Génesis, culturas y espacios en Michoacán

Este volumen réune varias contribuciones sobre investigaciones recientes en Michoacán que tratan de reconstituir dinámicas históricas y culturales regionales para entender fenómenos de mayor amplitud tal como el surgimiento de Tula o la formación del Estado Tarasco. Tres espacios geográficos —que fueron viveros culturales sumamente importantes para el destino del Michoacán prehispánico y del México central— son explorados con temáticas espe­cíficas y desde perspectivas diferentes: el Centro-Norte, que aparece como el foco principal de los acontecimientos sociopolíticos de principios del siglo XIII que desembocan en la aparición de la entidad política tarasca; el Noreste, que ocupa la posición compleja de interfaz cultural, entre el territorio tarasco, el Bajío y la Cuenca de México; y la Costa Norte de Michoacán, que es una región periférica desconocida arqueológicamente, pero donde supuestamente ocurrieron fenóme­nos esenciales para entender los desarrollos culturales del Occidente de México.


Publicado el : jueves, 04 de junio de 2015
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EAN13 : 9782821855588
Número de páginas: 142
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Génesis, culturas y espacios en Michoacán
Véronique Darras (dir.)
Editor: Centro de estudios mexicanos y centroamericanos
Año de edición: 1998
Publicación en OpenEdition Books: 4 junio 2015
Colección: Hors collection
ISBN electrónico: 9782821855588
http://books.openedition.org
Edición impresa
ISBN: 9789686029611
Número de páginas: 142

Referencia electrónica
DARRAS, Véronique (dir.). Génesis, culturas y espacios en Michoacán. Nueva edición [en línea].
Mexico: Centro de estudios mexicanos y centroamericanos, 1998 (generado el 05 noviembre
2015). Disponible en Internet: . ISBN: 9782821855588.
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© Centro de estudios mexicanos y centroamericanos, 1998
Condiciones de uso:
http://www.openedition.org/6540VÉRONIQUE DARRAS
CNRS-GRAL, ToulouseÍNDICE
Prólogo
Rosa Brambila Paz
Presentación
Véronique Darras
I. Evolución de la ocupación humana en el Centro-Norte de Michoacán (Proyecto Michoacán, cemca) y la
emergencia del Estado Tarasco
Charlotte Arnauld y Brigitte Faugère-Kalfon
Introducción
Poblamiento inicial
Conclusión
II. El poblamiento del malpaís de Zacapu y de sus alrededores, del Clásico al Posclásico
Gérald Migeon
La ocupación en el Clásico
El poblamiento en el Posclásico Temprano
La ocupación en el Posclásico Tardío
Conclusión
III. Topografía y prospección sistemática de los grandes asentamientos del malpaís de Zacapu: claves para un
acercamiento a las realidades sociopolíticas
Dominique Michelet
El Proyecto Michoacán I
El Proyecto Zacapu, Michoacán, Etapa III
IV. La obsidiana en la Relación de Michoacán y en la realidad arqueológica: del símbolo al uso o del uso de un
símbolo
Véronique Darras
Los datos etnohistóricos
Los datos arqueológicos
Conclusión
Referencias bibliográficas
V. Venados y hogares sagrados en la Relación de Michoacán: reivindicación nórdica y construcción del estado
en los pueblos tarascos
Brigitte Faugère-Kalfon
Venados y fogones en la Relación de Michoacán
Humos y hogueras sagradas
Venados y hogares en la ideología tarasca: balance
VI. La cerámica Coyotlatelco y la explotación del yacimiento de obsidiana de Ucareo-Zinapécuaro
Dan M. Healan
Antecedentes
Datos geológicos
Explotación prehispánica
Cronología provisional e historia tentativa del asentamiento
Discusión
VII. Zona costera del Norte de Michoacán: resumen de los trabajos de campo de la primera temporada
Roberto Novella y María Antonieta Moguel CosIntroducción
Antecedentes históricos
Objetivos
Patrón de asentamientos
Materiales arqueológicos
Conclusión
Índice de cuadros
Índice de figurasPrólogo
Rosa Brambila Paz
1 En los años cuarenta, la Sociedad Mexicana de Antropología celebró su cuarta reunión con el tema
general de El Occidente de México. Entre los asistentes se puede nombrar a Miguel Covarrubias,
Alfonso Caso, Roberto Weitlaner, Ralph Beals, George Foster, Jorge Vivó, T.D. Steward, Helmut de
Terra y otros muchos interesados en ese amplio territorio de México. Los planteamientos
académicos se presentaron en cuatro secciones y en una discusión final donde se retomaron las
propuestas principales y, sobre todo, se designaron las tareas para las investigaciones futuras. Los
trabajos de arqueología se distribuyeron en las siguientes zonas: a) Michoacán, la región central; b)
Nayarit, Jalisco y Colima, la región occidental; y c) el sur de Guerrero. El informe final estuvo a
cargo de Pedro Armillas. Lister presentó sus excavaciones en Cojumatlán, Michoacán. Daniel Rubín
de la Borbolla habló de la arqueología tarasca. Eduardo Noguera de la del noroeste y Florencia
Müller de la cerámica de la cuenca del río Lerma. Elma Estrada Balmori, Román Piña Chan, Muriel
Porter y Rubín de la Borbolla expusieron diferentes aspectos de Chupícuaro.
