Pueblos de la Sierra madre

De

En 1969, Jacques Galinier emprendió el estudio etnográfico de los otomíes orientales, o sea del conjunto de comunidades que ocupan el territorio denominado a veces "Sur de la Huasteca". En las sierras y las zonas bajas que se extienden desde San Pablito al sur hasta Ixhuatlán de Madero al noreste y Texcatepec al noroeste, viven más de 60 mil otomíes quienes, junto con los de Santa Ana Huey tlalpan y de San Pedro Tlachichilco en el Altiplano de Tulancingo conforman el grupo más homogéneo del área otomí. Las investigaciones que concluyeron con la redacción del presente volumen comprendieron casi tres años de trabajo de campo. A pesar de la importancia de tal región en el México indígena, cuando J. Galinier empezó su trabajo no se había realizado en todo el sector más que un estudio monográfico sobre una sola comunidad y su contexto: se trata de la obra de James W. Dow, publicada por el INI en 1974. De aquí surge un primer interés del libro que ahora se publica. Vale la pena insistir en esto: no solamente dicho libro presentá datos sobre una región que hasta hoy en día constituía casi una terra incognita, sino que también representa un acercamiento etnográfico de orden regional, género ahora poco usual pero que convierte este volumen en un verdadero manual, introducción para todas las investigaciones futuras que serán realizadas en la misma región y referencia para las que serán desarrolladas en otras partes del país donde existen comunidades otomíes. Parte de la riqueza de la obra de Galinier se desprende de su enfoque regional, alimentada por un conocimiento extenso y profundo de la zona que abarca. Esto se manifiesta desde las primeras páginas cuando se describe el hábitat muy contrastado de las diferentes comunidades, pero sigue visible en todos los aspectos que aborda el estudio: uno de los puntos donde esta riqueza aparece con más claridad es, sin duda alguna, el que concierne al parentesco y su terminología. La presente obra está dividida en tres partes principales. La primera agrupa, después de una presentación del hábitat, toda una serie de informaciones sobre la organización social de los otomíes orientales: destacan aquí, entre otros, algunos datos y análisis referentes a formas residuales de una organización dualista, así como a un sistema de linajes patrilineales. La segunda parte detalla los diferentes elementos de la vida económica empezando por la división sexual y social de las tareas y concluyendo con los crecientes procesos de integración-dependencia de la economía regional hacia el mercado nacional. Finalmente, en la tercera parte (Cuerpo, naturaleza y sociedad) el autor, en cuatro capítulos particularmente densos, esboza el estudio de las prácticas rituales y de la visión del mundo de los otomíes orientales, temas sobre los cuales él siguió trabajando durante varios años después de la terminación de este volumen. Por la amplia información que da a conocer, el trabajo de J. Galinier se volverá, seguramente, un clásico de la etnología mexicana. Pero, sobrepasado el nivel de la descripción tradicional, varios comentarios y notablemente todos los que aluden al simbolismo, apoyados en luminosos análisis etnolingüísticos, abren las puertas de una etnología profunda. J. Galinier es "chargé de recherches" en el Centro Nacional de Investigación Científica de Francia (CNRS) y miembro del Laboratorio de Etnología y Sociología comparativa de la Universidad de París X. Fue miembro de la Misión arqueológica y etnológica francesa en México entre 1969 y 1977 y sigue colaborando con el CEMCA. En 1985, Galinier presentó, en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París (EHESS) y bajo la dirección de J. Soustelle, una tesis de Doctorado de Estado, intitulada "La moité du monde. Essai sur les rituels des Indiens Otomis".


Publicado el : martes, 03 de junio de 2014
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EAN13 : 9782821846180
Número de páginas: 523
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Pueblos de la Sierra madre

Etnografía de la comunidad otomí

Jacques Galinier
Traductor: Mariano Sánchez Ventura y Philippe Chéron
  • Editor: Centro de estudios mexicanos y centroamericanos, Instituto Nacional Indigenista
  • Año de edición: 1987
  • Publicación en OpenEdition Books: 3 junio 2014
  • Colección: Hors collection
  • ISBN electrónico: 9782821846180

OpenEdition Books

http://books.openedition.org

Edición impresa
  • ISBN: 9789688220672
  • Número de páginas: 523-[5]

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AMU

Referencia electrónica

GALINIER, Jacques. Pueblos de la Sierra madre: Etnografía de la comunidad otomí. Nueva edición [en línea]. Mexico: Centro de estudios mexicanos y centroamericanos, 1987 (generado el 16 junio 2014). Disponible en Internet: <http://books.openedition.org/cemca/2707>. ISBN: 9782821846180.

