Usos e imágenes del centro histórico de la ciudad de México

De

Adaptación de una tesis de doctorado. El autor define el centro histórico, delimita su espacio y describe su esencia como individuo geográfico. Da cuenta de su desarrollo como espacio central, en el que se reúnen los testimonios arquitectónicos de seis siglos de historia colonial.


Publicado el : miércoles, 04 de junio de 2014
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EAN13 : 9782821846159
Número de páginas: 372
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Usos e imágenes del centro histórico de la ciudad de México

Jérôme Monnet
Traductor: Pastora Rodríguez Aviñoá
  • Editor: Centro de estudios mexicanos y centroamericanos, Departamento del Distrito Federal
  • Año de edición: 1995
  • Publicación en OpenEdition Books: 4 junio 2014
  • Colección: Hors collection
  • ISBN electrónico: 9782821846159

OpenEdition Books

http://books.openedition.org

Edición impresa
  • ISBN: 9789686029345
  • Número de páginas: 372
 
Referencia electrónica

MONNET, Jérôme. Usos e imágenes del centro histórico de la ciudad de México. Nueva edición [en línea]. Mexico: Centro de estudios mexicanos y centroamericanos, 1995 (generado el 17 junio 2014). Disponible en Internet: <http://books.openedition.org/cemca/2880>. ISBN: 9782821846159.

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© Centro de estudios mexicanos y centroamericanos, 1995

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Adaptación de una tesis de doctorado. El autor define el centro histórico, delimita su espacio y describe su esencia como individuo geográfico. Da cuenta de su desarrollo como espacio central, en el que se reúnen los testimonios arquitectónicos de seis siglos de historia colonial.

Índice
  1. Advertencia y agradecimientos

  2. Introducción general. “El espacio es una sociedad de lugares”

    1. ¿Ciudad antigua, Primer Cuadro o Centro “Histórico”?
    2. Una visita al Centro Histórico
    3. El Centro Histórico o “la carta robada”
    4. Amo la ciudad y los signos. Ese doble amor probablemente no sea más que uno (Barthes 1970b: 11)
    5. Espacios, símbolos y poderes
  3. Primera parte. Usos y funciones del Centro Histórico

    1. Introducción

      1. Introducción: la imposible soledad del centro urbano
    2. Capítulo 1. La ciudad de México y el medio del centro

      1. La ciudad de México y su entorno: una “relación medial” conflictiva
      2. La administración de la capital
      3. La situación demográfica de la aglomeración de la ciudad de México
      4. Los habitantes del centro de la ciudad
    3. Capítulo 2. Las actividades del centro urbano

      1. Características generales de las actividades del centro
      2. La omnipresencia discreta de la industria en el centro
      3. Los servidos: el peso del barrio de negocios de Reforma
      4. El comercio, reino del Centro Histórico
      5. El mapa de los restaurantes: el menú de los centros
    4. Capítulo 3. Funciones y funcionamiento del Centro Histórico

      1. El papel de los centros en la ciudad y el país
      2. Las 101 especialidades del Centro Histórico
      3. Las estructuras espaciales de las actividades en el centro
    1. Conclusión de la primera parte

      1. Del uso a la imagen, de la imagen al uso
  1. Segunda parte. Vistazos de imágenes. Las representaciones del centro

    1. Introducción

      1. Introducción: el análisis del discurso de la ciudad
    2. Capítulo 4. La imagen del Centro Histórico de la ciudad de México en la prensa

      1. La identificación del Centro Histórico en la ciudad
      2. El Centro Histórico de los periódicos: barrios y límites
    3. Capítulo 5. Fuentes y meandros del discurso dominante

      1. El análisis de las representaciones del Centro Histórico
      2. Nostalgia de la Edad de Oro y recuerdo de la utopía
    4. Capítulo 6. Higienismo y funcionalismo al servicio del progreso

      1. Problemas y soluciones: nacimiento simultáneo
      2. Del triunfo del progreso a su fracaso
      3. Metonimias y alegorías del discurso actual
    5. Capítulo 7. Los intereses de la monumentalización del Centro Histórico

