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Una historia de la religión de los antiguos mayas

Claude-François Baudez
  • Editor: Centro de estudios mexicanos y centroamericanos, Universidad nacional autónoma de México (UNAM) Centre culturel et de coopération pour lʹAmérique centrale (CCCAC)
  • Año de edición: 2004
  • Publicación en OpenEdition Books: 24 abril 2013
  • Colección: Arqueología
  • ISBN electrónico: 9782821827721

OpenEdition Books

http://books.openedition.org

Edición impresa
  • ISBN: 9789703215751
  • Número de páginas: 427
 
Referencia electrónica

BAUDEZ, Claude-François. Una historia de la religión de los antiguos mayas. Nueva edición [en línea]. Mexico: Centro de estudios mexicanos y centroamericanos, 2004 (generado el 11 septiembre 2014). Disponible en Internet: <http://books.openedition.org/cemca/948>. ISBN: 9782821827721.

Este documento fue generado automáticamente el 11 septiembre 2014. Está derivado de une digitalización por un reconocimiento óptico de caracteres.

© Centro de estudios mexicanos y centroamericanos, 2004

Condiciones de uso:
http://www.openedition.org/6540

Estudio cuyo objetivo es abordar la religión de los antiguos mayas desde una perspectiva histórica en su proceso evolutivo, el cual abarca los periodos clásico y posclásico y abordar hasta qué punto la religión maya se vio simultáneamente afectada por el declive de la civilización clásica y por la infiltración de rasgos culturales del Altiplano mexicano.

Índice
  1. Prólogo

  2. Introducción

    1. LA CIVILIZACIÓN MAYA Y MESOAMÉRICA
    2. LOS GRANDES RASGOS DE LA HISTORIA DE LA CIVILIZACIÓN MAYA
    3. LÍMITES GEOGRÁFICOS DE ESTE TRABAJO
    4. FUENTES Y MÉTODOS DE ANÁLISIS
    5. PANORAMA CRÍTICO DE LOS ESTUDIOS ACERCA DE LA RELIGIÓN MAYA
  3. Capítulo I

    1. LA RELIGIÓN CLÁSICA (250-950 DC)
    2. LAS CREENCIAS Y LOS RITOS
    3. CONCLUSIÓN
  4. Capítulo II. Chichén Itzá: la transición

    1. POLÍTICA Y SOCIEDAD
    2. LOS RITOS
    3. REPRESENTACIONES Y CREENCIAS
  5. Capítulo III. Los últimos siglos antes de la Conquista (1250-1525)

    1. LAS REPRESENTACIONES
    2. EL CULTO
    3. CONCLUSIÓN
  6. Conclusiones

  7. Bibliografía

  8. Glosario

Prólogo

1Hace más de un siglo que los mayas prehispánicos han sido objeto de estudios científicos. Arqueólogos, antropólogos, historiadores del arte, lingüistas y otros investigadores muestran un sostenido interés por los sitios arqueológicos, los objetos, las imágenes, los textos que nos legó esa sorprendente civilización, a la cual dedican regularmente congresos, seminarios y coloquios. Un número mayor de visitantes asiste a las cada vez más frecuentes exposiciones. La bibliografía mayista se ha tornado considerable: a las monografías de las excavaciones arqueológicas se suman las decenas de artículos publicados cada año en las revistas especializadas; edición tras edición engordan los manuales; crecen en las mesas de centro las pilas de libros de colección.

2Esta actividad febril resulta especialmente perceptible en Estados Unidos y en los países donde se desarrolló la civilización maya. Empero, también Europa, y actualmente Asia, ocupan un sitio importante en la investigación sobre los mayas, aunque dispongan de menor número de investigadores y pocos recursos.

3Desafortunadamente los no especialistas disponen de un acceso muy reducido acerca del saber científico que se ha ido acumulando en este siglo. En el mejor de los casos tratan de los mayas en general y en el peor, se consagran a las civilizaciones o las artes de la América precolombina. Este ostracismo –involuntario, pero que atestigua una cierta pereza intelectual frente a lo desconocido– ya no es actual. La historia de las religiones en particular, no puede ignorar por largo tiempo las religiones del Nuevo Mundo, sobre todo aquellas bien documentadas de Mesoamérica.

