LA BIBLIOTECA EN LA NARRATIVA: Una imagen oculta en el espejo

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Colecciones : Educación y biblioteca. Año 8, n. 74
Fecha de publicación : 1996
Publicado el : domingo, 29 de julio de 2012
Lectura(s) : 25
Fuente : Gredos de la universidad de salamenca
Licencia: Más información
Atribución, No Comercial, Compartir bajo la misma forma idéntica
Número de páginas: 18
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LA BIBLIOTECA EN LA
NARRATIVA
Una imagen oculta en el espejo
• FNCSCO SLNO
e ualquter leor medianamente fel al hábito su slcación. no sern mers cosas añadidas a l
de la lectur. quiero deir. el cuoso lector. ralidad. sino proyecciones de su imanación. Perdi­
tiene sobre la biblioteca aguna Imagen. e da ente otras lneas más abstctas. escrbe Borges
Inclus alguna Idea. m o menos precis. en L bibliote d Bl; "adie puede acla u síaba
derivada de su propia experiencia. Seria que no et llena de terur y de tmor ". L aparición de l
raro. pero no inconcebiblemente extraño. que no biblioteca en la narrtiva contemporánea 00 adelanta­
hubiera pisdo nunca una biblioteca. No diré que sea mos ya como hipótesis de trabajo) tiene esa condición
usuao o visitante habitual. digo sólo que su propio paradóJica: está llena de terurs y de temores. De
hábito de lectura le habrá Impuesto aguna noción hecho. sólo en muy contadas ocasiones tiene la
acera de la bibliotec. Apelo. por tanto. a ese lector biblioteca un papel rl e te o alguna entidad decisi­
(al mismo lector que ahora le estas líneas). par va: generalmente es circunstancial. un tránsito p
establecer una composición de lugar. Supngamos la obtención de una Información. por ejemplo. o
que le enc. a algún pintor de éto. la elabora­ algún otro requisito exdo pr la accón o el carc­
cón de un cuadro alegórico sobr las rlaciones entre ter de los personajes.
la biblioteca y la nr tv. No e Imprbable. y psi­ Per tal ve sea convenente. ates de ent en
blemente será ineitable. que alnos de los elemen­ materia. establecer las líneas de lo que entendemo
tos que determinen el cuadro reueren el univero por espacio en la novela contemprnea. puesto que
de Borges. ¿Es psible concebir biblioteca y fcción la biblioteca es. sobre too. un espacio. un lugar que.
sin mencionar a Borges? Sin duda se puede concebir. como un salón de baile. una ofcina o un ba. no
pero a costa de una brtal mutlación. Esté o no pre­ nesita de una descIpclón eaustva pa que e
sente. Borges estara irrmediablemente convocado en lector la rn o .
esa alegoría. Del mismo modo. un estudio sobre la
El espacio en la novela representación de la biblioteca en la nar tiva no
El espacio de una novela no tiene una fnción puede prescindir (ni quiere prscindir) de uno de lo
espcíca en la nar ción. n es tampco una técnica: textos capitales de Borges. L biliot d Bl. e
acaso. de ser algo. sea la rprsentación Imagnaa cuento. ensayo o Ito espejo donde la bibliote e
de una realidad prbable. por tato. también imag­una gan metáfora del universo del hombre.
naria. Hablar hoy del espacio novelesco es senalar. Ningún bibliotecario o amate de los libros habr
dejado de leer L biblite d Bl con esa cálida cuanto menos. un ámbito desplado. de difcil mane­
Jab1l1dad. usar un término que está disuelto. por fuición que se destna a los textos partcularente
emblemáticos. Sin duda es uno de los cuentos m exceso de ambigüedad. en los contoros mismos de
la novela. En la novela naturalista del siglo X. las memorables de Borges. un texto preiso y heroso.
rlaciones entre espacio y prsonaje eran de subordi­cuya capacidad de hipnosis lleva al lector al centr
nación: el personaje estaba determinado -pero tam­mismo del laberinto. es decir. según Borges. a una de
bién protegdo- pr el medio: salir de é. tnsgdir l for en que se mesta el universo. En con­
sus fnteras. slcaba la muerte. Pénsese. a este secuencia. si el universo es u labernto y el labn­
rspecto. en Ma Bv. que también es una to. una biblioteca. ésta s. pr tanto. un luga pa
pderse. un espacio donde el hombre. y la creacio­ supración del naturalismo. El espacio. entonces. se
confndía con la realidad fslca y social. ba sus nes del hombr. tendr siempr un c rfejo de
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saturación de imágenes y su predominio resulta ho lees. proveía de u moral que condicionaba la ima­
gnación del escritor. u rasgo demasiado común. la pregunta no es del
Pero too esto s vino abajo a prncipios de este too impertinente y nos permitirá. t vez. delimitar
las diferencias entre la imagen y su representación siglo. El proedimiento s ha Invertido: el personaje
escrita. y acaso establecer qué es. o qué entendemos ya no se constituye en una espcie de prolongación
aquí por imagen, y al mismo tiempo conocer cómo del espacio. sino que éste es una creación anímica
del personaje. Primero fue la descripción del paisaje opera esa imagen en una narración. Recordemos la
natural. luego fe una ciudad. después un barrio. defmiclón más conocida de Imagen: "una representa­
ción mental de alguna cosa percibida por los senti­m adelante una calle: ahora puede ser un cuarto o
dos". Ahora bien no pdemos. sin restringirla a sus un cub de basura. El espacio que podría describi
hoy el novelista no está en ningún sitio; puede ser aspectos más primarios (un espacio lleno de libros),
cualquier luga. considerar la biblioteca como una cosa. sino más
A espacio noveleso le ha sucedido l ivasión de bien como u suma Infinit de cosas. Excepto por
sus claras dimensiones arqui­una Invisible presencia que.
tectónicas. la biblioteca no tiene como en el cuento Casa tm­
d de Cor. arroja a los limites: una biblioteca comienza.
prsonajes fuera de su ámbito. pr decirlo así. en el instante
mismo de la lectura. puesto que dejándoles vacilantes en la
leer es. por defmición. postular lástima de su exilio y a la
la exste ncia de la biblioteca. No intemperie. Pa no ser pasto
de l invasión. han cerrado su hay libro. por tanto. que no
propia casa y tirado la llave a fore parte de una biblioteca.
