Democracia, etnicidad y violencia política en los países andinos

De

La última década del siglo debía significar para América Latina la consolidación democrática y la inserción en la nueva economía-mundo. Pero en un contexto de crisis económica y ajuste neoliberal, el proceso resultó mucho más complejo de lo esperado. Nuevos problemas y nuevos actores cuestionaron los marcos que parecían definitivos. Nuestro continente, y dentro de él los países andinos, se encuentran así en una situación difícil pero fértil en nuevas posibilidades. El presente volumen contiene una selección de las ponencias presentadas a las Primeras Jornadas de Politología: "Las formas políticas de la democracia en los países andinos" convocadas por el Instituto Francés de Estudios Andinos (IFEA). El texto se divide en cuatro secciones que abordan temas cruciales para el futuro de nuestros países: Democracia y partidos políticos; democracia y etnicidad; problemas de la transición democrática; democracia y violencia.


Publicado el : domingo, 29 de junio de 2014
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EAN13 : 9782821844988
Número de páginas: 288
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Democracia, etnicidad y violencia política en los países andinos

Alberto Adrianzén, Jean-Michel Blanquer, Ricardo Calla Ortega, Carlos Iván Degregori, Pierre Gilhodes, Andrés Guerrero, Patrick Husson y Jean Pierre Lavaud
  • Editor: Institut français d’études andines, Instituto de Estudios Peruanos
  • Año de edición: 1993
  • Publicación en OpenEdition Books: 29 junio 2014
  • Colección: Travaux de l’IFÉA
  • ISBN electrónico: 9782821844988

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  • Número de páginas: 288
 
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ADRIANZÉN, Alberto ; et al. Democracia, etnicidad y violencia política en los países andinos. Nueva edición [en línea]. Lima: Institut français d’études andines, 1993 (generado el 20 enero 2015). Disponible en Internet: <http://books.openedition.org/ifea/2153>. ISBN: 9782821844988.

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La última década del siglo debía significar para América Latina la consolidación democrática y la inserción en la nueva economía-mundo. Pero en un contexto de crisis económica y ajuste neoliberal, el proceso resultó mucho más complejo de lo esperado.

Nuevos problemas y nuevos actores cuestionaron los marcos que parecían definitivos. Nuestro continente, y dentro de él los países andinos, se encuentran así en una situación difícil pero fértil en nuevas posibilidades. El presente volumen contiene una selección de las ponencias presentadas a las Primeras Jornadas de Politología: "Las formas políticas de la democracia en los países andinos" convocadas por el Instituto Francés de Estudios Andinos (IFEA).

El texto se divide en cuatro secciones que abordan temas cruciales para el futuro de nuestros países: Democracia y partidos políticos; democracia y etnicidad; problemas de la transición democrática; democracia y violencia.

Índice
  1. Presentacion

    Carlos Iván Degregori
  2. Reinvención de la democracia y recreación de lo político

    Discurso de inauguración

    Alberto Rocha
  3. I. Democracia y partidos políticos

    1. 1. Raíz auge y decadencia del bipartidismo colombiano

      Pierre Gilhodes
      1. 1. Recuento histórico
      2. 2. Naturaleza de los partidos
      3. 3. La crisis reciente
      4. 4. El actual sistema
    2. 2. Partidos y orden social en el Perú

      Alberto Adrianzén
      1. Crisis, modernización, partidos y orden
      2. Algunas conclusiones tentativas
    3. 3. Conflictos sociales y democracia en Bolivia

      Jean Pierre Lavaud
  4. II. Democracia y etnicidad

    1. 4. Hallu hayllisa huti. Identificacion étnica y procesos politicos en Bolivia (1973-1991)

      Ricardo Calla Ortega
    2. 5. De sujetos indios a ciudadanos-étnicos: de la manifestación de 1961 al levantamiento indígena de 1990

      Andrés Guerrero
      1. Introducción
      2. 1. Las transformaciones de las estructuras rurales y la Federación Ecuatoriana de Indios (FEI)
      3. 2. De indios tributarios a sujetos indios
      4. 3. La lenta degradación de la administración étnica
      5. 4. La FEI un intento de deslocalizar y desprivatizar los conflictos agrarios-indígenas
      6. 5. El levantamiento de 1990: ¿de sujetos-indios a ciudadanos-étnicos?
    3. 6. Libertad, democracia y problema étnico en el Perú

