Los premios Nobel de la literatura en español

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Diez veces un apellido hispano de pura cepa (Echegaray, Benavente, Mistral, Jiménez, Asturias, Neruda, Aleixandre, García Márquez, Cela, Paz) se ha desparramado en los teletipos, en las portadas y en las linotipias. Ese equipo maravilloso se ha convertido recientemente en un once de fábula gracias a Mario Vargas Llosa y llena de orgullo a 500 millones de personas.


Publicado el : lunes, 08 de noviembre de 2010
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EAN13 : 9788493792466
Número de páginas: 189
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Los premios Nobel de la literatura en español
C A L I
Créditos
2ºedición: noviembre del 2010
Textos: Anselmo J. García Curado y Berta Inés Concha Supervisión general de la obra: Adriana Silvestri y Berta Inés Concha Colaboración especial: Pedro Lastra Correctora primera: Yara-Hunza García Ramos Maquetación y Diseño: Erick D. Velasco Dávila Fotografías: José Enrique Molina, Anselmo García, Erick D. Velasco y fotos archivo Acali Foto de portada: Mario Molina
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ISBN 978-84-613-1588-8 DEPÓSITO LEGAL
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Impreso en España – Printed in Spain
Los premios Nobel de la literatura en español
Textos: Anselmo J. García Curado y Berta Inés Concha
C A L I
Índice
Introducción........................8 Acerca del castellano como lengua literaria..........10
Antecedentes......................16 27 José Echegaray EspañaGabr4iela Mist9ral Chile79 Miguel Ángel Asturias Guatemala
39 Jacinto Benavente EspañaJuan6Ramón J5iménez España89 Pablo Neruda Chile
103 Vicente Aleixandre España133 Camilo José Cela EspañaMa1ri61 o Vargas Llosa Perú
Gab1riel Ga1rcía Má7rquez Colombia147 Octavio Paz México
Cronologías y mapas.......160 Curiosidades en torno al Nobel............................166
Bibliografía......................168
Introducción
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El Premio Nobel se entrega todos los años, desde 1901, a quienes hayan destacado por su contribución a la sociedad en su área de trabajo: la Física, la Química, la Medicina, la Paz, la Economía y la Literatura, el campo que nos ocupa. Esta distinción se ha convertido en un sinónimo de excelencia indiscutida y es el único –entre los miles de prestigiosos premios literarios que se otorgan anualmente– que suscita expectación universal desde el momento mismo de las nominaciones. A su vez, es el Premio Nobel de mayor cobertura mundial en las primeras planas de todos los diarios importantes y, como galardón literario, tiene inmediato impacto en la industria y el comercio editorial.
¿Por qué razón se ha convertido el Premio Nobel en la distinción por antonomasia? Tal vez por la romántica historia de su origen, como última voluntad de Alfred Nobel, industrial sueco inventor de la dinamita. Nobel imaginó originalmente un objetivo pacífico para su invento, la minería, pero acabó sus días como acaudalado empresario, tras amasar una fortuna enorme, gracias a los usos de la dinamita en la guerra. Más que la trascendencia de su nombre al morir, probablemente haya sido el remordimiento el que indujera a Nobel a prescribir, en su célebre testamento, que destinaba el premio a quienes “durante el año precedente hayan realizado el mayor beneficio a la humanidad” (1). De hecho, en el área de Literatura, Alfred Nobel demanda expresamente que se premie a quien “haya producido la obra más sobresaliente de tendencia idealista” (2). Otra de las razones del prestigio del Premio Nobel es, sin duda, la importante retribución económica que recibe el premiado, destinada a asegurarle un futuro sin preocupaciones económicas que puedan obstaculizar su trabajo. Lo cierto es que la polémica no ha estado ausente en las premiaciones, sobre todo en las literarias:
a veces se ha ignorado a autores mundialmente reconocidos y otras veces se ha distinguido a escritores que hoy día se consideran menores. Pero, más allá de la polémica, ningún premio ha resultado tan significativo como el Nobel.
