Ni con Lima ni con Buenos Aires

De

Escritos como ensayos independientes, los veinticuatro capítulos que contiene esta obra cumbre de José Luis Roca tuvieron la motivación inicial de refutar la muy difundida tesis de Charles Arnade sobre la creación de la República de Bolivia. Pero en su vasta investigación, el autor se fue distanciando de la polémica historiográfica para desentrañar uno de los códigos genéticos del Estado nacional boliviano: la precoz singularidad de un conglomerado humano, segregado de quienes lo rodean y que andando el tiempo se convirtió en un ente estatal mucho más cohesionado de lo que comúnmente se piensa. En relación con ello, el texto postula que, en el caso de Charcas, más que antagonismos con España, estaba en conflicto permanente con las cabeceras virreinales a las que sucesivamente estuvo adscrita. Lo anterior explica él carácter atípico del proceso de independencia de Charcas, el cual contiene muchos elementos que escapan del análisis general del fenómeno hispanoamericano. En medio de todo esto insurgen las luchas de campesinos e indígenas que buscaban sus propias reivindicaciones aprovechando la ruptura del orden social reinante, como sucede todavía hoy. Provisto de una rigurosa erudición y dueño de un elegante estilo literario forjado en la crónica periodística, José Luis Roca responde en este libro a la siguiente interrogación: ¿cuál era la contradicción que, al resolverse, había dado lugar al nacimiento de un Estado nacional que apareció frente a la perplejidad y oposición de muchos délos protagonistas de los acontecimientos de esa época? Y encontró que ese antagonismo tenía nombres propíos y se llamaban Lima y Buenos Aires. Aquellas dos metrópolis coloniales compitieron por controlarla riqueza que salía de Potosí y cuya posesión explica la cruenta y larga guerra que actuó como partera de Bolivia. La pervivencia de esa tensión geopolítica puede desentrañar la peculiar inserción de Bolivia en el espacio sudamericano actual.


Publicado el : lunes, 04 de enero de 2016
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EAN13 : 9782821845459
Número de páginas: 771
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Ni con Lima ni con Buenos Aires

La formación de un Estado nacional en Charcas

José Luis Roca
  • Editor: Institut français d’études andines, Plural editores
  • Año de edición: 2007
  • Publicación en OpenEdition Books: 4 enero 2016
  • Colección: Travaux de l’IFÉA

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  • Número de páginas: 771
 
Referencia electrónica

ROCA, José Luis. Ni con Lima ni con Buenos Aires: La formación de un Estado nacional en Charcas. Nueva edición [en línea]. Lima: Institut français d’études andines, 2007 (generado el 04 enero 2016). Disponible en Internet: <http://books.openedition.org/ifea/7186>.

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Escritos como ensayos independientes, los veinticuatro capítulos que contiene esta obra cumbre de José Luis Roca tuvieron la motivación inicial de refutar la muy difundida tesis de Charles Arnade sobre la creación de la República de Bolivia. Pero en su vasta investigación, el autor se fue distanciando de la polémica historiográfica para desentrañar uno de los códigos genéticos del Estado nacional boliviano: la precoz singularidad de un conglomerado humano, segregado de quienes lo rodean y que andando el tiempo se convirtió en un ente estatal mucho más cohesionado de lo que comúnmente se piensa. En relación con ello, el texto postula que, en el caso de Charcas, más que antagonismos con España, estaba en conflicto permanente con las cabeceras virreinales a las que sucesivamente estuvo adscrita. Lo anterior explica él carácter atípico del proceso de independencia de Charcas, el cual contiene muchos elementos que escapan del análisis general del fenómeno hispanoamericano. En medio de todo esto insurgen las luchas de campesinos e indígenas que buscaban sus propias reivindicaciones aprovechando la ruptura del orden social reinante, como sucede todavía hoy.
Provisto de una rigurosa erudición y dueño de un elegante estilo literario forjado en la crónica periodística, José Luis Roca responde en este libro a la siguiente interrogación: ¿cuál era la contradicción que, al resolverse, había dado lugar al nacimiento de un Estado nacional que apareció frente a la perplejidad y oposición de muchos délos protagonistas de los acontecimientos de esa época? Y encontró que ese antagonismo tenía nombres propíos y se llamaban Lima y Buenos Aires. Aquellas dos metrópolis coloniales compitieron por controlarla riqueza que salía de Potosí y cuya posesión explica la cruenta y larga guerra que actuó como partera de Bolivia. La pervivencia de esa tensión geopolítica puede desentrañar la peculiar inserción de Bolivia en el espacio sudamericano actual.

