Los Guayacundos de Caxas y la sierra piurana

De

Hace muchos años que Anne Marie Hocquenghem se dedica a la observación y estudios de las admirables y sofisticadas manifestaciones de las culturas prehispánicas. Pero su inquietud científica, desde el principio de sus investigaciones, ha sido siempre buscar, en las huellas que han dejado estas civilizaciones y en las expresiones culturales o religiosas de la actualidad, los rasgos de unas estructuras perennes, propias a un “orden andino” que cubriría gran parte del territorio actual del Perú. Este esfuerzo encuentra en el libro que presentamos un nuevo campo de aplicación para la sierra de Piura, región poco conocida y estudiada desde el punto de vista de la arqueología y de la etnohistoria. ... Conocedora y experta de los textos de los cronistas, administradores coloniales y viajeros del siglo XVI al siglo XIX, así como de los relatos, cuentos y tradiciones actuales, Anne Marie Hocquenghem trata de reconstruir la evolución del paisaje físico, humano y cultural de la región durante los siglos XV y XVI, y demuestra que antes de la conquista incaica la región norte estaba dividida en tres grandes zonas étnico-culturales muy individualizadas: Yungas en la costa, Guayacundos de filiación jívara en la sierra de Ayabaca, y otros grupos de filiación amazónica en la sierra de Huancabamba. Pero lo más interesante es que una de estas zonas (la de los Guayacundos) fue poco incaizada. De ahí la debilidad en los siglos posteriores, y hasta hoy, de las estructuras que évocamos al principio.


Publicado el : viernes, 29 de marzo de 2013
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EAN13 : 9782821826458
Número de páginas: 200
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Los Guayacundos de Caxas y la sierra piurana

Siglos XV y XVI

Anne-Marie Hocquenghem
  • Editor: Institut français d’études andines
  • Año de edición: 1990
  • Publicación en OpenEdition Books: 29 mars 2013
  • Colección: Travaux de l’IFÉA
  • ISBN electrónico: 9782821826458

OpenEdition Books

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  • Número de páginas: 200
 
Referencia electrónica

HOCQUENGHEM, Anne-Marie. Los Guayacundos de Caxas y la sierra piurana: Siglos XV y XVI. Nueva edición [en línea]. Lima: Institut français d’études andines, 1990 (generado el 04 agosto 2016). Disponible en Internet: <http://books.openedition.org/ifea/1100>. ISBN: 9782821826458.

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Hace muchos años que Anne Marie Hocquenghem se dedica a la observación y estudios de las admirables y sofisticadas manifestaciones de las culturas prehispánicas. Pero su inquietud científica, desde el principio de sus investigaciones, ha sido siempre buscar, en las huellas que han dejado estas civilizaciones y en las expresiones culturales o religiosas de la actualidad, los rasgos de unas estructuras perennes, propias a un “orden andino” que cubriría gran parte del territorio actual del Perú. Este esfuerzo encuentra en el libro que presentamos un nuevo campo de aplicación para la sierra de Piura, región poco conocida y estudiada desde el punto de vista de la arqueología y de la etnohistoria. … Conocedora y experta de los textos de los cronistas, administradores coloniales y viajeros del siglo XVI al siglo XIX, así como de los relatos, cuentos y tradiciones actuales, Anne Marie Hocquenghem trata de reconstruir la evolución del paisaje físico, humano y cultural de la región durante los siglos XV y XVI, y demuestra que antes de la conquista incaica la región norte estaba dividida en tres grandes zonas étnico-culturales muy individualizadas: Yungas en la costa, Guayacundos de filiación jívara en la sierra de Ayabaca, y otros grupos de filiación amazónica en la sierra de Huancabamba. Pero lo más interesante es que una de estas zonas (la de los Guayacundos) fue poco incaizada. De ahí la debilidad en los siglos posteriores, y hasta hoy, de las estructuras que évocamos al principio.