    1. Rodrigo Montoya
      1. 1. La democracia como parte de la libertad
      2. 2. La democracia realmente existente en el Perú
      3. 3. El desafío de pensar la libertad de otra manera
    2. 7. Identidad étnica, movimientos sociales y participación política en el Perú

      Carlos Iván Degregori
      1. 1. Etnicidad: primordial o situacional
      2. 2. Etnicidad en el Perú: breve esbozo histórico
      3. 3. Perú contemporáneo: Estado, movimientos sociales y nuevas identidades
      4. 4. Construyendo la ciudadanía peruana: en el cruce entre clase, región y etnía
  1. III. Problemas de la transición democrática

    1. 8. Colombia: ¿hacia una salida democrática a la crisis nacional?

      Eduardo Pizarro
      1. La crisis colombiana
      2. Escenarios posibles en Colombia
      3. ¿Hacia una reforma constitucional frustrada?
      4. Paz parcelada y guerra interna
      5. Apertura económica y estabilidad politica
      6. ¿Es viable un rediseño del modelo de orden público?
      7. En conclusión: ¿un proceso de democratización con desenlace incierto?
    2. 9. El redescubrimiento de la democracia en el Perú. Aproximación general al debate en la década de los 80

      Alberto Rocha
      1. Introducción
      2. 1. Aspectos importantes en la década de los 80
      3. 2. Los grupos intelectuales más importantes
      4. 3. Las concepciones teóricas sobre la democracia
      5. Conclusiones
    3. 10. El marco político e institucional de la democracia local en Colombia

      Jean Michel Blanquer
      1. I. Un marco institucional en busca de coherencia
      2. II. Los actores de la democracia local en busca de un actor
    4. 11. Cambios estructurales y escena política en el Ecuador, 1978-1988: un ciclo político

      Jorge León-Trujillo
      1. 1. Ecuador: cambios estructurales y ciclo político
      2. 2. Las relaciones entre Legislativo y Ejecutivo
      3. 3. Elecciones y partidos
      4. 4. Tendencias políticas en el Ecuador
      5. 5. El ciclo político: corta y larga duración
  2. IV. Democracia y violencia

    1. 12. Democracia vs. totalitarismo: el impacto político de la “masificación” de la sociedad peruana contemporánea

      Patrick Husson
      1. Introducción
      2. I. Perú 1990: ¿hacia la “sociedad de masas”?
      3. II. El impacto político de la “masificación”
    1. 13. Violencia y política en Colombia

      Daniel Pécaut
      1. 1. Sobre el contexto inicial de los fenómenos de violencia
      2. 2. De los conflictos organizados a la violencia generalizada
      3. 3. Las relaciones entre escenario nacional y escenarios regionales
      4. 4. Las transformaciones del contexto
      5. 5. La articulación de las diversas expresiones de la violencia en el seno de la violencia generalizada
      6. Conclusión

Presentacion

Carlos Iván Degregori

1En América Latina, la década de 1980 estuvo signada por la transición a la democracia de un conjunto de países que durante largos años habían vivido bajo dictaduras militares de distinto signo. El fin de la guerra fría y el derrumbe de los denominados “socialismos reales” volvió crucial ese tema también en Europa Oriental y en menor medida en Asia Central e incluso en Africa.

2Sin embargo, lo que a algunos les pareció el fin de la historia fue por el contrario el inicio de un nuevo capítulo, más complejo y tal vez tan peligroso como el anterior, donde globalización y fragmentación se entremezclan produciendo resultados muchas veces explosivos.

3En América Latina, la década de 1990 debía significar la consolidación democrática y la inserción en la nueva economía-mundo. Pero también aquí, en un contexto de crisis económica y ajuste neoliberal, el proceso de consolidación democrática resultó mucho más complejo de lo esperado. El régimen político y las instituciones democráticas en general, mostraron sus debilidades. Nuevos problemas y nuevos actores se hicieron presentes, cuestionando los marcos que en un principio parecieron definitivos. Nuestro continente, y dentro de él los países andinos, se encuentran así en una situación difícil pero al mismo tiempo fértil en nuevas posibilidades. Estudiar sus problemas puede contribuir no sólo a encontrar claves para construir un futuro mejor en nuestros países, sino para contrastarlos con los procesos que afectan otras partes del mundo.