2 Uno de los problemas fundamentales fue el de las secuencias temporales. Aunque se presentó un
cuadro cronológico, la mayoría de los investigadores aceptó que se trataba sólo de una sucesión de
estilos cerámicos, pues era evidente que faltaban suficientes datos del complejo cultural,
considerado como un todo. Entre los logros de la discusión estuvieron la aceptación de que
Chupícuaro, en forma conservadora, se ubicara para los tiempos de Ticomán, y la propuesta de dos
horizontes —el lacustre medio y el superior— para la región del lago de Pátzcuaro. Las
particularidades de las evidencias materiales reconocidas para aquella época llevaron a admitir,
merced a la arquitectura, como fuentes de inspiración a los valles de México y Toluca y a la
Huaxteca, y, merced a la cerámica —negativa y pipas—, al Noroeste de México y a Centro y
Sudamérica.
3 Pero la época prehispánica no fue tema exclusivo de los arqueólogos. Diferentes autores, con base
en la toponimia, en las fuentes escritas y en la lingüística, hicieron referencia a otros aspectos del
pasado indígena: la vida ritual, la interacción con grupos nahuas, la presencia de población otomí
y la distinción —a partir de la Relación de Michoacán y El lienzo de Jucutacato— entre los tarascos de la
sierra y los habitantes del lago.
4 Esta reunión recapituló, entonces, el saber antropológico de la región y planteó diferentes líneas
de investigación. Desde ese momento han sido numerosos los estudios que se han avocado a la
tarea de indagar el pasado prehispánico de Michoacán. Actualmente las investigaciones exigen,
cada vez más, la participación de un mayor número de especialistas y la utilización de nuevos
métodos, la aplicación de nuevos modelos y el planteamiento de otros objetivos. Los resultados de
estas nuevas tendencias han cambiado tanto el panorama de las disciplinas antropológicas como el
horizonte del conocimiento de las sociedades, no sólo de la región central sino del Occidente de
México en general. Ante estos elementos, la misma Sociedad Mexicana de Antropología volvió a
tomar la tarea de reunir a los interesados en esa región.
5 Y Michoacán volvió a sorprender. Es cierto, en los diferentes simposios se retomaron algunos
problemas que ya se dibujaban hace cincuenta años, pero otros, como el que reúne este libro, dan
un vuelco a la historia de los grupos prehispánicos. No sólo se abordan con mayor precisión y
finura los problemas tradicionales de la arqueología gracias a las técnicas aplicadas, sino que seplantean nuevas causalidades y se retratan algunas articulaciones de los diferentes componentes
del todo social. Así, por ejemplo, que el problema de la periodificación adquiera un nuevo valor ya
no es una cuestión de secuencias sino de ver los procesos de cambio, con dos fuentes de
información: las evidencias materiales y los datos escritos. En este contexto se plantea la génesis
del Estado Tarasco, pero no como unidad aislada sino dentro del ámbito mesoamericano.
A U T O R
ROSA BRAMBILA PAZ
Departamento de Etnohistoria, INAHPresentación
Véronique Darras
1 Este volumen réune varias contribuciones sobre investigaciones recientes en Michoacán que
tratan de reconstituir dinámicas históricas y culturales regionales para entender fenómenos de
mayor amplitud tal como el surgimiento de Tula o la formación del Estado Tarasco.
2 Tres espacios geográficos —que fueron viveros culturales sumamente importantes para el destino
del Michoacán prehispánico y del México central— son explorados con temáticas específicas y
desde perspectivas diferentes: el Centro-Norte, que aparece como el foco principal de los
acontecimientos sociopolíticos de principios del siglo xiii que desembocan en la aparición de la
entidad política tarasca; el Noreste, que ocupa la posición compleja de interfaz cultural, entre el
territorio tarasco, el Bajío y la Cuenca de México; y la Costa Norte de Michoacán, que es una
región periférica desconocida arqueológicamente, pero donde supuestamente ocurrieron
fenómenos esenciales para entender los desarrollos culturales del Occidente de México.
