La polémica feminista medieval

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Colecciones : Tiempo de historia. Año IV, n. 44
Fecha de publicación : 1-jul-1978
Publicado el : sábado, 01 de julio de 1978
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La poléIllica
feIllinista Illedieval
Adeline Rucquoi Lepiney
ilustración de una obr. de
Bocacelo, Circe represanta
la perdición da lo.
I • ~~~~~~~~L.L!.l hombresalasqulI
_ convierte en puareol.
90

Romance de la Rosa, escrita por
lean de Meung, obra violentamente
antifeminista, a la cual respondió,
un siglo más tarde, la voz de Cristina
de Pisa, primera voz «feminista»
de la historia de la civilización occi­
dental.
Ames de dedicar nuestra atención al
debate en sí que dividió entonces a
adversarios y partidarios de la mu­
jer, conviene subrayar que se trala
en este caso de un debate sobre la
«imagen literaria» de la mujer; en
otros términos, que forma parte de la
historia de las ideas o de las menta­
lidades y no corresponde forzosa­
mente a la realidad cotidiana de la
época.
l.. ~.d ••• d. l. •• H .... Ig ... d. 8""go., en .. alglo XII prel.ndi.
em.nclp •••• 0.1. 1 ... 1.1a .pl.eop.I.lmp.r1I.I ..... e.l1.ti.,
(1} P. MF}'[R, el! Romanla, VI, p. 499.
ABLAR bien, y sobre todo,
mal de las mujeres, hablar H fue para el Medievo, como
para la Antigüedad, uno de los luga­
res comunes de la literatura. 1 mpo­
ten tes para captar los a <pectos va­
riados de un tema, incapaces de una
apreciación independiente y mati­
zada, los escritores medievales que
trataron tal lugar común, tomaron
decididamente partido por una ti
otra de las dos opiniones opuestas, y
sus obras son, o bien invectivas, o
bien panegíricas ... » (1).
Una breve ojeada a la producción
literaria de la Edad Media confir­
mará incluso una predominancia
indudable de la tendencia misógina
de los autores medievales sobre los
demás. La polémica en/re unos y
otros, entre adversarios y «campeo­
nes» de la mujer, notable desde los
principios de la literatura medieval,
culminó con la aparición, hacia los
Ev. , .... c ...... d. , • • lIp""llon del P".IIO pa •• el gene.o hum .no"
años 1265, de la segullda parte del PO' •• 0 ,"'. vilipendiad. por leologol , penl.do.el medlev.te •.
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una larga línea de mujeres la muJer, opmlOn sacada del
combatientes, siendo, sin du­ - hecho de que tal problema
da, las más conocidas de ellas aparece entonces planteado
las que, en gran número, SL' por ciertos autures literarios.
«cruzaron» para ir a liberar la En rcalidad, esta época
tumba de Cristo y I1lUrieml1 presencia un movimiento ge­
ante Jerusalén, Antioquía o neral de represión y «ence­
Damasco. No hay que sacar, n-amiento»: en el sjglo XVI, la
por supuesto, la conclusión de mu,ier se ve poco a poco ex­
una «igualdad» entre el hom­ cluida del mundo de la educa­
bre y la mujer en la Edad Me­ clon y de la cultura. del
clia que, dentro del panorama mundo del trabajo producti­
genel-al de la civilización oc­ VO, de la vida activa, para ser
cidental patriarcal, reúne las encerrada en conventos «de
inlluencias celto-germánicas, clausura», o casada y ence­
clásicas -griegas y roma­ rrada en su casa. Las únicas
nas- y judea-cristianas. A la mujeres que, a partir de en­
.mujer no se la considera como tonces, podrán manifestarse
igual al varón, pero sí parti­ socialmente sel"án reinas. fa­
cipa de la vida social y está voritas o cortesanas: situacio­
presente en todo momento en nes que responden a los gustos
neoclásicos renacentistas y la n.~aJidad económico-social
POllada de una de las p"me,as eGlclones
de ese largo período llamado hacen revivir, copiándola, la del ~Roman de la Rose".
sociedad griega clásica con Edad Media.
