El problema social en la narrativa de Horacio Quiroga

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Colecciones : Tiempo de historia. Año IV, n. 47
Fecha de publicación : 1-oct-1978
Publicado el : domingo, 01 de octubre de 1978
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Fuente : Gredos de la universidad de salamenca
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El problellla social
en la narrativa de
Horacio Quiroga
Nelson Martínez Díaz
gido~ dt:1 mundo sl..'n~ibk· Lk' ¡-¡;¡¡aL mundo rioplatense, con tónicos, en la II.-'l:urgaua <k'!.:u
~ la mirada hacia Europa, ración de los interiores, y en la los saJones literarios, sus inte­
gastará también sus aires de ferviente adhesión a los mode­ grantes se lanzaron al asalto
«belle époque .. al iniciarse e l los de comportamiento social de la moral burguesa, e insa­
vigentes en lasgrandcscapita­ tisfechos del 'ambiente de las nuevo siglo. La ilusión de vita­
ciudades rioplatenses ---que lidad y optimismo que carac­ les europeas. Coincidiendo
tildaban de provinciano-, tcrizóaquella eclosión, previa con este volcarse haci a el exte­
a la crisis de 1914, fue (I-ans­ rior de las nuevas burguesías, parecieron tomar como divisa
las paJabras de Darío: « •.. Yo formando sutilmente el estilo hizo irrupción el modernismo
como escuela literaria que en detesto la vida y el tiempo en de vida de las clases acomo­
que me tocó nacen~ . Esta ge­dadas y los alcances de este los Jóvenes de la época lucia
un afán de novedad expresado neración literaria desapegada cambio comenzaron a hacerse
en su agresiva bohemia. Sur- de la realidad, que acusa con visibles en los g ustos arquitec-
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­

su presencia el cambio de si~ aún otra muerte. Su hija Eglé cuentro, ciertamente deslum­
glo, coincide por una tenden­ también obtaría por el suici­ brador, con el territorio de
cia generalizada a la evasión, dio. Misiones y el descubrimiento
cultivada por un sector de los Durante cierto período de su de la selva, su naturaleza y sus
jóvenes elegantes puesto que existencia, concurre a cenácu­ hombres, como antítesis de la
aportaba el sello de la tradi­ los literarios. Dos de ellos al­ ciudad. En 1903 acompañó
ción parisiense. Es La genera­ canzaron renombre por la ca­ como fotógrafo al poeta ar­de Leopoldo Lugones, AJ­ lidad de sus concurrentes: el gentino con el propósi lO de
fonsina Storni, Herrera y «Consistorio de Gay Saber», realizar un relevamiento del
Reissig, Horado Quiroga y que funda con algunos amigos estado en que se encontraban
muchos más; a lgunos de ellos, las ruinas jesuíticas de San y se corresponde consu etapa
suicidas; otros, de vida breve y Ignacio. A partir de entonces, de escandalosa bohemia mon­
trágica, apurada febrilmente, es muy fuerte su inclinacion a tivideana, período moder­
en puntual correspondencia probarse experimentando la nista y de ostentoso decaden­
con la época. «vida brava», como denomi­tismo en el todavía novel na­
Horacio Quiroga había nacido naba a la existencia en la sel­rrador; el segundo, funcionará
en Salto, al noroeste de la Re­ va. Sin embargo, la radicación en Buenos Aires y lo encuentra
pública Oriental del Uruguay, en tierra misionera se realiza ubicado en una situación vital
en 1878. Perteneció, por con­ por aproximación. Primero más auténtica: es la peña
siguiente, a la generación del lleva a cabo un ensayo como «Anaconda», donde varios jó·
novecientos, que cultivó el plantador de algodón en el venes escritores lo admiran
modernismo en las concurri­ Chaco, que culmina en el fra­como a un maestro. Ya ha pu­
das veladas literarias de Mon~ caso, pero le descubre sus po­blicado entonces sus libros
tevideo. Su existencia parece sibilidades para superar la Cuentos de amor, de loellra y de
transcurrir bajo un signo trá­ dura vida del monte. En 1906, muerte (l917), El salvaje
gico que se hace presente en con un amigo salteno, se di­(1920), y Anaconda (1921). Es
todas las etapas de su vida, en rige a San Ignacio, donde pro­el escritor de la realidad ame­
los familiares y amigos que le yectan fundar una empresa de ricana.
rodean, y que le empuja, fi­ A su amistad con Leopoldo cultivo d~ yel'ba mate, y que
nalmente, al suicidio, acto que Lugones -maestro del mo­ lJevará el nombre de unn de
consuma el 18 de febrero de dernismo de su primera épo­ los ríos de la región: «la Yabe·
1937. Pocos meses después, bid». Nuevo fracaso y regreso ca- adeuda un pri I1lL'" en-
El bl.lngalow. consl,uido po' el aulo, de .. lol desleffado.~. Desde all, dominaba la YIslón det"o Parana. la casa '1 et 110 se describen en ya"os
de sus euentos.
