Gobierno del Perú (1567)

De

C'est une œuvre de premier plan, en très grande partie inédite, que l'Institut Français d'Etudes Andines offre maintenant aux historiens, ethnologues, hispanistes et américanistes. Lorsque mon ami Guillermo Lohmann Villena me dit un jour qu'il tenait prêt pour l'édition le texte intégral du Gobierno del Perú, je lui demandai aussitôt s'il pourrait le publier dans la collection des « Mémoires et Travaux » de notre Institut. Personne n'était aussi qualifié que lui pour faire l'étude préliminaire de cette œuvre essentielle de Juan de Matienzo, terminée, on le sait, vers 1567. Bien que très déficiente et tronquée à près de 40% — on le voit main­tenant — l'édition de 1910 à Buenos Aires avait attiré depuis longtemps notre attention sur la valeur de ce document comme source historique pour le Pérou du XVIe siècle — et même, ajouterons-nous, pour un Pérou presque contemporain à travers ses survivances dans le monde indigène.


Publicado el : lunes, 27 de abril de 2015
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EAN13 : 9782821845671
Número de páginas: 366
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Gobierno del Perú (1567)

Juan de Matienzo
Guillermo Lhomann Villena (ed.)
  • Editor: Institut français d’études andines
  • Año de edición: 1967
  • Publicación en OpenEdition Books: 27 abril 2015
  • Colección: Travaux de l’IFÉA
  • ISBN electrónico: 9782821845671

OpenEdition Books

http://books.openedition.org

Edición impresa
  • Número de páginas: 366
 
Referencia electrónica

MATIENZO, Juan de. Gobierno del Perú (1567). Nueva edición [en línea]. Lima: Institut français d’études andines, 1967 (generado el 17 noviembre 2015). Disponible en Internet: <http://books.openedition.org/ifea/3104>. ISBN: 9782821845671.

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© Institut français d’études andines, 1967

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Índice
  1. Avant-propos

    François Chevalier
  2. Étude préliminaire

    1. I — L’Environnement

      1. 1. LA DÉCENNIE 1560-1570 : INCERTITUDE ET EXPECTATIVE
      2. 2. LES FORMES DE LA CRITIQUE
      3. 3. LA CURIOSITÉ ENVERS LE MONDE AUTOCHTONE
      4. 4. ANATOMIE DE LA « RÉPUBLI rQUE DES ESPAGNOLS »
      5. 5. LE « GOBIERNO DEL PERÚ » EMBLÈME ET SYNTHÈSE D’UNE PÉRIODE DE L’HISTOIRE
    2. II — L’Homme

      1. 1. LES ESQUISSES BIOGRAPHIQUES
      2. 2. LA FORMATION D’UN MAGISTRAT
      3. 3. «... A VER SI MUDANDO MUNDO Y TIERRA MEJORARÍA MI SUERTE... »
      4. 4. «... LAS COSAS DE ESTE REYNO DEL PIRÚ... »
      5. 5. DES ILLUSIONS AU DÉSENCHANTEMENT
      6. 6. « ... EL ANDAR A DERECHAS APROVECHA POCO EN ESTA TIERRA... »
      7. 7. L’APOGÉE : ANNÉES DE PLÉNITUDE
      8. 8. LE DÉCLIN
      9. 9. LA FAMILLE ET LA DESCENDANCE
    3. III — L’Œuvre

      1. 1. LES TEXTES SCIENTIFIQUES
      2. 2. LES ECRITS POLITIQUES
      3. 3. EXÉGÈSE DU « GOBIERNO DEL PERÚ » : VALEUR ET CONTENU
      4. 4. GENÈSE ET VICISSITUDES DE L’ŒUVRE
      5. 5. LA PRÉSENTE ÉDITION
  3. Gobierno del perú con todas las cosas pertenecientes a él y a su historia

    1. Prólogo al lector

    2. Parte primera

      1. Capítulo primero. Del gobierno y tirania de los Ingas, y cómo no eran reyes naturales de estos Reinos del Perú

      2. Capítulo II. De cómo entraron los españoles en este Reinol, y cómo fué justamente ganado y tiene Su Magestad justo título a él

      3. Capítulo III. Del contento que los indios tienen del buen tratamiento que agora se les hace por los españoles y del gran cuidado que de ello tienen las Audiencias por mandado de Su Magestad

      4. Capítulo IV. De la natural inclinación y condición de los indios

      5. Capítulo V. Si conviene e se puede compeler a los indios a que trabaxen, o dejallos andar ociosos, y qué cosas les inclinarán al trabaxo

      6. Capítulo VII. De la tiranía de los caciques; de sus malas costumbres, y del remedio para ello

      7. Capítulo VIII. De los indios yanaconas: si conviene que los haya; en qué se han de ocupar, así los de las chácaras como los de españoles, y si conviene que vuelvan a sus repartimientos

