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Portada

Arqueología de la cuenca del Titicaca, Perú

Luis Flores Blanco y Henry Tantaleán (ed.)
  • Editor: Institut français d’études andines
  • Año de edición: 2012
  • Publicación en OpenEdition Books: 3 juin 2015
  • Colección: Travaux de l'IFEA
  • ISBN electrónico: 9782821845695

OpenEdition Books

http://books.openedition.org

Edición impresa
  • ISBN: 9789972623769
  • Número de páginas: 427
 
Referencia electrónica

FLORES BLANCO, Luis (dir.) ; TANTALEÁN, Henry (dir.). Arqueología de la cuenca del Titicaca, Perú. Nueva edición [en línea]. Lima: Institut français d’études andines, 2012 (generado el 12 octubre 2016). Disponible en Internet: <http://books.openedition.org/ifea/6557>. ISBN: 9782821845695.

Este documento fue generado automáticamente el 12 octobre 2016. Está derivado de une digitalización por un reconocimiento óptico de caracteres.

© Institut français d’études andines, 2012

Condiciones de uso:
http://www.openedition.org/6540

Arqueología de la cuenca del Titicaca, Perú, es una compilación de textos escritos por investigadores reconocidos y los de nuevas generaciones que han desarrollado sus trabajos arqueológicos en los últimos años en el Altiplano vinculado a la cuenca del lago Titicaca, en el actual Perú. Asimismo, por primera vez, se reúnen en idioma castellano, textos de arqueólogos peruanos y norteamericanos en un diálogo esperado por largo tiempo y que ahora estará disponible para especialistas y público en general. De esta manera, se cumple con poner a disposición de la comunidad científica y, en especial de las comunidades y regiones estudiadas de Puno, un libro que describe la rica y profunda historia de las épocas prehispánicas de esta área, lo cual, seguramente, ayudará a entender la herencia cultural de este pueblo que se profundiza en el tiempo pero que se puede reconocer hasta la actualidad. Para conseguir este objetivo, los capítulos del libro describen un recorrido que comienza con la llegada de los primeros humanos a la zona, pasando por la conformación de las primeras sociedades aldeanas, la formación de los primeros estados como el de Pukara, la expansión de la sociedad Tiwanaku en la región, la aparición de los denominados señoríos altiplánicos, Collas y Lupacas, principalmente, hasta llegar, finalmente, a la expansión y ocupación del imperio Inca en esa zona. Creemos que esta obra será una herramienta útil de investigación, consulta y difusión de la arqueología de la cuenca del lago Titicaca, aunque claramente trasciende ese marco para integrarse como parte de la historia general de los Andes.

Índice
  1. Prólogo

    Lautaro Núñez A.
  2. 1. Una introducción a la arqueología en la cuenca del Titicaca

    Henry Tantaleán y Luis Flores
  3. 2. Balances y perspectivas del período Arcaico en la región del altiplano

    Mark Aldenderfer
  4. 3. Transiciones del Arcaico Tardío al Formativo Temprano. Una perspectiva desde la arqueología de la unidad doméstica de dos sitios del valle del río llave, cuenca del Lago Titicaca

    Nathan Craig
  5. 4. El surgimiento de la complejidad social en la cuenca norte del Titicaca

  1. Abigail Levine, Cecilia Chávez, Amanda Cohen, Aimée Plourde y Charles Stanish
    1. INTRODUCCIÓN
    2. LA REGIÓN DEL TITICACA
    3. EL DESARROLLO DEL COMPLEJO KALASASAYA EN LOS PERÍODOS FORMATIVO MEDIO Y SUPERIOR
    4. INVESTIGACIÓN EN TARACO
    5. EL SURGIMIENTO DE LA COMPLEJIDAD SOCIAL EN LA CUENCA NORTE
    6. CONCLUSIONES
  2. 5. Qaluyu y Pukara: Una perspectiva desde el valle de Quilcamayo-Tintiri, Azángaro