Índice
  1. Presentacion

    Yves Saint-Geours
  2. La sierra de Piura

  3. Capitulo I. El pueblo de Caxas en 1532

    1. EL PUEBLO DE CAXAS EN 1532
    2. LOS DATOS HISTORICOS
    3. LAS TOPONIMIAS Y LOS SITIOS
  4. Capitulo II. La provincia de Caxas y la conquista Incaica

    1. LA PROVINCIA DE CAXAS Y LA CONQUISTA INCAICA
    2. LOS DATOS ETNOHISTORICOS
    3. LA INTERPRETACION DE LOS DATOS
  5. Capitulo III. Los Guayacundos de Caxas y la dominacion incaica

    1. LOS GUAYACUNDOS DE CAXAS Y LA DOMINACION INCAICA
    2. GUAYACUNDOS, PALTAS, MALACATOS Y JIVAROS
    3. LA ACULTURACION ANDINA
  1. Capitulo IV. Los Guayacundos de Caxas y la dominacion española

    1. LOS GUAYACUNDOS DE CAXAS Y LA DOMINACION ESPAÑOLA
    2. DEL LADO ESPAÑOL
    3. LA ENCOMIENDA DESPUES DE LA REFORMA TOLEDANA
    4. DEL LADO GUAYACUNDO
  2. Capitulo V. Las tierras de Los Guayacundos de Caxas

    1. LOS PAISAJES NATURALES
    2. LOS PISOS ALTITUDINALES DE PRODUCCION
    3. EL CONSUMO
  3. Capitulo VI. Los naturales de Filiacion Jivara

    1. LOS NATURALES DE FILIACION JIVARA
    2. LOS BRACAMOROS
    3. LOS GUAYACUNDOS, PALTAS Y MALACATOS
  4. Capitulo VII. Fronteras culturales en la región de Piura

    1. FRONTERAS CULTURALES EN LA REGION DE PIURA
    2. LOS HUANCABAMBAS, TABACONAS, PENACHIS Y GUAMBOS
    3. LOS YUNGAS
  5. Contribución a una historia regional

    1. Período Intermedio Temprano: 200 a.C. a 600 d.C.
    2. Horizonte Medio: 600 d.C. a 1000 d.
    3. Período Intermedio Tardío: 1000 d.C a la conquista inca.
    4. La conquista inca: de aproximadamente 1450 a 1532.
    5. La conquista española: 1532.
    6. Ayer y hoy.
    7. Una historia regional, ¿por qué y con que fin?
  6. Bibliografia

  7. Fuentes primarias

  1. Anexo I. Los textos de los cronistas de la conquista

  2. Anexo II. Lista de especies vegetales autóctonas

  3. Mapas y cuadros

Presentacion

Yves Saint-Geours

Hace ya muchos años que Anne-Marie Hocquenghem se dedica a la observación y estudio de las admirables y sofisticadas manifestaciones de las culturas prehispánicas. Pero su inquietud científica, desde el principio de sus investigaciones, ha sido siempre buscar, en las huellas que han dejado estas civilizaciones y en las expresiones culturales o religiosas de la actualidad, los rasgos de unas estructuras perennes, propias a un “orden andino” que cubriría gran parte del territorio actual del Perú. Este esfuerzo encuentra en el libro que presentamos un nuevo campo de aplicación para la sierra de Piura, región muy poco conocida y estudiada desde el punto de vista de la arqueología y de la etnohistoria.

Habiendo llegado en el marco de un proyecto de investigación del CNRS (Centro Nacional de Investigación Científica de Francia), y de la DFG (Comunidad de Investigadores Alemanes), fue acogida por el CIPCA y el IFEA mediante un convenio interinstitucional. Recorrió sin cesar a pie, en muía, en camión, los caminos abruptos, enlodados, pero magníficos, de la sierra piurana.

Conocedora experta de los textos de los cronistas, administradores coloniales y viajeros del siglo xvi al siglo xix, así como de los relatos, cuentos y tradiciones actuales, Anne-Marie Hocquenghem trata de reconstruir la evolución del paisaje físico, humano y cultural de la región durante los siglos xv y xvi, y demuestra que antes de la conquista incaica la región norte estaba dividida en tres grandes zonas étnico-cultu rales muy individualizadas: Yungas en la costa, Guayacundos de filiación jívara en la sierra de Ay abaca, y otros grupos de filiación amazónica en al sierra de Huancabamba. Pero lo más interesante es que una de estas zonas (la de los Guayacundos) fue poco incaizada. De ahí la debilidad en los siglos posteriores, y hasta hoy, de las estructuras que evocábamos al principio.