L noción de libro único es un una alcantl. No hay retor­
arcaico sueño teocrático, o el no. saben que ya no pr
volver, y el cuento nada dice ideal risueño de algún fatigado
de otro lugar; sólo queda. lector. El acto de leer funda. en
efecto. la realidad probable de donde ates hub un cuadro.
la biblioteca. y así la biblioteca. una sombr en la pared.
Esa ausencia no ege. en además de ser la memora de lo
la novela actual. las habilida­ leído (no importa por quién).
des deSCriptivas de la novela también es la memora futura
de todo aquello que aún queda decimonónica. Basta ahora
pr leer. y que algún día leer una rápida mención. o indicar
cualquier objeto. para poner u inominado o anónimo lec­
en movimiento a un personaje. tor. A la biblioteca la congura.
pr tanto. la lectura. y la deter­Con ello ya se crea un espacio
ma l memora y las experien­probable. pro es u
que apela a la Imaginación del cias de cada lector. Es una
lector. a su necesidad de esta­ entidad muy compleja (el uni­
blecer el marco visual de la naración. El lector, de verso. según Borges), pero no sólo por ser la deposi­
un modo u otro. precisa de un lugar para que su tara documental de la memora de la humanidad.
imagnaCión no fote a la derva. Interroga a texo sino por la naturaleza de su organismo. Imposible de
sobre el espacio donde la histora sucede. pero ese abarcar como una cosa unívoca.
espacio se constrye imagnaramente en su propia Así pues. la noción más común de Imagen deb
entenderse aquí según una amplia acepción que inclui­cabeza a partir de unos pocos datos. Ls pasiones,
los debates de los personajes con la realidad exter. ra todas las muestras o representaciones capaces de
surgen de la vida anímica de esas criaturs de fc­ eocar una biblioteca. A excepción de unas poas nove­
ción. y poo cuenta el espacio intero de la novela. l (por ejemplo. Auto dje. de Elias Canettl. o El nmre
de l r osa de Umbero Eco. cuyas tramas argumentales ecepto como un conicto de íntima discordia con el
mundo. Dada esa discordia. la descrpción de un son Inconcebibles sin el protagonismo de la biblioteca).
espacio no se convierte en objeto explícito de la en la mayoría de las naraciones abordadas en este estu­
naración. sino que se establece de u moo tácito dio la presencia de la biblioteca surge de un modo oca­
e la mente del lector. sional. coresponde sólo a un tramo episódico. o simple­
mente se incorpora a relato como una anécdota más.
¿ Qué es una imagen? incluso no siempre signif cativa. aunque sin duda
Forular esta pregunta en una sociedad domada imprescindible (puesto que está ahí) y por tanto dotada
pr la imagen puede parecer. de entrada. un ejercicio de Imporcia. Con esto quermos sugerr que. por
de reundancia. Si embago, precisente prque l pueña que s l relación entre la biblioteca y la t
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de la novela en que aquella apaece ( muchas veces, co (muy mala pa los niños) o la lve que abre
insospechados mundos de fantasía. Aquí a los libros claro está. la relación no es consustancial. sino mera­
mente decortiva). no pr ello dejaremos dc prestar aten­ se les alaban sin mesura o se les sepulta en el olvi­
do. Y así sucede que. pese a l aparente normaliz­ción a esa asu nción modest que. de todos modos. está
ofreciendo tain una Imagen implícita de la biblioteca. ción de nuestras Instituciones con las de otros países
europeos, aún no ha sido superado del too aquel Un caso signifcativo es Uises. de James Joyce. cuyo
afán de la sobrna y el ama de culpar a los libros de capítulo 9. que consiste en una extensa exposición de
la bibliote ca de don Quijote de los desvaros del ilus­Stephen Dedalus sobre ciertos aspectos de la obra de
Shakespeare. sucede enteramente en el despacho del te manchego. Esta imagen. hoy t Ve. exagerada.
director de la Biblioteca Nacional de Dublín. pero las refeja no obstante un Inconsciente desdén por la
referencias están trazadas con una mirada como de sos­ letra impresa rt era l gana que las dos tenían de
la muere de aquellos inocentes") muy semejante a l layo. tanto al blbliotccaro (UL pueras del descubrimiento abier­
política de escaso o nulo apoyo que actualmente t para dejar entrar al bibliotecario cuáquero, de botines suavemente cr­
jientes, calvo, ojerdo y diligente"), como a la misma biblioteca padece nuestro sistema bibliotecao.
("Ideas en alaúdes alrededor mío, en cajas de momias, embalsamadas e Ya no sorrende a nadie. y casi se ha converido
en tópico. la poca estimación de que especia de palabras. Tot, dios de las bibliotecas, un dios pájaro, coronado por
gozan en nuestro país las bibliotecas. la luna. Y yo escuché la voz de e sumo sacerdote egpcio. En cámaras pin­
Probablemente se trata de un desin­tadas caradas de tejas lros"). Es evdente que aquí Joyce, a
través de su personaje Stephen terés. o por mejor decir. de una indi­
ferencia tan a r aigada en el alma misma Dedalus, está ofreciendo una
de esta tiera que es inimaginable soña visión, a mismo tiempo crepuscular y exática.
que algún día nuestras bibliotecas puedan del bibliotecario como guardián del conoci­
miento, y de la biblioteca como una tener la misma consideración que les
suma de ataúdes o un cementerio de dedica. por ejemplo, Fcia.
por no citar la excelencia del sistema ideas. Esta imagen. con toa su carga
bibliotecario de los países nórdicos. Sin poética. pese a no ser nada complacien­
te. se revela de un modo muy persisten­ embargo. sí resulta sorprendente. tan h ���I��te para la mente del lector. quien segu­ sorrendente como paradójico, que los
ramente sentirá la sombra de ese propios escritores (de los que cabe esp­
pájaro mitológico revoloteando rar una mayor conciencia frente a este
alrededor de su cabeza. Pero no siem­ tema) no hayan manifestado su desa-
pre la presencia de la biblioteca susci- grado y malestar ante un problema
t una imagen poética. Por lo genera. que afecta directamente a su trabajo.