Curiosamente, el Renaci­ sus hetairas y sus gineceos. faA Edad Media, a lravés de
miento rue presentado y sigue Teniendo, pues, en cuenta la l!!I su producción literaria
fa !La de sincronización entre siéndolo como una epoca de: aparece como una época esen­
principios de «liberación" de la malidad cotidiana y la ima-cialmente misógina y rotun­
damente antifeminista. Pero
hay que tener en cuenta que
entonces no escriben más que
Jos eclesiásticos y los juglares
que, según palabras de Léon
Abensour, son «los dos enemi­
gos de la mujer» en el medie­
vo, aunque por motivos dife­
rentes. La realidad medieval
de la vida de cada día no co­
rresponde a esa «superestruc­
tura» literaria, a esa imagen
ideal de sí misma que quiere
ofrecer la sociedad culta de
cada época. En la realidad
medieval, dentro de un marco
general de existencia brutal.
marcado por la violencia, las
catástrofes naturales y las
guerras, la muier no dejó de
desempeñar un papel impor­
tante: tiene acceso a la ins­
trucción en las escuelas co­
munales, tiene acceso al
mundo del trabajo, participa
en algunas ocasiones de la
vida comunal o de la adminis­
tración de su ciudad, toma i.n­
cluso parte en las expedicio­
nes guerreras: Juana de Arco.
a ese respecto, proviene de "El baile en el Jardin»: uno de los capitulos del lamoso .. Roman de la Rose".
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gen Ji teraria de una misma
época, tampoco hay que des­
preciar esta última en el Me­
dievo. A medida que se exten­
dieron a una mayor parte de la
sociedad el arte y el acceso a la r
cultura, mayor fue su influen­ •
cia. En épocas que no conocen
la imprenta y cuyas tradicio­
nes suelen ser en gran parte
orales, la transmisión de ideas
se hace lentamente. Concep­
tos, teorías o ideas expresados
por ejemplo en el siglo XIII en
los medios intelectuales y
eclesiásticos. pueden tardar
un siglo o dos en aparecer en la
cultura popular. El invento de
la imprenta en los años 1440-
1450 fue decisivo en 'el fenó­
meno de transmisión de la
cultura.
Aquí también interviene otro
fenómeno, que subrayaba Ro­
berto S. López en unas confe­
rencias dadas en París hace
unos meses: cuando falla la
práctica, encuentra
obstáculos y desaparece. en­
tonces aparece la teoría. En el
caso concreto que nos ocupa,
cuando la mujer desaparece
del horizonte social y cultural
.. las Damas entrando en su C;udad,,~ ilustración de ta obra de Crlslina de Pisa.
como presencia activa, enton­
ces surge una ((teoría» artís~
tica y literaria que se interesa entonces, por boca de sus «Pa­ pu!sión o irrisión, ella se con­
por el «problema» y plantea la
dres», vilipendia a la mujer vierte ahora en objeto de
necesidad de una integración
por impura, aliada del demo­ amor, devoción y veneración
social de la mujer. Tal es el
nio, casi demonio ella misma, por parte del autor. Es la
caso del Renacil;liento y de la
y llega, con Tomás de Aquino, ((dama», la amada; colocada
época llamada Moderna.
a preguntarse la necesidad en una especie de plano (su­
¿Cuál es, pues, la imagen de la que tenía Dios de crear un ser perior», más cercano al divino
tan imperfecto al lado de ese que al humano, es el móvil de mujer transmitida por la lite­
ser perfecto que es el varón. las grandes acciones del hom­ratura medieval? Es una. ima­
Mientras tanto, la poesía y el bre. En cualquier caso, cuanto gen compleja. Por una parte,
teatro popular muestran las más lejana, menos asequible, la jerarquía eclesiástica) el
figuras ya tipificadas de la «intocable» es la dama, mundo de los juglares, goliar­
suegra. de [a mu.ier de mal ca· mayor es el "amor)) de su ca­dos y otros autores de cuentos
racter. de la esposa adúltera y ballero. Pero no nos debemos morales y obras teatrales pre­
mentirosa, de la coqueta que equivocar: la "dominación» sen tan a la mu jer como un sel"'
gasta la fortuna de su marido, de la mujer no puede ser sino esencialmente' débil, asequi·
o de la avariciosa de corazón espiritual. Si la dama accede a bIe por lo tanto a todo tipo de
de piedra. tener con su caballero rela­tentaciones a las cuales su­
ciones de tipo sexual, el pano­cumbe inevitablemente, y de Por otra parte. con la apari­
rama cambia radicalmente; a ción de la literatura cortesa­tentada se hace tentadora
lo peor, ella cae entonces en para que, a su vez, sucum ba el na. s.e desan'olla paralela.
