Entre la alianza y la confrontación

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El libro se propone analizar un hecho histórico concreto: la rebelión indígena de Pablo Zarate, más conocido como el Willka. Esta rebelión fue, sin lugar a duda, una de las más importantes rebeliones indígenas de la historia de Bolivia. El trabajo saca a la luz. la historia del movimiento de los apoderados generales, la lucha por la defensa de las tierras de comunidad y la alianza que, durante el conflicto llamado Guerra federal de 1899, se entabló entre los apoderados al mando de Pablo Zarate y los liberales al mando de José Manuel Pando. Abarca también la historia de los hechos acaecidos en Mohoza, en el gobierno indígena de Peñas, así como las consecuencias de este gran movimiento indígena


Publicado el : miércoles, 03 de junio de 2015
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EAN13 : 9782821845411
Número de páginas: 331
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Entre la alianza y la confrontación

Pablo Zárate Willka y la rebelión indígena de 1899 en Bolivia

Pilar Mendieta
  • Editor: Institut français d’études andines, Plural editores
  • Año de edición: 2010
  • Publicación en OpenEdition Books: 3 junio 2015
  • Colección: Travaux de l’IFÉA
  • ISBN electrónico: 9782821845411

OpenEdition Books

http://books.openedition.org

Edición impresa
  • ISBN: 9789995413385
  • Número de páginas: 331
 
Referencia electrónica

MENDIETA, Pilar. Entre la alianza y la confrontación: Pablo Zárate Willka y la rebelión indígena de 1899 en Bolivia. Nueva edición [en línea]. Lima: Institut français d’études andines, 2010 (generado el 12 noviembre 2015). Disponible en Internet: <http://books.openedition.org/ifea/6325>. ISBN: 9782821845411.

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© Institut français d’études andines, 2010

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El libro se propone analizar un hecho histórico concreto: la rebelión indígena de Pablo Zarate, más conocido como el Willka. Esta rebelión fue, sin lugar a duda, una de las más importantes rebeliones indígenas de la historia de Bolivia. El trabajo saca a la luz. la historia del movimiento de los apoderados generales, la lucha por la defensa de las tierras de comunidad y la alianza que, durante el conflicto llamado Guerra federal de 1899, se entabló entre los apoderados al mando de Pablo Zarate y los liberales al mando de José Manuel Pando. Abarca también la historia de los hechos acaecidos en Mohoza, en el gobierno indígena de Peñas, así como las consecuencias de este gran movimiento indígena

Pilar Mendieta

Pilar Mendieta Parada es Doctora en Historia por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (Lima-Perú). Docente de la Carrera de Historia de la Universidad Mayor de San Andrés y de la Universidad Católica Boliviana. Investigadora adjunta del Instituto de Estudios Bolivianos [EB. Autora de libros y artículos sobre temas de etnohistoria, especialmente sobre el tema de las rebeliones indígenas en Bolivia.

  1. Capítulo II. Bolivia en el siglo XIX: Estado, sociedad y política

    1. 1. Bolivia: el territorio y sus habitantes. Siglo xix
    2. 2. La difícil construcción de Bolivia y el origen del caudillismo
    3. 3. La Convención Nacional de 1880 y el Estado oligárquico (1880-1920)
    4. 4. Propuestas federales y conflictos regionales. El preludio de la crisis de 1899
    5. 5. Conclusiones
  2. Capítulo III. Los apoderados generales: lucha legal y conflictos por la tierra (1825-1899)

    1. 1. La nueva legalidad republicana y la figura del apoderado
    2. 2. Los primeros conflictos por la tierra y la actuación de los apoderados (1825-1860)
    3. 3. La arremetida latifundista de Mariano Melgarejo y la acción de los apoderados 1860-1871
    4. 4. La Asamblea Constituyente de 1871 y el problema agrario
    5. 5. ¿Ciudadanos o colonos? La Ley de Exvinculación de 1874
    6. 6. La ruptura del pacto y la organización de los apoderados generales 1880-1899
    7. 7. Fraccionalismo y conflictos causados por la Ley de Exvinculación
    8. 8. Memoria, documentos y restitución del pacto con el Estado
    9. 9. Conclusiones
  3. Capítulo IV. Liberales e indígenas: del pacto a la alianza

    1. 1. El derrocamiento de Mariano Melgarejo y la primera alianza (1871)
    2. 2. El discurso liberal-popular (1880-1899)
    3. 3. Poder local e intermediación política
    4. 4. Instituciones de intermediación
    5. 5. La lucha política en el mundo rural
    6. 6. Liberales e indígenas. La segunda alianza
    7. 7. Conclusiones
  4. Document sans titre

