La identidad Aymara

De

Dos problemas contradictorios recorren nuestra época: el problema de la diferencia, del reenraizarse e incluso de la separación (diferencia entre sexos, diferencias étnicas), y el de la identidad universal del hombre. La excelsa ambición de universalidad que concluyó proclamando una unidad del Hombre y sus valores, e incluso con una Declaración Universal de sus Derechos, es una concepción occidental que presupone, como muchas otras, la progresiva unificación de la historia. Ahora bien, en nuestros días las minorías étnicas, los pueblos antiguamente colonizados, se proclaman defensores de la insularidad y de una historia diferente, rechazando parcialmente o en su totalidad ideas hasta ahora comunmente admitidas. Bien entendida, la dialéctica de este doble movimiento resulta en todos los casos de la problemática del etnocentrismo. Porque tanto la actitud homogeneizante, que consiste en borrar las diferencias, como aquella que consiste en referirse solamente a ellas, se expresan generalmente a partir del mismo lugar común: el poder.


Publicado el : jueves, 04 de junio de 2015
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EAN13 : 9782821846029
Número de páginas: 443
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La identidad Aymara

Aproximación histórica (Siglo XV, Siglo XVI)

Thérèse Bouysse-Cassagne
  • Editor: Institut français d’études andines, Hisbol
  • Año de edición: 1987
  • Publicación en OpenEdition Books: 4 junio 2015
  • Colección: Travaux de l’IFÉA
  • ISBN electrónico: 9782821846029

OpenEdition Books

http://books.openedition.org

Edición impresa
  • Número de páginas: 443
 
Referencia electrónica

BOUYSSE-CASSAGNE, Thérèse. La identidad Aymara: Aproximación histórica (Siglo XV, Siglo XVI). Nueva edición [en línea]. Lima: Institut français d’études andines, 1987 (generado el 25 noviembre 2015). Disponible en Internet: <http://books.openedition.org/ifea/6854>. ISBN: 9782821846029.

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© Institut français d’études andines, 1987

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Índice
  1. Agradecimientos

  2. Indice de mapas y figuras

  3. Indice de cuadros

  4. Introduccion

  5. Capitulo I. La republica de los indios, la republica de los españoles

    1. I. LA CONQUISTA DEL NUEVO TERRITORIO
    2. III. EL MEDIO GEOGRAFICO
    3. IV. CARACTERISTICAS DEMOGRAFICAS DE LAS PROVINCIAS DE LA PAZ Y LA PLATA
  6. Capitulo II. Los Aymaras y Los Otros

    1. I. METODO Y DOCUMENTOS
    2. II. DISTRIBUCION DE ETNIAS SEGUN LA VISITA DE TOLEDO
    3. III. LENGUAS DEL COLLAO
    4. IV. LENGUAS Y ETNIAS
    5. V. TRIBUTO Y ETNIAS
    6. VI. LOS SALVAJES
  7. Capitulo III. La palabra de los ancestros

    1. I. LA PALABRA DE LOS ANCESTROS
    2. II. ESPACIO Y TIEMPO EN LA MITOLOGIA ANDINA
  8. Capitulo IV. Del espacio del grupo al espacio individual

    1. I. LA ORGANIZACION DUALISTA DEL ESPACIO AYMARA
    2. II. EL ESPACIO RITUAL Y LA ADQUISICIÓN DE IDENTIDAD INDIVIDUAL
    3. III. LAS TRANSFORMACIONES DEL DUALISMO
  9. Capitulo V. Tiempo del grupo tiempo del imperio

    1. I. TIEMPO DEL GRUPO, TIEMPO DEL IMPERIO
    2. II. LA FIESTA DE LA COSECHA DE LA PAPA
    3. III. EL CALENDARIO DEL ALTIPLANO
    4. IV. EL CALENDARIO AYMARA Y EL CALENDARIO DEL ESTADO INCA
  1. Capitulo VI. Transformaciones espaciales y nuevas relaciones sociales en la época incaica

    1. I. EL RITUAL DE UNA CONQUISTA
    2. II.- DEL RITUAL DE LA CONQUISTA A LA DEMARCACACION DEL ESPACIO SAGRADO
    3. III. CONQUISTA DE LAS TIERRAS CALIDAS Y TRANSFORMACIONES SOCIALES
    4. IV. LOS LIMITES DEL COLLAO
  2. Conclusion