      1. La invención del patrimonio y la creación del poder central
      2. Protección y sacralización del Centro Histórico
    1. Capítulo 8. El Centro, el mito y lo sagrado

      1. La gesta de los lugares. Semiología del espacio central
      2. Espejos tatuados de símbolos. Los museos del centro
      3. Centro/periferia. El creador coronado por su creatura
    2. Capítulo 9. Centro del poder y poder del centro

      1. Amo de los lugares, amo del juego
      2. Todos para uno, uno para todos
      3. De la multiplicación a la desaparición del centro
  1. Conclusión general. La sociedad de los lugares comunes

  2. Referencias bibliográficas

Advertencia y agradecimientos

1Este trabajo es la adaptación de una tesis de doctorado de la Universidad de París-IV Sorbona en Geografía, defendida en francés el 22 de enero de 1992 con el título La société des lieux communs: usages et images du Centre Historique de Mexico, ante a un tribunal integrado por Claude Bataillon (cnrs), Agustin Berque (ehess), Paul Claval (Universidad de París-IV), Serge Gruzinski (cnrs) y Jean-Robert Pitte (Universidad de París-IV). De cada uno de ellos recibí el favor de valiosos comentarios tanto de índole profesional como científica, en particular del profesor Paul Claval, quien tuvo a bien dirigir mi tesis, a la cual dio el imponente marco de su experiencia. Debo citar también, por su ayuda y sus consejos, a Joël Bonnemaison y Jean-Yves Marchal (orstom), Alain Musset, Thomas Calvo y Jean-Pierre Raison (Universidad de París-X) y Jean-François Prud'homme (Ilet-México).

2Realicé mi trabajo de investigación en condiciones excepcionales, pues fui acogido durante tres años y medio como investigador de tiempo completo en el Centro de Estudios Mexicanos y Centroamericanos (cemca) de la embajada de Francia en México. En el cemca conté con el apoyo de varios compañeros de trabajo para la elaboración de mis planos y mapas, la revisión de mis traducciones y mis investigaciones bibliográficas. El director, Jean Meyer, alentó todas mis iniciativas y me permitió aprovechar tanto su experiencia científica del México contemporáneo como los valiosos contactos que ahí tiene.

3De no ser por el interés demostrado por numerosos colegas mexicanos y por el apoyo de diversas instituciones nacionales, me habría perdido de muchas cosas. Así pues, el equipo de Alejandra Moreno Toscano, directora del Instituto Sedue (de la Secretaría de Desarrollo Urbano y Ecología), me acogió y guió durante cinco meses en 1988. El comité mexicano de Icomos (Consejo Internacional de Monumentos y Sitios) y quien era entonces su presidente, Alberto González Pozo, me dieron acceso al mundo de los especialistas en el patrimonio histórico y artístico.

4Los datos aportados por la dirección regional del Distrito Federal del inegi tuvieron una importancia fundamental para mi trabajo. En particular Antonio Puig Escudero (entonces director regional), Agustín Millán (responsable de difusión), Luis Vences (director de censos), Manuel Castro y sobre todo Gerardo González Ramírez (director de geografía) movilizaron sus servicios y su energía en mi favor.

5No puedo, desafortunadamente, mencionar a todos aquellos a quienes debo algo. Mis padres, mis hermanos, mis amigos de siempre, mis profesores de antaño y de hoy, que no me han escatimado su apoyo material y emocional, desempeñaron un papel invaluable. Por ejemplo, hubo que meter a la computadora miles de datos estadísticos, cosa que sin Véronique Darras y Emmanuel Monnet habría consumido todo mi tiempo y mi energía. Todos los mapas fueron concebidos por mí, pero para dibujarlos conté con la ayuda de Annie Bauer, Françoise Bagot, Véronique Darras, Frédéric Dufaux, Louis Marrou, Benoít Monnet y Tatjana Rades.

6Soy responsable de todos los defectos de este trabajo, y doy las gracias a todos cuantos padecieron para reducirlos al mínimo, en particular Véronique Darras, Paul Claval, Monique y Alain Monnet.