    1. 1. El preludio del enfrentamiento
    2. 2. Pablo Zárate Willka y la organización de su Estado Mayor
    3. 3. La alianza popular en acción
    4. 4. Las acciones de Pablo Zárate y los Willkas
    5. 5. El Segundo Crucero de Paria y la participación de los Willkas
    6. 6. Después del triunfo
    7. 7. Conclusiones
  5. Capítulo VI. De la alianza a la confrontación: la masacre de Mohoza y el gobierno indígena de Peñas

    1. 1. Conflicto por la tierra y desestructuración de la comunidad en Mohoza (1881-1899)
    2. 2. Motines, revoluciones y escándalos en la provincia Inquisivi (1880-1899)
    3. 3. La masacre de Mohoza
    4. 4. Los antecedentes del gobierno indígena de Peñas
    5. 5. La rebelión del sur y el gobierno indígena de Peñas
    6. 6. A modo de conclusión: el sentido histórico de la insurgencia indígena de Mohoza y de Peñas
  1. Capítulo VII. Indios salvajes y mestizos culpables: los procesos de Mohoza y de Peñas

    1. 1. De víctima a “salvaje”. La transformación del discurso sobre el indio
    2. 2. La culpa es del “pueblo”
    3. 3. De salvajes a criminales: el proceso de Mohoza (1899-1905)
    4. 4. El proceso de Peñas
    5. 5. Conclusiones
  2. Capítulo VIII. ¿Qué hacer con el indio y qué quieren los indios? 1899-1930

    1. 1. ¿Qué hacer con el indio? La educación como respuesta
    2. 2. La educación a partir de la visión indígena
    3. 3. La situación en el agro después de 1899
    4. 4. Los caciques-apoderados y la lucha por la tierra
    5. 5. El servicio militar como instrumento de ciudadanía
    6. 6. Nuevas alianzas políticas
    7. 7. Conclusiones
  3. Conclusiones generales

  4. Bibliografía

Agradecimientos

1La gestación de este libro ha sido larga, ya que mi interés sobre el tema data de mis primeros años universitarios en los ochenta. La lectura de la obra de Ramiro Condarco Morales sobre Zarate el Temible Willka me impactó de tal forma, que mis primeros agradecimientos son para este autor, lamentablemente ya fallecido. También me siento en deuda con muchas personas e instituciones. En primer lugar, debo agradecer el apoyo de la Universidad Mayor de San Andrés y del Instituto de Estudios Bolivianos por haberme permitido acceder a una beca doctoral y de investigación a través del Programa de Cooperación Sueca ASDI-SAREC. A todos los compañeros y docentes de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, en Lima, donde realicé mis estudios, y en especial al Dr. Jurgen Golte por haberme asesorado en este tan importante proyecto. A Ivica Tadic, directora de la Biblioteca Costa de La Torre, por su especial interés en ayudarme y a todos los amigos de los archivos a los que acudí. Un especial agradecimiento lo merecen mis amigas María Luisa Soux, Ximena Medinaceli y Magdalena Cajías por haber compartido juntas la aventura del doctorado, afianzando nuestra amistad y nuestra complicidad. También deseo agradecer a mis ayudantes de investigación, los universitarios Rolando Corina y Solange Zalles, y a mis compañeras de trabajo en el Archivo de La Paz Rossana Barragán y Laura Escobari. A Eugenia Bridikhina por estar siempre cerca dándome ánimos. A Marta Irurozqui, cuya obra, al igual que la de Ramiro Condarco, fue una gran fuente de inspiración además de ser el inicio de una relación de diálogo y de amistad. Asimismo, a Gabriela Kuenzli, quien comparte conmigo iguales inquietudes. Mi agradecimiento va también a Lucía Querejazu, por su cuidadosa corrección de estilo. Finalmente, mi gratitud a tres personas que comparten la vida conmigo y que me han soportado en los buenos y en los malos momentos que pasé durante los permanentes y estresantes viajes a Lima: ellos son mis hijos Lucía y José Manuel Ormachea, y mi compañero René Antonio Mayorga. A los primeros, les pido disculpas por haberles robado tantos momentos y a René Antonio le agradezco por sus inteligentes observaciones al trabajo.