el trtamiento será más descrptivo que poé- En un editorial de EDITORI AL Y
tico. aunque siempre será posible extraer alguna idea BIBLOECA (número 29. septiembre, 1992) se decía:
sobre las relaciones ente el escrtor y los libros, o dicho "¿Quién defende a l bibliotecas? No. desde luego.
de otra maner. entre lo que los libros dicen sobr sus los Intelectuales, que raramente dedica una cuartilla
relaciones con los otros libros. al tema. Por su empecinado silencio, se podría pensar
Por ra7.nes de proxmidad temporal, y porque esa que vivimos toos con acceso directo a la Biblioteca
proxmidad nos proporciona la imagen de la biblioteca de Alejadría". L cierto es que. con la excepción
que se refleja. hoy, en l novelística contemporánea. notable de algunos escritors (no queremos deja de
este estudio se limita a l producción narrativa del nombrar a Emilio LIedó, en el ámbito universitario, y
siglo X. De ahí que todas las novelas aquí seleccio­ a Muñoz Molina, que ha dedicado herosos artículos
nadas hayan sido publicadas a partir de 1900. S en defensa de las bibliotecas municipales) ese sUencio
han utdo siempre traducciones al castellano (o resulta más que sigcativo, puesto que supne una
español), sin tener en cuenta el primer año de edi­ triste complicidad con la Indiferencia general. a tiem­
ción española. L selección ha sido frlo de un a p que delata la desprotección del trabajo diario de
deliberado, es decir, guiada por el a de la propias tantos bibliotecarios. abandonados hoy a su suerte
lecturas con la memoria de lecturas precedentes. y sin otro aval ni mérito que su propio esfuerz. y pr
con la valiosa ayda del libro. editado por Édltlons oto lado tan Incomprendidos y maltratados por esa
du Cercle de la Libraire en 1993. Dróles d biblioth­ recurrente Imagen gotesca de la que aún se nutre la
ques.... a cuyas autoras. Anne-Mare Chain treau y iación común. Pues no cab duda de que toa­
Renée Lmaítre, les corespnde la idea original. vía es muy persistente esa imagen tipifcada del
bibliotecaro como un ser atabio y hostil. cuyo
Los escritores y las bibl iotecas aspecto y modales pacen más de carcelero o verdu­
En nuestro país es especialmente estrendosa u go que de custoio de libros. ¿Es esta imagen, gaba­
noión degradante sobre los libros. A la lectura se le da a fuego en la memoria, la causa de la mude de
supone. a partes Iguales, o un inmens poer méf- nuestros Intelectuales. l raón oulta que impide a
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quizá que no hay pr qué ler todos los libr. Y yo te contesto: tmbién los escritores manifestarse a favr de las bibliotecas?
En cualquier caso. ese silencio no puede pasarse por en la guerra no hay pr qué matar a todo los soldados uno a uno; sin
alto: indirectamente explica algunas de las imágenes embaro, todos y cada uno son necesarios. Dirás: también toos los
libros son necesaros. Per ve, aquí es donde falla algo, porque esto no que veremos luego refejadas en las novelas. L expe­
e verdad; ¡se lo he prguntado al bibliotecario!" riencia de cada escrtor es única. y en cierto sentido
intransferible. pero su escritura. como no pdía ser L respuesta del bibliotecario ya había azorado a
de otra manera. se nutre también del imaginario general Stumm. ya que aquel le había declarado que
el secreto de los buenos bibliotecaros consiste en no colectivo. De ahí que en muchos textos se recojan
leer nada. excepto los titulos e índices: "El que se detene esas imágenes tópicas que cualquier lector puede
e su contenido etá perdido como biblioteario. Nunca obtndrá u identifcar sin esfuero: el bibliotecaio incompetente.
idea de conjunto". la biblioteca polvorienta y ruinosa. la estupidez y rdí­
culo de los usuarios. etcétera. Sin embargo. una lec­ Aquí se maniestan dos actitudes contrapuestas.
tura detallada de las novelas en donde aparece algún la del hombre atento a las ideas. interesado por el
contenido de los libros. y la del bibliotecario cuya aspecto del mundo de las bibliotecas. pese a que en
general no alcanzan una gran varedad. sí proporcio­ función prmordial es despejar la incertidumbre. redu­
nan una vsión múltiple que sobrepasa es mirada cir la enonne complejidad del saber a un orden váli­
do y facilitar a cualquier lector el acceso sistemático tópica y nos enfrnta a un universo de sugerencias
a ese saber. L sorpresa del mucho más rico del que en
general alcanza. sin embargo. principio cabria esprar.
cotas de verdadera decepción.
El vértigo del saber hasta hacerle dudar de la
En las novelas donde la adecuada preparación del
biblioteca tiene un protagonis­ bibliotecario. ¿Cómo puede
mo decisivo. hay que constatar desenvolverse con efcacia en
la coincidencia de una recu­ esa selva de publicaciones
rrente expresión de agobio alguien que no lee nunca un
frente a la inmensidad acumu­ libro? "¿Y es usted dotor", pre­
lada de saber. cuya visión gunta el genera al biblioteca­
aplasta al visitante ante la rio en la febre última de su
imposibilidad de abarcar esos prplejidad. Pero la respuesta
conocimientos en el transcurso del bibliotecario no admite ya
de una vida. A este respecto más interogantes. él es un
la biblioteca muestra un doble custodio de los libros. no u
rostro de orden y caos. de creador o un flósofo: "Clar
revelación feliz por tantas que lo soy; incluso catedrático de la
maravillas conservadas. al Univeridad, docente privado de ciencia
alcance de la mano. y de bibliotecaria. Es u auténtica ciencia.
