distinción ni crítica, en un mismo menosprecio, a las expediciones a tierras lejanas, imponiéndoles indistintamente el estigma de un viejo proverbio, cuyo texto trivial no es más que una sinrazón ridícula. En efecto, los viajeros se equivocan todavía, sin duda, o pueden equivocarse, puesto que son hombres...; pero los viajeros ya no mienten más... ¿Y cómo se atreverían a mentir ante un público en general tan desconfiado como ilustrado, dotado de un espíritu crítico siempre alerta, de una prensa siempre lista para revelar sus imposturas?

4Una segunda disposición, no menos favorable a los trabajos del escritor-viajero, es la simpatía que viene a acoger y fecundar a la vez el pensamiento que le preocupa y el sentimiento que le agita, una vez que la franqueza y lealtad de su comienzo le ganan la confianza del lector receloso y establece entre ambos esa dulce comunión de impresiones, primera y a menudo única recompensa del hombre de letras delicado y concienzudo; ¿pero a qué precio el dichoso escritor obtendría tal confianza, gaje infalible de los éxitos más halagadores que puedan coronar sus esfuerzos?

5El lector ya ha respondido al encontrar en estas reflexiones preliminares, no ya la apología gratuita sino la necesaria explicación de los detalles personales en los cuales a veces tendré que incurrir, en el curso de estos relatos. Justo y benévolo, no buscará la preocupación odiosa del egoísmo y la vanidad, sino que reconocerá el deseo natural y legítimo de identificarme, en cierto modo, con él, para hacerlo de manera más útil para sí mismo, el confidente más íntimo de todos mis sentimientos y todas mis ideas.

6Listo para lanzarme con él, aún joven en medio de los azares de una carrera inmensa, necesito decirle que al consentir en aceptarme por guía, se digna también acordarme su apoyo; y si en nuestra ruta llegara a unirse a mis observaciones e investigaciones el elogio tan fácil de los hombres distinguidos que, como amigos, como maestros o émulos, afirmaron mis primeros pasos, también espero que el lector reconocerá en la expresión siempre tan franca como profundamente sentida de mi admiración y mi gratitud por unos, en la reserva y moderación de mi crítica a los otros, y en mi respeto por todos, un derecho más a esa confianza, cuya falta haría estática e infecunda para siempre la explotación de los más ricos tesoros de la naturaleza y de los campos más fértiles de la inteligencia.

7Nacido con especiales disposiciones para las ciencias naturales, disposiciones que se manifiestan en mí desde mis primeros años, he debido al aliento de un padre honorablemente conocido en el mundo de los estudiosos, y a sus doctas enseñanzas, el desarrollo prematuro del irresistible instinto que me llevaba a su estudio.

8Como vivía por entonces en el litoral de nuestra Francia, me dedicaba sucesivamente, bajo la dirección de aquel sabio Mentor, a las producciones variadas que sin cesar tenía ante mi vista, lo que no tardó en darme nociones bastante extensas sobre numerosas ramas de la zoología y la geología; y sin duda alguna es a estos estudios primarios, perfeccionados luego en París, que debo el éxito de mi largo viaje, para el cual ya me preparaba a mis propias expensas el gusto acentuado por las excursiones científicas.

9Sin dejar de instruirme en las generalidades de las distintas ramas de la historia natural, sentí pronto que necesitaba vincularme a una especialidad, a fin de profundizarla todo lo posible.

10Tuve que detenerme en los moluscos radiados, entonces muy poco conocidos y que estaba en mejores condiciones de estudiar. Me ocuparon con ardor. Mis primeros ensayos fueron alentados por mi padre y por el Sr. Fleuriau de Bellevue, de la Rochela, las dos únicas personas que entonces se dedicaran seriamente a las ciencias naturales en la ciudad de Réaumur; y es incluso a la complacencia del Sr. Fleuriau, tan gentil como instruido, que debo los medios necesarios para estudiar las miríadas de pequeños seres que encontraba a cada paso en la arena de nuestras costas; y tras seis años de trabajo había preparado, acerca de los cefalópodos microscópicos, una publicación general, de la cual mi pronta partida no me permitió dar a conocer más que el pródromo.

11El señor De Férusac me hizo venir a París, a principios de 1824. La idea quizá demasiado favorable que se había formado de mí le indujo a ofrecerme una participación en los diversos trabajos que emprendía. Yo contaba con numerosas observaciones y dibujos hechos del natural, de muchos animales de Francia, una parte de los cuales debía ser incluida en las publicaciones proyectadas. Recibido con bondad por los estudiosos de nuestra capital, pude satisfacer mis gustos predilectos en forma más especial y estudiar, bajo su dirección, una ciencia que se me hacía cada vez más querida.

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