3 Son varios los proyectos que se han desarrollado últimamente en el Centro-Norte de Michoacán,
impulsados por esa necesidad de comprender con mayor precisión los procesos culturales que
precedieron y prepararon la formación del Estado Tarasco. En esta búsqueda, la aportación de los
trabajos del cemca fue sustancial dado que sus esfuerzos se concentraron en la región de Zacapu,
desde la cual, según el relato mítico de la Relación de Michoacán, los líderes uacusechas habían
empezado sus conquistas políticas y territoriales. Quince años después de su inicio, las
investigaciones del cemca pueden dar una visión a la vez detallada y sinóptica de las dinámicas
culturales regionales y proporcionar algunas claves para entenderlas. De esto da cuenta la
mayoría de los trabajos publicados aquí y que fueron presentados en el simposio “Génesis del
Estado Tarasco: nuevas aproximaciones entnohistóricas y arqueológicas en el Centro-Norte de
Michoacán”, organizado en el marco de la XXIV Mesa Redonda de la Sociedad Mexicana de Antropología
(5 y 11 de agosto de 1996, en Tepic, Nayarit).
4 La primera contribución (Arnauld y Faugère-Kalfon) retoma el conjunto de informaciones
recogido por el equipo de arqueólogos del cemca y reconstituye la dinámica demográfica en el
espacio regional y en el tiempo largo, es decir, desde el final del Preclásico hasta el Pos-clásico
Tardío. Los autores establecen une relación estrecha entre la historia del poblamiento local y la
evolución de las estructuras políticas tarascas mientras sugieren que pequeños grupos sedentarios
norteños emigraron a la región durante el final del Clásico y se integraron al substrato local. La
evolución del contexto social en esta región es particularmente perceptible a través de las formas
de ocupación del espacio que aparecen durante el Posclásico, en las cercanías de Zacapu, y que
reflejan una nueva organización sociopolítica. Es lo que examina Migeon, mediante el estudio del
poblamiento y del patrón de asentamiento en el malpaís de Zacapu, mientras Michelet enfoca su
trabajo hacia la estructura y organización interna de los grandes sitios que se crearon en él como
testimonio de un nuevo sistema político.
5 Dejando la perspectiva puramente arqueológica, los dos artículos que aparecen después ofrecen
puntos de vista con enfoques más bien etnohistóricos y analizan temas míticos que ilustran las
prerrogativas ideológicas del linaje tarasco que va tomando el poder. En su contribución, Darras
parte de la Relación de Michoacán y desemboca en el campo de la arqueología para interrogarse
sobre el papel desempeñado por la obsidiana, en el caso de los pueblos tarascos. Hace una reseñade las referencias a esta piedra que permite ver su función simbólica en el proceso de afirmación
política de los líderes. Con el estudio de los temas del venado y de los fogones sagrados en el
mismo relato, Faugère-Kalfon demuestra cómo ciertos ritos fueron utilizados por los uacusechas
para imponerse y cómo constituyeron ejes determinantes de su estructuración ideológica.
6 Con esos artículos se concluyen las reflexiones sobre la emergencia del Estado Tarasco para dar
paso a una contribución más orientada hacia el México central, la cual, sin embargo, se vincula
estrechamente con los temas ya discutidos. Presentado en el simposio “Coyotlatelco:
investigaciones recientes y discusión histórica en las áreas de Tula, Hidalgo y Cuenca de México”
de la misma mesa redonda, el trabajo de Healan examina la obsidiana de la región de
UcareoZinapécuaro para entender mejor los acontecimientos culturales sucedidos en el Epi-clásico no
sólo en el Centro-Norte sino también, y sobre todo, en la cuenca de México.
7 Finalmente, después de haber explorado los volcanes y lagos michoacanos, esta obra termina por
un recorrido tropical de la costa Norte de Michoacán efectuado por Novella y Moguel Cos quienes
proporcionan sus primeros resultados y perspectivas de investigaciones y desvelan los vínculos de
las poblaciones costeras con distintos focos culturales del Occidente de México.
8 Los Ángeles, mayo de 1997
A U T O R
VÉRONIQUE DARRAS
CNRS-GRAL, ToulouseI. Evolución de la ocupación humana en el Centro-Norte de Michoacán
(Proyecto Michoacán, cemca) y la emergencia del Estado Tarasco
Charlotte Arnauld y Brigitte Faugère-Kalfon
Introducción
1 Iniciado en 1983, el Proyecto Michoacán del cemca ha proporcionado valiosos datos sobre las
problemáticas del poblamiento regional y de la ocupación de los diferentes ambientes que
2conforman la región de trabajo (Fig. 1). Esta región, que cubre alrededor de 1 000 km , incluye la
cuenca lacustre de Zacapu, drenada a principios de este siglo, sus entornos montañosos de la
Sierra Tarasca y los relieves que bajan hasta el valle del río Lerma al norte, con el macizo del
Zináparo en su borde occidental. El proyecto tenía una perspectiva global: realizar “un estudio
extensivo de todas las manifestaciones perceptibles de ocupación prehispánica en la región
definida” (Michelet et al. 1989: 73). La investigación, que todavía sigue en curso, se ha beneficiado
con los aportes de otras disciplinas aparte de la arqueología: geología, geomorfología, botánica,
ciencias del paleomedio ambiente, geografía rural e historia colonial (véase Demant et al. 1992;
Gougeon 1991; Pétrequin 1994; Reyes 1991). Después de una primera etapa de prospección llevada
a cabo en toda la región de trabajo por el conjunto de los arqueológos del proyecto (1983-1984),
hemos definido los temas que consideramos prioritarios en la realización de los trabajos
arqueológicos:
estudio del hábitat en el medio ambiente lacustre-palustre de la antigua “ciénega” de Zacapu;
investigación acerca de contactos interculturales en la vertiente norte hasta el Lerma;
estudio de los yacimientos de obsidiana del noroeste de la región (Zináparo en particular); y
acercamiento a los procesos de formación del Estado Tarasco a través del estudio de los
asentamientos de la sierra, alrededor de Zacapu.