Introducción general. “El espacio es una sociedad de lugares”*

¿Ciudad antigua, Primer Cuadro o Centro “Histórico”?

1El “Centro Histórico de la Ciudad de México” es un nombre propio, el de la “zona de monumentos históricos” definida y protegida por un decreto presidencial de 1980. En este estudio decidí, pues, designarlo siempre con sus iniciales. Lo que en un principio no era sino un término de especialistas del patrimonio se ha convertido, a lo largo de los años transcurridos a partir de la publicación del decreto, en el nombre propio del barrio. Los servicios municipales lo han señalado así en los sistemas viales y en los documentos del urbanismo. Desde entonces, los periodistas, los comerciantes o sus clientes han empezado a decir “el Centro Histórico” y no ya simplemente “el centro”.

2Las denominaciones anteriores se referían a distintas definiciones de ese espacio. “Casco antiguo” recuerda la edad del marco urbano, “primer cuadro” significaba a la vez la anterioridad de dicho espacio y su estructura cuadrangular, mientras que la expresión más frecuente y sencilla, “el centro”, aludía a la unidad espacial que desempeñaba tal función. El advenimiento del nombre de “Centro Histórico” es a la vez un condensado de todas estas percepciones (la antigüedad, la anterioridad y la centralidad), pero también evidencia un cambio. Existirán en adelante un centro “histórico” y otro centro, el “moderno”, que noctámbulos y turistas llaman Zona Rosa y los hombres de negocios y oficinistas conocen como Reforma (por el nombre de la avenida que lo vertebra). El rumbo ele Reforma-Zona Rosa es el que los urbanistas designan “centro de negocios” o CBD (Central Business District) de la ciudad de México.

3La elección del Centro Histórico se debe a varias razones precisas. Es un campo y un terreno de investigación fácilmente definibles, pues tiene una existencia oficial, como un nombre, límites, estructuras y medidas administrativas específicas. Concentra una abundante documentación, lo que resultaba decisivo para un proyecto de investigación que echaba mano tanto de las representaciones y los discursos como de los trabajos de campo y los datos estadísticos. Trabajar no sólo con información estadística sino también dar cuenta de significaciones implicaba un conocimiento íntimo del espacio elegido y de las representaciones de que ha sido investido por la literatura, los discursos, la prensa, las prácticas, etcétera. La riqueza de las fuentes se debe a que el barrio, que en 1980 se convirtió oficialmente en el Centro Histórico de una ciudad cien veces más extensa y más poblada que él, constituía hace cerca de un siglo el conjunto de la aglomeración urbana.

4Es, pues, necesario tener presente que este espacio de unos diez kilómetros cuadrados contuvo los desarrollos sucesivos de la metrópoli azteca precolombina, de la capital colonial y de los dos primeros siglos de la República. El Centro Histórico reúne los testimonios arquitectónicos de seis siglos (del xv al xx) de historia de la ciudad entera. Desde 1521 (fundación colonial de la ciudad por Hernán Cortés), las prácticas, los discursos y las acciones sobre el centro sólo se refieren al actual Centro Histórico, que se mantuvo como único espacio central de la ciudad hasta la formación del barrio de los negocios de Reforma en los años sesenta. Hoy en día encarna aún la única centralidad de referencia a nivel simbólico y político: en los ochenta, es en el Centro Histórico donde el gobierno elige construir un monumental y ultramoderno Palacio Legislativo, y luego abrir un nuevo gran museo.

5El Centro Histórico es evidente. Para que tal situación no nos cegara, había que ir más allá de las evidencias que justifican el interés por este espacio particular. Es por ello por lo que nuestro trabajo consistirá en buena medida en definir el Centro Histórico, es decir, no sólo delimitarlo en el espacio, sino también y sobre todo describirlo en su esencia como un individuo geográfico bien identificable, un lugar no igual a ninguno. Por esta razón rebasaremos los límites oficiales del Centro Histórico y veremos en qué medida éstos coinciden con las divisiones funcionales y las fronteras de lo imaginario.