4Entre todas las religiones americanas, la azteca es la más ampliamente conocida por el público, gracias a los testimonios de los conquistadores y los misioneros españoles del siglo xvi. No obstante, en el momento de la conquista europea, la civilización azteca apenas contaba con algo más de un siglo de existencia, mientras que la civilización maya tenía ya más de 12 siglos de antigüedad. Por ende, los primeros relatos realizados por los europeos sobre los mayas abarcan tan sólo el final de un largo recorrido bastante agitado. Los mayistas hallaron tal vez inspiración en el ejemplo azteca al adoptar la costumbre de utilizar testimonios del siglo xvi para explicar o entender los datos –a menudo mucho más antiguos– que les proporcionaba la arqueología. Semejante amalgama, justificable hace 50 años, resulta hoy imperdonable, ante los espectaculares adelantos de la arqueología y otras disciplinas afines.

5Este libro nace del rechazo a postular la continuidad y la homogeneidad de la civilización y de la religión de los antiguos mayas de las tierras bajas y, por lo tanto, a utilizar conjuntamente datos que corresponden a periodos y lugares diferentes. No basta con que existan pruebas de ciertas creencias o ciertas prácticas en el momento de la conquista para garantizar que estaban vigentes durante el periodo Clásico.

6Tengo la convicción de que si no se intenta poner en evidencia el cambio, se pierde toda posibilidad de detectarlo. Pienso que la religión clásica debe ser descrita recurriendo a la arqueología correspondiente al mismo periodo, sin echar mano ni de los códices ni del Popol Vuh. Sólo para los últimos siglos inmediatamente anteriores a la conquista podemos utilizar documentos posteriores a ésta; estamos entonces ante un auténtico proceso de restitución de un pasado prehispánico –cercano, es verdad– a partir de datos posthispánicos.

7Este trabajo tiene por objetivo abordar la religión de los antiguos mayas desde una perspectiva histórica, y detectar los cambios para poder reconstituir su evolución. Es probable que en los periodos Clásico y Posclásico las creencias no fueran las mismas, así sea por el simple hecho de que el culto era diferente.

8Me hubiera gustado presentar la religión de los mayas desde los albores de su civilización (que se ubican hoy en el Preclásico medio) hasta la conquista española en 1525. Por desgracia, la naturaleza dispar de la información de la que dispongo me impide dedicar un capítulo a cada periodo histórico. Dado que los sitios fueron abandonados, en la mayor parte de los casos, entre 800 y 900 dC en la zona central y alrededor de 150 años más tarde en la zona norte, los sitios arqueológicos descubiertos datan casi siempre del periodo Clásico (tardío y terminal), recubriendo las construcciones anteriores. Por lo tanto, la información acerca del Preclásico y el Clásico temprano proviene o bien de sitios de escasa o nula ocupación después del siglo vii (como Cerros o Río Azul) o bien de sitios que han sido objeto de excavaciones intensivas, como Tikal o Uaxactún.

9El análisis aquí presentado concede singular importancia a los periodos más conocidos, es decir, el Clásico y el Posclásico, subrayando el contraste entre sus respectivas religiones. Por una parte, trataré, siempre que sea posible, de establecer una distinción entre los datos correspondientes al Clásico temprano y al Clásico tardío; indicaré además los antecedentes preclásicos de hechos religiosos clásicos. Por otra parte, no por poco conocido el Pos– clásico temprano deja de ser un periodo importante de transición, que como tal será abordado por separado. El Posclásico tardío se halla mejor documentado, gracias a los esfuerzos conjuntos de la arqueología y la etnohistoria.

10Daré por concluido este estudio al llegar a la conquista española, dejando a otros más competentes que yo la tarea de describir y analizar la religión maya durante los periodos Colonial, posterior a la Independencia y moderno. La irrupción del cristianismo y de la civilización occidental alteró profundamente las religiones indígenas de Centroamérica. Corresponde a los etno-historiadores y a los etnólogos ocuparse del último y doloroso capítulo de esta larga historia.