José Luis Roca

Jose Luis Roca nació en 1935 en Santa Ana del Yacuma donde se establecieron sus abuelos y bisabuelos cru­cenos desde me­diados del siglo XIX. Hizo sus primeros estudios en su pueblo natal y el bachillerato en el Colegio Nacional Florida de Santa Cruz.
Se graduó como abogado y licenciado en ciencias, sociales en la Universidad de San Francisco Xavier de Chuquisaca e hizo su maestría en Derecho: Comparado y estudios de postgrado en Historia en los Estados Unidos, donde fue ayudante de investigación de Lewis Hanke. También fue periodista (codirector de La Razan), embajador en Colombia y Gran Bretaña, ministro de Estado, senador, Presidente y co-fundador del Partido Demócrata Cristiano en Bolivia y consultor de varios organismos internacionales. José Luis Roca fue uno de los más destacados historiadores bolivianos de los últimos años. Creyó en la nación boliviana conformada por la fuerza histórica de sus regiones existentes desde el periodo colonial, tesis que constituye el eje de toda su obra.
Fue catedrático titular de Historia de América en la Universidad Mayor de San Andrés de La Paz; presidente de la Sociedad Boliviana de Historia en seis periodos consecutivos y miembro de número de la Academia Boliviana de la Historia. Asimismo, fue miembro correspondiente de las academias de Historia de Argentina, España, Paraguay, Colombia, Puerto Rico, Venezuela y Chile. Entre 1980 y 1984 fue Investigador Honorario del Instituto de Estudios Latinoame­ricanos de la Universidad de Londres.

Índice
  1. Prólogo

    María Luisa Soux
  2. Introducción

  1. Capítulo I. Señoríos aymaras, Imperio incaico y Charcas (Siglos XII-XVI)

  2. Capitulo II. Charcas tutelada por dos virreinatos (Siglos XVI-XVIII)

  3. Capítulo III. La “general sublevación” en Charcas (1780-1782)

  4. Capítulo IV. El criollo y su andamiaje mental (Siglo XVIII)

  5. Capitulo V. Los pronunciamientos en Chuquisaca y en La Paz (1809)

  6. Capítulo VI. El virreinato platense en su hora postrera (1809-1810)

    1. Charcas y Buenos Aires
    2. El situado y la disputa por el transporte
    3. El mayo charqueño y el mayo porteño
    4. Charcas vuelve a poder de Lima
    5. Buenos Aires inicia la guerra
    6. Chuquisaca presta adhesión a Buenos Aires
    7. Las provincias altoperuanas y la revolución
  7. Capitulo VII. Cochabambinos y porteños (1810-1814)

  8. Capítulo VIII. Los indígenas irrumpen en la guerra (1810-1821)

  9. Capítulo IX. Insurrecciones de los indios de Mojos (1810-1811)

  10. Capítulo X. Las expediciones porteñas y las republiquetas (1811-1816)

    1. El destino común de opresores y oprimidos
    2. Pueyrredón y el tesoro de Potosí
    3. Las provincias enfrentan a Buenos Aires
    4. Los guerrilleros abren paso a Belgrano
    5. El “éxodo jujeño” y la batalla de Tucumán
    6. Renace el entusiasmo por el Alto Perú
    7. Los “capitulados de Salta”
    8. Vilcapugio y Ayohuma, ocaso de Belgrano
    9. Manuel Ascencio Padilla
    10. El significado de la lucha guerrillera
  1. Capítulo XI. El asedio desde Cuzco, Buenos Aires y Lima (1814-1817)