psar insoportable por todo lo ¿Cuánto cre que son, mi generaL lo
que penanecerá ignorado sin sistemas empleado para distribuir lo
remedio. El general Stumm. de librs, para ordenar los ttulos, cor
El hmr si atrutos (Musil). las erats de imprnt las indicacione
ve así la biblioteca: "oda la nave estaba empardada con estnte fs de las pradas, y demás'".
ras y sus corespondientes aaqueles; en toas pares aparcían escaleras Hemos elegido. a manera de prtico. estos f­
para subir hasta los librs más altos, y catálogos y bibliogafías cubrían mentos de la novela de Musil. porque en la contro­
lo pupit y mesas; en suma: la quintaencia del saber y, sin embaro, versia de esas dos actitudes están plasmados casi
ningún libro decente para leer nada más que librs sobre librs; olía todos los temas esenciales. Ahí está también la
también a fófor cerebral y no me equivoo si afiro que me parcía noción de laberinto que líneas atrs recogíamos de
haber conseguido algo. Pero naturalmente, cuando el hombre quiso Borges. no sólo pr la evidente declaración del biblio­
dejare solo, sentí u cos epia, yo dira que angusta, rcogmien tecario ("el que se detene en su contenido etá prdido como biblio
t, intanquilidad". tcario"), sino porque la angstia del general Stumm es
El general. sobrecogdo y agobiado pr la presen­ expresión de un vérigo. pr tto. de una desorenta­
cia de tres millones y medio de libros. se ha puesto a ción.
hacer cálculos. y el rsultado es que necesitara die Con el evdente infujo de Bores (rcordemos que
mil años de vida si se prpusiera leer todos los volú­ el monje Jorge de Burgos es un trasunto del escritor
menes. Frente a esta descomunal desproporción agentino). Umberto Eco reprouce esa misma noción
advierte que hay algo monstruoso: "se me paralizaron las en El nmre de l ra sin molestarse siquiera en
pieras, y el mundo me pareció una fara. Te vuelvo a deir cómo llegué varar l palabras: "La bibliotea es un g labernto, sigo del
a taquilizare: pdo que allí fallaba algo encal. Tú objetarás labernto que e el mundo. Cuando ents en ella no sbe si sldrá".
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Es claro. por tanto. que cuando la bibliotec aparece más nitidez esos rsgos donde s agrpan por igual
en la narrativa no de un moo episódico o circuns­ el amor fanático a los libros. la Intolerancia y la
tancia. sino dotada de un evidente protagonismo. la negación a ultran de otras experencias. NI siquiera
imagen que se le adhiere inmediatamente a la biblio­ el protagonista de L cn fesines d u biliJa
teca es la del laberinto. Una noión que también es (Ordaz). un comedor de libros. como indica su titulo.
perceptible en Elías Canetti. aunque en Auo d Fe se supera a profesor Ren en extravagancia. A f de
trata más bien de un extravío interior. pues para el cuentas el blbliófago no está negando los sentidos. ni
profesor Rien su inmensa biblioteca particular es la necesidad de placer. sólo les está dando un curso
como una patria: "odo ser humano necesita una patia, aunque insospechado. Kien. en cambio. no sabe nada que no
no como la conciben e patiotero primitivos o cualquier religión, haya extraido de los libros. pero tampoco siente nada
insulso anticipo de una patia ultra terena. No, una patia en la que el que no venga de los En defnitiva. ni sabe ni
siente nada. No es un hombre que desconozca las suelo, el trabajo, los amigo, las diverione y el epacio espiritual con­
fuyan en un todo natural y oranizado, en una especie de cosmos pr pasiones. sino que carece de ellas: su pasión (si se
pio. L mejor definición de patria es una biblioteca". puede llamar así) es poseer y acumular libros. no es
Canetti se propuso. al escribir esta novela (que ini­ un engendro biológico. puesto que en él no hay vida.
sólo hay libros. es un hombre-biblioteca. De tal modo cialmente iba a ser la primera de una serie de ocho. cuyo
proyecto no llegó a reall.r) inventar indivduos hiperb­ que. cuando le ar ojan lejos de su casa y de su
licos que res pondieran a la escritorio. sólo puede vivir
desintegraciÓn del mundo gracias a su prodigiosa
que él percibía. un memora. que reproduce los
volúmenes de su biblioteca que ya no podía ser recreado
desde la pers pectiva única del en la cabez: "No pudo ver n oír
escritor. Había entre esos nada; sólo sintió que yacía por tiera
individuos un fanático religio­ y que los bolsillo, costuras y agu je­
ros de su traje eran hurgados por so. un despilfarador. un ene­
manos de todos los pesos y medidas. migo de la muerte. De lodos
ellos quedó sólo este profesor E cuero enter le temblaba, no por
Rien. el hombre-libro. un él mismo, sino por su cabeza: podrían
individuo bastante patético. desordenarle los libros. Aunque lo
paa quien su relación con maten, no traicionará a sus libros.
los libros es mucho más ¡Entréganos lo libr!, le ordenaran,
importante que él mismo. y ¿dónde están los libros? Pero él no lo
cuyo único atributo es estar haría: ¡nunca, nunca, nunca! Es u
compuesto de libros. sin mártir y morirá por sus libros. Sus
otras emociones o sentimientos que las satisfacciones labio s agtan; quisieran decirles que está decidido, pero en voz alb no
que le ofrece la posesión de su biblioteca. S trata de un s atreven. Simulan estar hablando. Per nadie le pregunta nada".
caso extremo. de una caricatura. El supremo anhelo de
Rien es: "poseer una biblioteca bien surtida, ordenada y herméticamente Este extravío del profesor Ien no puede tener. y
prtegda, en la que ningún mueble ni perona superfluos pudieran dista­ no tendrá. otro destino que una aceptable y patética
erlo de sus serias elucubraciones". Su biblioteca se compone de autodestrucción. Es un individuo fuera de la reaidad.