los vicios que le suele atribuir varón. Hemos reconocido la mente una nueva imagen de la
figura típica de Eva. La Iglesia mujer: de objeto de odio. re- la Iglesia; a lo mejor, se esta~
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desfavol'abLes a la mujer
---con títulos como" La com­
paración entre la mujer y la
urraca», "El Evangelio para
las muieres» o "La vitupera­
ción de' las mu ieres» -y oLros
siete fa vorables al sexo feme­
nino--, "El bien de las muje­
res», "La bondad de las muje­
res. o "El honor de las da­
mas •.
De un lado como de otro, se
trata de un intercambio de
"clisés» estereotipados sobre
las mujeres. Los adversarios,
como los partidarios, pertene­
cen al ambiente clerical y sa­
can sus argumentos en gran
parte de las fuentes bíblicas.
Para sus acusadores, la mujer
se caracteriza por: estupidez,
irritabilidad, inconstancia,
locuacidad, frivolidad, ebrie­
dad, glotonería, perversidad,
hipocresía, egoísmo, celos,
mentiras, concupiscencia, ar­
dor sexual extremado, etc, Sin
olvidar nunca, por supuesto,
que es ella la causante del pe­
cado original y que, a ese res­
pecto, escribió Tertuliano:
"Muier. tú eres la puerta del
diabio. Fuiste tú la que per­
suadiste al que el Diablo no se
atrevía a atacar de frente. Fue
erlllín. de PI" olrece un. de 11,15 Obf15 • la reine de Franela . • I.bel de e.vll!! • .
por culpa tuya que tuvo que
morirel Hijode Dios; deberías
blece una lucha en la cual el e1usión de que el amante no andar siempre vestida de luto
varón tiene que "triunfar. de quiere a la amada sino al y con harapos ». Los defenso­
ese amor a expensas de la mu­ amor, simbol izado por obs­ res, por su parte, argumentan
jer ya que en este terreno la táculos que venrer, o sea que fi­ la necesidad de respetar a las
dominación debe ser suya. Tal nalmente se quiere a SI mismo muieres que fueron «la pri­
es, en rasgos generales, la evo­ a través de sus propios éxitos y mera morada» de cada hom­
lución notable a través de la proezas. bre, recuerdan los placeres y
obra de Chrétien de Tr-oyes, Paralelamente a esa literatura las alegrías que ellas procu­
autor del Ciclo de la Tabla Re­ general que abarca desde la ran, así como los cambios que
donda. Denis de Rougemont, teología y los sermones reli­ ellas son susceptibles que
en una obra ya famosa , giosos hasta los cuentos y el provocar en los tímidos, co­
«L'amouretl 'Occidentl>,hace bardes o violentos, y apoyan teatro popular, pasando por
del cuento de Tristán e lsolda las "gestas. y la poesía culta, su defensa sobre el mismo
el mito fundamental de la vi­ se desarrolla a partir del siglo tema de la creación del mun­
slon occidental del amor: Xl una litel'atura que trata di­ do, así resumido:
cuantos más obstáculos se rectamente de las mu.ieres, "Mulier prefertur viro, scilicet: presentan entre el aman ley su tanto para acusarlas como Materia: Quía Adam {aceus de amada -siendo el mayor la para defenderlas. limo [erre, Eva de costa Ade,
pl'esencia de un marido-,
Anteriormente al Romance de Loco: Quía Adam factus extra más fuerte parece se;' d amor.
la Rosa de 1265, se han podido paradisum, Eva in paradiso.
