Un genio popular

De

Este testimonio fue recogido por Martine du Authier cuando, siendo estudiante de Etnología, realizaba una investigación sobre la fiesta mestiza de la Virgen del Carmen de Paucartambo (Cuzco), habiendo sido David Villasante González (1900-1988) uno de sus principales informantes. Después del fallecimiento de este último, el libro se pudo terminar gracias al concurso de una de sus hijas, Rosaldina. Dotado de grandes calidades humanas, David Villasante fue un apasionado de las tradiciones culturales de su pueblo, sin establecer jerarquías entre los elementos indígenas y mestizos. Su arraigo a su entorno vital fue de la mano con una creatividad de dones múltiples: era a la vez dibujante, acuarelista, escultor, fotógrafo, bordador, poeta, dramaturgo, músico, compositor, danzante, coreógrafo, diseñador de máscaras y de trajes, además de autodidacta inspirado: La fiesta de Paucartambo, su pueblo natal, está marcada por su fecunda vida.


Publicado el : jueves, 04 de junio de 2015
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EAN13 : 9782821844438
Número de páginas: 195
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Un genio popular

Historia y vida de David Villasante González

Martine du Authier
  • Editor: Institut français d’études andines, Centro de Estudios Regionales Andinos Bartolomé de Las Casas
  • Año de edición: 2008
  • Publicación en OpenEdition Books: 4 junio 2015
  • Colección: Travaux de l’IFÉA
  • ISBN electrónico: 9782821844438

OpenEdition Books

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  • ISBN: 9789972691836
  • Número de páginas: 195
 
Referencia electrónica

AUTHIER, Martine du. Un genio popular: Historia y vida de David Villasante González. Nueva edición [en línea]. Lima: Institut français d’études andines, 2008 (generado el 16 noviembre 2015). Disponible en Internet: <http://books.openedition.org/ifea/5446>. ISBN: 9782821844438.

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© Institut français d’études andines, 2008

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Este testimonio fue recogido por Martine du Authier cuando, siendo estudiante de Etnología, realizaba una investigación sobre la fiesta mestiza de la Virgen del Carmen de Paucartambo (Cuzco), habiendo sido David Villasante González (1900-1988) uno de sus principales informantes. Después del fallecimiento de este último, el libro se pudo terminar gracias al concurso de una de sus hijas, Rosaldina.

Dotado de grandes calidades humanas, David Villasante fue un apasionado de las tradiciones culturales de su pueblo, sin establecer jerarquías entre los elementos indígenas y mestizos. Su arraigo a su entorno vital fue de la mano con una creatividad de dones múltiples: era a la vez dibujante, acuarelista, escultor, fotógrafo, bordador, poeta, dramaturgo, músico, compositor, danzante, coreógrafo, diseñador de máscaras y de trajes, además de autodidacta inspirado: La fiesta de Paucartambo, su pueblo natal, está marcada por su fecunda vida.

Martine du Authier

Martine du Authier, peruanista francesa radicada en París, efectuó una investigación aún inédita sobre la fiesta de la Virgen del Carmen de Paucartambo (Cuzco), con la cual obtuvo una Maestría en Etnología en la École des Hautes Études en Sciences Sociales.

Su auténtica pasión por el Perú le llevó posteriormente a colaborar con la realización de dos películas peruanas. En 1986, en París, fue una de las co-fundadoras del Centro Cultural Peruano (CECUPE), asociación franco-peruana que desarrolla en Francia una activa labor de difusión sobre la cultura peruana antigua y contemporánea, reflejada en la realización de presentaciones de libros, conciertos, exposiciones de pintura y escultura, conversatorios, conferencias sobre temas diversos de arqueología, historia, antropología, entre otros.

