Paisajes rurales en el norte de Michoacán

De

Estudio abordado por los autores, cuyos ejes se centran por un lado sobre, las transformaciones que han afectado a la cuenca de Zacapu desde la llegada de los primeros españoles hasta la Reforma Agraria, enfatizando en la formación y el breve florecimiento de la hacienda de Cantabria, las luchas agrarias y la transformación del medio; y por otro lado, también se integra el estudio sobre los paisajes rurales contemporáneos y el espacio agropecuario de tres comunidades con tendencia al "abandono", y la problemática de las tierras y los tipos de cultivo.


Publicado el : martes, 03 de junio de 2014
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EAN13 : 9782821846272
Número de páginas: 104
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Paisajes rurales en el norte de Michoacán

Cayetano Reyes y Olivier Gougeon
  • Editor: Centro de estudios mexicanos y centroamericanos
  • Año de edición: 1991
  • Publicación en OpenEdition Books: 3 junio 2014
  • Colección: Cuadernos de estudios michoacanos
  • ISBN electrónico: 9782821846272

OpenEdition Books

http://books.openedition.org

Edición impresa
  • ISBN: 9789686029161
  • Número de páginas: 104
 
Referencia electrónica

REYES, Cayetano ; GOUGEON, Olivier. Paisajes rurales en el norte de Michoacán. Nueva edición [en línea]. Mexico: Centro de estudios mexicanos y centroamericanos, 1991 (generado el 13 junio 2014). Disponible en Internet: <http://books.openedition.org/cemca/2437>. ISBN: 9782821846272.

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© Centro de estudios mexicanos y centroamericanos, 1991

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Estudio abordado por los autores, cuyos ejes se centran por un lado sobre, las transformaciones que han afectado a la cuenca de Zacapu desde la llegada de los primeros españoles hasta la Reforma Agraria, enfatizando en la formación y el breve florecimiento de la hacienda de Cantabria, las luchas agrarias y la transformación del medio; y por otro lado, también se integra el estudio sobre los paisajes rurales contemporáneos y el espacio agropecuario de tres comunidades con tendencia al "abandono", y la problemática de las tierras y los tipos de cultivo.

Índice
  1. Prefacio

    Dominique Michelet
  2. Tierras en la cuenca de Zacapu: del siglo xvi a la reforma agraria

    Cayetano Reyes García
    1. I. EL SISTEMA NATIVO Y LAS TRANSFORMACIONES COLONIALES
    2. II. EL PAISAJE MODERNISTA: LA EMPRESA AGRICOLA, DESECACION Y RIEGO DE ZACAPU EN EL SIGLO xix Y PRINCIPIOS DEL SIGLO xx
  3. El noroeste de Michoacan: un paisaje en busca de identidad

    Olivier Gougeon
    1. INTRODUCCION
    2. I-MONTAÑAS DEL BAJIO Y MARGEN DE LA SIERRA TARASCA
    3. II- UN ESPACIO RURAL ¿ABANDONADO O DISPUTADO?
    4. III- LOS BRACEROS Y LA VIDA AGRARIA
    5. CONCLUSION
  4. Índice de cuadros

  5. Índice de fotos

  6. Índice de mapas

Prefacio

Dominique Michelet

1A mediados del año 1983, el Centro de Estudios Mexicanos y Centroamericanos (CEMCA) eligió la parte centro-norte del Estado de Michoacán como polo de sus actividades de investigación. Si bien los problemas referentes a la historia antigua de esa región —su trayectoria prehispdnica, entonces casi totalmente desconocida— cobraron una importancia innegable tanto en el origen de dichas actividades como en su desarrollo, no es menos claro que, desde el inicio de los trabajos, se contempló la posibilidad provechosa de invitar a varios especialistas de diferentes ramas para que contribuyeran a la constitución de un conjunto más integral de conocimientos acerca de la zona seleccionada. No sería honesto pretender que las investigaciones realizadas lo fueron dentro del marco estricto de un solo proyecto interdisciplinario; sin embargo, a pesar de la autonomía relativa de que gozó cada estudioso o cada grupo de especialistas, se ha buscado mantener un intercambio permanente de información entre los distintos participantes, y la complementaridad de los enfoques así como de los datos recabados queda patente. Sin maltratar las realidades, podemos aseverar que una misma problemática, por cierto muy general, ha sido compartida por todos los investigadores involucrados: reconstruir la dinámica regional en sus aspectos a la vez naturales y humanos. De hecho, un concepto básico asegura la conexión de los aportes de casi todas las disciplinas movilizadas: el paisaje, en donde se entremezclan las fuerzas de la naturaleza y los impactos de la gestión del hombre. Por lo tanto, no es de extrañar que el título de este cuaderno coloque explícitamente las dos contribuciones que lo componen en la perspectiva de este concepto.

