Aguinaldo para las señoras del Perú y otrosensayos

De

Esta edición constituye la primera compilación de la obra escrita de Francisco Laso (1823-1869), uno de los pintores más complejos del siglo XIX, pero también una de las figuras públicas más representatives de su generacíon.


Publicado el : viernes, 21 de junio de 2013
Lectura(s) : 16
Etiquetas :
Licencia: Todos los derechos reservados
EAN13 : 9782821826601
Número de páginas: 250
Ver más Ver menos
Cette publication est uniquement disponible à l'achat
Portada

Aguinaldo para las señoras del Perú y otros ensayos

1854-1869

Francisco Laso
  • Editor : Institut français d’études andines
  • Año de edición : 2003
  • Publicación en OpenEdition Books : 21 junio 2013
  • Colección : Travaux de l’IFÉA
  • ISBN electrónico : 9782821826601

OpenEdition Books

http://books.openedition.org

Referencia electrónica

LASO, Francisco. Aguinaldo para las señoras del Perú y otros ensayos: 1854-1869. Nueva edición [en línea]. Lima: Institut français d’études andines, 2003 (generado el 17 diciembre 2013). Disponible en Internet: <http://books.openedition.org/ifea/1162>. ISBN: 9782821826601.

Edición impresa:
  • ISBN : 9789972718083
  • Número de páginas : 250

© Institut français d’études andines, 2003

Condiciones de uso:
http://www.openedition.org/6540

Esta edición constituye la primera compilación de la obra escrita de Francisco Laso (1823-1869), uno de los pintores más complejos del siglo XIX, pero también una de las figuras públicas más representatives de su generacíon.

Índice
  1. Estudio introductorio

    1. Francisco laso, escritor y politico

      1. LASO Y LA GENERACIÓN DE 1848
      2. EL AGUINALDO PARA LAS SEÑORAS DEL PERÚ
      3. LA REVISTA DE LIMA, 1859-1863
      4. EL CAMINO CIVILISTA. LA PARTICIPACIÓN POLÍTICA, 1865-1869
      5. EL FRACASO DE LA ESFERA PÚBLICA
      6. LA FUNCIÓN DE LA AUTOBIOGRAFÍA
    2. Criterios de esta edición

  2. Aguinaldo para las señoras del Peru

    1. Presentación anónima a la edición del Aguinaldo de 1867

      1. DOS PALABRAS
    2. Aguinaldo para las señoras del Perú

      1. MIS BUENAS Y QUERIDAS PAISANAS:
    3. La causa de la juventud

  3. Ensayos en La Revista de Lima, 1859-1863

    1. Algo sobre bellas artes

      1. II
      2. III
    1. El hombre y su imagen

      1. I
      2. II
      3. III
      4. IV
    2. La paleta y los colores

      1. I
      2. II
      3. III
      4. IV
    3. Croquis sobre la amistad

      1. I
      2. II
      3. III
      4. IV
      5. V
      6. VI
      7. VII
    4. El vividor

    5. Croquis sobre el carácter peruano

      1. I
      2. II
      3. III
      4. IV
      5. V
      6. VI
    6. Un recuerdo

      1. I
      2. II
      3. III
      4. IV
      5. V
      6. VI
      7. VII
      8. VIII
      9. IX
      10. X
    1. Variaciones sobre la candidez

      1. II
      2. III
      3. IV
      4. V
    2. Tiempos pasados

    3. Señores redactores de la “Revista de Lima”

      1. MI CUMPLE AÑOS*
      2. II
      3. III
      4. IV
      5. V
    4. Croquis sobre los bien aventurados en la tierra