Introducción

LA CIVILIZACIÓN MAYA Y MESOAMÉRICA

1Para el historiador de las religiones, el continente americano presenta el interés primordial de haber permanecido aislado del Viejo Mundo desde los orígenes de su población, que oscila entre los 12 000 y 40 000 años.1 Por ende, aparece como un segundo ámbito de experiencias humanas, en el que el estudio de las civilizaciones indígenas puede revelar formas originales de creencias o de ritos. Entre todas las civilizaciones que se desarrollaron en América antes del contacto con los europeos, la civilización maya es una de las más adelantadas y complejas; especialmente brillante desde los puntos de vista intelectual y artístico, es la única que llegó a crear y dominar una verdadera escritura.

2Esta civilización no puede ser cabalmente entendida fuera de su contexto, Mesoamérica, gran área cultural que se extiende desde el centro de México hasta Costa Rica (figura 1). A partir del año 2000 aC, las poblaciones mesoamericanas son sedentarias, lo cual representa una condición esencial para la aparición de sociedades lo suficientemente complejas como para ser llamadas «civilizaciones». Pese a grandes divergencias entre ellas, todas comparten rasgos comunes que confieren unidad al área en cuestión, tanto en el ámbito económico como en las esferas intelectual o artística. Así, en las religiones mesoamericanas en su conjunto, las ceremonias, el culto, la adivinación, dependen estrechamente del calendario, que combina un ciclo solar aproximado de 365 días y un ciclo ceremonial de 260 días; los lugares de culto se hallan a menudo instalados sobre basamentos piramidales escalonados; se sacrifican seres humanos y el autosacrificio ocupa un sitio excepcional, nunca igualado en otras áreas geográficas; las ofrendas de incienso o copal desempeñan un papel primordial; el juego de pelota constituye, antes que un deporte o una práctica lúdica, un rito.

3El área maya ocupa gran parte del este de Mesoamérica y se define tanto por la distribución de las lenguas de esa familia en el momento de la conquista española, en 1525, como por las construcciones que dejó esa civilización. Este territorio de 342 000 km2 abarca el conjunto de la península de Yucatán, Guatemala, Belice, así como el oeste de la República de El Salvador y de Honduras (figura 2). En la actualidad existen dos millones y medio de hablantes de alguna de las 28 lenguas mayences. La distinción entre los subgrupos de esta familia lingüística (entre los que destacan el huasteco, yucateco y maya meridional) se llevó a cabo durante el Preclásico, entre 2000 aC y 100 dC. Las lenguas de la familia mixe-zoque (una de las cuales era probablemente muy hablada por los olmecas) ejercieron una influencia considerable sobre las lenguas mayas. Durante el periodo Clásico, en las tierras bajas meridionales, Palenque, Dos Pilas, Aguateca y Copán, se hablaban lenguas del subgrupo chol; en Piedras Negras, Yaxchilán, Seibal y Naranjo, así como en el conjunto de la península, se hablaba yucateco.2

Figura 1. Mesoamérica y sus principales civilizaciones.

LOS GRANDES RASGOS DE LA HISTORIA DE LA CIVILIZACIÓN MAYA

4La arqueología nos instruye acerca de las considerables diferencias culturales que imperaban entre las sociedades donde se hablaba maya dentro del territorio en cuestión, desde el principio y hasta el fin de dicha civilización. Para ilustrar tales variaciones culturales, suele establecerse una distinción entre al menos tres grandes zonas, que se caracterizan por formas específicas y trayectorias históricas singulares:

  1. Litoral del Pacífico, Altos de Guatemala y El Salvador.
  2. Tierras bajas centrales y meridionales.
  3. Tierras bajas del norte.

Figura 2. Mapa arqueológico del área maya con los principales sitios mencionados en el texto.

5Por otra parte, la historia de la civilización maya ha sido dividida en tres grandes periodos llamados Preclásico, Clásico y Posclásico; cada uno de los cuales se divide a su vez en temprano, medio y tardío, presentan en ocasiones nuevas subdivisiones tales como Protoclásico, Clásico terminal o Protohistórico.

