La conquista negociada

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El presente libro explora la historia de las guarangas - organizaciones sociopolícas fundamentales del mundo andino - y sus líderes, los caciques de guaranga, en el temprano siglo colonial en Huaylas. Estas estructuras políticas, intermedias entre los grandes señoríos/confederaciones y las pachacas o ayllus, constituyeron la base de cualquier organizacíon política y administrativa, tanto en la época preinca como en la inca y en la hispana. Una agregación de guarangas conformaba los señoríos, reinos o confèderaciones norteñas como Huaylas, Recuay, Jauja, Tarma o Cajamarca antes de la conquista inca. Ellas constituyeron también la base de las provincias incas y de las encomiendas hispanas. Las guarangas fueron los elementos bisagra que confirieron legitimidad y coherencia los sucesivos cambios o adaptaciones políticas que se produjeron antes y después de las conquistas inca e hispana y que los hicieron posibles. Sus autoridades máximas, los curacas de guaranga, se convirtieron en los mediadores fundamentales entre los conquistadores y las sociedades conquistadas y su continuidad y participación activa en la construcción y moldeamiento del nuevo sistema permitió hacer posible la difícil transición entre el mundo inca y el español. Cuando la organización inca se derrumbó, y con ella las provincias y mitades administrativas, fue esta estructura política intermedia la que sobrevivió y prevaleció constituyendo una de las principales bases d eorganizació sobre la que se sustentaron no sólo el primer sistema colonial, el de la encomienda, sino también las reformas toledanas y los pueblos de indios coloniales. El papel estratégico que conservaron los caciques de guaranga en el nuevo sistema imperial de poder les permitió erosionarlo desde adentro y reencauzarlo de una forma menos lesiva a sus intereses.


Publicado el : miércoles, 03 de junio de 2015
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EAN13 : 9782821844285
Número de páginas: 316
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La conquista negociada

Guarangas, autoridades locales e imperio en Huaylas, Perú (1532-1610)

Marina Zuloaga Rada
  • Editor: Institut français d’études andines, Instituto de Estudios Peruanos
  • Año de edición: 2012
  • Publicación en OpenEdition Books: 3 junio 2015
  • Colección: Travaux de l’IFÉA
  • ISBN electrónico: 9782821844285

OpenEdition Books

http://books.openedition.org

Edición impresa
  • ISBN: 9789972513534
  • Número de páginas: 316
 
Referencia electrónica

ZULOAGA RADA, Marina. La conquista negociada: Guarangas, autoridades locales e imperio en Huaylas, Perú (1532-1610). Nueva edición [en línea]. Lima: Institut français d’études andines, 2012 (generado el 16 noviembre 2015). Disponible en Internet: <http://books.openedition.org/ifea/6541>. ISBN: 9782821844285.

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El presente libro explora la historia de las guarangas - organizaciones sociopolícas fundamentales del mundo andino - y sus líderes, los caciques de guaranga, en el temprano siglo colonial en Huaylas. Estas estructuras políticas, intermedias entre los grandes señoríos/confederaciones y las pachacas o ayllus, constituyeron la base de cualquier organizacíon política y administrativa, tanto en la época preinca como en la inca y en la hispana. Una agregación de guarangas conformaba los señoríos, reinos o confèderaciones norteñas como Huaylas, Recuay, Jauja, Tarma o Cajamarca antes de la conquista inca. Ellas constituyeron también la base de las provincias incas y de las encomiendas hispanas.

Las guarangas fueron los elementos bisagra que confirieron legitimidad y coherencia los sucesivos cambios o adaptaciones políticas que se produjeron antes y después de las conquistas inca e hispana y que los hicieron posibles. Sus autoridades máximas, los curacas de guaranga, se convirtieron en los mediadores fundamentales entre los conquistadores y las sociedades conquistadas y su continuidad y participación activa en la construcción y moldeamiento del nuevo sistema permitió hacer posible la difícil transición entre el mundo inca y el español.

Cuando la organización inca se derrumbó, y con ella las provincias y mitades administrativas, fue esta estructura política intermedia la que sobrevivió y prevaleció constituyendo una de las principales bases d eorganizació sobre la que se sustentaron no sólo el primer sistema colonial, el de la encomienda, sino también las reformas toledanas y los pueblos de indios coloniales. El papel estratégico que conservaron los caciques de guaranga en el nuevo sistema imperial de poder les permitió erosionarlo desde adentro y reencauzarlo de una forma menos lesiva a sus intereses.