    5. Croquis sobre las elecciones. Indirecta para los ricos, en particular, y para todo hombre de orden, en general

      1. I
      2. II
      3. III
      4. IV
      5. V
  1. El Congreso Constituyente, 1867

    1. Derechos adquiridos. El diputado por Lima que suscribe a sus comitentes

    2. Derechos adquiridos

  2. Artículos en El Nacional, 1869

    1. Huacho a vuelo de pájaro

    1. Bazar semanal

    2. Bazar semanal

    3. Bazar semanal

    4. Bazar semanal

    5. Bazar semanal

Estudio introductorio

Francisco laso, escritor y politico1

1Francisco Laso (1823-1869) es, probablemente, el primer pintor republicano. En un estricto sentido cronológico, lo es por pertenecer a una generación nacida con la independencia, que tuvo en sus manos la ruptura definitiva con el arte colonial. En un sentido más amplio, se reconoce su papel fundador y pionero en la creación de una iconografía nacional. Pero quizá menos evidente, Laso fue también uno de los pocos artistas peruanos que asumieron la pintura como una actividad intelectual. En su obra, críptica y compleja, de citas y contenidos velados, se refleja claramente esta dimensión. De hecho, el sentido último de su pintura no puede ser entendido sin tomar en cuenta su actividad paralela como escritor y político, un aspecto central de su biografía que es aún escasamente conocido.

2La trayectoria de Laso se enlaza con su participación decisiva en la dinámica de la generación liberal que forjó las bases del civilismo, con los estrechos lazos que lo unieron con los intelectuales más importantes de su época y con su extensa y activa intervención en la vida política del país. Como autor, Laso mereció el reconocimiento y el respeto de sus contemporáneos. José Antonio de Lavalle y Arias de Saavedra lo calificó como “uno de los más notables escritores peruanos”2. Para Ricardo Palma, sus artículos, “llenos de rasgos vigorosos, de verdades amargas, de pureza de estilo, de sensatez y de erudición, le señalaron un lugar prominente en la república de las letras”3. Pero este reconocimiento no se extendió más allá de su generación.

3Es cierto que quienes han escrito sobre Laso mencionan siempre, aunque sea de paso su actividad como ensayista y su participación en la política. Pero en realidad la fortuna póstuma de su obra escrita se reduce básicamente a tres textos: una extraña y dispersa discusión de Emilio Gutiérrez de Quintanilla, presentada en forma de una conferencia en 1920, un breve pero exhaustivo recuento descriptivo hecho por José Antonio de Lavalle y García en 1938 y los comentarios incluidos en el estudio biográfico de Juan Manuel Ugarte Elespuru4 Este virtual olvido de los escritos de Laso refleja la marginación histórica de toda una generación literaria, pero también el cuestionamiento de una etapa clave en la historia política del Perú.

4Tras la derrota en la Guerra del Pacífico, desde una mirada teñida por la sensación de un fracaso nacional, los intelectuales peruanos condenaron a los primeros civilistas, esa “mesocracia” a la que, según José Carlos Mariátegui, “un complejo conjunto de circunstancias históricas no consintió transformarse en burguesía”5. No es el caso reivindicar aquí lo que ni los propios civilistas reclamaron. La generación de Laso enfrentó el caos político republicano con plena conciencia de la frustración de sus intenciones y de la fragilidad institucional en que operaba. La desesperación ante la situación del país es, además, uno de los tópicos recurrentes de la escritura de Laso, quien llegó a describir la sociedad peruana como un sonámbulo “que se dirige cantando al precipicio...”6. Sus ensayos ayudan a completar la imagen de una generación que luchó por revertir el curso de la política republicana y por plantear la posibilidad de un proyecto nacional.

5Esta edición constituye la primera compilación de la obra escrita de Laso, que ha merecido hasta ahora escasa difusión. A los pocos años de su muerte apareció en La Revista de Buenos Aires el ensayo “El hombre y su imagen”, texto que fue recogido luego por los editores de La Revista de Lima en 18737. Otro de sus ensayos más conocidos “Variaciones sobre la candidez”, fue incluido en Costumbristas y satíricos, influyente antología editada por Ventura García Calderón en 1938 para la “Biblioteca de Cultura Peruana”8. La inclusión de Laso en esta selección permitió mantener la vigencia de su obra escrita por algún tiempo, como lo demuestra la publicación aislada de ciertos textos en las décadas siguientes9. Hoy su obra es prácticamente desconocida, dispersa en folletos, revistas y periódicos de difícil acceso.