veinticinco mil volúmenes. vive entregado a ella. desinte­ descolocado. neurótico y anacrónico. que se incorpora
resado de cualquier cosa que pueda alejarlo de su a destiempo a un mundo desintegrado que no lo
mundo. modilcación le resulta intolerable. e admite en su seno. Claro que tampoco él está capaci­
incluso arenga a los propios libros. como si fueran sol­ tado para admitir o sentirse admitido en otra realidad
dados de un vasto ejército. para que se defendan de la habitable que no sea la atmósfera protectora que
"Invasión" de otros lectores que no sean él mismo. He recibe de los libros. Inútil. Incapa y aturdido por las
aquí un fragmento de la encendida arenga que pronun­ humillaciones. terminar Inmolándose. como un már­
cia Rien a los libros: "Si queréis que os arojen de vuetra patria y os tir fanático. en un Incendio que destruirá su bibliote­
disperen por el mundo, si queréis ser evaluados, manoseados y comprados ca: "En el estudio, los anaqueles le amenaan con sus fauces abieras.
como esclavos con lo que nadie habla y a los que se ecucha a medias cuan· L alfombra empieza a arder fnte al ecritorio. Se dirige al cuartito del
do realizan sus tareas, esclavos en cuya alma nadie lee, que la gente tiene fondo, junto a la coina, y saca todos los diario viejos. Va separado
pero no ama, que deja estropear o revende para obtener beneficios, que ut· hoja por hoja, la arga, apelotonándolas, y las tira a los rincones. Insta·
l pero no comprende, ¡cd entonce los brazos y entregaros al enemi· la la ecalera en el centro de la pieza, donde antes estaba. Se sube al
gol Pero si aún os queda un corazón altivo, un alma valer y un espíritu sxto peldaño, vigila el fuego y aguarda. Cuando por fin las llamas lo
noble: ¡ao conmigo e iniciemos u Guera Santa!" alcanzrn, se echó a rír a carajadas como jamás en su vida había
rído".
No hay. que sepamos. en toa la literatura con­ L imagen del incendio de una biblioteca. o de un
temporánea. un peronaje en quien confuyan con montón de libros. aparece en distintas novelas. aun-
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que no con la fecuencia que cabría esperr. E el do que todos ignoran, entronizado en un perpetuo
argu mento principal de Fahrenheit 451 (Bradbur). presente, que lleva con arrogancia patética una vida
donde en una sociedad fu tura, habitada por ciudada­ sedentaria, distraído hasta la estupidez y. no obstan­
nos indolentes y fe lices, los libros están prohibidos te. maníaco del oren, Inclinado a perorar sobre la
(son peligrosos prque ningún libro está de acuerdo necedad de los hombres. y acaso muy agaviado por
una predecible fe aldad. No es el payaso de las bofeta­con otro): una sociedad donde los bomberos, en lugar
de apagar incendios, acuden urgentemente, requeri­ das, pero tiene algo del tonto de pueblo. Sobre él
dos por celosos ciudadanos delatores, a las casas recae la responsabllldad de aceptar la gravedad de un
donde hay libros, para quemarlos y hacer desaparecer destino oscur y solitario. sin otro amor o afecto que
cualquier memoria o rastro de su exstencia. Pero el el que recibe de las polvorientas estanterías. y de
Incendio de la biblioteca del profesor Kien, más que quien se sospecha que concluirá su vida de cualquier
con las hogueras de esos bomberos del fu turo, tiene manera. en un triste cuarto de pensión, por ej emplo.
cierta seme janza con el incendio fnal de la Abadía y que nadie después lo recordará, ni siquiera los
de El nomre de l rsa (Eco), cuyas primeras usuarios de toda la vida, que
- '.-
llamas se Inician en la blbllote- acaso ni notarán su ausencia.
ca. En esta novela teológica, de De alguna manera, tanto el
monjes sospchosos y siniestrs, y miste­ bibliotecario al que se dirige el
riosos asesinatos, la biblioteca es el fu n­ general Stumm (Musil), como el
damento, la causa y el origen de los profesor Kien (Canetti) y Jorge de
crímenes, y por tanto su celoso guar­ Burgos (Eco), están creados
dián expiará también, como el profe­ sobre un molde que contiene algu­
sor Kien de A uto de Fe (Canetti). ese nas de estas carcter ísticas. Sus
total desprecio que siente hacia los , excesos, desmanes y fa natis­
hombr es. y se quemará con ella. :;, mos son, ciertamente, hiperbólicos.
como un irptible libro que nunca {: por utilizr la expresión de Canet­
pdrá ser recobrado. Jorge de Bur-. ti. Pero hay que decir que la fu n­
gos presera así. mediante el ción misma del bibliotecario, en
crimen, Hla mayor bibliotea de la cristandad". y cuanto que representa la salva­
en concreto el libro perdido de la poé­ guardia del saber. se presta a ser
tica de Aristóteles sobre la comedia y ,� conver tido, a través de las inevi­
la risa, del que se conseraba ahí un tables exageraciones narrativas.
único ej emplar que. según el On un personaje dudoso, cuyo tra-
mon je arrogante y dogmático. ,�, . bajo sugiere esa desproporción
podría serir para que la risa ani­ infeliz del hombre solitario enfren­
quilara el miedo a Dios. L biblioteca se con­ tado a una tarea a todas luces desme­
vierte aquí. no en una estancia del saber, sino en u surada. pues el número de libros y publicaciones
lugar reserado al secreto, un lugar que nadie puede crece fu era de todo control. y amenaza con hacer
violar y al que tampoco se puede acceder sin peligro inútil cualquier propósito de orden.