Índice
  1. Prefacio

  2. Primera parte. Autobiografía

    1. I. Recuerdos de la niñez

    2. II. Vida en el Cusco

    3. III. Retornos a Paucartambo

    1. IV. Novias y matrimonio

    2. V. Variaciones

      1. En el panteón
      2. La cruz de Qonchupata
      3. Los Campesinos
    3. VI. El ciclo de fiestas

    4. VII. Creaciones

  1. Segunda parte. Testimonios

    1. VIII. Formación y familia

    2. IX. Un hombre polifacético

      1. Los Doctores
    3. X. El Heraldo de la Virgen

  2. La escritura del quechua

  3. Glosario

  4. Palabras mestizas

Prefacio

DON DAVID Y LA VIRGEN DEL CARMEN

1Entre 1976 y 1987, en el curso de varias estadías en el Perú destinadas a profundizar una investigación1 relativa a la tiesta de la Virgen del Carmen en el pueblo de Paucartambo (Cusco), don David Villasante González fue uno de nuestros principales y mejores informantes. Fue así que tuvimos la oportunidad de apreciar un ser excepcional, no sólo por sus cualidades humanas y el conocimiento de su propia cultura sino, sobre todo, por su creatividad. Nos fascinaba ir descubriendo la diversidad de sus dones y su impacto en el folklore local. Es que, a más de un sinúmero de habilidades, a don David le poseían tres pasiones: la música, la danza y el verbo. Su vida se estructuró y giró en torno de esas exigencias y, gracias a ellas, terminó en apoteosis. La víspera de su muerte, a los ochenta y ocho años, todavía tocaba para numerosos invitados de su familia y daba los últimos toques a un proyecto de disco cuyos temas se dirigían al objeto de su culto, la Virgen del Carmen, Patrona de su Paucartambo natal.

2El testimonio de su hija termina con esas palabras: “Su último canto ha sido para la Virgen del Carmen”. Como lo fueron también sus primeros pasos, ya que, a los tres años iba de Negro, encadenado a las andas de la Virgen. En Paucartambo dicen que los varones nacen bailando.

3A la Mamacha, la Madrecita, le dedicaba una devoción maravillada, revelada en la tierna infancia, de la cual siempre conservó el candor. Don David presentaba una particularidad rara entre los adultos: seguía conservando una mirada de niño. Ésta iluminaba su cara burilada con una limpidez que ni las vicisitudes de la vida ni el tiempo lograron alterar. No cabe duda de que toda su vida sacó la inspiración del manantial siempre fresco de la niñez.

4A la Virgen la sirvió con todos sus dones. Nunca le escatimó ni su tiempo, ni sus facultades, recursos o energías. Era una cosa hermosa ver a ese hombre de edad con su acordeón, haciendo ensayar a turbulentos jóvenes, ya sea en las frías noches del invierno andino, o bajo un sol abrazador, en el tumulto de la fiesta y durante horas, tocar acompañando a “sus” Negros, la danza que había vuelto a crear.

5Quería que la fiesta fuera tan fervorosa como fiel al espíritu de la tradición. Aspiraba a que su fama traspasara las límites del pueblo, de la zona y hasta del país. Su habilidad para perpetuar y enriquecer las artes del terruño, lo que llamamos “folklore”, participaba íntimamente de la fe, como la sal del agua del mar. Pero la Virgen supo recompensar a su servidor. Como prueba, se le apareció en sueños, para manifestarle su deseo de que renaciera una danza de Diablos. Se le “reveló”, como se dice, según un procedimiento propio de las deidades andinas. Incluso favoreció a su heraldo con un tratamiento excepcional: un milagro con todas las de la ley. En el caso, fue el hallazgo del dinero que él tanto necesitaba para poder socorrer a una cuadrilla abandonada por su Cargo.

LAS DOS FACETAS DE LA BIOGRAFÍA

6La idea de una biografía oral se presentó una vez terminada la investigación sobre la fiesta. A pesar de su edad y de problemas de salud, don David la aceptó inmediatamente, y con un entusiasmo juvenil. En el curso de entrevistas bastante libres y grabadas, nos hemos esforzado en enfatizar la dimensión creativa del personaje sin descuidar, sin embargo, los detalles de su historia personal. Planeábamos ampliar el aspecto relativo a las costumbres locales pero la muerte de don David no lo permitió. El trabajo, que representaba horas seguidas de conversación, fue facilitado por su comportamiento naturalmente ameno, su humor, sus dones de cuentista y de actor. El tono es placentero, a menudo malicioso, siempre púdico. Las anécdotas alcanzan una irresistible gracia y los diálogos, una vivacidad teatral. Desgraciadamente, el texto no puede restituir las tonalidades variadas de la voz y los juegos de fisionomía propios de cada personaje evocado.