      8. Capítulo IX. De los indios hatunrunas y tindarunas; en qué se han de ocupar, y si conviene que se limiten las leguas de donde han de venir a servir por su alquiler

      9. Capítulo X. Cuántas maneras de mitayos hay; de sus ocupaciones; de las cargas que les hacen llevar, y de qué manera se podrán escusar de llevarlas sin perjuicio de los pasaxeros

      10. Capítulo XI. De los mitayos para servir a los españoles en sus casas o para guarda de sus ganados; y de los uros, en qué se han de ocupar

      11. Capítulo XII. De los tributos que los indios dan a su magestad, y a los encomenderos en su nombre; por qué razón se deben y los pueden justamente llevar

      12. Capítulo XIII. Si converná que la tasa de los tributos sea en dinero o de las cosas que crían en sus tierras; o si se tendrá consideración a la dar en las cosas que menos trabaxaren, aunque valgan más, y si será por personas o por haciendas, y del servicio personal

      13. Capítulo XIV. De cómo los indios han de ser visitados y juntados a pueblos y puestos en polecía ; y la justicia que ha de haber en los pueblos, y de la traza de ellos, y del tocuirico

      14. Capítulo XV. De las tierras que el visitador ha de señalar a los indios por propias, v a los caciques y principales, y al común de los indios; las que ha de dexar para españoles, y de las del sol, y del Inga

      15. Capítulo XVI. De la tasa de los tributos que han de dar los indios a sus encomenderos, y a sus caciques y principales, y para el común, y para el beneficio perpetuo, y para Su Magestad, y para los Corregidores, y para el tucuirico que ha de haber en los repartimientos

      16. Capítulo XVII. En qué cosas se han de ocupar los indios hatunrunas que están en los repartimientos, para pagar su tasa

      17. Capítulo XVIII. Cómo y por quién se ha de cobrar la tasa; en qué tiempo se ha de pagar; cómo se ha de ir añadiendo conforme a los indios que en el repartimiento fueren creciendo y fueren de edad de diez y ocho años, y disminuyendo conforme a los que murieren o faltaren, y del provecho que de esto se siguirá a todos

      18. Capítulo XIX. Cómo se enseñarán oficios a los indios de los repartimientos; y si converná que hagan pólvora y tiren arcabuces, y anden a caballo y se vistan ropas de españoles

      19. Capítulo XX. De los bienes de la comunidad de cada repartimiento de indios; en qué se han de emplear; por cuyo mandado, y si converná que haya corregidores españoles en los repartimientos

      20. Capítulo XXI. Por quién se ha de hacer la visita de los indios; y a cuya costa, y del salario del visitador

      21. Capítulo XXII. Del salario de los corregidores y otros jueces; y de qué se ha de pagar a ellos y a las audiencias, sin que se toque a los quintos, y sin perjuicio de los indios ni de los encomenderos

      22. Capítulo XXIII. De las borracheras y malas costumbres de los indios; de los cabellos y chucos para las cabezas; de los adúlteros y amancebados, v del remedio que en ello se ha de tener

      23. Capítulo XXIV. Si conviene que españoles vivan entre indios, o mulatos, mestizos y negros horros; y si conviene que haya contrataciones entre españoles e indios en las ciudades, asientos de minas, o en sus pueblos, y lo que se ha de hacer de mulatos y mestizos y negros horros para la conservación del Reino

      24. Capítulo XXV. Si conviene que los indios se vayan de sus repartimientos a vivir a do quisieren; y que se muden o los lleven de los Llanos a la Sierra, o de la Sierra a los Llanos, y que los mitimaes que puso el Inga se vuelvan a su naturaleza

      25. Capítulo XXVI. De los carneros, ovexas, Guanacos, y vicuñas que hay en toda la mayor parte de la serranía del Perú, y de su conservación

      26. Capítulo XXVII. De los camaricos o presentes que los indios dan a los apoes, jueces, e clérigos e relixiosos, y repartimientos que para ello hacen, y que conviene quitarse

      27. Capítulo XXVIII. Sí converná que los indios se den a perpetuidad a sus encomenderos, y los provechos que de ello se seguirán a los indios, a los encomenderos, a la Hacienda Real, y a todo el Reino

      28. Capítulo XXIX. De los daños que se siguirán de no se hacer la perpetuidad, y de quedar los indios en cabeza de Su Magestad, ansí a los mesmos indios como al patrimonio real y a todo el Reino

      29. Capítulo XXX. De qué manera se hará la perpetuidad sin perjuicio de los indios, ni de los españoles que no tienen indios, y del provecho que de ello verná a la Hacienda Real

      30. Capítulo XXXI. En que se responde a los inconvinientes que algunos ponen si se hiciese la perpetuidad, y cómo se perpetuará lo que no está encomendado; y si conviene que haya Lanzas, y lo que han de hacer, habiéndolas

      31. Capítulo XXXII. De lo que monta el servicio que se ha de dar a Su Magestad por la perpetuidad; del número de indios que hay en el Perú; de lo que montan los tributos, y de otras condiciones y provechos de la perpetuidad