Periodos Preclásico (2000 aC-100 dC) y Protoclásico (100-250 dC)

6La civilización maya floreció sobre las ruinas de la civilización olmeca. En la costa del Golfo de México, los sitios de San Lorenzo y La Venta son olmecas desde 1250 y 1100 aC, respectivamente. Se trata de centros urbanos sumamente planificados, cuyas importantes obras de remodelación del paisaje que transforman la forma natural del terreno, hacen las veces de arquitectura, cuya escultura monumental, principalmente en bulto redondo, desempeña una función fundamental. La riqueza de las ofrendas halladas en ciertas tumbas (joyas; figurillas; objetos rituales como lancetas y aguijones de raya para el autosacrificio, espejos de magnetita; cuchillas pulidas de jade y serpentina) indica una sociedad muy jerarquizada, una artesanía desarrollada y un comercio activo, con redes sumamente amplias, sobre todo con las regiones del actual estado de Oaxaca. Las figurillas de jade y los dibujos tallados sobre las vasijas retoman temas tratados en la escultura, con un estilo muy peculiar, fácilmente identificable. Obras ejecutadas, según dicho estilo, que fueron ampliamente distribuidas en toda Mesoamérica durante el primer milenio antes de nuestra era, mucho más allá de los límites de la civilización llamada olmeca. Los orígenes de ese arte y de esa civilización son oscuros, pues sus primeras realizaciones dan fe de una gran madurez, sin trazas de los balbuceos de la infancia. El arte olmeca marcó con su impronta la región central de México, pero también, y principalmente, el litoral del Pacífico: las esculturas monumentales halladas desde el istmo de Tehuantepec hasta El Salvador (Padre Piedra, Abaj Takalik, Chalchuapa) han sido interpretadas como restos de una serie de colonias olmecas. Los objetos fácilmente transportables –de barro o jade, por ejemplo– llegaron mucho más lejos, hasta Honduras (Copán, Los Naranjos) o Costa Rica.

7Los mayas son famosos por haber desarrollado la escritura más elaborada de toda América, además de haber sido los únicos en medir el transcurrir del tiempo en Cuenta Larga (es decir, el tiempo calculado a partir de un punto de origen imaginario que corresponde según nuestro calendario al año 3114 aC). Paradójicamente, no parecen haber inventado ni la escritura ni la Cuenta Larga, sino que heredaron sistemas ya bastante complejos concebidos por los sucesores de los olmecas en la costa del Golfo y en Oaxaca. En esa zona se han identificado, con fechas de entre 600 y 450 aC, glifos calendáricos y de otro tipo, así como cifras escritas con barras y puntos. En la costa del Golfo, la Estela C de Tres Zapotes presenta una fecha que utiliza las mismas cifras, pero que carece de glifos de periodos y que corresponde al año 31 aC. La fecha inscrita en la Estela 2 de Chiapa de Corzo (Chiapas) data de cinco años atrás. Sobre la vertiente del Pacífico, los sitios de Abaj Takalik y El Baúl indican fechas correspondientes a los dos primeros siglos de nuestra era; en este último sitio, resulta claro que los monumentos de estilo maya substituyen, durante el periodo preclásico tardío (400 aC-100 dC), las esculturas de estilo «colonial» olmeca del periodo anterior (Preclásico medio, 800-400 aC). El sitio más importante de la costa del Pacífico es Izapa, tomando en cuenta la considerable cantidad de monumentos labrados que contiene; sus estelas presentan escenas de contenido más religioso que político e ilustran mitos y ritos. En los Altos, el centro preclásico de Kaminaljuyú, muy importante, se halla hoy cubierto por los suburbios del sur de la ciudad de Guatemala. En los años treinta, se realizaron espectaculares excavaciones de tumbas. Además, se encontraron monumentos labrados con largas inscripciones glíficas, a veces no calendáricas (Estela 10).

