Los espacios verdes en las ciudades y villas de Asturias

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Se explica la evolución geográfica de las ciudades en Asturias desde la perspectiva de las áreas verdes, es decir a través del proceso de incorporación urbana de parques, jardines, paseos y plazas arboladas. La finalidad es comprender los cambios en el significado del verde, su planteamiento y materialización tipológica, así como su integración diversa en las formas del paisaje. Desde el pasado a la actualidad, la exploración comienza con los jardines históricos y concluye en los espacios naturales de la ciudad posfordista.
Les espaces verts dans les villes et les bourgs asturiens.- Explication de l'évolution géographique des villes dans la région des Asturias en adoptant la perspectiva des espaces verts, c'est-à-dire, à travers le processus d'incorporation de parcs, de jardins, d'allées et de places plantées d'arbres. La finalité en est la comprèhension des changements dans la signification du vert, sa problèmatisation et sa matèrialisation typologique, ainsi que son integration diversifiée dans les formes du paysage. Du passé à la actualitè, l'exploration commence avec les jardins historiques et finit sur les espaces naturels de la ville postfordiste.
Green spaces in the cities and boroughs of Asturias.- The geographical evolution of the cities in the region of Asturias can be explained from the perspective of the green spaces. That is to say, through the process of the incorporation of parks, gardens, tree-lined avenues and squares. The aim is to understand the changes in the meaning of green spaces, its approach and morphologic materialization as well as its diverse integration in different landscapes. From the past up to the present, the exploration starts with the historical gardens and finishes in the natural spaces of the postfordist city.
Universidad de Oviedo
Tomé, S., Morales, G. Los espacios verdes en las ciudades y villas de Asturias. Ería: Revista cuatrimestral de geografía. Nº 78-79 (2009), pp. 69-95
Eria: Revista cuatrimestral de geografía
Publicado el : jueves, 01 de enero de 2009
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SEGROITOMÉFZDEEÁNRN*YGUELLIOMRMLAROSEMATOS** * Universidad de Oviedo ** Universidad Carlos III de Madrid
Los espacios verdes en las ciudades y villas de Asturias
RESUMENpaysage. Du passé à la actualitè, l'exploration commence avec les jar-Se explica la evolución geográfica de las ciudades en Asturias dins historiques et finit sur les espaces naturels de la ville postfordiste. desde la perspectiva de las áreas verdes, es decir a través del proceso AT de incorporación urbana de parques, jardines, paseos y plazas arbo-BSTRAC ladas. La finalidad es comprender los cambios en el significado delGreen spaces in the cities and boroughs of Asturias.- The geo-verde, su planteamiento y materialización tipológica, as’ como su inte- graphical evolution of the cities in the region of Asturias can be ex-gración diversa en las formas del paisaje. Desde el pasado a la actuali- plained from the perspective of the green spaces. That is to say, dad, la exploración comienza con los jardines históricos y concluye en through the process of the incorporation of parks, gardens, tree-lined los espacios naturales de la ciudad posfordista. avenues and squares. The aim is to understand the changes in the mea-ning of green spaces, its approach and morphologic materialization as well as its divers ca s. F RÉSUMÉpethe rom u tpapts erp ohtgrteine inn ioatereffid sdnal tnth the historica lagdrne sna difenes tt, eheloxpitars notratiw s -Les espaces verts dans les villes et les bourgs asturiens nishes.- Explica- in the natural spaces of the postfordist city. tion de l'évolution géographique des villes dans la région des Asturias en adoptant la perspectiva des espaces verts, c'est-à-dire, à travers leclave / Mots clé / Key wordsPalabras processus d'incorporation de parcs, de jardins, d'allées et de places plantées d'arbres. La finalité en est la comprèhension des changements Verde urbano, medio ambiente urbano, historia urbana. dans la signification du vert, sa problèmatisation et sa matèrialisation Vert urbain, environnement urbain, histoire urbaine. typologique, ainsi que son integration diversifiée dans les formes du Green urban, urban environment, urban history.