      32. Capítulo XXXIII. Sí converná dar licencias a los comendadores, después de hecha la perpetuidad, para ir a España; y no se haciendo, si converná a los que se quedaren en España, darles parte de las rentas y tributos, y de la residencia que deben hacer en las ciudades, y no entre los indios

      33. Capítulo XXXIV. De los beneficios curados perpetuos que ha de haber en los repartimientos; qué calidades han de tener los curas, y si conviene que no se muden, y por qué causas puedan y deban ser privados

      34. Capítulo XXXV. De los abusos de algunos que han dotrinado indios; y jurisdicción que sobre ellos han tenido, y penas de dinero que les han llevado, y el inconviniente que de sus castigos viene para lo de las confesiones

      35. Capítulo XXXVI. Si conviene que el sacerdote de la dotrina sepa bien la lengua general de los indios; y cómo les ha de dotrinar, y sobre lo tocante a sus huacas; adoratorios y enterramientos

      36. Capítulo XXXVII. Si conviene que Su Magestad, y los encomenderos en su nombre, sean patronos de los beneficios ya dichos, y nombren al sacerdote, clérigo o fraile, para que le cuele y examine el Obispo, y si han de estar suxetos al Obispo los relixiosos que estuvieren en dotrinas de indios

      37. Capítulo XXXVIII. De los diezmos: si conviene que los paguen los indios, y de qué cosas; y de los beneficios que ha de haber en las chácaras y en las ciudades para dotrina de los indios, y a cuya costa

      38. Capítulo XXXIX. De las huacas y enterramientos de indios, y tesoros que en ellos hay: si los pueden sacar los españoles, y para quién ha de ser, y si de ello viene daño o provecho a los indios

      39. Capítulo XL. De los asientos de minas de Potosí y de Porco; si conviene que los indios se echen a las minas, y cómo se han de hacer y conservar los asientos

      40. Capítulo XLI. De las leyes que se deben hacer para lo tocante a las minas, socavones y despoblados de Potosí y Porco, y otras cualesquiera minas

      41. Capítulo XLII. De la persona que ha de gobernar los asientos de Potosí y Porco, y del cuidado que ha de tener de la conservación de los indios; y si conviene que haya alcaldes en Potosí, y habiéndolos, de qué han de conocer, y de la manera de los tratos, y de la falta de leña, y su remedio

      42. Capítulo XLIII. Si converná que se descubran más minas de plata o oro, y descubiertas, cómo se labrarán

      43. Capítulo XLIV. De la coca y de su gran contratación; si es bueno que la haya o no, y del provecho o daño que de ella se sigue, así a indios como a españoles

      44. Capítulo XLV. De la cualidad de la coca; adónde nace y cómo se cultiva hasta que empieza a dar provecho, y el beneficio que se le hace después que está criada, y cómo se encesta y se saca, y de su contratación

      45. Capítulo XLVI. De las chácaras de coca, de do se pagan los tributos en coca a los vecinos y encomenderos

      46. Capítulo XLVII. De la coca que han puesto los vecinos y encomenderos allende de la tasa, y otros, sin tener coca de tasa

      47. Capítulo XLVIII. De las chácaras de coca de los « soldados » que han comprado de vecinos o plantádolas de nuevo

      48. Capítulo XLIX. De las chácaras de coca que tienen los caciques en los Andes, y del gran daño que de ellas viene a sus indios

      49. Capítulo L. De las chácaras de coca de los camayos; y de su oficio, y de los agravios que reciben algunos de ellos

      50. Capítulo LI. De las leyes y ordenanzas que se deben hacer para beneficiar la coca, y del remedio para que los indios no enfermen por su causa

        1. Leyes de la coca
      51. Capítulo LII. De las minas de oro que hay en este reino, y de las ordenanzas que para ellas conviene que se hagan

        1. [Titulo Primero]. Del descubrimiento de minas de oro
        2. [Titulo II]. De las estacas
        3. Titulo III]. De la labor de minas de oro
        4. [Titulo IV]. De los despoblados
    1. Parte segunda

      1. Capítulo primero. Si conviene que haya Virrey o Gobernador en el Perú; qué cualidades ha de tener, y cómo se ha de haber en el gobierno

      2. Capítulo II. Adónde ha de residir el Virrey o Gobernador; si conviene que esté en el Cuzco y que tenga en su compañía algunos Oidores, y de qué han de conocer, y la orden que en el repartir han de tener, y de su jurisdicción e distrito

      3. Capítulo III. Cuántas audiencias conviene que haya en el Perú; adónde han de residir; cuántos Oidores en cada una; y de su salario, y del provecho que de ellas se sigue al Reino

      4. Capítulo IV. De la Audiencia de los Charcas; de cuánto conviene que resida en la ciudad de La Plata; de las leyes y ordenanzas que para ella conviene que se hagan, y del destrito que debe tener

