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Prefacio
Comencé este libro con la esperanza de escribir con espíritu comprensivo respecto de una decisión humana que me parecía extraña y perturba dora: la decisión de ser puritano, de reprimirse y reprimir a otros, de poner en acto una concepción de la santidad abstracta y, a la vez, apremiante. De hecho, la santidad calvinista nos ha dejado cicatrices a todos; sus hue llas han quedado, si no en el nivel de nuestra conciencia superficial, en el de nuestra conciencia profunda y siempre vale la pena regresar a ellas y tra tar de interpretar las heridas. Sin embargo, en el curso de mi trabajo decidí que la elección del puritanismo no es, en verdad, muy diferente de otras elecciones de tiempos posteriores que no me parecen extrañas ni pertur badoras. El santo calvinista me parece ahora el primero de esos agentes autodisciplinados de la reconstrucción social y política que han apare cido tan frecuentemente en la historia moderna. Es quien destruye un anti guo orden que no hay por qué añorar. Es el constructor de un sistema repre sivo que probablemente habrá que soportar antes de poder huir de él o trascenderlo. Por sobre todo, es un político en extremo audaz, ingenioso y despiadado, como debe ser todo hombre que tiene que llevar a cabo “gran des obras”; pues “las grandes obras tienen grandes enemigos”. Al describir el puritanismo como la forma más temprana de radicalismo político, no era mi intención escribir una historia completa de los purita nos ingleses ni de la Revolución Inglesa. Tampoco era mi intención que mi retrato del pensamiento y la acción puritanos reemplazara otras interpre taciones de la historia del siglo, sino que las complementara. El “sur gimiento” de la alta burguesía, la “crisis” de la antigua aristocracia, la “toma de la iniciativa” por los orgullosos miembros de la Cámara de los Comu nes: todos estos procesos (y las transformaciones económicas subyacen tes o concomitantes) se dan por supuestos en mi libro. No obstante, el puri tanismo se relaciona con estos procesos de una manera particular, que, en
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mi opinión, nunca ha sido aclarada plenamente: no como su reflejo en el pensamiento religioso, sino como una respuesta creativa a las dificultades que estos procesos (así como otros cambios sociales) les plantearon a los hombres y mujeres en forma individual. Aunque mi enfoque es cronológico en términos generales, he salteado años libremente cuando me resultó conveniente y –en particular al escri bir sobre las ideas del puritanismo– he reunido material de los períodos Tudor, Estuardo, así como del período revolucionario, a veces asumiendo y a veces argumentando la existencia de una cosmovisión común. La cri sis revolucionaria tuvo, sin duda, un desarrollo lento, una constante acu mulación tanto de errores de quienes ejercían la autoridad como de expre siones de desafío de quienes integraban la oposición, una historia de oportunidades perdidas para el acuerdo y para la paz. No he intentado seguirles el rastro en modo alguno. Pero la revolución también tuvo su fun damento, una base firme, en la aspiración y la organización radicales que se remontan al mismo Calvino y al trabajo de los exiliados marianos. Ésta es la base que he intentado describir y explicar. Al hacerlo, he ignorado en gran medida a esas sectas pequeñas del ala izquierda, por así decir, del protestantismo inglés, cuyos miembros han sido considerados con frecuencia, si bien no la contrapartida de los demó cratas, los socialistas y los comunistas modernos, por lo menos sus ante cesores. Este enfoque no me parece demasiado útil. Cualquiera sea su importancia para los genealogistas modernos, las sectas (incluso losLeve llers) carecen prácticamente de interés en la historia del siglo. La defensa del radicalismo puritano –si es que ha de efectivizarse– debe hacerse con los disciplinarios de la época isabelina, con los presbiteria nos y los congregacionalistas del período de los Estuardo, es decir, con la corriente principal del puritanismo, los auténticos calvinistas ingleses. Ciertamente, estos grupos diferían entre sí y cambiaron con los años; he tratado, no obstante, de argumentar que todos ellos nunca dejaron de compartir ciertas ideas clave incompatibles con el sistema tradicional de Iglesia y Estado, ideas que tendían a generar permanentemente la acti vidad política radical e innovadora. Espero poder proseguir, en el futuro, mi estudio del radicalismo y des cribir más plenamente –tal vez mediante referencias a otros países e his torias– las circunstancias peculiares que hicieron posibles y hasta necesa rios el celo y la disciplina políticos. Ése será el momento de señalar que la política radical, sin duda, puede tomar formas diferentes, y de desarrollar una crítica de los modos cada vez más totalizadores que ha tomado en nues tro propio tiempo. Esa crítica no está en modo alguno implícita en nada
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de lo que se diga aquí, porque no deseo repetir ni aplicar a un tiempo ya pasado esa ecuación –tan fácil como falsa– de radicalismo y totalitarismo que ha sido tan común entre historiadores, sociólogos y politicólogos en los últimos quince o veinte años. Mi único objetivo es hacer que el radi calismo puritano, tan poco atractivo a mis contemporáneos, se torne huma namente comprensible.
