¡Tierra de cristeros!

De

Juan Francisco Hernández Hurtado, nació el 16 de Junio de 1916. Hijo de Nicanor Hernández y de Amada Hurtado. Originario del Rancho El Muerto. Jurisdicción de Santa María del Valle. Era miembro de una familia compuesta por 9 hijos, siete hombres y dos mujeres. Sus hermanos cuentan que de niño se distinguió por su capacidad intelectual. A la edad de siete años aprendió a leer con la ayuda de unas primas. También a la edad de siete años aprendió a trabajar el barro, fabricaba pitos de barro, los quemaba para darles duración. Cuando tenía diez años hacía flores de papel y las vendía. Cuando tenía 15 años padeció una enfermedad grave. Tuvo que ir a Guadalajara donde llegó con un primo hermano de su mamá, era un sacerdote con el cuál se quedó quince días mientras se recuperaba. Después los papás acordaron que se quedara un tiempo con el sacerdote para que pudiera estudiar. Empezó a estudiar música en el templo en donde estaba su tío. Al cumplir 20 años se vino a Santa María y desempeñó el oficio de sastre. Cuando regresó a su casa compró un violín, el cual se enseñó a tocarlo muy bien. Con los conocimientos de música que adquirió en Guadalajara, y además la habilidad que él poseía, se integró como miembro de la Banda de Música de Santa María, que la organizó el Padre Salomón Tovar G. Además de las múltiples actividades que realizaba, el ser el sastre del pueblo y miembro de la banda de música, adquirió otro oficio más. Llegó a Santa María un doctor de Veracruz con el que hizo una gran amistad. Éste doctor le enseñó cosas elementales de medicina, a diario estudiaba lo que el doctor le decía, además de acompañar al doctor en las consultas. Por su capacidad pronto aprendió a inyectar y a recetar. Cuando el doctor tuvo que regresarse a Veracruz Juan Francisco duró un tiempo haciendo las veces de un doctor en el pueblo, pues él recetaba a las personas de Santa María y de las rancherías cercanas. A la edad de 33 años empezó a escribir el libro de Tierra de Cristeros y la vida de Victoriano Ramírez. Su mayor deseo era hacer llegar este libro a la población alteña. Cuando se interesó por hacerlo todavía obtuvo testimonios de personas que anduvieron en la Revolución, además de haberla vivido y así poder contar con mayor sensibilidad los acontecimientos. El sueño de poder editar el libro no lo pudo realizar, pues murió a la edad de 43 años, diez años después que inició la redacción de este documento. Juan Francisco Hernández Hurtado murió el día 31 de agosto de 1959.


Publicado el : viernes, 27 de junio de 2014
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EAN13 : 9782821846104
Número de páginas: 200
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¡Tierra de cristeros!

Historia de Victoriano Ramírez y de la revolución cristera en los altos de Jalisco

Juan Francisco Hernández Hurtado
  • Editor: Centro de estudios mexicanos y centroamericanos, Educación y Cultura Sanmiguelense (Edycusam)
  • Año de edición: 2003
  • Publicación en OpenEdition Books: 27 junio 2014
  • Colección: Hors collection
  • ISBN electrónico: 9782821846104

OpenEdition Books

http://books.openedition.org

Edición impresa
  • ISBN: 9789686029772
  • Número de páginas: 200-[12]
 
Referencia electrónica

HERNÁNDEZ HURTADO, Juan Francisco. ¡Tierra de cristeros! Historia de Victoriano Ramírez y de la revolución cristera en los altos de Jalisco. Nueva edición [en línea]. Mexico: Centro de estudios mexicanos y centroamericanos, 2003 (generado el 29 agosto 2014). Disponible en Internet: <http://books.openedition.org/cemca/2981>. ISBN: 9782821846104.

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Juan Francisco Hernández Hurtado, nació el 16 de Junio de 1916. Hijo de Nicanor Hernández y de Amada Hurtado. Originario del Rancho El Muerto. Jurisdicción de Santa María del Valle. Era miembro de una familia compuesta por 9 hijos, siete hombres y dos mujeres.

Sus hermanos cuentan que de niño se distinguió por su capacidad intelectual. A la edad de siete años aprendió a leer con la ayuda de unas primas. También a la edad de siete años aprendió a trabajar el barro, fabricaba pitos de barro, los quemaba para darles duración.

Cuando tenía diez años hacía flores de papel y las vendía. Cuando tenía 15 años padeció una enfermedad grave. Tuvo que ir a Guadalajara donde llegó con un primo hermano de su mamá, era un sacerdote con el cuál se quedó quince días mientras se recuperaba.