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En 1969, Jacques Galinier emprendió el estudio etnográfico de los otomíes orientales, o sea del conjunto de comunidades que ocupan el territorio denominado a veces "Sur de la Huasteca". En las sierras y las zonas bajas que se extienden desde San Pablito al sur hasta Ixhuatlán de Madero al noreste y Texcatepec al noroeste, viven más de 60 mil otomíes quienes, junto con los de Santa Ana Huey tlalpan y de San Pedro Tlachichilco en el Altiplano de Tulancingo conforman el grupo más homogéneo del área otomí.

Las investigaciones que concluyeron con la redacción del presente volumen comprendieron casi tres años de trabajo de campo. A pesar de la importancia de tal región en el México indígena, cuando J. Galinier empezó su trabajo no se había realizado en todo el sector más que un estudio monográfico sobre una sola comunidad y su contexto: se trata de la obra de James W. Dow, publicada por el INI en 1974. De aquí surge un primer interés del libro que ahora se publica. Vale la pena insistir en esto: no solamente dicho libro presentá datos sobre una región que hasta hoy en día constituía casi una terra incognita, sino que también representa un acercamiento etnográfico de orden regional, género ahora poco usual pero que convierte este volumen en un verdadero manual, introducción para todas las investigaciones futuras que serán realizadas en la misma región y referencia para las que serán desarrolladas en otras partes del país donde existen comunidades otomíes. Parte de la riqueza de la obra de Galinier se desprende de su enfoque regional, alimentada por un conocimiento extenso y profundo de la zona que abarca. Esto se manifiesta desde las primeras páginas cuando se describe el hábitat muy contrastado de las diferentes comunidades, pero sigue visible en todos los aspectos que aborda el estudio: uno de los puntos donde esta riqueza aparece con más claridad es, sin duda alguna, el que concierne al parentesco y su terminología.

La presente obra está dividida en tres partes principales. La primera agrupa, después de una presentación del hábitat, toda una serie de informaciones sobre la organización social de los otomíes orientales: destacan aquí, entre otros, algunos datos y análisis referentes a formas residuales de una organización dualista, así como a un sistema de linajes patrilineales. La segunda parte detalla los diferentes elementos de la vida económica empezando por la división sexual y social de las tareas y concluyendo con los crecientes procesos de integración-dependencia de la economía regional hacia el mercado nacional. Finalmente, en la tercera parte (Cuerpo, naturaleza y sociedad) el autor, en cuatro capítulos particularmente densos, esboza el estudio de las prácticas rituales y de la visión del mundo de los otomíes orientales, temas sobre los cuales él siguió trabajando durante varios años después de la terminación de este volumen. Por la amplia información que da a conocer, el trabajo de J. Galinier se volverá, seguramente, un clásico de la etnología mexicana.

Pero, sobrepasado el nivel de la descripción tradicional, varios comentarios y notablemente todos los que aluden al simbolismo, apoyados en luminosos análisis etnolingüísticos, abren las puertas de una etnología profunda. J. Galinier es "chargé de recherches" en el Centro Nacional de Investigación Científica de Francia (CNRS) y miembro del Laboratorio de Etnología y Sociología comparativa de la Universidad de París X. Fue miembro de la Misión arqueológica y etnológica francesa en México entre 1969 y 1977 y sigue colaborando con el CEMCA. En 1985, Galinier presentó, en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París (EHESS) y bajo la dirección de J. Soustelle, una tesis de Doctorado de Estado, intitulada "La moité du monde. Essai sur les rituels des Indiens Otomis".