En este libro, he usado la forma completa de todas las abreviaturas y he modernizado la escritura tanto en las citas como en los títulos de los libros. Esto me pareció conveniente, no sólo por razones técnicas, sino también por razones editoriales. Retener la antigua escritura y las abreviaturas hace que los escritos puritanos parezcan inabordables por distantes, hasta pecu liares, por lo menos para los lectores inexpertos en el estudio de textos de los siglosy. Sin embargo, la literatura de los santos ingleses, en su mejor expresión, se caracteriza por una maravillosa elocuencia coloquial y una sensación de apremio sencilla y conmovedora. He optado por un sacri ficio menor en la exactitud, a cambio de lo que espero que sea un benefi cio en la inmediatez y la comprensión. Sólo he retenido la escritura origi nal en las citas de poesía (o de alguna palabra o frase que ha caído en desuso).
Este libro fue escrito originalmente como tesis doctoral; muchas perso nas me han asistido en el proceso de escribirlo así como en su preparación; por lo tanto, nombrarlos a todos es imposible para mí. Muchos de mis pro fesores en las universidades de Brandeis, Cambridge y Harvard reconoce rán en estas páginas una frase, el fragmento de una conversación, una idea curiosa, que pueden haber sido tan importantes para mí como los conocimientos sistemáticos que impartían. A todos ellos, les expreso mi agradecimiento. Tengo con cada uno de ellos una deuda que sólo puede pagarse transmitiendo, a mi manera, algo de lo que de ellos aprendí. Mi mujer, Judit Walzer, ha sido mi compañera y crítica constante durante los años que batallé tratando de comprender a los santos puritanos y de escribir este libro. Las diversas metamorfosis que tanto el libro como yo hemos experimentado son en gran medida obra suya. Los profesores Carl J. Friedrich, Louis Hartz y Barrington Moore leyeron las primeras versio nes de varios capítulos; su aliento y su consejo fueron de gran utilidad para mí. Mi colega de Princeton Paul Sigmund leyó la sección sobre la antigua ciencia de la angelología y corrigió muchos errores insensatos. Trabajé en Harvard durante cinco años en estrecha colaboración con el profesor Samuel Beer. Sus ideas sobre el estudio apropiado de la polí tica han constituido la mayor inspiración para el desarrollo de mi propio
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pensamiento sobre el tema. El curso de Ciencias Socialesque dictaba me brindó el primer foro desde el cual pude elaborar una visión del puri tanismo. Una reunión de profesores de Ciencias Sociales, hoy historia dores, sociólogos y politicólogos en diversas universidades, fue mi primer grupo de críticos académicos. Agradezco a todos los participantes: Samuel Beer, William Chambers, Harry Eckstein, Klaus Epstein, George Nadel, Melvin Richter, Charles Tilly. El trabajo de investigación necesario para la elaboración de este libro fue posible gracias a las becas Fulbright del Gobierno de los Estados Uni dos durante el períodoy del Social Science Research Council durante el período. El mecanografiado final del manuscrito defi nitivo se realizó con el apoyo de un subsidio de la Universidad de Prince ton. Quiero expresar mi reconocimiento por la gentileza de los editores deHistory and theoryyThe American Political Science Reviewpor permi tirme volver a publicar partes de los artículos que aparecieron, en su ori gen, en sus páginas. Por último, agradezco a los editores de Harvard Uni versity Press y a Ann Orlow, en particular, que aliviaron enormemente el trauma de la publicación.
Michael Walzer Princeton, N. J. de junio de