Una visita al Centro Histórico

6La ciudad de México se extiende en el fondo de una vasta hondonada a gran altura sobre el nivel del mar, dominada por imponentes volcanes. La ciudad, que tiene alrededor del doble de habitantes que la aglomeración parisina, cubre una superficie cuatro veces más extensa. En efecto, las construcciones son por lo general bastante bajas (de dos a cuatro pisos) y las vías públicas son muy anchas. La extensión de la estructura cuadriculada de la ciudad de México la hace ser una urbe típicamente americana. Veremos que incluso puede considerársele el prototipo de todas las ciudades del Nuevo Mundo. En este espacio urbano muy disperso y en su mayor parte construido en el siglo xx, el Centro Histórico se distingue por una fuerte densidad de construcciones antiguas (foto 1), que se remontan incluso al siglo xvi. En los aledaños está la única concentración de edificios elevados, alrededor del Paseo de la Reforma que abre una magnífica perspectiva en medio del cristal, el acero y el concreto característicos de las construcciones del barrio de negocios moderno.

7En el Centro Histórico hay unos 4 200 edificios, más de una tercera parte de los cuales están catalogados como monumentos históricos, o sea anteriores a 1900 (Excélsior, 10-VIII-89). Las construcciones más antiguas del barrio son las iglesias y los conventos. Estos últimos ocupaban espacios muy grandes antes de la nacionalización de los bienes religiosos por Benito Juárez en la década de 1860. La Reforma fraccionó esas inmensas propiedades. Los grandes conventos cuyos altos muros se yerguen aún hoy en día en pleno corazón del Centro Histórico de Quito pueden darnos una idea de la situación en México durante la Colonia.

Foto 1. Barrios antignos y nuevos al sur del centro

8Los campanarios y cúpulas de las iglesias son un elemento permanente del paisaje del Centro Histórico; raras son las calles donde no aparezca, en medio de una fachada monumental, un pórtico de riqueza barroca. A estos edificios eclesiásticos se suman palacios con elementos característicos: en el exterior, puertas y ventanas están realzadas por marcos esculpidos, los ángulos tienen nichos que albergan estatuas de santos y están rematados por torres ornamentales (foto 2); en el interior arrancan de los patios principales escaleras monumentales y corredores cubiertos.

Foto 2. El Santo a la vuelta de la esquina

9Esta fuerte presencia de la arquitectura colonial está asociada con un color y una textura muy particulares, los del tezontle, roca volcánica de un púrpura sanguinolento y tacto poroso. Si guardáramos en la memoria un solo color del Centro Histórico, y por más que el cemento domine ya ampliamente, sin duda que ese rojo se impondría sin competencia. El contraste mayor de los colores opone así el tezontle de las paredes al gris calcáreo de las esculturas, de los dinteles y de los adornos.

10Ese contraste colonial persiste en cierta medida en la Foto 2. El Santo a la vuelta de la esquina arquitectura comercial e institucional del Centro Histórico en el siglo xix. En la ciudad de México, el neoclasicismo abrió la puerta a un estilo afrancesado adoptado por las grandes empresas durante la dictadura positivista de Porfirio Díaz (1870-1910). A todo esto se suman algunas hermosas muestras de artnouveau (el vestíbulo del Gran Hotel) y del Movimiento Moderno, pero también obras funcionalistas orgullosas de serlo y numerosos inmuebles contemporáneos sin estilo definido. En los últimos años, la moda posmoderna ha permitido jugar con la integración de construcciones nuevas a lo antiguo. En su conjunto, el Centro Histórico muestra un perfil más bien bajo, pues la mayoría de los edificios no superan los cuatro o cinco pisos. La heterogeneidad es la regla (foto 3), para gran consternación de los defensores de la pureza histórica del lugar, cuya lógica desemboca en la política del fachadismo (foto 4).

11Pero la morfología y el aspecto de la calle no sólo son cuestión de tipología de las arquitecturas, sino también un problema de uso de los edificios. Hay monumentos antiguos que han sido restaurados con el fin de albergar una institución (museo, secretaría de Estado), un banco o un restaurante. Otros corren la suerte más común, que es servir para comercios en la planta baja y para casas habitación, bodegas u oficinas en los pisos superiores. En cuanto a los edificios vacíos y los lotes baldíos que los reemplazan una vez consumada la demolición, sirven de estacionamientos más o menos improvisados.