Índice
  1. Presentacion

    Dominique Michelet
  2. Agradecimientos

  3. Introduccion

    1. LAS FUENTES BIBLIOGRAFICAS
    2. ITINERARIO TEORICO
    3. MODO DE TRANSCRIPCION FONOLOGICA Y PROBLEMAS DE BILINGÜISMO
  4. Primera parte. La organizacion comunitaria

    1. I. El habitat

      1. ECOLOGIA Y HABITAT
      2. LA MARCA DE LA HISTORIA
      3. ESTRUCTURAS Y DINAMICA DEL HABITAT
      4. LA VIVIENDA
      5. CONSIDERACIONES GENERALES
    2. II. La comunidad

      1. TERRITORIALIDAD E IDEOLOGÍA COMUNITARIA
      2. ORGANIZACION DUALISTA
      3. EL PODER EN LA COMUNIDAD
      4. LINAJES Y PATRILINEALIDAD
      5. EL SISTEMA DE PARENTESCO OTOMI
      6. LAS UNIDADES DOMESTICAS OTOMÍES Y SUS TRANSFORMACIONES
      7. LA ALIANZA
  1. Segunda parte. Una economia indígena

    1. III. La division sexual y social de las tareas

      1. FUNDAMENTO ECONOMICO DE LA DIVISION DE LAS TAREAS
      2. LA IDEOLOGÍA DEL TRABAJO
    2. IV. Técnicas tradicionales: pasado y presente

      1. EL TEJIDO
      2. EL BORDADO
      3. USO DEL VESTIDO E IDENTIDAD INDÍGENA
      4. LA CERAMICA
      5. EL PAPEL DE AMATE
      6. LA CESTERIA
      7. CARDA DE CRIN DE CABALLO
      8. OTRAS TÉCNICAS
      9. CAZA Y PESCA
    3. V. La tenencia de la tierra

      1. FORMAS DE PROPIEDAD
      2. CRISIS DE LA TENENCIA DE LA TIERRA
    4. VI. La diversidad agricola

    5. VII. Alimentacion: vida cotidiana y eventos ceremoniales

      1. LA TRADICION CULINARIA
      2. EL CONSUMO DURANTE LOS ACTOS CEREMONIALES
      3. BEBIDAS ALCOHOLICAS
      4. COMER Y BEBER: TEMAS MITOLOGICOS
    1. VIII. La circulacion de bienes y la dominacion del mercado nacional

      1. MONEDA, CREDITOS E INVERSIONES
      2. AGENTES ECONOMICOS
      3. NUEVOS CENTROS DE INTERCAMBIO
  1. Tercera parte. Cuerpo, Naturaleza y Sociedad

    1. IX. El nacimiento

      1. PREMISAS DE LA VIDA
      2. EMBARAZO
      3. PARTO
      4. COMENTARIOS
      5. NUEVAS CONCEPCIONES ACERCA DE LA DESCENDENCIA
    2. X. El hombre y su alter ego (el nahualismo)

      1. UNA JERARQUÍA MÍTICA
      2. EL HOMBRE METAMORFOSEADO
      3. EL SABOR DE LA SANGRE
      4. EL PIE SACRIFICADO
      5. COMENTARIOS
      6. EL “NAHUAL” COMO SEÑOR DE LA DESIGUALDAD SOCIAL
    3. XI. La sociedad enferma

      1. CUERPO, ENERGÍA VITAL Y PENSAMIENTO
      2. ETIOLOGÍA DE LOS SÍNTOMAS PATOLOGICOS
      3. EL CURANDERO: “EL QUE SABE”
      4. CEREMONIAS CURATIVAS
      5. LA PRACTICA TERAPEUTICA COMO ACTIVIDAD SIMBOLICA
    4. XII. La muerte

      1. FIGURAS DE LA MUERTE
      2. ACTIVIDAD ONÍRICA Y MUERTE
      3. DESTINO DE LOS MUERTOS
      4. CEREMONIAS FUNERARIAS
  1. Conclusiones