2La obra del historiador del Colegio de Michoacán, Cayetano Reyes García, rastrea las transformaciones que han afectado a la cuenca de Zacapu desde la llegada de los primeros españoles a esta comarca hasta la Reforma Agraria. Sus cursos y sus ritmos desiguales, determinados en gran parte por las ideologías de los grupos dominantes sucesivos así como por los recursos técnicos (y de capital) disponibles en cada momento, explican que el autor distinga dos episodios. Incontestablemente, el régimen de la Colonia no tardó en introducir varios cambios en el paisaje nativo del siglo xvi, en particular la congregación de los indígenas, la imposición de las encomiendas, el reparto de las mercedes, la introducción de la ganadería... Pero, sin lugar a dudas, la ruptura mayor se dio, cuando, a fines del siglo pasado y comienzos de éste, se llevó a cabo la desecación de la ciénega la cual, durante probablemente más de dos milenios, había modelado la vida de los habitantes de la cuenca. Se trató entonces, no de una etapa más en el proceso de marginalización de los pueblos herederos de las tradiciones autóctonas purépechas, sino de un trastorno radical, que acabó con un viejo sistema antropo-ecológico. La formación espectacular de la hacienda de Cantabria (¡unto con la ampliación de otras propiedades aledañas), su breve florecimiento, signo del paso irresistible de la modernidad, su desmantelamiento y las luchas agrarias consecutivas son, por supuesto, temas dignos de interés para un historiador; pero, desde un punto de vista más global, la iniciativa que marca la aparición del "paisaje modernista ", o sea la desaparición de un medio anfibio y la apertura de miles de hectáreas de campos de cultivo, es el jalón de referencia. El trabajo de C. Reyes, enmarcado en sus extremos cronológicos por dos clásicos de la historia regional (La conquista de Michoacán de J. B. Warren y Revuelta agraria en una aldea mexicana de P. Friedrich), proporciona una serie de datos nuevos, extraídos de varios documentos archivísticos y, con ello, empieza a llenar un vacío.

3El estudio del geógrafo Olivier Gougeon, colaborador del CEMCA, que integra la segunda parte de este volumen, nos lleva a descubrir los paisajes rurales contemporáneos. Sin embargo su análisis, basado en varios meses de encuestas en el campo (a lo largo del año 1967 y, en forma complementaria, en el verano de 1989), rebasa los límites de la pura actualidad, puesto que incluye una cierta dimensión diacrónica —en general, los últimos treinta años y, sobre algunos puntos particulares, un periodo más extenso todavía. Otra característica interesante de esta contribución yace en el hecho de que Gougeon no restringe su trabajo a la sola ex-zona palustre de Zacapu. La región investigada por el CEMCA, en efecto, se extiende hasta el valle del río Lerma al norte. En consecuencia, es fundamentalmente un espacio de "contactos " o, dicho de otra manera, un área divida en dos grandes sectores contrastados —aunque comunicados entre sí— las estribaciones septentrionales de la Sierra tarasca, al sur; la vertiente del Bajío michoacano, al norte, con sus relieves más suaves y dispersos y sus depresiones/corredores. Para integrar esta dualidad geográfica, Gougeon ha estudiado en forma paralela el espacio agropecuario de tres comunidades: Tiríndaro sobre el margen meridional de la cubeta zacapense; Agua Caliente y Ziquítaro en el Bajío montañoso. Al considerar la historia reciente de estos tres espacios rurales, uno topa con la problemática central tratada por Gougeon: en cada una de las comunidades, existen simultáneamente una tendencia al "abandono " de ciertas tierras y una competencia fuerte sobre otras. Por supuesto, las propiedades del medio ambiente y los tipos de cultivo que éstas autorizan o impiden coinciden con los cambios del momento, pero esta observación no constituye para nada una explicación de los fenómenos. Para entender lo que está pasando, como lo propone de manera juiciosa Gougeon, tenemos que dirigir nuestra atención hacia los actores de esta evolución: encontraremos entonces algunas vías de interpretación factibles.