4Para favorecer el diálogo y el debate alrededor de estos temas, en 1991 el Instituto Francés de Estudios Andinos (IFEA) organizó en Lima las Primeras Jomadas de Politología Las formas políticas de la democracia en los países andinos”. El evento reunió a científicos sociales de Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú, así como a un conjunto de investigadores franceses de larga trayectoria y reconocidos aportes en el estudio del área andina. El objetivo del evento era trabajar un conjunto de temas que, además de los problemas propios de la transición y la consolidación democrática, incluyeran fenómenos propios del área andina, como la irrupción del factor étnico en países como Ecuador y Bolivia, o la violencia política que afecta a Colombia y al Perú.

5Aprovechando la experiencia del IFEA, que en 1984 organizó el Coloquio de Historia Andina, y su presencia en los diferentes países andinos, se trató de ubicar la discusión en una perspectiva comparada que permitiera contrastar procesos y al mismo tiempo encontrar similitudes y tendencias comunes.

6El presente volumen contiene una selección de las ponencias presentadas a las Primeras Jornadas de Politología, divididas en cuatro secciones: Democracia y partidos políticos; Democracia y etnicidad; Problemas de la transición democrática; Democracia y violencia. En algunos casos, el tiempo transcurrido ha hecho que los temas tratados cobren todavía mayor vigencia. El colapso del sistema de partidos en el Perú, por ejemplo, favoreció poco después al denominado autogolpe de abril de 1992, cuyas consecuencias todavía persisten. La presencia política de los denominados pueblos originarios en Bolivia ha llevado a la vicepresidencia de la República a uno de los líderes históricos del ccatarismo, Víctor Hugo Cárdenas. Y a pesar de los cambios, la violencia política sigue siendo un tema central en Colombia y Perú.

7La organización de las Jornadas estuvo a cargo de Patrick Husson y Alberto Rocha, del IFEA. En la revisión de los manuscritos y la edición del libro contribuyeron Nicolás Lynch y Félix Grández a quienes extendemos nuestro agradecimiento.

Reinvención de la democracia y recreación de lo político

Discurso de inauguración

Alberto Rocha

1Las Jornadas de Politología tienen como objeto de trabajo las formas políticas de la democracia en los países andinos. En efecto, pensamos que la democracia, como dimensión imprescindible de las sociedades contemporáneas y como elemento constitutivo de las relaciones sociales que conforman los modos de vida, es uno de los problemas cruciales en un mundo cuyo ordenamiento está cambiando rápidamente en estos tiempos de crisis a fines del siglo xx. América Latina en su conjunto e, indudablemente, los países andinos se encuentran ante el desafío de los procesos mundiales actuales, pero sobre todo ante el desafío de sus propios problemas internos. Por esto, las formas políticas de la democracia en los países andinos tienen que ser estudiadas en el ámbito de sus respectivas realidades, en el contexto regional andino y continental latinoamericano y en el universo mundial. Varias son las preguntas que podemos plantear al respecto: ¿qué de específico tienen cada una de las formas políticas de democracia en los países andinos? ¿cuál es la originalidad de las formas políticas de la democracia en estos países? ¿cuánto hay de latinoamericano en estas formas democráticas? ¿cuál es el aporte universal en estas formas políticas? También nos interesa sobremanera responder a la pregunta: ¿qué situación atraviesan hoy estas formas políticas democráticas?

2Cuando líneas arriba pusimos mucho énfasis en los procesos de cambio y transformación que tienen lugar en el mundo actualmente, lo hicimos por la urgente necesidad de responder a las preguntas que venimos de formular, teniendo en cuenta estos procesos y, sobre todo, aquellos que aquí, en el marco de estas Jornadas de Politología, nos importan mucho: se trata de los procesos abiertos de crisis de lo político, de la práctica política, de la teoría política y de la crisis de la forma política democrática imperante, la democracia representativa. Podemos decir que estas jornadas politológicas se realizarán, entonces, sobre el terreno difícil de estas cuatro importantes crisis, lo que nos impulsa a reflexionar respecto de las tareas investigatorias para asumir tal desafío y de la creatividad a desplegar para emprender el proceso inevitable e impostergable de reinvención de la democracia y recreación de lo político.1