Al completar y profundizar los estudios que sobre el Sur de Ecuador han aparecido en la ultima década (en particular los de Ch. Caivallet, A. C Taylor y Philippe Descola), el trabajo de A-M. Hocquenghem permite reconstruir la historia de la región, en su sentido más amplio, en tres momentos claves: antes de la conquista incaica, durante el incanato, después de la conquista española.

Obviamente una meta del libro es entonces contribuir al debate en el gran problema epistemológico e histórico, tanto de la perennidad de estructuras así como de una cierta uniformidad de aquéllas pese a las diferencias de clima, actividades agrícolas, calendarios rituales y mitos ligados a la tierra. Este tipo de estudio me parece inprescindible para plantear tales cuestiones, más allá de meras afirmaciones y de reconstrucciones arriesgadas.

Pero, a mi juicio, otro aporte fundamental es organizar, interpretar, o sencillamente dar a conocer los textos más importantes de los cronistas sobre la región y permitir así a todos el acceso a una información dispersa a menudo poco manejable. Es la única manera para la gente de apropiarse de su historia. Y es la vocación tanto del CIPCA corno del IFEA, propiciar tales esfuerzos. Esperamos así que, poco a poco, gracias a trabajos científicamente construidos, pero también abiertos a la lectura y comprensión de muchos, se vaya reconstruyendo la historia de la región y construyendo su identidad.

La sierra de Piura

¿Quiénes fueron los moradores de la sierra de Piura en los siglos xv y xvi, antes y después de las conquistas incaicas? ¿A qué grupos étnicos pertenecieron? ¿Cuáles fueron sus costumbres y creencias? ¿Qué relaciones mantuvieron con los grupos étnicos de los valles costeños y de la vertiente amazónica de la cordillera de los Andes? ¿Cómo fueron afectados por las conquistas inca y española?

Mi interés por la etnohistoria de la sierra piurana nació en 1986, durante un recorrido de dos meses entre Huancabamba y Ayabaca que me dejó sorprendida, atraída y seducida por las serranías y los serranos.

Sorprende el contraste entre la sierra piurana y la sierra centro y surandina, tanto al nivel de la geografía y el clima como el de la población. A la latitud de Piura, la cordillera de los Andes culmina hacia 4 000 metros de altitud, dejando pasar las lluvias amazónicas y permitiendo el desarrollo de una misma flora y fauna en las vertientes orientales y occidentales. En ambas vertientes se pasa en medio día de camino de las tierras altas y frías a los valles bajos y calientes. En toda la región se acostumbra comer oca, maíz y yuca. No se observan comunidades tradicionales que mantengan, como en los Andes centrales y sureños, sus costumbres y creencias; si bien se notan rastros de una cultura andina. El Inca y los gentiles, así como ciertos cerros y lagunas, son respetados y temidos, pero de manera diferente en Huancabamba y en Ayabaca, como si estas dos provincias no tuvieran la misma identidad cultural.

Atrae el ambiente a la escala del hombre. Se puede recorrer la sierra de Piura a pie o a bestia sin mayor dificultad durante la estación seca, de junio a diciembre y durante la estación húmeda los caminos son más duros, pero se logra transitar. El clima es agradable, algo frío en las alturas, con pocas heladas nocturnas y algo caliente en los valles bajos donde siempre corre agua refrescante.

La acogida de los campesinos seduce: “Pase, descanse”. Al rato sigue la invitación a comer, a dormir, y en la mañana siguiente, si no se quiere quedar, a seguir el camino “a las untas”. Caminando se aprende cómo se vivía y vive en estas tierras y cuáles son los problemas y las posibilidades de la región.

Las páginas que siguen han sido escritas recordando la acogida de Carlos, Egberto, Jesús, Dimas López, de Simirís; de Wilfredo Morocho, Eleno Cruz y César Paz, de Santo Domingo; de Gabriel Córdova, Emérita Huaches, Rodrigo Elera, Eugenio Mezones, Marco Pintado y don Eulogio Rivera, de Frías; así conio de Pedro Guerrero y Elodia Ncira, de Cachiaco; recordando también los caminos seguidos con Erwin Frank, Karin Apel, Juliana Ströbele y Ludwig Huber, de la Universidad Libre de Berlín y Jean Claude Roux, Grégoire Etesse, de la ORSTOM, ubicando los sitios arqueológicos, observando los paisajes, imaginando la producción de las tierras cuando daba frutos tradicionales, y pensando como mejorarla hoy, conversando al atardecer con los campesinos, gozando de las fiestas del sol poniente y más tarde calentándonos al fogón de la cocina.