7El relato de la velada en el cementerio es una de las anécdotas que ilustran la importancia de las borracheras en la sociabilidad mestiza. Beber es un acto propiamente colectivo y un rito social que implica que cada uno, de manera generosa, ofrezca al grupo una rueda de bebida, lo cual reafirmaría la virilidad dentro de la comunidad masculina. Debemos notar que aquí el embriagarse constituye un placer anhelado. Por otra parte, la desinhibición que provoca el alcohol facilita ciertos modos de conducta dentro de las normas de la sociedad. De esta manera observamos que los visitantes del cementerio se desenfrenan en una símpatica borrachera; es así como, no solamente luchan contra el frío y la tristeza, sino que espantan el temor a la muerte. Aunque poco adicto al trago, en algunos momentos claves de su vida don David se encontró borracho, como aquella vez en que cedió a la presión del grupo que reclamaba la reaparición de una danza de Diablos o cuando pidió la mano de su futura esposa.

8Cuando en 1988 volvimos al Cusco, nos dimos con la ingrata noticia de que don David nos había dejado para reunirse con la Mamacha. Por consiguiente, tuvimos que seguir el trabajo ya empezado con testimonios de gente cercana, en especial de su hija Rosaldina quien, con pertinencia y sensibilidad, hizo una síntesis valiosa de los talentos y de la carrera de su padre. La voz de la hija forma un contrapunto con la del padre, colmando más de un silencio establecido por el olvido, la ausencia de introspección, el pudor y la modestia de nuestro héroe.

9Es así como Rosaldina esboza el retrato no solamente de un creador sino también el de un hombre de corazón y de responsabilidades. En efecto, don David se preocupaba por los huérfanos, los ancianos abandonados y sus ahijados campesinos. En cuanto a su actividad social, va en el colegio manifestó un temperamento organizativo. Siempre se le encontraba a la cabeza de alguna institución: tundo la Asociación de Artesanos y dirigió otra, dedicada al desarrollo de Paucartambo. Siendo subprefecto, mejoró la vida en su pueblo.

10Pero fue en el campo del folklore, en el que don David destacó tanto, que sus talentos de organizador se lucieron de maravilla. No solamente alentaba a los jóvenes que pudieran bailar, sino que sostenía ecómomicamente a las cuadrillas en dificultad y, más que todo, las hacía ensayar. Una de sus acciones más fructuosas se refiere a la presentación de danzas de la provincia de Paucartambo en la Semana del Cusco, durante la cual competían las trece provincias del departamento. Por tres años consecutivos entrenó a los bailarines y cada vez, la calidad de la presentación fue tal que Paucartambo ganó el primer premio, con el título de “Provincia folklórica” del departamento.

RELATIVIDAD DEL TESTIMONIO

11Sin el testimonio de Rosaldina se nos hubiera escapado un aspecto importante de la vida de don David que, seguramente, él silenció por su exceso de modestia. Tal como no habló de su cargo de subprefecto, nunca hizo referencia a la estimación que le manifestaban antropólogos renombrados, los cuales le consultaban, le mandaban investigadores, le encargaban artículos. Uno de ellos valorizó en especial su iniciativa, muy novedosa en aquella época y que consistió en presentar en la Semana del Cusco... a unos q’eros (miembros de una comunidad muy apartada de las alturas de Paucartambo) ejecutando su carnaval.