I estaban bien provistas de elementos vegetales de otra INTRODUCCIÓN: LA GEOGRAFÍA DEL VERDE naturaleza, en su recinto o contornos: retazos de anti-URBANO ESPA„OL guos bosques, terrenos productivos o recreativos como los huertos eclesiásticos y jardines conventuales o aris-DEesNpTaRñOedrp lo deocescimi cred  eneoticduaolt sesadtis laoomus eneséretni ci oali g oePr(g fnán iémbTa.n co8r)-991geru ,sacisorctáacióaire la abansoc nortol sapitarrestaObBaLnE TlaET y desnOidMaÉ,d poración del arbolado urbano y los espacios verdes, cu- de la masa edificada en las poblaciones del sur, que, co-yo significado, uso, formalización e integración paisa- mo las demás, sol’an tener una extensión reducida y es-j’stica cambian sustancialmente con el paso del tiempo taban envueltas con cinturones de huertos. Durante el (SICA Antiguo Régimen los primeros paseos arbolados fueron, 1981). Antes del siglo XIX pocas ciudades po-se’an verdaderos jardines art’sticos, aunque la mayor’alas alamedas, renacentistas y sobre todo ilustradas, inte-
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riores a la trama (Sevilla) o más comúnmente situadas extramuros, sobre los caminos, como en Santander. Sólo en el Mil Ochocientos las plantas van colo-nizando de forma más generalizada las v’as y lugares públicos, por ser consideradas imprescindibles para la mejora de la salud pública, necesarias al ornato y conve-nientes para el ocio y relación burgueses. La reforma in-terior de los cascos ayuda a sembrar el verde en el tejido histórico, cuando se derriben fortificaciones o se abran claros sobre las propiedades del clero. Pero será en los Ensanches donde el ambientalismo consiga mejores resultados, al insertar arbolado de alineación en la red arterial o acompañando a los bulevares, y disponer jar-dines integrados en novedosos espacios públicos (MAS, 1999). Al universalizarse, la naturalización dio lugar a productos urban’sticos cada vez más complejos y de for-mulación más diversa, como recogen sus denominacio-nes singulares. Según la situación, origen y tamaño, las trazas y elementos, resultan ser salones, paseos, par-ques, o bien explanadas, espolones o malecones. La irrupción a fin de siglo del modelo ciudad-jard’n, aplica-do selectivamente en los núcleos balnearios de la alta sociedad, proporcionó otros escenarios donde las planta-ciones vegetales, recluidas en fincas particulares o dan-do vida a sitios de relación, resultar’an un elemento de fuerte peso espacial (QUIRÓS, 2009). El primer tercio del 1900 vino marcado por procesos expansivos que dieron lugar a la formación de los ex-trarradios, donde se utilizó la morfolog’a de vivienda in-dividual (emparejada, en hilera o grupo), con huerto o jard’n, en sentido socialmente descendente (BAYLEY, 1978). Para clases medias o medias altas proliferaron los hotelitos, reunidos en asentamientos del tipo ciudad-jard’n con acentuada componente naturalista, en La Co-ruña, Las Palmas de Gran Canaria y muchas otras po-blaciones (MORALESMATOS, 1995). Desde 1911 hasta los años veinte, las Leyes de Casas Baratas democrati-zan un tanto aquel tipo residencial al hacerlo asequible a empleados y muy secundariamente obreros, de manera que las periferias ocupadas entonces eran en gran medi-da áreas de baja densidad, más o menos profusamente arboladas. Enseguida habrá una ruptura con esos mode-los, en tiempos coincidentes con la II República, cuando la influencia del Movimiento Moderno haga preferibles los bloques seriados y los cuarteles de edificación abier-ta, envueltos en jardines públicos. La Dictadura conti-nuó materializando en parte los postulados formales del racionalismo, aunque no sus ideales, durante los años de posguerra. A la iniciativa pública se deben promociones muy caracter’sticas de cuarteles, colonias y poblados,
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con patios clorof’licos o huertos familiares si el hábitat era individual, ocupando en todo caso superficies poco relevantes comparadas con las de edificación densa. El desarrollismo traerá los pol’gonos de viviendas, el ma-yor esfuerzo de asimilación de los esquemas propios del funcionalismo. ElOpen Planningy las manzanasRad-burnpermit’an multiplicar el verde aunque en muchos casos esa será una obra de los años 1980, sin olvidar que dentro del conjunto urbano predominaba abrumadora-mente la ocupación compacta. Durante el per’odo democrático y el cambio de siglo se logra corregir los déficits heredados y elevar la cali-dad ambiental, aunque con las limitaciones que ha im-puesto la llegada del posmodernismo y del modelo urba-no neoliberal, la lacra del agio y el sobredesarrollo de la construcción. En todo caso varió el sentido de las zonas verdes, su funcionalidad y configuración, resultando una tipolog’a muy rica. La idea es articularlas en redes esca-lares, cuyos elementos menores ser’an el arbolado de ali-neación, el pequeño verde de esponjamiento y los par-ques vecinales. En el escalón inmediatamente superior se sitúan los parques centrales o de ciudad, también conec-tados mediante corredores con las mayores piezas, los parques metropolitanos y espacios protegidos periurba-nos. Parte de la intervención se ha proyectado sobre los cascos antiguos y espacios centrales, dentro de los proce-sos de rehabilitación, embellecimiento y peatonalización que, aún siendo discutibles, traen arbolado a la v’a públi-ca. Independientemente de ello, entre los mayores logros de la Democracia figuran las plantaciones masivas sobre la red arterial (MARTÍNEZSARANDESESy otros, 1992). Una categor’a fundamental de nuevas zonas verdes (interiores o de borde) es la que resulta de las operacio-nes de cambio de uso y renovación urbana, sobre suelos ferroviarios, militares, industriales o portuarios. Con fre-cuencia las realizaciones más recientes son fruto del ur-banismo estratégico, que ennoblece áreas degradadas o vac’os urbanos, insertando por ejemplo grandes equipa-mientos generadores de centralidad. Otras obras de en-vergadura como la depresión y embovedamiento de ron-das interiores o autopistas urbanas están proporcionando igualmente superficies susceptibles de tratamiento natu-ral. Por su parte los desarrollos urbanos actuales eviden-cian cambios cualitativos como el empleo de la manzana semiabierta con patio colectivo, donde cobra protago-nismo el verde de escala inferior, al igual que las clases intermedias lo hacen dentro de los barrios. En cuanto a las mayores unidades, se quiere singularizarlas mediante cometidos concretos, como el estudio y preservación de la flora mediterránea en el nuevo botánico de Montjuich
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FIGde Corias, monumental edificio iniciado en 1022 por los condes Pipiolo y Aldonza, ce- primer término, vista aérea del Monasterio  En. 1. dido dos décadas más tarde a los monjes benedictinos, los cuales cubrieron en sus alrededores la mayor mancha de viñedos de Asturias. Tras va-rios incendios a lo largo de su extensa historia, su factura actual es debida al maestro Ferro Caaveiro en 1774, guardando una estética herreriana que le asemeja a El Escorial. La otra imagen muestra uno de los dos patios o claustros, en el que aún se mantiene la técnica de la topiaria versa-llesca, con el boj podado en hermosas formas geométricas; en el centro del cuadrado se sitúa un pozo, más funcional que plástico, y en un lado, se levanta el primer ejemplar de araucaria tra’do a Asturias en el siglo XVIII, ya con un porte extraordinario. El edificio será abierto en breve como parador nacional. Escala aproximada 1:3.400.