Introducción

1La investigación se propone analizar un hecho histórico concreto: la rebelión indígena de Pablo Zárate, más conocido como el Willka, que fue, sin lugar a dudas, una de las más importante rebeliones de la historia de la República de Bolivia.1 Esta rebelión se produjo dentro del contexto más amplio de la guerra civil que sacudió a Bolivia en 1899 y que se conoce como la Guerra o Revolución Federal. Se trata de un momento histórico de mucha importancia, ya que el país entró en una profunda crisis política que desembocó en un conflicto armado de grandes proporciones, siendo la primera guerra civil por la que atravesó Bolivia desde su fundación.

2La guerra civil fue el resultado de una acumulación histórica de contradicciones políticas, regionales, económicas y étnicas en un país que todavía mantenía características coloniales no resueltas. Confluyeron en este contexto dos conflictos que se dieron de forma simultánea y entrelazada. De manera resumida, la llamada Guerra Federal tiene que ver con el estallido violento de las fricciones entre dos élites en pugna por el poder y con conflictos relacionados con las comunidades indígenas en la lucha por la recuperación de sus tierras usurpadas por causa de las políticas estatales que pretendían su desaparición.

3La crisis de 1899 implicó la sustitución en el poder del Partido Conservador, cuya influencia se encontraba en el sur de la República, por el Partido Liberal. La consecuencia más inmediata, una vez terminado el enfrentamiento a favor de los liberales, fue el cambio de la sede de Gobierno de la ciudad de Sucre a la de La Paz, trasladándose la hegemonía política del país al norte. Su peculiaridad consistió en la participación activa de las comunidades indígenas, así como de los poderes locales sobre la base de una gran alianza popular que fue rota una vez que los indígenas radicalizaron su posición dentro del contexto de la contienda. Uno de los casos más complejos sucedió en el templo del pueblo de Mohoza, en donde 120 soldados de un escuadrón liberal murieron en manos de los indígenas supuestamente aliados. Otro de los casos de radicalidad indígena ocurrió en la zona de Peñas, en el departamento de Oruro, donde, al calor de los acontecimientos, sus líderes conformaron un gobierno propio.

4Estos dos hechos tuvieron graves consecuencias para los indígenas, que pasaron de incondicionales aliados a ser vistos como un colectivo peligroso para los objetivos de la élite norteña. A pesar de haber ganado la guerra gracias a la intervención indígena, una vez en el Gobierno, los liberales llevaron a cabo una estrategia represiva expresada en la idea de que se había iniciado una “guerra de razas”. La pregunta ¿qué hacer con el indio? se convirtió en el tema central del debate nacional durante las primeras décadas del siglo xx. Por su parte, los indígenas inauguraron un periodo de defensa de la comunidad recurriendo a nuevas y viejas estrategias para recuperar sus tierras más que nunca antes agredidas por las políticas liberales.

5El libro se divide en dos partes y en ocho capítulos. La primera parte trata acerca de los estudios realizados en torno al tema, así como de los antecedentes del conflicto. La segunda parte está dedicada a la guerra civil y sus consecuencias. A partir del debate historiografía), el primer capítulo es un intento por dar a conocer el estado de las investigaciones realizadas hasta el momento sobre el tópico de la Guerra Federal y la rebelión indígena. La intención es insertar este trabajo dentro del contexto más amplio de la discusión historiográfica, para luego dar a conocer en qué parte del debate se sitúa mi propuesta. En un análisis desde lo global hacia lo particular, el segundo capítulo se aboca a la explicación de la realidad boliviana, con énfasis en la conformación social de Bolivia y en las prácticas políticas que caracterizaron al país a partir de su independencia en 1825. Se analiza el periodo del caudillismo, así como las causas para que en 1880 se inicie un nuevo periodo histórico conocido como el Estado oligárquico. Esto con el objetivo de describir el contexto político y social en el que se desarrollaron los hechos.

6El tercer capítulo ahonda en las espesuras de los ayllus en un intento por conocer los conflictos que atravesaba la comunidad indígena a raíz de la lucha legal por la recuperación de las tierras comunales, usurpadas a consecuencia de las diversas políticas liberales desde 1825. El interés del capítulo se concentra en la conciencia política y el discurso que empezaron a desarrollar los llamados apoderados indígenas de las comunidades.