  2. Bibliografia

  3. Mapas

Presentacion

Dominique Michelet

1Sin lugar a dudas, Jacques Galinier, después de quince años de convivencia en las comunidades otomíes del sur de la Huasteca y, posteriormente en otras partes del país, es uno de los mejores conocedores de este grupo sumamente importante —desde el punto de vista demográfico pero también cultural— del México indígena. Su último trabajo, todavía inédito, sobre las correspondencias que se pueden establecer entre las estructuras de los rituales, la imagen del cuerpo y la representación del mundo que comparten los otomíes se sitúa a un nivel de la investigación antropológica raramente alcanzado en la literatura especializada (una excepción notable en la producción reciente, la encontraríamos en la obra de Alfredo López Austin: ver, en particular, Cuerpo humano e ideología: las concepciones de los antiguos nahuas, Instituto de Investigaciones Antropológicas, UNAM, 1980). Pero, tal penetración profunda hacia los elementos menos explícitos de una cultura no hubiera sido posible sin un paciente trabajo de acercamiento a las realidades cotidianas que proporciona la etnografía tradicional. No subestimo tampoco la importancia, desde este primer paso, del aprendizaje a fondo del idioma que constituye una de las claves más poderosas de comprensión de todo sistema social. En cierto sentido, el libro que hoy se publica representa, tanto para su autor como para el lector, una especie de propedéutica. Como introducción preliminar a un universo indígena casi desconocido hasta la fecha, tiene ya varios méritos. Sin embargo, en esta misma obra brotan algunos lineamientos de interpretación que revelan un entendimiento íntimo del mundo otomí, al mismo tiempo que nos hace esperar mucho del último trabajo de Galinier al cual nos referimos.

2En 1969, J. Galinier empezó a estudiar las comunidades oto-míes del sur de la Huasteca, las cuales componen un conjunto bastante numeroso y homogéneo a pesar de la diversidad del territorio que ocupan, desde el Altiplano central al norte de la ciudad de Tulancingo hasta las tierras calientes de los alrededores de Ixhuatlán de Madero. Dada la falta, casi completa, de conocimientos en la que se encontraba la zona en aquella época, se planteó, de inmediato, la necesidad de un estudio etnográfico general. Esta orientación inicial, tanto en su aspecto espacial (regional) como metodológico (con un enfoque principal descriptivo), modela el texto que se presenta a continuación. Fundamenta, por un lado, su riqueza ya que, en particular, el autor esquiva el riesgo de caer en generalizaciones abstractas (capítulo tras capítulo, no disimula las diferencias de todo orden que existen entre las comunidades de la región). Pero, a la inversa, esta misma perspectiva impone ciertas limitaciones. Uno podrá, tal vez, lamentar la rapidez relativa de tal o cual comentario o el carácter de excesiva densidad de otros, por ejemplo en lo que concierne la onomástica, las alianzas matrimoniales o el sistema de herencia; de la misma manera, si bien Galinier manifiesta una conciencia aguda de los cambios que introduce la modernidad (en el plano teórico, ver en particular lo que dice en su conclusión del falso dilema cambio-tradición), es evidente que el problema de las transformaciones económicas recientes que han afectado a las comunidades y sus consecuencias no está tratado extensivamente. Ahora bien, es asombrosa la amplitud del material etnográfico que Galinier describe y analiza. Cubre la mayoría de los aspectos que uno puede esperar en una monografía que, en este caso, no es de una sola comunidad, sino de toda una región, lo que le confiere su valor específico.