Índice
  1. Introducción

    1. Concepción y enfoque de la investigación
    2. Agradecimientos
  2. Capítulo 1. Las guarangas y la conquista

    1. La conquista y las guarangas de Huaylas
    2. Las guarangas y el poder
    3. Reflexiones finales
  3. Capítulo 2. Las guarangas y las encomiendas (1532-1548)

    1. Los encomenderos: el nuevo orden
    2. Los caciques
    3. Reflexiones finales
  4. Capítulo 3. Una época de transición: las guarangas y los corregimientos (1548-1570)

    1. El nuevo acercamiento del poder imperial al escenario político local
    2. La situación política de Huaylas entre 1548 y 1560
    3. El corregimiento de Huaylas entre 1565 y 1570
    4. Reflexiones finales
  1. Capítulo 4. Las reducciones y las guarangas (1570-1580)

    1. El proyecto político de Toledo y las autoridades locales
    2. Las reducciones en Huaylas
    3. Reflexiones finales
  2. Capítulo 5. Las guarangas tras la reforma (I)

    Los efectos de la implantación de las reducciones en el sistema de poder local (1580-1590)

    1. La década de los corregidores (1580-1590)
    2. Los cobradores de tributos
    3. La resquebrajada autoridad de los curas
  3. Capítulo 6. Las guarangas tras la reforma (II)

    Las reacciones a la reforma (1580-1610)

    1. La reacción de los caciques y curas a la reforma
    2. Reflexiones finales
  4. Epílogo

    1. Las guarangas, los caciques y el poder local en Huaylas después de 1610: nuevas tendencias y desafíos
  5. Bibliografía

Introducción

Concepción y enfoque de la investigación

1El presente libro explora la historia de las guarangas —organizaciones sociopolíticas fundamentales de la sierra norcentral del Perú—1 y la de sus líderes, los caciques de guaranga, entre 1532 y 1610 en Huaylas.

2Entre todas las manifestaciones relacionadas con estas organizaciones —sociales, políticas, económicas, religiosas o culturales—, he elegido rescatar particularmente su dimensión y significación políticas. Para ello he centrado mi análisis en los sistemas organizativos y de gobierno de las guarangas y en sus principales representantes, los caciques de guaranga. Este énfasis responde tanto a una preferencia o inquietud personal como a una estrategia para conocer mejor a la sociedad andina colonial en la convicción de que cualquier sistema político está íntimamente ligado a la sociedad en que opera, no pudiendo separarse del resto de las expresiones sociales, como las normas, los comportamientos, las creencias y los valores.

3El hecho de que Huaylas fuera una entidad política definida e identificada durante una buena parte del periodo analizado —como una provincia inca primero y como un corregimiento después, pero en ambos casos incluyendo las mismas doce guarangas— y una estricta delimitación cronológica (1532-1610) me han permitido entender a las guarangas y a sus representantes políticos en el entramado de sus complejas relaciones con el resto de las autoridades locales y regionales2 y en los peculiares y cambiantes procesos y acontecimientos que se fueron sucediendo en el siglo xvi e inicios del xvii.

4Si bien la investigación puede ser entendida como una historia regional, en el sentido de que se centra en una región, lo que permite un análisis más profundo por resultar muy abarcable y circunscrito espacial y administrativamente, la reflexión que plantea trasciende la región de Huaylas, pues intenta contribuir a comprender mejor los sistemas de poder en un área más amplia: la sierra norcentral del Perú, donde las guarangas constituían el elemento más significativo del sistema político indio.

5Por otro lado, el presente texto constituye una historia política local y regional, ya que si bien tiene como eje el análisis de estas dos entidades básicas de la organización andina —las guarangas y sus caciques—, ambas son analizadas en el contexto de sus relaciones con los demás componentes del sistema político local: los otros caciques de rango superior e inferior, los encomenderos, los curas y los corregidores.