4Desde el siglo xvi hasta el presente, los paisajes del centro-norte de Michoacán se han ido transformando constantemente, cada vez menos bajo el control de la población nativa. Parte de esta historia inconclusa se relata aquí. En otros tomos de próxima aparición y con la ayuda de otros investigadores, pensamos poder esclarecer algunos capítulos más viejos de la misma historia.

auteur
Dominique Michelet

Coordinador del Proyecto Michoacán

Tierras en la cuenca de Zacapu: del siglo xvi a la reforma agraria

Cayetano Reyes García

I. EL SISTEMA NATIVO Y LAS TRANSFORMACIONES COLONIALES

Elementos de una geografía nativa

1En el siglo xvi Zacapu era relevante en el mundo purépecha, pues era caracterizado por ser un gran centro político, administrativo, militar, cultural y religioso. Sin embargo, dependían directamente de los gobernantes que descendían del gran Caltzontzin, ubicados en el gran centro universal Tzintzuntzan.

2Los centros ceremoniales tenían sus áreas de influencia, las cuales constituían la periferia, en la cual vivían los purépechas o sea la gente común, los servidores de los templos, de los dioses y de los irecha. Vivían en asentamientos de tipo disperso, ubicados en sus áreas de trabajo; distribuidos en diversas unidades de 30 a 40 familias. No se ha encontrado una fuente primaria que mencione con precisión la distribución de la población que vivía en la periferia, sin embargo, tomando como base a la toponimia que se mencionan en documentos de la época colonial se pueden reconstruir diversos paisajes.1

3Antes de la llegada de los españoles, Zacapu tenía ocho principales centros ceremoniales:

  1. Cuarum o Equaranthanhan, nombre que fue traducido al castellano en la nominación de “Potrerillo de siembra”, ubicado al poniente, al pie de una loma pedregosa, malpaís, “donde están unos sauces y un crecido árbol del Piru”.2 Lugar que se puede identificar con el Quarun que menciona la Relación de Michoacán y quizás con el sitio que Caso (1930) bautizó con el nombre de El Palacio y que los coleccionistas locales han saqueado con bastante frecuencia. Cuarum está formado por cinco edificios: la gran pirámide, el palacio del Rey, la que le dio el nombre. Además tenía otras tres construcciones más pequeñas. Esta unidad tenía un complejo residencial, ubicado en las lomas del malpaís, el cual contenía gran número de cuartos construidos con piedra.3 El sitio demuestra que funcionó en una etapa de transición entre la población prepurépecha y la purépecha; fue dedicado a las divinidades del sol y del fuego a Querenda Angápeti y a Curicaueri.
    Cuarum en la época colonial recibió el nombre de barrio de San Andrés Equaranthanhan o Hecuarumtanan.

  2. Cahurio (Caurio) significaba en castellano “en la nariz, este lugar se hallará en una cañada que hay y a la vista de un cerro”. Durante la colonia recibió el nombre de barrio de San Pedro Caurio.

  3. Ynyatzeo o Ynyatzhin, nombre de lugar que en castellano significaba “lugar del resumidero o lugar del entierro; este lugar se hallará junto a unos árboles de capulines al pie de una loma, donde hay árboles de encino y pinos; está como entre poniente y norte de la población de Tzacapu”. Durante la época colonial esta unidad recibió el nombre de barrio de San Antonio Ynyatzin. En el siglo xviii se reconoció “que se halla en tierras de la hacienda de Tzipimeo, inmediato a” Zacapu. Además, en el límite norte con la hacienda, tenía “por señal una piedra enterrada que tiene una y media vara de fuera”.

  4. Apundharo, nombre que traducido al castellano significó: “laguna, este lugar se halla al poniente del pueblo de Tzacapu, a la vista del cerro que llaman de la Alberca”.
    En la época colonial el lugar fue conocido con el nombre de barrio de San Miguel Apundharo.

  1. Cutzumbu o Cutzhumu, nombre que traducido al castellano significa dos cosas “lugar de la llerva (sic) pegajosa, o lugar de una planta pegajosa que llaman Accitilla, este lugar se halla entre poniente y sur del pueblo de Tzacapu, donde se ve un ojo de agua a la vista de dos cerros”.
    Durante la época colonial el asentamiento habitacional fue nombrado barrio de Santa María Cutzumhu. En el siglo xviii se indicó que al sur de Zacapu había un paraje llamado Cutzumu, tenía por señal una cruz de piedra y era el “lindero divisorio de las tierras de el pueblo, con las del pueblo de San Francisco Cheran”.