7El cuarto capítulo tiene que ver con el análisis del rol jugado por los poderes locales y su influencia en la política nacional. Los pueblos de vecinos jugaron un papel muy importante en las luchas políticas de la sociedad boliviana. Por esta razón es necesario conocer cómo funcionaba la estructura del poder local, destacando su rol de intermediación política articuladora del mundo rural y urbano, así como en el ejercicio de la dominación. Este análisis permite entender la dinámica de las alianzas establecidas entre los indígenas y los partidos políticos y, en especial, la alianza que el movimiento de los apoderados entabló con el Partido Liberal para llevar a cabo la insurrección armada de 1899. Se analiza el discurso liberal como aglutinador de las demandas tanto de los poderes locales como de los indígenas y del pueblo en su conjunto

8El resultado de esta interrelación de intereses es explicado en el quinto capítulo, cuyo objetivo central es el análisis de lo acontecido en la guerra civil de 1899 y la rebelión propiamente dicha. El trabajo enfatiza la gestación de lo que fue una gran alianza popular liderada por el Partido Liberal, cuya meta común era el derrocamiento del Gobierno del sur. En este contexto, se ve con detenimiento la participación indígena en la insurrección.

9El sexto capítulo analiza los acontecimientos de Mohoza y de Peñas, a partir de la reconstrucción de las tensiones y conflictos por la tierra en estas dos zonas, para luego desarrollar el tema de las causas del enfrentamiento y analizar el porqué fue precisamente en estos lugares, y no en otros, donde se dieron las respuestas más radicales en el transcurso de la contienda. El séptimo capítulo analiza las consecuencias de la crisis de 1899, considerando como factor central el miedo renovado de la élite con respecto a la participación indígena y popular en la guerra civil que ellos mismos habían provocado. Nos concentramos en el debate acerca del supuesto salvajismo del indio y la culpa de los mestizos, planteados por el discurso darwinista que entendió los acontecimientos en términos raciales. Se aborda con especial atención los juicios que se les inicia a las comunidades de Mohoza y de Peñas como parte del pensamiento racista de la época.

10Finalmente, en el octavo capítulo se da una visión de lo sucedido con las comunidades indígenas después de la rebelión. Se analizan los intentos gubernamentales de dar una solución al problema del indio en Bolivia mediante una reforma educativa y se destaca la respuesta de las comunidades a la misma problemática. El capítulo trata, además, de ver las distintas reacciones de los indígenas ante los nuevos desafíos que conllevó la derrota de 1899. Es decir, el inicio de un nuevo ciclo de lucha legal, alianzas y rebeliones.

11Con respecto a las fuentes primarias consultadas, la investigación se realizó en varios archivos y bibliotecas nacionales. La documentación más importante fue hallada en el Archivo de La Paz (UMSA), donde se consultaron los expedientes de la Prefectura del departamento, los cuales contienen una rica información sobre las comunidades y sus demandas hacia el Estado, así como el célebre Proceso de Mohoza. En el Archivo y Biblioteca Nacionales de Sucre se consultaron varios fondos, aunque la más rica información obtenida fue la proveniente tanto de la hemeroteca como de la folletería política del siglo xix. También en Sucre, se consultó en el Archivo del Arzobispado. En la ciudad de Oruro fue muy fructífera la pesquisa en el Archivo de la Corte Superior de Distrito, donde se halla el Proceso de Peñas. También fueron consultados los archivos de la Prefectura departamental, así como de la Casa de la Cultura y el Archivo provincial del pueblo de Poopó. También se obtuvo valioso material en el Archivo del Parlamento, así como en la Biblioteca Arturo Costa de la Torre, en la ciudad de La Paz.

Notas

1 En Bolivia se han dado muchas insurrecciones indígenas. En la actualidad, el país está viviendo uno de los momentos más interesantes en cuanto a las reivindicaciones indígenas con el ascenso de Evo Morales a la presidencia de la República. Con todo, no se ha logrado movilizar un número tan importante como sucedió en 1899.

Capítulo I. La rebelión indígena de 1899: una mirada desde la historia y una propuesta alternativa

1A pesar de que existió una íntima ligazón entre la llamada Guerra Federal y la rebelión indígena, estos acontecimientos han sido tratados por la historiografía como dos procesos separados, lo cual ciertamente obedece a la dificultad de vincular ambos temas, así como a la idea predominante de que el conflicto de 1899 encerró en realidad dos guerras: la guerra entre facciones de la élite por monopolizar el poder político y la guerra reivindicativa de los indígenas.1 Por esta razón, en la primera parte del capítulo se destacarán los distintos aportes sobre la guerra civil de 1899, a partir de dos perspectivas que son el resultado de las investigaciones y enfoques teóricos hasta el momento realizados. Unos han privilegiado la Guerra Federal tomando al conflicto indígena como secundario y otros han insistido, más bien, en tratar la participación de los indígenas como actores de primera importancia. En una segunda parte, más teórica, se intenta poner a consideración del lector el lugar del debate en el que me hallo adscrita.