En su testamento, Nobel consignó que “no se tenga en consideración la nacionalidad de los candidatos, sino que sean los más merecedores los que reciban el premio, sean escandinavos o no” (3) . Así, diez de los cien autores galardonados en el Siglo XX con el premio literario han escrito en castellano, la cuarta lengua en la historia del Nobel de Literatura luego del inglés, el francés y el alemán. A estos diez autores se dedica este libro.
Los autores propondrán a los lectores un itinerario para conocer más el reto de conocer más sobre estos escritores ilustres premiados con el Nobel –cinco españoles y cinco latinoamericanos– y, en general, sobre la versatilidad del castellano como lengua literaria. Por lo mismo, el libro se ha organizado como obra de consulta, destinado a quienes se inician en la literatura y la lectura, ya sea jóvenes estudiantes o adultos interesados en conocer algo más de las letras de España y América Latina. Esperamos que en estos textos sencillos nuestros lectores encuentren una panorámica amplia y concreta de la letras hispano-americanas en torno al Premio Nobel, y que su lectura despierte en todos el deseo de seguir conociéndolas y de disfrutar a nuestros grandes autores. Ojalá que así sea.
Adriana Silvestri
(1), (2), (3), Citas del testamento de Alfred Nobel, http://nobelprize. org/index.html. El testamento figura en http://nobelprize.org/ alfred_nobel/will/index.html.
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Acerca del castellano como lengua literaria
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La reflexión a la que invita el título propuesto podría extenderse a todas las lenguas modernas, en las cuales abundan los estudios histórico-culturales y filológicos que dan cuenta de los respectivos procesos que han llevado a esas lenguas a su estado actual, desde sus orígenes remotos.
En el caso del castellano, contamos con una bibliografía vasta y valiosa, al alcance de todos los estudiosos, pero no de todos los lectores: el grado de especialización requerido por esas lecturas puede ser mayor o menor, pero es una exigencia siempre algo intimidante para quien aspira a un acercamiento más bien familiar, que sin abrumarlo contribuya a enriquecer esas nociones recibidas por todo el mundo a lo largo de su educación. Nadie ignora, por ejemplo, las grandes manifestaciones fundacionales de la época medieval denominadas “Mester de Juglaría” y “Mester de Clerecía”: se hayan frecuentado o no, todo hablante de la lengua ha oído mencionar el Cantar de Mío Cid o las obras de Gonzalo de Berceo. A todos les resulta conocido el nombre de Celestina, figura emblemática de un libro famoso desde fines del siglo XV. Para no decir más del Quijote, ni detallar desde ahí el caudal de obras y autores constituyente de la tradición de nuestra cultura y nuestra lengua.
Suele hablarse del río de la tradición literaria, y esa metáfora describe inmejorablemente el fluir continuo del quehacer humano llamado literatura: los distintos momentos de la historia encuentran su figuración más cabal en ese quehacer, que conjuga todas las formas, conflictos y transformaciones de la vida. Es por la palabra y gracias al arte de la palabra que podemos imaginar cómo fue la vida en el pasado, así como vemos el presente y hasta las posibilidades del futuro expresados en los poemas, dramas y novelas de las épocas más distintas y distantes.
El estudio de esas manifestaciones es, desde luego, inseparable de la historia de la lengua. En este punto encuentran su sitio los
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esclarecedores libros de Ramón Menéndez Pidal (Orígenes del español) y Rafael Lapesa (Historia de la lengua española), para citar sólo a dos de las autoridades más reconocidas en la materia. Pero no es esa dimensión (la de los libros profesionales dirigidos a profesionales) la que interesa destacar en esta oportunidad, sino aquella que importa al “lector general”; digamos, nuestro semejante.