  2. Cuhinhatu (Cuinuato, Cuinato) nombre que en castellano significaba “cerrito del pajarito, también le llaman en tarasco Cuhinhatatzcurin y esta frase significa en castellano habitación de pajarillos, este lugar es una loma alta inmediato a la población de Tzacapu, como entre sur y oriente”. En la época colonial este asentamiento fue nombrado barrio de Santiago Cuhinatu. En la actualidad sólo se conoce con el nombre de cerro de Santiago.

  3. Huanhamuco, nombre que en castellano significaba “orilla de alguna cosa, como por ejemplo orilla de un camino real, del agua, del pueblo, del cerro, etc., dicho lugar se halla hacia el norte de la población principal” de Zacapu. En la época colonial este asiento de población fue nombrado barrio de San Sebastián Huanhamuco.

  4. Urumbécuaro, Orumbícuaro o Orumbécuaro, en castellano significaba “molienda, y también significa moledor, este lugar se hallará hacia el oriente halgo (sic) inclinado al norte de la población de Tzacapu”.
    Este asentamiento fue nombrado San Juan Urumbécuaro. En 1590 este barrio poseía las tierras nombradas El Capulín y todas las demás que llegan hasta el río que pasa cerca del pueblo de Tarejero, en donde los naturales tenían rastrojos de sementeras, casas junto al lugar de Los Capulines, corrales de encierro, “y junto a dichas casas y corrales una ermita con una cruz, delante mucha cantidad de árboles magueyes y demás vestigios de pueblo”.

4Cada uno de los centros ceremoniales poseía diversas áreas habitacionales y de trabajo, los cuales fueron también denominados en la época colonial con el mismo nombre de barrios; sin embargo, pocos topónimos se han ubicado en el terreno, pero se conoce que recibían los nombres de:

  1. Mharijo “si María”, el cual se encontraba “donde esta un ojo de agua”.

  2. Urumdhácuaro.

  3. Cachangari o Acachangari.

  4. Acamba o Acachangari (Acambascha), “maguey o los magueyes”, se ubicaba “en tierras de la hacienda de Zipimeo, inmediatas” a Zacapu.

  5. Antzihuácuaro (Antzihuanácuaro) o Antzicuarícuaro “lugar del trabajo”.

  6. Tziquimeo “lugar del pájaro carpintero”, la corrupción en castellano lo denominó Zipimeo.

  7. Huaringuaranü o Uringuaran, “significa en el castellano una misma cosa como por ejemplo Bailaron con el teponaztle que así llamaron los antiguos, el cerro que hoy es conocido con el nombre del Tecolote”.

  8. Parámara o Parámuro “significa en el castellano un árbol fresno, a este lugar le llamaron los antiguos Parámuro porque en el habría un árbol fresno”.

  9. Tarapacútiro o Tararapacútiro “subió hasta llegar a la punta, a este lugar llamaron los antiguos por causa que tuvieron estando en una loma larga”.

  10. Anchehuácuaro (Anchehuáncuaro) “significa en castellano se estiro, a este lugar llamaron así los antiguos porque el lugar es un suelo de tepetate blanco, carcomido, con agujeros, en forma de cuevillas de diversos tamaños”.

  11. Cahanchan “ustedes”, “lo mismo que decir en el mismo tarasco Cahachaxi que significa en el castellano ustedes aquí”, se ubicaba junto a Marijo.

5Además de ser áreas habitacionales y de trabajo, estas tierras eran destinadas a producir para el tributo que se daba al Caltzontzin, al centro ceremonial y a los irecha de Zacapu. En 1569 se indicó “que dentro de la población y términos de Zacapu hubo propiedades particulares de indios caciques (de Tzintzuntzan); cuyas propiedades fueron las tzitacuas que gozan la cabecera de Tzacapu y sus barrios”, antes eran de Pablo Huitzimengari “que fue heredero muy cercano del gran Caltzontzin, rey que fue de la ciudad de Michoacán y señor de toda la provincia”.

6Hasta la actualidad no conocemos todas las posesiones de tierra que tenía cada centro ceremonial y cada área habitacional. Sin embargo, se sabe que Huanhamuco tenía 20 tzitacuas o sean 820 hectáreas, Cuinuato poseía 30 tzitacuas es decir 1,230 hectáreas; Antzihuanácuaro tenía 30 tzitacuas y Cachanqueo poseía cincuenta tzitacuas o sea 2,050 hectáreas.