6El énfasis en el siglo xvi responde a la necesidad de comprender esta organización política en una época en que se sentaron las bases principales de la organización política colonial: un periodo particularmente apasionante y fluido —en que todo se fue replanteando, rehaciendo, construyendo y reconstruyendo—, que resulta un escenario privilegiado para poder apreciar la enorme ductilidad de las guarangas como entidades políticas en las diversas coyunturas (conquista, guerras civiles, encomiendas, reformas toledanas) que ese siglo produjo. La finalización del trabajo en 1610 no es arbitraria. En cierto sentido, la primera década del siglo xvii constituye una continuación del siglo xvi, pues esas décadas siguientes a las reformas toledanas —verdaderas gestoras del sistema colonial— se caracterizaron por los reacomodos, resistencias y acciones de la sociedad india liderada por sus caciques y sus aliados, destinados a enfrentar las consecuencias más desfavorables de estas medidas coloniales y que cristalizarían en un sistema diferente.

7Dada la escasez documental para los periodos tempranos coloniales, las fuentes usadas para este trabajo han sido de diversa naturaleza y, en su mayoría, muy fragmentarias. Sin embargo, es en esa combinación de fragmentos que se ha podido rescatar una visión amplia, dinámica y compleja, mediatizada —claro está— por mi interpretación personal. Entre la documentación utilizada cabe destacar las cédulas de concesión de encomiendas, los juicios entre encomenderos, las tasaciones, las visitas civiles y eclesiásticas y los juicios de residencia.3 La mayoría de estos documentos han sido recabados de diferentes archivos: el Archivo General de Indias (AGI), el Archivo General de la Nación (AGN), el Archivo Departamental de Ancash (ADA), el Archivo Arzobispal de Lima (AAL) y la Biblioteca Nacional del Perú (BNP). Han sido de gran utilidad también algunos documentos transcritos y publicados, particularmente los recogidos por Waldemar Espinoza en numerosos artículos diseminados en diferentes revistas y libros, las disposiciones legislativas del virrey Toledo compiladas por Justina Saravia y Guillermo Lohmann (consignadas en este trabajo como “Ordenanzas de Toledo”), las visitas eclesiásticas del arzobispo Santo Toribio de Mogrovejo publicadas por la Revista de Historia Nacional en los años veinte del siglo pasado y recientemente por José Antonio Benito, y la colección de documentos sobre este mismo personaje recopilada y publicada en 1906 por monseñor García Irigoyen.

8El enfoque de esta investigación y el desarrollo de la misma se han inspirado en una de las más fecundas vertientes de la historiografía indígena colonial mexicana, que redescubrió la identidad funcional existente entre el altepetl y el pueblo de indios4 y que iluminó particularmente el conocimiento de la sociedad india colonial. Esta perspectiva ha guiado esta investigación.5

9Hubiera sido consecuente con este planteamiento el desarrollo de un análisis comparativo que, sin embargo, ha sido eludido conscientemente porque desbordaba los límites de esta investigación, aun si en realidad así se la concibió en un inicio.6

10Coherentemente con este enfoque, inicié la investigación con la idea de identificar los elementos principales del poder en el área de Huaylas durante la conquista. Recurrí para ello a un ejercicio ya clásico en la historiografía sobre la organización política prehispánica: rastrear y analizar detalladamente la lógica seguida por los conquistadores españoles a la hora de establecer los primeros repartos de población —o encomiendas— en dicha zona.

11La estrecha relación entre encomienda y organización política indígena ha sido un tema abordado profusamente por la historiografía mexicana desde los primeros trabajos de Gibson, con resultados espectaculares, dado que el análisis de esta relación ayudó a comprender mucho mejor la organización política mesoamericana y a identificar su elemento central: el altepetl. La necesidad imperiosa que tuvieron las autoridades españolas de ubicar a los principales exponentes del poder local para organizar, imponer y mantener el sistema de encomienda las encaminó a comprender los elementos fundamentales de la organización política y económica de la sociedad indígena en los ámbitos local y regional. La temprana imposición de ese sistema en un momento en el que las relaciones de poder locales —en que se insertaron las encomiendas— se mantenían intactas y hasta revitalizadas (en relación proporcionalmente inversa a la decadencia del nivel imperial, que fue desapareciendo paulatinamente), favoreció la detección y comprensión básica de la organización política indígena por parte de las autoridades españolas y su utilización para constituir el primer sistema colonial.