  3. Apendice

  4. Bibliografia

  5. Documentos

  6. Archivos

Agradecimientos

1Más de siete años separan la defensa de lo que fue una tesis defendida en la Escuela de Altos Estudios de París, de la publicación de este libro. Siete largos años. Esta publicación se debe esencialmente a la amistad, al esfuerzo y la gentileza de Javier Medina que sea aqui agradecido, así como a Yves Saint-Geours, el actual Director del Instituto Francés de Estudios Andinos.

2Participaron en su edición:

3Patricia Montes, quien hizo la traducción y cuidó parte de la edición. Philippe Bouysse y Marina Suárez, quienes concibieron y dibujaron los mapas.

4En 1975, se publicó una versión de lo que sería el capítulo II de este libro en la Visita de Don Francisco de Toledo (Lima Universidad Mayor de San Marcos).

5El capítulo 4 de este libro fue publicado en 1978 en un número especial de la revista ANNALES, a la que me invitó a participar Nathan Wachtel.

6El capítulo 3, que no estaba incluido en la tesis, retoma un trabajo inédito y escrito en 1982 en colaboración con Olivia Harris “Pacha: en torno al pensamiento aymara” que salió en: “Tres Reflexiones sobre el Pensamiento Andino”. Hisbol 1987.

Indice de mapas y figuras

11. El Altiplano Aymara, cuadro geográfico

22. Los pisos de la vegetación en el Collao, según Cari Troll

33. A. Indice de concentración Lineal de los “pueblos” antes de la reducciones de Toledo

4B. Indice de concentración Lineal de los “pueblos” después de las reducciones de Toledo

54. Población Tributaria en las encomiendas de las provincias de Charcas hacia 1575

65. Localización de los Urus a lo largo del eje acuático del Altiplano

76. Mapa de lenguas recomendadas por la catequización de indios de 1580.

87. Dinámica de las lenguas en Bolivia, según X. Albó

98. Mapa del tributo, productos agrícolas

109. Mapa del tributo, productos animales y derivados

1110. Mapa del tributo, producciones minerales

1211. Edad del Puruma

1312. Edad del Auca o Pachakuti

1413. Los señoríos aymaras

1514. Dualismo y verticalidad aymaras

1615. El rito del Sucullu según Bertonio

1716. El simbolismo espacial

1817. Inserción del Sistema Aymara en el Sistema Inca

1918. Rutas incaicas y tambos según las listas de Guamán Poma de Ayala y Cieza de León

2019. Diagrama de organización de dos ritos de los Aymaras

2120. El Calendario Aymara y el Calendario Inca

2221. Sectores de reciprocidad, distancia genealógica y distancia jerárquica en el Imperio Inca.

2322. Geografía de los lugares sagrados incaicos en al isla de Copacabana y las islas del Sol y de la Luna, según F. Ramos Gavilán

2423. Mapa de Mitimaes del Altiplano, zona de origen y archipiélagos

2524. Fronteras del Collasuyu en la época incaica

2625. Evolución demográfica de las provincias del sur del virreinato del Perú de 1561 a 1630

2726. Mapa de la Mita de Potosí según Capoche

Indice de cuadros

11. Sucesión de los encomenderos en la Provincia de La Paz en el siglo xvi

22. Sucesión de los encomenderos en la Provincia de La Plata en el siglo xvi

33. índices de reducción de pueblos

44. Cambios provocados por las reducciones

55. Las Reducciones en Macha

66. Distribución de los Tributarios por grupos de edad según Guaman Poma de Ayala

77. Distribución de la población por edad y sexo en 1567 en Chucuito

88. Distribución de la población por edad y sexo en 1574

99. Evolución demográfica de los Lupacas desde la época incaica hasta 1574

1010. Distribución de etnias y lenguas en las provincias de La Paz y La Plata en el siglo xvi

1111. Situación de las etnias en la provincia de Chucuito

1212. Repartición de lenguas en las encomiendas en que están señalados indios pertenecientes a la etnia Uru en el Charcas del S. XVI