12Además del problema de las omisiones, voluntarias o no, en tres casos importantes aparece también el de la habilidad del testimonio. El primer caso, y el más impresionante, se refiere a la reacción natural de etnias históricamente traumatizadas que, frente al investigador, protegen su cultura a través de un estratagema muy eficaz: “Al foráneo, hay que engañarlo”, dicen los indios de las alturas de Pisac. En el segundo caso, las discrepancias entre las versiones siguen una lógica sicológica. Es probable que la verdadera razón de la partida de don David del pueblo de Huayllati haya sido confiada a Rosaldina. Ésta hace alusión a un drama de vida privada (y en este terreno nuestro héroe era un ser muy púdico), o sea, a la ruptura de un noviazgo que, a la dominadora familia de don David, no le agradó. Durante mucho tiempo, el novio infiel sintió haber fallado a su palabra. El tercer caso tiene en cuenta la preparación de la danza de los Negros, en la que nuestro héroe se atribuye una creación casi exclusiva, hecho que un ex-bailarín contradice formalmente. Pero con los años puede fallar la memoria y, de todas maneras, un testimonio siempre es subjetivo. En consecuencia, no se lo puede considerar absolutamente seguro.

ASPECTO LINGUÍSTICO

13El habla de don David pertenece al idioma practicado en Paucartambo y en el medio popular citadino, es decir un español influenciado por la sintaxis y el léxico quechuas. En lo que se refiere al verbo, las formas más frecuentes de quechuismos son el empleo del gerundio de “decir” para evocar un discurso, el uso de la forma reflexiva y la utilización del pluscuamperfecto en lugar del imperfecto. Por otra parte, se nota la omisión de las reglas que rigen el nombre y el género. Es así como se establece una confusión entre los sustantivos y sus respectivos adjetivos en el femenino y aun el plural, por el hecho de que el quechua tiene un sólo género, el neutro, y deja al adjetivo su forma singular. En cuanto a los pronombres personales, se encuentran frecuentemente reducidos a su forma más escueta, es decir empleados en masculino, en el caso de objeto directo, y hasta en forma singular en lugar de plural.

ASPECTOS ANTROPOLÓGICOS DEL MEDIO MESTIZO

14Nacido con el siglo, don David conoció un Perú serrano todavía arcaico donde, poco a poco, vió surgir las tecnologías de nuestros tiempos. Entre ellas, los nuevos medios de comunicación tuvieron un gran impacto en el crecimiento del país. Los aportes de la tecnología y el desarrollo de la instrucción (a la cual don David daba tanta importancia) modificaron profundamente la vida de ciudades como el Cusco y aun de pueblos como Paucartambo, lugares donde se desenvolvió la mayor parte de su existencia. Él formaba parte de esta clase media alta, mestiza por la cultura cuando no por la ascendencia, que gracias a los estudios, en una generación logró un notable ascenso social. Hoy ella ejerce las profesiones más prestigiosas, al lado de los hijos de los ex-hacendados. El secreto sueño universitario de don David lo han realizado sus hijas. Por lo que parece, le hubiera gustado estudiar Derecho. Bendita sea la Virgen del Carmen quien, escogiéndolo de ministril, le corté) el camino de los estudios superiores. Uno se estremece imaginando a don David cogido por la austera y devoradora carrera jurídica que, probablemente, hubiera apagado su verdadera vocación. Gracias a empleos variados y poco asorbentes, ésta pudo florecer como convenía.

15A semejanza del castellano castizo que hablan, las hijas de don David se mueven en un mundo que va alejándose de la idiosincracia indígena, la cual tanto interesaba a su padre. No son ellas las que ejecutarían el rito de rocear con gotas de alcohol (ch’uyasqa y t’inkasqa), la nueva casa comprada. Tampoco creen en los qepqes, las cabezas voladoras. A través de la instrucción, de los medios v de la vida urbana, su sistema de representaciones se ha ensanchado e internacionalizado. Lo mismo ocurrió con los criollos serranos que, a raiz de la reforma agraria, emigraron a la ciudad. Felizmente, han desaparecido los hacendados despóticos y todopoderosos que conoció don David, de costumbres feudales, altamente patriarcales y hasta brutales.

