Entre Zacapu y río Lerma

De

Esta nueva obra de la serie Cuadernos de Estudios Michoacanos queda inscrita en la línea, ya bien llena, de las publicaciones de los trabajos realizados en el marco del Proyecto Michoacán (fases I y II). Sin embargo, vamos a abordar aquí una de las subregiones del pro­yecto que, hasta el presente, se ha tratado poco, y abandonaremos por un tiempo la zona lacustre de las Lomas (Cuadernos 5 y 6), para consagrarnos al estudio del sector norte más árido. Esta subregión llamada de la "Vertiente Lerma", que abarca aproximadamente la mitad de la superficie de la zona del proyecto, constituye un sector de tran­sición entre las tierras altas de la Meseta Tarasca y el Bajío, por lo que presenta una pendiente bastante sen­sible que corresponde al borde meridional del valle del Lerma, en el centronorte de Michoacán. A pesar de formar una unidad fisonómica coherente, la vertiente está lejos de presentar un paisaje uniforme, ya que ce­rros volcánicos, cuencas, valles más o menos amplios y profundas barrancas ofrecen al hombre diversos minientornos.


Publicado el : jueves, 04 de junio de 2015
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EAN13 : 9782821855564
Número de páginas: 157
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Entre Zacapu y río Lerma

Culturas en una zona fronteriza

Brigitte Faugère-Kalfon
  • Editor: Centro de estudios mexicanos y centroamericanos
  • Año de edición: 1996
  • Publicación en OpenEdition Books: 4 junio 2015
  • Colección: Cuadernos de estudios michoacanos
  • ISBN electrónico: 9782821855564

OpenEdition Books

http://books.openedition.org

Edición impresa
  • ISBN: 9789686029512
  • Número de páginas: 157
 
Referencia electrónica

FAUGÈRE-KALFON, Brigitte. Entre Zacapu y río Lerma: Culturas en una zona fronteriza. Nueva edición [en línea]. Mexico: Centro de estudios mexicanos y centroamericanos, 1996 (generado el 05 noviembre 2015). Disponible en Internet: <http://books.openedition.org/cemca/3320>. ISBN: 9782821855564.

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© Centro de estudios mexicanos y centroamericanos, 1996

Condiciones de uso:
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Índice
  1. Prólogo

  2. Introducción

    1. Investigaciones anteriores sobre la región
    2. Los textos
    3. Las perspectivas de la investigación
  3. Capítulo 1. La región de la Vertiente Lerma hoy y ayer

    1. MARCO ECOLÓGICO: ALGUNAS APORTACIONES DE LAS CIENCIAS DE LA NATURALEZA
    2. LA APORTACIÓN DE LOS TEXTOS
  4. Capítulo 2. Los sitios

    1. TRABAJOS DE CAMPO: EL RECONOCIMIENTO DE LOS SITIOS
    2. CLASIFICACIÓN MORFOLÓGICO-FUNCIONAL DE LOS SITIOS
  5. Capítulo 3. Material arqueológico y marco cronológico

    1. LOS TRABAJOS DE CAMPO: EL MATERIAL ARQUEOLÓGICO Y SU CONTEXTO
    2. SITIOS Y MARCO CRONOLÓGICO
  6. Capítulo 4. Elementos constitutivos de los complejos cronológico-culturales

    1. PATRÓN DE ASENTAMIENTO Y ARQUITECTURA
    2. LA CERÁMICA
    3. EL MATERIAL LÍTICO
    4. LAS REPRESENTACIONES RUPESTRES
  7. Capítulo 5. Culturas en una frontera: ensayo de reconstitución diacrónica de la evolución de la población

    1. LA POBLACIÓN ARCAICA
    2. EL CLÁSICO: LA CONQUISTA DE UNA TIERRA
    3. LA ÉPOCA DE LAS MODIFICACIONES: EL EPICLÁSICO Y EL POSTCLÁSICO TEMPRANO
    4. TARASCOS Y CHICHIMECAS: LA FORMACIÓN DE LA FRONTERA NORTE
  1. Conclusión. Adaptaciones e interacciones humanas en la Vertiente Lerma