1313. Repartición del tributo en tejido por etnia

1415. El Collao en el siglo xvi: etnias, lenguas, medios y modos de vida

1516. Repartición de los señorios aymaras según la división urco/uma

1618. Las grandes divisiones del Collao - juego de correpondencias

1719. Demografía Lupaca en 1575

1820. El Sistema Aymara y su transformación por el Sistema Incaico

1921. Calendario Popular según Guamán Poma de Ayala

2022. La Conquista del Collao por los Incas

2123. Genealogía de tres jefes aymaras

2224. Cuadro de mitimaes del Altiplano

2325. División de la población de Pocona

2426. Evolución demográfica de las antiguas provincias del imperio incaico

2527. Situación demográfica en la provincia de La Paz

2628. Situación demográfica en la provincia de La Plata

2729. Porcentaje de la población tributaria con relación a la población total

2830. Evolución demográfica de las provincias del sur del virreynato

2931. Tasa de variación anual de la población de las provincias del sur del virreynato del Perú

3032. Provincia de La Paz

3133. Sin título

3234. Cuadro de Epidemias

Introduccion

1Dos problemas contradictorios recorren nuestra época: el problema de la diferencia, del reenraizarse e incluso de la separación (diferencia entre sexos, diferencias étnicas), y el de la identidad universal del hombre. La excelsa ambición de universalidad que concluyó proclamando una unidad del Hombre y sus valores, e incluso con una Declaración Universal de sus Derechos, es una concepción occidental que presupone, como muchas otras, la progresiva unificación de la historia. Ahora bien, en nuestros días las minorías étnicas, los pueblos antiguamente colonizados, se proclaman defensores de la insularidad y de una historia diferente, rechazando parcialmente o en su totalidad ideas hasta ahora comunmente admitidas.

2Bien entendida, la dialéctica de este doble movimiento resulta en todos los casos de la problemática del etnocentrismo. Porque tanto la actitud homogeneizante, que consiste en borrar las diferencias, como aquella que consiste en referirse solamente a ellas, se expresan generalmente a partir del mismo lugar común: el poder.

3Por su parte, antropólogos e historiadores, fascinados por la génesis, por los nacimientos, saben que generalmente encuentran sus explicaciones en un mito originario, que casi siempre es también la justificación de un poder.

4Sin embargo, la emoción que rodea al nacimiento, al alumbramiento de una sociedad, de una civilización, con una lógica en parte hecha de azar, amerita que uno se arriesgue a intentar romper el misterio.

5Pero la historia de un sentimiento como el de la identidad, hecho de incesantes retornos hacia un pasado real o mítico, permite a una sociedad justificar constantemente su presente; este sentimiento se forma, se elabora, se transforma lentamente. En los hechos, cada momento político decide comentar, reconstruir su pasado. Levi Strauss escribe que “los mitos del grupo no se discuten, se los transforma creyendo reproducirlos” 1

6En los hechos, hablar de identidad es situarse de golpe y a la vez en el largo transcurrir histórico y en un tiempo particular, el del mito, Si he escogido escribir la historia de los primeros aymaras, es a sabiendas de que la historia de los acontecimientos, que provee pruebas irrefutables, es a pesar de todo insuficiente porque estamos en un dominio en el que las creencias compartidas y los mitos tienen tanta importancia como la historia propiamente dicha.

7En este libro se abordará, pues, el problema de la identidad aymara, dando un rodeo para tocar dos temas que en mi opinión son privilegiados para comprender lo que la funda en sus orígenes: la concepción particular que el grupo tiene del tiempo y del espacio.