3La crisis de lo político es mundial. Esta es la causa, a la vez, de las crisis tanto de la política como de la politología. Lo político que está en crisis es el estado-nación, por el desmoronamiento de la estructura de poder de clases en que se sustentaba y por la aparición de categorías sociales y de movimientos sociales diferenciales muy diversos. En otras palabras, porque en la sociedad se está pasando de los problemas de orden cuantitativo que portaban las clases sociales a los problemas de orden cualitativo que procesan los nuevos sujetos sociales. ¿Una sociedad cualitativa? ¿Un ordenamiento societal basado en su organización cualitativa-sustantiva y fundado en las relaciones cualitativas desplegadas por los seres humanos? Todo ello hace pensar en la posibilidad de que la lógica sociedad-estado (de abajo hacia arriba y de arriba para abajo, siempre vertical) esté cambiando por la lógica sociedad-sociedad (siempre horizontal). Es decir, que el estado-nación al ser cuestionado como lo público-estatal vaya posibilitando la constitución y consolidación de un público-social, capaz de ensanchar su propio espacio a costa del primero, en tanto que sociedad civil. ¿La sociedad civil es el epicentro de todo proyecto societal futuro? La crisis de lo político no implica su descarte. Lejos de esto, hay más bien una reafirmación en él, pero no en el público-estatal tradicional, sino en su redefinición que conduce a la recreación de lo público y lo político. Están en curso, en la actualidad, procesos de desnacionalización (transferencia de funciones y responsabilidades hacia afuera, para con los planos regional-continental y mundial, dando lugar a la formación de gobiernos continentales y sub-continentales y a la consolidación de un gobierno mundial) y descentralización (formación interior de gobiernos regionales y locales) del estado-nación, sin añadir las posibilidades de su desarticulación, que están generando la reestructuración de lo político y propiciando la gestación de otra forma política. ¿La investigación de esta otra forma política se nos presenta acaso como el objeto del quehacer politológico actual? Junta e imbricadamente a la crisis del estado-nación va la crisis del sistema político democrático existente, en la medida en que las relaciones entre gobernantes y gobernados, representantes y representados, élites políticas y ciudadanos ya no son adecuadas ni satisfactorias para organizar democráticamente la comunidad política; es decir, la forma democrática representativa ha ido mostrando sus límites estrechos ante una demanda creciente de participación política de los sujetos plurales individuales y colectivos, lo que nos invita a pensar en una democracia participativa. Si lo político al entrar en crisis tiende a ser recreado, de igual modo las respectivas crisis de la práctica y teoría políticas están procesando rápidamente nuevos desarrollos y cambios, tanto en una como en la otra. Así, por ejemplo, la práctica política convencional es cuestionada por su realismo cuasi conservador y por su instrumentalización del poder cuasi maquiavelista; así como también por su tendencia unilateral que trata de separar sus dos aspectos constitutivos: conflicto y lucha, de un lado, pacto y cooperación, de otro. De igual modo la teoría política está en pleno proceso de renovación. Necesitamos que lo político deje de ser una esfera extraña y ajena y, por lo tanto, que lo público sea la casa de todos los ciudadanos (lo privado está también por redefinirse) ; que la política sea sinónimo de sociabilidad y que la politología busque siempre ayudarnos a construir la mejor casa pública (no la cosa pública) y a organizar el mejor gobierno de ella.

4Todas estas cuestiones y estos problemas están presentes en los procesos políticos latioamericanos y en los países andinos. Además de las preguntas ya formuladas, preguntamos también, ¿cómo repercute todo esto en América Latina y en los países andinos? En nuestras realidades capitalistas dependientes ni el estado-nación se formó plenamente ni los sistemas políticos democráticos representativos se consolidaron lo suficiente. Por lo que acabamos de decir, las cuestiones y los problemas ya señalados nos afectarán más intensamente. Pero también creemos que esos son momentos muy propicios para una refundación propia y original de lo político, de la práctica política y de la teoría política en Latinoamérica y en los países andinos. América Latina en su globalidad y en su diversidad tiene que encontrar su propia vía histórica y en ella su identidad socio-cultural y política.

5Los invitamos entonces a debatir científica y democráticamente sobre las formas políticas de la democracia en América Latina. Pero para ello creemos indispensable que lo hagamos politológicamente, es decir, que pensemos la democracia y la política en el contexto de sistemas políticos específicos e históricos. Por esta exigencia es que hemos denominado a este evento científico “Jomadas de Politología. Cierto, la politología es una disciplina científico-social de mucha actualidad, pues está en juego la investigación y creación de esbozos de nuevas formas políticas futuras. La politología en América Latina y en los países andinos tiene una gran tarea por delante; tarea que tendrá que ser abordada durante esta última década del siglo xx. Empero, nuestras jornadas de politología se circunscriben a los países andinos. Al respecto diremos que hemos puesto nuestro empeño en estas realidades porque nos importa estudiar las características comunes y los rasgos diferentes de Colombia, Ecuador, Bolivia y Perú. Dicho de otra manera, quisiéramos que tratásemos de responder a las preguntas siguientes: ¿lo político, la política y la democracia tienen aspectos comunes en estos países, de tal manera que se diferenciarían hasta cierto punto del resto mayoritario de países latinoamericanos? ¿al interior mismo de la región andina hay diferencias entre cada una de las realidades nacionales que la conforman? ¿qué significa hablar de democracia en estos países? ¿qué formas políticas de las democracia son posibles en estos países?