(Barcelona). Las formas del verde urbano o periurbano verdes actuales, es decir fijando su cronolog’a. Con ella también se vienen modificando rotundamente con la resulta más fácil tipificar las categor’as existentes, em-irrupción de la ciudad difusa, que incrementa la compo- pleando el más amplio espectro de variables explicati-nente natural a base de jardines privados, pero también vas: desde la situación relativa al tamaño, la morfolog’a puede empobrecer o no tratar satisfactoriamente los es- y las funciones desempeñadas, hasta el área de influen-pacios públicos (ZOIDOy otros, 2000). ciao los atributos. Comprender el significado geográfi- co del verde es absolutamente necesario, por tratarse de un componente muy destacado en la estructuración y II definición formal de las ciudades. Además de su fun-EL LEGADO ASTURIANO ANTERIOR A 1900. ción ambiental evidente, cumple otras de carácter social EL PATRIMONIO CLÁSICO o inmobiliario, e incluso debe ser visto como recurso Las ciudades asturianas poseen hoy sistemas verdes cultural, indicador muy fehaciente de la calidad urbana. modelados en un largo proceso histórico, dentro del cualaMqáus ’q pureo pelu epsutra oe sc osnu oacpilmiciaecnitóon,  lpaa rfai naavliadnazda r deen  llaa  tsaarlevaa-tuvieron tanta importancia las yuxtaposiciones como las guardia de los parques, jardines y espacios públicos de superposiciones y reformas. Sumado el efecto de esas carácter histórico, preservándolos de iniciativas desnatu-dos prácticas, añadir secuencialmente elementos nuevos y rectificar los antiguos cada vez que se estimaba nece- ralizadoras. No menos importante es la utilización del sario, fue configurándose un patrimonio vast’simo, tan saber adquirido, y las lecciones extra’das del pasado, pa-diverso en su significado y formulación como cargadorvae rpdleasn tdeea rú ltyi mgae sgtieonnearar ceión n.forma sostenible las zonas de complejidad. El conocimiento que de él tenemos es, hasta la fecha, bastante limitado, fuera de algunas ver-tientes concretas (como los jardines privados), épocas muy precisas (el siglo XIX y la primera parte del XX) o RÉG1I.M ELN:A REIVASPSSEACSLASOALAMEDASARDINESYEDJSOLELNCVESDIAA«OPNSGUTICMA»O ciudades determinadas, entre ellas Gijón que es la única documentada exhaustivamente. Urge entonces el abrirY LOS HUERTOS paso a investigaciones más sistemáticas, que deberán Los elementos verdes con procedencia preindustrial comenzar ordenando por estratos temporales las áreas tienen una muy escasa representación en la ciudad de
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FIG. 2. Plano levantado en 1917 para ordenar como jard’n el actual Campo de San Francisco. Obsérvese la generosidad con la que sertataba de conservar el verde urbano en el centro urbano ovetense, pues el actual Campo o Parque de San Francisco, reducido a solo 9 hectáreas, entre las calles Ur’a, Santa Cruz, Santa Susana y Toreno, es solo un fragmento de una gran mancha verde que se mantuvo como tal hasta bine entrada la dé-cada de 1970, que inclu’a los prados de Llamaquique. El plano geometrizó los espacios verdes del actual parque y la plaza de España (al SO, con un edificio muy distinto a los actuales), al tiempo que le daba continuidad hacia el NO con la enorme parcela del palacete y vivero de Concha He-res (actualmente un hermético Banco de España) y la parcela aún mayor del Hospital y Hospicio Real de huérfanos, expósitos y desamparados, cu-yo edificio setecentista es hoy el Hotel Reconquista. Con todo y con eso, el Campo, que ocupa los terrenos del botánico, primero franciscano y lue-go universitario, es uno de los mejores exponentes de parque urbano, con templete de música, lámina de agua, paseos (El Bombé, Los Tilos y Los Álamos), fuentes y, sobre todo, un magn’fico muestrario de árboles y arbustos de todas las procedencias geográficas. Escala aproximada 1:9.300.