El autor llega incluso a la con- enumerar unos diez escritos In concepcione: Quia mulier
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concepit Deum, quod horno mencionar que este burgués, del Romance, abandona el ar­
non potuil. plebeyo, apodado «el Voltaire gumento central del Amante
Apparicione: Qu ia Christus medieval. era un clérigo. buscando la Rosa, y expresa
primo appantit muJ;er; post sus ideas sobl"c f\\ú1tiples tc­ Esta obra ocupa un lugar
resurrectionem, scilicet mas, haciendo hablar a Razón aparte en la literatura medie­
Magdalene. y la NaluraJe"l.a. En esta se­ val. No sólo por el éxito que
Exaltacione: Quia l11ulier gunda parte del Romance, y tuvo inmediatamente y quena
exalta est super chorros ange­ bajo la pluma de Jean dc se desmintió durante los si­
lorum, scilicet beata Ma­ Meung, en nombrc de la natu­ glos posteriores, sino porque
ria.» (2). raJeza, se expresa un ant ife­ es un compendio de las gran­
minismo viol~nto y groscro En todo caso, a ese nivel, la des corrientes literarias ante­
que no admite matices ni dis­querella que oponía los dos riores, una mezcla crítica a la
cusión: partidos se ceñía a un medio vez de los géneros y de las
intelectual muy cerrado y no «Tot.ues vous at.llres, {ernmes, ideas de su época. En particu­
podía tener gran alcance fuera lar, el antifeminismo, hasta
de tal ámbito. entonces limitado a los círcu­Vous eles, vous serez, vous {úles
los letrados y a las burlas po­Con la segunda parte del Ro­ De {ail, ou de vo/unté, pUles.»
pulares, se convertía así en un mance de la Rosa se amplió la
importante fenómeno cultu­polémica, alcanzando impor­ A lo largo de los miles de ver­
ral y adquiría, de alguna for­tantes capas de la sociedad, ya sos del poema, se compara la
ma, sus cartas de nobleza a que esa obra fue una de las mujer con la serpiente, se ha
través del Romance. La obra bla de su perfidia, de su traj~ más leídas de su época. Obra
suscitó, pues, como era de que cuenta con más de 20,000 ción, del peligro, que, en fin,
prever, una multitud de fer­versos, el Romance de la Rosa ella representa para el varón.
vientes admiradores y unos fue, originariamente, una no­ Bajo ese mismo aspecto de ra­
detractores no menos fervien­vela de tipo cortés, Su primer zón y naturaleza, el autor re­
tes. autor, Guillaume de Lorris, comienda abandonar todas
esas falsooades llamadas simboliza, de forma alegórica, La polémica acerca de la mu­
.amor», para volver a la la difícil conquista de «la Ro­ Jer llegará a su punto culmi­
misma y propia esencia de las sa» (la Amada) por el Amante; nante con la aparción, en la
relaciones entre los sexos: la alrededor de la Rosa, las figu­ vida cultural de la época, de
procl·cat:ión. Ni falta hace ras de Bel Accueil (Buena Aco­ una figura extraña y única.
gida), Franchise (Franqueza) y
Pitié (Piedad) ayudan al héroe,
cuyo camino se ve obstaculi­
• l· • zado por las actuaciones ad­ ", ,
versas de Danger (Peligro),
Honte (Vergüenza) y Jalousie
(Celos). Según la definición de
la EncycJopedia Univcrsalis,
en este poema está tratado «el
mito del paso al estado de
hombre por la revelación del
misterio sexual (la Fuente y la
Rosa), yel mito de integración
a la sociedad cerrada de la
Corte ...
Pero Guillaume de Lorris deja
el Romance sin terminar, y la
obra será acabada unos 45
años más tarde por un tal Jean
Chopinel, natural de la ciudad
de Meung, conocido por Jean
de Meung. Este transforma
esencialmente la idea motriz
(2) Universidad de Cambridge, mS$.
G.g. /./., fol. 392c. Crhllln¡1 de PIS8 preseotlodo U08 de SUI obrBS 81 duque de 80'9001.