    Henry Tantaleán, Michiel Zegarra, Alex Gonzales y Carlos Zapata Benites
    1. INTRODUCCIÓN
    2. LA ARQUEOLOGÍA DE LA CUENCA NORTE DEL TITICACA: ALGUNAS CONSIDERACIONES PREVIAS
    3. LA MATERIALIDAD DE LAS SOCIEDADES SEDENTARIAS TEMPRANAS DE LA CUENCA NORTE DEL LAGO TITICACA
    4. SÍNTESIS DE LOS ASENTAMIENTOS ASOCLADOS A OBJETOS DEL ESTILO QALUYU Y PUKARA
    5. EL PROGRAMA DE INVESTIGACIONES ARQUEOLÓGICAS ASIRUNI (PIARA) Y EL VALLE DEL QUILCAMAYO-TINTIRI
    6. LA MATERIALIDAD SOCIAL TEMPRANA DEL VALLE DEL QUILCAMAYO-TINTIRI
    7. FACTORES QUE HAN AFECTADO A LOS ASENTAMIENTOS Y ARTEFACTOS
    8. UNA REPRESENTACIÓN ARQUEOLÓGICA DE LAS SOCIEDADES RELACIONADAS CON LOS ESTILOS QALUYU Y PUKARA EN EL VALLE DEL QUILCAMAYO-TINTIRI
    9. COMENTARIOS FINALES
  3. 6. Producción, papas y proyectiles: evaluando los factores principales en el desarrollo de Pukara

    Elizabeth A. Klarich
    1. INTRODUCCIÓN
    2. DEFINIENDO PUKARA DURANTE EL FORMATIVO TARDÍO
    3. EVALUANDO LOS MODELOS
    4. PUKARA DE ABAJO HACIA ARRIBA. INTEGRANDO ECONOMÍA, RITUAL Y POLÍTICAS
  4. 7. Las esculturas Pukara: Síntesis del conocimiento y verificación de los rasgos característicos

    François Cuynet
    1. ESTUDIO DE LA NATURALEZA DEL MATERIAL
    2. EL TRATAMIENTO DE LA SUPERFICIE
    1. DESCRIPCIÓN SINTÉTICA DE LA ICONOGRAFÍA ASOCIADA
    2. CONCLUSION
  1. 8. Las qochas y su relación con sitios tempranos en el Ramis, norte de la cuenca del Titicaca

    Luis Flores Blanco, Nathan Craig y Mark Aldenderfer
    1. EL PROBLEMA DE LA ANTIGÜEDAD DE LAS QOCHAS
    2. LASQOCHAS EN LA CUENCA DEL RAMIS
    3. REFLEXIONANDO SOBRE LA EVOLUCIÓN DE LAS QOCHAS
    4. LOS DATOS REGIONALES EN EL RAMIS QUE SUSTENTAN NUESTRO MODELO
    5. SITIOS EXCAVADOS EN LAS CERCANÍAS DE LAS QOCHAS
    6. INTERPRETANDO LOS DATOS DEL RAMIS
    7. PRIMERAS CONCLUSIONES
  2. 9. Prediciendo la coalescencia en los períodos Formativo y Tiwanaku en la cuenca de Titicaca: Un modelo simple basado en agentes

    William Randall Haas, Jr y Jacopo Tagliabue
    1. LAS DISTRIBUCIONES DE ASENTAMIENTO EN LA CUENCA DEL TITICACA
    2. DISTRIBUCIONES NO LINEALES DE TAMAÑO DE ASENTAMIENTOS
    3. UN MODELO SIMPLE DE GRAVEDAD BASADO EN EL INDIVIDUO
    4. EL MODELO DE GRAVEDAD EN EL PAISAJE SOCIAL DEL PERÍODO FORMATIVO
    5. MODELIZANDO EL PAISAJE SOCIAL DEL FORMATIVO
    6. RESULTADOS
    7. RESUMEN Y DISCUSIÓN
  3. 10. La ocupación Tiwanaku en la bahía de Puno: Tradición metalúrgica

    Carol A. Schultze, Edmundo De la Vega y Cecilia Chávez
    1. INTRODUCCIÓN
    2. DATOS DE LA PROSPECCIÓN
    3. RESTRICCIÓN DE ACCESO A PLATA
    4. EXCAVACIONES EN HUAJJE, BAHÍA DE PUNO
    5. LA ESTRATIGRAFÍA
    6. LOS DESECHOS DE FUNDICIÓN
    7. CONTEXTO DE FUNDICIÓN DE PLATA EN EL SITIO HUAJJE
    8. CONCLUSIONES: LA ECONOMÍA DE PRESTIGIO ANDINO Y LA TECNOLOGÍA DE METALES
  4. 11. Los pukaras y el poder: Los collas en la cuenca septentrional del Titicaca

  1. Elizabeth Arkush
    1. LOS COLLAS
    2. LOS PUKARAS DE LOS COLLAS
    3. CONCLUSIONES
  2. 12. Patrón funerario de los períodos Altiplano e Inca en el valle de Ollachea, Carabaya - Puno