3Muchas veces, cuando se habla de monografía etnográfica surge en la mente del público la imagen de un catálogo de elementos (capítulos y párrafos) cuya coherencia no aparece siempre con toda claridad. En la obra de Galinier, no existe, a mi juicio, el defecto de "una construcción hecha de piezas y pedazos". En el presente caso, se evita el escollo de la atomización y de la arbitrariedad sin recurrir a uno de estos "a priori", o modelos teóricos que tan frecuentemente atestan la literatura antropológica. Por el contrario, como lo expresa el mismo Galinier en su introducción (itinerario teórico), la cohesión de la obra nació a través de un proceso de profundización del conocimiento; en última instancia el núcleo duro de la identidad cultural se encuentra en la "ideología comunitaria", o sea las representaciones que pertenecen a la tradición con sus variantes dinámicas, propias de cada grupo en situación más o menos conflictiva (aquí parafraseo al autor). El hilo conductor del texto —lo que más me llama la atención como lector— coincide con diferentes aperturas hacia este nivel del entender que llamamos simbolismo. ¡Cuantas veces en las páginas que siguen aparecen, después de unas descripciones de tipo tradicional, algunas reflexiones que, de repente, llenan de un sentido completo y particular hasta los más triviales elementos de la cultura material! En este sentido, uno apreciará, por ejemplo, las líneas que el autor dedica a la relación entre arquitectura doméstica y espacios sagrados, otras sobre el significado profundo del nombre en el mundo otomí, tal o cual observación que él hace sobre el tejido o el arte de la cerámica, o su análisis del valor simbólico de las plantas cultivadas. No es de sorprender que todas estas anotaciones que iluminan al lector se originan, en gran parte, en una interpretación etnolingüística. En la tercera y última parte del libro, lo que era hilo conductor se convierte en la materia principal del texto. No son, tal vez, muchos libros de etnología de los cuales, una vez concluida su lectura, se espera una continuación... y continuará.

Agradecimientos

1El siguiente estudio constituye la versión castellana de una tesis de doctorado que se concluyó en 1974 y cuyo material etnográfico representa la parte fundamental de este libro. Desde esta fecha ha transcurrido más de una década y el contexto de la investigación se ha transformado de manera considerable. No obstante —aunque figuran algunos datos relativos a observaciones recientes— no se ha modificado el fondo del estudio.

2En esta monografía el lector encontrará los primeros elementos de una investigación sobre la zona otomí de la Sierra Madre, que empecé en 1969 y terminé en 1983 con un estudio del sistema ritual vigente en la Sierra, señalando la íntima relación existente entre la imagen del cuerpo y la visión del mundo indígena. A esa larga obra se han asociado numerosas personas, empezando por los habitantes de las comunidades otomíes, cuya indefectible amistad me ha permitido acumular los datos de campo. A lo largo de los años esa colaboración ha sido tan estrecha que ha modificado en profundidad mi propia concepción del mundo, de tal modo que hoy en día escribiría este libro de una manera muy diferente.

3Quisiera expresar mi gratitud a Pierre Métais, profesor emérito de antropología, cuya enseñanza me dio el deseo de dedicarme a la etnografía, considerada como una disciplina de vida.

4Cuando llegué por primera vez a México, Guy Stresser-Péan, entonces director de la Misión Arqueológica y Etnológica Francesa en México (MAEFM), me estimuló para efectuar un recorrido etnográfico en la zona otomí de la Sierra Madre. Su larga experiencia de los grupos indígenas de la Huasteca me ha permitido precisar con más rigor mis observaciones de campo y entender el valor antropológico de los más pequeños detalles de la vida cotidiana. Sin duda alguna, esta obra le debe mucho.

5A Jacques Soustelle, director de estudios en la Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales de París, así como a su esposa, Georgette Soustelle, debo una paciente asesoría que nunca se ha interrumpido en más de quince años. Agradezco particularmente a Christian Meriot, profesor en la Universidad de Bordeaux II, su amistoso apoyo.

6Asimismo, he recibido en México la ayuda amistosa de numerosos colegas que se han interesado en el desarrollo de mi trabajo, en distintas etapas de la investigación. Entre otros muchos, mencionaré a Pedro Carrasco, Marcia Castro Leal, François Lartigue, Andrés Medina, Sonia Rivero Torres, Angela Ochoa. No olvidaré a los padres Héctor Samperio, de Pachuca, y Santiago Aguado, párroco de Pahuatlán. Catalina Voigtlander y Artemisa Echegoyen, del Instituto Lingüístico de Verano, me auxiliaron en diversas ocasiones sobre problemas de fonología y semántica otomí.