        1. LEYES Y ORDENANZAS PARA EL AUDIENCIA DE LOS CHARCAS
      5. Capítulo V. De la Audiencia de Los Reyes y de su destrito y gobierno

      6. Capítulo VI. De la Audiencia de Quito y de su destrito; del poder que el Presidente de ella conviene que tenga, y de la descrición de la tierra

      7. Capítulo VII. De la Audiencia de Panamá, y cuánto convino ponerse allí; de lo que debe hacer, y del gobierno de los indios de aquel Reino de Tierra Firme

      8. Capítulo VIII. De la Audiencia de Chile: dónde ha de residir ; del poder que ha de tener el Presidente de ella, y de la vesita y tasa de los indios de aquel Reino

      9. Capítulo IX. Del castigo de los indios chiriguanaes y de lo que se debe hacer de los indios de los llanos y poblaciones de Manso y Chaves

      10. Capítulo X. Si conviene que haya moneda en el Perú; y qué moneda, y adónde han de residir las Casas de la Moneda

      11. Capítulo XI. De la Hacienda real; quintos y derechos reales; de dónde proceden: si de la plata que sacan los españoles, o de la que sacan los indios; por qué razón se deben; de la marca real de Potosí a dó ha de residir, y de las leyes que cerca de ello se deben hacer

      12. Capítulo XII. Si converná que todos se llamen vecinos; y que se nombren alcaldes ordinarios de todos estados, y que los alcaldes no conozcan de causas creminales, habiendo Corregidor o Audiencia

      13. Capítulo XII. Si conviene que haya chácaras de pancoger, y que se conserven los indios que en ellas habitan; y que se hagan ingenios de azúcar, y obraxes de paños, huertas y viñas, y que haya ganados, y quien los guarde, y que los pastos y montes sean comunes

      14. Capítulo XIV. De la provincia de Chucuito, y de su gobierno; si converná repartirse y tasarse de nuevo; y cómo podrán ser gratificados los españoles que han servido a su magestad en esta tierra, y no están remunerados

      15. Capitulo XV. Si conviene abrir un puerto por esta tierra a la mar del norte, y la orden que en ello se debe tener

      16. Capítulo XVI. De la provincia de Tucumán; pueblos que en ella ha de haber; y lo que ha de tener por destrito y términos de su gobernación

      17. Capítulo XVII. De la provincia de el Paraguay, que por otro nombre llaman del Río de La Plata, y sus términos; del oro y plata que hay en la dicha provincia; del mal gobierno que en ella ha habido, y de su remedio, y los pueblos que en ella se deben hacer

      18. Capítulo XVIII. Del Inga Tito Cuxi Yupanguique anda alzado; los daños que ha hecho; de la vista que con él hice en su tierra, y capitulaciones de paz que con él traté

      19. Capítulo XIX. Del pueblo que se ha de hacer en cochabamba, que ha de ser entrada de los moxos, y otro que conviene hacer en arica

      20. Capítulo XX. De las puentes, fuentes y caminos que conviene hacerse y repararse en esta provincia y distrito de la Audiencia de los Charcas

      21. Capítulo XXI. De los españoles que andan ociosos; de los desafíos que hacen, e injurias que de ellos nacen, y del remedio que en ello se ha de tener para evitar escándalos, motines y alzamientos, y leyes que cerca de ello conviene que se hagan

      22. Capítulo XXII. De la avaricia, y de los males que por ella se causan; y en qué se conocerá a un avariento para que no sea proveído de ningún género de oficio, aunque sea más sabio que platón

      23. Capítulo XXIII. Del gran castigo que debe haber en este reino para su conservación; y de las cárceles fuertes, alcaides, y fiscales que en cada ciudad conviene que haya

      24. Capítulo XXIV. De los conquistadores y antiguos pobladores de este reino del Perú; y de los previlexios que deben tener ellos, sus hixos, y sus descendientes

      25. Capítulo XXV. De los hijos de vecinos y moradores de este Reino; cómo deben de ser criados e instruídos, y de los estudios que debe haber en el Reino, y en qué partes

      26. Capítulo XXVI. De los obispados que conviene que haya en el Perú; y de los derechos excesivos que se llevan por los enterramientos y por los casamientos de indios

      27. Capítulo XXVII. De las visitas de audiencias; de las residencias de los jueces, y de las recusaciones

      28. Capítulo XXVIII. De la manera que se ha de hacer la restitución de lo que han llevado los conquistadores a los indios; de las partes de Caxamarca, y de las conquistas y poblaciones, y leyes de ellas

      29. Capítulo XXIX. De los oficiales de oficios mecánicos, y si han de ser compelidos a que usen sus oficios

      30. Capítulo XXX. De los que son casados en España o en otra parte fuera del Reino, o del destrito de la Audiencia, y si conviene darles licencia, o compelelles a que se vayan a hacer vida con sus mugeres

      31. Capítulo XXXI. De los bienes de defuntos en esta tierra; de las leyes que para ello están hechas, y las que conviene añadirse

      32. Capítulo XXXII. De los correos o chasquis que en este Reino conviene que haya

Avant-propos

François Chevalier

1C’est une œuvre de premier plan, en très grande partie inédite, que l’Institut Français d’Etudes Andines offre maintenant aux historiens, ethnologues, hispanistes et américanistes.

