El dibujo arqueológico

De

Con este libro, pone al alcance de los dibujantes, de los arqueólogos y del público en general un valioso estudio técnico para la buena ilustración y publicación de las investigaciones arqueológicas en lo referente a las vasijas cerámicas. Dice Claude E Baudez: "Nadie hubiese podido escribir mejor este libro que Françoise Bagot. Pocos ilustradores poseen su talento y su experiencia. Durante muchos años ella ha trabajado para los arqueólogos más exigentes; ha intentado todas las técnicas y ha probado todas las artimañas del oficio "


Publicado el : miércoles, 24 de abril de 2013
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EAN13 : 9782821828179
Número de páginas: 158
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El dibujo arqueológico

La cerámica : normas para la representación de las formas y decoraciones de las vasijas

Françoise Bagot
  • Editor : Centro de estudios mexicanos y centroamericanos
  • Año de edición : 1999
  • Publicación en OpenEdition Books : 24 abril 2013
  • Colección : Trace
  • ISBN electrónico : 9782821828179

OpenEdition Books

http://books.openedition.org

Referencia electrónica

BAGOT, Françoise. El dibujo arqueológico: La cerámica : normas para la representación de las formas y decoraciones de las vasijas. Nueva edición [en línea]. Mexico: Centro de estudios mexicanos y centroamericanos, 1999 (generado el 17 diciembre 2013). Disponible en Internet: <http://books.openedition.org/cemca/1004>. ISBN: 9782821828179.

Edición impresa:
  • ISBN : 9789686029598
  • Número de páginas : 158

© Centro de estudios mexicanos y centroamericanos, 1999

Condiciones de uso:
http://www.openedition.org/6540

Con este libro, pone al alcance de los dibujantes, de los arqueólogos y del público en general un valioso estudio técnico para la buena ilustración y publicación de las investigaciones arqueológicas en lo referente a las vasijas cerámicas. Dice Claude E Baudez: "Nadie hubiese podido escribir mejor este libro que Françoise Bagot. Pocos ilustradores poseen su talento y su experiencia. Durante muchos años ella ha trabajado para los arqueólogos más exigentes; ha intentado todas las técnicas y ha probado todas las artimañas del oficio "

Índice
  1. Prefacio

    Claude-François Baudez
  2. Agradecimientos

  3. Introducción

  4. Capítulo I. Las formas

    1. LOS ELEMENTOS QUE DEFINEN UNA FORMA Y SU MEDICIÓN
    2. LAS ADJUNCIONES
    3. LOS TEPALCATES
    4. CONCLUSIÓN
  5. Capítulo II. La decoración

    1. MANERA DE DISPONER LAS PARTES DECORADAS SOBRE LAS FORMAS
    2. LOS DIFERENTES TIPOS DE DECORACIÓN
    3. RECONSTITUCIÓN DE LOS MOTIVOS
    4. CONCLUSIÓN
  6. Capítulo III. La difusión

    1. CLASIFICACIÓN DE LA DOCUMENTACIÓN
    2. LA PUBLICACIÓN
    3. CONCLUSIÓN
  7. Índice de figuras

  8. Índice de ilustradores

  9. Lugar de origen de las piezas

  1. Bibliografía de referencia

Prefacio

Claude-François Baudez

1Nunca se subrayará lo suficiente la deuda que tienen los arqueólogos con su material predilecto: la cerámica. Desde su aparición hace aproximadamente 5 000 años en Mesoamérica, hay vestigios de cerámica en todos los sitios. Se encuentran vasijas y fragmentos de ellas lo mismo en Teotihuacán que en el más pequeño pueblo, tanto en los entierros como en los depósitos de fundación, sobre el suelo de las chozas y en los basureros, así como en los rellenos de las pirámides. Aunque resiste menos que la piedra los daños por el paso del tiempo, la cerámica es infinitamente más abundante que ella y es por lo tanto susceptible de ser objeto de análisis estadísticos. Es siempre un material valioso, aun cuando, en ocasiones, una buena parte de los tepalcates recogidos, sobre todo los encontrados en la superficie, no puede ser clasificada.

2El primer uso del material cerámico es de índole cronológica. En efecto, el estudio de sus cambios en el curso del tiempo permite establecer fases distintas en su evolución, a las cuales se les asocian periodos. Una vez construida esta secuencia, es posible datar edificios, depósitos, rellenos y viviendas por la presencia relativa de un cierto número de “tipos”, de “variedades” o de “modos” diagnósticos.

3Así mismo, la cerámica es sensible a los cambios espaciales. De una región a otra, en la misma época, las formas y los motivos cambian; y sin embargo a menudo muchas regiones comparten suficientes signos distintivos como para construir una unidad grande. ¿A qué corresponde una determinada “esfera”? ¿A una unidad política o cultural o tan sólo a una zona de intercambios? En general, la cerámica arroja luz sobre encuentros comerciales y de otro tipo. Es ella la que nos permite descubrir la existencia de rutas de comercio, terrestres o marítimas, y a veces incluso de movimientos migratorios.