16En la actualidad la división clásica en criollos (serranos en el caso), mestizos e indios, deja paso a una bipartición cuyo criterio principal es la distancia frente a la cultura andina tradicional. Conviene considerar aquella en sus dos modalidades: la indígena y la mestiza, que al fin y al cabo, difieren por la importancia de los elementos hispanos que acarrean, ya sea puros o sincréticos. Las nuevas posibilidades económicas de los campesinos empujan a algunos de ellos hacia ese estrato social intermedio, designado por el término de clase “media” (baja) o “mozada”, que va alejándose de sus orígenes.

17Con don David nos encontramos frente a una encrucijada social y cultural. Por una parte, había recibido una educación similar a la de un hijo de hacendado; por otra parte su padre y sus tíos se interesaban de cerca a las costumbres indígenas. Consecuentemente, él se movía con tanta facilidad en el medio de los hacendados de Paucartambo como en el de los campesinos. No le planteaba problema el idioma, va que, al igual que toda la gente pueblerina —del hacendado al indio—, hablaba quechua. Nunca en su boca escuchamos las palabras despectivas de “indio” o “cholo”, refiriéndose al indígena. Para adentrarse en esa cultura, mutiplicaba los compadrazgos (lo que significaba ayuda económica y práctica) y cuando iba a las comunidades, se vestía de campesino. Desprovisto de prejuicios de clase o etnia, don David prestaba a su entorno una atención siempre despierta, fascinada por cualquier fenómeno cultural.

EL MEDIO FAMILIAR

18Esta apertura de espíritu la tenía de su familia, de rica y variada sensibilidad. En sus momentos libres, su padre se dedicaba a la música y a actuaciones teatrales que él mismo creaba, inspiradas por las tradiciones indígenas; en ellas actuaban “caballeros” vestidos de campesinos. Además de una instrucción secundaria, proporcionó a la mayoría de sus doce hijos una formación musical tradicional y hasta clásica. Muy temprano el pequeño David manifestó grandes disposiciones para la música. A escondidas imitaba al oido a sus hermanos mayores, provistos ellos de un profesor. Aunque nunca tuvo uno (y quizás por esta misma ausencia de acondiconamiento) probé) ser el más dotado. Sus maestros fueron los músicos semi-profesionales, de formación autodidacta, que amenizaban las fiestas y que el niño “sigueteaba” como sus sombras, observándoles, imitándoles, tanto que uno de ellos le inició al monocordio. Como buen conocedor de la afición musical, su padre le regalé) un monocordio y luego un armonio. De adulto, numerosos fueron los instrumentos que practicó: el piano y sus similares, acordeón, guitarra, mandolina, charango, bajo. Había aprendido a tocar por mimetismo y adquirido tanto el estilo como el repertorio por impregnación, y no solamente el de su terruño sino también el de los lugares donde vivió, como Apurímac. Ya de joven era un músico apreciado en todas las fiestas. Cuando le tocó componer, lo hizo en osmosis con la tradición, sus tonalidades, sus ritmos y estructuras.

19Es sintomático que, entre las aficiones familiares, don David sólo evocara el teatro del cual se inspiraría más tarde. La conmovedora escena del niño músico ejercitándose secretamente es contada por Rosaldina quien, habiéndose beneficiado de una educación elaborada, tendería a acentuar el papel de la instrucción en la formación de un creador. ¿Omisión, ingratitud o coquetería de parte del héroe? Aparentemente, el aprendizaje musical del cual era consciente era el de los músicos populares de su país.

20A más de sus disposiciones para la música, sus talentos fueron múltiples. Practicaba el dibujo, la acuarela, la foto, el tallado, el bordado, y creaba trajes de danza, con un sentido innato del arte decorativo. Por ejemplo, transformaba cualquier objeto, aun el más humilde, dándole una nueva interpretación. Recorría frecuentemente el baratillo2, donde conseguía piezas aptas a satisfacer su gusto por las metamorfosis o destinadas a su museo personal. También escribía comedias, letras de canciones y de cánticos que ponía en música.