hoy. Eso obedece tanto a su reducido número en origen Toreno. Donde, al igual que en la Casona de Camposa-como a las destrucciones experimentadas en aras de la grado (Villa, Langreo), los actuales parquecillos acaso urbanización, caso de los paseos jovellanistas gijoneses aprovechan una base previa. Ciertos monasterios y con-que hoy se corresponden en su mayor’a con tramos de la ventos también conservan, al menos en los patios y red arterial y terrenos edificados (SENDÍNGARCÍA, claustros cuando no sobre superficies mayores, espacios 1995). Otros sirvieron como cimiento para espacios pú- verdes recreativos con factura inicial quizá remota. As’ blicos, parques o jardines de realización posterior, den- sucede en el conjunto catedralicio de Oviedo, que reúne tro de las cuales no siempre resultan directamente per- el pequeño jard’n de Las Pelayas, más los emplazados ceptibles. Tampoco cabr’a hablar de nada anterior a la en el claustro de San Vicente, en el claustro gótico de la época contemporánea que en rigor pueda ser calificado Catedral y la zona del ábside. En Corias (Cangas de como un verdadero jard’n art’stico, al menos por com- Narcea), el actual jard’n versallesco también podr’a te-paración con otras regiones. Aún as’ el Antiguo Ré- ner su fundamento en la reconstrucción setecentista que gimen dejó en los núcleos urbanos y en el medio rural hizo de ese cenobio el Escorial asturiano. asturiano un pequeño sistema de elementos verdes con Una categor’a diferente es la de los espacios públi-diferente naturaleza y desigual entidad. Según VALDEÓNcos, entre ellos los primeros paseos arbolados y alame-MENÉNDEZ(1999) las torres, los palacios y casas sola- das de la urban’stica ilustrada, tendidos a extramuros de riegas, fabricados y sometidos a sucesivas ampliaciones las poblaciones asturianas sobre los caminos de acceso. en el largo arco que va desde la Edad Media a la Ilustra- Nada queda de ellos a excepción de la alameda (hoy pa-ción, sólo comenzaron a adornarse con jardines por in- seo) de Begoña en Gijón, legado del Plan de Mejoras fluencia francesa a mediados del siglo XIX. Sin embar- (1782), aunque su acondicionamiento último se retrasó go parece indudable que algunos tuvieron un más hasta el siglo XIX. Mejor suerte corrieron algunos de antiguo origen, como el mismo autor reconoce en el pa- los «campos», voz que aparece con dos acepciones dife-lacio de Ferrera (Avilés) y la Casa de Los Pasarones rentes. Por regla general se trata de explanadas irregula-(San Roque, Castropol), aunque quizá pueda decirse res o con figura aproximadamente circular, dispuestas otro tanto de los palacios ovetenses de Velarde y Duque en el contorno de la ciudad histórica, a menudo en com-del Parque (RAMALLOASENSIO, 1990), o incluso del de pañ’a de edificios religiosos que forman arrabal. Cierto
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FIG diacrónica de la plaza ovalada de Evaristo San Miguel, también llamada La Plazuela. Situada en uno de los extremos de la. 3. Visión ciudad intramuros del Gijón antiguo, es el nexo de unión con el Ensanche y, por tanto, a pesar de su reducida extensión, es uno de los parques más frecuentados por los gijoneses. Abrigada entre altos edificios, es también centro del camino que une dos de los ámbitos más frecuentados por los paseantes: el muro de la playa de San Lorenzo y el Paseo de Begoña. A los socorridos plátanos (Acer platanoides) de casi todos los pequeños parques asturianos o castellanos, a la plazuela se le ha añadido una flora exótica, que le da un aire excesivamente boscoso para sus exiguas di-mensiones. Escala aproximada 1:4.850.
número de aquellos «campos» subsisten, incluso con sus jón. En dicha localidad el Cerro de Santa Catalina po-denominaciones originales, en forma de plazas actuales. dr’a ser considerado como equivalente relativo, puesto La del Carbayedo en Avilés, el Campo de los Patos y el que ya ten’a uso vecinal en el 1700, aunque con carác-de Santullano en Oviedo, el Campo Valdés de Gijón, al- ter de terreno raso y vertiente, al fin y al cabo no tan bergan aún hoy jardines más o menos fieles al esquema distinto del Campill’n ovetense. Por otra parte estaban primigenio de arboleda y prado, propio de recintos que las plazas públicas, desde las plazas Mayores de planta se utilizaban tanto para solaz (romer’as, fiestas) como regular y otros recintos de nueva creación situados más para celebración de ferias y mercados: incluso como lu- excéntricamente, hasta los pequeños desahogos practi-gar de pasto comunitario, en el ovetense Campo de los cados ante las iglesias o edificios públicos. Si las plazas Reyes del que no resta sino el topónimo. En cuanto al Mayores carecieron en general de arte vegetal hasta Campo Valdés, su origen se situar’a, según Granda, en tiempos posteriores, otras, como la del Seis de Agosto el Renacimiento, pero los arreglos propios de un jard’n en el Plan de