4Pero no sólo la cerámica nos ayuda a situar los fenómenos culturales del pasado en su contexto cronológico y espacial. Las vasijas sirven para almacenar, cocer, presentar y contener todo tipo de sólidos y líquidos, desde los alimentos más sencillos hasta los más apreciados por los dioses. Es el accesorio más frecuente tanto de la vida cotidiana como de los rituales más elaborados. En ocasiones, la función de los utensilios queda indicada por su grado de ornamentación, más o menos refinada, más o menos compleja. La de las bellas vasijas mayas nos muestra escenas cortesanas o nos narra mitos y los textos que acompañan estas imágenes tendrían por misión informarnos sobre el propietario y el destino del recipiente.

5Por lo tanto, es de suma importancia, para el arqueólogo, la correcta presentación de los análisis cerámicos: en ellos se funda buena parte de sus conclusiones.

6Además, sus lectores y colegas tratarán de encontrar en la publicación elementos de comparación con su propio material. Las mejores descripciones de cerámica nunca reemplazarán a las imágenes, las que tienen, entre otras ventajas, la de dirigirse directamente a la comunidad científica internacional sin preocuparse por las barreras linguísticas. Sin minimizar la importancia de la fotografía en las publicaciones arqueológicas, el dibujo es insuperable para dar cuenta de un volumen, describir un perfil, ilustrar la profundidad de un trazo, reencontrar un motivo, suprimir una perspectiva molesta y mostrar lo invisible. Todo dibujo, como se ha dicho mil veces, es una interpretación en la medida en que se apoya en un conjunto de convenciones para comunicar un cierto saber al lector-espectador. Aún hace falta, para que se logre la comunicación, que el dibujante -o la dibujante- utilice un lenguaje gráfico coherente que el lector pueda interpretar correctamente. Así mismo, la práctica del dibujo de la cerámica (vasijas completas y tepalcates) debe regirse por un conjunto de reglas y convenciones que los artistas profesionales, los arqueólogos “que saben dibujar” y los que sólo saben observar, deberán seguir y comprender.

7Nadie hubiese podido escribir este libro mejor que Françoise Bagot. Pocos ilustradores poseen su talento y su experiencia. Durante muchos años ha trabajado para los arqueólogos más exigentes; ha intentado todas las técnicas y ha probado todas las artimañas del oficio. El resultado es que ella sabe perfectamente lo que debe hacerse y lo que no. Nos comunica su rigor en lo que toca a los secretos de las formas y de los ornamentos, pero también nos enseña cómo puede ser agradable observar una página de bordes de vasijas si está bien compuesta. La ilustración de la obra es, como debe ser, abundante. La autora muestra la modestia que le conocen sus amigos al tomar de sus colegas varios de sus ejemplos, sin imponer su propio trabajo. También tiene la honestidad de proponer soluciones alternativas, brindando al lector-usuario diferentes elecciones.

8En nombre de mis colegas arqueólogos, agradezco a Françoise Bagot el haber elaborado este libro que, pronto, nos será indispensable.

Agradecimientos

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1Escribí este libro como un homenaje a tantos asiduos dibujantes técnicos quienes, en el transcurso de los años, han ayudado a los arqueólogos en sus investigaciones, usando sus ojos, sus manos y su talento al servicio de la noble profesión de dibujante de objetos.

2Aunque en este manual aparecen tan sólo los trabajos de ocho de ellos, número limitado por el hecho de que utilicé casi exclusivamente los dibujos reproducidos en las publicaciones de mi centro de investigaciones, pensando en ellos me dedico a relatar, con esmero y minucia, las tan variadas habilidades que se necesitan para ejercer este oficio. Me parecía importante realizar un manual fácil de consultar, que serviría lo mismo para los aprendices de dibujantes que para los arqueólogos deseosos de ilustrar ellos mismos sus estudios, manual que nunca habia yo encontrado en el transcurso de mis largos años de dedicación a esta profesión.

3Estudié el dibujo desde niña. Mi padre fue mi maestro en esos primeros años de aprendizaje y pronto tomé la determinación de ser artista-pintora, para lo cual seguí una carrera clásica de arte en diferentes Academias de la ciudad de París y en la Escuela Nacional Superior de Artes Decorativas. Sin embargo este largo recorrido por talleres y academias no hizo de mí una dibujante científica, aunque mi especialización en la técnica del grabado a buril a partir de 1978 me ayudó bastante.