Evolución cultural de los mayas (según Sharer, 1994)

8De esta manera, durante el Preclásico tardío el litoral del Pacífico y los Altos muestran cierta precocidad en el ámbito del calendario (Cuenta Larga), así como en el de la escritura, al desarrollar el legado olmeca transmitido por las sociedades de la costa del Golfo y Oaxaca. Aunque tradicionalmente se considere que los estilos de escultura de Izapa y Kaminaljuyú constituyen la transición entre el arte olmeca y el arte maya del Clásico temprano, es posible suponer que también se establecieron contactos más directos entre olmecas y mayas en otros ámbitos. En efecto, entre estos últimos reaparecen ciertos rasgos que podrían haber sido transmitidos sin intermediarios, por ejemplo, la división política en ciudades-Estado; la estela que muestra al gobernante o al rey armado y rodeado por sus ancestros (La Venta, Estela 2; y Copán, Estela B); la imagen del rey surgiendo de entre las fauces del monstruo terrestre (La Venta, Altar 4; y Quiriguá, Zoomorfo O); los aguijones de raya como instrumentos de autosacrificio; la importancia dada a las hojas de hacha de jade, que se vinculaban con el rayo; etcétera.

9Por si fuera poco, en fechas recientes se confirmó que los primeros mayas de las tierras bajas centrales fueron contemporáneos de los últimos olmecas; los intercambios entonces fueron posibles. Al norte de Tikal, las grandes plataformas de Nakbé (que alcanzan hasta 45 m de altura) fueron construidas en su mayoría durante el Preclásico medio, entre 1000 y 450 aC. A 13 km de allí, las primeras construcciones erigidas en El Mirador datan del mismo periodo, aunque las principales pirámides del sitio pertenezcan al siguiente. Curiosamente, fue al inicio de su historia cuando los mayas inician construcciones monumentales: el grupo de La Danta, en El Mirador, alcanza 70 m de altura; la pirámide 43 de Lamanai tiene 33 m; la de Cerros, 22 m; la del Mundo Perdido de Tikal tiene más de 20 m de altura y 80 m de base, etcétera. En la mayor parte de los casos, grandes mascarones de estuco (que representan a menudo un jaguar) flanquean las escalinatas que llevan a lo alto de las pirámides. En Tikal, algunas sepulturas están decoradas con pinturas que remiten al estilo Preclásico tardío de los Altos. Las escasas estelas conocidas carecen, sin embargo, de glifos.

10No obstante las condiciones desfavorables para la agricultura, se desarrollaron durante el Preclásico medio y tardío centros urbanos importantes en las tierras bajas del norte, probablemente gracias al comercio de la sal y, quizá, del algodón. Así, Komchén, al noroeste de Dzibilchaltún, parece haber sido, junto con Cerros (un sitio costero al norte de Belice), una de las etapas para el comercio marítimo en torno a la península de Yucatán. Pese a la realización de obras importantes como plataformas piramidales o calzadas, estos sitios carecen del carácter monumental de los sitios contemporáneos de las tierras bajas centrales. Aparentemente, el desarrollo de estas últimas, con la llegada del periodo Clásico, originó el rápido ocaso de Komchén y de Cerros.

Periodo Clásico (250-950 dC)

11El principio de este periodo está marcado por la aparición simultánea de los siguientes rasgos: en arquitectura, falsa bóveda en voladizo (llamada «bóveda maya»); estelas; escritura jeroglífica y cálculo del tiempo según la Cuenta Larga. Cabe añadir a estos rasgos específicos el establecimiento de reglas de sucesión dinástica, así como la manifestación del poder monárquico en el arte. Tales condiciones se hallan reunidas en las tierras bajas centrales a finales del siglo iii. La civilización clásica representa el punto culminante de una larga evolución que empezó por lo menos cinco o seis siglos antes de nuestra era; las sociedades complejas que construyeron sitios como Nakbé o El Mirador terminaron adoptando y desarrollando el calendario y la escritura que venían del oeste y del sur; en lo que a la bóveda respecta, se trata de un invento local, puesto que las tierras altas nunca la utilizaron. Las primeras estelas de Tikal y de Uaxactún donde aparece la imagen del rey acompañada por un texto que indica, entre otros datos, su nombre, la fecha de su entronización y el nombre de su ciudad, son un testimonio del surgimiento del Estado como sistema de organización social y política, así como del nacimiento de estados rivales que habrán de repartirse la región maya. La sociedad está dividida en clases e incluye especialistas de tiempo completo –tal es el caso de ciertos artesanos y comerciantes–; se halla sujeta a la autoridad de un gobierno centralizado que ejerce su autoridad sobre un territorio claramente delimitado; la autoridad política, encabezada por el rey que representa a su comunidad, dispone de un ejército y de una administración. Los glifos-emblemas designan, al parecer, al Estado antes que a la ciudad, lo cual explicaría por qué varias ciudades pueden utilizar el mismo emblema.3 El mapa político de la región maya durante el periodo Clásico es un mosaico en proceso permanente de mutación: los estados adquieren y luego pierden el control de centros urbanos secundarios que pasan de mano en mano. La civilización maya clásica es urbana; en efecto, aunque difieran de ellas por su aspecto, los centros urbanos mayas tienen funciones en común con nuestras ciudades y son responsables de grandes realizaciones artísticas e intelectuales. Cabe distinguir el Clásico temprano (250-600 dC) del Clásico tardío (600-800 dC) y del Clásico terminal (800-950 dC).