7Las medidas de tierra de los purépechas eran diferentes a las de otras regiones, se caracterizaban por estar adaptadas al área geográfica; entre ellas destacaban las tzitacuas y los pirimos. En el siglo xvii se precisó que desde la gentilidad hasta ahora observan los indios de la provincia de Michoacán de una medida que ellos llamaban pirimo y con ellas medían las paracatas o tzitacuas que así nombraban a las suertes de tierras y otras sólo constaban del número de pirimos sin que tuvieran nombre especial.

8Dos maneras había de pirimos, uno que llamaban yrecha pirimo, el cual era la medida con que los indios principales medían sus tierras, era una brazada de un hombre de buena estatura más un codo, la mano cerrada y luego un palmo de mano.

9Otro se llama simplemente pirimo y era la medida usual de los indios maceguales, la cual constaba de la estatura de un hombre, el brazo levantado y la mano abierta y más un codo con la mano abierta.

“Ha se de notar que la malicia de los indios para con los españoles a inventado otro género de medidas que llaman pirimo que no es ninguno de los referidos como es sola una brazada de un hombre que vienen a ser dos varas castellanas y con esta medida miden las tablas que venden y otras cosas que reducen a ella defraudando más de tres cuartas de vara según la naturaleza del pirimo en cualquier de la escepción que se reciban según la división que de el a hecho” [...]

10Las tzitacuas y paracatas se utilizaban para medir determinada calidad de tierra, porque las llanuras que corrían de monte a laguna se decían constar de tzitacuas y las que corrían entre montes se medían por pirimos. Es de advertir que la tierra llana en la gentilidad sólo pertenecía a los irechas o sean los principales, en ella se sembraba para ellos y sólo se cultivaba para ellos; porque el común de indios o sean los llamados maceguales sembraban en las lomas, montes y laderas. La tzitacua era una suerte de tierra que corría de monte a laguna y constaba de veinte medidas en cuadro, ésta era similar a la medida de tierras que usaban los indios principales la que llamaban irecha pirimo. El beneficiado de Pazcuaro señaló en

“la clausula siguiente por parecerme autoridad de un gran ministro lengua tarasca y tan antiguo en el obispado la quiero poner a la fecha en comprobación de lo referido:
“Yten declaro que yo tengo dos tzitaquas y media de tierras que son cincuenta medidas de ancho de la conque miden los indios principales sus tierras que llaman de los Yrechas que en ellas caben más de dos fanegas (más de siete hectáreas) de maíz en sembradura. En comprobación de lo dicho también hace la noticia que se tomó de un proceso que es en la manera siguiente: Tzitaqua consta de veinte brazas o estatura de un hombre el brazo levantado y veinte codos la mano abierta según se midieron dichas tzitacuas que compraron los indios de Chilchota en el pueblo que llaman Tiripondiro, las cuales vendieron don Martin de Villegas y don Luis de Castilleja, herederos del Casonsi, y las que compró Juan de Torres Guerrero en dicha jurisdicción o en la ciudad de Pascuaro. Cristobal Manuel, afto de 1651 y allí se refiere la medida que es como queda dicha una estatura de un hombre el brazo alzado y la mano abierta y luego un codo con la mano abierta.
“Paracata es una suerte de tierra en llanura que corre entre unos montes que consta de veinte pirimos o medida con que se miden las tzitaquas pues como queda dicho de ellas no se diferencian más que en el nombre porque de ser llanura que corre de monte a laguna constara de tzitaqua y si entre monte de Pirimo, más en cuanto a la medida no hay ninguna diferencia”.4

11La propiedad de la tierra surgió a partir del dominio español. La posesión antigua fue identificada y transformada en propiedad privada. Veamos como sucedió este proceso.

12En la época colonial Pablo Huitzimengari, por ser descendiente directo del Caltzontzin, reclamó las tierras como suyas; los españoles después de un largo proceso judicial le reconocieron la propiedad. Posteriormente Pablo Huitzimengari vendió esos terrenos a los barrios de Zacapu. Los terrenos adquiridos permitieron que el tipo de poblamiento de Zacapu continuara persistiendo en forma similar al antiguo; formando el cuerpo de una urbe abierta, con sus centros y su periferia respectiva.