    1. Continuidad cultural y adaptaciones humanas
    2. Papel representado por las poblaciones alógenas en la evolución del poblamiento
  2. Índice de cuadros

  3. Índice de figuras

  4. Bibliografía

Prólogo

1Esta nueva obra de la serie Cuadernos de Estudios Michoacanos queda inscrita en la línea, ya bien llena, de las publicaciones de los trabajos realizados en el marco del Proyecto Michoacán (fases I y II). Sin embargo, vamos a abordar aquí una de las subregiones del proyecto que, hasta el presente, se ha tratado poco, y abandonaremos por un tiempo la zona lacustre de las Lomas (Cuadernos 5 y 6), para consagrarnos al estudio del sector norte más árido.

2Esta subregión llamada de la “Vertiente Lerma”, que abarca aproximadamente la mitad de la superficie de la zona del proyecto, constituye un sector de transición entre las tierras altas de la Meseta Tarasca y el Bajío, por lo que presenta una pendiente bastante sensible que corresponde al borde meridional del valle del Lerma, en el centronorte de Mchoacán. A pesar de formar una unidad fisonómica coherente, la vertiente está lejos de presentar un paisaje uniforme, ya que cerros volcánicos, cuencas, valles más o menos amplios y profundas barrancas ofrecen al hombre diversos minientornos.

3En el transcurso de cuatro años (1984-1987), durante los que se sucedieron las campañas de prospección y de excavaciones, y luego, durante los trabajos de laboratorio, pudimos contar con la ayuda y la comprensión de muchas personas: autoridades al nivel nacional y local, habitantes de la región, investigadores. No inscribimos aquí todos esos nombres, que pueden encontrarse en los cuadernos publicados precedentemente, incluso si tenemos que mencionar algunos de quienes participaron directamente en las investigaciones efectuadas en la zona de la vertiente del Lerma.

4Hemos contado, primeramente, con la ayuda regular de un equipo de arqueólogos, unido y eficaz (Charlotte Arnauld, Rodolfo Ávila, Patricia Carot, Véronique Darras, Marie-France Fauvet-Berthelot, Dominique Michelet, Gérald Migeon, Olivier Puaux, Frédérique Servain), así como con la amistosa colaboración de investigadores de otras disciplinas (Olivier Gougeon, geógrafo; Cécile Gouy-Gilbert, etnóloga; y Jean-Noël Labat, botánico).

5Este estudio ha podido realizarse sólo gracias a nuestros informantes locales de Acuitzeramo, Aguacaliente, Aguanuato, Bellavista, Los Fresnos-El Guayabo, Panindícuaro, Penjamillo, San Antonio Carupo, Tirimácuaro, Ziquítaro, que se interesaron por nuestras investigaciones, nos guiaron a los lugares, nos ayudaron en la realización de las excavaciones e incluso, a veces, nos acogieron calurosamente en sus familias; pensamos muy particularmente en Salvador Mojica y en los suyos, así como en Ladislao Vargas.

6Por proceder de una región tan extensa, los vestigios materiales recogidos eran variados y abundantes. De acuerdo con la política editorial, hemos decidido presentar aquí una versión selectiva del estudio de dichos vestigios y privilegiar los aspectos directamente útiles para la reconstitución de la historia de la población de esta región. Otros volúmenes de la serie Cuadernos de Estudios Michoacanos abordarán, en un marco más amplio, el estudio del material cerámico (Dominique Michelet), de las osamentas humanas (Véronique Gervais) y de las representaciones rupestres (Brigitte Faugére-Kalfon, Cuaderno 8). Por lo demás, el estudio completo del material lítico puede consultarse en la tesis de doctorado del autor.

7Varias personas han participado en el estudio de los diferentes materiales; así, la secuencia cerámica establecida por Dominique Michelet permitió la reconstrucción diacrónica de la ocupación prehispánica; Nelly Silva, por su parte, participó eficazmente en el estudio del material lítico. Además, Alicia Blanco (inah) tuvo a bien encargarse del estudio de la fauna; María Magdalena de los Ríos Paredes (inah), de las dataciones 14C; Margarita Gutiérrez (unam), de la sedimentología; Enriqueta Olguín (uha), de las conchas talladas; B. Sandoval (inah) y L. Torres (unam), de los pigmentos. El manuscrito de la presente obra ha sido corregido trás la lectura y los comentarios de Dominique Michelet, coordinador del proyecto Michoacán I. Mi agradecimiento a todos ellos.