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­

una tigura femenina, la de astrólogo cambia en pocos con su tiempo. lo único real­
Cristina de Pisa. años. En 1386, muere su pa­ mente excepcional en la vida
dre, y en 1389, su marido, a la Nacida en 1363 ó 1364 en Ve­ de Cristina no es el hecho de
edad de 34 años, dejando a que se dedique a escribir, sino necia, Cristina era hija de To­
Cristina sola con sus tres hijos más de Pisa (o El pisano), con­ el ser la primera mujer que
menores, su madre y sus dos haya conseguido vivir de su sejero de la Serenísima Repú­
hermanos a su cargo, sin con­blica de Venecia y afamado pluma. Al mismo tiempo que
tarnumerosísimas deudas. La compone sus obras, ella no astrólogo. A la edad de cinco
joven viuda de 25 años pasará deja de estudiar todo lo que años, su padre la lleva consigo
largos años de pleitos, acu­ puede: filosofía, historia, a la Corte de Francia donde ha
diendo a los tribunales para sido llamado por el rey Car­ ciencias o poesía.
defenderse personalmente de En 1399, Crilina compone una los V para entraren el Consejo
los acreedores. «Epístola al Dios de Amores» Real. Cristina recibe una edu­
que conoce un éxito inmediato cación y una instrucción cui­ Renunciando a un segundo
dadas y, en 1378, a la edad de )' la convierte en uno de los matrimonio que podría ha­
meJOres escri tares de su épo­quince años, se casa con un berle proporcionado la pro­
ca. En esta «Epístola», por gentilhombre de Picardia, .io­ tección y seguridad que le fal­
primera vez, aparecen clara­ven, llamado Etienne du Cas­ taban, Cristina de Pisa se de­
tel, que pasa, poco después a mente las tomas de posición dicó a escribir poemas y poe­
desempeñar el papel de Secre­ de la autora en favor de las sías cortas, y a acudir a los
mujeres y en contra de obras tario del Rey. Fue un matri­ grandes y poderosos de la
tales como el Romance de la monio feliz y Cristina tuvo Corte para vender sus obras.
una hija y dos hijos. Rosa de Jean de Meung. En pocos años, su fama se ex­
Hasta aquí, parece una vida tiende a la Corte de Francia, a En 1405. el duque Felipe de
sacada de alguna novela rosa; la del duque de Orleáns }' Borgoña le encarga una espe­
pero la suerte de la hi ia del hasta a Inglaterra. En relación cie de crónica oficial del reino:
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sera el «Libro de los Hechos y
Buenas Costumbres de Car­
ios V». A partir de esa fecha, y
hasta su muerte sobrevenida
en 1429 -el año de la toma de
Orleans por Juana de Arco---.
su producción literaria se¡-á
abundante. En ella se mezclan
los libros que tratan de su
época y desarrollan conside­
raciones políticac;. filosóficas
O literarias. con tratados más
especifica mente «feministas».
Entre los primeros se pueden
mencionar, en particular, el
«Livre du Corps de Policie»
(Libro del Cuerpo de Policía).
en el cual Cristina divide el
«pueblo» en diversos «esta­
dos» semejantes a las divisio­
nes del cue'rpo humano: al cs­
tómago le corresponde los es­
tudiantes y clérigos, a las
piernas los mercaderes y a los
pies los artesanos y campesi­
EIOlllil con~e,o iI Abela.do cuando tue 01 segu" lillIlecc.onell que eSle Impar"a en Pa"s nos. mientras que el reyes la
cabeza y, los brazos los for­
man los nobles y caballeros: peona del femenino sexo» defensa de las mujeres que,
idea que denota en la autora --como se suele aUlOdenomi­ según palabras de la autora.
una gran influencia paulinia­ nar- desarrolla sus reivindi­ son, por naturaleza, buenas.
na. En agosto de 1410 está fe­ caciones y sus consideracio­ temerosas, humildes y carita­
chada la «Lamentación sobre nes sobre tal tema a través de tivas, amables, pudorosas.
los males de la guerra civil », y otras numerosas obras. A la propensas a la paz y temiendo
de 1414 es et ((Libro de la «Epístola al Dios de Amores)) a la guen'a:
paz)), que conticne una se­ seguirán «La Ciudad (1399), "Car /wture de femme esl vera condena de la rebelión de las Damas)), el« Libro de las
[débonnaire, parisina de los Cabochianos. Tres Virtudes» y, finalmente,
Moull piteuse, paourouse el En todo caso, Cristina de Pi­ el año de su muerte, el «Dicho [doubtable, san no es ni revolucionaria. ni sobre Juana de Arco .. , cuya H umble, douce, caye el Inoull siqujera innovadora en el do­ aparición en el escenario polí­ [charitable, minio político-social. Sus tico provocó el entusiasmo de Amiable, devole, en payx ideas son francamente tradi­ nuestra escritora.
