El papel de los mediadores

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Colecciones : Educación y biblioteca. Año 11, n. 105
Fecha de publicación : 1999
Publicado el : domingo, 29 de julio de 2012
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Fuente : Gredos de la universidad de salamenca
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ar, un deseo mal afna­
ciales definitivos. Sin duda hay personas -incluyén­ do de leer o aprender, e incluso revelarlo. Y otros
donos a todos nosotros en ocasiones- que leen como mediadores podrán acompañar enseguida al lector,
quien se chupa el dedo. Pero si el poder ha temido en diferentes momentos de su recorrido.
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Este mediador es a menudo un maestro, un biblio­ escolar. El/a me aydó mucho también. Sobre todo
en francés. como yo tenía muchos problemas en esta tecario, un documentalista, o a veces un librero, un
prefecto, un trabajador social o un animador social materia. debía ponerme al corriente.
voluntario, un militante sindical o politico, hasta un y en la biblioteca, Hava intercambiaba también
amigo o alguien con quien se topa uno. Apoyándome conocimientos, experiencias, con otros usuarios que,
siempre en las entrevistas que realicé durante mis como ella, iban a hacer sus tareas.
investigaciones, tomaré algunos ejemplos que se Cuando encontramos a esta jovencita vivaz, tenía
referen a veces a maestros, y más a menudo a biblio­ veinte años. Cursaba el último año de preparatoria,
tecarios, dejándoles como tarea, una vez más el tras­ quería ser maestra. Desde entonces ya era animadora
ladar a su propia actividad y a su propio contexto intercultural y ayudaba a los niños del barrio a hacer
la tarea. También era lectora. En las joradas ante­estas experiencias de otro continente.
riores la cité; es a ella a quien le gustaba leer a Víc­
tor Segalen, porque le parecía que le devolvía su dig­Una relación personalizada
nidad a la gente sencilla. También nos habló de
Par que entiendan hasta qué punto un mediador Agatha Christie, de Shakespeare, de escritores turcos
puede infuir en un destino, les daré un primer ejem­ y antillanos, etc. Las cosas no son tan sencillas para
plo. El de Hava, una jovencita de origen turco que, Hava: se siente desgarrada entre su deseo de emanci­
ts haber vivido hasta la edad de diez años en un pación y el apego a sus padres. Y aunque éstos evo­
barrio marginado de Estambul, fe a dar a Francia, a lucionan, lo hacen menos rápido que ella. Pero ella
una ciudad de provincia, donde su padre, albañil, está mejor armada para enfrentarse a los obstáculos
había llegado para probar suere. que encontrará en su camino.
Debido a su ignorancia inicial del fancés, Hava Aquí podemos ver que con el apoyo simultáneo de
estaba muy atrasada en su formación escolar. Y ya se un maestro, una bibliotecaria y una documentalist
disponía a dejar sus estudios en segundo año de pudo modifcar su destino.
secundaria para buscar un trabajo, como era el deseo Tomemos otro ejemplo, el de Zohra. A Zohra tam­
de sus padres. Le cedo la palabr: bién la nombré ayer; es la muchacha cuyo padre,
Se lo había dicho a mi maestro de matemáticas y muy hostil a la cultura letrada, analfabeto, pese a
él me dio: "¡Estás loca! En qué podrías trabajar al todo "leía" el periódico con asiduidad, a su modo,
salir de segundo de secundaria ". Y yo le die: "Sí. particularmente para seguir los resultados de las
pero ya tengo quince años. Voy a salir. voy a traba­ carreras. Escuchémosla:
jar. Voy a hacer un certicado de aptitudes profe­ Mi vida escolar fue muy difcil. llena de facasos.
sionales ". Y él me contestó: "No. Yo te aconsejo que Las cuatro llegamos a Francia entre las edades de
termines la secundaria para ver. tal vez las cosas tres y cinco años. Yo hablaba argelino. Cuando entré
cambien ". Yo quería mucho a ese maestro [ .. ] a la primaria me costó mucho trabajo adaptarme. y
Entonces le die que sí. para darle gusto, y también luego sufrí la separación de mi madre. Nos pusieron
para ver qué pasaba: "Terminaré la secundaria. así en los grupos no francófonos que había en la época
obtendré mi certicado; un certicado, para mí, era [,,] Chapurreábamos el francés. Pero yo sentía
mucho en esa época: ahora ya no signiica nada ". mucho cariño por mis profesores en forma indivi­
Así que me die: "Voy a intentarlo y luego me pon­ dual. Es decir. adoraba a la maestra, le escribía tar­
dré a buscar trabajo ". Porque todo el tiempo me jetas postales que nunca le enviaba. Quería mucho a
habían remachado "trabajar, trabajar ". Así, termi­ los maestros porque transmitían cosas, estaban allí,
né la secundaria y me die: "Quiero ir un poco más eran personas sensatas. que razonaban, que com­
lejos ". Es verdad que me entendía bien con mis prendían, mientras que mis padres no comprendían.
maestros [ .. ] Además el/os ya se habían dado cuen­ Eran adultos dierentes a los que me rodeaban. Me
ta de que la escuela era el único lugar donde yo me dieron una fuera. Después de todo había otras per­
sentía bien [. . .] Eran los únicos que no me decían sonas aparte de los padres. de la vida tradicional en
todo el tiempo: "Tenes que casarte ". Además me familia. Me ayudaban a abrirme hacia el exterior, al
enseñaban muchas cosas. igal que las bibliotecarias. Eran otros adultos que
Durante todos estos recorridos, Hava encontó no me consideraban una bebé o una niñita que está
apoyo en las bibliotecarias de su barrio: para hacer el quehacer.
Tenía muchos problemas por haber llegado gran­ Vivíamos en un capullo familiar muy fuerte. Mis
de a Francia, pero ella me ayudó mucho. Tuve suer­ padres nunca recibían visitas, amigos franceses o
te, hay otras que no te ayudan [. . .] En fancés, me argelinos [.,,] Es muy diil cuando ésa es la única
corregía mis resúmenes. Me decía: "Mira, no se dice referencia que se tiene de joven. Es como si estuvie­
así, mejor di/o así ". O los errores de gramática. Ella ras completamente aislada. El libro era la única
me explicaba, se daba tiempo para hacerlo. Decía: forma de salirme de eso, de abrirme un poco.