2 Como se ve, los temas tienen una marcada base geográfica, que deriva de algunas características
relevantes del Centro-Norte del estado de Michoacán: la cuenca lacustre de Zacapu; la proximidad
del Lerma que posiblemente fue una frontera cultural en el Occidente; los yacimientos de
obsidiana; la Sierra Tarasca, que incluye también la cuenca lacustre de Pátzcuaro, centro del reino
tarasco que tuvo su auge en el Posclásico Tardío.
3 Por lo anterior se comprende que las investigaciones se desarrollaron en las mismas zonas de la
región de trabajo y que la publicación de los resultados también muestra la misma organización
geográfica (Arnauld et al. 1993; Carot 1993, 1994; Darras 1991, 1994ab, 1996, en prensa;
FaugèreKalfon 1989, 1991, 1992, 1996, 1997; Migeon 1984, 1990; Migeon y Michelet en preparación;
Pétrequin 1994; Puaux 1989). Sin embargo, ha habido varios intentos de síntesis global a nivel de la
región de estudio (Arnauld et al. 1994; Michelet 1988, 1990; Michelet et al. 1989), sin olvidar que
Michelet publicó el inventario de los 367 sitios registrados por el Proyecto Michoacán I (1992). Sin
embargo, varios resultados de las investigaciones más recientes del Proyecto Michoacán III
(19931996) llevan ahora a retocar estas primeras síntesis.
4 Con base en el inventario de sitios y en los múltiples trabajos ya realizados, publicados y por
publicar, nuestro propósito es ahora ampliar algunas reflexiones sobre la dinámica de la
ocupación en la región entera. Con esto intentamos volver a la perspectiva global que se habíadado al proyecto inicialmente. Partimos del postulado de que las interrelaciones culturales entre
las diferentes entidades ecológicas fueron lo bastante fuertes como para que busquemos un
significado general, en términos de tendencias demógraficas y sociopolíticas, en el conjunto
regional de los asentamientos registrados. En otras palabras, tomamos la región de estudio como
una entidad histórico-cultural válida; los diversos procesos que se dieron en ella tuvieron un
impacto de alguna manera generalizado. Vale entonces la pena insistir en el carácter preliminar y
tentativo de nuestra reconstrucción regional, la cual no representa más que un primer intento de
estudio de la cartografía arqueológica, con el trasfondo que nos proporciona la síntesis de los
complejos culturales definidos en las distintas zonas de la región.
5 En el mapa de la figura 3, las tres zonas de la región aparecen nombradas “ lago”, “sierra” y
“vertiente lerma”. Obsérvese que la zona Lago incluye las orillas, las islas y el fondo plano de la
cuenca, con sus extensiones de “lomas” que apenas emergen del nivel de los antiguos pantanos. En
cuanto a las laderas de la cuenca, se incluyen más bien en la zona Sierra, teniendo en cuenta que
los correspondientes procesos de ocupación y explotación por el hombre han de ser diferentes de
los que se dieron a orillas del agua. Daremos cierto énfasis al sector de las laderas del sur, debido a
que son las únicas de la cuenca occidental (dejando aparte las lomas) que presentan pendientes
suaves y suelos idóneos para la agricultura; también caracteriza a este sector una gran extensión
de terrazas prehispánicas bien conservadas, aunque parcialmente sedimentadas bajo coluviones.
2La zona Sierra incluye también el malpaís de Zacapu, un sector de 50 km de superficie formado
por basaltos ruiniformes, localizado al oeste-noroeste de la ciudad actual de Zacapu. En el norte, la
zona Vertiente Lerma tiene una altitud media que desciende regularmente hasta el Lerma, aunque
se alzan algunos macizos volcánicos (el más importante es el de Zináparo-Churintzio), entre los
cuales se han formado pequeñas cuencas fértiles. Los tres ríos permanentes, que corren
aproximadamente en dirección sur-norte, han formado estrechos valles en los cuales la
sedimentación y la agricultura moderna han hecho desaparecer en gran parte los asentamientos
antiguos, como es el caso en el valle del río Angulo, o barrancas profundas donde se encuentran las
pocas cuevas conocidas.