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a la civiliLaóón. Cuando Oui­ hacerle participe del enfren­ cargo de Lugones. los edificios
roga retome a Misiones, en tamiento entre el protago­ estaban ¡o\ladidos por la sel­
1909, lo 'hará para instalarse nista y el medio tropical. sus va. Las fronteras de Paraguay,
definilivamente, con su pri­ enemigos insospechados y su Argentina y Brasil se conjun­
mera esposa. violencia encubierta. Se trata tan allí, creando un territorio
de « ... un país donde el sol, a que, escribía Quiroga: «como Este deslumbramiento de la
más de matar las \'erduras toda región fronteriza, es rica sd\"a parece responder a una
quemando las sencillamente en tipos pintorescoslt (Los des­faceta muy peculiar de su per­
como al contacto de una plan­ terrados). También existían, sonalidad y que le impulsa a
cha, fulmina en tres segundos como en el resto de Hispa­una incesante actividad.
a las hormigas rubias y en noamérica, compañías que se También lo lleva a probarse
veinte a las víboras de casca­ habían establecido para ex­en Misiones realizándolo todo
bel. (Un peón). Es el mismo plotar las riquezas naturales; con sus manos, en una cons­
sol que causará la muerte de algunas de ellas, extranjeras tante tarca artesanal. Cons­
Mr. Jones en el cuento La inso­ -fundamentalmente inglesas truye el .bungalow» donde
lación, y cuyos efectos son y francesas-. Olras, eran em­vivirá, en la tierra que ha ad­
anol ados en Los desterrados presas montadas por capita­quirido en San Ignacio, si­
con una breve frase: «Desde listas locales. La mano de obra tuada en una meseta desde la
las once hasta las dos. el pai­ de la zona era el .mensú. cual posee una magnifica vi­
saje se calcina en un solitario (peón contratado); sobre sus sión del Parami¡ planta pal­ río de fuego_o espaldas se elevaron las gran­meras alrededor de su vivien
des fotunas de los empresada, e incluso, orquídeas, en un El río Paraná, con sus cam­
rios. Su destino era propor­alarde de lucha intensa con la biantes paisa.ics, también se
cionar la fuerza de sus brazos naturaleza exuberante e inva­ asocia a esta agresión del am­
al obraje maderero o yerba te­sora, y abre .picadas» (sende­ biente. Tan pronto se le con­
ro, a la plantación o a la ha­ros) a través del monte, que templa «dormido como un la­
cienda. A la violencia de la debe mantener constante­ go. (El hombre muerto), como
selva, entonces, se sumaba la mente a fuerza de machete. se nos muestra en plena creci­
opresión y la brutalidad gene­da: .EI rio. a flor de ojo casi, La ruptura delinitiva del na­ radas por la explotación. corría \·elozmente con untuo­rrador por su etapa moder­
sidad de aceite. (Los pescado­nista se produce allí, en los li­ En diseño de un universo que
res de vigas). Asimismo, co­mites de la civilización. Se relaciona hombres. natura­noce la tempestad: «Luego, la inaugura, con este período de leza y animales en la selva mi­
fulminante rapidez con que se su actividad literaria. un sionera y sus aledaños, en forman las olas a contraco­nuevo sendero en la narrativa perpetuo acoso "sico, que
rriente en un rio que no da del continente. La naturaleza desgasta la voluntad y aco­fondo allí a sesenta brazas. En de América. esbozada hasta mete la realidad hasta un lí­
un solo minuto el Paraná se entonces con perfiles idílicos, mite donde no se la distingue había transformado en un adquirió con Horacio Ouiroga de lo fantástico, ha sido reali­
mar huracanado, y nosotros, una nueva perspectiva: la de zado por Horado Quiroga en dos náufragos •. (El yaciya­una realidad agresiva y dura desde la vida misma. El plan­
teré). Es el mismo cauce flu­que circunda al hombre. obli­ teamiento de la cuestión so­vial, cuyo paisaje, de sombría gándole a una lucha sin tregua cial en sus cuentos está mon­