"De matemáticas, bueno, mejor no me preguntes Zohra y sus hermanas le habían arrancado a sus
nada porque ... " Me ayudaba mucho. Nunca la olvi­ padres el derecho de ir a la biblioteca. Escuchémosla
daré. O si no, era la documentalista de la biblioteca de nuevo:
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La biblioteca fue un hallazgo extraord inario por­ hasta su ofcio de bibliotecaria y su deseo actual
de escribir. Tal vez el gusto por leer y escribir le que modicó el curso de mi vida. Me permitía salir
de mi casa, conocer gente, ver cosas interesantes. nació "por transferencia", por amor a alguien,
como esa maestra, que b'l staba de leer y escribir. Es cuchaba cosas, porque en las bibliotecas se dicen
muchas. Había conversaciones. La hihlioteca, para y como esas bibliotecarias a las que admiraba,
mí, er a también un lugar de intercambios, hasta quienes acompañaron y sostuvieron su recorrido
personal. cuando se oía a Jos pequeñitos reír, jugar, correr por
todas partes r . .] Era un lugar vivo, donde pasaban El gusto por leer no puede surgir de la simple fe­
cuentación material de los libros. Un saber, un patri­cosas. El lihro nos lo podíamos llevar a casa y des­
monio cultural, una biblioteca, pueden ser letra pués devorarlo, mirarlo. Fue allí donde verdadera­
muerta si nadie les da vida. Sobre todo si uno se sien­mente leí, devoré, recibí consejos de los biblioteca­
te poco autorizado para aventurarse en la cultura rios. De inmediato los intercambios fueron agrada­
letrada debido a su origen social o al alejamiento de bles. Iba a la biblioteca a leer, por mis lihros, a
los lugares del saber, la dimensión del encuentro con escogerlos, y por el contacto con las hibliotecarias.
un mediador, de los intercambios, de las palabras En verdad era muy importante. No quiero decir que
"verdaderas" es esencial. anduviera detrás de ellas, en espera de sus sugeren­
cias; pero con mucha frecuencia ellas podían darm e Transmitir el amor por la lectura:
ideas de lectura, y cuando me llevaba algún lihro me
¿una apuesta para el maestro?
decían: "Ah, ya leíste éste, te voy a recomendar este
otro". Regresemos por un momento a la institución
Hubo mu je res bibliotecarias que me marcaron escolar. Ayer les comentaba que esos jóvenes no
mucho. Es un trabajo muy femenino. ¡Las mujeres eran muy benevolente s con la escuela y que solían
son tamhién las mejores lectoras del mundo a pesar decir que la escuela les había quitado el gusto por
de que tienen menos tiempo que los hombres! leer, porque lo había convertido en una obligación,
Zohra soñaba con ser impresora pero, a diferencia en una disección de textos, textos que no les decí­
de Hava, tuvo que interumpir sus estudios al termi­ an nada la mayor parte de las veces. "Cuando me
nar la secundaria: se le reprochaban sus malas calif­ han obligado a leer, he reaccionado en fora siste­
caciones en las materias científcas. La cito nueva­ mática", dice un muchacho. Y otro más: "¡Qué
mente: fojeral ¡Gucalal En los libros no haces más que
En fr ancés sacaba buenas notas, el francés me trabajar".
gustaba mucho porque había lecturas. Pero luego En realidad, el efecto de la escuela sobre el gusto
me pidieron que ap robara una serie de materias por la lectura es a menudo complejo. Escuchemos a
que no eran de lectura, materias cientíicas, mate­ Bopha, por ejemplo. En un primer momento, en la
máticas, y yo era incapaz de hacerlo. La escuela escuela adquirió el gusto de leer, según dice:
no fue placentera, no me ay udó, pese a que la lec­ Recuerdo muy bien cómo fue que le encontré
tura era muy importante para mí. Nadie me sacó gusto a la lectura. Present ando un libro a mis com­
de ap uros. Más bien me dejaron hundir, me orien­ pañeros en primero de secundaria. Tenía que expo­
tarn hacia una carrera corta. Así pues, me con­ ner a mis compañeros un libro que hubiera leído y
vertí en secr etaria, sin mucha pasión. Asistí al escogí "Of mice and men ", de Steinbeck. Era la his­
liceo pro f esional durante dos años para convertir­ toria de un retrasado mental, la historia de la amis­
me en secretaria. Seguía yendo a la biblioteca; ya tad entre dos hombres. Ese libro me marcó prom­
tenía J 6, J 7, /8 años. damente, y a partir de él empecé realm ente a leer
Pero un día, para buena suere de Zobra, le pro­ otras cosas, a leer libros sin imágenes, a leer auto­
pusieron que sustituyera a otra secretaria en la res. A frecuentar las hibliotecas, sigu iendo a mi her­
biblioteca, y poco a poco decidió convertirse en mana, para ir a ver los libros, hojeando, mirando.
bibliotecaria. Se formó de manera autodidacta, par­ Pero estuvo a punto de perder ese gusto en la pre­
ticipó en los concursos respectivos y los aprobó. paratoria (a la que en teoría se ingresa a la edad de
Así, para Zohra, la maestra a quien le escribía quince años):
tarjetas postales que nunca le enviaba tal vez Pienso que en la preparatoria uno le toma aver­
desempeñó, en forma precoz, el papel de destinata­ sión a la lectura porque hay demasiadas cosas que
ria -probablemente sin saberlo-, en un proceso que hacer, nos encargan tanto trabajo, sobre todo en la
se asemeja a la transferencia psicoanalítica: es pre paratoria donde yo estaba, una escuela bastante
decir, alguien que nos acoge, que recoge las pala­ estricta, que ya no tenía ninguna gana de leer. Ya no
bras del otro, que es el testigo de su deseo, con me acuerdo en absoluto de los libros que me gusta­
quien se establece un lazo parecido al amor. El ron. Sobre todo los de flosofa me caían como
deseo de Zobra tenía mucho que ver con las letras; bomba. L cabeza me estallaba. No eran escapato­
es lo que se oye a lo largo de todo su relato, desde rias para mí Más bien al contrario, tenía que con­
las taretas postales nunca enviadas hasta su voca­ centrar me para meterme en eso. Si no te concentras,
no entiendes el sentido. Realmente, para mi no es un ción de impresora, desde la pasión por los libros
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placer leer cuando me obligan a hacerlo contra mi primara que en secundaria o en preparatoria. Ade­
voluntad. más estoy resumiendo y simplifcando este tema en
También les contaba en la jorada anterior que una fonna que horrorizaría a los especialistas en his­
algunos sociólogos, tras analizar las cifras, corrobo­ toria de la educación. Pero alguien que conoce bien
raban las afnnaciones de estos muchachos (1), es esta historia, Frncis Marcoin, escribió: "Apenas es
decir: que en particular en la preparatoria. donde la exagerado decir que en 1968, en las universidades, la
postura del lector debe ser mucho más distante y el lingüística era de izquierda y la literatura, de derecha.