1. La Guerra Federal

2Con relación a los motivos que provocaron el enfrentamiento entre liberales del norte y conservadores del sur, existen interpretaciones que desde perspectivas influenciadas por el marxismo y la teoría de la dependencia, en boga durante los años sesenta y setenta, ven como el trasfondo de la guerra civil de 1899 el choque entre dos bloques rivales caracterizados tanto por sus actividades económicas como por sus conflictos regionales.

3En la mayoría de los casos, los historiadores que defienden esta visión entremezclan ambos tipos de contraposiciones. Es decir, el modelo de una oligarquía tradicional con una economía basada en la minería de la plata y vinculada al capital chileno, que se une a los intereses del sur liderados por una oligarquía ubicada en la ciudad de Sucre. A su vez, la ciudad de La Paz es identificada con la imagen de un nuevo y ascendente grupo de comerciantes, con intereses en la minería del estaño, la extracción de la goma elástica y una mayor conexión comercial con el Perú.

4José Fellman Velarde (1970) desarrolla esta articulación y le da a su interpretación un tinte marxista, con características de un naciente nacionalismo mestizo cuya consecuencia sería –a largo plazo– la Revolución de 1952.2 Este autor percibe el conflicto de 1899 como un enfrentamiento de clases, es decir, de las clases medias de La Paz identificadas con el Partido Liberal, y las clases dominantes de terratenientes y mineros de Sucre. Por su parte, Alipio Valencia Vega (1973) atribuye el conflicto de 1899 a una rivalidad entre el capitalismo minero de La Paz con el auge de la minería del estaño y los hacendados feudales de Sucre. Lo mismo sostiene Sergio Almaraz (1987), para quien el enfrentamiento de 1899 se dio entre una nueva oligarquía formada en el norte por comerciantes burgueses y terratenientes de la vieja oligarquía feudal del sur, asentada en la minería.3

5Un planteamiento diferente le otorga un carácter dependentista a los acontecimientos. En esta corriente se sitúa Juan Albarracín Millán (1972), que atribuye a la revolución de 1899 causas externas, es decir, a la sustitución de las compañías inglesas por las norteamericanas. Según este autor, el derrocamiento de los conservadores tuvo el carácter de: “una victoria de las fuerzas filo-norteamericanas que actuaban desde el Partido Liberal y como tal estuvo en consonancia con similares acontecimientos ocurridos en todo el continente”. Para James Dunkerley (1987), aunque el éxito militar del Partido Liberal fue el resultado del apoyo campesino, la fuerza política y económica de la revolución tuvo su origen en la caída de la plata en el mercado mundial. Para Dunkerley, la adopción generalizada del patrón oro en las naciones industrializadas dio lugar a la reducción del precio de la plata en la década de 1890, con el consiguiente declive de la economía sureña.4

6Sin descartar el aporte que estas interpretaciones ofrecen sobre el conflicto que nos ocupa, la crítica es que los autores se acomodan a un modelo explicativo ajeno y alejado de una realidad andina mucho más compleja que la visión simplista de los esquemas marxistas y/o dependentistas nos ofrecen. Consideramos que estas tendencias resultan anacrónicas para el análisis de los hechos, ya que pretenden entender el pasado a partir de las experiencias y los intereses del presente.

7Ahora bien, las explicaciones históricas que le dan preponderancia a la problemática regional inciden en la convergencia de intereses de grupos económicos con la cuestión regionalista. Esta visión del conflicto es quizás la opción que tiene más aceptación dentro de las interpretaciones sobre la Guerra Federal.5 La mayoría de los estudiosos que destacan el aspecto regional consideran que el conflicto de 1899 constituye una línea divisoria entre pautas coloniales de ocupación del territorio (el sur) y las que empezarían a desarrollarse bajo el mandato norteño (La Paz). Uno de los historiadores que más se identifica con el aspecto regional es José Luis Roca (2001), quien cree que la Guerra Federal fue el resultado de conflictos económicos entre el norte y el sur, en una pugna regional por el control político del país.6 Dentro de esta tendencia, el trabajo de Gustavo Rodríguez Ostria (1993) resulta el más interesante puesto que nos habla de región, pero también se aproxima a la problemática de las ideas federales y las propuestas regionales. Rodríguez explica los acontecimientos de 1899 como parte de las necesidades de las diferentes regiones de una reforma estatal, que apelando al federalismo o a la descentralización exigían flexibilizar y democratizar el poder.7