6 El trabajo sintético que intentamos delinear requiere de un estricto control cronológico en cuanto
a la región. La secuencia cronológica ha sido reconstruida por Michelet, basándose en la secuencia
cerámica regional establecida por el material obtenido en sitios excavados en todos los sectores de
la región (1990; et al. 1989; en preparación). Gracias también a la gran cantidad de recolecciones de
superficie en muchos sitios, aunque no todas abundantes ni en buenas condiciones, Michelet logró
fechar 236 sitios, es decir, el 63% de los sitios registrados. La secuencia cronológica regional consta
de cuatro fases y dos interfases (Fig. 2). De esta manera ha sido posible distribuir los sitios fechados
en cinco mapas regionales, correspondiendo a la fase Loma Alta con la interfase Jarácuaro (Fig. 4),
a la fase Lupe (Fig. 5), a la interfase La Joya (Fig. 6), a la fase Palacio (Fig. 7) y a la fase Milpillas (Fig.
8). Cabe recalcar aquí que este trabajo de síntesis debe mucho, no solamente al trabajo
cronocultural realizado por Michelet, sino también a los resultados alcanzados por todos los
arqueológos que han trabajado en el Proyecto Michoacán desde su inicio, sin excepción . En1
lugar de ofrecer paráfrasis aproximadas de sus resultados, los citaremos cada vez que sea
necesario .2
7 Antes de proceder al análisis de los mapas, conviene hacer algunas advertencias metodológicas en
cuanto a la representatividad del corpus de los 372 sitios registrados. Hemos recorrido todos los
sectores accesibles de las tres zonas, descartando las cumbres de los cerros en la Sierra, los
sectores urbanizados (aunque hemos hecho un reconocimiento de partes de la ciudad de Zacapu) y
la ciénega de Zacapu, con excepción de la península de las lomas occidentales. Los recorridos se
hicieron con informantes: este método tiene obvias ventajas pero no permite detectar los sitiosmás pequeños. Por lo tanto, realizamos varias prospecciones sistemáticas con el fin de reconocer
todas las huellas de antropización, pero sólo en algunos sectores, en particular en las Lomas de la
ciénega de Zacapu y en dos quebradas aisladas de la Vertiente Lerma. A propósito de las Lomas,
cabe advertir que existen otras penínsulas de lomas en la ciénega occidental cuyo reconocimiento
no hicimos: es muy probable que la ocupación de la ciénega sea subevaluada por nuestros
resultados. En fin, cabe señalar que la cuenca ubicada al este y al noroeste del pueblo de Purépero
sigue siendo poco conocida ya que corresponde al margen occidental de la zona: la ausencia de
sitios en este sector se debe considerar como poco significativa.
8 Además de los diferentes métodos de prospección, los factores que deforman el universo
arqueológico regional son: la sedimentación por aluviones y coluviones de las laderas de la cuenca
de Zacapu, y de las depresiones más grandes de la zona Vertiente Lerma; la erosión sufrida por las
islas en la cuenca, así como los bajos relieves de la zona Vertiente Lerma (en la Sierra, la cobertura
vegetal limita la acción de los factores erosivos) y, finalmente, la densa ocupación moderna y
actual de la antiguas orillas de la ciénega en la cuenca. Precisamente debido a este último factor y
a la erosión en las islas optamos por trabajar con prioridad en la península occidental de las
Lomas. Otra razón determinante es la situación de estas Lomas justo debajo del malpaís de Zacapu,
sector de particular relevancia ya que vio la mayor concentración de población de toda la
secuencia regional prehispánica —en la que tuvo sus raíces la ciudad colonial y moderna de
Zacapu.
9 En pocas palabras, la secuencia general de patrones de asentamiento regional muestra unas
tendencias que podemos resumir a grandes rasgos. Después de un poblamiento que se vuelve
realmente denso durante el Preclásico Final, los habitantes se agrupaban ante todo en las orillas de
la ciénega (lomas y riberas), en la cuenca de Zacapu. Este patrón no cambia hasta el final del
Clásico (800 - 1000 d.C.) cuando se fueron poblando rápidamente los sectores de la Sierra, de las
laderas sur de la cuenca y de la Vertiente Lerma, hasta rebasar la población de la cuenca; en ella,
la ocupación baja drásticamente en las Lomas. Durante el Posclásico, a un primer momento de
aumento general de población en todos los sectores, salvo en la ciénega, sucede una fase de
agrupación poblacional casi urbana en el malpaís de Zacapu: se vislumbra un “aumento
demográfico muy marcado que evidencia tanto el numero de sitios como las dimensiones de varios
de éstos” (Michelet 1988: 19; véase también Michelet 1990).