[honletlSe, cionales y conservadoras: la
Resulta interesante detenerse El guerre crai I1l, simple el monarquia no se somete a dis­
[religieuse ... » un poco en examinar las ideas cusión, ya que parece ser algo
expuestas por Cristina de Pi­indiscutible; Cristina critica, Si la mujer -argumenta
sa sobre el problema de la por lo tanto, el sistema elec­ ella-se deja a menudo llevar
mujer en ese principio del si­tivo italiano y. mucho más, los por el pecado, la responsabili­
glo XV: nos pueden par~cer gobiernos populares. Su hosti­ dad le incumbe tanto a ella
hartamente conocidas. pero lidad hacia las clases popula­ como al varón que, en nume­
estamos aquí ante la primera res se manifiesta de forma rosos casos, es el que la provo­
formulación literaria de tales muy notable en el «Libro de la ca, la busca o la tienta y abusa
argu men tos, Paz)). de su ignorancia. Para demos­
En ningún momento, pues, En la «Epístola al Dios de trar tal aserción, Cristina re­
Cristina de Pisa cuest iona las cuerda las figuras famosas de Amores», un grupo de damas
institucioncs y la jerarquía se presenta ante el Dios del Medea, engañada por J asón
social de su época ... sino en un Amor para quejarse de las in­ que la abandonó, de Dido que
sólo punto: el papel de la mu­ se suicidó tras su abandono jurias que sufren continua­
.ier en esa sociedad, La «cam- mente. El poema es una larga por Eneas, y de Penélope,
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Objeto de escándalo Olfa In .. ", ... Ioos porque vellla de hombre. Juana da Arco muria en la hoguera, en Ru.n.
simbolo de la fidelidad feme· ciclopédicos, Cristina de Pisa obra de varones resentidos o
oina; menciona, asimismo, los expone sus conceptos «femi­ frustrados. Una refutación de
argumentos medievales de nistas» de forma no polémica la «doble moral» -en el si·
Eva que fue creada dentro del glo XV ... -, que juzga y con· sino ponderada y reflexiona­
Paraíso y de la costilla del da. El argumento del poema dena con extrema severidad
hombre, prueba del amor de en las mujeres una falta que, es sencillo. Tres diosas apare­
Dios hacia ella; y no olvida en los varones, no se considera cen ante los oios de Cristina
exaltar la figura de la Virgen que deplora las desgracias de más que como un «pequeño
defecto». Finalmente, una Maria. Según Cristina, los au· su sexo: son Razón, Rectitud y
tares que atacan o injurian a apología de la igualdad inte­Justicia. Razón invita a Cris­
las muieres -entre los cuales lectual entre los sexos: ni la tina a no dejarse engañar por
ella coloca a Ovidio con su los poetas y filósofos, sino más mujer es intelectualmente in·
«Arte de Amar» y al inevitable ferior a l varón, ni los estudios bien, a confia¡' en sus propios
Jean de Meung- y les 3cha· sentidos, y le propone luego «empeoran» o «corrompen ..
can todos los males de la tie· edificar una ciudad en la cual la naturaleza femenina ... La
rra, hacen generali zaciones todas las mujeres, pasadas y inferioridad que existes€' debe
abusivas a partir de las muje· presentes, puedan encontrar a la segregación que impide el
res de mala vida que suelen refugio. Razón edificaría los acceso a la vida inlelectual a
frecuentar las mismas taber­ fundamentos. Rectitud levan­ las niñas y a las mujeres, osea,
naS que ellos, o a partir de ca­ taría las murallas y Justicia que es de origen social y no
«naturah. sos aislados, y que si las muje­ gobernaría la ciudad.