Mejoras gijonés, pose’an arbolado, al sólo parece poseerlos desde el siglo de las Luces. En la igual que las existentes en el casco de Villaviciosa y Asturias rural, el núcleo de La Plaza de Teverga parece otros lugares, aunque casi siempre fueron reacondicio-tener origen en la explanada existente frente a la cole- nadas durante el siglo XIX. giata de San Pedro, obedeciendo por tanto al modelo es- Aquellas superficies mayores inedificadas, y los pe-pacial que nos ocupa. queños núcleos verdes ya descritos (patios, claustros, Hay «campos», como el antedicho de Los Reyes, jardines), no eran en el pasado los únicos responsables que simplemente respond’an a la idea de amplios espa- de la aireación urbana. Ésta quedaba igualmente asegu-cios descubiertos, cuya extensión los hac’a idóneos para rada por los espacios de cultivo que ocupaban las ve-soportar diversas funciones colectivas, desde el paseo a gas, as’ como por los terrenos interiores de las manza-los ejercicios militares. El Campo de San Francisco nas de casas intramuros, y las traseras de los pasillos (Oviedo) fue una de esas fincas multiactividad, en parte edificados en los arrabales. Fragmentos más o menos recreativa pues admite uso público desde el siglo XVI alterados de esas morfolog’as rurales históricas, los cin-pero también productiva (vivero de plantas), sin dejar turones de huertos o espacios vegetales productivos, so-de representar un retazo de los antiguos bosques. Como breviven aún en la calle Azcárraga de Oviedo y en di-igualmente fueran El Carbayedo y la plaza del Carbayo versos puntos del casco de Avilés, como la calle San en Avilés, as’ como La Carbayeda del concejo de Gi- Bernardo o Galiana. El núcleo as’ llamado, en alusión a
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FIG La. 4.parte de los descendientes de sus absentistas propie- venta al ayuntamiento de la parcela del Palacio del Marqués de Ferrera por tarios en 1976, permitió que la villa de Avilés contara en pleno centro urbano con uno de los mejores jardines públicos de Asturias. Situada jus-to enfrente del edificio consistorial, y flanqueada hacia el sur por las hermosas calles asoportaladas de Rivero y Galiana, la parcela del palacio y sus jardines se ha convertido en un espacio público que realza aún más el casco urbano medieval mejor conservado del norte de España. El Jar-d’n del Marqués de Ferrera ten’a un diseño muy inglés, con mucho césped y pocos árboles, aspecto este que aún mantiene, aunqusue mándole el mobiliario y los caminos peatonales pertinentes; carece de los atributos arquitectónicos, salvo un coqueto templete de música, y acuáticos de los otros grandes parques asturianos, pero ha abierto la ciudad en todas las direcciones, a pesar de estar rodeado de edificaciones, o por una ronda, al sur, que pudiera dificultar su accesibilidad. Con una mayor visión de futuro, y tal como observamos comparando las dos imágenes, se perdió una oportunidad para su ampliación hacia el SO mediante la acumulación de las obligadas cesiones de espacio al ayuntamiento derivadas de las actuaciones urban’sticas. Tras el Palacio, hoy convertido en hotel, se encuentra un coqueto jard’n versallesco, de propiedad privada, pero fácil de aprehender visualmente. La mayor’a de la población forestal es autóctona, pues desde el siglo XVIII apenas tuvo interés botánico para sus sucesivos propietarios, todos con residencia en la Corte madrileña. Escala aproximada 1:10.200.
su carácter de cañada, es una fundación del siglo XVII necesario para la representación social y el ocio de la destinada a pueblo de colonos. Su estructura se resuelve nueva burgues’a, pero también, desde los postulados hi-mediante un largo brazo formado por treinta y dos pro- gienistas, para la mejora de la salud pública. Sumados, piedades que conservan, a la trasera de las casas, un el ornato y embellecimiento urbano, el prestigio de la gran tapiz verde (huertos, jardines, prader’a) fracciona- clase ascendente y la lucha contra la insalubridad, dan do en estrechas tiras. Ese fondo de manzana, mas su lugar a que se generalice el arbolado de alineación en la frente edificado con soportales, define uno de los con- red arterial, as’ como los paseos y jardines. Al multipli-juntos más interesantes del Barroco asturiano (TOMÉ, carse éstos, materializando las diversas influencias reci-2006). En cambio, los antiguos huertos eclesiásticos bidas desde el exterior, van a adquirir perfiles variados prácticamente desaparecieron del medio urbano con la y denominaciones caracter’sticas según su tamaño, tra-Desamortización, y los asociados a casonas solariegas zas, elementos, etc (QUIRÓSLINARES, 1991). sólo permanecen en la Asturias rural, como el que en-marca por la espalda el dieciochesco palacio de Campo- Esos cambios cobran sentido dentro del proceso de sorio (Piñera, Navia).trriaonr syfocrumlamciinóan  cuornb alnosa , Eqnusea narcrhaensc. aP