2Lorsque mon ami Guillermo Lohmann Villena me dit un jour qu’il tenait prêt pour l’édition le texte intégral du Gobierno del Perú, je lui demandai aussitôt s’il pourrait le publier dans la collection des « Mémoires et Travaux » de notre Institut. Personne n’était aussi qualifié que lui pour faire l’étude préliminaire de cette œuvre essentielle de Juan de Matienzo, terminée, on le sait, vers 1567.

3Bien que très déficiente et tronquée à près de 40 % — on le voit maintenant — l’édition de 1910 à Buenos Aires avait attiré depuis longtemps notre attention sur la valeur de ce document comme source historique pour le Pérou du xvie siècle — et même, ajouterons-nous, pour un Pérou presque contemporain à travers ses survivances dans le monde indigène.

4Lohmann a magistralement situé l’œuvre dans son contexte péruvien, cette inquiétante décennie 1560-70 où tout est remis en question dans une floraison d’ouvrages, eux-mêmes de premier plan, que, grâce à lui, nous connaîtrons mieux maintenant. Il s’agit bien d’une époque exceptionnellement importante, celle qui, au-delà des désordres de la conquête, puis des inquiétudes et des interrogations, annonce déjà dans le Gobierno del Perú l’organisation nouvelle, voire la refonte d’une société, sous le vice-roi Francisco de Toledo (1569-81). Mais cette restructuration politique, sociale et économique, n’est évidemment pas l’œuvre d’un seul homme et d’un moment : la vaste et minutieuse législation de Toledo codifie, ou guide, plus souvent qu’elle ne les crée, de profondes transformations, en partie spontanées dans un certain milieu, en partie aussi imposées ou dirigées selon des normes, fruit de l’expérience, des idées ou des intérêts d’une cohorte de religieux et de fonctionnaires — parmi eux, et peut-être en première place, Juan de Matienzo, dont s’est directement inspiré le vice-roi, on nous le montre.

5A cette époque, les idées généreuses de Las Casas n’ont plus, certes, leur influence d’antan, même en métropole : après la rébellion pizarriste, le Roi n’a rétabli son autorité au Pérou qu’au prix d’un compromis qui a consacré leur abandon, comme l’a bien vu Marcel Bataillon1, tandis que se manifestent déjà les premiers symptômes de la mentalité des « Espagnols américains », fils ou héritiers des conquérants, et qu’on va bientôt assister à la naissance d’une « conscience créole » en Amérique espagnole. Tout en défendant, de par ses fonctions, les intérêts de la Couronne, Matienzo croit à la nécessité de composer avec le milieu et ne laisse pas d’être influencé par les points de vue des Espagnols des Indes — lorsqu’il recommande par exemple l’implantation de seigneuries (aux droits limités, bien sûr) et la perpétuité des encomiendas, ou bien qu’il défend et tend à faire reconnaître telles prérogatives que se sont arrogées les mineurs et nouveaux propriétaires.

6A vrai dire, si la seconde partie du Gobierno del Perú a une valeur historique, politique et juridique, justement soulignée, en nous faisant mieux connaître la mise en place de la solide administration vice-royale, la première partie de l’œuvre est peut-être plus originale, voire plus profonde. Elle traite, en effet, de l’organisation du monde indigène au niveau des communautés villageoises, paroisses et encomiendas, en particulier dans leurs rapports avec les grandes mines ou les domaines (chácaras) des Espagnols, c’est-à-dire d’institutions locales et cadres sociaux si solidement structurés vers cette époque qu’une partie d’entre eux, résistant aux transformations de plus en plus rapides des xixe et xxe siècles, sont bien reconnaissables aujourd’hui pour l’ethnologue et même le simple observateur.

7Les projets de réglementation de cette première partie, loin d’être théoriques, comme certaines lois des Indes élaborées dans des bureaux, sont au contraire adaptés de très près au milieu, toujours évoqué ou décrit dans les propositions de l’oidor, qui cherche habituellement à mieux contrôler des états de fait. Car Matienzo connaît bien les régions vitales du pays, depuis sa résidence de l’Audience des Charcas ; lorsqu’il rédige, il a déjà enquêté sur le travail des Indiens à Potosí et Porco ; il a instruit un « jugement de résidence » à Cuzco ; il a habité ou parcouru les zones les plus peuplées de la sierra, et il a même eu des entretiens avec le descendant à demi insoumis de l’Inca, dans les montagnes de Vilcabamba...