Después los papás acordaron que se quedara un tiempo con el sacerdote para que pudiera estudiar. Empezó a estudiar música en el templo en donde estaba su tío. Al cumplir 20 años se vino a Santa María y desempeñó el oficio de sastre. Cuando regresó a su casa compró un violín, el cual se enseñó a tocarlo muy bien. Con los conocimientos de música que adquirió en Guadalajara, y además la habilidad que él poseía, se integró como miembro de la Banda de Música de Santa María, que la organizó el Padre Salomón Tovar G.

Además de las múltiples actividades que realizaba, el ser el sastre del pueblo y miembro de la banda de música, adquirió otro oficio más. Llegó a Santa María un doctor de Veracruz con el que hizo una gran amistad. Éste doctor le enseñó cosas elementales de medicina, a diario estudiaba lo que el doctor le decía, además de acompañar al doctor en las consultas. Por su capacidad pronto aprendió a inyectar y a recetar. Cuando el doctor tuvo que regresarse a Veracruz Juan Francisco duró un tiempo haciendo las veces de un doctor en el pueblo, pues él recetaba a las personas de Santa María y de las rancherías cercanas.

A la edad de 33 años empezó a escribir el libro de Tierra de Cristeros y la vida de Victoriano Ramírez. Su mayor deseo era hacer llegar este libro a la población alteña. Cuando se interesó por hacerlo todavía obtuvo testimonios de personas que anduvieron en la Revolución, además de haberla vivido y así poder contar con mayor sensibilidad los acontecimientos.

El sueño de poder editar el libro no lo pudo realizar, pues murió a la edad de 43 años, diez años después que inició la redacción de este documento. Juan Francisco Hernández Hurtado murió el día 31 de agosto de 1959.

    1. 3 LA SITUACIÓN EN JALISCO
  1. Prólogo. ¡Ave María!

  2. Capítulo I. La pobreza del Niño Victoriano

  3. Capítulo II. Camino a Sn. Miguel

  4. Capítulo III. Grán Tirador

  5. Capítulo IV. De guardián a labrador

  6. Capítulo V. Aventuras y sufrimientos

  7. Capítulo VI. De regrezo a su tierra natal

  8. Capítulo VII. Nobleza y fizonomia de Victoriano R.

  9. Capítulo VIII. Terrible decepción

  10. Capítulo IX. Organización y Levantamiento

  11. Capítulo X. El levantamiento en marcha y progrezo

  12. Capítulo XI. Informes a Calles

  13. Capítulo XII: Agarran de sorpresa a los civiles en Arandas, Jal.

  14. Capítulo XIII: Sorpreza y Desamoralizamiento

  1. Capítulo XIV. Entrevista de Garza y el “Catorse”

  2. Capítulo XV. El P. Vega entra a Arandas

  3. Capítulo XVI. Viene el General Rodriguez a los Altos

  4. Capítulo XVII. Combate en Sn Julian

  5. Capítulo XVIII. “Combate de Cuquio, Jal.”

  6. Capítulo XIX. Martires por Cristo Rey en el año 1927

    1. (“ENTRE LAS PATAS DE LOS CABALLOS”)
    2. MARTIRES DE SAHUAYO MICH
  7. Capítulo XX. Asalto y descarrilamiento de un tren en Troneras por los Cristeros

    1. SUFRIMIENTOS DEL ILUSTRÍSIMO DR. Y MAESTRO DON FRANCISCO OROZCO Y JIMÉNEZ
  8. Capítulo XXI. Reconcentración Primera en los Altos de Jal

  9. Capítulo XXII: Cerro del Camaleón donde fué sitiado el (14)

    1. CONCLUSIÓN
  10. Capítulo XXIII: Tesoros que existen enterrados

  11. Capítulo XXIV. Traiciones

    1. UN CHOQUE CON LOS AGRARISTAS EN LAS PUERTAS DE SN JUÁN, GTO.
  12. Capítulo XXV. Segunda reconcentración

    1. COMBATE DE SAN JUAN DE LOS LAGOS, JAL.
  1. Capítulo XXVI. Muerte de Victoriano en el Pcio de Tepa

  2. Capítulo XXVI. Combate de Sta. Anita

  3. Capítulo XXVII. Combate de Tepa

  4. Capítulo XXVIII. Lo que en realidad era el Coronel Catorse

    1. COMBATE DE SN. JUANICO
  5. Capítulo XXIX. Mas Martires en los años de la Revolución Cristera y cortas “viografias”

    1. MARTIRES DE ARANDAS JAL.
    2. JESÚS MÁRQUEZ
  6. Memorias de Victor López (Condensado de David)

    Actividades del grupo de Jalpa de Canovas GTO

  7. Pbro. José Harculano Moreno

    1. ESTA ES UNA BREVE LISTA DE LOS QUE SE SABE FUERON MUERTOS POR CRISTO REY EN LA REVOLUCIÓN CRISTERA.
    2. CORRIDO DEL CONEJERO
  8. Epilogo

