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Introducción
Mesoamérica. Los monumentales ediIcios, la es-cultura, la orfebrería, los códices, la cerámica. Tes-tigos de una gran historia que poco a poco se ha venido descifrando a partir de las revelaciones y la memoria de estos bellos objetos de la producción humana. La piedra, el metal, el amate y el barro: su palabra.
Pero la creación de nuestros pueblos ancestrales no se limita a las construcciones materiales. Éstas se encuentran íntimamente vinculadas con la reexión sobre el origen y el Cosmos, con la pregunta sobre la procedencia y el destino último del hombre; en una palabra, con el pensamiento.
Los nahuas. Grupo mesoamericano cuyas manifestaciones culturales causan asombro a propios y extraños. México-Tenochtitlan, Tezcoco, tal vez los ejes principales. Los tlamatinime, los poetas y los tlacuhilos. Hoy, la Fundación Cultural Armella-Spitalier desea emprender con usted un viaje por la Ilosofía y la literatura de nuestros antepasados, de la mano de las piezas que forman parte del acervo que resguarda.
El barro, sus formas, secretos y colores; el canto, su densidad lírica, su música, la profundidad de su pensamiento. Una mirada al pensamiento náhuatl expresada a través de in xóchitl in cuícatl: la or y el canto. La poesía.
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1La cosmovisión nahuátl
¿ Qué es cosmovisión? Es, sencillamente, la manera de ver e interpretar el mundo y el univer-so. Todos los pueblos del planeta han construido la propia a partir de la contemplación de su entorno, así como de la necesidad de explicarse, primero, los fenómenos naturales y, después, en una fase más profunda, a sí mismos. El ser humano trae en él la urgencia de explicarse su origen primero y de desentrañar el signiIcado de la vida y de la muerte. De ahí, de esos cuestionamientos, surge la Ilosofía.
Mictlantecuhtli.
Los pueblos de Mesoamérica no fueron la excep-ción. Ejemplo de ello es el Popol Vuh, texto maya que, aunque escrito durante el siglo XVI, contie-ne el pensamiento ancestral de esa cultura sobre el origen del mundo y la genealogía de los seres humanos.
¡Y los nahuas! Esa agrupación de pueblos unidos por la que fue la lengua franca de la época, des-pliega su imaginación en la fundación de mitos de hondo calado. Y la poesía, in xóchitl in cuícatl, se convierte posteriormente en el vehículo perfecto para expresar tales mitos y creencias, ambos re-sultado de siglos de constante reexión IlosóIca. Sí, la poesía. Pero la verdadera poesía. Aquella que buscaba —y busca— acercarse a la verdad. En la Grecia de Homero, en la Italia de Dante,en el Tez-coco de Nezahualcóyotl, en el México-Tenochtitlan de Axayácatl... o de Octavio Paz. En palabras de
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Una mirada al pensamiento náhuatl
Obras modernas de la vida en el México antiguo.
Miguel León Portilla, historiador mexicano.
Miguel León Portilla, nuestro guía en este recorrido: ...la verdadera poesía [que] implica un peculiar modo de conocimiento, fruto de una auténtica experiencia interior, o si se preIere, resultado de una intuición.
Como nos asomaremos a este tema un poco más tarde, empecemos a contar las historias que los nahuas transmitían, primero de manera oral y luego a través de amoxtli, para explicarse el mundo y a sí mismos...
Códices mexicanos.
1.1 El Origen
En Teotihuac án, en la absoluta oscuridad del mundo sin sol, reuniéronse los dioses. Entre ellos se encontraba Nanahuatzin (el Purulento), dios empobrecido, y Tecuciztécatl, que era un dios rico. Nadie quería sacriIcarse para dar luz al planeta. Fi-nalmente, Nanahuatzin lo hizo: voluntariamente se arrojó a las llamas y se convirtió en el Sol; lo siguió Tecuciztécatl, quien desde entonces es la Luna.
Nanahuatzin, el sol. Tecuciztécatl, la luna.
SacriIcios rituales en honor a Tezcatlipoca.(1)
El resto de los dioses se lanzó también a las llamas, pues así lo exigía el Sol para poder alimentarse con su sangre. Ehécatl, dios del viento y advoca-
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ción deQuetzalcóatl, con su aliento ayudó para que ambos astros se movieran e iluminaran suce-sivamente al mundo. De aquí surge, entonces, el orden del cosmos.
Representación en cerámica de Ehecatl.
Gerónimo de Mendieta da cuenta de otro relato de creación de los mexicas: Quetzalcóatl baja al Mictlán, acompañado de Xólotl, para recoger los huesos de generaciones pasadas. Mezcla éstos con su sangre y así da vida a una nueva estirpe humana.
Los nahuas, herederos de las tradiciones religiosas de los toltecas, tal vez recibieron de ellos también sus principales mitos de creación.
Escultura representando a Quetzalcóatl.
1.2 El Universo
P ara los mexicas, el Universo estaba conformado por dos planos: uno horizontal y el otro vertical. El horizontal llamábase Tlaltícpac y era la superIcie del mundo, habitada por los seres humanos, animales y plantas. El vertical se dividía en dos: uno hacia arriba, el supramundo u Omeyocan; y otro hacia abajo, el inframundo o Mictlán. El cruce de ambos planos era el ombligo de la creación entera y se encontraba en el Templo Mayor, lugar sagrado de México-Tenochtitlan.
Pero vamos por partes. Hablemos primero del Tlal-tícpac que, como ya dijimos, es el nivel terrestre. De su centro surgen los cuatro rumbos del univer-so. A cada uno de ellos le correspondía un dios creador: el oriente era territorio de Tezcatlipoca Rojo; el norte, de Tezcatlipoca Negro; el sur, de Huitzilopochtli o Tezcatlipoca Azul; y el poniente de Quetzalcóatl.
Ahora bien, el nivel celeste, primera parte del plano vertical, estaba conformado por trece cielos y se estableció a partir de la observación y el movimien-to de los astros. Aunque existen varias versiones, podemos mencionar, por ejemplo, que el primer “cielo” era la casa de la luna y de las nubes, y el octavo era el sitio donde se gestaban las tempesta-des. Los dioses, por su parte, habitaban el noveno, décimo y undécimo; los últimos dos eran la morada de la dualidad, de Ometecuhtli y Omecíhuatl.
Por último, el inframundo estaba constituido por nueve lugares que precedían al Mictlán, cada uno regido por deidades relacionadas con la muerte, mismos que tenían que recorrer los que habían pe-recido de muerte natural. Algunos de estos sitios son, según el Codex Vaticanum, el pasadero de agua, el lugar del viento de obsidiana y el lugar donde son comidos los corazones de la gente. Pero Fray Bernardino de Sahagún menciona otros, como las sierras que chocan entre sí y el lugar del viento frío de navajas. Quienes superaban estos graves peligros, llegaban a la presencia de Mictlantecuhtli, señor de la muerte.
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Mictlantecuhtli.
Pequeña escultura representativa de Mictlantecuthli.
Representación en códice de sacriIcio ritual humano.