12Lógicamente, la estrategia que siguieron los españoles para acceder al conocimiento de los sistemas andinos de organización sociopolítica no varió en el Perú, pues se buscó identificar a los líderes locales más conspicuos que los representaban. Dadas las características de la cesión de encomiendas, que implicaba la adjudicación de una porción de población a un encomendero, resultaba fundamental que la población cedida constituyera un conjunto organizado políticamente en torno a una autoridad reconocida como legítima por los indios que la componían. El curaca sería el elemento clave que garantizaría la efectividad del sistema.7 Los españoles identificaron a los curacas locales, bien por las propias visitas, bien por los censos incas, dado que según el historiador finlandés Martti Pärssinen, los habitantes de las provincias estaban numerados en ellos bajo ese nombre.8

13Aplicado este principio a la imposición de las encomiendas en Huaylas (véase el primer capítulo), pude apreciar que al entregar las encomiendas a diferentes conquistadores, tanto en las primeras concesiones de Pizarro como en las posteriores realizadas por diferentes representantes reales, siempre se cedieron porciones de población integradas en una organización política intermedia entre los señoríos y los ayllus denominada guaranga.9 Ella constituyó el elemento más significativo para la creación de las encomiendas, para su funcionamiento interno y a la hora de reorganizarlas.

14Indagando más sobre el tema, me di cuenta de que esta estructura política constituyó la base de cualquier organización mayor, tanto en la época preinca como en la inca y en la hispana. Una agregación de guarangas conformaba los señoríos, reinos o confederaciones norteños,10 como Huaylas, Recuay, Jauja, Tarma o Cajamarca, antes de la conquista inca. Ellas constituyeron también la base de las provincias incas y de sus mitades y posteriormente la de las encomiendas. Las guarangas y sus autoridades máximas —los curacas de guaranga— se convirtieron en el elemento bisagra que confería legitimidad y coherencia a cualquier cambio o adaptación política y que lo hacía posible. Sus autoridades —no las de las provincias incas, ni las de los reinos, señoríos o confederaciones, ni las de los ayllus y pachacas— se convirtieron en las mediadoras fundamentales entre los conquistadores y las sociedades conquistadas, y su continuidad, anuencia y participación —muy poco conocida, por cierto— en la construcción del nuevo sistema hicieron posible la transición del mundo inca al español. Cuando la organización inca se derrumbó, y con ella las provincias y mitades administrativas, fue esta estructura política intermedia la que sobrevivió y prevaleció, constituyendo una de las principales bases de organización sobre la que se sustentaron el primer sistema colonial —el de la encomienda— y las reformas toledanas, y sobre la que se conformaron los pueblos de indios coloniales. Sin embargo, la insuficiente atención y comprensión de la historiografía respecto de la organización política en sus niveles medios ha nublado la verdadera dimensión de las guarangas dentro del sistema político andino global.

15Por ello, en este libro trataré de mostrar que esta estructura política inter-media entre los pequeños y grandes curacazgos (señoríos, reinos, confederaciones) y los ayllus, denominada guaranga, constituye un elemento central, tal vez el más significativo, del sistema político andino en la sierra norcentral del Perú.

16Este supuesto constituye un fundamento de trabajo y también una estrategia de investigación que tiene como objetivo central, no solo conocer mejor a las guarangas, sino también ensanchar los conocimientos sobre la organización política andina en sus niveles intermedios, tarea prioritaria para poder avanzar en el conocimiento de los sistemas políticos andinos antes y después de los reordenamientos imperiales inca e hispano.

17Al identificar y seguir esta estructura organizativa intermedia en el tiempo —y verla con relación a los otros niveles de organización menores y mayores—, quisiera, además, contribuir al logro de una de las aspiraciones más recurrentes e importantes de la historiografía andina: el esclarecimiento del significado de determinados términos y categorías usados en los estudios sobre las sociedades de los Andes.11

18La historiografía andina, cuando necesita referirse de forma precisa a los diversos tipos o niveles organizativos políticos regionales y locales (particularmente a los intermedios), ha adoptado un confuso manejo conceptual que ha impedido avanzar en nuestro conocimiento y comprensión de las sociedades andinas coloniales, y que ha provocado una gran insatisfacción y frustración a los especialistas.12