Las fuentes utilizadas son los relatos de los cronistas y los informes de los primeros colonos españoles que describen la región en el siglo xvi. Son también los documentos del siglo xvii referentes a composiciones de tierras y pleitos sostenidos por los indios en contra de los españoles o mestizos que invadían sus territorios, y que se conservan en el Archivo Departamental de Piura. Estos documentos fueron estudiados por Milagros Martínez, historiadora de la Pontificia Universidad Catolica del Perú y Jakob Schlüpmann, historiador de la Universidad de París VII. Finalmente, se consultaron los trabajos de Waldemar Espinoza Soriano sobre los guayacundos desplazados por los incas en otras provincias; de Chantal Caillavet sobre los paltas de la sierra lojana, y de Anne Christine Taylor Descola y Philippe Descola sobre los bra-camoros de la vertiente oriental de la cordillera de los Andes.

Tal vez las citas parezcan demasiado largas. La intención fue ponerlas al alcance de quienes no tienen acceso a las bibliotecas, y dar a quienes las lean la posibilidad de que también ellos puedan interpretarlas a la luz del castellano del siglo xvi y los estilos particulares de las crónicas de la conquista y de los informes de la burocracia colonial que hemos conservado.

La presentación de los acontecimientos no sigue el orden cronológico, sino las etapas de la investigación. Se parte de la mención del pueblo de Caxas por los cronistas que relatan lo que sucedió a los españoles entre Tumbes y Jayanca, en 1532. Se sigue con los relatos de la conquista incaica de la sierra piurana y la identificación como “guayacundos” de los indios que vivían en esta región. Luego se reúnen las informaciones sobre los guayacundos sometidos a los incas y los datos sobre los cambios que los afectaron a raíz de la conquista española. Finalmente se intenta reconstruir las estructuras socioeconómicas y religiosas de los guayacundos antes de la conquista inca, así como comparar estas estructuras con las de las etnias vecinas.

Esta investigación no hubiera sido posible sin la invitación y la colaboración de Bruno Revesz y de Yves Saint-Geours así como sin el apoyo de los compañeros del CIPCA y de la radio Cutivalú en Piura y del IFEA en Lima, en particular de Alain Dagand quien dibujó los mapas y la colaboración de Homero Sánchez y Percy León en los trabajos de edición.

Los mapas

Como introducción, los mapas que registrando la información visual y presentando una imagen homologa del espacio introducen a la sierra de Piura (mapas 1 y 2).

La sierra piurana se sitúa entre la margen izquierda del río Calvas, que constituye la frontera entre el Perú y el Ecuador, y la margen derecha del río de Olmos, que separa el departamento de Piura del departamento de Lambayeque, entre los grados 4 y 6 de latitud sur. Hacia el este tiene por límite la cuenca del río Chinchipe y hacia el oeste los valles de los ríos Chira y Piura. En el siglo xvi las sierras de Piura y Loja no estaban divididas por la actual frontera entre el Perú y el Ecuador; es entonces necesario considerar la región de la sierra de Loja, en el sur del Ecuador, que se extiende desde las nacientes del río Tumbes hasta la margen derecha del río Calvas.

En la vertiente occidental de la Cordillera de los Andes se localizan:

  • hacia el oeste, las cuencas del río Tumbes, del río Catamayo, que toma el nombre de Chira, del río Calvas o Macará, afluente de la margen izquierda del río Catamayo y las del río San Pablo o Quiroz, del río San Pedro o Chi-pillico, afluentes de la margen izquierda del río Chira.
  • hacia el sur, las quebradas de los afluentes de la margen derecha del río Piura.

En la vertiente oriental de la Cordillera de los Andes se localizan:

  • hacia el sur la cuenca del río Huancabamba.
  • hacia el este la cuenca del río Chinchipe.
  • hacia el norte la cuenca del río Zamora.