8Estos marcos conceptuales dependen, en efecto, tanto de realidades, de sucesos históricos, como de lo que se ha convenido en llamar lo imaginario o simbólico. Ahora bien, ¿en qué momento nace ese sentimiento impalpable de pertenecer a una comunidad única? ¿cuándo da la mentalidad colectiva un sentido a su propia cultura? Al contrario de lo que sucede con los individuos, no hay ninguna fecha que presida el nacimiento de una identidad o de una cultura, y más aún en el caso de los Aymaras, todo suceso decisivo de la historia, todo aquello que sólo tiene existencia en el espíritu y en el corazón y que sólo se expresa a través del idioma del grupo, tropieza con un hecho insoslayable, el de la colonización española, y sólo es accesible a través del filtro de los documentos de esta otra cultura. Hasta en el nombre mismo del grupo, signo de identidad si lo es, hay un hecho colonial, porque como tantos otros, los aymaras en su lengua se reconocen como los Hombres — Haque —, siendo su lengua simplemente la lengua de los Hombres— Haquearu. Etnocentrismo fundador, que les permitía pensarse como una humanidad diferente y separada. Hoy día, en una sociedad que tiende a profundas mutaciones, en la que la necesidad de reafirmar antiguas solidaridades a menudo quebrantadas es más que nunca necesaria, los aymaras de los distintos movimientos indígenas no cesan de repetir e inventar nuevos mitos. Es interesante constatar a este respecto que el primer manifiesto contemporáneo que se reclama de dicha identidad, el Manifiesto de Tiwanaku (1974), toma su nombre de una cultura anterior a la llegada de los Aymaras a la altiplanicie boliviana, y reivindica también sus orígenes incas y, por lo tanto, extranjeros.

9Pero el prestigio que se relaciona con los dos primeros grandes imperios del hemisferio sur, la fuerza evocadora de estos dos períodos, constituye un soporte suficiente para que fantasma originario y mito comunitario saquen provecho de ello, de tal modo es cierto que las representaciones del poder tienen ellas mismas un poder.

10Sin embargo, hay una duda que permanece intacta para el historiador: ¿por qué los Aymaras de hoy escogen sus mitos y sus símbolos entre los de otros tiempos, y a menudo dejan en el olvido al período comprendido entre ambos imperios? A este vacío ideológico corresponde también un vacío de conocimiento, ya que arqueólogos e historiadores han preferido estudiar los dos grandes Estados considerados prestigiosos, y no un período llamado “Intermedio”, como si éste sólo adquiriera sentido en relación a lo que lo precedió o lo continuó.

11Sin embargo, este Intermedio Tardío constituye el período de apogeo de los señoríos aymaras. Pero ¿cómo estudiarlo, cuando sabemos que todos los documentos escritos que han llegado hasta nosotros datan del siglo xvi y son españoles, y que antes de los conquistadores españoles los mismos Incas habían ocupado el país?

12En menos de un siglo el país cambió de nombre dos veces: el que le dieron los españoles. Charca, y el que antes que ellos le habían dado los Incas: Collasuyu. Cada cambio implicaba evidentemente un punto de vista distinto respecto a la sociedad que conllevaba una serie de transformaciones más o menos radicales en el seno de las sociedades locales autóctonas.

13Cuando Francisco Pizarro se apoderó de la parte sur del país el jefe aymara de los Charcas se unió a él. Ofreció a Pizarro las considerables riquezas de su región: las minas de plata de Porco, las más grandes conocidas hasta entonces, y que habían pertenecido al Inca, así como fabulosas minas de estaño. A cambio de estos regalos el conquistador le obsequió un manto de damasco verde y una camisa del mismo color, un sombrero rojo a la moda de la época, así como un estuche para sus cuchillos; Y para testimoniarle su reconocimiento lo mantenía en sus funciones y daba el nombre de Charcas a todo el país porque había sido el primero en someterse a la autoridad de Su Majestad.

14Menos de cincuenta años separan este hecho de la conquista inca de la región. Para ganarse el favor del jefe de la época el Inca conquistador le hizo un presente de “camisas bordadas de oro fino y cocos de plata”. En ese entonces el país se llamaba Collasuyo, del nombre del que fue probablemente el señorío más prestigioso del norte del país antes de la llegada de los Incas, y que significa: la región (suyu - parte) de las medicinas (colla - medicinas)2. La utilización de los mismos símbolos, la repetición de los mismos gestos, ilustran hasta qué punto cada conquistador sintió la necesidad de marcar con el sello de su propia cultura el espacio que deseaba dominar. En cuanto al jefe charca, protagonista de estos dos relatos, podemos pensar que un simple cambio de hábito no bastó para hacer del aymara que era un español o un inca, simplemente porque las mentalidades cambian lentamente. Sin embargo, el aprendizaje del código simbólico de cada uno de los conquistadores era obligatorio para él. Que dos o más discursos hayan cohabitado en el seno de un mismo individuo supone conflictos, pero también afinidades que permiten el paso de una lógica a otra, o más sencillamente, lo que se puede llamar un sistema de traducción.