belleza en algunos parajes, para sobrevivir. no sólo a la tado sobre la suma de los ele­
hace contrapunto a la agonía sel"a y sus peligros, sino tam­ mentos que tornan más exi­del .mensÚ. que yace en el bién a la soledad y sus ace­ gente la lucha por la supervi­
fondo de la canoa mordido por chanzas. La selva es un perso­ vencia: un sol fundente hasta
una serpiente venenosa (A la naje permanente de sus borrar los límites del horizon­deriva) . • cuentos del monte. -<amo te, tormentas diluvianas, cre­
denominó a los ambientados La región tripical de Misiones, cientes de Los ríos, alimañas
en el Chaco y Misiones-, donde Ouriga decidió insta­ venenosas. etc. El narrador se
agrediendo al ser humano con larse para el resto de su vida, ciñe a la presentación de si­
crueldad. delimitando y re­ forma parte de la cuenca del tuaciones humanas que sirven
cortando su esfuerzo. Plata. En esa zona se pueden de base al desarrollo de sus
visitar actualmente las ruinas La naturaleza se nos ofrece en ficciones literarias. No se ad­
acción. Se acude a una técnica de las reducciones jesuíticas, vierten esquemas teóricos de
pero en la época que llegó narrativa que procura im­ signo político alguno, como ha
pregnar al lector en vivencias. hasta ellas la expedición a subrayado uno de sus críti-
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la mano de obra de la reglon era el ~mensu". Sobre 5US espaldas se elevaron laa grande.fortun.s de 101 emprelilarlos.
cos (2), pero existe la clara in· plantaciones nuevas prospe­ tudo. las situaciones sociales,
tendón de no obviar I.olna raban, sin duda, y la lujuria se plantean al lector descar­
gama de problemas que si en· extraordinaria de las jóvenes nados, con toda la fuerza de
ratizan la circunstancia vital plantas conquistaba a los es­ alegato que por si solos con­
del trabajador de la selva, no peculadores. Pero aquel vicio
tienen. En Las fieras cómplices
descuidan las interrogantes no se obtenía sino a costa de
(I908), Los mensú (1914), Una que abren las consecuencias un surmenage feroz, que hacía
bofetada (1916), y en la anéc­futuras de las explotación ca­ rendir a las plantas, en ocho o
dota de Joao Pedro de Los des­pitalista. Los efectos de la ex­ diez años, sus reservas para
terrados (1926), se nos ofrecen tracción incontrolada de las toda la exislencia~.
imágenes del despotismo riquezas de la región forman La objetividad está en la base
ejercido sobre los peones. El parte de las preocupaciones del realismo en la parte más
patrón del obraje, el recibidor de Morán, protagonista de la importante de la producción
de madera, el capataz, emer­novela Pasado amor: «Las del autor (3); los hechos. sobre
gen ante el lector corno seres
(2) Emir Rodríguez. Monegaf, Genio y (3) Cfr. Emir Rodríguez MonegaJ, Ob­
arbitrarios y violentos. En Pa­Figura de Horaclo Quiroga, BuellOs Ai­ Jetividad de Horaclo Qulroga, Monte­
sado amor (1929), se narra res, Eudeba. 1967. pago 90. video, m~m., • 1950, pág. 5.
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de mujeres taciles, encontra­
ban pronto ocasión para eva­
dirse de su dura realidad por
medio de la bebida. Su escuela
había sido el trabaio exte­
nuante, el látigo del capataz, y
un sistema de explotación or­
questado para mantenerlos
embrutecidos. La misma na­
l-ración de Ouiroga nos des­
cribe "más adelante el meca­
nismo que facilitaba el nuevo
reclutamiento: «Cayé y Pode­
ley bajaron tambaleantes de
orgía pregustada y rodeados
de tres o cuatro amigas se ha·
liaron en un momento ante la
cantidad suficiente de caña
para colmar el hambre de eso
en un mensú.
Un instante despues estaban
borrachos y con nueva con­
trata firmada. ¿En qué traba­
jo? ¿En dónde? No lo sabían,
ni les importaba tampoco.
Sabían, sí, que tenían cua­
renta pesos en el bolsillo y la
facultad para llegar a mucho
más en gastos» (6).