7Durante mi estancia corno investigador en la MAEFM —Centro de Estudios Mexicanos y Centroamericanos (CEMCA), desde 1983— he tenido el grato apoyo de sus directores sucesivos: Eric Taladoire, como interino, Pierre Usselmann, Claude Bataillon y Dominique Michelet. A ellos, así como a François Rodriguez, arqueólogo, y a sus familias me une una amistad inapreciable. Yves Baudouin y Françoise Bagot son los autores de la serie de elegantes dibujos que reproducen bocetos de campo y objetos etnográficos. En cuanto a Victor Lagarde, reveló un abundante material fotográfico. Gracias a Alain Breton, antropólogo en el Centre, National de la Recherche Scientifique de Francia, se pudieron levantar los planos de comunidades otomíes que figuran en anexo. Por su parte, Henri Puig, profesor de botánica tropical en la Universidad de París VI, llevó a cabo la determinación científica de un muestrario de plantas medicinales del altiplano. En colaboración con Etienne Turra, botánico, se hizo un recorrido de varios meses en la Sierra Madre que permitió juntar valiosos datos etnobotánicos.

8Marie Joseph Auger se encargó de la mecanografía de la versión francesa del texto, y Claire Cera de la supervisión de la obra. Una mención particular merece Philippe Chéron por su trabajo de revisión del texto español.

9Espero que todos, así como las personas no citadas, encuentren aquí la prueba de mi gratitud.

Introduccion

1Los otomíes del sur de la Huasteca ocupan una sola zona que se extiende desde las faldas del altiplano central hasta la gran planicie costera veracruzana. Para ciertos autores, habitan la “sierra norte de Puebla”, ya que la mayoría de los documentos accesibles se refieren a un pueblo de esa zona, San Pablito. También se podría considerarlos “orientales”, puesto que forman la franja de la familia otomí que se asienta más hacia el este. Sin embargo, prefiero la expresión “sur de la Huasteca”, precisión geográfica ligada al complejo cultural original que nació en esa región a raíz de la convivencia de los otomíes, totonacas, tepehuas, nahuas y huastecos.

2En un principio, las investigaciones sobre la etimología del término “otomí” se fundamentaron en los escritos de Sahagún,1 quien dice que procede del nombre de Otón, soberano de la tribu. Más tarde tomaron otra dirección gracias a la publicación de Luces del otomí2 y a los trabajos de J. Soustelle,3 en los cuales se identifica a los otomíes como cazadores. W. Jiménez Moreno4 iba a profundizar esta hipótesis fecunda, al ver en el término “otomí” la forma moderna de un vocablo arcaico, “totomitl”, que aparece en “Totomihuacan” y “Totomihuatzin”, palabras inscritas bajo dos glifos del Códice Xolotl, que representan aves flechadas. De ahí la interpretación del autor: “totomihuacan” significa “lugar de los poseedores de flechas de pájaros”, lo que viene a reforzar la posible etimología antes mencionada. Pero la confirmación más clara la aporta R. Williams García en su obra sobre los tepehuas, porque éstos nombran a los otomíes con el término ts’oq’on (ts’oq’onum en plural), derivación del vocablo ts’oq’o, que combina la palabra “pájaro” con el “acto de capturar”.5

3En lengua indígena, los otomíes del sur de la Huasteca se llaman n’yũhũ (de n’yũ, que designa el grupo autóctono, y del patronímico hũ) y, con menos frecuencia, n’yãn’yũ (de n’yã, hablar), término que usan los otomíes del altiplano, con excepción de los de Ixtlahuaca, quienes utilizan el sustantivo n’yũtø y sus derivados.6 Por lo tanto, vemos que los otomíes de la región estudiada se reconocen entre sí mediante un criterio más genealógico que lingüístico. En cuanto a los nahuas, los denominan con el genérico dezna, que aparece bajo la forma anbondo amadetzana en el Códice, otomí-mexicano de Hui-chapán,7 a partir de made “en el centro” y tzana “luna”, etimología cercana a la del náhuatl “México”. Aún nombran la ciudad de México con el término m’ponto, que significa en la lengua actual “hueso de fruta” (pero “piedra de tuna” en lengua arcaica, es decir, Tenochtitlán). En la actualidad, los otomíes llaman a los totonacas y a los tepehuas de la misma manera: ment’ø, es decir “gente de los cerros”. De hecho, este vocablo indígena es el más apropiado para estos últimos, puesto que poblaban este bastión de la Sierra Madre Occidental en la época prehispánica, antes de la llegada de las tribus otomíes. Tal asimilación terminológica subraya el parentesco lingüístico que une a ambos grupos. Incluso en la región septentrional ya no existe un vocablo que designe a los indígenas huastecos, con los cuales antaño estuvieron en contacto los otomíes. A partir de la época colonial surgieron nuevas palabras: una para nombrar a los españoles (n’yãpø, que en la actualidad significa “lengua de viejos”, pero a la cual en ciertos lugares de la sierra se puede dar la interpretación de “cabeza de viejo”, yãpø); otra para los negros que trabajan en las plantaciones de caña de azúcar (potẽ, “frente negra”); por último, a los extranjeros que no hablan el español —en particular los norteamericanos— se les aplica un término sumamente ambiguo (supi, “mujer excrementos”). En la región de Huejutla, los nahuas denominan a los otomíes otontzitzi o xinguere (šinkere)8 En cambio, los de los alrededores de Chicontepec prefieren el término chapichmels.9