acercamiento más erudito, muchos jóvenes pierden Esta curiosa dicotomía inspirará durante mucho
el gusto por leer. Desde luego, hay otros factores que tiempo la pedagogía del francés, empeñada en borrr
intervienen en esta edad, pero la enseñanza en sí al del aprendizaje de la lengua cualquier uso literario
parecer tiene mucho que ver. considerado elitista, nonativo, y casi ajeno al públi­
El psicoanalista Bruno Bettelheim decía que pa co interesado" (3). Menciona también que el esque­
sentir muchas ganas de leer, un niño no necesitaba ma de la "comunicación" había sido el pilar de la for­
saber que la lectura le serviría más adelante. En vez mación lingüística de los maestros durante diez lar­
de ello -ito-: "Debe estar convencido de que éste le gos años.
abrirá todo un mundo de experiencias maravíllosas, Pero con toda la voluntad de desacrlizar las
disipará su ignorancia, lo ayudará a comprender el letras, muchos de los que hacían votos por estos cam­
mundo y a dominar su destino" (2). Según él, debe bios, de quienes los pusieron en práctica,
sentir que en particular en la literatura hay un "arte olvidaron que en la desigual habilidad para manejar
esotérico" que le revelará secretos hasta entonces el lenguaje no infuye simplemente la posición más o
ocultos, un "arte mágico" capaz de ofecerle un menos privilegiada que uno ocupe dentro del orden
poder misterioso. social. Y que el lenguaje no es simple vehículo de
Desconozco por completo cómo se enseñan la len­ infonación, un simple instrumento de "comunica­
gua y la literatura en las escuelas mexicanas; espero ción". Olvidaron que el lenguaje tiene que ver con la
que en un rato ustedes me lo expliquen. Pero en Fran­ construcción de los sujetos hablantes que somos, con
cia, durante los últimos treinta años, me parece que la la elaboración de nuestra relación con el mundo. Y
enseñanza ha evolucionado más bien hacia lo opues­ que los escritores pueden ayudaros a elaborar esa
to de la iniciación a un "arte mágico", y que de mane­ relación con el mundo. No debido a una inefable
ra general ha asignado una pare menor a la literatu­ grandeza aplastante sino, al contrario, por el desnu­
ra. Con la mejor intención del mundo, por cierto: era damiento extremo de sus cuestionamientos, por brin­
en gran parte el efecto de una critica social mezclada daros textos que llegan a lo más profundo de la
con sociología que sólo veía en la lectura literria experiencia humana. Textos donde se realiza un tra­
una preciosidad, una coquetería de la gente bien naci­ bajo de desplazamiento sobre la lengua, que nos per­
d. mite abriros hacia otros movimientos.
De hecho, diversos factores han contribuido a Al privilegiar las técnicas de descifamiento de los
este cambio en la enseñanza del francés. La indus­ textos, los enfoques inspirados en la semiología y la
tria tenía una urgente necesidad de ingenieros, y se lingüística lograban una distancia mayor en relación
elaboraba otra concepción de la cultura general, con dichos textos. Hasta el momento en que los pro­
otros modelos de lectura. Además, cabe señalar fesores fueron sacudidos por el libro de Daniel Pen­
que esta enseñanza necesitaba una buena desem­ nac, Como una nove/a, que se presentaba como un
polvada. A lo que llevaba era a una especie de alegato a favor de la "lectura placer" y rehabilitaba la
panteón, a un monumento austero, pomposo: un oralizaciÓn. Y que reivindicaba, frente a los que cla­
corpus de grandes textos clásicos, que te miraban maban que "había que leer", el "derecho a no leer".
desde arriba a menos que un maestro con genio Lo que tal vez es un poco limitado.
supiera darles vida. Así pues, en los años sesenta y Nuevamente, estoy caricaturizando la situación
setenta se criticó mucho esta fona de dejarles caer para hacerles sentir lo esencial, para que ustedes pue­
encima a los muchachos fgmentos literarios esco­ dan encontrar las semejanzas - las diferencias­
gidos con fines de edifcación moral. En este méto­ entre esta situación fancesa y la de su propio siste­
do se descubrió algo que contribuía a reproducir ma de enseñanza. Y, desde luego, hay que decir que
cierto orden social, pues sólo los niños de los en todas las épocas, pese a las limitaciones que se
medios favorecidos se sentían en su elemento en han impuesto, a las modas y a los cambios en los pro­
esta cultura letrada que era el pan de cada día para gramas, siempre hubo maestros que supieron trans­
sus familias. Se rompió de tajo con la identifica­ mitir a sus alumnos la pasión de leer, como veremos
ción. Y poco a poco se fe privilegiando un enfo­ en un momento. También hay que decir que se les
que que se creía más democrático, más "científ­ pide algo imposible, un verdadero rompecabezas
co", inspirado en el estructuralismo y la semiótica. chino. Se espera que enseñen a los niños a "dominar
Evidentemente, habría que afnar las cosas, sobre la lengua", como se dice en la jerga ofcial. Que los
todo para ajustarlas a los momentos de la trayectoria inviten a compartir este supuesto "patrimonio
escolar: no se enseña francés de la misma manera en común". Que les enseñen a descifar textos, a anali-
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zarlos, a tomar cierta distancia. Pero, además, que los maestros que fomentaban el ascenso sociocultural de
inicicn en el "placer de leer". Todo esto es materia de los niños prestándoles obras de su biblioteca perso­
numerosos debates, de numerosas interrogantes en la nal, como una mujer que dice: "Nuestra maestra de
profesión. escuela era muy culta y tenía libros y viejas estampas
Pero regreso a mis investigaciones. Durante las a todo lo largo de su escalera. Para mí era un verda­
entrevistas que realizamos había algo que me llama­ dero placer; yo creo que allí debí atrapar ese virus
ba la atención: estos jóvenes tan críticos hacia la [ ... ] al subir esa escalera de caracol encerada, verda­
escuela, entre frase y frase evocaban a veces a un deramente impecable, y viendo todos esos libros".
maestro que había sabido transmitirles su pasión, su Pero si el maestro es presentado por esta población
curiosidad, su deseo de leer, de descubrir. E incluso rural como alguien que inspiró el gusto por leer, es a
hacerlos amar textos difciles. Hoy, como en otras menudo en una relación personalizada, individual,
épocas, aunque la escuela tenga todos los defectos, fera del marco escolar.
no falta algún maestro singular, dotado de la habili­ Esta dicotomía entre la escuela como institución y
dad de introducirlos a una relación con los libros que un maestro singular no es exclusiva de Francia. Por
no sea la del deber cultural, la de la obligación auste­ ejemplo, un investigador alemán, Eric SchOn, que ha
ra. Daoud, un muchacho al que ya he citado, estable­ estudiado las biografas de muchos lectores jóvenes,
ce la diferencia entre la "institución" -donde dice él: señala que para ellos "la escuela aparece como la ins­
"hay profesionales que están allí para instruir a la titución con mayor responsabilidad por la pérdida del
gente"- y lo que él llama "la creación", donde: encanto amable de las lecturas de infancia". Leer fe
Hay gente que rebasa, que va más allá de sus fun­ primero "algo maravilloso... hasta que hubo que
ciones, de su trabajo, para apor tar lo que es en rea­ tomar los cursos de literatura alemana". Pero aquí
lidad. Me he topado con profesores de francés que también, "la imagen negativa que se atribuye a los
tenían en su clase a gente desagradable que no los cursos de literatura contrasta con los numerosos
escuchaba pero que en cuanto veían que alguien se enunciados positivos acerca del profesor como indi­
interesaba, tratahan pese a todo de ap ortar algo más viduo y su influencia positiva sobre la motivación del
que sus horas contahilizadas. alumno" (4).