En pocas líneas, el cuentista
nos revela, descarnadamente,
Su pelsonalldad,lmpulsada a una pelmanante actlyldad.1o lIeya a plobalse an Misiones en la espantosa miseria que
constante ,alea artesanat. Con un peón, constluyendo uns canoa.
aguardaba al peón durante su
permanencia en el área de las
« ... la costumbre aristocrática raguay, de la Argentina y del
compañías que le contrata­de Pablo de poner su revólver Brasil,. (5), escribia el español
ban, siempre bajo la vigi lan­en las sienes de los peones, por Rafael Barret en 1926, denun­
da del capataz: «Construyó poco que éstos se equivocaran ciando una situación que co­
con ho.ias de palmera su co­al efectuar un trasplante». nocía desde su período de mi­
bertizo -techo y pared sur, litante social en Asunción. En El sistema de reclutamiento
nada más-; dio su nombre de Los mensLÍ, Horado Ouiroga de mano de obra con destinoa
cama a ocho varas horizonta­nos relata que bajaban el río las empresas era primitivo, y
les, y de horcón colgó la pro­en dirección a Posadas, luego por regla general, funcionaba
vista semanal. Recomenzó, de un año o más de traba jo recurriendo al engaño. Posa­
alguna empresa, con el con­ (6) Obsérvese el paralelismo con la des· das estaba considerada en la
cripción que 1IOS o(rece. Ra(ael Barret. trato concluido y llevando épC)Ca, Junto con Villa Encar­
op. e11., pag. 39: .. Pero durante algunas consigo poco más que lo pues­nación, como «importante horas todavía, la "iClima es rica y libre.
Ma,¡arJ(,l el trabajo (or¿o.do, la infinita to: «Flacos, despeinados, en mercado de blancos» (4), y
(atiga, la fiebre, el ton"ento, la desespe­calzoncillos, la camisa abierta hasta su puerto llegaban los ración que nO acaba sino con muerte.
en largos tajos. descalzos la agentes de las compañías, in­ Hoy, la (ortuna, los placeres de la liber·
tad. Hoy vivir, vivir por primera y última mayoría ... ». En la indigencia cluyendo a las ubicadas en te­
vez.. Yel ni ,io eh(enno sobre el cual va a más extremada, incapaces, rritorio paraguayo, como la cerrarse!IJ verde j,tmetlsidad tkl bosque,
luego de largos meses de pe­ donde será para siempre la más hosti­Matte Larangeira y La Indus­
gada de las bestias, reparte su te.soro en­nosa miseria en el obraje, de trial Paraguaya. «De 15 a
tre las chinas que pasa". compra por
resistir la tentación que signi­20.000 esclavos de todo sexo y declmas (rascos de perfumes que tira sin
ficaban las «bailantas» situa­ vaciar, adquiere "na tienda entera para edad se extinguen actual­
dispersarla a los Cl/atro vientos, grita, das estratégicamente en el mente en los yerba les del Pa- TÍe, baila -¡ay {renes; {u"erariof- se ,
camino de retorno y colmadas abraza con rameras latl infelices como (4) Rafael Borret, Lo que son los yer­
tJ, se embriaga cOn un supremo afán de bales paraguayos, Montevideo, Clau­
(51 Ibidem, pág. 38. olvido, se enloquece •. dino Carda, 1926, púg. 39.
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vos, para poder llegar a su dro, dos envejecidos peones, automáticamente, sus días de
ofensor, el patrón de un obraje obraje: silenciosos mates al que anhelan finalizar sus días
maderero, y ejecutar su ven­levantarse, de noche aún, que en el Brasil natal. Para cum­
ganza. Pero estos hechos eran se sucedían sin desprender las plir su ob.ietivo deben atrave­
excepcionales. La única sal.ida manos de la pava; la explora­ sar el bosque de Misiones,
para la esclavitud que impo­ donde perecerán, finalmente, ción en descubierta de made­
nía la contrata, era la fuga del ra, el desayuno a las ocho; ha­ devorados por los obstáculos
establecimiento. Esta huida rina, charquey grasa; el hacha que les opone la selva (Los des­
enfrentaba al mensú con dos luego, a busto descubierto, terrados).