criomn elraa  reefno erlm tai eimntpeo- fue la reordenación y reestructuración de los cascos, co-2. LA M U L T I P L I C A C I ÓN D E L A C O M P O N E N T Ela-naetedmse  le are tnneidúmmnneeta rmforeo om cdavut euq ,larebils fuorte sopodosU onel.sneatdnma NATURALISTA CON LAS REFORMAS LIBERALES Y LOS PROYECTOS DEENSANCHE DECIMONÓNICOSl das c platear,osa ne dec p óiedo sóloa de OviL. aeccrail colancdeciinl uaigesd noc ,sallarum  laso deientm-e Durante el 1800 y especialmente en su segunda mi- tillo, al salón de Porlier (1852), mientras que las fortifi-tad, las plantas salieron a las v’as públicas desde los re- caciones carlistas gijonesas dejaron sitio desde 1868 al cintos interiores donde estaban casi siempre confinadas, complejo sistema de espacios públicos que incluye las al menos en el casco de las poblaciones. Si eso ocurre plazas de Capua y San Miguel, la plaza de Europa y el es porque el verde pasa a ser considerado como algo paseo de San José, mas los «campinos» y el parque de
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Begoña; la parte inicial de este último espacio era en-tonces un salón, como el de la capital (GRANDA, 2008). El otro apoyo fue la Desamortización de los bienes eclesiásticos, que permitió habilitar en esa misma ciu-dad la plaza de las Monjas, ante el convento de las Agustinas convertido en Fábrica de Tabacos. En Ovie-do el claustro del Monasterio de San Vicente quedó abierto y arbolado como plaza de Feijoo. Fuera o no so-bre propiedades del clero, el derribo de edificaciones obsoletas y el consiguiente esponjamiento de las densas tramas heredadas favorec’a que el verde ganase recintos de cierta entidad o al menos colonizase enclaves más reducidos. La plaza arbolada junto al convento de San Francisco en Avilés, el pequeño jard’n que realza un busto de Isabel II en el edificio histórico de la Univer-sidad de Oviedo, la plaza del Fontán o la placita som-breada con plátanos ante la gijonesa casa natal de Jove-llanos, son ejemplos ilustrativos sobre esa práctica de «abrir claros» o al menos plantar en los ya existentes. Al borde de algunos cascos antiguos, las obras públicas contribuyeron muy destacadamente a proporcionar es-pacios fundamentales de socialización. Como los Jardi-nes de la Reina al ampliar la dársena local de Gijón, y del lado opuesto el tramo oriental del paseo del Muro, contribuyendo ambos a configurar definitivamente las dos fachadas de aquella población. Una vez agotadas las posibilidades de los núcleos preindustriales, los proyectos de Ensanche dotaron a la ciudad moderna con novedosos sistemas de espacios li-bres y jardines. En algunos casos se trataba de verdade-ros parques urbanos, como el ovetense de San Francis-co entregado a titularidad municipal desde 1846, lo que posibilitó su acondicionamiento (salón del Bombé) y más tarde la fijación de l’mites definitivos, algo indis-pensable tras las pérdidas experimentadas para tender viales y levantar casas. El plano de Ensanche de Avilés dio a la villa el parque del Muelle, elemento dignifica-dor del frente urbano hacia la r’a, y el posterior parque del Retiro o de las Meanas, producto igualmente de la desecación de marismas. Algo parecido suceder’a en Navia, donde la construcción del dique de la r’a y el subsiguiente relleno, hasta el solar de la muralla derri-bada, dio vida a un pequeño Ensanche con jardinillos y parque (MÉNDEZ, B., 1993). Para aliviar la monoton’a de los trazados regulares aplicados en la extensión urbana se intercalaron plazas, algunas tan significativas como las circulares o el’pti-cas, que reflejan la atención concedida al factor movili-dad. Las hay en Gijón (la de San Miguel, plaza-bisagra coincidente con una punta de estrella de la muralla), en
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FIGen la parroquia de Valdesoto, en las afueras de Situada . 5. Pola de Siero, la finca que contiene el Palacio del Marqués de Cani-llejas o de Carreño-Sol’s, ocupa una extensión amurallada de siete hectáreas, en las que, además del palacio barroco pero muy puro de l’neas, existe el mejor jard’n histórico o clásico privado de toda Astu-rias. A modo de oasis de arquitectura y jardiner’a cultas entre las pra-der’as del agro poleso, la finca amurallada tiene unos jardines extra-ordinarios, con todo tipo de elementos de adorno, como una pequeña capilla con una cúpula modernista, pabellón de recreo, cenador, par-terres, invernaderos, plaza de azulejos esmaltados, jaulas de aves y fieras, palomar, balaustradas, una torre sobre la valla, estatuas, y has-ta un pequeño ingenio hidráulico para el riego en época de sequ’as. La bondad del jard’n obedece al buen diseño de un maestro jardinero francés, que trabajó para el Palacio a finales del siglo XIX. Desde fuera de los altos muros que cercan la finca es dif’cil adivinar la her-mosura de esta joya de la jardiner’a burguesa finidecimonónica. Esca-la aproximada 1:7.750.