8C’est ainsi que nous avons, souvent de première main, une joule de renseignements sur le fonctionnement des encomiendas, sur les diverses sortes de mitas — ces services de travail principalement dans les mines — sur les tributs et redevances, l’implantation du système de tutelle des Indiens considérés comme mineurs d’âge, les différentes catégories de travailleurs indigènes, hatunrunas, tindarunas, yanaconas... etc., utilisés et organisés plus ou moins spontanément par les conquérants en fonction de leurs nouveaux besoins.

9Pour prendre le bref exemple des yanaconas employés par les maîtres et propriétaires espagnols, nous constatons que Matienzo décrit et propose de légaliser en le contrôlant un système de travail qui existe encore très souvent dans les haciendas du haut Pérou (notamment dans la sierra de Trujillo, où nous l’avons reconnu sous le même nom, troqué ailleurs pour celui de colonos... etc.). L’Indien yanacona est astreint à cultiver une partie de la semaine les terres du propriétaire, sur lesquelles il a l’obligation de résider ; en échange, il reçoit à perpétuité dans le domaine un lopin de terre qui ne peut lui être enlevé et il jouit d’une certaine protection de la part du maître - situation assez semblable à celle des « serfs chasés » du Moyen Age. Matienzo reconnaît au maître le droit de punir « modérément » ses yanaconas, qui restent attachés au domaine lorsqu’il est vendu, comme en Espagne les vasallos solariegos, précise notre oidor (chap. VIII).

10De même, les populations du haut Pérou ont été habituellement regroupées en villages, bâtis, comme nos anciennes « villes neuves » et « bastides » de l’Europe méridionale, autour d’une place centrale qui, aujourd’hui encore, offre souvent la disposition préconisée par Matienzo dans un curieux dessin : église, maison du conseil, prison... etc. (chap. XIV). Cette « urbanisation »-type n’est d’ailleurs que la forme extérieure la plus visible, la coquille si l’on veut, d’une société largement remodelée au xvie siècle, en particulier dans ses structures religieuses et même agraires.

11Arrêtons là les exemples, en notant aussi les limites du Gobierno del Perú comme témoignage et source historique. Matienzo a un but essentiellement pratique, qui est d’informer le roi en vue de mieux administrer, de conserver et développer la vice-royauté. Il n’y a donc pas lieu de s’étonner qu’il ne manifeste point de curiosité excessive pour les anciennes civilisations indigènes, à l’égard desquelles il poursuit une politique d’assimilation en cherchant à les hispaniser. Enfin, son souci de ne pas donner d’arguments aux Las Casiens (tenus encore par les encomenderos et colons comme l’ennemi numéro un) explique peut-être qu’il n’ait pas insisté sur le phénomène essentiel que représente la diminution de la population indigène, tout en donnant d’ailleurs des chiffres intéressants sur cette population, pour l’époque où il écrit. Mais cette récession démographique est fort mal connue et il n’est pas impossible que, dans toute son ampleur, elle ne soit un peu plus tardive au Pérou.

12Il n’en reste pas moins que le Gobierno del Perú offre un grand intérêt à beaucoup d’égards, comme le montre bien Lohmann Villena, et pas seulement, certes, dans le domaine de l’ethnohistoire sur lequel nous venons d’insister. Ainsi, Juan de Matienzo n’occupe-t-il pas encore, on nous le dit, la place qui lui revient dans l’historiographie hispano-américaine. La cause en est sans doute dans l’impression si hâtive, sous le titre de son œuvre essentielle, d’une sorte de long « digest » rédigé (pour qui ?) tantôt en style télégraphique, tantôt en longues phrases reproduites sans la ponctuation moderne, peu compréhensibles parfois, avec beaucoup de lectures défectueuses, surtout des mots quechuas.

13La présente publication s’imposait donc. Nous la devons à la compétence de Guillermo Lohmann Villena, dont l’étude préliminaire a été traduite par B. Lavallé et MmeJean Piel, à l’intérêt qu’a bien voulu y prendre Marcel Bataillon et à la générosité de la Direction générale des Affaires Culturelles et Techniques du Quai d’Orsay, qui en a assumé les frais. Qu’en ce quatrième centenaire de l’achèvement du Gobierno del Perú (1567-1967) ils trouvent ici tous nos vifs remerciements.

Notes

1 M. Bataillon, La rébellion pizarriste, enfantement de l’Amérique espagnole, Diogène, 43, juillet-septembre 1963, p. 47-63. Cf. du même auteur, Origines intellectuelles et religieuses du sentiment américain en Amérique latine, Annuaire du Collège de France, LIII, 1953, p. 277-284 (développé dans une conférence inédite donnée à l’Institut français de Mexico).

Étude préliminaire

I — L’Environnement

1Les œuvres à caractère doctrinal ou politique, comme constructions conceptuelles, sont forcément tributaires du climat idéologique qui les a vu naître ; elles comportent, parallèlement, une expression définitive de la pensée de leur auteur, dont elles nous révèlent la mesure exacte.