6Se incluye aquí la totalidad de los textos de Laso que fueron publicados en vida10. Es posible, e incluso probable, que su obra escrita haya sido más amplia. Carlos Alberto González menciona textos publicados en La América (1862) y José Antonio de Lavalle y García hace referencia a su colaboración con el periódico político La Tribuna11. Sabemos también que en 1867 escribió un ensayo sobre “Arqueología peruana” para ser leído en la Academia Nacional, pero no existen evidencias de que haya sido publicado12.

7La compilación sigue una secuencia cronológica, que hemos dividido en cuatro grandes apartados. El primero, se centra en uno de sus principales textos, El Aguinaldo para las señoras del Perú, publicado durante su segunda estancia en París, en 1854. En la segunda sección se incluyen los ensayos publicados en La Revista de Lima entre 1859 y 1863, quizá el conjunto más amplio y diverso de su obra, donde se perfila con nitidez su personalidad literaria. Su polémica contribución al debate parlamentario de 1867 sobre los derechos adquiridos y su defensa personal ante los ataques que entonces recibió forman la tercera sección. Hemos incluido al final las notas periodísticas que publicó en El Nacional. Aunque tienen un sentido más bien coyuntural, consideramos que ellas contribuyen a entender de una manera integral su pensamiento político y su participación en la vida pública.

8Es indudable que el interés de estos textos reside principalmente en su contenido social e ideológico. La intensidad de sus escritos, la dureza e incluso la violencia de sus críticas, evocan el sentido de urgencia con que su generación intentó dar forma a una idea de nación. Por ello es necesario aclarar que no se trata de una obra de intención estrictamente literaria. Juan de Arona reconoció en Laso a un “insigne pensador y moralista”, pero cuestionó al mismo tiempo su “estilo pésimo y pobre”13. Y aunque Lavalle juzgó exagerada la critica de Arona, encontró en lo “desaliñado e incorrecto” de sus formas la explicación de la espontaneidad y singularidad de su escritura14.

9Anticipándose a sus críticos, el propio Laso declaró con insistencia ser un extraño a la literatura. De hecho, empezó a escribir tardíamente -tenía cerca de treinta años cuando publicó su primer ensayo-, sin haber contado antes con una formación académica. Su educación formal se limitó a sus estudios escolares en el colegio de Clemente Noel y a algunos cursos libres en el colegio de San Carlos, realizados antes de emprender el viaje a Europa en 1842. La escritura era para él una herramienta social y política, que tenía una función esencialmente instrumental.

10Se ha insistido mucho en la orginalidad literaria de Laso. En 1860, al cuestionar el conservadurismo de algunos autores de La Revista de Lima Luis Benjamín Cisneros declaró que “Sólo Laso, el original Laso, llena su deber”, y agregó “[q]uisiera que todos alcanzaran a comprender y admirar la originalidad de su talento”15. Más adelante Lavalle recordaría una anécdota de Felipe Pardo y Aliaga quien, ante un amigo que lamentaba la falta de educación literaria del pintor, habría respondido diciendo: “¡Gracias a Dios, que no la ha recibido! (...) Mete a Laso en el cartabón de Hermosilla y no sería quizá más que un escritor vulgar, mientras que abandonado a sí mismo, se ha hecho el escritor más original de América”. El propio Lavalle acotó que Laso era “único en su género”, que no podía agruparse con otros escritores y que, por tanto, ocupaba “un lugar separado y especial” en la historia de la literatura peruana16.