Periodo Clásico temprano (250-600 dC)

12Este subperiodo sólo se encuentra bien ilustrado en las tierras bajas centrales. Al sur, en efecto, los Altos se someten al dominio de Teotihuacan y emprenden así una vía original caracterizada por un sincretismo de elementos mayas locales y rasgos procedentes del centro de México. Cuando la gran ciudad cae en manos de los bárbaros del norte, sus enlaces comerciales y sus colonias no logran reponerse: pese a los ininterrumpidos contactos comerciales con las tierras bajas, Kaminaljuyú y su región atraviesan un periodo de decadencia. El Clásico temprano es aún poco conocido en las tierras bajas del norte, cuyas inscripciones y fechas correspondientes a esta época son escasas: Dintel 1 de Oxkintok (475 dC), Estela 1 de Tulum (564 dC).

13Los primeros monumentos labrados en piedra demuestran la existencia de reinos rivales preocupados por glorificar a su soberano de manera permanente al plasmar su imagen para la posteridad; el desarrollo de la escritura y del calendario corresponde al de una conciencia histórica, que inscribe la sucesión dinástica en la duración y la vincula con los ciclos de los astros. La Estela 29 de Tikal, que contiene la fecha más antigua conocida en un monumento maya (292 dC) nos presenta el retrato de un rey llamado «Pata de jaguar»,4 además del glifo-emblema del Estado cuya capital es Tikal. En Uaxactún se erigen ocho monumentos entre 328 y 416 dC, mientras que la presencia y la autoridad de Teotihuacan son visibles en la Estela 4 de Tikal; Kaminaljuyú, convertida en colonia o enlace comercial de la ciudad-imperio del centro de México, desempeña entonces el papel de relevo entre dicha metrópoli y las tierras bajas. La primera prueba de que fueron erigidas estelas para festejar el final de un periodo se da en Tikal, con la celebración del final del decimoséptimo katún5 del octavo baktún (8.17.0.0.0, 1 Ahau 8 Chen, es decir, el 19 de octubre de 376). El glifo-emblema de Yaxchilán aparece en el año 514 sobre la Estela 27 del sitio. La Estela 35 de Copán, que muestra dos personajes semejantes dándose la espalda sin glifo alguno que los acompañe, pertenece al estilo de principios del siglo v. El Monumento 26, el más antiguo de Quiriguá, está fechado en 493.

14El final del Clásico temprano está marcado por una era de decadencia, puesta de manifiesto en varias regiones por el empobrecimiento de los efectos funerarios, así como por la suspensión de la costumbre de erigir estelas periódicamente. Este periodo, conocido como el hiato, va de 9.5.0.0.0 hasta 9.8.0.0.0 (534-593 dC), prolongándose en Tikal hasta 9.13.0.0.0 (692 dC). A falta de mejores explicaciones, existe la hipótesis según la cual la caída de Teotihuacan y su imperio provocó una crisis grave entre las dinastías mayas. El retorno a la normalidad, cuando se reanuda la erección de las estelas, marca el inicio del Clásico tardío.