    Nancy Román Bustinza y Silvia Román Cruz
    1. LOS PATRONES FUNERARIOS
    2. TIPO 1 - CHULLPAS
    3. TIPO 2 - ABRIGOS FUNERARIOS SIN ARQUITECTURA
    4. TIPO 3 - ABRIGOS FUNERARIOS CON ARQUITECTURA
    5. CONSIDERACIONES FINALES
  3. 13. La ocupación Inca en la cuenca del Titicaca

    Charles Stanish
    1. CRONOLOGÍA ABSOLUTA
    2. ASENTAMIENTOS INCA EN LA CUENCA DEL TITICACA
    3. PATRONES DE RETICULADO ORTOGONAL DEL PERÍODO INCA EN ASENTAMIENTOS PROVINCIALES
    4. DATOS SISTEMÁTICOS DE ASENTAMIENTO
    5. SISTEMA ECONÓMICO INCA
    6. SÍNTESIS
    7. BIBLIOGRAFÍA
  4. 14. La red vial Inka en la Región Puno

    Segisfredo López Vargas
    1. INTRODUCCIÓN
    2. ANTECEDENTES DE ESTUDIO
    3. LA RED VIAL INKA EN LA CUENCA DEL TITICACA Y SU CONEXIÓN CON LOS VALLES OCCIDENTALES Y ORIENTALES
    4. IMPORTANCIA DE LA RED VIAL EN EL CONTEXTO DE LA OCUPACIÓN HUMANA EN LA CUENCA DEL TITICACA Y LOS VALLES OCCIDENTALES Y ORIENTALES
    5. LAS PRINCIPALES RUTAS EN LA CUENCA DEL TITICACA
    6. LAS RUTAS HACIA LOS VALLES OCCIDENTALES
    7. CAMINOS DE VALLE E INTERVALLE
    8. COMENTARIOS FINALES

Prólogo

Lautaro Núñez A.

Al recibir la invitación para introducir este libro como un observador externo, no especialista en el espacio tratado, los editores buscaban un juicio quizás alejado de la contingencia y, en consecuencia, asumir ciertas reflexiones desde lo más meridional de los Andes. Por cierto, es un privilegio leer estos escritos de colegas en su gran mayoría peruanos y norteamericanos dedicados al “mundo” Circuntitikaka, donde ocurrió un conjunto de cambios civilizatorios que emergieron desde sociedades arcaicas preformativas, en uno de los escenarios más altos e inhóspito del mundo. Sin embargo, la neolitización andina subordinó los límites ambientales a través de las exclusivas prácticas de domesticación de grandes mamíferos y de prácticas agrarias no convencionales, junto a patrones arquitectónicos, artefactuales y estilísticos propios, orientados al surgimiento de estados arcaicos que respondieron a esas condiciones sociales y ambientales. En cuanto el puente altiplánico permitió una rápida extensión del éxito Formativo agropecuario, entre comunidades esencialmente dinámicas, con modelos sedentarios-móviles, al margen de las soluciones agrocentristas de las tierras bajas y del síndrome neodifusionista sin núcleos ni periferias, las ideas progresistas circularon en un ir y venir multidireccional, donde tanto “los de abajo” como los “de arriba” aportaron al proceso desde sus distintas y distantes experticias. En cuanto este “mundo” andino fue compartido por varios países actuales, en alguna medida estos estudios los sentimos nuestros y aprendemos de ellos, como si observáramos eventos familiares con distintas escalas y grados de complejidad, pero al interior de una matriz histórica común.

Durante el simposio de Paracas organizado por UNESCO-Perú, en el año 1979, cuando ordenamos el espacio andino en diferentes áreas, la identificada como Circuntitikaka resaltaba por la originalidad de su proceso intra altiplánico, desapegado de los Andes Centrales. Se integraba definitivamente a las tierras altas en el marco del área Centro-sur andina, con interacciones hacia los valles occidentales y el litoral adjunto. Se le observaba como un foco radiante de influencias desde los centros ceremoniales complejos Pukara, Chiripa y Wankarani más al sur, que estimulaban la sobredimensión de sus expansiones, que incluso habrían provocado la complejidad en sus entornos limítrofes. Aunque como ahora no entendíamos bien los procesos de interacción entre las tierras altas y el oriente, había cierto consenso que en las tierras altas del entorno al lago, como en el altiplano meridional de los lagos secos del sur, se habrían desplazado cambios sustanciales a través de colonias dirigidas hacia enclaves vecinos, porque además la tesis de verticalidad regía en su pleno apogeo.