A ese lector me apresuro a recomendarle un libro ejemplar, que es al mismo tiempo una guía y una invitación para toda persona más o menos preocupada por estas cuestiones. Su autor es el escritor y filólogo mexicano Antonio Alatorre y su título es Los 1001 años de la lengua española, publicada por Fondo de Cultura Económica. No se trata sólo de una historia de la lengua, sino que el autor sustenta esa historia en las diversas plasmaciones literarias que atestiguan, mejor que ninguna otra prueba, su evolución , sus transformaciones y su incesante enriquecimiento. El lector –todo lector--encontrará en esas páginas, al mismo tiempo amenas y sabias, cuantiosos datos importantes y reveladores de cómo el castellano llegó a ser la lengua literaria que ahora es.
Dicen bien los editores al presentar esta obra maestra de divulgación, que lo es en el sentido más apreciable de la palabra: “Lector ideal de Los 1001 años de la lengua española es todo aquel que alguna vez se ha preguntado cómo nació ‘nuestra lengua’, cómo se expandió, cómo se ha diversificado”.
Empresas como la llevada a cabo con tanto éxito por Antonio Alatorre se originan y crecen, desde luego, como un acto de amor, y así lo indica el autor en su prólogo: “El español es la lengua en que fui criado, la de mi familia y mi pueblo, la de los muchos libros y revistas que leí en mi infancia (...) El español es una lengua que me gusta. Y ese gusto, exactamente ése, es el que he supuesto en mis imaginarios lectores”.
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Esta cita me ha parecido ideal para presentar a mi vez el libro que el lector tiene en sus manos. Después de ese proceso cifrado por Alatorre en los 1001 años de su título, considerando las razones que motivaron su escritura y que, cambiando lo que hay que cambiar, podrían fundamentar también la historia de otras lenguas modernas, se puede entender plenamente que diez autores principales del Siglo XX, escritores en lengua castellana, hayan merecido el consagratorio reconocimiento significado por el Premio Nobel de Literatura. Con el agregado de que son varios más los autores de nuestra lengua que podrían haberlo recibido igualmente, con justicia; pero ésta es otra cuestión.
Vuelvo a las razones ya apuntadas de la historia de Alatorre. Ellas me remiten a otras figuraciones y juicios acerca de la importancia literaria de nuestra lengua. A Antonio de Nebrija, por ejemplo, autor de la primera gramática del castellano -y también primera gramática de una lengua moderna- , aparecida en agosto de 1492 en Salamanca, en fecha tan próxima al comienzo de la empresa que llevaría a Cristóbal Colón al encuentro con el Nuevo Mundo.
No sin razón menciono a Antonio de Nebrija en esta nota, poco después de haber calificado el trabajo de Alatorre como un acto de amor por la lengua española: un famoso grabado –talvez de comienzos del siglo XVI- muestra al sabio gramático Nebrija dictando una lección ante don Juan de Zúñiga, maestre de Alcántara, y un grupo de cortesanos. Impresiona ver ese grabado, porque hoy lo entendemos también como un acto de amor por la lengua que ellos hablaban y que sentirían, sin duda, como “compañera del Imperio, según el decir del mismo Nebrija, quien no dejó de señalar a la reina Isabel la Católica lo que significaría la expansión del idioma en tierras entonces desconocidas.
Así fue, en efecto: numerosos grupos humanos que poblaban las enormes extensiones del Nuevo Mundo recibieron esa lengua, que pronto fue la dominante, como suele suceder en las empresas de
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conquista y colonización. Pero a su vez las lenguas indígenas, que eran centenares y muy diversas, enriquecieron el castellano en una medida extraordinaria. Decenas de esas lenguas han desaparecido, y tal ocurrencia es una pérdida irreparable para la humanidad; pero la verdad es que son muchas las voces de ese mundo originario que animan nuestrostoda la América Latina,diálogos cotidianos en sin que nos demos cuenta cabal de su presencia. Un rápido registro del aporte americano al español peninsular remite, como sabemos, a familias lingüísticas tan influyentes y extendidas en su hora como el taíno, el náhuatl, las numerosas lenguas maya, el quechua, el aymara, el mapudungun y el guaraní, por citar sólo algunas de ellas.