    Juan Francisco Hernández Hurtado
  9. Indice

  10. (Hé aqui unos corridos de revolucionarios)

    1. CORRIDO DE ANTONIO HERNÁNDEZ “EL MOCHO"
    2. CORRIDO DE MARTÍN DIAS
    3. CORRIDO DE CHON Y EL DIABLO BERDE
    4. CORRIDO DEL PADRE VEGA
    5. CORRIDO DEL PBRO. PEDROZA
  1. Biografía. Juan Francisco Hernández Hurtado

  2. Ilustraciones

Prefacio

Jean Meyer

1El libro que tienes entre tus manos, querida amiga, estimado lector, contiene una historia increíble que parece, más bien, cuento de hadas o novela de piratas con botella a la mar y encuentro final del tesoro. En 1965, un joven francés de 23 años llegó a México para hacer su tesis de doctorado sobre la Cristiada, capítulo de la revolución mexicana hasta entonces desconocido u olvidado o silenciado, cuyo enorme interés le había sido señalado en París por el sacerdote jesuita mexicano, y profesor de historia, López Moctezuma. En México, el joven Meyer se topó con las reticencias tanto de la Iglesia como del Estado, quienes argumentaban, no sin razón, que el conflicto era todavía muy reciente, que no había que reabrir heridas apenas cicatrizadas y mucho menos tomar el riesgo de soplar sobre un eventual rescoldo. Esa dificultad, que tenía como consecuencia lógica el cierre de los archivos tanto de la Secretaría de Gobernación, Defensa, Presidencia y de los Estados, así como de las diversas instancias eclesiásticas y (hasta la fecha) del Vaticano, empujó a Meyer a tomar su bastón de peregrino, la grabadora y la libreta de apuntes para ir a entrevistar a los veteranos cristeros y sus antiguos adversarios. Así llegó con Don Miguel (Palomar y Vizcarra), el antiguo dirigente de la Liga (Nacional de Defensa de las Libertades Religiosas), quien a su vez lo mandó con Don Aurelio (Acevedo).

2Don Aurelio había sido uno de los primeros levantados en armas en 1926. En Zacatecas, había llegado a ser coronel y, luego general y gobernador civil cristero en la primavera de 1929. En la “segunda revuelta” (1932-1938 y hasta 1940 en algunos rincones), se había metido otra vez; y luego, hasta su muerte en 1968, había seguido en su lucha publicando el periodiquito David, mensual de los veteranos cristeros de la llamada Guardia Nacional. Don Aurelio1 me hizo el favor de otorgarme su amistad y me ayudó mucho con sus archivos -luego depositados por su hijo Cristóbal en el Centro de Estudios Históricos sobre la unam-, con presentarme en el Cubilete a los veteranos y en ayudarme a lanzar un cuestionario por correo dirigido a ellos. Un buen día tuve la sorpresa de recibir de manos del cartero, con el puño acostumbrado a cuestionarios, un paquete que contenía un cuaderno de pasta dura, enteramente escrito con pluma y tinta y amenizado con muchas fotografías históricas. El manuscrito se llamaba Tierra de Cristeros. Historia de Victoriano Ramírez y de la revolución cristera en los Altos de Jalisco y tenía 379 páginas escritas en 1949, el supuesto dueño del cuaderno me pedía atentamente devolvérselo. En aquel entonces la fotocopia estaba en ciernes y salía caro para el joven investigador que estaba haciendo su tesis; además, la tinta muy pálida no se dejaba reproducir. En cuanto a las fotos, venían pegadas, así que no hubo manera de sacar copias; algunas las volví a ver con otros cristeros alteños, pero varias eran únicas. Copié a mano muchas partes del cuaderno, las cuales aparecen en mi libro. Luego devolví por correo el cuaderno a su remitente, sin apuntar sus datos...