8Damos las gracias, también, a las personas que han participado, en el cemca a la realización de esta publicación; a Blanca Chacel por la traducción; a Françoise Bagot por los dibujos; a Víctor Lagarde, por las fotografías, a Rodolfo Ávila por los tirajes fotográficos y a Joëlle Gaillac, por la coordinación y el cuidado de la edición.

9Estos trabajos y su publicación los financiaron el Ministère des Affaires Étrangères (mae, Francia), y más precisamente la Direction de la Coopération Scientifique et Technique (Sous-direction de Sciences Sociales, Humaines et d’Archéologie); gozando del apoyo de la upr 312 del Centre National de la Recherche Scientifique (cnrs, Francia) dirigida por Pierre Becquelin. En fin, nada hubiera sido posible sin el apoyo de los directores sucesivos del cemca (Claude Bataillon, Dominique Michelet, Jean Meyer y Thomas Calvo), ni sin la confianza de los responsables de la arqueología y de la prehistoria del Instituto Nacional de Antropología e Historia (inah, México) particularmente el Ing. Joaquín García Bárcena, la doctora Lorena Mirambell Silva, el doctor Mario Aliphat Fernández, el doctor Alejandro Martínez Muriel así como los miembros del Consejo de Arqueología del inah.

10Tlahuilojapa, Tlayacapan, julio de 1994

Introducción

1Entre las tierras altas del Eje Neovolcánico y el Bajío guanajuatense, se encuentra la porción central de la vertiente sur del Lerma, incluida actualmente en el estado de Michoacán (Fig. 1). Los geógrafos (O. Gougeon 1987 y 1991) y los botánicos (J. Rzedowski 1987 y J.-N. Labat 1988 y 1992) consideran que esta zona es un sector ecológico de transición, como el puente de encuentro de dos tipos de paisaje.

2Desde el punto de vista humano y, específicamente en los tiempos prehispánicos, el valle del río Lerma puede considerarse igualmente como una antigua zona de transición cultural y como el punto de contacto entre dos grupos fuertemente contrastados. En efecto, el mismo río parece marcar el límite septentrional de la Mesoamérica del siglo xvi; al sur, frontera entre los grandes reinos postclásicos, y, al norte, el vasto territorio de las tribus chichimecas, con la forma de vida itinerante de los cazadores-recolectores nómadas y guerreros. Desde los trabajos pioneros de P. Kirchhoff (1943) y de W. Jiménez Moreno (1943), el estudio de esta frontera no ha cesado realmente de interesar a los arqueólogos y a los etnohistoriadores. Pero no tenemos la intención de insistir aquí detalladamente en los resultados de esas investigaciones que, por lo demás, ya han sido objeto de varias síntesis recientes (véanse, por ejemplo, B. Braniff 1989; R. B. Brown 1985, C. Castañeda et alii 1988 o D. Michelet, en prensa).

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Figura 1 - Ubicación del estado de Michoacán y de la subregión de la Vertiente Lerma.

3Si bien se han logrado progresos que permiten empezar a precisar la naturaleza de esta frontera y sus fluctuaciones geográficas a través del tiempo, queda, sin embargo, mucho por hacer. Una buena apreciación de los fenómenos relacionados con una zona fronteriza de este género requiere la realización de trabajos precisos sobre extensas regiones. Siendo esto así, la multiplicación de estudios regionales, durante los últimos años, en los diferentes sectores de Durango, Zacatecas, Jalisco y Guanajuato (véanse, entre otros, C. Castañeda et alii 1988 y 1989; M. A. Hers 1989; P. Jiménez B. 1989; P. C. Weigand 1990) ha permitido, indiscutiblemente, una evaluación mejor de la población de la macrorregión tratada, a veces calificada como “Mesoamérica marginal”, así como del papel fundamental que habría podido representar en el nacimiento de los imperios postclásicos (M. A. Hers 1989; B. Faugère-Kalfon 1991).