En tiempos muy próximos a Nebrija, el gran humanista Hernán Pérez de Oliva (sabio preocupado también por los viajes colombinos) le encarecería a su sobrino Agustín de Oliva “usar bien de la lengua en que naciste. Porque sabrás que en el hombre discreto es parte principal de la prudencia saber bien su lengua natural. Y demás de esto ella es atadura de amistades, testigo del saber y señal de la virtud...”.
Molinos de Castilla la Mancha
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Acerca del castellano como lengua literaria
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Nebrija y Pérez de Oliva dijeron, pues, en su hora, la preocupación y el amor por la lengua castellana.
Los ejemplos como éstos son muchos y podrían multiplicarse, pero no es inoportuno atraer precisamente esos dos nombres y esos momentos a esta breve nota de presentación de un libro que registra y expone lo que en el siglo XX ha sido una expresión mayor del reconocimiento universal a los valores y a los bienes artísticos conquistados en nuestra lengua, esos bienes que Pablo Neruda describió certeramente en los versos finales de su poema Los libros:
libros tejieron, cavaron, Los  deslizaron su serpentina  y poco a poco, detrás  de las cosas, de los trabajos,  surgió como un olor amargo  con la claridad de la sal  el árbol del conocimiento.
Esta exaltación de la palabra escrita en los versos nerudianos me ha parecido la mención necesaria para cerrar estas fugaces reflexiones sobre un asunto de larga y permanente actualidad, pues la literatura y los libros son todavía el espacio en el cual puede sobrevivir lo mejor del pensamiento y de la sensibilidad humanas.
Pedro Lastra Santiago de Chile, julio de 2009
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Antecedentes
Vicente Aleixandre, Luis Cernuda y Federico García Lorca
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LOS PREMIOS LITERARIOS
Competir en el arte de crear con el lenguaje oral y escrito ha sido una constante desde laAntigüedad. Los ejemplos más conocidos son probablemente los certámenes de Teatro que se organizaban en la Grecia clásica (se dice que en ellos Sófocles triunfó veinticuatro veces). Asimismo, las “Floralia” romanas, festividades en honor a la diosa Flora, que dieron origen a los “Juegos Florales” en Francia, a fines de la Edad Media, famosos por la amplia concurrencia de trovadores y por los premios con que se reconocían las mejores poesías. A pesar de tan larga historia, el siglo XX puede considerarse el momento de auge de los premios literarios. Sólo en España se entregan anualmente más de ochenta, que provienen tanto de instituciones estatales y públicas en general, como de entidades privadas, es decir, fundaciones literarias o empresas editoriales.
Para los escritores en lengua castellana, el de mayor importancia es el Premio Cervantes, reconocido por su panhispanismo, en virtud del cual se ha otorgado, desde 1976, tanto a escritores de España como de América Latina. A su vez, el Premio Planeta de novela, otorgado desde 1952 a escritores en castellano, es uno de los galardones privados más reconocidos en el género, porque, a pesar de duras críticas contra algunas de sus adjudicaciones, resulta muy apetecido debido a que entrega la suma más cuantiosa de dinero después del Nobel. Otro premio muy reconocido es el Nadal de novela que, instaurado en 1944, funda suprestigio en el hecho de ser el más antiguo de España. Por su parte,
Antecedentes
la mayoría de los países de AméricaLatina ha establecido, desde hace décadas, premios nacionales y/o internacionales de novela, cuento, teatro, ensayo o poesía, los que en muchos casos han devenido en prestigiosos referentes.
Así, el premio cubano de Casa de las Américas que se entrega desde 1960 en diversos géneros; el Premio Rómulo Gallegos de Venezuela, instituido en 1964; el suculento premio anual que entrega la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, México, a la obra completa de un escritor en castellano; el Premio Sor Juana Inés de la Cruz, también entregado en México a la obra literaria de una mujer escritora en nuestra lengua. Finalmente, casi todos los países latinoamericanos reconocen e incentivan con sus premios nacionales la calidad de los creadores locales.