4Debo a la paciencia sin límites de Henri Humbert, director del Laboratorio de Fanerógamas del Museo Nacional de Historia Natural de París, en los años 1962, haber podido realizar cada vez mejor mis primeras láminas de dibujos de plantas, con regulares trazos a tinta y buenas observaciones en el microscopio; a la exigencia de Robert Hoffstetter, investigador del Laboratorio de Paleontología del mismo Museo, cuando realizaba la supervisión de mis dibujos de huesos, el haber comprendido que esos dibujos necesitan gran precisión, dominio en la mano y agudeza en los ojos. Enriquecía entonces este saber dibujando piezas de lítica para Bernard Champault, gran maestro en el estudio de las tallas, para el que realizaba trabajos en el Museo del Hombre. Por medio del señor Champault conocí al profesor Guy Stresser-Péan quien buscaba en estas fechas (1965) un dibujante profesional para la nueva Misión Arqueológica y Etnológica Francesa que acababa de crear en México. Se perfilaba entonces mi futuro mexicano y mi oportunidad de conocer las culturas mesoame-ricanas, al dibujar cerámica, figurillas, lítica, esculturas y objetos etnológicos en esta nueva Misión. Agradezco los buenos consejos y las enseñanzas que no dejaron nunca de proporcionarme Claude y Guy Stresser-Péan. Agradezco también a todos los arqueólogos para quienes trabajé después la gentileza que siempre me demostraron cuando les pedí alguna información: Alain Ichon, Pierre Becquelin, Claude F Baudez quien escribió el acertado y bello prólogo de este libro, Dominique Michelet, Eric Taladoire, Charlotte Arnauld, Patricia Carot, Brigitte Faugère-Kalfon; doy gracias sobre todo a Marie-France Fauvet-Berthelot, pues sin su insistente entusiasmo tal vez no hubiera podido llevar a cabo tan dedicada investigación, y además fue ella quién releyó la primera versión de la obra con mucha dedicación.

5Agradezco a Thomas Calvo, director del Centro Francés de Estudios Mexicanos y Centroamericanos, su apoyo para la publicación de este libro, el cual fue financiado, con la mediación de este Centro, por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Francia.

6Así mismo doy las gracias a la arqueóloga mexicana Nelly Silva por la minuciosa lectura técnica final; ella subrayó ciertos puntos esenciales que tenían que precisarse o modificarse.

7Juan Domingo Argüelles hizo la correción de estilo del español, gracias. Vaya mi reconocimiento también a aquellos colaboradores del cemca que me ayudaron y aconsejaron: Rodolfo Ávila, quien realizó parte de los dibujos que se reproducen en el libro y quien hizo las impresiones de las fotografías, de las cuales Victor Lagarde había hecho los negativos; Concepción Asuar por sus consejos sobre estilo y vocabulario; Joëlle Gaillac, por su preparación editorial.

8Por fin, mil gracias a Zalathiel Vargas, mi esposo, quien releyó el texto y observó las ilustraciones con la atención de un público no especializado, pero con la agudez de un artista-pintor, recalcando las incongruencias o esclareciendo varios puntos, dándome siempre su apoyo y consejos de diseño.

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Introducción

1En 1939 se creó en México la Escuela Nacional de Antropología e Historia (enah), afianzándose así el gran desarrollo que habían tenido estas ciencias desde que se fundaron la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, en 1833, que inició sus publicaciones seis años después, y la Sociedad Mexicana de Historia Natural, en 1868, la cual tenía nexos con veinticinco instituciones científicas del extranjero. Por otro lado, el Museo Nacional de Historia Natural se convertía, en 1909, en el Museo Nacional de Arqueología, Historia y Etnografía, el cual se instaló después en la calle de Moneda.

2En 1897 se empezó a realizar el levantamiento del mapa arqueológico de la República Mexicana, prosiguiendo lo que se había iniciado en 1805 cuando el rey Carlos IV ordenó organizar un amplio recorrido de la Nueva España con el fin de descubrir los sitios donde hubiera ruinas antiguas, tarea que se confió a Guillermo Dupaix y a su dibujante Luciano Castañeda, quien embelleció los relieves según el criterio estético de la época. Fue también en 1897 cuando los monumentos arqueológicos fueron declarados propiedad de la nación.

3Hasta el final del siglo xix, la arqueología se había limitado al rescate de vestigios espectaculares, dejando la investigación histórica al dominio de la interpretación de los textos.

4Varios artistas se dedicaron entonces a dibujar los grandes monumentos que se lograron liberar y los objetos que los arqueólogos encontraron dignos de ser ilustrados. Tenemos algunos ejemplos de esos trabajos en los diferentes números de la revista Los Anales del Museo Nacional de México, la cual comenzó a publicarse en 1877, y en libros editados con gran esmero, como los ilustrados por el pintor paisajista José María Velasco (quien empezó a trabajar en el Museo Nacional en 1880) o como Le Voyage pittoresque et archéologique dans la province du Yucatán, publicado en París en 1838 con veintidós litografías de Jean-Frédéric Waldeck o los Monuments anciens du Mexique et autres ruines editado en París en 1866 con cincuenta y seis láminas de Waldeck. Asimismo en esta mitad del siglo xix verían la luz las conocidas litografías de Frederick Catherwood, Karl Nebel y muchas otras.