2Si nous voulons comprendre la genèse du Gobierno del Perú et apprécier comme il faut la signification de cette étude intégrale des institutions politiques et juridiques de la Vice-royauté péruvienne, force nous est de reconstituer, au moins schématiquement, les contours de l’époque dans laquelle l’œuvre du Licencié Matienzo a été écrite, ce traité où les idées et les événements s’entrecroisent en une harmonieuse synthèse de doctrines, inégalée jusqu’à la parution de la monumentale Política Indiana de Solórzano Pereira.

3Il est indispensable d’indiquer préalablement la trame sur laquelle le Gobierno del Perú est ourdi. A peine a-t-on pénétré dans ce traité juridico-politique rédigé dans la septième décade du xvie siècle, qu’on perçoit, toute proche, la rumeur des affrontements qui agitèrent la vie publique de la Vice-royauté, et qu’on constate — ombre ou lumière —, la présence de personnages illustres avec lesquels notre auteur put nouer de bonnes relations personnelles, et celle d’autres qu’il considéra comme des adversaires : tels Las Casas ou le Gouverneur Garcia de Castro, des experts en questions du passé péruvien, comme l’Evêque Santo Tomás, les Licenciés Bravo de Saravia, Polo de Ondegardo et Hernando de Santillán... ; il partage si intimement leurs préoccupations sur les problèmes du Pérou, qu’on ne peut comprendre vraiment l’œuvre de Matienzo si l’on néglige de la projeter sur son environnement historique.

4Par une fatalité singulière, on ne connaissait jusqu’à présent qu’une version défectueuse et incomplète du livre de ce magistrat de l’Audiencia de Charcas. Malgré ce handicap, son mérite exceptionnel s’est imposé de lui-même, et ce texte est unanimement considéré aujourd’hui comme une source fondamentale pour l’interprétation des aspects sociaux, politiques et économiques du Pérou du xvie siècle, alors en plein processus de leur formation institutionnelle. A cet égard, il convient de préciser que Matienzo — comme León Pinelo et Solórzano Pereira au siècle suivant — vécut les problèmes du pays ; en conséquence, le Gobierno del Perú, au même titre que les dissertations des deux auteurs que l’on vient de citer, loin d’être une simple digression de caractère spéculatif, apparaît comme le fruit d’une expérience personnelle et le reflet authentique de la réalité, comme l’œuvre d’un homme qui observe le milieu dans lequel il se trouve placé. La monographie qui nous occupe est donc comme la clé de voûte qui mène de l’étude doctrinale et érudite — c’est-à-dire de l’utopie — à l’application pragmatique sur le plan de l’action politique, donc sur celui de la réalité la plus urgente.

5Pour conclure ces indispensables considérations préliminaires, qu’il nous soit permis d’ajouter cette précision : la familiarité qui s’établit normalement entre le biographe et son personnage conduit — parfois involontairement — à faire de celui-ci l’homme le plus remarquable de son époque, l’inspirateur méconnu d’événements capitaux. Tel n’est pas notre propos : Matienzo est un auteur qui se passe fort bien de panégyrique. Il n’a nul besoin de louanges, plus ou moins forcées, pour occuper la place privilégiée qui lui revient dans la hiérarchie des valeurs historico-littéraires de son temps.

6Une ultime remarque : il était impossible de faire tenir dans les pages qui suivent un exposé des idées politiques et d’énumérer l’une après l’autre les innovations et les réformes proposées par Matienzo. Nous aspirons seulement à introduire le lecteur dans cette grande œuvre — désormais accessible dans son texte originel et authentique — comme un miroir sur lequel viendront se refléter les réactions et la mentalité du juriste et du politique face aux problèmes du moment. Nous voudrions surtout aider à bien saisir les points de vue et l’attitude de l’auteur devant la conjoncture contemporaine, prise dans son ensemble. Ortega y Gasset a fait remarquer que chacun de nous se trouve devant la réalité dans la même situation que les spectateurs au théâtre : tous croient contempler la même scène, mais chacun la voit d’une place différente, donc avec une partialité jusqu’à un certain point inévitable. Ainsi les pages de ce livre reflètent l’optique du magistrat ; il faudra confronter ses jugements avec ceux des hommes d’Etat, économistes, militaires, religieux, fonctionnaires, et même avec les critiques ingénues d’obscurs citoyens ou de chimériques arbitristas, pour pouvoir se faire une idée valable de la réalité vivante de cette époque.

1. LA DÉCENNIE 1560-1570 : INCERTITUDE ET EXPECTATIVE

7Pendant le gouvernement du troisième Vice-roi, don Andrés Hurtado de Mendoza, Marquis de Cañete (juin 1556-septembre 1560), les institutions coloniales semblaient s’être définitivement consolidées : les menaces de rébellions et d’émeutes s’étaient dissipées, les structures sociales étaient plus fermes ; l’implantation d’institutions politiques et fiscales, enfin, donnait à penser que, dans cet horizon ouvert et ces perspectives de stabilité, l’Etat atteindrait rapidement ces buts qui justifient sa raison d’être1.