6Esta es pues la atmósfera científico-social con la cual iniciamos estas “Primeras Jornadas Politológicas. Esperamos que sea una buena atmósfera para contar con un buen clima y un excelente ambiente. No descartamos, por supuesto, las posibles tempestades, con sus respectivos relámpagos, truenos, rayos y la refrescante lluvia. Pensamos que no podía faltar una metáfora para dar inicio a un evento como éste sobre los países andinos. Muchas gracias.

7Lima, 31 de agosto de 1991

Notas

1 Respecto de estos problemas consultar Alberto Rocha V., “La reinvención de la democracia: unidad e igualdad en las diferencias”, en revista Travesía, № 2, Lima, 1991.

I. Democracia y partidos políticos

1. Raíz auge y decadencia del bipartidismo colombiano

Pierre Gilhodes

1. Recuento histórico

1La historia de los partidos políticos en Colombia no difiere mucho de la de sus pares en otros países del subcontinente. Grupos de gente pudiente e intelectuales se reparten en dos bandos, liberales y conservadores, agrupándose en torno de algunas ideas básicas propias de hace 150 años: clericalismo y laicidad, unitarismo y federalismo, orden o evolución. El lenguaje de estos grupos se radicaliza a la luz de las ideas de la revolución francesa de 1848, “la primavera de los pueblos”. En este rápido recuento cabe mencionar que no es totalmente cierta la asociación que comúnmente se establece, por un lado, entre el Partido Conservador y los terratenientes y, de otro, entre el Partido Liberal y una burguesía urbana incipiente.

2Igual que en otros países –Chile y Perú, por ejemplo– en Colombia un grupo de liberales adopta la terminología radical. Pero, a diferencia de esos países, los radicales son aplastados en dos guerras civiles, 1885 y 1899-1902, dejando el campo libre a los liberales ortodoxos, que bajo varias etiquetas empiezan un largo período de colaboración con los conservadores en el poder (Regeneración, Unión Republicana…). No se produce la segmentación del núcleo liberal por su izquierda y, al contrario, los liberales son los que absorben regularmente las fracciones que surgen a su izquierda. Las guerras civiles son múltiples, pero sólo en una de ellas, en 1861, triunfa la insurrección.

3En el siglo xix los liberales y liberales-radicales, al propiciar la federación, detienen el proceso centrífugo del separatismo. Al contrario, la victoria de los unitarios en 1885-1886 provoca la secesión de Panamá: un drama para la conciencia nacional algo semejante a lo que fue la generación del 98 para España.

4El paso del poder de un partido a otro se produce regularmente – 1884, 1930, 1946 – por división del partido dominante.

5Los dos partidos existentes son todo menos doctrinarios, enrolan a las masas rurales, a los artesanos en chusmas fanatizadas dispuestas en todo momento a descuartizar al “otro”. La tolerancia no es una virtud que se cultive con afán. Hacia 1930, sin embargo, las ideologías se remozan parcialmente. Los liberales se impregnan de ciertos conceptos de la revolución mexicana, de la reforma de Córdova, de la república de Weimar y, posteriormente, de la república española, la de 1931 a 1934. Por su parte, los conservadores se nutren los unos de la Encíclica Renim Novarum, los otros del fascismo o del salazarismo. De esta manera en estos años nacen las dos fracciones que competirán en el ámbito de la derecha: de un lado, un social conservadurismo simbolizado entonces por Mariano Ospina y, de otro, un autoritarismo personalizado en Laureano Gómez. Esta fractura es definitiva en Colombia, a pesar de que las dos fracciones usen a menudo la misma bandera azul.