La sierra de Piura es hoy una región aislada. Carreteras afirmadas, transitables soló durante la estación seca, conducen a Ayabaca y Lagunas, a Frías, a Santo Domingo, siguiendo por Chalaco y Pacaipampa hasta Curucas, adonde recién se llega desde 1988, a Yamango, y finalmente una carretera sube a Huancabamba y se dirige hacia la laguna Shimbe. Se circula en toda la región a pie o con bestias, por caminos antiguos.

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Capitulo I. El pueblo de Caxas en 1532

EL PUEBLO DE CAXAS EN 1532

Mencionan el pueblo de Caxas los cronistas de la conquista, Francisco de Jerez, Cristóbal de Mena, Miguel de Estete, Diego de Trujillo y Pedro Pizarra. También aparece el nombre de este pueblo de la sierra de Piura en la crónica rimada de Diego Silva Guzmán. Las tres primeras crónicas serían de 1534, la crónica rimada es de 1538, las dos siguientes más tardías, de 1571 (Porras Barrenecbea 1937, ETA 1968, anexo 1 y mapa 3).

El relato de Jerez es el más completo, pero se tienen que tomar en cuenta los detalles que añaden los otros cronistas y las contradicciones que aparecen, así como las informaciones recogidas en los años 1550 por Pedro Cieza de León y Juan de Betanzos.

La lista de los tambos que Cristóbal Vaca de Castro mandó establecer en 1543 y las actuales toponimias permiten reconstruir el camino seguido por Francisco Pizarra, y sus hombres.

LOS DATOS HISTORICOS

El camino a Caxas según las crónicas

Los españoles desembarcaron en Tumbes y por el camino de Solana llegaron al valle del río Turicarami o Tallana según Estete, y al pueblo de Poehos. En el mismo valle, río abajo, fundaron la primera ciudad de españoles en el Perú, Sant Miguel.

El 24 de setiembre de 1532, salieron Pizarro y sus hombres de Sant Miguel hacia Caxamarca, cruzaron el río en balsas y durmieron en la margen izquierda, en un pueblo cuyo nombre no se menciona. Siguieron en la margen izquierda por un camino muy ancho, que continuaba más de cuatrocientas leguas, dice Estete, y llegaron al valle de Piura.

En la fortaleza de un cacique, un capitán y ciertos españoles, que habían llegado antes a pacificar, los esperaban. Según Trujillo, que fue uno de ellos, el capitán era Benalcázar. Había sido mandado por Pizarra a castigar a los indios que habían matado al joven Sandoval. Este había salido a ranchear, saquear, durante la entrada que hizo Benalcázar para castigar al cacique rebelde de Poechos. Siempre, según Trujillo, esta fortaleza es la donde “agora es Piura”.

En Piura, Pizarra quedó diez días, reorganizando su tropa y preparando sus armas. Cinco hombres de a caballo y cuatro de a pie se volvieron a Sant Miguel y continuaron la ruta sesenta y dos hombres de a caballo y ciento dos de a pie.

A medio día de la fortaleza de Piura los españoles llegaron a una gran plaza cercada de tapia que pertenecía al cacique de Pabor. Este cacique, junto con su hermano era dueño de muchos pueblos y de valles muy buenos, pero el “Cuzco viejo” padre de Atabalipa había destruido veinte pueblos y matado sus gentes.

En Pabor, los españoles se informaron de los pueblos y caciques comarcanos, así como del camino a Caxamarca. Supieron que a dos jornadas de allí había un pueblo grande. Mena dice que Caxas quedaba a tres jornadas y añade que en este pueblo estaban muchos indios de guerra que tenían recogido los tributos con que Atabalipa abastecía su real. Hernando Pizarra quiso irse a Caxas, pero Francisco Pizarra mandó a Hernando de Soto con cincuenta o sesenta hombres y la orden de dar noticias en el pueblo de Sarán o Carán, Carrán y Zarán, según las diferentes versiones, donde lo iba a esperar.

Un día después de la salida de Soto para Caxas, Pizarro partió hacia Sarán. En medio día llegó a una fortaleza y al día siguiente al pueblo. El cacique de Sarán que era dueño de muchos pueblos y de un valle abundante, ofreció abastecimiento a los españoles, ovejas y otras cosas.