19Para referirse a los grupos más amplios que el ayllu o pachaca —fundamentales en la vida política andina y en este trabajo—, los autores recurren habitualmente a una terminología ambigua que esconde una confusión de conceptos, que elude el problema de fondo, que es el de definir y delimitar cada uno de los niveles de poder, y que ha convertido en realidad el temido riesgo “de emplear una misma palabra con distintos significados y hablar cada cual de cosas diferentes”.13

20La mayor parte de los autores obvian definir cada uno de los conceptos que utilizan y optan por usar una variedad de términos, tales como “etnia”, “macroetnia”, “comunidad”,14 “comunidad más amplia”, “un todo mayor”, “pueblos emparentados”, “colectividades étnicas”, “señoríos étnicos”, “jefaturas étnicas”, “tribus” y “grupos étnicos”.15 Como dijimos, el uso de estos términos, sin precisar su significado, ha llevado a una gran confusión.16

21El mismo problema de indefinición y de ambigüedad conceptual se registra en el uso de los términos utilizados para referirse a las autoridades locales en cualquiera de sus niveles y rangos. Si bien se ha avanzado últimamente bastante en este terreno,17 todavía estamos lejos de lograrlo. De haberse establecido la diferencia entre los diversos niveles de autoridad y poder, como reclamaba Murra en 1970, se hubieran identificado mejor los sistemas de organización política locales andinos y viceversa.18

22Ciertamente, la complejidad de los sistemas andinos y su incorporación a sistemas más amplios de organización social y política han provocado muchas dificultades en la comprensión de los niveles organizativos políticos en los ámbitos local y regional. La superación de estos problemas exige prestar una gran atención a los términos usados, la aclaración de los mismos en el contexto en que se usan y considerar los significados que van adquiriendo con el tiempo.19 Esta complejidad se refleja en los documentos, como algunos autores han mostrado elocuentemente.20

23A efectos de una mayor claridad expositiva, he establecido varias etapas cronológicas delineadas sobre la base de una serie de elementos significativos que permiten abordar el análisis de las permanencias y transformaciones políticas locales y regionales, determinadas tanto por las políticas cambiantes del poder colonial como por las acciones locales. En todos los periodos analizados se establecen conexiones entre las características del poder de los caciques de guaranga (legitimidad, bases económicas, alianzas), las especificidades de su relación con las autoridades coloniales —particularmente los corregidores— y con otros protagonistas políticos locales —encomenderos, curas, hacendados y notables españoles—, y las relaciones con el gobierno imperial.

24En el primer capítulo identificamos a las doce guarangas de Huaylas, nuestras protagonistas, en el momento en que lo hicieron los conquistadores: cuando se ubicó a la población organizada políticamente y se entregó de forma coherente con los patrones políticos locales a los españoles. Se presta una atención preferente a la reorganización política hispana en el momento de la conquista y se aprecia entonces el protagonismo que tuvieron las guarangas y sus líderes en ese primer contacto. Ello da pie a analizar la significación y evolución históricas de esas entidades antes de la conquista.

25El segundo capítulo sobre la encomienda constituye uno de los escenarios privilegiados para apreciar la plasticidad y el dinamismo de las guarangas y sus líderes políticos. La confusión y desorientación perturbadoras generadas por la situación inédita de la conquista (en que cualquier cosa podía pasar porque todo estaba por definir) trataron de ser amortiguadas por indios y conquistadores mediante mecanismos de adaptación mutua a la nueva situación, percibida por ambos grupos con expectativas ambiguas —con temor y zozobra, por un lado, pero también como una oportunidad para acomodarse en una mejor situación y labrarse un futuro más ventajoso. Mientras que la mayoría de los conquistadores españoles alcanzaron a través de la conquista y de la posesión de una encomienda una movilización social ascendente, los caciques de guaranga pudieron ver en la imposición del nuevo orden colonial y en los vacíos de poder que la transición generó nuevos espacios y vías para canalizar sus aspiraciones políticas.