15Ahora bien, si consideramos que el estudio de las estructuras simbólicas, como las del espacio y el tiempo (es decir, el estudio de un sistema ideológico de interpretación de un cierto número de actividades), sólo tiene sentido dentro de un sistema institucional dado, y en la medida en que los acontecimientos históricos interesan a la construcción de las estructuras —puesto que no se considera al acontecimiento o a la transformación en tanto que tales, sino a las relaciones sociales que los engendran y a las que derivan de ellos—; estamos en condiciones de comparar distintos tipos de devenir social. Se trata pues de caracterizar a las distintas instituciones según la dimensión y la complejidad del contexto social en que funcionan, intentando comprender, tanto en el estrato incaico como en el autóctono, los problemas políticos, sociales y ecológicos que estos debían resolver. Un trabajo cercano a la arqueología que permite poner en evidencia las organizaciones del espacio y el tiempo propias a distintos momentos de la Historia, y que presupone una aprehensión de lo que acabamos de llamar el “sistema de traducción”.

16Esta aproximación histórica a la identidad aymara se presenta, pues, como la elección de un método y de un nivel de análisis, ya que nos encontramos de alguna manera en la posición de Alicia, la heroína de Lewis Carroll. En la medida en que el documento español nos refleja los períodos precedentes como en un espejo que deforma su propia interpretación, es necesario considerar que los mensajes dejados por las culturas inca y aymara son como otros tantos textos sucesivos situados “del otro lado del espejo” y que hay que descifrar a través del palimpsesto que está entre nuestras manos.

17Si este estudio se divide en tres partes: el período español, el período inca y, como atrapado entre ambos, el aymara, es porque refleja lo que ha sido nuestro camino para intentar desarmar la identidad aymara. Nuestro primer trabajo ha consistido en una estratigrafía, trabajo cercano a la arqueología, repetimos, si no tomara un giro particular en razón incluso de la naturaleza de los documentos.

18Partimos de la hipótesis de que cada documento funciona como una traducción en la que debemos identificar los procedimientos y modalidades particulares, pero esta “traducción” sólo es válida en la medida en que puede ser comparada con otras “traducciones” de una misma realidad. Cuanto más disminuye la distancia entre el mensaje que se traduce (y que se refiere a la realidad autóctona) y el código que ordena el documento español, es más difícil separar lo que le es propio al documento mismo de lo que pertenece a estratos anteriores.

19No basta con plantearse la pregunta sobre lo que son los aymaras para los españoles para poder contestarla.

20Son los Otros, ciertamente; pero el arsenal retórico de que disponen los textos para construir la figura del Otro es extremadamente compleja. Así, la comparación que se considera para señalar las similitudes puede ser utilizada en realidad como una especie de máscara para ocultar las diferencias. Cuando las referencias son explícitas, el escritor español elegirá comparar solamente los rasgos que más se parecen a su propia cultura. Así, cuanto más próximo al suyo parece el modelo inca a los españoles, la manera en que funcionaban los grupos étnicos locales parece más lejana.

21De todas maneras, cada texto propone un orden dentro del cual se colocarán las distintas realidades observadas. Quizás uno de los mejores ejemplos pueda ser dado por las clasificaciones taxonómicas: cuando un cronista, por lo demás un observador tan fino como Cobo, describe las plantas y los animales que descubre en los Andes, lo hace siempre por referencia implícita a los de Europa.

22Sin embargo, no todas las informaciones llegan a ceñirse al marco referencial de la cultura española. Una parte de los mensajes dejados por las culturas anteriores no puede asimilarse en el código que ordena el documento. Algunas palabras aymaras, e incluso frases enteras, no son traducidas. Tal vez fueron pronunciadas por un “informante” y el documento las reproduce tal cual. Ello nos lleva a preguntarnos cuál es el sentido de estos brotes que provienen a veces de las capas más profundas de la mentalidad indígena y que afloran dentro de un sistema de pensamiento extranjero. A la inversa, en los documentos escritos por los cronistas indígenas existe una conducta conservadora y una tendencia a asimilar la novedad amoldándola a las estructuras mentales antiguas, que nos lleva a interrogamos sobre una cultura en la que “aparentemente” se han producido pocos cambios.