Su propia historia está marcada por encuentros Con esos maestros, la lengua, el saber, que hasta
con profesores y bibliotecarios que lo ayudaron a entonces eran ámbitos que los repelían, se vuelven
avanzar, mediante una atención personalizada que acogedores, hospitalarios. Esos textos absurdos, pol­
iba más allá de sus fnciones estrictas. vorientos, de repente cobran vida. Curiosa alquimia
Hice los peores estudios posible en el sistema del carisma. Del carisma o, una vez más, de la trans­
escolar francés. Es decir, el diploma técnico, las tec­ ferencia. Evidentemente, no toda la gente puede
nologías, cosas sin ningún interés. Si emhargo, los desencadenar esos movimientos del corazón. Pero,
profesores de francés eran muy inter esantes. Fueron en cambio, creo que todos: maestros, bibliotecarios o
ellos quienes me llevaron a leer, por ejemplo, investigadores, podemos interrogamos más sobre
"1984" de George Orwell, cosas como esa, que yo nuestra propia relación con la lengua, con la lectura,
nunca hahría leído por mi cuenta. No es la escuela, con la literatura. Sobre nuestra propia capacidad para
no es la institució n: son los maestros quienes me vemos afectados por lo que surge, de manera impre­
enseñaron. visible, a la vuelta de una frase. Sobre nuestra propia
Lo mismo sucedió con Nicolas, quien detesta el capacidad para vivir las ambigüedades y la polisemia
sistema escolar, pero a quien un maestro le infundió de la lengua sin angustiamos. Y para dejamos llevar
el gusto por leer al dejarle el espacio de la elección: por un texto, en vez de intentar dominarlo siempre.
Al princi pio, hubo muchos encuentros, fue un Citaré un último ejemplo, tomado esta vez del
maestro quien nos empujó realmente. Nos propuso novelista antillano Patrick Chamoiseau, al que ya he
algunos libros: "¿Quién quiere leer esto " o "Mir en, nombrado. En el libro titulado Camino de la escuela,
tengo cuatro o cinco lihros, ¿quién quiere leer evoca a un maestro que le resultaba repulsivo. Un
éste?" No era: "Todos tienen que leer esto y luego negro blanqueado con cal. Rígido, austero, que
contarme lo que pasa ". Era más abierto, era: reprende a los niños por cada giro idiomático y per­
"¿Quién quiere leer esto?" sigue cualquier rastro de lengua créole en sus pala­
Cuando hacíamos entrevistas en el medio rural, bras. Pero algunas veces este maestro olvida un poco
era algo parecido. Aquí también los efectos de la su actitud de dominio y uno percibe que le gusta leer.
escuela sobre el gusto por la lectura son complejos. y es entonces, desde luego, cuando llega a los niños.
En todas las generaciones, las lecturas impuestas -en Escuchemos a Chamoiseau:
especial las de autores c1ásicos- han desalentado a El maestro leía para nosot ros, pero pronto se
leer. Pero para buena parte de la población rral, en dejaba llevar, olvidaba el mundo y vivía su texto con
particular la gente de mayor edad o la más desprote­ una mezcla de abandono y vigilancia. Abandono
gida, la escuela ha sido "la puerta abierta", el lugar por que se entregaba al autor; vigilancia porque en
donde se podía acceder a los libros que tanta falta su interior seguía viviendo un viejo controlador al
hacían. Estas personas han conservado el recuerdo de acecho, buscando la ocasión para la eufonía desola-
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da. Jo idea ablandada por una debilidad del verbo sabía que yo era princi piante. Me conoce desde que
[ .. ] El negrito seguía con la boca abierta. no el teto era chico; me sacaba cuando me portaba mal.
El camino de Daoud, ya lo die. estuvo marcado sino los banquetes de placer que el maestro se daba
con las palabrs (5). por sus encuentros con los biblio tecarios. hasta el día
Para transmitir el amor a la lectura, y en particular de hoy en que. como dice él: "en cuanto [los biblio­
a la lectura literaria, hay que haberlo experimentado. tecarios] ven que estás interesado en el lib ro, que
Uno podría pensar que ese gusto se debe dar por haces algo interesante. comienzan a interesarse en ti.
hecho en nuestros círculos donde el libro es un obje­ Quiero decir. es recíproco". Cito ahora a otro mucha­
to fa miliar. No obstante, como ya he dicho, eso está cho, Abdallah: "Ella conocía mis gustos. Al principio
muy lejos de ser cierto. me atraía algo, pero ella sentía que no era mi gusto
principal. y yo no lo sabía. Y me aconsejó otros
libros. Yo pensé: 'No tiene nada que ver con lo que La hospitalidad del bibliotecario
quería', pero de todos modos me gustaba. Y cada vez
Cuando escuchamos lo que dicen los lectores, no ella me daba algo dif erente, y eso me gustaba siem­
ya de los maestros sino de los bibl iotecarios, encon­ pre ... "
tramos cosas parecidas. En los bar rios urbanos mar­ O puede ser alguien que les ayudó a hacer una
ginados, numerosos jóvenes han expresado la impor­ investigación, como Christian:
tancia decisiva que tuvo para ellos una re lación per­ Siempre me sorprende. me sorprende agradable­
sonalizada con algún mediador, incluso si fu e efme­ mente, ver la dedicación de las personas que traba­
ra. Puede tratarse de alguien que los ha apoyado, jan en la biblioteca. Uno les expone el tema y ya
ayudado a ir más lejos, como en el caso de Hava, la está: se movilizan y todo se pone en movimiento para
joven de origen turco que cité antes. O puede ser ayudarte. Es realmente sorprend ente. Ahora ya estoy
alguien que les ha leído historias cuando eran peque­ acostumbrado. pero al princi pio eso me dejaba con
ños. Como en el caso de Ridha; escuchémoslo: la boca abierta. Me preguntaba yo: "Pero. a fn de
Recuerdo que ese bibliotecario tenía una forma cuentas. ¿qué importa lo que busco yo? "
de trabajar muy interesante. Por momentos se dete­ Como dice también Hadrien: "Es muy importante
nía en su trabajo. reunía a varios niños y les conta­ que haya personal que crea en la gente. en las perso­
ba historias [ . .] Es alguien que te pasa la corriente. nas, que crea que a la gente le pueden interesar cosas
a quien le gusta su trabajo. y que nos hizo amar la y que es posible "atrapa rla". En la medida en que
lectura porque tenía una forma bella de contar. sim­ crea en el potencial de la gente para ser curioso, para
plemente. interesarse, ese personal tiene un importante papel
Muchos jóvenes han evocado, como él, "la hora que desempeñar".