En los usos universales, algunos premios literarios se conceden a autores noveles o inéditos, poco conocidos por el gran público y precisamente para apoyarles en los desafíos de la creación y en la difusión de sus obras. Otros, en cambio, se destinan a autores ya consagrados, como reconocimiento a una obra literaria madura y a la trayectoria como artista de la palabra escrita.
En todos los casos, los premios son documentos inestimables para conocer las tendencias predominantes y la orientación del gusto en una época. En este último sentido, el Nobel de Literatura resulta un valiosísimo testigo del siglo XX, porque encarna una tradición de más de cien años y porque, entre los premios literarios de importancia universal, es el más antiguo y más popular en la actualidad.
Zenobia Camprubí y Juan Ramón Jiménez
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Antecedentes
Pablo Picasso
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LA LITERATURA EN LA ESPAÑA DEL SIGLO XX A pesar de las innegablesinfluencias del resto de Europa en el arte y la literatura de España durante el siglo XX, su profunda tradición, su religiosidad a ratos contradictoria y una historia divergente, profundizaron un cierto aislamiento nacional y originaron un ritmo propio, que marcaron a la literatura española y a sus escritores con rasgos de una fuerte y peculiar identidad.
El paso del siglo XIX al XX se anunció en España con la presencia de un grupo renovador de intelectuales conocido como “La Generación del 98”. Fue en esos años que España sufrió la pérdida de sus últimas colonias: Cuba y Puerto Rico en América y las Filipinas en el Pacífico. El gran Imperio español se desintegró definitivamente y sus intelectuales y artistas abordaron la tarea de analizar la depresión en que se había sumido el país, cuestionando todo, incluso la propia idea de ser una “generación”. Entre los miembros más destacados de esta élite estaban Miguel de Unamuno, Ramón del Valle Inclán, Antonio Machado, Pío Baroja y Jacinto Benavente, este último premiado posteriormente con el Nobel.
Las vanguardias europeas de principios de siglo, los llamados “ismos” como el dadaísmo o el surrealismo, tuvieron escasos representantes en esta España aislada, pero su influencia inspiró novedosas ideas estéticas, que luego serían retomadas por la “Generación del 27”, año en que se celebrara el tricentenario del gran poeta barroco Luis de Góngora.
Antecedentes
Los miembros de este último grupo intelectual, aunque no definieron cánones explícitos, impulsaron la creación artística en España hacia los altos niveles que alcanzaría décadas después, especialmente en poesía, con personalidades excepcionales como Pedro Salinas, el Premio Nobel Vicente Aleixandre, Federico García Lorca y Rafael Alberti, entre muchos. En otras áreas de la creación artística, España descolló con grandes creadores como Buñuel en el cine y, en las artes plásticas, Salvador Dalí y Pablo Picasso.
El distanciamiento del contexto europeo durante más de la mitad del siglo veinte libró a España de verse involucrada en las dos guerras mundiales. Sin embargo, no se libró del choque de las poderosas corrientes ideológicas, políticas y sociales de la época: se desencadenó internamente un dramático proceso político que culminó con la asoladora Guerra Civil, seguida de una desoladora posguerra. La escritura de esos tiempos, sobre todo la novela, permaneció encerrada dentro de España en cánones anticuados; en cambio, los artistas y pensadores que debieron exiliarse en México y otros países latinoamericanos, pudieron desarrollarse e interactuar con los creadores locales, dando y recibiendo valiosos aportes en todas las áreas de la cultura, la creación y el pensamiento. Como ejemplo, baste citar a María Zambrano, a José Gaos, a Ramón Xirau, Tomás Segovia, José Bergamín y Luis Buñuel, entre otros. Muchos de los creadores del exilio se han conocido y han sido “recuperados” en la Península después del franquismo; simultáneamente, su influencia sigue viva en diversos aspectos de las literaturas latinoamericanas.
Rafael Alberti
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