    1. Las desgracias de Pezuela en 1814
    2. Otra vez Cuzco frente a Lima
    3. Angulo, Pumacahua y Muñecas
    4. De nuevo la sangre en La Paz
    5. La republiqueta de Larecaja
    6. Cunde la desunión en las Provincias Unidas
    7. Nueva ocupación porteña del Alto Perú
    8. Lima, dueña absoluta del Alto Perú
    9. Güemes continúa la lucha
    10. La represión de Ricafort
  2. Capítulo XII. Notas sobre la batalla de Florida (25 de mayo de 1814)

    1. Los guerrilleros continúan la lucha
    2. La Fortaleza de Oruro
    3. Combates en suelo chiriguano
    4. Warnes y los misioneros franciscanos
    5. Consecuencias de la batalla
    6. El parte de Arenales
  3. Capitulo XIII. Diputados bolivianos en congresos argentinos (1813-1826)

    1. La Asamblea del año XIII
    2. Los jacobinos y la realidad social en Charcas
    3. Los diputados en el Congreso de Tucumán
    4. Los emigrados bolivianos en Buenos Aires
    5. Martín Rodríguez “tirano” de Chuquisaca
    6. La figura de José Mariano Serrano
    7. La enemistad rioplatense-altoperuana
    8. Otros diputados de Charcas
  1. Capítulo XIV. Jaime Zudáñez exporta la revolución (1811-1832)

  2. Capítulo XV. La búsqueda de un rey para Buenos aires (1808-1820)

  3. Capitulo XVI. La odisea de San Martín en el Perú. (1820-1822)

  4. Capítulo XVII. Iniciativas de los liberales españoles para terminar la guerra (1820-1822)

  5. Capítulo XVIII. La Convención preliminar de Paz de Buenos Aires (1823)

  6. Capítulo XIX. Olañetas, dos caras e historiadores: un análisis crítico

  7. Capítulo XX. Comienzo de la Bolivia independiente (1824)

  8. Capítulo XXI. Francisco Xavier de Aguilera, gobernador de Santa Cruz, Chiquitos y Mojos (1817-1825)

  9. Capítulo XXII. Consecuencias de la batalla de Ayacucho (9 de diciembre de 1824)

  10. Capítulo XXIII. El coronel José Videla, primer prefecto de Santa Cruz (Marzo-octubre, 1825)

    1. Enviado del mariscal Sucre
    1. Apoyo local y conmemoraciones patrióticas
    2. La aventura separatista de Sebastián Ramos
    3. Medidas del nuevo gobierno
    4. El “Plan Provisorio” para Mojos y Chiquitos
    5. La transición de colonia a república
    6. Recursos para el departamento
    7. Liberalización del comercio
    8. Normas sobre los indígenas y curas
    9. Diputados cruceños a la Asamblea de Chuquisaca
  1. Capítulo XXIV. Presiones externas a Bolivia durante la presidencia del mariscal Sucre (1825-1828)

  2. Bibliografía

  3. Indice general

Prólogo

María Luisa Soux

1Cuando se presentó en el año 2007 la primera edición del libro Ni con Lima ni con Buenos Aires, todos estuvimos seguros de que se trataba de un libro clave para entender por qué y cómo se creó la República de Bolivia. En ese año se empezaba a organizar la conmemoración de los Bicentenarios de los movimientos juntistas de 1809, en un contexto en que se debatía el nuevo carácter de nuestro país en la Asamblea Constituyente, donde, al igual que en la de 1825, se enfrentaban tanto diversas visiones de país como posiciones regionalistas. Durante la presentación del libro, José Luis Roca explicó al público asistente no sólo su posición histo-riográfica, sino también su visión contemporánea de nuestro país, mostrando la existencia de una nación boliviana, a pesar de que en ese momento esta nación se debatía en medio de conflictos regionales y proseguía en el intento por fortalecerse reconociendo al mismo tiempo su diversidad.