26Nunca como en este periodo, conquistadores e indios tuvieron un margen de acción tan amplio para intervenir en el sistema y acomodarlo a sus intereses específicos. En ese entramado de relaciones —en el que las legitimidades de ambos poderes eran interdependientes—, los caciques y encomenderos entrelazaron sus intereses, sus aspiraciones políticas y hasta sus vidas, y solo gracias al ajuste de ambas autoridades en el ejercicio del poder en el ámbito local se pudo concretar con relativo éxito la difícil transición entre los sistemas inca y español.

27El protagonismo de las guarangas en la primera reorganización política colonial se institucionalizó en el momento fundador del nuevo orden: el reparto de las encomiendas de Jauja, en el que se estableció un pacto entre los representantes del nuevo orden imperial y los líderes de las once guarangas repartidas en dos encomiendas —una de seis y otra de cinco. Al analizar el funcionamiento interno de las encomiendas de Huaylas, resulta claro que cada una de las guarangas funcionaba en los aspectos esenciales —especialmente el tributario y en la relación con cada cacique— como una encomienda diferente. Las sucesivas fragmentaciones de algunas encomiendas confirman esta idea.

28No cabe duda de que en este proceso los caciques de guaranga salieron fortalecidos política y económicamente. El pacto de Jauja y la relación personificada con el encomendero afianzó su legitimidad política en el nuevo sistema, a la par que se beneficiaron por la captación de mayores recursos comunales para administrar (tierras sobrantes, reapropiación de tierras y ganados del inca y del Sol) y por las oportunidades que se presentaron para establecer negocios priva-dos y enriquecerse. Ello les permitió afrontar menos desfavorablemente los efectos negativos de la conquista, particularmente el descenso de la mano de obra.

29El tercer capítulo, circunscrito a las decisivas décadas de 1550 a 1570, muestra en primer lugar las únicas e irrepetibles condiciones que tuvieron los caciques de guarangas para desplegar su inmenso poder en el ámbito local en el contexto de los grandes debates sobre el papel de las organizaciones políticas locales y sus líderes en el nuevo proyecto colonial. Dada la debilidad del poder de los encomenderos y la vigencia de la estructura de poder prehispánica, todavía casi intocada por la legislación colonial, además del predominio en las instancias imperiales y de la alta jerarquía eclesiástica de las ideas lascasianas favorables a ellos, los caciques ejercieron grandes preeminencias políticas, judiciales y fiscales, a la par que veían crecer el patrimonio comunitario que controlaban y gestionaban gracias a los crecientes legados de encomenderos —que pretendían salvar sus almas mediante la “restitución” de sus bienes— y a la creación de instituciones —hospitales, casas de pobres, iglesias— propiciada por los frailes para atender las necesidades sanitarias y religiosas de los indios. La revisión a la baja de los tributos —las retasas— muestra el influjo que lograron tener con el apoyo de los dominicos en las políticas de la Corona. Sin embargo, su dominio del poder local no era exclusivo en este periodo; curas y frailes lograron copar en gran medida el vacío de poder dejado por los encomenderos en el ámbito local.

30Esta situación favorable duró poco. Entre 1560 y 1580 se fue generando y aplicando una política cada vez más invasiva frente al sistema político local, encaminada a socavar el poder de los caciques y curas en los espacios locales y a afianzar el imperial. A explicar las motivaciones y los elementos centrales de los nuevos proyectos monárquicos para los indios: la imposición de los corregimientos y reducciones, dedico la segunda parte del capítulo tercero y la primera del cuarto, respectivamente. La introducción masiva de los corregimientos en 1565 constituyó el primer ensayo práctico de la reforma que se impondría poco después con Toledo, dirigida a transformar las bases de la estructura del poder local a través de dos medidas esenciales: la tasación general de la población y su concentración en las denominadas reducciones.

31El análisis pormenorizado de la nueva normativa realizado en estas partes del libro me ha permitido, por un lado, entender mejor la lógica y las motivaciones de las autoridades coloniales para implantar estos cambios y poder contrastarla con las formas reales en que se llevaron a cabo —desarrollado detenidamente en el capítulo cuarto— y, por otro, evaluar mejor los efectos previstos e imprevistos de estas importantes reformas, a los cuales dedico el capítulo cinco.