5En 1909, el Museo Nacional de Historia Natural, bajo la dirección del historiador Francisco del Paso y Troncoso, se convertiría en el Centro Nacional de Investigación Histórica y Antropológica.

6Esta efervescencia sirvió para poner en orden los resultados y los hallazgos de varios siglos de investigaciones arqueológicas hasta entonces dispersas y esporádicas.

7En México, en la segunda mitad del siglo xix, el estudio de la cerámica arqueológica se empezó a ilustrar a base de fotografías en lugar de las antiguas litografías. Sin embargo, en 1888, en Berlín, el Dr. Eduardo Seler había dado el ejemplo de presentar dibujos de vasijas cerámicas enteras y de detalles, y hasta de algunos tepalcates. Todavía en 1902, Leopoldo Batres, el arqueólogo oficial de la época, publicó con fotos las bellas piezas del Templo Mayor encontradas en la calle de las Escalerillas. En 1911-1912, el doctor Franz Boas hizo en la ciudad de México y sus alrededores, el primer estudio cronológico de tepalcates cuyos dibujos se publicaron solamente en 1922, los cuales incluían algunos cortes. También en el valle de México trabajaba en estas fechas (1930-1935) y publicaba sus resultados ilustrados con tepalcates dibujados, el arqueólogo George Vaillant.

8El gran precursor de la arqueología moderna mexicana, el doctor Alfonso Caso, realizó estudios arqueológicos en Oaxaca, pero sus primeras publicaciones de 1935 a 1952 muestran puras fotografías de piezas enteras en cerámica. Casi no utilizó el dibujo hasta su libro La cerámica de Monte Alban, escrito con Bernal y Acosta y publicado en 1967. Para entonces ya se habían editado tres estudios de cerámica con muchos dibujos de formas y cortes: los de E. Noguera, sobre la cerámica de Cholula (1954) y sobre la cerámica mesoamericana (1965), y uno de Laurette Séjourné sobre la cerámica de Teotihuacán (1966).

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Coatlicue, grabado de Francisco Agüera

9Poco a poco, los documentos materiales encontrados en excavaciones, por mínimas que fueran, comenzaron a considerarse como testigos válidos de las culturas del pasado, utilizándose el método estratigráfico para determinar su antigüedad. El estudio de los tepalcates completaría entonces esas investigaciones. De una aventura, la arqueología pasó a convertirse en una ciencia.

10En 1964, abrió sus puertas el Museo Nacional de Antropología e Historia, en el Bosque de Chapultepec, sede actual de las numerosas colecciones arqueológicas.

11Hubiera sido interesante hacer un estudio cronológico del dibujo arqueológico y de sus diferentes maneras de interpretar los objetos según la óptica prevaleciente al momento de su descubrimiento, siguiendo las fantasiosas teorías emitidas así como la transformación de las técnicas utilizadas, desde las ya citadas litografías de J.F Waldeck, llenas de imaginación, hasta los dibujos más precisos y observados con más seriedad de Santiago Hernández Ayllón (1832-1908) considerado el primer dibujante de arqueología de la Comisión Científica de México, y los más recientes dibujos de Miguel Cova-rrubias y de Román Piña Chan, arqueólogos y dibujantes, o de Abel Mendoza y Agustín Villanueva, para citar algunos. Pero esa no es la meta de este libro y no se ha reunido todavía el material gráfico para transmitir su evolución.

12Es así, por ejemplo, que un detalle me llamó la atención cuando descubrí, en el libro de Antonio de León y Gama, Descripción histórica y cronológica de las dos piedras (1792), que las magníficas ilustraciones de la Coatlicue y la Piedra del Sol (los dos monolitos estudiados por León y Gama), realizadas con la técnica del grabado a buril sobre cobre, aparecen reproducidas sin el crédito del autor y es hasta mucho tiempo después cuando encontraría el nombre del artista ilustrador de estas piezas, Francisco Agüera, en un catálogo de una exposición de grabados.

13El dibujo se volvía poco a poco una parte imprescindible del estudio arqueológico, dando sentido a lo que escribiría Alberto Sarmiento diciendo que una imagen vale más que mil hipótesis.

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14La ilustración arqueológica se caracteriza por pertenecer al mismo tiempo a los ámbitos de la ciencia y del arte. La relación entre estos dos campos del conocimiento humano ha sido ya detalladamente estudiada. Por ello, en este trabajo no retomo las muchas y variadas conclusiones a que se ha llegado. Ambos campos...

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