de muerte. El bibliotecario ha invertido sus papeles, y En todo caso, para la imaginación y la prcepción
del mundo del novellsta, un blbllotecario es un perso­de custoio se ha transformado en guadián. De Igual
manera. la biblioteca no representa el conocimiento nae más, a no ser que tenga una especial relevancia
del saber y de la vida. sino la perdición y la muerte. en la trama narativa. Entonces sí, a tal ve el
Guillero de Baskerlle, el mon je sagaz, tolernte y bibliotecario adquiere un estatuto especial, como en
amante del saber y de los libros, ve así esa biblioteca los ej emplos arriba mencionados. Aunque lo más
antes de que las llamas la destruyan: HEI bien de u libr corriente, en las novelas consultadas, es una apar­
consiste en ser leido. Un libr está hecho de signos que hablan de otros ción fu ga, de poo relieve. que no suele coincidir con
sigos, que, a su vez, hablan de las cosas. Sin unos ojos que los lean, u una Imagen de agradecimiento a una tarea que debía
libro contene sigo que no producen conceptos. Y por tanto, e mudo. merecer too tipo de elogios. En gener al, en el mundo
Quizás eta biblioteca ha nacido para salvar lo libr que contene, pr de la fcción es casi inconcebible encontrar algunas
ahora vive para mantenerlos sepultados". fo ras derivadas de nobleza o heroicidad encaadas
en la fgura del bibliotecario. El agradecimiento a las
Imagen del bibliotecario tareas del bibliotecario es siempre una cortesía más
El bibliotecario es un individuo (lo apuntábamos propia de ensayistas o investigadores que de novelis­
más arb) idóneo para componer peronajes episói­ tas. Quien haya consultado el greso volumen Ers­
cos de características risibles o ridículas, con su pr­ m y Espa, de Mareel Batalllon, habrá obserado
ción de intolerancia, propensión a la cólera, malos que en las páginas del prefacio, donde proura hacer
modales, aspecto de Indigente, negado para las incita­ justicia a todas las personas que, de una u otra
ciones sensuales. tal vez sin emociones. con un pas- maner, ha contribuido con sus aportaciones y ay-
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Q.
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j DE '·EST A BILIOTHCA,
.. . . ENAGENAR.ENALGUNLIBRO, " q
L IMAGEN SOCIAL DE L BIBLIOTECA EN ESPANA
das a la realización del libro. Bataillon destaca con mejor aún la defendía como en El liro d la slva custoia el ter del
especial énfasis la contribución de los bibliotecarios: ry la víeja cobra desdentada y pálida por tantos siglos de tiniebla. L
MPero nuestra deuda más Inolvidable es la que hemos pbre Paglietta era poco menos que un 'usus natrae. Era pqueña, si
pecho n caderas, cerúlea, demembrada y monstrosamente miope; lle­contraído con muchísimos miembros del cuerpo de
vaba unas gafas t gordas y cóncavas que, vista de frnte, sus ojos de archiveros y bibliotecarios espaoles. En esta hora
trágica en que España se ve destrozada (1). penníta­ un celeste casi blanco, parcían lejanísimos, pegados al fondo del cráneo.
senos unirlos a todos frateralmente en nuestra grati­ Daba la impresión de no haber sido nunca joven, aunque seguramente
tud. Jefes y subordinados. mucrtos y vivos. sin aten­ tendra más de treinta años, y de haber nacido allí, en la sombra, ent
aquel vago olor a moho". der a jerarquías y sin enumerar los puestos sucesivos
en los cuales. a lo largo de casi veinte años. nos L visión del bibliotecario (que. en esta oasión.
hicieron sentir su bondad y cortesía" (2). No cabe. no se trata de un empleado de una entidad privada.
ciertamente. exigir al novelista un agradecimiento sino nada menos que de la ·venerable biblioteca del Institut
Químico de la Universidad semejante. pues lo
de Turn"). no desmere­más probable. sin . . . ' � �.
duda. e que todo. o ce de su antecesora:
la sustancia mejor antes a contrario. t HA1:ExoloN
psee los mismos ras­de su trabajo. se lo
gos de condición y deba por completo a ,� RESERVADA ' SU SAN1'IDAD
acaso. quién sabe. si su propia imagina-
les corresponde a ción. ' . -
aquí ambos individuos el Traemos
mismo grupo sanguí­esta comparación. un
neo. Sin embargo. poco por los pelos.
aquí las invectivas porque la imagen del
bibliotecario que de Pmo L alcan-
zan también a la vamos a regstrar y
dirección del centro, ver ahora se parece
dada la absoluta mucho más. en efec­
to. a esa irredimible dejadez que impera
representación de la en esa biblioteca y el
torpe7.a y la estupide dibujada líneas atrás, que a la consiguiente desprecio al lector de un edifcio que
hermosa imagen de diligencia. feror y efcacia que carece de los mínimos requisitos exgbles par lla­
suscitó t nobles sentimientos en Mareel Bataillon. marse. con rigor. biblioteca:
En su libro de relatos El sistem prióico. el "E probable que la Dirección s atvie a sbio prncipio sn
escritor italiano Pmo Lvi nos ofrece un singular el cal no conviene alentr ni las ae ní las ciencias. Slamente aquel
retrato. o mejor. un retrato por partida doble (biblio­ que s sintiese acuciado por u necesidad absoluta o por una pasión
tecaria y bibliotecario. en dos cuentos distintos), cuya arlladora podra someterse con buen talante a las prebas de abnega­
descripción no tiene desperdicio. Para el lector que ción que se exigían para consultar aquellos tomos. El horarío era breve e
desconozca este libro. acaso no será innecesario decir iracional, la iluminación ecasa y lo fichers estaban deordenados. E
que. pese a que se trata de relatos. en la acepción inviero no había calefacción de ningún tipo. Tampoo había sillas, sino
inicial del término. refejan muchas de las experien­ banquetas metálicas incómodas y ridosas; y para remate el bibliotecaro
cias del propio autor en la Italia posterior a la era un pedazo de alcoroque, incompetente, maleducado y de una feal­
Segunda Guerra Mundia. De ahí que no puedan con­ dad impúdica, a quien habían pueto allí en el umbral para aterrizr
siderarse. para nuestro propósito. textos de pura ima­ con su aspecto y su ladrdo a todos los aspirante al ingres".
ginación. sino más bien remembraw.as de experen­
cias vividas. Primo Lvi era químico de profesión. y Poo margen dejan estas estampas del horor. sin
con estos textos intentó. tal como indica el epígrafe duda. para fomentar el placer de leer y estimular en
que abre el libro. contar penas pasadas. Así vio el ciudadano el gusto y la atracción por las pesquisas
Primo Lv a la bibliotecara de una fábrca de pro­ intelectuales. El bibliotecario aparece aquí como un
ductos químicos: auténtico enemigo del lector, ejerciendo una función
"L bibliotecara, a quien nunca había visto ante, custoiaba la en las antípodas de lo que Idealmente seria su tarea,
biblioteca como pdía hacerlo un pr de pajar, uno de es pobres no como alguien que honestamente presera y prote­
prcho, deliberadamente maleados a golpe de cadena y de hambre; o ge un tesoro común. sio como un cancerbero. u
pro de presa que vigila el acceso de los ciudadanos
a los sercios de la biblioteca (según Pmo Lvi. má
imaginarios que reales). (1' El prfacio et fado en 1937.