4Dicho esto, hay que reconocer que, a pesar de los progresos realizados, subsisten todavía muchas lagunas, lo que se debe particularmente al hecho de que varias regiones permanecen inexploradas.

5La vertiente meridional del valle del Lerma en Michoacán, formaba parte de esas regiones; ahora bien, teniendo en cuenta su posición geográfica, esta zona era susceptible de aportar importantes precisiones sobre los antecedentes, la formación y el “funcionamiento” de la frontera tardía de Mesoamérica. En efecto, en el Postclásico, este espacio, situado en las márgenes del reino tarasco, pertenece, en realidad, al cinturón interno de la frontera.

Investigaciones anteriores sobre la región

6Como el resto de la región del Proyecto del cemca en Michoacán (D. Michelet 1992), el sector de la Vertiente Lerma se caracteriza por la escasez de investigaciones arqueológicas efectuadas hasta estos últimos años. Los conocimientos de que disponíamos antes de emprender nuestros propios trabajos se referían, en realidad, exclusivamente a la zona de San Antonio Carupo (MICH. 103).

7A principios de siglo, C. Lumholtz (1904:420) señaló la existencia de este lugar de monumentos prehis-pánicos; y, mucho más recientemente, el centro de ese mismo sitio quedó oficialmente delimitado y parcialmente despejado y restaurado por el inah (R. Carrasco 1982). Así como Tingambato (R. Piña Chan y K. Oi 1982) San Antonio Carupo presenta particularidades arquitectónicas y una disposición bastante diferentes a las de los establecimientos tarascos, por lo que era posible suponer que procedía, al menos en parte, de una fase cronológicamente anterior.

8Añadamos a esta referencia los trabajos, al sur de nuestro sector, de C. Lumholtz (1986), A. Caso (1930) y M. K. Freddolino (1973), precisamente en las cercanías de la moderna ciudad de Zacapu, lo que demostraba la presencia en ese lugar, de una fuerte ocupación tarasca y de huellas más modestas, probablemente del Clásico.

Los textos

9Por su parte, las fuentes etnohistóricas aportan informes a menudo precisos en cuanto a la época tarasca, y confirman, particularmente, que la frontera norte del reino pasaba a través de nuestra subregión. La Relación de Michoacán, escrita hacia 1540, a petición de los españoles, según testimonio de los sacerdotes y “ancianos” sobrevivientes de la corte del cazonci Tangaxoan, último rey de los purépechas, es el relato de la historia del pueblo tarasco, la descripción de sus creencias y de su sociedad. Según ese texto, la civilización que descubrieron los españoles parece ser el resultado de la alianza y de un mestizaje de agricultores, habitantes de las orillas de los lagos y de cazadores nómadas uacusechas, mencionados repetidas veces en el texto como chichimecas y procedentes por tanto del norte. La fundación de un verdadero imperio por Tariácuri no habrá sido anterior al siglo xiv.

10Por otra parte, es posible considerar a otros cronistas, como Pedro de Ahumada y Gonzalo de las Casas, que describieron la guerra de los chichimecas. En sus textos, está expuesta la situación de las tribus chichi-mecas en la época de la Conquista, así como la forma en que se llevó violentamente a cabo su pacificación, al precio de una casi total exterminación.

11El estudio de esos relatos y de varios fondos de archivos (en ciertos casos municipales y parroquiales) ha permitido la reconstrucción etnohistórica de la población indígena del siglo xvi (P. Kirchhoff 1943; W. Jiménez Moreno 1977; P. W. Powell 1977; P. Gerhard 1982; M. I. Piñón Flores 1984). La frontera norte del imperio tarasco pasaba por Tlazazalca, llamada Uralca antes de la Conquista, y por el corazón mismo de nuestra región. Enfrente del reino centralizado de los tarascos, había pueblos guerreros nómadas o seminómadas, cuya subsistencia dependía esencialmente de la caza y la recolección: los guamares vivían al norte y al este, los guachichiles, al nivel de la desembocadura del Lerma, en el lago de Chapala (P. Gerhard 1982: 40).