10 Obviamente, el fenómeno de la ocupación casi urbana del malpaís de Zacapu en los siglos xiii, xiv y
xv entraña procesos específicos que hemos de relacionar con la formación del Estado Tarasco. No
es necesario insistir en el muy famoso relato, contenido en la Relación de Michoacán, de la llegada de
los uacusechas y su dios Curicaueri al paraje de Zacapu (1977: 14). La problemática de la migración
de los tarascos a Michoacán ha sido analizada en varias oportunidades y rebasa los límites de este
estudio (entre muchas referencias, Arnauld y Michelet 1991: 73-76; López Austin 1981; Michelet
1988; Nalda 1981). Es de sumo interés disponer de un amplio corpus arqueológico, con estricto
control histórico-cultural, que permita evaluar esta tradición mítica, o al menos que abra
perspectivas opcionales al relato tradicional, ya que la dinámica reconstruida a partir de la
distribución espacial de los sitios fechados puede llegar a interpretarse en el sentido de un
crecimiento esencialmente local y de unos movimientos de población sociopolíticos importantes
en el seno de la región. Por lo menos es lo que la arqueología regional deja entrever. Difícilmente
dejan huellas arqueológicas los procesos de migración cuando se trata de grupos pequeños.
Cuadro I - 1 - Distribución de los sitios por fases cronológicas . *
11 En los mapas que muestran su distribución espacial fase por fase, los sitios arqueológicos llevan
sus números de registro sin el prefijo “mich.” acostumbrado (e.g., 66 quiere decir mich. 66: Loma
Alta). Los números de los sitios de las Lomas en la ciénega no aparecen, salvo los de sitiosexcavados (mich. 66, 215 y 243) y, en los mapas de fases tardías, los de algunos sitios numerados
como referencias espaciales.
Poblamiento inicial
12 Las primeras evidencias de ocupación humana han sido localizadas en el norte de la región: grupos
de cazadores arcaicos ocuparon, probablemente de manera esporádica, las barrancas donde se
encontraban en abundancia abrigos naturales, agua y animales de caza. El sitio Cueva de los
Portales (mich. 389), al sur del pueblo de Penjamillo, ha proporcionado durante las excavaciones
de 1993 unas primeras huellas de actividad humana fechadas entre 5024 ± 157 BP y 3830 ± 50 BP
(seis fechas en total). Pero artefactos tipológicamente más antiguos (en particular una punta que
se acerca al tipo Clovis), encontrados fuera de contexto arqueológico, pueden indicar una
ocupación todavía más antigua (Faugère-Kalfon 1996, en preparación). En cuanto a la cuenca de
Zacapu y a toda la parte sur de la zona, las evidencias son mínimas. De acuerdo con los diagramas
polínicos, la antropización del medio ambiente, es decir, los primeros desmontes, se inician a
partir de 4000 - 3600 a.C; en los pantanos de la antigua ciénega, los sedimentos correspondientes a
los dos últimos milenios a.C. muestran algunas huellas de presencia humana: guijarros, un
instrumento de basalto labrado, una semilla de cactus Opuntia, un tepalcate (Pétrequin 1994: 44,
Figs. 13 y 136).
13 Fases Loma Alta (100 a.C - 550 d.C.) y Jarácuaro (550 - 600 d.C). Ocupación del Preclásico Final y del inicio del
Clásico (Fig. 4). El total de sitios fechados de estas dos fases para la región de trabajo es de 37, todos
localizados en el sureste, dentro o cerca de la cuenca de Zacapu.
14 Durante la fase Loma Alta, de los 25 sitios registrados, todos se localizan en las Lomas y son
concentraciones de cerámica y lítica en la superficie, sin arquitectura visible. Fuera de las Lomas
no hay ocupación conocida: inclusive mich. 24, localizado en la orilla de la laguna de Zacapu, al
norte de la ciudad, pertenece a un medio ambiente local de lomas muy próximas a los antiguos
pantanos.
15 Tal presencia humana exclusiva en las Lomas es en parte un artefacto de nuestra investigación:
como señalamos, los factores que ocultan la ocupación antigua en la zona Lago nos obligaron a
trabajar de manera mucho más sistemática en las Lomas; sin duda alguna debe de existir sitios
preclásicos y clásicos tempranos en las orillas. En cambio, una presencia tan temprana fuera de la
zona Lago es más problemática, ya que no hemos hallado ningún indicio fechable de la fase Loma
Alta en el corpus de la Sierra y de la Vertiente Lerma.