32La descripción detallada de la implantación de las cuatro reducciones de Huaylas en la segunda parte del capítulo cuarto del libro permite apreciar el desfase entre el modelo ideal propugnado por la legislación toledana y la forma en que este se adaptó a los sistemas locales. Una vez realizada la reforma, curas y caciques vieron limitado enormemente su poder. Definitivamente, después de la imposición de las reformas, si bien ambos conservaron una fuerte impronta como autoridades dentro del escenario local, las bases en que se enraizaba su poder quedaron fuertemente limitadas y sobrepasadas por el nuevo sistema político.

33Ambas autoridades habían sido inhabilitadas para el ejercicio de cualquier función judicial y de gobierno que pudieran haber detentado anteriormente. Por otro lado, además de tener que sufrir una dependencia y fiscalización mucho más férrea por parte del gobierno colonial (su nombramiento dependía en última instancia del rey), y particularmente de los corregidores, que la que habían tenido por parte de los encomenderos, los caciques principales y de guaranga de cada reducción se vieron desposeídos en la práctica de otro resorte fundamental de su poder: el control y manejo de los bienes de la comunidad.

34Como suele ocurrir, una vez instaurada legalmente, esta ambiciosa reforma no discurrió por los cauces previstos, sino que fue confrontada férreamente sobre el terreno, aspecto que desarrollamos en el capítulo seis. Su imposición desató fuertes tensiones en el ámbito local, alimentadas tanto por las propias ambigüedades y contradicciones del proyecto, como por la presión de los principales protagonistas del escenario local. Mientras que los corregidores ejercieron abusivamente el amplio poder que la Corona les había conferido, asfixiando económicamente a los indios y a los curas, los caciques y curas —los perdedores del sistema toledano— no se resignaron a este papel y desataron una feroz batalla tendente a erosionar el modelo impuesto y a socavar localmente las facultades de los corregidores. En esta lucha, la alianza entre los caciques y la Iglesia volvería a producirse y mantenerse durante las últimas décadas del siglo xvi, esta vez no contra los encomenderos sino contra los corregidores y la Corona misma, y todo ello en el marco de la enorme tensión desatada en la esfera política local tras la aplicación de la reforma de Toledo. El resultado de esta alianza fue la recuperación del control de los recursos comunitarios por parte de los indios. Para ello tuvieron que reconstruir su patrimonio comunal y protegerlo de los corregidores y de la jurisdicción civil, situándolo al amparo de la eclesiástica.

35Una investigación generalmente genera más preguntas que respuestas. Ellas son retomadas y expresadas a modo de reflexión en un epílogo final que cierra este libro.

Agradecimientos

36En el inusualmente largo transcurso de la investigación que sustenta este libro, he contraído innumerables deudas con personas e instituciones en México, Perú y España.

37En México, agradezco a El Colegio de México, que me abriera sus puertas y me brindara una privilegiada formación en historia, y a la Secretaría de Relaciones Exteriores y al Colegio Mexiquense, que durante cuatro años financiaron mi estadía en el país y mis estudios conducentes a realizar la tesis de doctorado que constituye la base de este libro. En el Perú expreso mi reconocimiento al Instituto de Estudios Peruanos (IEP) y al Instituto Francés de Estudios Andinos (IFEA) por aceptar y hacer posible la publicación del libro.

38Este trabajo, en sus diversas fases, no hubiera sido posible sin la asesoría y el aliento constantes del doctor Bernardo García Martínez, mi profesor y director de investigación. A él mi infinito agradecimiento. La atenta lectura y los comentarios de mis sinodales René García Castro, Bernd Hausberger, Óscar Mazín y de los lectores anónimos del IEP y el IFEA, instituciones coeditoras del libro, han sido de suma importancia para la elaboración final del mismo.

39Los encargados de las diversas bibliotecas y archivos facilitaron enormemente mi trabajo. En el Archivo General de la Nación, Yolanda, siempre solícita, me guió en los fondos documentales y en el Arzobispal, Laura y Melecio hicieron lo propio. Yolanda, encargada de la sección colonial del Archivo Departamental de Huaraz, me ayudó dentro y fuera del archivo a conocer mejor el hermoso Callejón de Huaylas. Igualmente amable fue el personal de las bibliotecas Riva-Agüero y Central de la Universidad Católica, que me permitió durante dos periodos el acceso a su invaluable acervo bibliográfico.

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