11La noción de originalidad que estos escritores ensayan no debe confundirse con la trillada concepción romántica de una esencia creativa. Se trata más bien de la descripción de quien practica la escritura sin sujetarse a los condicionamientos normativos de una práctica profesional. Pero este concepto también se constituye en una dificultad para trazar su filiación como escritor. Más allá de ciertas inflñuencias inconfundibles -como son la de Pardo y Aliaga y los prosistas ingleses y franceses- resulta en verdad difícil ubicar a Laso en una sola tradición literaria. Si bien Laso transita por géneros clásicos como son la crítica de costumbres, el ensayo político y la crónica periodística, otorga a cada cual un tratamiento particular.

12Finalmente es necesario aclarar que no existe analogía o correspondencia directa entre la pintura y la escritura de Laso. Quien busque en estos textos claves para facilitar la interpretación de la obra pictórica, encontrará poco que le sea de utilidad. Cada género opera independientemente, bajo sus propios esquemas y estrategias discursivas. Pero en ambos casos se puede recoger la misma obsesiva preocupación por constituir una esfera pública, por definir un discurso de nación. La práctica de la escritura representó para Laso la posibilidad de formular un pensamiento alternativo, de compensar por esa función pública que la pintura no pudo entonces asumir.

LASO Y LA GENERACIÓN DE 1848

13Laso definió su vocación por la pintura tempranamente. A los 19 años viajó a Europa para completar la formación artística que había iniciado precariamente en Lima. Entre 1843 y 1849 trabajó en el taller parisino del pintor suizo Charles Gleyre, uno de los maestros más reconocidos de su tiempo, y emprendió luego el obligado recorrido por Italia. El viaje le permitió consolidar su educación artística; de hecho, las obras creadas por esos años demuestran un claro dominio del oficio pictórico y la maduración de un estilo propio. Pero su retomo al Perú fue determinante en otros sentidos. El período entre su regreso, en 1649, y el inicio de su segundo viaje a Europa, en 1852, fue el momento en que se definieron sus amistades, sus relaciones intelectuales y las inquietudes políticas que lo acompañarían a lo largo de su vida.

14Recién llegado de Europa, se integró al emergente círculo conformado por estudiantes o graduados recientes del Colegio de San Carlos, un grupo surgido, paradójicamente, de la reforma académica implantada por el clérigo conservador Bartolomé Herrera en la década de 1840. Clemente Althaus, Sebastián Barranca, Luis Benjamín Cisneros, Manuel Adolfo García, Numa Pompilio Liona, José Arnaldo Márquez y Ricardo Palma, quienes luego formaron el liderazgo político, literario y científico del país, se conocieron en las aulas de San Carlos. A ellos se unirían otros, más jóvenes o educados fuera de San Carlos, como Manuel Nicolás Corpancho, José Antonio de Lavalle, Manuel Pardo y José Casimiro Ulloa, igualmente identificados con las inquietudes de la llamada “generación de 1848”17. Nacidos en el período inmediatamente posterior a la Independencia, compartieron una conciencia clara acerca de su papel fundacional en la vida política y literaria del país18.

15Laso era casi diez años mayor que los jóvenes con quienes se asoció por entonces. Su taller en la calle Gremios fue un lugar de encuentro para este núcleo de estudiantes, periodistas, poetas y políticos que conformaron la primera comunidad intelectual orgánica forjada tras la Independencia. A diferencia de las tertulias literarias y políticas que les precedieron, el grupo no se reunía sólo en salones y espacios privados sino que se congregaba en público, en el teatro y en las páginas de los diarios. Es significativo que una de las primeras obras de Laso haya sido precisamente la decoración del Teatro de Variedades y que los jóvenes intelectuales se hayan integrado a la generación previa de los fundadores de la Independencia en la redacción de periódicos como El Progreso, dirigido por Pedro Gálvez, o El Correo Peruano, editado por el padre de Laso.