16 En las Lomas, hemos excavado y/o sondeado siete sitios con ocupación Loma Alta. El sitio epónimo
es indudablemente el más grande. Durante sus etapas I y II (100 a.C. - 350 d.C), de fases cerámicas
Loma Alta 1 y 2, los rellenos antrópicos que conforman la loma artificial alcanzan 2 m de espesor
en la cumbre. Contienen por lo menos dos zonas funerarias, con urnas así como entierros
primarios y secundarios. Soportaban varias estructuras con paredes de piedras (la piedra es traída
por el hombre a las Lomas). En la etapa III (Loma Alta 3, 350 - 550 d.C), se hizo un nuevo relleno
general de la loma artificial, de 1 a 2 m de espesor, con muros de contención de piedra (Carot y
14Fauvet-Berthelot 1995). Loma Alta ha proporcionado cinco fechas C para las fases Loma Alta y
Jarácuaro (todas salvo inah 708, 710 y 715; Fig. 2).
17 En la interfase Jarácuaro, que marca la transición entre las cerámicas Loma Alta y Lupe, nueve
sitios adicionales fueron fundados en las Lomas, mostrando cierta extensión hacia las orillas, muy
cerca de la ciénega: las pequeñas lomas periféricas del norte y del sur están ahora ocupadas.
Además, tres sitios de las islas y de las riberas han dado cerámica Jarácuaro. Cabe mencionar mich.
56, Yácata La Virgen, localizado en las primeras pendientes de la ladera sur más bien que en la14mera orilla; este sitio ha dado una fecha C: 501 ± 49, calibrada 557 -644 d.C. (inah 710). Se trata de
un centro de 12 estructuras, con estructuras domésticas periféricas, sobre una superficie de 40 ha.
Ya que fue ocupado también posteriormente, no conocemos su extensión en Jarácuaro.
18 Además de mich. 56, hemos excavado o sondeado 12 sitios, de los cuales Loma Alta sigue siendo el
gran centro religioso de la cuenca: corresponde a la fase Jarácuaro el relleno del pantano
circundante (hecho comprobado por sondeos realizados en el pantano oriental; Carot y
FauvetBerthelot 1995), lo que sugiere que alguna población se estaba agrupando alrededor de la loma
artificial; sin embargo, no se ha podido encontrar un contexto doméstico conservado in situ.
19 En general, podemos considerar que, en la interfase Jarácuaro, siguiendo las tendencias de la fase
Loma Alta, se estaba extendiendo y densificando la ocupación en la zona Lago. Tal distribución
inicial de la población es conocida para el Preclásico y el inicio del Clásico en otras cuencas del
Occidente, como Queréndaro y el Bajío (Castañeda et al. 1988, entre otros). Loma Alta tiene sin duda
en aquellas épocas un papel de capital religiosa en la cuenca de Zacapu, con cultos funerarios muy
desarrollados (Carot 1993).
20 Fase Lupe, Clásico Tardío (600 - 850 d.C.) (Fig. 5). Se conoce un total de 89 sitios para la región entera.
21 En las Lomas, la ocupación alcanza su límite máximo con 39 sitios registrados: todos los sectores
de las Lomas se encuentran ocupados. Conviene recalcar que la prospección sistemática llevada a
cabo en las Lomas ha dado resultados cuantitativos más elevados que en otros sectores de la
región, lo que exagera su peso relativo en la ocupación regional. En todo caso, no cabe duda de que
hubo en las Lomas una presencia humana muy marcada en todas partes de la península. El carácter
de esta presencia ha sido estudiado en varias oportunidades (Arnauld et al. 1993: 207-216; Carot
1994: 99).
22 En las riberas de la ciénega y las islas, la población reflejada por el número de sitios arqueológicos
no aumenta de manera significativa; en las laderas sur aparecen dos nuevos sitios (pero mich. 56
no muestra material Lupe, aunque sí de la fase posterior). Es posible que los coluviones oculten
una serie de sitios en las orillas y en las laderas del sur. Efectivamente, en El Charco, una cantera
de material para ladrillos localizada en el pie de la ladera sur, debajo de los sitios mich. 19 y mich.
56, se ven en los cortes de extracción las huellas de extensas terrazas, totalmente fosilizadas por
los coluviones; en asociación hay restos de paredes de piedra, así como material cerámico y lítico
de fase Lupe. No hay duda de que la ocupación clásica de las laderas sigue estando subevaluada.
23 Durante la fase Lupe aparecen en la Vertiente Lerma los primeros sitios con rasgos arquitectónicos
que hemos detectado, en total 35 entidades. Estos asentamientos, generalmente pequeños, se
ubican a proximidad de las depresiones fértiles, sobre las partes bajas de los cerros, como por
ejemplo sobre la ladera norte del cerro Zináparo. La vocación agrícola de estos pequeños sitios es
indudable: los componen varios grupos de residencias dispuestas alrededor de patios cuadrados o
rectangulares, rodeados de extensas redes de terrazas que se adaptan a la forma del relieve. Se
trata sobre todo de pequeñas aldeas, aun si existen centros ceremoniales claros, como mich. 50 ó
51, con estructuras piramidales y juegos de pelota. Después de una presencia bastante discreta al
inicio de la fase, la población tiende a crecer y la mayoría de los sitios pertenecen a la segunda
subfase, o sea después de 750 (Michelet 1990). Este aumento más rápido de población en Lupe
Tardío no se limita a la Vertiente Lerma, sino que es posible que el fenómeno sea más
generalizado, tocando también la zona Sierra. Cabe observar que al final de Lupe el malpaís de
Zacapu ya tiene tres sitios ocupados, dos en la orilla sur (mich. 316 y 321) y uno en la orilla norte
(mich. 317).