Periodo Clásico tardío (600-800 dC)

15De este periodo datan los conjuntos arquitectónicos más imponentes de Tikal: la Gran Plaza con los templos 1 y 2; los templos 3, 4 y 5; los conjuntos de pirámides gemelas; las grandes calzadas, etcétera. Corresponde también al apogeo de Palenque, ciudad que sólo adquiere su importancia en el siglo vii, bajo el reinado de Pacal, que inicia su decadencia desde el año 800. La época de grandeza de Yaxchilán comienza hacia 630, con Pájaro Jaguar II. Copán, situada en un valle ocupado sin interrupción desde el Preclásico medio, es la ciudad más importante de la frontera oriental de la región maya, desde inicios de la dinastía establecida por Yax K’uk’ Mo’ en el siglo v. Quiriguá, fundada poco después, se halla dominada por su gran vecina y rival hasta 737, cuando captura y da muerte a «18-Conejo», el poderoso rey de Copán.

16Es también el periodo de apogeo para las ciudades de las zonas de Río Bec y Chenes, tales como Becán, Xpuhil o Chicanna.

Periodo Clásico terminal (800-950 dC)

17El final del decimoctavo katún (9.18.0.0.0, es decir, 790 dC) fue celebrado con la mayor cantidad de estelas, en un gran número de ciudades. En esas fechas se alcanza la máxima densidad demográfica en las tierras bajas centrales. Las tierras del norte pronto darán de qué hablar; salvo contadas excepciones, como Dzibilchaltún –cuya prosperidad obedece muy probablemente a la proximidad con la costa y al control que ejerce sobre el comercio de la sal–, el norte de Yucatán sigue estando poco poblado, sin ciudades importantes. La situación cambia durante el siglo ix, gracias al nacimiento y al desarrollo de las ciudades Puuc, tales como Uxmal, Labná, Kabah, etcétera, como efecto de la acción conjunta de grupos mexicanizados6 de la costa de Tabasco y de los centros Chenes y Río Bec, sus vecinos meridionales. En Copán, durante el medio siglo inmediato anterior al abandono de la ciudad (750-800), se manifiestan formas arquitectónicas y motivos característicos de Yucatán. Al considerar que dichos rasgos –entre los cuales algunos provienen del centro de México, como la serpiente emplumada– no se conocen en la zona central de las tierras bajas, se impone la conclusión de que llegaron a Copán por mar, a través del valle del Ulúa. Sabemos que en el siglo xvi, el comercio entre Yucatán y «la tierra del Ulúa» era sumamente activo,7 y cabe suponer que así lo era desde el siglo viii. En Yucatán, la infiltración de rasgos mexicanos durante los periodos Clásico tardío y terminal, que culmina en el Chichén Itzá «tolteca» puede ser muy probablemente atribuida a mercaderes mexicanos o mexicanizados, instalados en Tabasco.8

18Simultáneamente al apogeo de Yucatán, se inicia una época de decadencia en las tierras bajas centrales, caracterizada por el cese de la erección de estelas y de la actividad arquitectónica, que expresa la desorganización del poder político y religioso tradicional. Si bien es cierto que la población no desaparece al mismo tiempo que las estelas, ni tan rápido como ellas, se reduce considerablemente en el periodo siguiente. Centros urbanos como Copán y Palenque ya no funcionan como tales después del año 800. En Tikal, después del año 830, sólo se encuentra ocupado 10 % de la ciudad. La estela labrada más reciente en las tierras bajas centrales, en la que figura la fecha de 10.4.0.0.0 (909), fue hallada en Toniná. Ante semejante calamidad, Seibal constituye una excepción espectacular, pues vive su momento de gloria entre los años 830 y 930. El estilo de sus estelas, de origen extranjero, puede ser atribuido muy probablemente a un grupo mexicanizado que habría penetrado hasta el río de la Pasión remontando el río Usumacinta, procedente de la costa de Tabasco o del norte de Yucatán. El norte de Belice, representado por sitios como los de San José, Lamanai o Nohmul, escapa de la decadencia general y emprende grandes proyectos arquitectónicos.