6En estos años 30, que constituyen el comienzo de la modernidad en Colombia con Alfonso López, surge primero al lado —entre los liberales y un Partido Comunista pequeño y de comportamiento muy liberal— y luego dentro del liberalismo un movimiento nacional revolucionario que bebe de las mismas fuentes de lo que será el APRA y luego Acción Democrática. Lo acaudilla Jorge Eliecer Gaitán, rodeado de un grupo de intelectuales. Este es el primer movimiento que actúa de cara a las masas y que piensa en una organización política moderna. Poco después Gaitán es asesinado y la sublevación espontánea que se produce se va a transformar en una revolución frustrada, cuya violencia palia la falta de programa del movimiento.

7La violencia resultante es más rural que urbana, se alimenta de la desintegración de las comunidades rurales y desborda a los clubmen de ambos partidos, que no ven otra solución que la delegación del poder a los militares en 1953. Esta delegación será revocada en 1957 cuando se piensa haber encontrado la panacea con la creación del Frente Nacional, una coalición de los partidos con un marcado carácter excluyente: entre ellos se reparten el poder según normas rígidas establecidas por ellos mismos. La tarea de reducir los últimos focos de bandoleros demoraría todavía algunos años más.

El Frente Nacional

8Si hubiera durado sólo unos pocos años la coalición habría sido una forma de superar la crisis de los partidos. Su perpetuación, en cambio, fue un error mayúsculo. Se eliminó la competencia partidista. Los acuerdos de cumbre empezaron a decidir la alternancia en el poder.

9Los programas de banalizaron y en la asociación partido del orden-partido del progreso se impuso el primero de ellos en materia política. La competencia se volvió intra-partidaria: disputa entre las dos fracciones conservadoras y aparición de una izquierda liberal hostil al Frente Nacional. El cogobierno dejó fuera a importantes sectores de la población. Es el caso de los campesinos recién urbanizados, que en los años 60 se volcaron hacia un efímero, confuso pero poderoso movimiento político: la Alianza Nacional Popular.

10Un sector liberal — acaudillado por Carlos Lleras — concibió una política de desarrollo centrada, entre otros elementos, sobre la reforma agraria. La coalición de sus opositores lo derrotó y en 1972 se pactó, al contrario, una estrategia de desarrollo centrada en las propuestas del economista Lauchlin Currie, las cuales han sido aplicadas hasta hace poco. Esta estrategia, que inspiró varios planes de desarrollo después de 1970, aceleró deliberadamente la expulsión de los campesinos y le creó un terreno favorable a los movimientos guerrilleros surgidos luego de la ofensiva militar desencadenada por el gobierno de Valencia en 1964-1966 contra las agrupaciones de campesinos radicalizados.

11Las últimas consecuencias del Frente Nacional se siguen sintiendo en Colombia: autonomía de las fuerzas armadas; paridad liberal-conservadora en la administración de justicia; transformación de la competencia programática entre los partidos en una práctica de seducción clientelista a la ciudadanía; fosilización de los partidos, a partir de la relativa dificultad para rejuvenecer sus cogollos dominantes; por fin, pérdida de legitimidad del sistema político que se hizo manifiesta a comienzos de la década. Una señal de esta pérdida de legitimidad fue la creciente desafección de la población hacia las elecciones. En muy contadas ocasiones la participación superó el 50%, llegando incluso a bajar hasta un 16% de la población electoral. Una proporción grande de la población no se interesa, no hace suyos los ritos democráticos: son otra sociedad, un país en el interior del país, un país del cual poco se sabe; su sistema de valores, su cultura es otra.

12La crisis del Frente Nacional hizo pensar en la necesidad de su desmontaje, pero una vez que los gobernantes decidieron llevarlo a cabo su realización fue excesivamente larga, como si ellos mismos estuvieran asustados frente a las perspectivas del cambio. El mérito del cambio de rumbo le corresponde al presidente Betancur, elegido en 1982, y a su Ministro de Gobierno (interior) Rodrigo Escobar, quienes quisieron implementar una reforma política (en 1985 Betancur llegó, incluso, a pensar en un referéndum). Su sucesor Virgilio Barco también se percató de la necesidad de la reforma política y quiso consultar al pueblo en 1988. Sin embargo, su intento fracasó frente a los intereses creados (nunca controló a su partido liberal) y frente al desarrollo del narcotráfico.

13Los partidos, con una sola excepción, eran los primeros en negar la crisis. Se acomodaban a la situación y, cuando se agudizaban los conflictos, pedían mano dura a los militares.

14No obstante lo dicho, es claro que durante la década del 80 empieza un complejo proceso de legitimación política que, en julio de 1991, desembocará en la promulgación de una nueva Constitución.

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