Avilés (plaza de La Guitarra, en la parte más tard’amen-te urbanizada). Pero no son las únicas, puesto que los proyectos alumbraron algunos otros espacios públicos con diferentes formas, categor’as y funciones, en Gijón (plaza de Los Campos), en Avilés (plaza de la Pescade-r’a) o en el Ensanche de Ribadesella, por citar sólo al-gunos. Ciertos núcleos cuyo crecimiento no fue ordena-do mediante ese instrumento urban’stico, o lo fue pero ya entrado el siglo XX, ganaron igualmente plazas cen-trales en el último tercio del Diecinueve. Su sentido era el de espacios envolventes, de antesala o perspectiva para edificios públicos (Ayuntamiento, iglesia, escue -las). Es el caso de Ciaño (Langreo), con la plaza de La Nozaleda que hizo desaparecer el jard’n de una casona, e igualmente Sama (FERNÁNDEZGARCÍA, A., 1982). As’ como Soto del Barco o Tapia de Casariego, donde la plaza fue producto de la remodelación del antiguo Cam-po Grande. Su relación con las casas consistoriales pone
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FIG. 6. lo  Enalto del pueblo pesquero de Cudillero, en el pago denominado El Pito, se encuentra el conjunto monumental de Los Sel-gas, presidido por un discreto palacio neoclásico encargado por Fortu-nato Selgas. El frente del edificio tiene unas escalinatas que sirven pa-ra entregarse al jard’n francés ideado por el maestro Grandport; casi un siglo después de su construcción, la topiaria de las villas renacen-tistas toscanas interpretada y adaptada por André LeNotre para Versa-lles, aparece lustrosa en este jard’n, adornado por estatuas, macizos florales, y fuentes que cumplen con los cánones impuestos por LeNo-tre. Detrás del palacio, se da un giro copernicano en la técnica jardine-ra, pues en torno a un lago, se dispone una gama amplia de árboles de distinta procedencia. El conjunto monumental se completa, rodeado por una magn’fica valla metálica diáfana, con un grupo escolar de gran porte, donado al pueblo en 1915, una pequeña iglesia privada, una escultura de bronce en honor de los Selgas, y un pabellón que aco-ge una colección de tapices. la creación o rectificación de concejos, y por tanto capi-talidades. Mención aparte merece Trubia, por el signifi-cado de su plaza principal dentro de una fundaciónex nihilovinculada a la industria del Ramo de Guerra. Amén de aquellas plazas ajardinadas o al menos arbola-das, en algunas cabeceras comarcales ir’an establecién-dose verdaderos parques (Pola de Siero, Salas), jardines como el de Pravia (lateral al palacio de Moutas y la Co-legiata) y paseos mar’timos como el de Llanes. Las ciudades conocieron en la misma centuria una nueva categor’a de jardines asociados a los edificios públicos y equipamientos, desde las estaciones de fe-rrocarril a los hospitales, e incluso Ayuntamientos co-mo el de Mieres (1862). La mayor’a de ellos desapa-recieron con las construcciones que los acompañaban (asilos, hospicios), o fueron acaso v’ctimas de iniciati-vas modernizadoras. Pero algunos subsisten, al menos de manera parcial, en la ciudad de Clar’n: los jardines del Cuartel del Milán, construido como Seminario y utilizado ahora como Campus de Humanidades; los de la Fábrica de Armas de La Vega y los del periurbano balneario de Las Caldas. Eso sin contar la masa de eu-caliptos plantada en 1886 para sanear el antiguo cemen-terio de Prado Picón, donde hoy está el Seminario.
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3. E A R D I N E S J R I V A D O S P E D O S L A Y LL A P O G E O IRRUPCIÓN DEL MODELO URBANO CIUDAD-JARDÍN EN TIEMPOS FINISECULARES
Tanto la nobleza antigua como en igual o mayor grado los t’tulos del Estado Liberal, importaron a lo lar-go del siglo el gusto por la jardiner’a francesa y muy en segundo término la británica, sembrando la región de iniciativas que por su número y calidad constituyen un patrimonio de valor inestimable. Esa época áurea de los jardines particulares en residencias palaciales tiene re-presentación material suficiente en los cascos antiguos de núcleos urbanos mayores como Oviedo (Casa de La Rúa) y Avilés, villa ésta donde los jardines del palacio de Ferrera figuran a la cabeza por su interés y su peso en términos espaciales. Las quintas periféricas y pose-siones campestres, a las que nos referiremos después, fueron más sensibles a los efectos del crecimiento urba-no, de manera que en Oviedo no queda rastro alguno de ellas; Gijón por el contrario conserva algunas estima-bles (como la Peña de Francia en Deva), situadas fuera del ámbito más directamente afectado por el desborda-miento f’sico de la ciudad. Fuera de ah’ se conservan jardines aristocráticos en diferentes villas (Grado, Pola de Lena) y entidades menores, subsidiarias o no de po-blaciones con rango superior. VALDEÓNMENÉNDEZ (1999) ha dejado constancia de los existentes en Llanes (Nueva, Pancar, Pendueles y Vidiago), Muros de Na-lón, Teverga (Entrago) y Villaviciosa (Tornón), todos ellos de gran val’a, mas los de carácter monumental si-tuados en los palacios del Marqués de Canillejas (Val-desoto, Siero) y los Selgas (El Pito, Cudillero). La burgues’a adoptó y extendió el modelo, introdu-ciendo en él un factor de identificación basado en las especies exóticas. Los primeros espacios de referencia donde esa clase construyó sus hoteles particulares, pa-lacetes y villas ajardinadas fueron los Ensanches, pero en ellos sólo permanece hoy una fracción insignificante de aquel legado, v’ctima de la furia destructora durante el desarrollismo franquista. Oviedo mantiene, aunque bastante metamorfoseados, los jardines de la desapare-cida Casa de Concha Heres (ahora Banco de España), la Casa Roja de la calle de La Lila, Villa Magdalena (de los albores del XX) y la casa de Paulino Vicente en la calle Pérez de La Sala, mas el amplio jard’n de la Rodriga emplazado a la trasera de los inmuebles de la calle Campomanes, hacia el Prado Picón. En Gijón la muestra superviviente dentro del casco es aún inferior y se encuentra fuera del Ensanche, casi limitada a los chalés de la plaza de Europa y el Bibio, mientras Avilés
LOS ESPACIOS VERDES EN LAS CIUDADES Y VILLAS DE ASTURIAS
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FIG. 7. Elo segunda residencia en los alrededores de las ciudades mar’timas ideario de «villa rústica», concebida como quinta de veraneo, como Avilés (Salinas) y Gijón (Somió), está muy bien representado en las imágenes correspondientes a dos per’odos bien distintos, separados so-lo por unas cuatro décadas. En la primera foto aérea se aprecia la inserción discreta de las quintas en el parcelario rústico de Somió, mientras que en la segunda, la presión inmobiliaria y la emulación de muchos nuevos hacendados por poseer una villa en las afueras del Gijón noble y clorof’-lico, se ha reflejado en la excesiva parcelación tradicional para alojar a estos conjuntos, cada vez con parcelas más pequeñas, de casa y jard’n. Es-cala aproximada 1:6.100.