Esta propuesta de altiplanización de los cambios civilizatorios era impactante a la luz de esos tejidos Pukara registrados en los valles de Arica y formalizaron explicaciones difusionistas que se sustentaban por la carencia de investigaciones que pudieran probar, como efectivamente ocurrió, que a lo menos en los valles occidentales y cir-cun-puna atacameña existió un tránsito Arcaico-Formativo local y que casi al mismo tiempo de los asentamientos formativos tempranos del Titikaka, otros distintos menos densos, pero con suficiente complejidad se habían desarrollado con autonomía efectivamente hacia el sur. Esta emergencia de diversos focos formativos tempranos desde el gran lago hasta los salares y oasis del sur, por el noroeste argentino y norte chileno, son señales de la diversidad de respuestas multilineales, cada una acotada a modelos variables de acuerdo a la calidad de las trasformaciones de los recursos naturales. Por lo mismo, este libro nos plantea a lo largo de sus investigaciones actualizadas lo sucedido en un espacio singular que nos permite comparar las distintas escalas y complejidades de las trasformaciones en un escenario Centro-Sur, entre los 5.000 a 2.500 años a.p., cuando las fuerzas innovativas arcaicas y formativas estaban operando en todas las tierras altas. Después de todo, es un ambiente que hasta hoy conserva uno de los remanentes étnicos más importante del hemisferio. Y es bajo este prisma que quisiéramos comentar su contenido en orden de secuencia.

Es muy útil la introducción de los editores que lograron una publicación en español, aunque más cargada a la vertiente peruana, con artículos bien seleccionados que demuestran claramente cómo las investigaciones norteamericanas, al contar con más fondos, pueden mostrar excavaciones extensivas y mayor acopio de datos, hecho que delata una situación muy propia de América Latina, en donde sus investigadores igualmente calificados no están sostenidos por políticas de Estado con fondos concursables anuales que aseguren continuidad y recursos para estos proyectos que cada vez son de más altos costos por la aplicación de nuevas tecnologías y aplicación de excavaciones de escalas confiables. En este sentido, los problemas pendientes están bien expuestos y son examinados bajo marcos teóricos y enfoques interdisciplinarios que llaman la atención desde temas muy básicos, como la identificación de “silencios arqueológicos”, a temas mayores que adivinamos como, por ejemplo: más controles radiocarbónicos y la aplicación de georadares, a la espera de recursos estatales y privados.

Hemos seguido de cerca las investigaciones de Mark Aldenderfer, porque asciende sus análisis de menor a mayor complejidad desde la sociedad arcaica y su interacción paleoambiental, a partir de los 10.000 años a.p., detectando eventos secos y húmedos que son fundamentales para comprender las variaciones ocupacionales, sobre todo la disponibilidad del recurso hídrico lacustre, de vegas y desde los arroyos circundantes. Desde nuestra percepción los recursos costeños y andinos estaban disponibles desde fines del Pleistoceno y tal como ocurre en Atacama desde ca. 11.000 años, las fases Huentelauquén y Tuina, respectivamente, sin contactos entre sí, estaban presentes desde el Arcaico Temprano, dando lugar a los inicios paralelos de los dos procesos diferenciados: maritimización y andinización de la sociedad sin relaciones de causa y efecto. Por lo mismo, resulta importante que aquí una corriente migracional costera habría iniciado el poblamiento serrano, aunque las dataciones lo podrían por ahora sostener. Dicho de otro modo, podría sugerirse que aún no se han registrado las ocupaciones en las tierras altas tan tempranas como las localizadas en las tierras bajas y costeras. Este debate está implícito en este artículo.

El autor al encarar el Arcaico Medio (6.000-4.000) bajo un régimen de aridez, sugiere que las condiciones no eran tan estresantes, al punto que sus recursos menguados pero suficientes, atrajeron a poblaciones sincrónicas desde la Circun-Puna de Atacama, donde efectivamente el impacto de aridez fue estricto, provocando migraciones a espacios de mayor estabilidad en la costa y valles transandinos, y ahora muy posiblemente a la puna peruana, sugerencia importante, porque entre comunidades arcaicas la intervención de cambios climáticos adversos genera efectos movilizado-res de larga distancia con la recurrencia de artefactos identitarios que se replican en espacios distantes no originarios.