res escribieran o tuvieran la A lo largo del poema, destacan En el «Libro de las Tres Virtu­
posibilidad de eSCl"ibir libros, tres temas fundamentales: el des », dedicado a una princesa
la realidad que expresarían no problema de la igualdad entre de sangre real. Cristina desa­
sería esa. los sexos, cuya demostración n'olla. para su época, un pro·
La .Ciudad de las Damas» es se apoya tanto sobre argu­ grama de estudios para las
una obra alegórica de 125 ca­ mentos teológicos como sobre' mujeres que incluye lectura,
pítulos a lo largo de los cuales, anotaciones de QI'den históri­ escritura, cálculo, nociones de
haciendo muestra de conoci­ co, descartando una vez más Derecho, e incluso de armas
mientos verdaderamente en- las generalizaciones abusivas, para las damas de la nobleza.
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Estudios que se asemejan bas­ to»: «¡ Oh atrevimiento loco! te_ de su tiempo. El huma­
tante a los que recibían los va­ ¡Oh palabra temprana y no re­ nista Jean de Montreuil, pre­
rones en las escuelas comuna­ flexionada que surge de boca boste de la ciudad de Lille, se
les italianas, flamencas o pa­ de mujer! •. Pero, Guillaume indigna de los ataques lanza­
risinas entonces. de Tignonville, preboste de dos contra Jean de Meung,
París, se alinea asimismo en­ proclama que se pueden en­En su polémica, Cristina de
tre los defensores del «feme­ contrar siete mil defensores Pisa no se encontró sola. Re­
nino sexo». Hasta el famoso del Romance, no duda en acu­cibió el apoyo y la ayuda de
mariscal de Boucicaut que, de sar a sus adversarios de peca­numerosos «personajes»,
vuelta de una brillante expe­ dores, y se escandaliza de que tanto intelectuales como polí­
dición a Oriente, demuestra una mujer se tome la libertad ticos, de su tiempo. El más co­
ser uno de los más fieles parti­ de expresar una opinión. nocido de ellos es, sin duda
darios del culto de la mujer; Gonthier Col es Secretario y ninguna, el propio Canciller
conmovido por las injusticias Consejero del Rey y participó de la Universidad de París,
cometidas con las mujeres, en en numerosas misiones di­predicador de la Corte, autor
particular con las viudas, el plomáticas; él también es un de varias obras teológicas y
mariscal, «especie de Don humanista y gran admirador morales, Jean Gerson. Gerson
Quijote antes de tiempo» (3) había atacado ya al Romance del Romance de la Rosa. Su
decide dedicar «corazón, vida hermano, Pierre Col, perso­de la Rosa anteriormente,
y fortuna con todo su poder naje asimismo importante en desde un punto de vista moral,
para defender sus justas eau· la Corte de Francia, toma la acusando al Romance de co­
sas y querellas contra quien defensa de J ean de Meung y rromper a los lectores, ser sa­
fuere que lo quisiera debatir»; reprocha a Cristina el haber crílega, promover la lujuria y
el día de Pascuas de 1399, fun­ olvidado «la reserva y mades­destruir el matrimonio y la
da, en compañía de doce caba­ tía que convienen a su sexo» ... familia. Gerson tomó inme­
lleros, una orden de caballe­ La querella entre tales intelec­diatamente partido por Cris­
ría, cuya misión sena la de­ tuales llegó a un punto bas­tina en la querella que siguió a
fensa de las muieres, llamada tante violento; a petición de la aparición de la «Epístola al
«El escudo verde de la Dama Cristina de Pisa, el litigio fue Dios de Amores».
Blanca •. llevado ante la reina Isabel de Cuando surgen los primeros
Baviera, mujer de Carlos VI Los adversarios de Cristina de adversarios de la hija del Pi­
de Francia, lo que contribuyó Pisa se reclutan igualmente sano, sus críticas van dirigi­
entre los miembros de la «eli- a apaciguar un poco el tono das no al pensamiento y a los
tanto de los detractores como conceptos de ésta, sino a su (3) Histoirt du Ftminisme Fram;ais,
de los defensores. pertenencia al sexo «opues- pp. 63-64.
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