Las perspectivas de la investigación

12Aunque escasos, los datos arqueológicos y etnohistóricos de que disponíamos antes de emprender nuestros trabajos, sugerían varios ejes de investigación.

  • Era importante, en primer lugar, determinar eventuales ocupaciones anteriores al siglo xii, y especialmente interesarse por lo que pudo haber existido en el periodo clásico, ya que es la época en que se produjo, en gran parte del norte de Mesoamérica, el apogeo de la población sedentaria.
  • La posición geográfica de la región permitía también a priori estudiar la evolución de la población poco antes de la instauración del reino tarasco y, principalmente, las modificaciones que habrían podido acompañar la eventual llegada a ese sector de poblaciones exógenas; además, era posible tratar de identificar los incidentes locales de la formación de una fuerte entidad política y económica.
  • Finalmente, existía, por supuesto, la posibilidad de comprobar, por medio de la arqueología, la presencia de la frontera norte del reino y analizar las relaciones nómadas/tarascos y su evolución en el transcurso del Postclásico.

13Un total de 101 localidades de características morfológicas variadas y diseminadas por diversos entornos, más contrastados de lo que podría parecer a primera vista, una amplia cronología, aunque centrada entre los siglos viii y xvi de nuestra era, materiales arqueológicos variados y, sobre todo, desigualmente distribuidos, forman las principales piezas en que se apoya nuestra reconstitución de la historia de la población de esta zona.

14En las siguientes páginas, partiremos de una presentación de la zona de trabajo (Cap. 1) y del corpus de los lugares que se han localizado en ella (Cap. 2). A continuación, examinaremos los elementos que han permitido la identificación de varias fases y diversos complejos culturales (Cap. 3). Después, se presentarán las diferentes categorías de vestigios observados o recogidos, que son otros tantos elementos constitutivos de los complejos definidos (Cap. 4). Una vez puestos en su lugar estos elementos, será posible reorganizarlos en una perspectiva sintética y diacrónica, y esbozar así la historia de la población de nuestra zona (Cap. 5).

Capítulo 1. La región de la Vertiente Lerma hoy y ayer

1La región estudiada se encuentra en la porción central del norte de Michoacán (Figs. 2 y 3), y posee una indudable unidad fisonómica (O. Gougeon 1987 y 1991; J.-N. Labat 1988 y 1992).

2Al sur, su límite pasa por la pequeña cuenca de Caurio de Guadalupe, que representa la última depresión antes del comienzo de los contrafuertes de la “meseta” tarasca y el sector del Malpaís de Zacapu, modificado por los más recientes episodios volcánicos.

3El límite norte, que parece arbitrariamente definido por la carretera que va de Penjamillo a Angamacútiro, corresponde en realidad, de manera bastante precisa, al comienzo de las tierras aluviales de la depresión del Lerma (Fig. 4). Del sur al norte, la altitud pasa de 2 100 a 1 700 metros, en un declive bastante acusado, interrumpido a veces por conos volcánicos de pequeñas dimensiones (Fig. 5), y por algunas cuencas intermontañosas, como las de Panindícuaro-Aguanuato o de Caurio.

4Del este al oeste, la región está jalonada por tres sistemas principales de drenaje, que tienen una orientación aproximadamente sur-norte, común a varias barrancas de la región. Al este, se encuentra el valle del río Angulo, verdadero corredor que enlaza el antiguo lago de Zacapu con el Bajío. En el centro, aparece una depresión menos marcada, sobre todo en la parte sur, recorrida por el arroyo Epeján y que desemboca en San Isidro. Al oeste, se encuentra la falla de Penjamillo-Los Fresnos-Acuitzeramo, que linda con los volcanes del Prieto y de Zináparo, con extensos yacimientos de obsidiana. La zona así delimitada abarca una buena parte de los municipios de Penjamillo, Panindícuaro y Angamacútiro, incluyendo porciones reducidas de los de Tlazazalca, Purépero, Zacapu y Villa Jiménez.