3Años después creía recordar que el remitente vivía en Capilla de Guadalupe o en otro pueblo bajo la invocación de la Virgen. Pasando en coche por los Altos, en mi camino de Zamora a Aguascalientes, se me acabó la gasolina. Un joven ranchero me hizo el favor de llevarme hasta el pueblo más próximo y pasarme gasolina de su bodega (no había gasolinera en Santa María del Valle, así se llamaba el pueblo). En la plática resultó que había llegado, sin pensarlo, a la tierra de Victoriano Ramírez, el Catorce, y que aquel joven sabía del cuaderno mencionado. Volví a pasar y el señor Cura, a quien había llegado el famoso documento, me hizo el favor de prestármelo bajo mil juramentos de devolverlo con una copia fotostática. Me llevé ese tesoro y me encontré con que era otra versión del mismo texto (270 páginas), con una letra diferente, sin fotos, con menos preocupación por la verdad histórica de los acontecimientos y con una tendencia a dejarse llevar por el entusiasmo legendario. El primer cuaderno no volvió a aparecer, el segundo lo copié y lo devolví escrupulosamente al señor cura. Lo pude publicar hasta 2002 en mi recopilación Tierra de Cristeros ¿Viva Cristo Rey!, gracias a la Universidad de Guadalajara, Campus Universitario del Norte, en Colotlán.

4Cuando presenté el libro en Tepatitlán, ¡oh maravilla!, de entre el público alguien me hizo llegar una papeleta que decía que tenía identificado al anónimo JJFHH, autor del cuaderno. Se entabló el diálogo y la maestra María Esther Hernández Padilla, de San Miguel, contó como el maestro Alfonso Reynoso Rábago le había encargado investigar en Santa María la identidad del famoso JJFHH; había tardado tres días en dar con Don Ramón (Hernández Hurtado), hermano del difunto autor. Meses después, ella dejó a una tía abuela, en Santa María, dos ejemplares del libro Tierra de Cristeros para Don Ramón, eso a vísperas de la Navidad. El 5 de enero de 2003 don Ramón llegó a su casa en San Miguel para decirle que el deseo de su hermano era ver publicado, en forma de libro, su cuaderno; que él le tuvo desconfianza (a la maestra) hasta ver el libro Tierra de Cristeros, pero que ahora le entregaba el cuaderno original -aquél mero que Jean Meyer había tenido entre sus manos hace la friolera de treinta y cinco años-. Desde la muerte de su hermano el autor, don Ramón tenía el cuaderno en su poder y lo guardaba celosamente. De hecho, él no me lo mandó en 1967, sino el señor cura, quien no hubiera vencido su reticencia si otro hemano -su mayor- no le dice: “Préstaselo”.

5Ahora es de elemental justicia decirte, amiga lectora, estimado lector, quién fue Juan Francisco Hernández Hurtado. Nació el 16 de junio de 1916 en el rancho El Muerto, jurisdicción de Santa María del Valle, Jalisco; fue hijo de Nicanor Hernández y de Amada Hurtado, miembro de una familia compuesta por nueve hijos, siete hombres y dos mujeres. Era el octavo, después de Jesús, Cruz, Rosario, José, Rafaela, Carlos, Refugio y antes del último de la familia, Ramón. Sus hermanos cuentan, informa María Esther, que de niño se distinguió por su inteligencia. A la edad de siete años aprendió a leer y escribir con la sola ayuda de unas primas, también a trabajar el barro, fabricando pitos que quemaba para darles duración. A los diez años hacía flores de papel y las vendía. Siempre demostró habilidades manuales e intelectuales.

6A los quince años padeció una grave enfermedad y tuvo que ir a Guadalajara con un primo hermano de su mamá quien era sacerdote. Cuando se alivió, sus papás acordaron que se quedara un tiempo con el padre para prolongar la convalecencia y poder estudiar; en el templo en donde servía su tío empezó a aprender música.

7Cuando cumplió veinte años se vino a Santa María y desempeñó el oficio de sastre y se integró a la banda de música del pueblo, organizada por el P. Salomón Tovar G. Se había comprado un violin y lo tocaba muy bien. Además de la música tenía otra afición: los caballos ligeros y las carreras.

8Tan inquieto como capaz, no tardó en adquirir otro oficio. Llegó al pueblo un médico veracruzano con el que entabló una gran amistad. El doctor le enseñó las bases de la medicina y se lo llevaba cada día a las consultas. En poco tiempo no sólo aprendió a inyectar sino a recetar, de manera que, cuando el doctor tuvo que regresar a Veracruz Juan Francisco hizo las veces de médico en el pueblo y en las rancherías cercanas. No cabe duda que, por lo que cuentan, Juan Francisco era una persona con deseos de superación que trabajó siempre en beneficio de la comunidad.