Pero Pmo Lv no exera. o al menos su nar­
(2' Mareel Balalllon. Eram y Ep Madrd: Fono de Cultur Em­
dor (él mismo) no es la única vctima de ess celosos c. 191 (Cuara rimprión en Epaña). p. X
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guardiaes. Anatole France rtrató. en su novela L la función de fchar. prserar y custoiar los volú­
menes de la biblioteca. con un temor incontrolado. o rebelión de los ángeles. escrita a principios de siglo. a
mejor. con un pánico infera. simplemente a que los un bibliotecario (no sabemos si basado en algún per­
sonaje real. pero compuesto. ahora sí. de una materia libros estén fuera del sitio que les corresponde. S
esencialmente imaginaria): el señor Sariette. acaso cree el único hombre con dotes para apreciar el valor
uno de los más enfermizos. ridículos y celosos biblio­ de cada libro. aunque en realidad sólo le guía una
ciega posesión vicaria. que convierte cada gesto suyo tecaros de este siglo. Estos son sus hábitos y algu­
nos de los bochoros y mendacidades que dIariamen­ en un auténtico disparate. Sariette es un ejemplo de
te ejerce en su lugar de trabajo: bibliotecario intolerante. pero no por sus ideas (segu­
. A día siguiente, a las siete en punto, el señor Sariette s incorpr­ ramente carece de ideas). sino porque concibe la
biblioteca como un rducto inaccesible. y considera a ba a su puesto en la biblioteca y catalogaba. Cuando etaba sentado en
su ecritorio lanzaba a todo visitante una mirada envenenada de Medu­ cualquier visitante un enemigo declarado. un enemigo
s con el temor de que alguno le pidiera librs prtado. Habría desea­ a derotar. puesto que nada bueno se puede espera
de alguien capaz de profanar con su do que esa mirda fera capaz de petificar no
deseo de leer ese panteón del sber sólo a los magistrado, polítcos y prelado que
que es una biblioteca. Tal vez exage­se aprovechaban de su familiaridad con el
señor de la cas para pedir cualquier obra, sino ros. per Sariette. que como per­
también al señor Cayetano, que, como benefac­ sonaje literario es una creación
tor de la biblioteca, cogía de vez en cuando magnifca. como bibliotecario es el
alguna antgualla licenciosa o impía para los ejemplo más pertinente del abuso de
autoridad. en un campo. además. la días lluviosos en el campo, o a la señora de
biblioteca pública. que nunca es Renato Esparieu cuando venía a buscar algún
libro para ler a los enferos del hospital, e exclusiva de nadie. y que basa su
incluso el prpio Renato Eparvieu, que por lo existencia en la protección de la
común se contentaba con el Código Civil de memoria común y el sericio a la
Dalloz. Cada vez que alguien se llevaba el colectividad. El señor Sariette. como
menor legajo se le desgarraba el alma. Con el el profesor Kien. y también Jorge de
fin de poder negar los préstamos a aquello Burgos. en realidad no aman los
que tenían los mayore derechos para solicitar­ libros. sino su prohibición. y proba­
los, el señor SarieHe inventaba mil excusas blemente eligen ser bibliotecarios
ingeniosas o burdas, y no le imporaba dejar en como el medio más efcaz de salvar
al mundo y a los hombres de los mal lugar su prpia administración, ni suscitar
dudas sobre su vigilancia, alegando que se terribles peligros de la lectura. Una
había extraviado o perdido algún volumen que trste y cruel paradoja que denota
u sgundo antes examinaban sus prpio ojos, que. en cuanto personae literaio. el
y que ahora apretaba contra su pecho. Y cua­ bibliotecario es más rico y complejo
do, finalmente, no le quedaba más rmedio que en su contradicción extrema que
entregar un libr, antes de abandonarlo defini· como fel representación de una
tivamente se lo quitaba veinte veces de las tarea que es más discreta que des-
manos al solicitante. Temblaba sin cesar cada lumbrate.