23Nuestro esfuerzo se ha dirigido primero a los documentos españoles. Se trataba en primer lugar de situarlos en su contexto, por una parte, y de tener en cuenta su misma naturaleza, por otra. En efecto, una crónica no informa de la misma manera que una lista de tributos indígenas. Por una parte debemos ocuparnos de un discurso ideológico, aquel que sub-tiene la tradición española (y son raros los cronistas de los que, como Polo de Ondegardo, nos podemos fiar), y por la otra, de datos brutos: empadronamiento de población indígena y lista de tributos.

24Las tradiciones, las ideologías de que son portadores los primeros documentos, y que interesan a largo plazo, contrastan con el ritmo acelerado que tuvo la conquista española, con la creación de instituciones nuevas de donde emana el segundo tipo de documentos.

25Pero a través de qué clave interrogaremos la documentación, ya que ésta analiza la realidad no solamente mediante categorías de pensamiento que no son familiares a un hombre del siglo xx, sino que retienen de la realidad los únicos mensajes que es posible filtrar. A la heterogeneidad de las fuentes se añade, pues, el problema de su parcialidad y su complejidad.

26Se hacía necesario jugar con varios registros documentales. Un cierto número de preguntas surgieron comparando el mayor número de información provista por los documentos, intentando ver sus afinidades y las posibles asociaciones. Pero también podemos decir que lo que a un principio se advertía como una dificultad, a saber, la gran disparidad entre los distintos tipos de documentos, fue favorable, ya que imágenes tan diferentes de la realidad social, una vez yuxtapuestas, funcionan de alguna manera para descartar en base a diferencias.

27Cada documento representa, en efecto, una posibilidad de relaciones limitadas al conjunto de documentos, posibilidad que se reduce en cada caso particular por el uso original para el que fue concebido el documento (de ahí la posibilidad de distinguir el estrato aymara y el estrato incaico), pero también por las adaptaciones sucesivas que había sufrido en el curso de las etapas de la historia española, inca y aymara.

28No se trata, como se ve, de explicar un fenómeno partiendo de otro fenómeno, sino de relacionar con cada una de las etapas consideradas las características religiosas, económicas, lingüísticas, que “conspiran” en el mismo sentido; en suma, una “arqueología del saber”.

Notas

1 Claude LEVI STRAUSS, Mythologiques IV París 1971, pág. 585.

2 Medicina o purga: colla.
Médico: collacamana - hampicamana. L. BERTONIO. Vocabulario de la lengua aymara. Edición Facsímil, La Paz.

Capitulo I. La republica de los indios, la republica de los españoles

I. LA CONQUISTA DEL NUEVO TERRITORIO

1El Imperio incaico acababa de caer en manos de Pizarro y los conquistadores penetraban cada día más hacia el interior del territorio. Este avance progresivo se materializaba a través de la fundación de ciudades. Antes de llegar a la antigua capital del imperio incaico, el Cuzco, los ejércitos de Castilla fundaron a su paso una serie de villas : Piura, Trujillo, Jauja, Lima, de manera que cada nuevo centro urbano determinaba una zona de influencia española. Pero este avance era sobre todo un avance hacia lo desconocido que tomaba la forma de incursiones (entrada, cabalgata, conquista). El reconocimiento de Charcas tuvo lugar después de la conquista del Cuzco. La division del territorio conquistado y por conquistar la hizo Carlos V quién en 1534 no solamente autorizó la fragmentación del imperio en dos gobernaciones, sino que además las cedió a Francisco Pizarro y a Diego de Almagro. Estas tierras indígenas llevaban nombres españoles, porque estaba claro que uno se apropiaba de este nuevo mundo dándole el nombre de lugares conocidos. Así. a Almagro se le destinó Nueva Toledo y a Pizarro, Nueva Castilla.

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