del cuento", ese placer de escuchar a un bibl iotecario Estos jóvenes están atentos a todos estos gestos
leyendo historias. Como Saliha: con los cuales los biblio tecarios les demuestran su
Lo que también me gustaba era su forma de con­ hospitalidad, el gusto por su trabajo. Daoud, nueva­
tar. Me maravil laba. El tono. todo eso. Me sen tía por mente:
completo dentro de la historia y la seguía. pues él Hay bibliotecarios que hacen su trabajo aquí. que
hacía gestos y ademanes que me conmovían [ . .] Es son creativos ante todo [ .. ] En la colocación de los
bueno que los bibliotecarios lean libros. eso despier­ libros; en el hecho de orga nizar actividades que ten­
ta en los niños el amor por los libros. por la lectura. gan que ver con el libro; de que quieran montar
Otros mencionaron que algunos biblio tecarios les obras de teatro en coordinación con el editor; el
habían encomendado pequeñas tareas, los habían hecho de invitar a autores. No es un trabajo que los
acercado a sus actividades, y que de ese modo los limite. Podría n decir: "Pues sí. soy biblioteca rio.
habían hecho sentirse parte activa del lugar: "A veces estoy aquí para acomodar los libros. Pero no. están
oo.
cuando limpiaban los libros y eso, yo les ayudaba. Y realmente comprometi dos
los sellos... es algo que cuando eres niño no se te En Francia, el ofcio de bibl iotecario ha evolu­
olvida. Siempre quieres poner los sellos, era algo cionado mucho en un tiempo re lativamente coro.
maravilloso" . En efecto, el número de biblio tecarios municipales
El bibli otecario que les ha hecho un lugar también se ha duplicado desde hace unos veinte años, y
puede ser el que les ha sugerido libros, como a Mali­ casi una tercera parte de los franceses han ido a
ka: "Mi mejor recuerdo era Philippe (así se llamaba una biblio teca o una mediateca durante el año de
el biblio tecario); tengo la impresión de que realmen­ 1997. Esta proporc ión se eleva hasta 63% para los
te éramos amigos. Siempre sabía todo, los libros que jóvenes de 15 a 19 años, y a 48% para los de 20 a
me gustarían. Sabía qué tipo de lib ro le gustaría a tal 24 años. Este cambio cuantitativo se ha acompaña­
o cual persona". O a Daoud: do de un cambio de naturaleza. Se ha generalizado
En realid ad. lo que más me marcó fueron los el libre acceso a los libros -lo que era una práctica
bibliotecarios. En la biblioteca donde crecí había común desde hace tiempo en numerosos países,
siempre una bibliotecaria que me recomendaba sobre todo anglosajones. pero no en Francia, donde
obras de ciencia fcción. novelas policiacas [ . .] Ella el retraso era considerable-. También hubo una
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evolución de las técnicas y una diversifcación de ñar, más adelante, durante el recorrido. Por ej emplo,
los bienes y servicios propuestos en lo que llegaron en los barri os marginados, para quienes han elegido
a ser las mediatecas. Y durante los años ochenta, a la bibli oteca en vez de la vagancia, que osaron atra­
instancias del Ministerio de Cultura, pero también vesar la puerta una primera vez y luego regresar
debido a la toma de conciencia de cierto número regularmente, no signifca que todo está ganado. Aún
de municipalidades de todo lo que está en juego en fa lta traspasar numerosos umbrales. Y a menudo
las biblio tecas, hubo la voluntad de apertura a algunos trayectos se cortan de tajo.
públicos más numerosos, sobre todo en los barrios Cuando alguien no se siente autorizado a aventu­
marginados, o bien por medio de los hospitales, las rarse en los libros todo está por hacerse: cuando niño,
instituciones de protección a la infancia, las cárce­ uno puede haber adorado los cuentos que le leía un
les, etc. Como resume una bibl iotecaria: "Antes bibli otecario y sin embargo no volver a abrir un lib ro
nos orientábamos más hacia los libros; ahora nos más adelante. Porque los recorridos de los lectores
orientamos más hacia las personas". son discontinuos, marcados por momentos de
y como expresa Ridha, que fecuenta la biblio te­ interrupciones breves o largas. Algunos de estos
ca desde su infancia, lo importante es: momentos de suspensión son inherentes a la natura­
Que el hihliotecario tenga tiempo para dedicarse leza de la actividad de la lectura; todos nosotros
a lo que es del orden de la vida, a todo lo que se sabemos que hay periodos de la vida en que se sien­
refiere a la vida, también a la moral, pero simple­ te de manera más imperiosa la necesidad de leer. No
mente haciendo cosas, contagiándoles emociones, hay por qué inquietarse por las interrupciones de ese
cosas positivas. Más que ser un conservador o un tipo: no se entra en la lectura o en la literatura como
gard ián de librs, ser una e.\pecie de mago que nos se abraza una religión.
lleve a los libr os, que nos conduzca a otros mundos. Pero existen también suspensiones debidas a que
Como ven, allí coincide con lo que decía Bettel­ u joven - no tan joven- no pudo traspasar un
umbral, no pudo pasar a otra cosa, porque se sintió heim a propósito del "arte mágico". Pueden ver tam­
bién cómo todos son sensibles a este compromiso de perdido, porque la novcdad lo asustó, o bien porque
u profesional. Al igual que son sensibles a todo lo le fa ltó algo, porque sintió que ya agotó el tema. Y el
mediador, el bibli otecario en particular, puede ser que les demuestre que nada es demasiado bello para
ellos, ya sea un mobiliario cuidado o unas obras de quien le dé precisamente una oportun idad de atrave­
calidad. "Cuando entras en esa bibl ioteca enseguida sar una nueva etapa.
notas algo artístico", señala Daoud. Sensibles tam­ En Francia, en muchas biblio tecas, se ha concedi­
bién al hecho de que este espacio de libertad se les da do gran atención desde hace una veintena de años a
la llegada del niño, a los primeros pasos que da. Se en forma gratuita, o casi: "La bibl ioteca es un lugar
para todo el mundo, es gratuito", dice una jovencita. ha desarrollado el trabaj o conj unto con la escuela. Ha
"Leer gratis es genial. Sólo das diez fancos al año habido esfuerzos por iniciar al niño precozmente en
(es decir veinte pesos mexicanos) y tienes la posibi­ el funcionamiento de la bibl ioteca, con plena con­
lidad de llevarte libros gratuitamente. ¡Es extraordi­ ciencia de que saberse manejar en ella, apropiarse de
los lugares, conocer las reglas necesarias para com­nario! Es un tremendo privilegio que se le concede a
toda la gente", dice otra; y agrega un muchacho: "A partir un espacio público no son cosas evidentes. Se
le han leído historias, se han creado espacios a su los alcaldes de los municipios, que hacen bibl iotecas
en su ciudad, yo les agradezco porque creo que es medida, se le ha enseñado a utilizar los catálogos, ya
muy importante". sean de papel o automatizados.