8Et voilà que, brusquement, l’on se trouve au carrefour de deux périodes nettement différenciées : l’ère de prospérité qui s’annonçait vers 1560 se disloque, et c’est une période de crispation et d’inquiétude qui s’ouvre avec la septième décade du xvie siècle. Entre les deux dates extrêmes (fin du gouvernement du Marquis de Canete et début de celui de Toledo), on voit surgir une foule de mémoires, rapports, traités, relations, sur les problèmes brûlants de la Vice-royauté, dont quelques-uns, très documentés sur divers aspects du passé pré-hispanique, constituent des sources historiques irremplaçables. Soudain le Pérou tout entier est ébranlé dans ses bases politiques, idéologiques, éthiques. Tout — société, gouvernement, Eglise, système des rapports avec la population indigène, structures économiques — accuse un bilan négatif et se trouve mis sur la sellette. De toutes parts le doute systématique éclate ; le Pérou connaît un tournant crucial, une de ces conjonctures que les philosophes nomment apories.

9Est-ce un hasard ? Peut-être. Cette décennie, cependant, livrée à l’activité imaginative, présente un caractère bien particulier, et sollicite par là même notre curiosité qui peut être féconde. Pourquoi de toutes parts et au même moment, cette floraison de documents polémiques sur les questions économiques et sociales, dont certains, par la profondeur de l’analyse, sont uniques en leur genre ?2.

10Tous ces textes témoignent de la même préoccupation : comment mettre à l’unisson la collectivité espagnole et la collectivité indigène, de telle sorte qu’ensemble elles puissent réaliser le bien général ? Pour cela, on cherche anxieusement à interpréter le présent en vue d’une transformation urgente.

11Prise de conscience aiguë, analyses « en profondeur », prurit de réforme et aspiration à une régénération, tout cela annonce et prépare le nouvel ordre qu’instaurera don Francisco de Toledo, ordre qui, à quelques détails près, restera en vigueur jusqu’aux réformes des Bourbons.

12Alors, l’autocritique sévère et l’inquiétude morale — qualités spécifiques du génie espagnol selon Menéndez Pidal3 — réapparaissent au premier plan. Le courant d’introspection qui s’empare des hommes politiques, législateurs, théologiens et juristes débouche sur la formulation anxieuse des problèmes capitaux posés par le respect de la personne humaine face à la servitude, par la condition juridique de la main-d’œuvre autochtone, et les rapports des indigènes avec leurs encomenderos. Le climat d’angoisse qui en résulte atteint son point culminant lors du refus de l’absolution sacramentelle à nombre de conquistadores et de possesseurs de fiefs. Poussés par l’inquiétude et le remords, ceux-ci vont alors rivaliser non plus d’exploits guerriers mais d’actes de réparation éclatants, manifestant ainsi de la manière la plus dramatique cette intense aspiration à l’éternel propre au caractère espagnol4.

13De 1560 à 1570 l’ardeur critique pousse toujours plus loin l’analyse des groupes sociaux qu’il s’agissait d’intégrer dans les cadres de la civilisation chrétienne. L’essence même de l’entreprise menée par la Couronne et les moyens qu’elle utilise : autorités civiles, hiérarchie ecclésiastique, encomenderos, doctrineros, sont remis en question par ce courant de controverse collective. On s’interroge même sur les principes cardinaux de la politique des Indes et sur les méthodes que l’action missionnaire emploie parmi les populations aborigènes.

14Ce n’est pas un pur hasard si à ce moment même on envoie au Pérou les Pères Luis Zapata et Juan del Campo comme Commissaires généraux de l’ordre franciscain et Diego de Osorio pour les dominicains, et un Visiteur général, le Père Diego de Angulo, pour les frères de la Merci. A travers ces questions, ces impatiences nées de la délicate situation de la Vice-royauté du Pérou, tenue en lin de compte pour la plus importante du Nouveau Monde, se dégage en dépit des retards et des hésitations une seule orientation : connaître intimement les couches profondes du pays afin de formuler un diagnostic précoce.

15Quels éléments obscurs, quelles circonstances politiques, quelles crises spirituelles ou idéologiques, ont permis par leur conjonction la naissance de ce courant autocritique ? Il est révélateur que ce changement de mentalité ait été perçu par un critique autorisé dans le domaine littéraire comme spécifique de la génération de 15645.

16Pourquoi remet-on radicalement en question tout ce passé ? S’agit-il d’un bilan final après la tourmente d’un quart de siècle d’anarchie, ou de l’adieu nostalgique à ce temps révolu ? N’est-ce pas plutôt l’aspiration à la réalisation d’un état de bonheur et de liberté qui semblait jusque-là du domaine...

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