cuyo sudor arrastraba tába­ enemigos igualmente terri­ Sobre la explotación de la
bles: los rifles de la partida or­nos, barigüis y mosquitos; mano de obra que les propor­
después, el almuerzo -esta ganizada para perseguir al de­ cionaba el mensú, las compa­
sertor y encabezada por el ca­vez porotos y maíz flotando en ñías podían permitirse arries­
la inevi table grasa-, para pataz, y la selva que presen­ gadas maniobras. Una de ellas
taba una barrera de ki lóme­concluir de noche, tras nueva se desa rrolla en Los pescadores
tras de monte virgen, erizado lucha con las piezas de 8 por de vigas, donde el dueño de un
30, con el yopará de medio­ de peligros. La violenta y exu­ obraje ordena aprovechar la
berante espesura tropical so­rua». (Los mensú). creciente del río Paraná y lan­
Para emregar el producto de lía extennioar a los hombres zar los troncos a la deriva, con
su trabajo el peón debía reco­ que las balas de las partidas finalidad de recobrarlos va­la
rrer, arrastrando su carga, pi­ no habían logrado abatir. Es rios kilómetros más allá, aún
cadas abiertas en la selva y la suerte que aguarda a Pode­ teniendo conocimiento de que
sortear los peligros consi­ ley. que muere en la selva el procedimiento provocaría
guientes hasta llegar a la zona acompañando a Cayé cuando pérdidas cuantiosas. Otro sis­
donde se realizaba la recep­ ambos deciden fugarse. Y éste, tema consistía en el engaño de
ción del material. En Las fie­ marcado al fin por el destino la masa de peones, tal como.
ras cómplices, se detallan los inexorable del mensú, logra sucede en la novela Pasado
procedimientos utilizados por escapar tan sólo para caer en amor: «Habiéndose decidido a
los revisado res de la madera una nueva contrata que lo re­ emplear por primera vez la
para sustraer una parte sus­ gresa, repleto de alcohOl, al azada en la carpida de las ca­
tancial de lo obtenido por los obraje maderero (Los mensú). lles del yerbal, Salvador, so
Idéntica es la alternativa que peones con su esfuerzo en el pretexto de que no podía
monte: «Es inútil que el mÍ­ entren tan Tirafogo y Joao Pe- apreciarse el costo de ese tra-
sero hacheador defienda sus
puLgadas, que le han costado
horas de calor, mosquitos y
víboras en el monte; el revisa­
dar suelta la risa y le advierte ~ a'r . .!' & aJ...{J
que, si sigue molestando, se va /'f"tJ)L rP ... ,.:,- d2J...z • a ver en la necesidad de ha­
I~ .. p-cerle volar los sesos. El ha­ j4;-(;:¡;.<- ~ ¿__ -....) CiR.;
cheador baja la cabeza, en­
trega la madera sin deci¡' una /'7/): L~ a. _ ~ -I.~L/"' ... ..;~
palabra y así hasta la viga si­
/7.t.Ó guiente. ¿ Qué hacer? A veces f.I' M~;.
hay desquites trágicos, pero el /9,2.0 /.., V-e1l...r n ¿"~ temor al «patrón» es dema­
/7~':'" siado grande». ~~~ ..... -
La venganza surge, algunas ¡,..P./ &...0..-/.. al. 1'_ ,¿,J_ veces, con violencia inaudita
/7.2..r­engendrada por la llamarada ~(.:"
del alcohol, que por esa razón /,J~ ",e., ~...¡.., está prohibido en los obrajes;
/~..IP otras, era madurada larga­ /4--'- c.~ mente, como sucede en el
cuento Una bofetada. En él se
nos relatan los sucesivos in­
tentos que realiza un peón,
Página manuscrita. dondaalautor uruguayo ha dejado unansla de libros publicados durante
durante tres años consecuti- au vide.