Foto .3. El contraste de las edificacionies

12El marco físico, de día, sólo es visible a través de la multitud: oficinistas, mandaderos, vendedores ambulantes y policías. Hay que imaginar niños gritones, colegiales de uniforme, hombres de negocios víctimas del stress, amas ele casa apresuradas, paseantes que ven los escaparates a quienes los taxistas insultan cuando atraviesan la calle. Añadamos a la impresión general que da el Centro Histórico de la ciudad de Méxice cierta sensación de densielael debida a las calles llenas de gente y relativamente angostas (foto 5). Aelemás, no hay muchas plazas públicas en el barrio, y por lo general son ele tamaño reducido, salvo una sola, que es gigantesca.

13Se trata de la plaza principal, foco geométrico del Centro Histórico y de la ciudad entera. Oficialmente se llama Plaza de la Cemstitución, pero todo mundo, incluyendo a los responsables de la señalización vial, le llama el Zócalo. La plaza recibe tal nombre por el pedestal o zócalo, ahora desaparecido, de un monumento que jamás se construyó. Ese cuadrilátero de 250 metros de lado es el único espacio, con el parque de la Alameda al oeste, que abre un poco la red apretada de los edificios, de las hordas de peatones y de una pesada circulación de automóviles que hacen del Centro Histórico un gigantes-co embotellamiento en las horas hábiles.

14Fuera de los periodos de trabajo de las tiendas (9 o 10 a 17 o 18 horas) y salvo alrededor de los mercados de comestibles, el viejo centro es muy tranquilo y poco frecuentado. Aquí no hay necesidad de reservar mesa en un restaurante para cenar, ni de buscar un lugar para estacionarse cerca de algún centro nocturno (que no hay muchos, salvo en los alrededores de la plaza de Garibaldi), lo cual contrasta fuertemente con la animación nocturna de la Zona Rosa.

15No quedaría completa la evocación de las actividades y los flujos cetidianos en el Centro Histórico sin citar la omnipresencia del comercio ambulante. Hay un relativo orden entre los macetemes de flores de las zonas peateonales, pero los puestos se hacen más densos en las aceras de las calles de mayor movimiento. En algunas calles más pequeñas, convertidas de facto en vías peatonales, el comercio ambulante es usuario exclusivo del espacio.

El Centro Histórico o “la carta robada”

16Comparar la famosa “carta robada” de Edgar A. Poe con el Centro Histórico de la ciudad de México sorprenderá a más de alguno. Pero al igual que la carta escondida muy a la vista, el Centro Histórico salta a la vista y a la vez se mantiene oculto en muchos aspectos. Tal paradoja lo hace ser uno de los más famosos desconocidos, una celebridad de las más oscuras. Semejante aventura se debe a que el Centro Histórico es, si no el sitio más visible, sí uno de los más visibles de México. En el extranjero quizás se oiga hablar más de las pirámides de Teotihuacán o de las ciudades perdidas de los mayas, pero en el país el Centro Histórico es sin lugar a dudas uno de los grandes lugares privilegiados. Esa extrema “visibilidad” no impide que sea muy mal conocido, incluso por los profesionales del urbanismo y de la administración de la ciudad, que no saben bien qué sucede ahí, quién lo habita, en qué condiciones se trabaja. La Secretaría de Desarrollo Urbano y Ecología y el Departamento del Distrito Federal han mostrado en múltiples ocasiones la ignorancia generalizada acerca de los viejos barrios de la capital. Para citar sólo un ejemplo de tal ignorancia, basta hojear el Programa General de Desarrollo Urbano del Distrito Federal establecido por el ddf para 1987-88. Con una página de diferencia, se asegura que la población del Centro Histórico de la ciudad es de 369 545 habitantes (una densidad de 406.1 por hectárea), y luego que es de 155 535 personas (una densidad de 165). La población diurna, calculada en 600 000 individuos, se obtiene por simple suma de los supuestos 370 000 habitantes más las 230 000 personas que acuden a trabajar, a ofrecer o recibir servicios (ddf 1987:33-34). Pero se omite indicar qué parte de los 370 000 habitantes quizás salgan a trabajar en otros rumbos. Además, la frecuentación del Centro Histórico es mucho más elevada, pues los clientes y los usuarios de servicios administrativos del centro se cuentan más probablemente por millones, como podremos ver más adelante.