21En el umbral de la edad adulta, don David constituía un partido codiciado. Joven agradable y de buena fama, había estudiado secundaria, lo que en su época no era común. Pero los miembros de su familia patriarcal rechazaron a las novias que se presentaron, considerando que sólo ellos estaban habilitados para decidir la suerte del muchacho, a quien destinaban al ejército.

22Al fin y al cabo, cansado de sus andanzas y de la mala atmósfera familiar, el joven tomó la decisión de casarse, a pesar del rechazo de su clan. Escogió a una muchacha que apenas conocía (según Rosaldina, no la conocía) pero que se había mostrado servicial. Fue una elección acertada, ya que su esposa siempre le descargó de las engorrosas tareas aptas a frenar su actividad creadora. Se quedaron en Paucartambo, ella atendiendo en la tienda de sus padres y él trabajando de tesorero en el concejo municipal y haciendo negocios de ganado y cereales. Nacieron cuatro hijas y un varón que estudiaron en el Cusco a partir de la secundaria. Es a partir de su matrimonio y de su vida en Paucartambo que la creatividad de don David encontró su soporte ideal: la fiesta de la Virgen del Carmen.

UN INVESTIGADOR AUTODIDACTA

23Don David era de poco leer pero de mucho retener : sabía ver y escuchar. Su imaginación creativa se nutría de los aportes de una curiosidad siempre despierta. Al igual que en el baratillo, iba por la vida recogiendo toda clase de materiales que, más tarde, podían reaparecer metamorfoseados en su creación. Paralelamente, en su museo personal, coleccionaba tanto objetos del pasado preincaico, incaico o colonial, como artesanías contemporáneas. Nunca se separaba de una libreta de apuntes en la cual acumulaba informaciones e ideas. Le gustaba recopilar las costumbres, tradiciones y leyendas locales “adentrándose” en el medio indígena.

24Uno de sus compadres campesinos le habría contado la expedición del Inca (Tupaq) Yupanki a la selva para matar a un animal monstruoso. Precisa bien que llegó a saber por vía oral dicha tradición poco conocida en Paucartambo. Ignorando a Santa Cruz Pachacuti, quien evocó el mismo tema3, don David no podía medir en toda su amplitud el valor de su descubrimiento, una asombrosa leyenda que sobrevive desde hace más de cinco siglos. Lo novedoso es la improvisación del Inti Raymi en Tres Cruces, lugar famoso situado más arriba de Paucartambo, antes de la caida vertiginosa de los Andes hacia el infierno verde. Desde esas alturas, en invierno, período de sequías, sobre todo en julio cuando Paucartambo festeja a su Patrona, la gente va a contemplar la salida del sol. Si uno es favorecido por la suerte, de la oquedad marina de la selva verá elevarse a saltos una bola de fuego, mientras el cielo va incendiándose. Espectáculo grandioso, propio para conmover un artista y sugerirle una experiencia mística: es adorando el sol que el Inca habría instituido la celebración mayor del calendario inca. Por otra parte, cuando recuerda las fiestas de su juventud, las descripciones de don David constituyen documentos irremplazables, ya que muchas de ellas han desaparecido, principalmente las que celebraban los indígenas.

PAUCARTAMBO

25Agazapado en las orillas del río que le ha dado su nombre, y luego escalonado al fondo de un valle encajonado, a 2800 metros de altura, el pueblo se encuentra en el último contrafuerte oriental de los Andes del sur del Perú. Gracias a su altitud, mediana por la configuración geográfica del país, goza de un clima templado y de una vocación agrícola diversificada: cereales, papa, legumbres, frutas. Sus particularidades topográficas le han permitido escapar a la estructura cuadriculada. El azul colonial, tan intenso como el del cielo, domina el decorado, resaltando sobre la blancura de los muros. Desgraciadamente, más de un solar de antaño se cae en ruinas.