2José Luis murió dos años después, cuando la Asamblea Constituyente ya había determinado el carácter plurinacional del Estado boliviano y en vísperas de los festejos del Bicentenario. Su partida fue profundamente sentida por todos los que lo conocimos y estamos seguros que su participación en los encuentros académicos que se organizaron durante 2009 y 2010 habría generado impacto. Su presencia habría marcado el nivel de los debates y, estoy segura, su voz clara y enérgica habría dado el ritmo a las discusiones.

3A pesar del dolor de su partida, nos queda sin embargo un consuelo y es que, en estos años en los que hemos tratado de pensar nuevamente en el tema de la Independencia, José Luis nos dejó su libro, que, en un país que no se caracteriza ni mucho menos por ser lector, ha sido un verdadero éxito editorial. A través de la lectura de Ni con Lima ni con Buenos Aires, hemos podido entender muchas de las contradicciones de esos años y hemos logrado acercarnos y conocer las alianzas, los conflictos y los intereses que se movieron detrás de este complejo proceso que nos llevó hacia la independencia de Charcas o Alto Perú.

4Como explica el autor en la introducción al libro, esta obra tiene su propia historia, que lo acompañó durante más de treinta años. Desde los primeros artículos, publicados en Historia de Cultura, hasta los más tardíos, que aparecieron en 2007 en el libro Repúblicas Peregrinas (iep-Lima) y en el Anuario del Archivo y Biblioteca Nacionales de Bolivia. Durante todos esos años, José Luis Roca fue transitando desde el estudio de los ejércitos porteños y su relación con los cochabambinos, pasando por el análisis de los movimientos juntistas, hasta el reconocimiento de Pedro Antonio de Olañeta, que Roca consideraba un héroe no reconocido por la historiografía.

5Este es, por lo tanto, un libro que se fue construyendo a lo largo de muchos años, pero que en su esencia ha mantenido un mismo objetivo: el tratar de explicar por qué Bolivia es hoy un país independiente, no sólo de España, sino también del Perú y de la Argentina. Para ello Roca se remonta inclusive a la época prehispáni-ca, mostrando la existencia de una identidad aymara tan fuerte y decidida que se mantuvo a lo largo de los siglos frente a la invasión inca, inicialmente, y luego a la conquista española y a la presión de ambos virreinatos. Esta fuerza identitaria, trasladada a un profundo sentimiento de pertenecía regional criolla y mestiza, se manifiesta, para el autor, en los intentos permanentes por parte de la Audiencia de Charcas de mantener su autonomía frente al virreinato del Perú -como se percibe, por ejemplo en la fundación de la Villa de San Felipe de Austria de Oruro-, como posteriormente frente al Virreinato del Río de la Plata, institución nueva que fue vista por la población de La Plata y Potosí como una extensión pobre de la centralidad minera potosina. A partir de sus dos capítulos iniciales, el autor busca mostrar la existencia previa de un sentimiento altoperuano que llevó, finalmente, a la formación de una nueva nación: Bolivia. Este sentimiento -generado, por ejemplo, con el accionar de los encomenderos de La Plata, con las actividades de los primeros conquistadores españoles en las tierras altas y bajas de Charcas o con el establecimiento de un espacio económico alrededor de Potosí- es visto por el autor como el motor que llevó en 1825 a votar por el surgimiento de una nuevo Estado desligado de las capitales virreinales de Lima y Buenos Aires.