Cinco días más tarde llegaron noticias de Soto. Habían estado dos días y una noche antes de llegar a Caxas, relata Jerez, sin reposar más que para comer, subiendo grandes sierras para tomar de sobresalto aquel pueblo. No lo lograron, aunque tenían buenos guías, porque en camino se toparon con espías del pueblo. Algunos de ellos fueron tomados e informaron sobre la gente de Caxas. Los españoles siguieron el camino y llegaron al pueblo, encontraron un asiento real donde parecía haber estado gente de guerra. Mena agrega que supieron que esta gente de guerra había estado sobre una sierra esperando a los españoles, pero se habían ido.

Pizarra mandó a Soto la orden de pasar por otro pueblo cerca de Caxas, Gicabamba. Los españoles de Pizarra esperaron en Sarán el retorno de este capitán ocho días.

Estete y Trujillo, que fue uno de los hombres que subieron de Caxas, ofrecen otra versión. Dicen que estando en Sarán Pizarra envió a Soto a descubrir lo que había detrás de una sierra que desde allí se veía. Soto y Trujillo se fueron con cuarenta hombres, siguiendo un camino hasta ver donde iba a parar. Hallaron una tierra poblada y al cabo de veinte leguas dieron con el pueblo de Caxas.

Pedro Pizarro presenta una versión muy diferente, según la cual es en Poechos que Francisco Pizarro tuvo noticias de la provincia de Caxas y de la ida de A tabalipa de Quito a Caxamarca, haciendo guerra contra su hermano. De este pueblo, despachó a Hernando Soto con algunos hombres a caballo “para que fuese a Caxas y entendiese que quien era Atabalipa y que gente llevaba, y viese la provincia de Caxas y volviese a dalle aviso”.

Si bien no es el texto de un testigo de los acontecimientos, es interesante el relato que deja Pedro Cieza de León, en su capítulo XXXVIII de la tercera parte de la Crónica del Perú, titulado:

“de como, Pizarro salió de Tumbes y llegó a Solana de donde Soto y Velalcazar salieron con jente a la sierra e de como se fundó la cibdad de San Miguel”.

Esta versión fue recogida entre 1547 y 1550, siendo su publicación anterior a la de Pedro Pizarro. Es curioso notar que asimismo indica que Soto hubiera salido de Poechos para subir a Caxas.

“Avianle dado a Picarro grandes nuevas del Cuzco, de Vilcas, de Pachacamas, donde dezían que avía grandes edificios de los reyes, muchos de los quales estavan chapados con oro e plata; así lo dezía a los suyos para que se esforcasen saliendo con todos ellos de Tunbez, donde quedaron los oficiales reales con lo más que se dixo. Y anduvo por aquellos llanos con açaz travajo por la mucha arena que fatigava a los que yvan a pie; e como no avía sonbra y el sol fuese mucho y agua no otra que la que llevaban en algunos calabacos, encalmavanse y pasavan mucha fatiga. Desta manera anduvieron hasta que hallaron una casa real yerma y agua que los consolo mucho y se refrescaron ellos y los caballos. Partieron de allí poco trecho, vieron el río y el valle muy hermoso y alegre y por 61 pasar el ancho camino de los Yngas...

Los naturales avían tenido nueva de lo que avía pasado por los españoles e quan mal les yva a los que se querían oponer contra ellos. Temiendo sus cavallos y el cortar de las espadas determinaron que sería para ellos más seguro tomallos por amigos aunque fuese con fingimiento que no aguardar a que los cativen y roben; y así como lo determinaron lo pusieron por obra, saliendo los principales a hablar a Pizarro, el qual los trato honradamente. Mandó con pena que tenía, puesto que ningún osado fuese de hacer molestia ni enojo a los que, saliendo de paz, hizicscn con ellos alianca y a los naturales rogo que por y vitar que los cristianos no saliesen a destruyir los sembrados ni roballes las tierras que proveyesen de mantenimientos. Holgaron de lo hazer y sin mostrar que dello recibían pesadumbre, les proveyan de lo que tenían. Visto por Picarro aver buen aparejo en aquel valle para estar algunos días, aviéndose aconsejado con su hermano Hernando Pizarro e con los otros capitanes, determinó de que saliese Soto con algunos cavallos e rodeleros a descubrir a la parte de levante lo que avía, porque le afirmavan los yndios la grandeza de los pueblos en la sierra.

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