Alcestis

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Datada hacia el 428 a.C., “ Alcestis” es una de las primeras tragedias conservadas del dramaturgo griego Eurípides. En ella cuenta la historia de Alcestis, la única hija del tirano Pelias (tío de Jasón el Argonauta) que no participó en el asesinato de su padre. Ella se casa con Admeto, y es un modelo de esposa amante. Apolo, en agradecimiento a Admeto por su trato afable en su casa, consigue que la Muerte acepte que una persona muera en su lugar.


Publicado el : viernes, 06 de marzo de 2015
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EAN13 : 9788416375295
Número de páginas: no comunicado
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Alcestis
Eurípides
Personajes:
Apolo Tanatos Alcestis Admeto Eumelo Heracles Coro de ancianos forenses Un servidor Una servidora
Apolo ¡Oh morada de Admeto, en la cual, aun siendo Dios, sufrí la mesa de la servidumbre! Zeus fue el causante, por matar a mi hijo Asclepio lanzando el rayo contra su pecho. Y me irrité, y maté a los cíclopes, obreros del fuego divino. Y mi padre, en castigo, me obligó a servir a un hombre mortal. Cuando vine a este país hube de apacentar los bueyes de mi amo, y hasta el día he protegido esta morada. Piadoso yo al lado de un hombre piadoso, el hijo de Feres, le he redimido de la muerte engañando a las Moiras. Porque las Diosas me prometieron que Admeto escaparía de la muerte que ya le amenazaba, si en su lugar se ofrecía otro muerto al Hades. Tras de poner a prueba a todos sus amigos, a su padre y a la anciana madre que le parió, no ha encontrado nadie, excepto su mujer, que quiera morir por él y no ver ya la luz. Y aquélla, llevada en brazos, va a rendir el alma ahora en las moradas, pues su destino es morir y abandonar la vida en este día. Por lo que a mí respecta, a fin de no mancillarme, abandono estos techos tan queridos. Ya veo que se acerca Tanatos, hierofante de los muertos, que se va a llevar a Alcestis a las moradas de Edes. Llega en el momento preciso, tras de acechar este día, en el que es fatal que Alcestis muera.
Tanatos ¡Ah, ah! ¿Qué buscas en estas moradas? Una vez más arrebatas injustamente sus honores a los Demonios subterráneos. ¿No te conformas con haber desviado el destino de Admeto, engañando con tus astucias a las Moiras? Y ahora velas de nuevo, con el arco en la mano, por ésta, por la hija de Pelias que ha prometido a su marido libertado morir por él.
Apolo ¡Tranquilízate! Ciertamente, están de mi parte la justicia y las verdaderas razones.
Tanatos ¿Y para qué necesitas ese arco, si tienes de tu parte la justicia?
Apolo Tengo costumbre de llevarlo siempre.
Tanatos Y de proteger estas moradas contra toda justicia.
Apolo Me afligen, en efecto, las desgracias de un hombre a quien quiero.
Tanatos ¿Aspiras a quitarme también este otro muerto?
Apolo No te le he quitado por fuerza.
Tanatos ¿Cómo se encuentra, pues, sobre la tierra, y no debajo de ella?
Apolo Porque ha entregado en lugar suyo a su mujer, que es la que vienes a buscar.
Tanatos Y en verdad que me la llevaré debajo de la tierra, al Hades.
Apolo ¡Cógela y vete! Porque no sé si podré persuadirte...
Tanatos ¿De qué? ¿De matar a quien hay que matar? Esa es, en efecto, mi misión.
Apolo No es esa, sino llevar la muerte a los que tardan en morir.
Tanatos Comprendo esta razón y tu celo.
Apolo ¿Hay, pues, algún medio de que Alcestis llegue a la vejez?
Tanatos No hay ninguno. Comprenderás que yo también deseo disfrutar mis honores.
Apolo Seguramente, no te llevarás más que un alma.
Tanatos Cuando los jóvenes mueren alcanzo una gloria mayor.
Apolo Pero si ella muere vieja, se la enterrará con magnificencia.
Tanatos En favor de los ricos, Febo, estableciste esa ley.
Apolo ¿Qué has dicho? ¿Tan sutil te has vuelto sin que lo sepamos?
Tanatos Aquellos a quienes les tocaron en suerte riquezas se redimirían para morir viejos.
Apolo Así, pues, ¿no quieres concederme esta gracia?
Tanatos ¡No, por cierto! Ya conoces mis costumbres.
Apolo ¡Funestas a los mortales y odiosas a los Diosas!
Tanatos No obtendrás nada de lo que no es conveniente que obtengas.
Apolo Aunque eres tan cruel, sin duda te aplacarás. He aquí un hombre que avanza hacia la morada de Feres, enviado por Euristeo, desde las llanuras heladas de la Tracia, para robar el carro y los caballos, y el cual, habiendo recibido hospitalidad en las moradas de Admeto, te quitará por fuerza a esa mujer. Y no tendré que agradecerte nada, y harás, no obstante, lo que yo quiera, y no por ello me serás menos odiosa.
Tanatos Por mucho que hables, no obtendrás nada más. Esa mujer bajará a las moradas de Edes. Voy a buscarla, a fin de sacrificar con la espada; porque está consagrado a los Dioses subterráneos aquel de cuya cabeza esta espada cortó un solo cabello.
Primer semicoro ¿A qué obedece esta soledad en el atrio? ¿Por qué está silenciosa la morada de Admeto?
Segundo semicoro ¿No hay aquí ningún amigo que pueda decir si debemos llorar la muerte de la reina, o si Alcestis, la hija de Pelias, la que se ha mostrado ante mí y ante todos como la mejor de las mujeres para su marido, vive y ve todavía la luz?
Primer semicoro Estrofa I ¿Oye alguno en las moradas gemidos, palmadas o lamentos, como si el hecho se hubiese consumado? Ninguno de los esclavos está de pie a las puertas. ¡Plegue a los Dioses que te aparezcas, oh Pean, a fin de aplacar estas olas de desgracias!
Segundo semicoro De seguro que no se callarían si ella hubiese muerto. Porque no creo que se hayan llevado de las moradas el cadáver.
Primer semicoro ¿Por qué lo crees? No me vanaglorio. ¿Por qué estás seguro?
Segundo semicoro ¿Cómo iba a hacer Admeto funerales secretos a su querida mujer?
Primer semicoro Antistrofa I No veo delante de las puertas el vaso de agua de fuente, como es costumbre en las puertas de los muertos; y no resuenan las manos de las jóvenes.
Segundo semicoro He aquí, sin embargo el día marcado...
Primer semicoro ¿Qué dices?
Segundo semicoro Para que vaya ella debajo de...
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