6Adentrándose ya en el tema del proceso de independencia y a lo largo de los siguientes capítulos, José Luis Roca nos va guiando por los diversos momentos y lugares que marcaron esta confrontación. En sus páginas, nos permite conocer tanto nuevos análisis de procesos ya conocidos como nuevos temas absolutamente olvidados por la historiografía tradicional boliviana. Entre los primeros es importante destacar el análisis de la sublevación general de indios de 1780-82 en los cuatro espacios de Chayanta, Cusco, Oruro y La Paz, y también el análisis que ofrece de los movimientos del 25 de mayo y el 16 de julio de 1809 en La Plata y La Paz, respectivamente, analizados no como movimientos en competencia sino como dos caras de un mismo proceso. Roca resalta, en esta etapa de la lucha, el fortalecimiento del criollismo altoperuano y demuestra cómo los hijos de españoles fueron construyendo un sentimiento propio de pertenencia que no se relacionaba sino con su terruño. Este criollismo explicaría en gran parte la forma en que los habitantes del Alto Perú reaccionarían a la crisis de la monarquía.

7Uno de los principales aportes del libro es su reconstrucción y análisis de la sublevación de indios en las tierras bajas de Moxos. Hasta la publicación del libro de Roca, el relato del proceso de independencia se había limitado a describir los movimientos juntistas sin establecer una mayor relación entre éstos, las coyunturas específicas y la relación entre los espacios sujetos al sistema colonial y lo que se conocía sobre los sucesos en la metrópoli. Al estudiar la revolución de Moxos, Roca inserta este espacio colonial tan olvidado en la historia general de la guerra de independencia, generando de esta manera no una historia de las tierras altas, sino, precisamente, una historia de relaciones permanentes entre los diversos espacios de Charcas, la capital de la Audiencia y el Virreinato del Río de la Plata. Se trata, por lo tanto, de una historia que, por un lado, articula todas las regiones hoy bolivianas y, por el otro, considera un espacio que va más allá de las posteriores fronteras nacionales.

8El mismo tratamiento se percibe en el capítulo sobre la sublevación del Cusco. Este tema, que había sido soslayado por la historiografía boliviana por tratarse de una región peruana, es analizado por Roca como parte de un espacio mayor: el del la sierra andina, espacio que formaba parte de los territorios bajo el interés de los porteños. A partir de numerosas fuentes, Roca demuestra que la sublevación de los cusqueños fue parte de una amplia estrategia de lucha que articulaba al ejército porteño con las guerrillas ubicadas en territorio altoperuano y que se prolongaba hasta el Cusco, todo esto con el objetivo de oponerse al poder de Lima. En este punto y en muchos otros, José Luis Roca busca mostrar la Guerra de la Independencia como una lucha sin cuartel entre los virreinatos del Río de la Plata y del Perú.

9A lo largo del libro se sigue también el rastro de los problemas surgidos en el bando rioplatense y su incapacidad de exportar su revolución, esto a través del análisis de los ejércitos mal llamados auxiliares (que para Roca fueron en realidad ejércitos de ocupación) y también de la errática y fracasada búsqueda de un rey europeo o inca para la región. Para Roca, esta política equivocada por parte de los conductores de la posición independentista del Virreinato del río de La Plata fue la que llevó finalmente a que el criollismo altoperuano se deslizara hacia la búsqueda de una independencia, fundamentada precisamente por ese sentimiento de pertenencia que se había construido desde el siglo xvi, sino antes.

10En relación con la política continental y su impacto en el territorio de Charcas, son fundamentales los estudios sobre la relación permanente y conflictiva entre los grupos guerrilleros y los gobernadores Arenales y Warnes, que respondían al mando porteño, la participación de delegados altoperuanos en los Congresos rioplatenses, el accionar del ejército de José de San Martín, la crisis de la unidad política y militar en el territorio ya independiente del Río de la Plata y, finalmente, los entretelones que llevaron a la Convención Preliminar de Paz en 1823. Estos aportes nos explican claramente que el proceso de la Guerra no fue ni mucho menos uno que nos enfrentó directamente con las tropas del Rey, sino que en el territorio de Charcas se jugó finalmente el equilibrio de las fuerzas continentales, lucha en la que participaron, desde diversos frentes, los intereses de los grandes espacios virreinales, incluido el de la Nueva Granada.