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bajo, nuevo en el estableciw des para organizar sindicaI­
m¡'ento, fijó a la tarea un pre­ mente al mensú,su ignorancia
cio irrisorio: digamos quince del sentido de la huelga y las
pesos pdr hectárea. Los peo­ consiguientes limitaciones
nes mostrábanse muy desa­ para comprender a los dele­
w nimados; pero Salvador les gados. No obstante, de la lec
habló uno por uno, desde lo tura de Los precursores emerge
alto de su caballo, con las si­ una conclusión: la solidaridad
guientes palabras: -Vamos a que estaba latente en el sufri­
hacer un ensayo solamente. Si mienlü compartido por todos
vos perdés, será por una sola en el duro oficio del mensú y
vez. Tenemos tarea de azada que fue, en definitiva, la semi­
para muchos años, y entonces lla que fructificó. El cuento ha
será otro precio. Este razona­ sido escritoco~ mano maestra
miento, reforzado por la ele­ v hundo humanismo; esto
gante figura del patrón, sus queda claro en el tierno hu­
guantes etet-nas y la fatal se­ mor empleado por el autor
ducción del sahib, decidie­ para trazar las peripecias de
ron a los peones. La carpida de sus personajes durante la
azada no costaba entonces, en primera manifestación reali­
el mejor de los casos, menos de zada el 1.0 de mayo en la re­
cuarenta pesos por hectárea. gión: «Asf íbamos en la prj-Horacio OUlrog8. luciendo aun cierto aire
modernillta, en la epoca de .. Cuentos de Los peones ganaron en ham­ 1111:'1"a manifestación obrera de
amor, de locura y de muefte'·.
bre y misena de sus fam ¡ lias 10 Guaviró-l11i. Y la Iluvía caía
que habían perdido L'n d tra­ que daba gusto. Todos se­
bajo. Fue sólo un ensayo, es El ciclo de lema sodal se cie­ gUIamos cantando y cho­
cierto: pero Salvadur, satisfc­ rreando agua al gringo Van­ITa, en d nan"ador de Misio­
chísimo de el, habia reducido su i te, que iba adelante a ca ba­nes, con Los precursores
ese m~s en cuatru ü cincu mi! Ilo, llevando el trapo rojo. ¡Era (1929), Un esquema que ade­
pesos los gastos del estable­ lanta este cuento aparece tres para ver la cara de los pa tro­
cimiento ,) . añt.>s antes, en ulra narración: nes al paso de nuestra mani­
«Para mayor extravío, iniciá­ festación, y los ojos con que los Según testimonio de los auto­
base en aquellos ruas el mo­ bolicheros miraban a su co­res de una de sus primL:ras
vimit'nto obren), en una ¡"e­ lega Vansuite, duro como un biografías, Horacio Ouiroga
gión que no conserva del pa­ general a nuestro frente! Di­habia expresado su intención
sado ,iesuftico. sino dos dog­ mos la vuelta al pueblo can­de escribir sobre el problema
mas: la esclavitud del trabajo, tando siempre, y cuando vol­social (7). Lo cierto es que sus
para el nativo y la inviolabili­ vimos al boliche estábamos cuentos Las fieras cómpLices
dad del patrón. Viéronse hechos una sopa y embarra­(1908), Los "'€l/SÚ (1914), y
hudgas de peones que espera­ dos hasta las orejas por las Una bofetada (1916), se ade­
ban a Boycotl, como a un per­ costaladas». lantan considerablememe a
sonaje de Posadas y manifes­toda una temática literaria Ouiroga tuvo, como hombre,
taciones encabezadas por un rioplatense y «hasta ameri­
cIara conciencia de su época, y
bolichero a caba!lo que lle­cana de realismo social »; casi
en su actividad como escritor vaba la bandera roia, mien­comemporánea de Mariano
no eludió la responsabilidad tras que tos peones 'analfabe­Azuela. Los de abajo (1916), que implicaba ese hecho. Su'
tos cantaban aprelándose al­precede al boliviano rebeldia frente al problema
rededor de uno de ellos, para Argucda~ Raza de bronce social irresuelto proviene de poder leer la Internacional (1919) ya José Eustaquio Ri­ esa necesidad suya, ejercitada
que aquel mantenía en alto. vera, La vorágine (1924), ha cabalmente, de «volver a la
Viéronse detenciones sin que escrito Emir Rodl-íguez Mo~
vida» en arte. Por ello mismo, el alcohol fuera su motivo, y negal (8).
el gran fresco de la selva mi­
hasta se vio la muerte de un
sionera que nos pintan sus me­sahib (Los desrerrados). (7) Cfr. : José M. Ddgudo y ~1lberlo
jores cuentos nos sumerge en Brig~JOle, Vida y obra de Horado Oul­
roga, M011levideo, Claudio Gareja, el ambiente vivo y palpitante, Lajergapintoresca de un peón
1939. nos informa del nacimiento de de un período,. y adquiere
(8) Emir Rodríguez Monegal, Genio y
la agi tación obrera en Misio­ pe r s p e e t: i va un i v·e r­figura de Horaclo Oulroga,
cit., pág. 88. nes y las esperables dificulta- sal. • N. M. D.
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