Sin embargo, se necesitó más tiempo para Pero, ya lo vimos en todos los ej emplos que he
dado, no es la bibl ioteca o la escuela lo que despier­ entender que, una vez iniciado el niño, no estaba
ganada aún la batalla. Es en parte lo que decía ta el gusto por leer, por aprender, imaginar, descu­
brir. Es un maestro, un bibliot ecario, que, llevado por ayer: había la idea de que el usuario era autónomo,
su pasión, y por su deseo de compartirla, la transmi­ pese a que la biblioteca estaba allí para que él
construyera su autonomía. Muy a menudo esto se te en una relación individualizada. Sobre todo en el
caso de los que no se sienten muy seguros para aven­ inspiraba en los mejores sentimientos: en el respeto
por el usuario, al que se suponía lo bastante capaz turarse por esta vía debido a su origen social, pues es
como si con cada paso que dan, con cada umbral que como para saber lo que le convenía, así que había
que dej arlo en paz. Muchos bibliotecarios tienen atrav iesan, necesitaran recibir una autorización para
un espíritu un tanto libertario. Su ofcio se ha ir más lejos. Y de no ser así, se replegarán hacia lo
constituido en parte deslindándose del maestro, y que les resulta conocido.
la idea de monitorear al lector, de imponerle cual­
quier cosa, resulta de lo más chocante para muchos Traspasar umbrales
de ellos. Y los jóvenes perciben muy bien esta
No sólo para iniciar a la lectura, para legitimar o especificidad. Aun cuando vienen a la bibl ioteca a
revelar un deseo de leer, resulta primordial el papel hacer sus tareas, marcan claramente la dif erencia
de un iniciador a los libros. También para acompa- entre la escuela, a la que ven como el lugar de la
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LI. DISTINTOS ACERCAMIENTOS
obligación, para desgracia de los profesores, y la estaría bien que recordaran que en el piso de ariba
bibl ioteca, una tierra de libertad, de elección. hay otros libros. otras cosas.
Esto está muy bien: evidentemente no se trata de Como ven ustedes, no hay una respuesta univer­
cuestionar este aspecto, esta libertad del usuario. sal, porque hay adolescentes que quieren avanzar
Pero, en ciertos momentos, es vital ayudar a ciertos lentamente, quedarse cerca de la infancia, mientras
usuarios, a ciertos lectores, una vez más, a superar que otros quisieran brincarse la etapas. Además, en
algo. En efecto, cualquier umbral nuevo puede reac­ esa edad muchos jóvenes cambian su forma de uti­
tivar una relación ambivalente con la novedad. Y lizar la biblio teca. Desde entonces vienen también
estos umbrales son numerosos: pasar de la sección para hacer su tarea . Y lo que en Francia se llama
juvenil a la de adultos, a otras formas de utilización, "la sala de documentación", que está reservada a
a otrs registros de lectura, a otros anaqueles, a otros estos usos paraescolares, puede constituir así una
tipos de lectura. especie de tamiz entre la sección para jóvenes y la
Tomemos como ej emplo el paso de la sección sección para adultos. Para algunos, sin emba rgo,
juvenil a la de adultos; un verdadero dolor de cabeza esta sala no será un tamiz sino un punto terminal:
para los bibl iotecarios, quienes a menudo se sienten su recorrido por las bibl iotecas no llegará más
confundidos re specto a cómo indicarlo fsicamente. lejos.
Ésta es, pues, otra transición difcil, la transición Todo tipo de respuestas se han dado. Pero en nume­
rosas bibl iotecas los profesionales dej an en la sec­ de las formas de utilización paraescolares hacia otros
ción infantil los libros para adolescentes -salvo los usos de la biblio teca. En Frncia, sobre todo entre
materiales de consulta-, retrasando así el momento niños de ambientes marginados, los usos paraescola­
en que estos adolescentes lleguen a la sección reser­ res son muy frecuentes. Me imagino que también se
vada a los adultos. Y esta separac ión no necesaria­ ve aquí. Y tan importante como la posibil idad de
mente conviene a este grupo intermedio. tener acceso a materiales y documentos que no exis­
De modo que algunos se sienten perdidos y no ten en la casa, es la oportunidad de encontrar un lugar
saben dónde buscar, como Virginia, quien evoca así donde trabajar, un marco estructurante, donde los
el momento en que tenía 13 ó 14 años: HA la sala para jóvenes se motiven unos a otros, a veces por el sim­
adultos yo no me atrevía siquiera a entrar, y en la sala ple hecho de verse traba jando, ya lo he dicho antes.
infantil me sentía como una bebita". Otro� hacen En particular para muchos chicos, es como si la ela­
tmpa con el reg lamento. Como este muchacho que boración, en la bibli oteca, de una alterativa a la pan­
nos cuenta cómo burlaba la vigilancia de los biblio­ dilla, de otra forma de grupo, con una fuerte cohe­
tecarios cuando, siendo adolescente, quería consultar sión, fuera por sí sola capaz de brindar una protec­
libros de la sección para adultos. ción, de darles fuerzas para seguir adelante.
Estaba en la parte de abajo la biblioteca para Pero en estos casos, si se aventurn por los ana­
niños. y en la parte de arriba. la de adultos. En la queles, es ante todo para encontrar documentos rela­
biblioteca para niños no se encontr aban temas sobre cionados con el tema que están viendo en la escuela.
psicoanálisis y astrol ogía. no son temas para los y para algunos de ellos la utilización de la biblio teca
adolescentes más jóvenes; entonces. de vez en cuan­ parece terminar allí. Habrán pasado joradas enteras
do. tr atábamos de subir a la sección de adultos. pero en la biblio teca, rodeados de libros, pero nunca
de allí nos corrían porque teníamos prohibido ir r . .] habrán buscado nada más que lo que les pidieron,
A veces nos las ingeniábamos porque había unas nunca le encontraron gusto a la lectura. O incluso, en
estanterías. luego la puerta y luego el escritorio un el caso de otros, quizá pudieron disfrutar del placer
poco desnivelado. Entonces alguien se metía. Cuan­ de leer durante su infancia grac ias a la biblio teca, y
do veía que ella no estaba en el escritorio. nos al parecer lo perdieron más tarde. Y dejarán de asis­
escurríamos entre los libros. Luego nos quedábamos tir a ella en cuanto termine su traye ctoria escolar.