vez que un objeto confiado a su custoia no apareca. Consrador de Pero no todos los bibliotecarios son feroces
trescientos sesenta mil volúmenes, tenía constantemente trescientos mastines. dispuestos a ladra al primer indicio de
ssenta mil motivos de alara. A vee se desperaba repentinamente en unos pasos. Ls hay. sin duda. menos empeñados
plena noche bañado en sudor frío y lanzba un grito de angustia porque en el ejercicio de la intolerancia. y con un sentido
había visto en sueños un hueco en uno de los estantes de sus araro. diligente y generoso de su labor bibliotecaria. aun­
L pareía monstruoso, inicuo y deolador, que u libr abadonara en que raramente en la presentación de su aspecto
algún momento su etanteW• Hsico están ausentes esos rasgos (que casi se
pueden considerar canónicos) de ridiculez. En la
Prácticamente Idéntico al profesor Kien. el señor novela de Vladimir Nabokov. escrita en clave de
Sariette se diferencia. no obstante. del personaje crea­ parodia de las novelas criminales. Invitado a ua
do por Canetti. en que carece de legalidad sobre las decaitaión. en la prisión en la que Cincinnatus
propiedades que custodia. A f de cuentas. la biblio­ C. aguarda a que se cumpla su sentencia de
teca de Kien es privada. y él es su dueño absoluto muerte. hay una biblioteca. curiosamente "la segunda
(es su riquez. como será también su rina). y esto de la ciudad por su tamaño y la rarza de sus volúmene", y a
le legitima paa no permitir a nadie. si así lo desea. frente de ella un bibliotecario cuyas trazas y
acceder a sus libros. Saiette. en cambio. es un pobr modales. t como lo describe Nabokov. acaso no
hombre. un empleaducho alelado y neroso. sobreco­ tienen otro objetivo que mantener viva es imagen
gdo por la magnifcencia de su cago. que confunde esperpéntica que venimos obserando:
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L IMAGEN SOCIAL DE L BIBLIOTECA EN ESPAÑA
obra obedece así a su particular concepción del "Ete último [el bibliotearo) era u hombr de g tamaño p
de aspecto enferizo, pálido, con smbras debajo de los ojos, con u mundo. De ahí que. como sucede precisamente con
Matías Pascal. su trabajo de bibliotecario. más oasio­calva manchada encerrada dentro de una corna de cabello oscur, con
nal que decidido. sea una de las Insólitas tareas que un toro la go dent de una chaqueta de lana azul, descolorida en par­
raliza a lo largo de su atareada doble vida (muer te pr remiendos en los coos. Tenía las mano dentro de los bolsillo
del pantalón, etrechos como la muerte, y sostenía debajo del brazo un dos veces). Pero sí es signifcativo cómo se produce
libro gande encuaderado en cuer neo. Cincinnatus ya había tndo su inclusión en la profesión bibliotecaia. Este es el
el placer de verlo en otra oasión. diáogo que le lleva a sustituir a anterior empleado
del Municipio de Bocam az a. un bibliotecario que n -El catáloo dijo el bibliotecario, cuya maner de hablar s distn­
gía pr una epie de defiante laconismo". siquiera se da cuenta de que ya ha sido jubilado:
"-Anohe, etado cenando_ Oye: ¿no conoe t a RomiteUi?_
Es evidente que esa hosca diligencia. ese laconis­ -No.
mo. fruto de la poca Inclinación del bibliotecario al -¡Cómo que no! E que etá e la Biblioteca Bocamazza. Un indiv·
duo sordo, medio ciego, alelado y que apenas puede tenere en pie. Anodiálogo y la confraterción. no puede augurar nada
che, en ocasión de estar cenando, contóme mi padre que la Biblioteca s bueno. Todos los personajes. en esta novela. tienen
un tratamiento de farsa. del que ni siquiera escapa el halla en u estado que da lástima y que convendra poner rmedio a
ello con la mayor diligencia. ¡Ahí tiene el puesto que a t te hace falt! curioso catálogo. que no es. precisamente. un instru­
mento idóneo par favorecer a oasional usuario la -¡Bibliotecario! -xclamé-. ¿Yo bibliotecario?
adecuada elección de un libro: "Reultaba difícil para cual­ -¿Por qué no? -replicóme Pomino. ¡Si lo e Romitellil
quiera que no fuera epecialista comprender el catálogo, ya que lo títu­ -Aque lla raón convecióme."
los no figuraban en orden En la biblioteca de
Bocamazza los libros alfabético, sino de acuerdo al
tienen un trato más número de páginas que conte­
nían, con anotaciones respecto directo con las ratas
que con los lectores. a cuantas hojas extas (a f
Aquí es innecesario de evitar la duplicación) habí­
Inventar estratagemas an sido pegadas a éste o a
aquel libro". No obstan­ de disuasión o conce­
te. este bibliotecario bir celos absurdos con
(que. no lo olvidemos. respecto a los lectores.
porque nadie se acerca trabaja en una cár­
cel). pes a su apaci­ a la biblioteca. De
ble Inutilidad. no suere que. en sus
carece de cierta bon­ tareas de bibliotecao.
dad. también Inútil. Matías Pascal se
encuent "roído por el pero que dota a per­
sonaje de algunos tedio". en una soledad
sentimientos de humanidad: "Casi inmediatamente, sin embar­ que mitiga a veces cazndo ratas. L Imagen es. cier­
tamente. estemecedor. aunque también se trata de go, Cincinnatus tuvo ota visita: el bibliotecaro, que venía a rtirar los
libros. Su cara 1 y pálida, con su halo de polvorientos cabellos una Imagen tan rsible que a cabo resulta conmove­
negros alrededor de un punto calvo, su laro toro témulo cubiero por dora. ya que esa misma aburida activdad será la
un saco de lana azulado, sus laras pieras en sus trncados pantalones que le conducirá al encuentro con los libros: Ut prime­
-todo eto junto creaba una rara y mórbida impreión, como si el hom­ ra vez que hubo de ocurre encontrare con u libro en las mano,
br hubiera sido achatado. Sin embargo, a Cincinnals le dio la impre­ cogdo a la ventura, sin adverrlo, de uno de lo estantes, entróme por el
sión de que, con el polvo de los libros, una película de algo remotamen­ cerpo un calomo de horror. ¿Ira a sucedere lo que a Romitelli? ¿Me
te humano s había asetado sobre el bibliotecaro". Esta Impre­ iría a creer obligado, por el solo hecho de ser bibliotecaro, a leer yo pr
sión de humanidad que. sobre el bibliotecaro. tiene todos los que no iban a la Biblioteca? Y tiré el libro al suelo. Sólo que
el condenado. no será una percepción erónea. pues luego lo recog de allí, y ¡ah!, señor, me pus a ler yo también-.
en el Instante de la ejecución el bibliotecario será e
único que demostrará una contundente repulsa. de A carecer de voación bibliotecaria. o simplement
sigo totalmente inequívoco. ante la pena de muere: debido a que el trabajo de este personaje en la biblio­
"E pálido bibliotearo etaba sntdo sbr lo ealone, doblado e teca es un episodio entre muchos. Matías Pascal no
do, vomitando". sobrelleva esa amargura latente y ese desapacible
carácter de los bibliotecarios profesionales que hemos
Hay otros bibliotecarios. como Matías Pascal visto en otras novelas. Cierto que. de todos modos. el
(PrandelloJ. que aún conseran cieros rasgos carica­ nada casua desastre en que se encuentra esa biblio­
teca no contribuye a formar ningún espíritu: al con­turescos. per en esas deformaciones. por lo general.
prima la Intenclonalidad expresiva del autor. cuya traio. esa atmósfera. susceptible de volver loo a
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