16La figura de Benito Laso, jurista, político y periodista, posiblemente ayude a explicar el acercamiento de su hijo a la joven generación de escritores, a pesar de la diferencia de edad y de formación que los separaba. Había sido uno de los principales colaboradores de Bolívar en el Perú y uno de los líderes más destacados del primer liberalismo anticlerical19. Junto con otros liberales de su generación, como Juan Espinosa y Francisco Javier Mariátegui, el padre de Laso protegió a los intelectuales emergentes, los inició en la política y los acompañó en sus combates periodísticos.

17Esta “primera generación romántica”20, consolidó su presencia pública hacia 1848, año en que Corpancho, Márquez y Ulloa editaron la revista literaria El Semanario de Lima y el joven poeta español Fernando Velarde publicó Flores del desierto, reconocido por la joven generación como el texto fundacional del romanticismo literario en el Perú. Más allá de la vaga tendencia liberal que defendían en lo político, era su interés por el campo cultural lo que los definió como generación intelectual y lo que marcó su aparición en la escena pública.

18Al igual que la economía política o las ciencias modernas, las artes representaban una ruptura con las profesiones tradicionales y, en consecuencia, con la generación precedente de intelectuales peruanos. La concepción de las artes como parte de una práctica humanística y liberal no tenía verdaderos antecedentes coloniales. En 1849, a los pocos meses del regreso de Laso a Lima, el diario liberal El Progreso, prestó su apoyo a una propuesta hecha por su padre para establecer una academia de pintura. El anónimo comentarista atribuyó el retraso existente en el campo artístico a los prejuicios coloniales:

Aquí se ha considerado la pintura, escultura, o arquitectura, como oficios deshonrosos; se ha visto a un pintor cual si fuera un albañil, -y ningún joven decente, se hubiera atrevido a dedicarse francamente a las artes sin temor de descender del rango que ocupaba en la sociedad. Pero ese estado de preocupación no podía existir toda la vida, y alguno debía romper ese dique que se oponía a nuestro progreso.

19Laso era uno de aquellos que había entendido que “más vale ser un buen artista, que un mediocre abogado, médico o eclesiástico...” y que, por tanto, estaba llamado a “propagar el arte con toda la fe con que propagaron el evangelio los primeros apóstoles”21. La figura del artista como apóstol de una nueva fe revela el lugar de privilegio otorgado a las artes y el sentido de misión con que la generación de 1848 enfrentó su papel social.

20Ricardo Palma los definió como “la primera bohemia peruana”22, pero el término puede prestarse a confusión. La bohemia francesa radicalizada de la década de 1840 y 1850 ocupaba una posición particular en un orden social totalmente distinto. Eran, en palabras de T.J. Clark, “burgueses que jugaban a ser burgueses”, que remedaban los ideales de su propia clase social y de sus certidumbres de progreso. Su “estilo bohemio” podía funcionar sólo dentro de un orden capitalista que se mitificaba a sí mismo y creía en su futuro23. Los intelectuales de la generación de 1848 pudieron adoptar ciertos gestos del modelo bohemio; pero no eran figuras marginales sino parte de una elite educada y prominente, consciente de su papel como figuras ejemplares del modelo republicano que intentaban representar. Su programa apostaba por alcanzar precisamente ese orden burgués que en Europa empezaba a ser cuestionado desde dentro.

21El propio Laso deja clara muestra de esta diferencia en “Un recuerdo”, ensayo en que esboza una definición de la bohemia francesa. Al evocar a su amigo, el pintor francés Eugène Daméry, modelo del verdadero artista, Laso opuso su seriedad y superioridad moral al frivolo y hasta ridículo “mundo literario y artístico” de París. Criticó las pretensiones de los poetas, la artificialidad de la prosa, los excesos realistas y las pueriles diversiones de los pintores. Sobre todo, cuestionó el carácter moral de la bohemia francesa: ni su manera fácil ni sus gestos reales o pretendidos de marginalidad podían servir de modelo a los intelectuales peruanos.