9¿Te sorprenderás si te digo que también era comerciante, especializado en la compra-venta de animales? Tampoco te sorprendes. Ahora entiendes como aquel hombre se puso a escribir. Quizo, en el mismo espíritu comunitario, dejar un libro de historia de la región alteña, un testimonio que “como alteños no podemos, ni debemos de ignorar, puesto que es la piedra angular de nuestra identidad” (dice María Esther). A los treinta y tres años, pues, empezó a escribir Tierra de Cristeros y la Vida de Victoriano Ramírez, relato hecho a base de vivencias personales y colecta de testimonios de personas que anduvieron en la revolución cristera. Su mayor deseo era ver su manuscrito editado para hacerlo llegar a toda la población alteña. Murió el 31 de agosto de 1959 a los cuarenta y tres años de edad, sin saber, que en la lejana Francia, un muchacho de diez y siete años emprendía unos estudios de historia que lo llevarían unos ocho años más tarde a leer su cuaderno. Sin saber que, gracias al empeño de la maestra María Esther, al apoyo entusiasta de muchos sanmiguelenses y de EDYCUSAM, y gracias a la fidelidad absoluta de su hermano Ramón, el cuaderno se iba a transformar en el soñado libro. El cuaderno empezado el 16 de enero de 1949, el libro publicado y entregado en San Miguel, el 6 de junio de 2003.

10Una última precisión: los editores respetamos escrupulosamente a la hora de capturar el manuscrito, tanto la ortografía, como el estilo, admirable de sensibilidad, de Juan Francisco Hernández Hurtado. Espero que le de gusto.

Notas

1 En El coraje cristero, ahora reeditado por el Campus Norte de la Universidad de Guadalajara, recopilé parte de sus apuntes de guerra.

Breve reseña de la persecución de la iglesia en el México posrevolucionario

María Esther Hernández Padilla

1El presente marco histórico tiene la finalidad de ver cómo la Iglesia en México ha sido perseguida, llevando la impronta del martirio, representada, en este caso, por los mártires alteños,1 fruto de esa persecución. También pretende ubicar las circunstancias históricas que rodearon la vida y muerte de estos mártires.

1 ANTECEDENTES

1.1 Carranza y una nueva Constitución

2La revolución, levantada contra el régimen del presidente Gral. Porfirio Díaz, principalmente en su etapa constitucionalista, con el Gral. D. Venustiano Carranza como jefe, había mostrado un odio crecido hacia la Iglesia Católica.2 Por ello, no es de extrañar que un espíritu adverso a la Iglesia Católica esté presente en la Constitución, llevada a término en 1917 por el Congreso formado en tiempos del presidente Venustiano Carranza.

3Tal aversión aparece en el artículo 3°., que prohibe a la Iglesia intervenir en la tarea educativa;3 en los artículos 24, donde se veta todo acto religioso fuera del recinto de los templos, y en el 27, en el que se despoja a la Iglesia del derecho de poseer o administrar bienes.4Así como el artículo 130, donde se priva a la Iglesia de personalidad jurídica y se le somete a la autoridad civil,5 y el articulo 5°., donde se prohibe la existencia de las Ordenes Religiosas.

4Una simple lectura de los anteriores ordenamientos hace ver la difícil situación en que se colocaba a las iglesias. Que por otro lado, en la Constitución se habla de las iglesias, pero el odio que sus regulaciones contiene va dirigido contra la Iglesia Católica, quien era la que tenía significado en México.

5Se han destacado, en lo que al problema religioso se refiere, tres corrientes de influencia sobre Venustiano Carranza y sobre el ambiente político de México entre 1915-1917:

  1. El liberalismo jacobino que, aletargado un tanto durante el Porfiriato, había venido adquiriendo cada vez mayor importancia, especialmente bajo la influencia del ideólogo Gabino Barreda.

  2. El protestantismo norteamericano que ofrecía abundantes recursos económicos a condición de poder penetrar en el país, y que llevaba aparejada la oferta del reconocimiento diplomático de Venustiano Carranza por parte de Estados Unidos, cosa muy estimada por los caudillos que se discutían el poder.