13Durante los primeros siglos de la época colonial, la periferia de Zacapu era delimitada con diversos nombres, los cuales se referían a puntos geográficos pues era costumbre entre los naturales que sus límites fueran demarcados por las características fisiográficas. En el siglo xviii se nombraron 17 topónimos que servían de límite a Zacapu:

Límites de Zacapu. Siglo xviii.

Fuente: agnm, Fundaciones. Vol. 1, exp. 11, fs. 135-160.

14Los 17 topónimos que delimitaban a Zacapu pueden ser ubicados, en sentido contrario de las manecillas del reloj, de sur a norte, de norte a oeste, de norte a sur y de sur a oriente, hasta encontrarse con el punto de partida. Los topónimos fueron denominados de la siguiente manera:

  1. Yomarandopururhü (Yomarandopururihi), “sierra de pinos, este paraje así lo llamaron los antiguos porque en el lugar se ven muchos árboles de pinos en una ladera”

  2. Púcuaro “lugar de amoles”

  3. Sincuimácuaro (Sicuimacua) “lugar de raspa” o lo mismo que si se dijera Tzicuimáncuaro que significa en castellano lugar del raspadero, este lugar se hallará contiguo a un ojo de agua”

  4. Paracutítzaro “lugar de las ortigas, este paraje así lo llamaron los antiguos porque en el nacen plantas de ortigas, se hallará este lindero en unas lomas donde se ven vestigios antiguos”

  1. Congaritas o Llerechareh, el primer término significa juntas y el segundo ríos, “este paraje se hallará donde se ve la unión de dos arroyos o de dos ríos”

  2. Tarimaichi (Tarimaich) o Tarimuicha “lugar de sauz o de sauces”

  3. Cherinrapü (Cherinrapi) o cheriharapit “tepetate blanco, este paraje se hallará sobre una loma”

  4. Querandha (Querenda) y por otro nombre Xengua (Xenguhan), el primer nombre significa lugar de la piedra, y el segundo topónimo quiere decir lugar del árbol capulín, “así llamaron los antiguos porqué se ve una peña y un árbol capulín”

  5. Yyatzeo (Yetzeo, Lletzeo) “paraje del resumidero, en este lugar se ve una piedra enterrada”, se ubicaba en terrenos de la hacienda de Zipimeo, inmediatos al pueblo de Zacapu.

  6. Apundito (Tapunditu) “lagunilla, se hallará en una cañada”

  7. Aguanuato (Aguanuantu) “cerro del conejo, se ubica en un puerto o donde hacen puertecillo dos cerrillos o dos lomas”

  8. Tuataricuthi (Tuataricutü) o Tuatpatzimuiri “cerro del tule, se hallará en la punta del cerro”

  9. Tuathi (Tuatu) o Tuatiaratzin, “el primer término significa cerrito y el segundo cerro de la alberca”

  10. Nocundicuacheriuraphi (Mocundicuacherinrapü) “angostura de tepetates blancos, este paraje se hallará en un ojo de agua, en tepetates blancos”

  11. Cuanatzihi (Cuanatzhü) “vueltas, este paraje se hallará en el lugar que llaman: camino de las vueltas”

  12. Cutzumbu (Cotzumu) “avecilla, este paraje se hallará en un cerrillo”

  13. Yotátiro “cosa alta o altura, este paraje se hallará al sur del pueblo de Tzacapu donde existe una peña”

  14. Tuanaricutün “significa en castellano Ladera que esta a la vista del cerro que nombran en idioma tarasco Tzoruntza”

  15. Tzoruntza, nombre del cerro.

15Durante la época colonial el cambio de linderos se fue haciendo en forma paulatina pero constante, conforme se fueron estableciendo los españoles. En el siglo xviii se indicó que las tierras de Zacapu llegaban por el oriente hasta el paraje nombrado Ziranétaro, “lindero divisorio de las tierras del pueblo, con las de don Antonio Villaseñor. Siranetaro o Siraneturo significa una misma cosa” la primera Moral y la segunda Moralito. Además se indicó “que por el poniente reconocen el paraje del arroyo de la angostura y por señal un peñasco de tepetate, lindero divisorio de las tierras del pueblo, con las del pueblo de San Juan Carapa”.