4Si bien el presente estudio se limitará a los otomíes del sur de la Huasteca, se harán algunas comparaciones con los demás grupos otomíes. De acuerdo con los datos más recientes, los otomíes se encuentran repartidos en nueve regiones culturalmente distintas: 1) sierra de Las Cruces; 2) meseta de Ixtlahuaca-Toluca; 3) altos occidentales del altiplano central; 4) llanos de Querétaro e Hidalgo; 5) sierra Gorda; 6) valle del río Laja; 7) llanos de Guanajuato; 8) sierra de Puebla (o sur de la Huasteca), y 9) Ixtenco.10

5En realidad, aparte los grupos 8 (sierra de Puebla) y 4 (que incluye al Mezquital), que se. caracterizan por una relativa estabilidad de la población indígena y por la conservación de la lengua autóctona, en los demás sectores el territorio ocupado por los otomíes tiende a reducirse en forma considerable. En el valle del río Laja, el elemento otomí se ha mezclado casi por completo con la población mestiza.

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Distribución actual de los grupos otomíes-pames (según J. Soustelle, 1937 y L. Manrique,1965).

6En su monografía sobre Santa Mónica, Dow hace un intento de clasificación de los otomíes del sur de la Huasteca y distingue cuatro zonas (subáreas) diferentes:11

Los otomíes de la zona de Tulancingo (Santa Ana Hueytlalpan, San Pedro Tlachichilco), que pertenecen a un área de transición entre las culturas del Mezquital y de la sierra.
Los otomíes de la sierra alta: región de Tenango de Doria (Hidalgo) y San Pablito (Puebla). Estos pueblos de la región montañosa practican una agricultura de subsistencia. Cabe señalar que ahí se celebran fervientes cultos católicos.
Los otomíes de la zona de Tutotepec: esta zona, vecina de la anterior, se extiende hacia el norte hasta Santa María Hueytepec. Tutotepec funciona como centro histórico y religioso, y es donde mejor se ha conservado la religión “pagana”.
Los otomíes de la sierra baja ocupan un territorio situado al este de la línea Cuaxtla-San Lorenzo Achiotepec-Ixhuatlán de Madero, en contacto con los totonacas, tepehuas y nahuas. La región, dedicada al cultivo del café, comercia con la planicie veracruzana. Los cultos católicoa no tienen mucha importancia, pero la tradición chamánica sigue vigente.

7Como esta división se basa en rasgos culturales combinados, es válida en la medida en que existen diferencias bastante claras de un extremo a otro de la zona, pero resulta difícil trazar las subdivisiones internas. Aunque este cuadro da una idea bastante exacta de la distribución cultural de la región, se impone una importante salvedad.

8La “zona otomí de Tutotepec” no es homogénea, desde ningún punto de vista; y Dow, como él mismo lo indica, careció de datos de campo que le permitieran señalar otra subdivisión fundamental, a saber, la oposición entre la parte situada al norte del río Chiflón (límite actual de los estados de Veracruz e Hidalgo) y la parte sur, que corresponde a la región de Tutotepec propia mente dicha. El conjunto, que llamaré “región otomí de Texcatepec”, es original desde muchos puntos de vista:

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