  3. La Masonería que, ya desde 1823, venía trabajando en México a nivel de la política adquiriendo un verdadero poder de decisión y promoción sobre sus afiliados, siempre en actitud hostil hacia la Iglesia.6

6Venustiano Carranza, el político, debía conciliar en su gobierno estos movimientos, utilizarlos para su provecho y controlarlos. Debía evitar que malos entendidos con estos agentes le produjeran conflictos y la eventual pérdida del poder. Por otra parte, la conducta permisiva de Venustiano Carranza, durante los años de lucha contra Victoriano Huerta (1913-1915), le había dado provechosa fama de anticlerical y perseguidor, por más que en su foro interno estuviese muy lejos de serlo por convicción.7

7Este juego de Venustiano Carranza trajo como consecuencia el que los legisladores, avocados a establecer una nueva constitución política, actuaran libremente ya desde la composición misma del constituyente, en donde, la voz dirigente la tenían los anticlericales que acabaron rebasando las mismas “prudencias políticas” de Venustiano Carranza, quien finalmente debió firmar esa nueva constitución, la más anticlerical que había tenido México y que en nada respondía a los intereses de la comunidad mexicana ni tenía que ver con los ideales originales del movimiento revolucionario.8

8La publicación de esta constitución inició una nueva etapa de la persecución religiosa. Si hasta ahora la persecución había sido más bien caótica y anárquica,9ahora tendría visos de legalidad, no se trataría -dirían los políticos- de “perseguir ninguna religión, sino simplemente hacer respetar la constitución”.

9Carranza sentía en el fondo de su ambicioso corazón que las disposiciones constitucionales contra la Iglesia eran injustas, que obstaculizaban la recuperación económica, espiritual moral y educativa del zarandeado país, y que contenían la semilla de ulteriores disensiones y efusión de sangre, por lo que en Noviembre y Diciembre de 1918 propuso que se reformasen los artículos 3° y 130, pero se había puesto al servicio de una minoría de fanáticos y ellos al servicio de él, con lo que estaban a mano, y sus proposiciones fueron desechadas.10

1.2 Obregón y su política tortuosa contra la Iglesia

10Como era de suponerse, en la difícil guerra de los caudillos, pronto se eclipsó la estrella de Venustiano Carranza, quien fue asesinado cuando huía de México (mayo de 1920). El nuevo triunfador fue el General Álvaro Obregón y sus “obregonistas”.11 Como resultado de unas dudosas “elecciones”, Álvaro Obregón ocupó la presidencia del país de 1920 a 1924. Alvaro Obregón era un hombre práctico y sagaz, que no quería desempeñar el papel de perseguidor.12 Pero por otra parte, para llevar adelante el plan de las logias masónicas, del protestantismo norteamericano y del liberalismo jacobino, se dio a la tarea de preparar el camino para una persecución dura e implacable. Para ello empleó dos medios: en primer lugar fortalecer en todos los estados de la República13 el poderío de las organizaciones obreras y campesinas, que en sus manos significaría un gran poder político y una gran fuerza en la futura persecución; el segundo medio fue seguir una política tortuosa para conocer a fondo la fuerza real de los católicos. Por lo indicado, Plutarco Elias Calles y Luis N. Morones pudieron dar un gran auge a los organismos obreros.14

11A la llamada política tortuosa algunos la han llamado “política de buscapiés”, esto significa que se suelta una acción y se espera a ver las consecuencias. No se trataba aún de una persecución abierta y directa contra la Iglesia, para ello se necesitaba codificar penalmente los artículos persecutorios de la constitución, seguir un proceso jurídico que se pensaba era todavía prematuro, antes había que tantear el terreno.

12La Iglesia por su parte, a través del Episcopado, había expresado abiertamente su inconformidad con las leyes de la constitución de 1917, ya que atentaban contra su misma existencia, provocando una fuerte reacción por parte del gobierno, que en principio no pasó de declaraciones agresivas a la aplicación inmediata y general de las controvertidas leyes. En previsión de lo futuro, también la Iglesia buscó el fortalecimiento de la feligresía, alentando a las organizaciones laicales, especialmente los organismos de la acción católica, promoviendo aún más el fervor religioso, organizando congresos eucarísticos, congresos agrícolas, semanas sociales, festividades religiosas; iniciativas para robustecer el alma cristiana del pueblo y su fidelidad. A cada una de estas medidas el gobierno siempre respondió con acciones tortuosas, especialmente en aquellas regiones donde el catolicismo era más fuerte y compacto, como era el caso de los estados de Jalisco, Colima, Michoacán, México y Guanajuato.15

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