16En 1791 se reconoció que los linderos “que se hallan dentro de los vientos de poniente, norte, sur, oriente y pueblo de Zacapu... eran los llamados Pucuaro, Cruz Gorda, Yotatiro, Cutzumu, camino de las Vueltas, arroyo de la Angostura, cerro de la Alberca y la población de Tzacapu; las cuales formaban una figura irregular, y según las diligencias del reconocimiento, tanteo y avalúo constan de una extensión de siete y medio sitios de ganado mayor” similar a 12,750 hectáreas.

17En el mismo año de 1791 se precisó que las tierras de Zacapu eran los parajes “llamados Las Juntas del río de Tzacapu y arroyo que sale de las fuentes que llaman de los pajaritos, cerrito que llaman de los pajaritos; que son al oriente de la población de Zacapu”. Límites que indudablemente expresaban las 600 varas por cada viento que les asignaba la congregación. Los indios reclamaban mayor extensión pues las ciénegas eran consideradas de su propiedad. Sin embargo, los españoles indicaron que las ciénegas eran tierra de nadie.5

18En el siglo xix se afirmó que los indios de Zacapu tenían 17 sitios de ganado mayor o sean 30,000 hectáreas aproximadamente.6

La conquista

19En 1520 los nativos michoacanos tuvieron noticia de los iberos por una embajada náuatl que buscaba la alianza con los purépechas para combatir al invasor.

20Los indios purépechas conocieron a los españoles en el invierno de 1521 después de la caída de Tenochtitlán, época en la cual Cortés envió a sus huestes a explorar las tierras michoacanas y a conocer las cantidades de oro y plata que poseían. Los conquistadores tenían una sed insaciable de oro y en su búsqueda llegaron hasta Tzintzuntzan. De ahí partieron los mensajeros nativos con la mala nueva.

21El indio confundió la llegada de los iberos con el regreso de los dioses del oriente; además, la tradición oral les había pronosticado que llegarían nuevos conquistadores y que ellos serían los gobernantes.

22Las armas modernas del siglo xvi fueron letales durante las guerras de conquista, pero fueron más mortales las hambres y las enfermedades que padecieron los indios, inherentes a la presencia del hombre europeo. En 1520 la viruela llegó a México con las tropas de Narváez; un negro fue el portador. Penetró a México en forma inmediata y avanzó más rápido que los ejércitos; diezmó y acabó con poblaciones enteras. La plaga apareció en Michoacán en 1520, después de la llegada de los purépechas que habían ido a escuchar las proposiciones de Moctezuma. En ese año la viruela hizo grandes estragos en Tzintzuntzan, mató a muchos indios en toda la provincia, en especial en el gran centro rector purépecha a causa de ella murió el gran sacerdote y el Caltzontzin Zuangue.7

23Los nativos de la región de Zacapu no opusieron alguna resistencia a los españoles; en forma pacífica aceptaron al nuevo conquistador y en forma nominal reconocieron al rey de España. Nuño de Guzmán después de atropellar a Tzintzuntzan pasó con sus tropas por el extremo oriental de la región de Zacapu, por el área en donde hoy en día se encuentra Coeneo y Guaniqueo. Indudablemente las ciénegas de Zacapu funcionaron en calidad de defensas y Guzmán prefirió rodearlas, dirigiéndose hacia el norte.

Las encomiendas

24Fueron establecidas en el año de 1524, pues los cristianos españoles iniciaron el reparto del territorio recién conquistado tanto del mundo mexica como del área purépecha. Hernán Cortés estableció las encomiendas y con este tipo de administración pretendió servir a Dios, al rey de España, a los intereses particulares de los españoles, y beneficiar a los indios.

25En la práctica la encomienda sustituyó a todos los órganos públicos, civiles y religiosos; en forma hipotética, ella se encargaría de convertir a los infieles, catequizar a los indios adultos, enseñar la fe católica a los niños nativos, cuidar que celebraran y escucharan misa los días domingos y festivos. Además el español encomendero vigilaría que los naturales reprodujeran los nuevos modelos de vida social. Sin embargo, en la acción concreta la encomienda estuvo dirigida a beneficiar a los conquistadores, pues les otorgó el poder de usufructuar los recursos naturales contándose entre ellos al hombre nativo.

26La encomienda se ocupó de explotar las áreas mineras de Michoacán y Guanajuato. Los encomenderos organizaron el trabajo en las minas, el aprovisionamiento de la fuerza de trabajo y de los bastimentos, por medio de los repartimientos de los pueblos de indios y del tributo.

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