26Esta región era va familiar a los Incas que buscaban agrandar su imperio hacia el este, hacia el inhóspito Antisuyu, dominio de la selva y poblado por los Ch’unchus, los “salvajes”. Para ir del Cusco a la selva emprendían el camino del Paucartambo. Río arriba, en la ribera izquierda, donde llega el antiguo camino de la capital, aparecen los restos de una ciudadela y de un palacio con puerta trapezoidal. Siguiendo la orilla, se atravesaba —como hoy— a la altura de Paucartambo donde, entre rocas, un estrechamiento único en el valle permitió tender un puente colgante. Es probable que al lado hubiera un tampu (hospedaje), de ahí la etimología: “Pawqar” habría sido el nombre de un cacique local.

27Pueblo mestizo, Paucartambo es hoy sede de una subprefectura que administra las regiones y una población más diversa ya que su jurisdicción se extiende desde los nevados hasta la selva. Cuenta con unos 2500 habitantes. Una parte de esta población es flotante, constituida por empleados del estado. La mayoría de los residentes se dedica al comercio y a oficios menores. Desde la reforma agraria de 1969, los criollos se han ido a la ciudad o explotan parcelas de sus ex-haciendas. Alrededor y en hábitat disperso viven los nativos, en comunidades o cooperativas establecidas en las ex-haciendas. En lo que se refiere a los términos “indio” y “mestizo”, deben ser entendidos en su aspecto socio-cultural más que racial. Las relaciones entre los nativos o “indios” (una denominación que ha sido proscrita del vocabulario oficial, en razón de su pasado cargado de connotaciones racistas y reemplazada por la de “campesino”) y el conjunto mestizos/criollos, llevan el sello de un conflicto secular, marcado por la hostilidad reprimida de los unos y el desprecio de los otros. Esas actitudes no aparecen en el testimonio de don David ni en el de su hija. Al contrario, ambos manifiestan un gran respeto hacia lo indígena. Tal vez por su apertura de espíritu, su curiosidad y su generosidad, don David se situaba más allá de este problema.

28Las bellas mansiones en ruinas nos cuentan de la grandeza pasada. En la época colonial, Paucartambo fue el centro de una región propicia a la agricultura, el pastoreo y sobre todo, emporio de oro y plata. Además, la zona contaba con numerosos obrajes. Las familias españolas que, dispersas a través del Corregimiento, administraban estas riquezas, poseían una residencia en el pueblo. Unas trescientas de ellas vivían en el valle de Q’osñipata, en la ceja de selva. Allá un cultivo fue objeto de gran celo: la coca que, vía Paucartambo, era transportada al Altiplano y distribuida a los mineros que trabajaban en las minas de oro y plata. La decadencia de la zona empezó en la época republicana, vinculada de manera general a los trastornos que siguieron a la independencia y localmente, al abandono de las haciendas de Q’osñipata, asaltadas por las tribus de “salvajes” que intentaban recuperar sus tierras. Hoy Q’osñipata ha sido pacificado pero su drámatica historia todavía obsesiona la memoria colectiva. Es así como en la niñez de don David, cuando se producían acontecimientos graves en el “valle”, en Paucartambo se temía una invasión de los Ch’unchus, hecho, claro está, altamente improbable.

29En los años 30 se terminó la construcción de la carretera que une el valle de Q’osñipata con el Cusco vía Paucartambo. Esta obra permitió a la provincia valorizar sus riquezas tropicales y al pueblo, y desarrollar sus propios cultivos, en especial la papa, de la cual existen más de trescientas variedades locales. Sin embargo, las consecuencias del éxodo rural se manifestaron antes de la reforma agraria, la cual, por diferentes razones y como en casi todas partes, hizo bajar fuertemente la producción.

LA FIESTA DE LA VIRGEN DEL CARMEN

30Hoy Paucartambo es un pueblo tranquilo que sueña con su pasado y sólo despierta de su letargo para festejar a la Virgen del Carmen. Dicha fiesta, celebrada del 15 al 18 de julio, constituye el acontecimiento mayor del año. Es una manifestación muy representativa del folklore mestizo del área cultural del Cusco y una de las más hermosas de la zona. Su suntuosidad está ligada a la presencia de una docena de conjuntos de danza y pantomima compuestos por los hijos del terruño, que no forzozamente radican en el pueblo.

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