8Uno de los tópicos que deriva de la problemática regional es el del federalismo. A lo largo del siglo xix, regionalismo y federalismo fueron dos problemas entrelazados con los que los nuevos países tuvieron que enfrentarse. El tema del federalismo, con ciertas excepciones, ha sido descuidado por la historiografía boliviana, en contraste con otros países como México, Brasil y Argentina. Aunque el sistema federal nunca prosperó en Bolivia, no por ello dejaron de haber serias propuestas al respecto y que están íntimamente relacionadas con lo acontecido en 1899.8 Un último trabajo sobre la Guerra Federal es el de Carlos Ponce Sanjinés y Ana María Montaño (1999), que da cuenta de la importancia de las ideas federales en el conflicto del mismo nombre y la frustración ideológica que sus promotores tuvieron con el desenlace centralizador de éste.9

9Una de las novedades sobre el tema pertenece a Marta Irurozqui (1994), quien desprendiéndose de las visiones anteriormente citadas se concentra en el análisis de las élites de poder en Bolivia. El trabajo ve en la Guerra Federa! la oportunidad de una rearticulación de las élites a través de una remodelación oligárquica. Es decir, más que una lucha regional entre oligarquías del norte y del sur, se trataría más bien de un intento de analizar cómo se entretejen las relaciones de poder y los conflictos de clase como producto de intereses y rivalidades al interior de la élite para asegurar su supervivencia.10 Sin duda, es un trabajo muy novedoso, ya que rompe con las anteriores visiones del conflicto y enriquece la interpretación de los hechos.

2. La rebelión indígena

10Una segunda perspectiva sobre la crisis de 1899 nos las ofrecen los diversos trabajos sobre el tópico de la rebelión indígena. Las interpretaciones sobre la participación indígena en la guerra civil de 1899 coinciden con un periodo en el que predominan los estudios que provienen de la etnohistoria. Si bien el inicio de la etnohistoria andina lo podemos situar en la década de los años sesenta con los trabajos de Murra y de Condarco, la época más fructífera de esta corriente en Bolivia se encuentra a partir de los años ochenta. Esta tendencia está relacionada en sus orígenes con las corrientes neomarxistas anglosajonas, que abrieron el debate sobre la pertinencia de una historia “desde abajo”.11 Es considerada una suerte de opción metodológica que, apelando tanto a la antropología como a la historia, estudia a los “otros” con el propósito de “descolonizar el conocimiento”. La etnohistoria, a diferencia de los autores neomarxistas, le concede más importancia a lo étnico que a la clase y sus opciones de estudio son más amplias, ya que no solamente se refieren a lo indígena, sino a lo mestizo y a todos sus aspectos sociales, económicos, políticos y de género. Sin embargo, el excesivo énfasis en estudiar a los dominados hace que se pierdan los matices de una historia más compleja de interrelaciones sociales.

11Uno de los temas más estudiados por la etnohistoria en Bolivia y en el Perú es el de las rebeliones indígenas. Escapa a nuestro propósito el citar los innumerables trabajos y visiones al respecto. Sin embargo, es importante decir que la rebelión mayormente estudiada es la de 1781, la cual comprometió a casi todo el mundo andino.12 Dentro de este contexto rescatamos el aporte del Taller de Historia Oral Andina, cuyos miembros, casi todos intelectuales de origen aymara, han aportado notablemente al conocimiento de las rebeliones y de la historia indígena sobre la base de los testimonios orales.13

12A partir de la década de 1990 empiezan a vislumbrarse nuevas tendencias que tienen como característica la incorporación de nuevas temáticas y problemáticas que intentan reevaluar la visión que había caracterizado a los etnohistoriadores. Marta Irurozqui (1994, 1999) abre la brecha en este sentido afirmando que, si bien el estudio relativo a los estratos subalternos de la sociedad es imprescindible porque les permite hacerse presentes en un proceso histórico del que solían estar excluidos, no basta para entender las relaciones de dominación puesto que su relevancia historiográfica reafirma una imagen sesgada de la problemática social, por lo que se requieren análisis capaces de proporcionar una lógica interrelacionada del comportamiento de los distintos actores sociales.14 Según esta autora, no es posible entender las acciones de los sectores populares sin comprender primeramente a las élites dominantes.

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