MARCO ECOLÓGICO: ALGUNAS APORTACIONES DE LAS CIENCIAS DE LA NATURALEZA

Geología y Pedología

5La geología de la región está determinada, ante todo, por la formación del Eje Neovolcánico transversal, cuyos edificios basálticos y andesíticos datan del Cuaternario, pero el sector había quedado, ya antes, considerablemente afectado por los movimientos tectónicos, manifestados particularmente por el hundimiento del Bajío, con la formación de varias fallas, orientadas ENE-OSO o N-S (A. Demant 1992), que atestiguan que forma parte de la periferia de una fosa tectónica. Esta zona periférica fue víctima de hundimientos transversales, de los que son testigos directos las fallas de Penjamillo-Los Fresnos y de Panindícuaro (A. Demant 1981). Estas fallas están limitadas por macizos volcánicos, que corresponden, por su alineación, a las fracturas de fines del Terciario. Aparte esas cuencas, bastante vastas, la pendiente contiene multitud de pequeñas depresiones de origen volcánico, espacios evitados por las coladas de lavas basálticas, y que forman a veces verdaderos circos, llamados localmente “joyas”(0. Gougeon 1987 y 1991).

6La mayoría de los suelos explotados hoy día por el hombre son vertisoles topomorfos de color negro. Tales suelos se encuentran frecuentemente en las depresiones y en las pendientes de los macizos, permitiendo el cultivo del maíz, del garbanzo, del frijol y del chile. Las cosechas de las milpas son anuales, salvo en los pocos sectores en los que la irrigación permite cosechas bienales. Las unidades fisonómicas de llano y de pendiente contienen siempre suelos más delgados, a veces erosionados, y, a causa de múltiples factores analizados por O. Gougeon (1987 y 1991), están dedicados principalmente a la cría de cabras y de bovinos. El hábitat moderno está agrupado en las cuencas próximas a las tierras cultivadas. Por esas cuencas corren arroyos en la época de las lluvias; pero los manantiales y las resurgencias –abundantes en el conjunto de los sectores bajos– proporcionan el abastecimiento de agua durante todo el año.

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Figura 2 - La zona del Proyecto Michoacán con las subregiones.

Hidrografía, clima y vegetación

7El río Lerma forma parte de uno de los más importantes sistemas hidrográficos de la República Mexicana: el del Lerma-Chapala-Santiago (Correa Pérez coord. 1974). Nace en el Estado de México, al sur del valle de Toluca, se dirige hacia el noroeste, hasta tocar la punta sur del estado de Querétaro, para entrar luego en el estado de Guanajuato y, antes de desembocar en el lago de Chapala, sirve de límite entre los estados de Guanajuato y Jalisco, al norte, y de Michoacán, al sur. En nuestros días, el río Lerma tiene un caudal reducido, pero conserva una importante acción erosiva (Fig. 6).

8En los municipios de Angamacútiro y Penjamillo, el Lerma recibe las aguas de varios arroyos y ríos, el más importante de los cuales es el río Angulo, que nace en el antiguo lago de Zacapu. Esta corriente de agua recibe varios pequeños afluentes, procedentes de manantiales, algunos utilizados por sus valores curativos. Los arroyos torrenciales que desembocan en la cuenca del Lerma, al nivel de San Isidro y de Penjamillo, tienen caudales francamente inferiores al del río Angulo.

9El clima es tropical, con una larga temporada seca (J.-N. Labat 1985 y 1992) y se caracteriza por una temperatura media anual de 18-20°C. Las precipitaciones se concentran entre junio y septiembre, y la tasa pluviométrica alcanza aproximadamente 800 mm al año. En la temporada seca, que dura de 7 a 8 meses, se producen las temperaturas más bajas, que alcanzan, enpromedio, 13-14°C. Los meses más cálidos son los anteriores y los posteriores a la temporada de las lluvias.

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Figura 3 - Mapa de la subregión de la Vertiente Lerma.

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Figura 4 - Fotografía de la Vertiente Lerma desde el sitio El Palacio de San Antonio Carupo. En el fondo se distingue el Bajío.

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Figura 5 - Fotografía del cerro del Metate. A una altura superior a los 2 000 metros se encuentra todavía un bosque residual de encinos.

Figura 6 - El río Lerma a la altura del pueblo de Santa Fe.

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