en un rincó n. sin hacer ruido. porque ella estaba en En realidad es complicado entender qué es lo que
los archivos. y cuando regre saba al escritorio no permite la transición a los usos más "autónomos",
podía veros porque está bamos en el rincón. que no estén inducidos únicamente por las exigencias
Otros disfrutan estas divisiones, estas etapas suce­ escolares, sino también donde intervenga el gusto de
sivas, y su conocimiento progresivo de los lugares descubrir. Al parecer esta transición es más difcil en
hace pensar incluso en u recorrido iniciático, como el caso de los adolescentes que acostumbran acudir
con Verónica: únicamente en grupo. Ya lo mencioné antes: es el
Lo más padre es que el mundo de los adultos está reverso de la medalla: de tanto caminar juntos, no
en las alturas. Cuando eres niño te llevan abajo y pueden moverse solos, y entonces ni siquiera se les
luego llega un momento. una edad. en que puedes ir ocurre la idea de levantarse a rebuscar en los ana­
arriba. Así es como yo lo percibía. Llegué a la edad queles.
de 13 ó 14 años. subía y tenía derecho de tocar los Desde ahora podemos señalar que el inicio de una
otros libros que es taban allá arriba r . .] Me sentía de búsqueda personal, no dirigida por un maestro, se
lo más contenta de subir al piso de arriba. Era otro realiza a menudo autodocumentándose sobre temas
mundo. Dejabas atrás una etapa r . .] Pienso que tabú. Muchos buscan así en la biblio teca conoci-
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UJ. DISTINOS AERCAIENOS
mientos sobre temas que no se abordan en familia, y Pero no sólo es la curiosidad de los jóvenes pr
casi nunca en la escuela; entre ellos, por excelencia, los temas tabú lo que puede conducirlos, como en
el de la sexual idad. Este tema puede asociarse en las el caso de la joven que mencionaba, a descubrir a
entrevistas a otros temas prohibidos: el sexo y la reli­ Anais Nin y a Mark Twain. La arquitectur a del
gión, el sexo y la política, etc. Esta autodocumenta­ lugar, por ej emplo, incita a utilizarlo de manera
ción es importante por varias razones: ayuda a más o menos limitada. He conocido biblio tecas en
encontrar palabras para no ser presa de angustias las que, cuando uno sale de la sala de documenta­
incontrolables, o para evitar la burla de los compañe­ ción tras acabar la tarea, puede dirigirse a la salida
ros, siempre listos a tranquilizarse a expensas de los sin cruzar un solo libro. En cambio hay otras
demás en este campo; y la curiosidad sexual de la donde se debe recorrer primero la gran sala de la
infancia es también, ya lo he mencionado, la base bibl ioteca, y pasar fr ente a todo tipo de tableros de
misma de una pulsión hacia el conocimiento. Pero no presentación, vitrinas de exhibición, que se renue­
son únicamente los manuales de educación sexual o van constantemente, llaman la atención e invitan a
los libros de medicina lo que se consulta en estas la lectura.
investigaciones. Puede ser también una historieta, Algunos biblio tecarios inventan igualmente dif e­
rentes tipos de animación y eventos para estimular el testimonios, biobrrafa, o literatura erótica, como en
el caso de una joven mujer de origen magrebí, para interés de los adolescentes en otros temas, para
quien la lectura de Anais Nin fe toda una reve lación hacerlos pasar a otras lecturas distintas de los libros
y el inicio de un itinerario como lectora: de consulta. Por ej emplo, ante el miedo que sienten
Cuando hablo de Aniis Nin. es verdad que descu­ los muchachos a perder su virilidad si se arriesgan a
brí a una mujer que escribe literatura erótica suma­ leer, ante el hecho de que en Francia, como en
mente bien. reconocida en el mundo entero. Apr endí muchos otros países, los mediadores del libro son
cosas sobre mi vida sexual. sobre mi intimidad. que generalmente mujer es, los profesionales invitan a
nadie hasta entonces pudo enseñarme f . .] Al mismo escritores que pueden romper con los estereot ipos.
tiempo me permitió comprender las cosas. descubrir Tenemos así autores de novelas policiacas con un
el mundo, a Mark Twain. pasando por grandes sagas aspecto de supermachos, que suelen re correr el terri­
históricas. Descubrí que había vidas ap asionant es y torio fra ncés en una gran motocicleta, con chamarra
también temas íntimos. de cuero, para hablar de los libros y de su pasión por
De paso notarán ustedes que el descubrimiento la escritura. En sentido más amplio, ver a un autor de
propio y el del mundo van de la mano. care y hueso modifca la impresión que estos jóve­
No obstante, no todo el mundo tiene la suerte de nes tienen de los libros. Pues más de uno pensaba
poder documentarse a profndidad sobre su intimi­ hasta entonces que un escritor era fo rosamente
dad en la bibl ioteca. Por ej emplo, en una ciudad alguien muerto.
pequeña, una muchacha de catorce años, de un medio Otros profesionales, en el interior de la bibl ioteca
social modesto y poco familiarizada con el libro, o fera de ella, animan clubes de lectura, talleres de
trató en vano de que le prestaran un libro de Mar­ escritura, actividades teatrales, e introducen así a los
guerite Duras. Le cedo la palabra: jóvenes en otras fo rmas de compartir, dif erentes de
Busqué "El amante " de Marguerite Durás en la aquellas donde todos están pegados unos a otros,
biblioteca. La hihliotecaria me dio que no era ade­ amontonados. Cabe señalar, de paso, que para un
cuado para mi edad. Parece que se habla un francés biblio tecario es muy sutil tener siempre en mente u
no muy correcto. A mí me gustan mucho los libros doble aspecto: por un lado la importancia de com­
para mayores, así que me dirio a los anaqueles para partir, de conversar acerca de los libros; por el otro,
adultos pero los bibliotecarios me dicen: "¡Todavía la importancia del secreto, de la dimensión transgre­
no tienes la edad, ve a la otra sala, donde están "Los sora de la lectura.
tres asilos " y otros títulos!" f . .} Mientras que la Un ej emplo más, el del paso de una bibl ioteca a
biblioteca debería ser un lugar donde se nos diera otra: generalmente de una pequeña biblio teca de
acogida f. . .}. barrio a una bibl ioteca mayor. Escuchando a estos
Los biblio tecarios son generalmente menos puri­ jóvenes, la primera es una burbu ja en la que uno se
tanos e incluso un tanto maliciosos: por ej emplo, siente bien, como en casa. Las bibli otecarias son
ponen en los anaqueles las obras de educación sexual amables, te conocen. Cito: "[¡Aquí] si las necesita­
junto a las de deportes . De este modo el joven usua­ mos, siempre están a la mano". "Aquí, tienen más
rio puede disimular el objeto de su interés en un tiempo para ocuparse de cada persona". "Es peque­
manual dedicado al ftbo l. En algunas biblio tecas se ño. Hay todo lo que hace fa lta, te ayudan".
