Escuchar a los muertos con los ojos

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Consagrada a estudiar el papel desempeñado por lo escrito entre el fin de la Edad Media y el tiempo presente, la cátedra "Escrito y cultura en la Europa moderna" fue inaugurada por Roger Chartier en el Collège de France en octubre de 2007. En la lección brindada en esa ocasión Chartier establece el marco en el que se brindará una enseñanza situada en la confluencia de la historia del libro, la de los textos y la de la cultura escrita, sin separar la comprensión histórica de los escritos de la descripción morfológica de los objetos que los difunden, y precisando, al mismo tiempo, cuáles son los desafíos de la textualidad digital: "Las mutaciones de nuestro presente -escribe Chartier- modifican todo a la vez, los soportes de la escritura, la técnica de su reproducción y diseminación, y las maneras de leer". Cuando el sueño de la biblioteca universal parece hoy más próximo que nunca antes a hacerse realidad, resulta imprescindible realizar un trabajo que, sobre una historia de larga duración de la cultura escrita, funde "la lucidez crítica exigida por las incertidumbres e inquietudes de nuestro presente". En este volumen, la lección inaugural es acompañada por la conferencia que, bajo el título "Entre páginas y tablas: las desventuras de Cardenio", Roger Chartier dictó en la apertura de las XI Jornadas de Historia en Tucumán (Argentina) el 19 de septiembre de 2007.
Publicado el : viernes, 01 de enero de 2010
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Licencia: Todos los derechos reservados
EAN13 : 9788492946716
Número de páginas: 86
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Escuchar a los muertos con los ojos Lección inaugural en el Collège de France*
Señor Administrador Estimados colegas Señoras y señores
“Escuchar a los muertos con los ojos.” Este verso de Quevedo me viene a la mente en el momento de inau-gurar una enseñanza dedicada a los papeles desempe-ñados por lo escrito entre el fin de la Edad Media y nuestro presente. Por primera vez en la historia del Collège de France, una cátedra está consagrada al estu-dio de las prácticas de lo escrito, no en los mundos antiguos o medievales, sino en el tiempo largo de una modernidad que, quizá, se desarma ante nuestros ojos. Tal cátedra no habría sido posible sin los trabajos de todos aquellos que transformaron profundamente las disciplinas que conforman su propio zócalo: la his-toria del libro, la historia de los textos, la historia de
* La conferencia se dictó elde octubre de.
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la cultura escrita. Me gustaría comenzar esta lección recordando mi deuda hacia dos de ellos, hoy desa-parecidos. Hay pocos historiadores cuyo nombre se vincule con la invención de una disciplina. Henri-Jean Martin, falle-cido en enero de este año, es uno de ellos. La obra que redactó por iniciativa de Lucien Febvre y que fue publi-cada enbajo el títuloLa aparición del libroes con-siderada con razón como fundadora de la historia del libro, o al menos de una nueva historia del libro. Como escribió Febvre, Henri-Jean Martin hacía descender los textos “del cielo sobre la tierra” estudiando con rigor las condiciones técnicas y legales de su publicación, las coyunturas de su producción o la geografía de su cir-culación. En los trabajos que siguieron, Henri-Jean Martin no cesó de ampliar sus temas de investigación y desplazó su atención hacia los oficios y los actores involucrados en la producción del libro, las mutacio-nes de las formas materiales de los textos y, finalmente, las modalidades sucesivas de la legibilidad. He sido su discípulo sin ser su alumno. Me hubiera gustado decirle esta tarde todo lo que le debo y también el feliz recuerdo de las empresas intelectuales llevadas adelante en su compañía. Hay otra ausencia, otra voz que debemos “escuchar con los ojos”: la de Don McKenzie. Era un sabio que vivía entre dos mundos: Aotearoa, aquella Nueva
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Zelanda donde había nacido y donde fue un infatiga-ble defensor de los derechos del pueblo maorí, y la Uni-versidad de Oxford, que le confió la cátedra deTextual Criticism. Este practicante experto de las técnicas eru-ditas de la “nueva bibliografía” nos ha enseñado a supe-rar sus límites al demostrar que el sentido de un texto, ya sea canónico u ordinario, depende de las formas que lo dan a leer, de los dispositivos propios de la mate-rialidad de lo escrito. Así, por ejemplo, para los objetos impresos: el formato del libro, la construcción de la página, las divisiones del texto, la presencia o no de imágenes, las convenciones tipográficas y la puntua-ción. Al fundar la “sociología de los textos” sobre el estudio de sus formas materiales, Don McKenzie no se alejaba de las significaciones intelectuales o estéticas de las obras. Todo lo contrario. En la perspectiva que él ha abierto, situaré una enseñanza que pretende no separar jamás la comprensión histórica de los escri-tos de la descripción morfológica de los objetos que los difunden. A ambas obras, sin las cuales esta cátedra no hubiera podido ser concebida, me resulta necesario agregar una tercera: la de Armando Petrucci, que desgraciadamente no puede estar con nosotros esta tarde. Al prestar aten-ción a las prácticas que producen o movilizan el escrito, al derribar los compartimentos clásicos –entre el manuscrito y el impreso, entre la piedra y la página,
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entre los escritos ordinarios y las escrituras literarias–, su trabajo ha transformado nuestra comprensión de las culturas escritas que se han sucedido en la muy larga duración de la historia occidental. El trabajo de Armando Petrucci está organizado a partir del desigual dominio de lo escrito y las posibilidades múltiples ofre-cidas por la “cultura gráfica” de un tiempo. Constituye un ejemplo magnífico del lazo necesario entre una eru-dición escrupulosa y la más inventiva de las historias sociales. Me gustaría retener aquí la lección fundamen-tal, que es la de asociar en un mismo análisis los pape-les atribuidos a lo escrito, las formas y los soportes de la escritura, y las maneras de leer. Henri-Jean Martin, Don McKenzie, Armando Pe-trucci: cada uno de ellos habría podido, o habría debido estar en el lugar que ocupo ante ustedes. Las coyun-turas o los azares intelectuales no lo han querido así. Pero sus obras, construidas a partir de horizontes muy diferentes (la historia del libro, la bibliografía material, la paleografía) estarán presentes en cada momento de la enseñanza que hoy comienza. Siguiendo sus pasos, me esforzaré por comprender qué lugar ha tenido lo escrito en la producción de saberes, en el intercambio de emociones y sentimientos, en las relaciones que los hombres han mantenido unos con otros, con ellos mismos o con lo sagrado.
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