22De hecho, su ubicación como grupo dirigente se iría poniendo gradualmente en evidencia. El Estado peruano los fue incorporando en un intento consciente por formar a una nueva elite política. Alejandro Losada señala que tan pronto aparecieron en la esfera pública, los miembros de la generación de 1848 fueron rápidamente incorporados a la burocracia estatal24. En este proceso fue fundamental la figura de Miguel del Carpio y Melgar (1795-1869), poeta aficionado que promovió activamente a los jóvenes escritores y a quien Laso retrató poco antes de emprender su segundo viaje a Francia25. Como ministro de Ramón Castilla y luego como vicepresidente del Consejo de Estado en el gobierno de José Rufino Echenique, del Carpio utilizó su influencia para obtener cargos públicos para varios de los jóvenes escritores. Palma, Corpancho, y Márquez se incorporaron como oficiales del Cuerpo Político de la Armada, entidad que acogía a civiles para cargos administrativos en el ejército26. El propio Laso recibió apoyo de Echenique para viajar a Europa, gracias a la amistad que unía a su padre con el presidente27.

23Esta posición ambigua, de reformadores sociales y a la vez protegidos del poder político, definió su difícil inserción en la vida pública. La generación de 1848 no llegó a constituirse en un partido ni a definirse bajo un único programa político. Aunque la mayoría adoptó una postura liberal, sus posiciones alternaron entre el radicalismo socialista y el liberalismo conservador. Tampoco mantuvieron una causa política homogénea e incluso se encontraron luchando en campos opuestos durante el ciclo revolucionario de la década de 1850. Pero coincidieron en criticar el caos generalizado de la temprana república, el peso del militarismo en la política y las costumbres coloniales que aún persistían en la sociedad peruana.

EL AGUINALDO PARA LAS SEÑORAS DEL PERÚ

24Resulta difícil evaluar la temprana posición política de Laso, ausente del país entre 1852 y 1856, precisamente los años cruciales de la contienda liberal. Este segundo viaje a Europa, sin embargo, no significó su apartamiento de los debates locales, sino todo lo contrario. En París se vinculó con Manuel Pardo y con José Casimiro Ulloa, amistades que se extendieron a la vida pública y se estrecharon aún más en las luchas políticas de la década de 1860. Pero también fue en Paris donde Laso escribió su primer ensayo de crítica social. A fines de 1853 publicó el Aguinaldo para las señoras del Perú, bajo el seudónimo de “El Barón de poco me importa”. El texto marca el inicio de su carrera pública; define su ubicación en las márgenes de la práctica literaria y al centro mismo de una generación intelectual que iba forjando su acceso a la esfera pública.

25El Aguinaldo presentaba una dura critica a la sociedad peruana. Siguiendo uno de los tópicos recurrentes del costumbrismo peruano, Laso cuestionó el sistema educativo que producía jóvenes frivolos y débiles, sin patriotismo ni espíritu público. La renovación moral debía surgir de la esfera privada, de la educación y los principios impartidos en el hogar. Por ello, dedicó su Aguinaldo a las señoras de Lima, a quienes exigió la reforma de la educación en el Perú. En su texto, Laso trazó la historia de un niño de clase alta, a quien bautizó con el muy limeño diminutivo de Manongo. En el relato, los talentos innatos y el buen carácter del niño gradualmente se ven destruidos en el proceso de crecer en una sociedad inmoral y decadente.

26Años más tarde, Laso recordaría el contexto que motivó la escritura de su texto:

¡Sé el primero en escribir un comentario!

13/1000 caracteres como máximo.

Difunda esta publicación

También le puede gustar

La fauna sagrada de Huarochirí

de institut-francais-d-etudes-andines

Del trono a la guillotina

de institut-francais-d-etudes-andines

Tres levantamientos populares

de centro-de-estudios-mexicanos-y-centroamericanos

Relación de antiguedades deste reyno del Piru

de institut-francais-d-etudes-andines

El Estado Federal de Loreto, 1896

de institut-francais-d-etudes-andines

La selva culta

de institut-francais-d-etudes-andines

siguiente