Foto 4. El arte de salvaguardar apariencias

Foto 5. Perspectivas del Centro Histórico

17Luego el programa prevé un aumento continuo de la población del centro (ídem:79), pues se le aplicó la tasa de crecimiento nacional, siendo que todos los censos oficiales muestran que la población de los barrios céntricos ha venido disminuyendo desde 1950. De ahí la metáfora de la carta robada, que hace que se vea menos bien lo que se tiene ante los ojos. Tal estado de cosas es una buena razón, mas no la única, para querer saber más sobre el Centro Histórico de la ciudad de México.

18Ante un espacio de este tipo, lo ideal sería que el estudio no lo disminuyese en nada, que la explicación no lo redujese. Habría que dar cuenta de toda la riqueza de las experiencias que ofrece, de las sensaciones que procura, además de los servicios que da, los bienes que distribuye, la gente que alberga. Conservar al Centro Histórico su parte de sueño es una empresa digna de un artista como el pintor Phil Kelly o el novelista Carlos Fuentes. Dice Georges Perec (1974:86) que es necesario “o bien renunciar a hablar de la ciudad, a hablar sobre la ciudad, o bien obligarse a hablar de ella en la forma más sencilla del mundo, a hablar en forma evidente y familiar”.

19Es muy fácil experimentar cómo las ciudades apelan a todos los sentidos dándose a ver, a oler, a oír y a tocar, pero esto no deja de ser difícil de describir (Rapoport 1984:54). Sería ya satisfactorio lograr sugerir el Centro Histórico en su totalidad, lograr presentarlo a la vez como objeto físicamente definido, cuantificable y cartografiable, y como realidad intelectual, sensible y significante.

20Desde tal perspectiva, la primera parte del estudio se dedica a describir el Centro Histórico a golpe de magnitudes medibles, y la segunda se concentra en la exposición de los valores y sentimientos que suscita. El propósito de la tercera parte es mostrar que la cosa y la idea forman un todo indisociable en el espacio. Pero el vaivén entre una y otra es necesario desde el primer capítulo, que busca captar la “relación medial” de la sociedad con su medio, y su “medianza”, o sea el sentido de tal medio (Berque 1990a:32-48).

21Y es que nuestro mundo no es sino imagen. Por esto hay que entender que nuestra relación en el mundo no es nunca inmediata, sino siempre condicionada y estructurada por canales y filtros que la mediatizan. Nuestra percepción del mundo sensible y del espacio a nuestro alrededor no es el producto bruto de las informaciones recibidas por medio de nuestros sentidos; nuestro cerebro clasifica y estructura esas informaciones, las organiza en representaciones significantes. Esta transformación de las informaciones sensitivas produce lo que llamaremos aquí la imagen, o sea la construcción mental resultante de la percepción (sensible) de un espacio y de la calificación (intelectual) de esa percepción (Brunet 1974b:191, Claval 1974b:184).

Amo la ciudad y los signos. Ese doble amor probablemente no sea más que uno (Barthes 1970b: 11)

22Imagen, percepción, representación. Tales conceptos son familiares a una rama de la geografía ilustrada desde hace mucho tiempo por Kevin Lynch y Antoine Bailly, entre otros autores. Pero no estudiaremos “la imagen de la ciudad” como el primero, cuyo análisis se limita voluntariamente “a los efectos de los objetos físicamente perceptibles”. A diferencia de Kevin Lynch, nosotros intentaremos tener en cuenta esos “factores de la imagibilidad como la significación social de un barrio, sus funciones, su historia e incluso su nombre” (en Choay 1965:391). A través de las imágenes de los lugares, se pueden descubrir estructuras que organizan y jerarquizan las sociedades y los espacios.

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