organizan campañas de información sobre la preven­ En la biblio teca grande, en cambio, nada de esto
ción del sida o los anticonceptivos. Y en esas ocasio­ sucede ya, según ellos. Los profesionales se aseme­
nes puede medirse, si he de creer a los bibl iotecarios, jan a "cajeras", según Hadrien, a quien cito: "Pasan
la tremenda fa lta de información que existe entre los el libro bajo una lucecita; en la pantalla se oye u
jóvenes, aún en nuestros días, sobre todo en los e/ic, y listo. Está tu taleta pero ya no tienes nombre.
barios marginados. Es de lo más extraño. Es perturbador". Esas grandes
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U, DISTINOS ACERCAMIENOS
bibliot ecas son fias, impersonales, te sientes perdi­ releen sin cesar a Stephen King o a Tolkien. Pero, de
do. Pilar recuerda que "nadie me sonreía jamás. No manera más amplia, las mismas referencias clásicas
sé, para mí eso es algo tan natural. Al menos que que se encuentran en la escuela, los mismos best­
dijeran "buenos días". Nadie me conocía, así que yo sé/lers que se encuentrn en la bib lioteca, regresaban
no existía". fecuentemente aquí y allá durante la entrevista.
Desde luego, no siempre tiene uno ganas de son­ Desde luego están también los efectos de la moda
reírle a todo el mundo y de decirle "buenos días". En entre adolescentes. Y además los best-séllers peni­
una de las bibl iotecas que visité, los bib liotecarios ten desentumecer los oj os y hay algunos de calidad
habían resuelto ese problema del modo siguiente: a la que penniten ensanchar el imaginario, jugar con las
entrada y encima de su escritorio, había un letrero palabras. También pueden ser el pretexto para com­
que daba el tono. Decía algo así como: "Nosotros partir, para conversar. Así que no seamos mojigatos.
somos como usted: a veces tenemos preocupaciones, Sin embargo, hay que tener cuidado, y pienso que
no siempre tenemos ganas de sonreír o la energía esto no sólo se refere a Francia. Al aj ustar la ofera
para decirle "buenos días" a todos y cada uno. ade­ sólo en fnción de lo que imaginan que son las
más, tal vez quieran que los dejemos tranquilos. Pero expectativas de los jóvenes y por miedo de parecer
tengan la seguridad de que si necesitan cualquier austeros o académicos, algunos bibl iotecarios corren
infonnación, nos d muchos gusto atenderlos. Para el peligro de contribuir a perpetuar la segregación.
eso estamos". De un lado, los usuarios de los medios pobres, para
Como ven, no tengo recetas mágicas que darles. quienes asignarían solamente ciertos títulos de cajón.
Tan sólo el afán de hacerles sentir que el papel del Y del otro lado, los lectores privilegiados, quienes
mediador, en todo momento, es, en mi opinión, ten­ tendrían acceso a una verdadera posibil idad de elec­
der puentes. ción. De hacerlo así, se estaría perpetuando una vieja
tendencia histórica: ya lo señalé antes: lo íntimo, la
"preocupación por sí mismo", no era para los pobr es. Puentes hacia universos cultu­
A éstos se les ha considerado por mucho tiempo "al
rales más amplios
mayoreo", en fo na homogeneizadora. Si tenían
diversiones, éstas generalmente se organizaban de Así pues, el iniciador a los libros es aquel o aque­
manera colectiva y estaban debidamente enmarca­lla que puede legitimar un deseo de leer no bien
das, con fnes edifcantes y de higienización social. afanzado. Aquel o aquella que ayuda a traspasar
Sólo los privilegiados tenían rea lmente el derecho a umbrales, en dif erentes momentos del recorrido. Ya
la diferenciación, a ser considerados como personas. sea profesional o voluntario, es también aquel o
También dije en una jor ada anterior que la lectu­aquella que acompaña al lector en ese momento a
ra podía ser una especie de atajo que lleva de la inti­menudo tan difcil, la elección del libro. Aquel que
brinda una oportunidad de hacer hallazgos, dándole midad reb elde a la ciudadanía. Puede ser pero, una
vez más, no seamos ingenuos: ya lo dije, esto no movilidad a los acervos y ofeciendo consejos even­
siempre fu nciona así. Si bien hay un tipo de lectura tuales, sin deslizarse hacia una mediación de tipo
que ayuda a simbol izar, a moverse de su lugar, a pedagógico.
abrirse al mundo, hay otra que sólo conduce a las El iniciador es, pues, aquel o aquella que está en
una posición clave para hacer que el lector no se delicias de la regresión. Y si algunos mediadores
ayudan a que algo se mueva, otros limitan su papel a quede arrinconado entre algunos títulos, para que
una especie de patrocinio donde la lectura no tendría tenga acceso a universos de libros diversifcados,
ampliados. más que una fnción adonnecedora.
Porque una de las especifcidades de los libros es Por cierto, algunos jóvenes están plenamente
conscientes de este riesgo, como Matoub, quien nos la infnita variedad de sus productos. Pero en los
dijo: espacios rurales, en los barri os urbanos marginados,
La lectura me enseñó la subver sión, pero en def­¿quién tiene acceso a esta diversidad? Hoy en día, en
nuestros países, el proceso de control de la dif usión nitiva también habría podido enseñarme lo contrario
del libro incumbe rara vez a los censores. Pero hay [ .. ] Lo que sería interesante es compr obar en qué
otras fo nas de reglamentación que se aplica, medida una biblioteca puede ser un espacio de nive­
comenzando por las que tienen que ver con los dis­ lación o de neutralización de la individualidad.
tibuidores o prescriptores. Podría ser [ .. ] En el caso de algunas personas,
Y a este respecto, habría que decir cuán limitados puede ser la rebelión; en el de otras, la indi erencia
parecen los universos del libro que muchos de los total, y en otras más. la red ucción. ¿Pero. integra­
jóvenes a quienes hemos conocido. Algunos han ción signi ica sumisión? [ .. ] Ésa es la pregunta que
podido diversifcar sus lecturas con el tiempo, aven­ me hago ahora.
turarse incluso en textos difciles, gracias a la aten­ Ahí tienen, una vez más, cómo estos jóvenes son
ción personalizada de un profesional, como ya seña­ unos observadores muy agudos, unos cuestionadores
lé. Pero otros jamás se han atrev ido a visitar otros muy fnos. Por mi parte no desearía que las biblio te­
anaqueles que no sean los ya conocidos, así que cas se convirtieran en espacios de "nivelación" o de
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