Su escrito es revelador en términos de subrayar la importancia del inicio de las prácticas de domesticación de recursos faunísticos y vegetales en los mismos tiempos en que otras comunidades arcaicas de Atacama, en las tierras altas del sur, alcanzaban logros similares. El comienzo de la crianza de camélidos y el cultivo de quinua y tuberosas (6.000-3.400 a.p.) en aldeas estructuradas discretas, con viviendas que innovan con labores semi-sedentarias, culminará con un notable incremento demográfico. Esta agregación y acumulación, conduce a un estilo de vida protopastoralista, caza especializada, tráfico de obsidiana y otros bienes de estatus, recolección alimentaria y prácticas hortícolas. Es decir, estos cambios son globales, más extensivos en la puna peruana, sincrónicos con los restringidos en los eco-refugios de las quebradas altas del noroeste argentino y Atacama en Chile.

Hace tiempo que compartimos con el autor que la complejización de la sociedad arcaica tardía y final en torno al comienzo de las prácticas semi-sedentarias se sintetizan en las primeros brotes formativos, tal como lo expresaron las diversas ponencias del simposio que sostuvimos en el Congreso de Americanistas de México, publicadas en la Revista de Antropología Chungara (2011). Nos interesa saber más sobre cómo un conjunto de cambios transicionales fue capaz de crear estas trasformaciones con aportes sustanciales de caza especializada, recolección de alimentos silvestres, domesticación y crianza de camélidos de consumo y de carga, además de la horticultura del complejo cordillerano. Se sumaron tempranas tecnologías de contenedores y manufacturas de uso, además de la explotación de recursos minerales y acceso a lejanos bienes de privilegio. Esta combinación de logros se introducirán en las sociedades formativas tempranas más congregadas, desde las ricas punas del norte a las más limitadas del sur, que sólo después de avanzado el Formativo adquirirán connotaciones socioculturales particulares con distintos grados de complejidad a lo largo y ancho del Centro-Sur andino.

La propuesta de Nathan Craig viene precisamente a valorar los cambios culturales transicionales que limitan la movilidad a través de la fijación de aldeas más estables orientadas al gran desafío del área: cómo domesticar los recursos en alturas excesivas que más temprano que tarde alcanzarán organizaciones sociales agropastoralistas desde una base arcaica de sustentación. Cambios que efectivamente habrían ocurrido no tan gradualmente, sino bajo un rápido flujo de información interactivo sin relaciones de dominio. Proceso de cambios que se caracteriza por el abandono gradual de los cobijos bajo roca por los asentamientos abiertos que desde el Arcaico Tardío demostraran su eficiencia allí como en las punas saladas del sur.

Su propuesta desde llave destaca los componentes Arcaicos-Formativos donde apunta bien que es en las viviendas donde se reflejan los cambios más dramáticos desde la vieja tradición semisubterránea a la constitución de pueblos específicos. Se sabe que durante el Formativo Temprano en casi todas las tierras altas ocupadas, se consolidó el clima moderno, por los 1.400 a.C, precisamente cuando los primeros asentamientos agropastoralistas se han constituido con ciertos atributos ideológicos comunes, donde el rol ritual de las cabezas de camélidos fue un indicador clave. Compartimos, además, la identificación durante el Formativo Temprano del acceso a bienes distantes de privilegio: turquesa, oro, obsidiana, cobre y cerámica no experimental y de la organización de los primeros cementerios junto a los asentamientos, demarcándose la etología ocupacional con el culto a los antepasados, acorde al nuevo orden sedentario, vinculándose la vida doméstica con los ritos funerarios. Se integra el incremento demográfico, cuyo análisis empleado es muy funcional para cuantificar otro de los cambios claves formativos, siguiendo estudios clásicos que podrían perfeccionarse con el número de habitantes por unidad métrica de acuerdo a patrones etnográficos andinos, y que aun no hemos aplicado en los asentamientos de Atacama.