24 Hemos excavado y/o sondeado 13 sitios de fase Lupe en la Sierra y la cuenca, y 15 en la Vertiente
Lerma donde los sondeos dieron pocas informaciones, éstas principalmente cronológicas. En el
sitio de Loma Alta, la fase Lupe corresponde a “una etapa de mayor transformación y ampliación”durante la que se realizan rellenos muy voluminosos; se está investigando la morfología de las
construcciones de piedras asociadas (Carot y Fauvet-Berthelot 1995). Otro sitio excavado en las
Lomas, mich. 215, Potrero de Guadalupe, fue una necrópolis importante: hemos excavado más de
40 sepulturas en 1986 y en 1993, que “incluyen tanto inhumaciones primarias individuales y
múltiples como verdaderas tumbas colectivas que contenían los restos de numerosos individuos”
(Pereira 1995). Guadalupe tenía también varias estructuras de piedra, en su mayoría destruidas por
la erosión y los cultivos modernos; queda sin embargo una pequeña plataforma circular.
25 Sin duda nuestros datos no dan una idea justa de la dinámica poblacional en la cuenca de Zacapu.
Lo más probable es que toda la cuenca estuviera ocupada en la fase Lupe y que, lógicamente, haya
habido una expansión demográfica hacia la Sierra al sureste y hacia la Vertiente Lerma al norte y
noroeste derivada de un crecimiento natural de la población. Lo mismo ocurrió aparentemente en
otras cuencas ocupadas desde el Preclásico, o en el Bajío. Aunque no tenemos mayores detalles,
parece existir cierta continuidad y homogeneidad culturales en el material arqueológico a lo largo
de las zonas de nuestra región. Por principio, no tendríamos por qué buscar un aporte externo de
población para explicar la expansión demográfica en la Sierra y en la Vertiente. En un nivel
suprarregional, esta época corresponde globalmente a un cambio climático que tal vez favoreció la
sedentarización de poblaciones nómadas en busca de nuevos territorios idóneos para la
agricultura (Rodriguez Loubet 1988), en el momento de la caída definitiva de la potencia
teotihuacana. Sin embargo, nos parece prematuro tratar de aplicar tales hipótesis a un conjunto
de datos que, en el caso de nuestra región, todavía sufre muchas variaciones, entre las cuales la ya
señalada en la cuenca: sería importante poder evaluar con más precisión la ocupación de las
orillas, islas y laderas; desafortunadamente, las condiciones en que se encuentran hoy por hoy
impiden en gran medida realizar este objetivo.
26 El complejo cultural Lupe arroja relaciones culturales interregionales con Cuitzeo, Zina-pécuaro y
Morelia por la cerámica (Michelet 1990). En el sitio de Guadalupe, fue hallada (en circunstancias
no científicas) una máscara antropomorfa de piedra, de claro estilo teotihuacano. De manera
general, en la región, la fase Lupe coincide con la aparición de una arquitectura de tipo
“mesoamericano”, sobre todo después de 750 (Michelet 1990), de la misma manera que en otros
sitios de Michoacán, como Tingambato y Jiquilpan (Piña Chan y Oi 1982; Noguera 1944). El sitio de
Loma Alta, que sigue siendo el primer centro religioso de la cuenca de Zacapu, evidencia el
desarrollo de una arquitectura monumental de gran alcance, de la cual se conocen ejemplos
similares en Guanajuato (Carot y Fauvet-Berthelot 1995).
27 Fase La Joya, Clásico Final (850 - 900 d.C.) (Fig. 6). Quizá sería más conveniente reagrupar la interfase
de transición La Joya con la posterior fase Palacio, ya que un periodo tan corto no puede reflejar
fielmente la dinámica ocupacional. Sin embargo, hemos apartado el mapa de distribución de sitios
La Joya para hacer resaltar el brusco cambio de ocupación en las Lomas y las notorias
modificaciones observadas en la Vertiente Lerma.
28 Del total de 61 sitios ocupados durante la transición La Joya, las Lomas no conservan más que ocho
sitios ocupados, lo que significa que más de 30 sitios fueron abandonados. En los sitios excavados,
Loma Alta (mich. 66) y Guadalupe (mich. 215), no hemos hallado indicio de ocupación La...

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