11Toda esta trama continental -en la que, hacia 1924, prácticamente ya no contaba la fuerza de un rey lejano- se manifestó finalmente en la lucha entre los dos bandos del ejército del Perú: el bando del Virrey La Serna, que buscaba aparentemente la construcción de un Imperio bajo su mando y para lo cual intentaba establecer pactos con los “patriotas de Buenos Aires, y el bando de Pedro Antonio de Olañeta, defensor no sólo de la posición leal al Rey, sino y sobretodo, del criollismo altoperuano. Para José Luis Roca, será Olañeta quien conduzca finalmente a una posición de independencia de Charcas tanto en contra de los intereses peruanos como frente a las desunidas Provincias Unidas del Río de La Plata. Esta situación explica también el porqué del avance del ejército neogranadino hacia las provincias altas luego de su triunfo en Ayacucho. Desde esta perspectiva, para Roca, fue en el Alto Perú donde se jugaron cuatro fuerzas de poder: el del derrocado Virrey la Serna, el del triunfante Ejército bolivariano, el de los intentos diplomáticos de la Provincias Unidas y, finalmente, el de la fuerza criolla de Olañeta. El resultado de esta tensión política y militar no podía ser otro que el de la independencia, es decir, el de la formación de un Estado Nacional en Charcas.

12El libro plantea una serie de propuestas para el debate, al igual que toda la obra de José Luis Roca, que nunca escapó, durante su vida, de la necesidad de propiciar el debate histórico. Asumamos pues el reto y, a pesar de la desaparición temprana del autor, leamos esta segunda edición de Ni con Lima ni con Buenos Aires para cumplir con lo que él siempre habría querido realizar en vida: abrir un nuevo debate sobre este proceso tan importante y al mismo tiempo tan profundo.

13Al cerrar este prólogo, no quiero dejar de agradecer la confianza de la familia de José Luis Roca, especialmente a Juanita, que me pidieron escribir estas palabras que son, al mismo tiempo, un homenaje a la figura y a la obra de mi maestro. Compartimos con él horas hablando de un mismo tema que nos apasionaba por igual; charlamos mucho sobre figuras como Juan José Castelli, Pedro Antonio de Olañeta y su sobrino Casimiro o Jaime Zudáñez; expusimos juntos nuestras ideas sobre el proceso y aprendí mucho con él sobre los entretelones continentales de la lucha. Y, en todo ese tiempo, admiré profundamente su libertad de criterio, su negativa a afiliarse a una escuela específica de la historiografía y su lucha por su propia independencia. Para él, también la mejor posición como historiador fue, de cierta manera, una de “ni con Lima, ni con Buenos Aires”, una posición de defensa de su propia libertad de pensamiento.

14Abril de 2011

Introducción

1Comencé a escribir este libro en Londres, en 1980, tras una breve misión diplomática que terminó en exilio de tres años, durante los cuales me di modos para atender mis deberes de jefe de familia (esposa y cuatro hijos menores) combinándolos con el deseo incontenible, y a veces irresponsable, de averiguar cosas sobre el pasado de Bolivia. Esto último fue posible gracias al aliento y amistad de John Lynch quien me incorporó, con el título de Honorary Research Fellow, al Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Londres, entonces dirigido por él. Eso me permitió vincularme al mundo académico de la capital británica, tener acceso a sus espléndidos repositorios y concurrir a los seminarios que conducía el profesor Lynch en Tavistock Square. Allí se daban cita para hablar de historia, los más distinguidos americanistas del Reino Unido, entre quienes recuerdo especialmente a Leslie Bethel y Harold Blackmore y, entre los jóvenes, a James Dunkerley, por supuesto. La tertulia académica solía rematar en el grato ambiente de un pub en Tottenham Court Road el cual no podía prolongarse más allá de la media noche cuando se cerraba el pub y salía el último “tuve” (tren subterráneo) de la ciudad. Era una especie de tradicional toque de queda británico.

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