Si bien los logros agropastoralistas como culminación del proceso, son elocuentes, nos llama la atención que en su propuesta se acentúa un curso de cambios quizás unilineal, donde las prácticas de caza deben irreversiblemente atenuarse durante los comienzos formativos, bajando la popularidad de las puntas de proyectiles. Es que en Atacama los asentamientos formativos tempranos datados entre los 1.500 a los 400 a.C. presentan no sólo una alta tasa de puntas asociadas a restos de camélidos silvestres, sino que estos últimos representan la mitad del registro y la otra corresponde a domésticos. De la misma manera, desde nuestra visión el uso de plantas silvestres alimenticias fue mucho más gravitante que los productos hortícolas del complejo cordillerano. Esto es, las prácticas agrícolas formativas tempranas no fueron decisivas en el borde meridional alto del Centro-Sur, y esto podría marcar una diferencia entre las punas fértiles peruanas-bolivianas y las nuestras, donde las eficientes prácticas de caza y recolección perduraron por más tiempo. El colega Craig desde su mirada conductualista nos convence de cuán importante fue la emergencia de arquitectura transicional, donde los hábitos móviles se articularon con los fijos, con retornos durante el ciclo anual, en un espacio “apropiado” por las inhumaciones ancestrales entre los 3.300 a 1.700 a.C, tiempo de cambios sustanciales en las tierras altas nucleares.

Abigael Levine, Cecilia Chávez, Amanda Cohen, Aimée Plourde y Charles Stanish abordan el Formativo medio y superior (1.400-500 a.C.) esta vez con el reconocimiento de patrones arquitectónicos más especializados que darán lugar al complejo ce-remonialista Kalasasaya, derivado de acciones corporativas complejas bajo el nuevo orden de la acumulación de riqueza y poder que motivaran las respuestas Pukara, Taraco y Tiwanaku. Ciertamente, en las tierras altas una sociedad ganadera y agraria había iniciado un curso de acción dirigido a crear una elite con tanto o más poder que los estados arcaicos de las tierras bajas junto al litoral. En esta dirección, el complejo Kalasasaya del Formativo Medio y Tardío es importante para explicar cómo surge una sociedad de rango, que la valoramos porque es complicado probar cómo se establecieron los flujos comerciales y si fue realmente comercio, en un sentido mesoamericano o no. Nos interesa saber cómo se incorporó a la sociedad civil frente a modelos constructivos sofisticados (patios hundidos), o como se organizó la reproducción litoescultórica del aparato ideológico, cual pudo ser el incentivo para acentuar los vínculos de subordinación, competencia y peregrinaje y que hicieron con los asentamientos vecinos de donde se proveían de fuerza de trabajo, y cuál fue la integración ritual, económica y política para consolidar arreglos con comunidades situadas en las tierras bajas y el litoral. Por último, cómo se sostiene, negocia y ordena el paisaje construido frente a sus vecinos. Estos son temas difíciles con que este equipo nos ofrece datos y pistas confiables, porque queda claro que allí recurrieron factores múltiples que explican el modelo Kalasasaya. Sobre todo, es muy sugerente el acercamiento que hacen para incorporar la variable movilidad que hasta ahora no recordamos se haya visualizado en este espacio. Si es efectiva su orientación comercial o, simplemente, si fue un régimen pautado por operaciones de intercambio desde la élite, se plantea la importancia del trazado de rutas inter-asentamientos destinadas al traslado de bienes domésticos y exóticos (obsidiana), en zonas alejadas pero complementarias. Esto incluyó el probable inicio de las practicas del “derecho” al alojamiento durante las transacciones, propuesta que calza bien con el manejo caravanero en sociedades más centralizadas sobre lo cual aun sabemos poco.

En cuanto a la acumulación de poder y riqueza en zonas de alta densidad demográfica y fricciones inter-elites, es plausible que se hayan generado conflictos, como el incendio descrito en Taraco. El surgimiento de Pukara pudo asociarse a relaciones tensas, plena de competencias, alianzas y desacuerdos que solo una ritualidad icónica compartida podría atenuar o anular de alguna manera, enfatizándose las negociaciones con mayor armonía social y política. Así, los espacios públicos y centros ceremoniales, con las representaciones y el boato del poder (ejemplo: sacrificador y cabezas-trofeos), lograrían consolidar las redes de cooperación y retorno de vínculos sociales simbólicos que, como bien lo dicen, culminará con una secuencia de arquitectura monumental y religiosa en el centro hegemónico de Tiwanaku. Desde aquí el prestigio de los iconos de las alturas sobrepasará los límites de los centros ceremoniales anteriores hasta establecerse alianzas tan lejanas como en los oasis de San Pedro de Atacama (norte de Chile). Las autonomías formativas centralizadas del norte y aquellas segmentadas del sur, ahora se disponen bajo las gestiones y negociaciones del mayor centro de convergencia socio político e ideológico generado por las poblaciones de los paisajes abiertos de las tierras altas circunlacustre.