atesora algunas construcciones de esa naturaleza en la también presentes en los palacetes de La Magdalena y calle Galiana y el Ensanche de Palacio Valdés. el núcleo de Villalegre (MORALESMATOS, 1982). Éste Parte de aquellos inmuebles fueron obra de india- se debió en gran medida al patrocinio indiano, que deja nos, que en las dos ciudades costeras y otras poblacio- una huella definitiva ya antes del siglo XX en Castro-nes litorales contribuyeron decididamente a la difusión pol (San Roque, Las Barreiras), Luarca (junto con Vi-del modelo ciudad-jard’n, en el que también se recono- llar, y Barcellina), Llanes (barrio del Cueto) y Villavi-cen otros estratos de la burgues’a. Se trata de un patrón ciosa (MORALESSARO, M. C.; LLORDÉNMI„AMBRES, de asentamiento mediante residencias individuales ajar- M., 1987; ÁLVAREZQUINTANA, C., 1990). dinadas, que se agregan formando conjunto con estruc-tura más o menos cerrada o laxa, sobre una base lineal, regular o desordenada. En principio se aplicó de mane-ra elitista para los núcleos balnearios y suburbios lujo- III sos, donde la alta burgues’a modela escenarios en los EL PRIMER TERCIO DEL SIGLO XX. cuales la componente naturalista resulta un factor sus- LA MADUREZ TARDOCLÁSICA tancial. Somió (Gijón), conocido en profundidad gra-cias a la obra de Ramón ALVARGONZÁLEZ(1999), re-presenta en Asturias el paradigma de aquel idearioSAN1E.A MILIUADEDLNSORPCOSEOSDEENTOYETXEÓISNBRUNANAINNTCOA urban’stico, donde los jardines privados (Villa Mar’a, quinta Bertrand, etc) conviven con algunos espacios El tiempo anterior a la Dictadura de Franco vino en verdes públicos de inferior categor’a como la plaza Vi- principio marcado por la prosecución de las dinámicas llaman’n. En otras parroquias del mismo concejo no abiertas con la llegada del capitalismo industrial. Tuvo faltan quintas de sumo interés igualmente estudiadas continuidad la reforma interior en los tejidos urbanos como la Duro (Cabueñes) y La Isla (Cefontes), base del históricos, reavivada desde finales de los años veinte al actual Jard’n Botánico Atlántico. Avilés tiene en Sali- irrumpir las ideas del Movimiento Moderno, aunque en nas un espacio de significado relativamente parejo, al Asturias la reducida superficie de unos cascos ya rees-menos en cuanto al repertorio de jardines recreativos, tructurados en el siglo XIX limitó el número de inter-
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Con o sin Ensanche, poblaciones de muy diferente rango fueron dotándose de parques públicos, plazas-parque o pequeños paseos, parte de los cuales estaban (como ya dijimos) asociados a los Ayuntamientos, igle-sias y escuelas, por lo que se situaban en los cascos an-tiguos. El resto presidieron ámbitos de nuevo creci-miento, surgidos acaso en la coyuntura favorable de la Guerra del 14, cuando no se trataba de obras públicas primorriveristas o empresas indianas. Muchas de aque-llas intervenciones aún no han sido documentadas con suficiente precisión, lo cual hace imposible aportar una relación exhaustiva. Hasta donde conocemos habr’a al menos una treintena, con distribución geográfica muy FIG En. 8. la imagen (villa Mar’a, Somió) aparece una villa odesequilibrada. Menos de un tercio del total estaban le-quinta de las más pr’stinas, con finca cercada, casa principal y la delfuese en núcleos de impronta mine-jos de la marina, ya casero y un jard’n inglés, con plantas exóticas, muy similar a los le-ra com cea vantados en las casas de indianos.ña-iondroot dlaPo, naivaL eabaC y a, Nars deangay C erogE tn olE S ateenfr, esquraped sotsivorp quinta que contaban con una o varias plazas pequeñas. O bien se trataba de villas interiores, en la órbita de a Oviedo como Pola de Siero, Grado y Noreña que tienen plazas desprovistas de verde. La excepción fue Gijón, parques, cuando no más distantes y rurales como Pola que en plena Guerra Civil puso en marcha la reforma o de Allande con plaza-parque. apertura de varios espacios públicos (plazas del Institu- Gracias en parte al dinero repatriado de América la to, Náutico, Italia), cuyo ajardinamiento ya es obra pos- costa se llevó la palma, con los parques de Villaviciosa bélica, si bien han sido ulteriormente remodelados. (Ballina) y Luanco (Zapardel), en el tramo central, y o n evitar otros nueve en cada una de sus alas más las correspon-Aoqtuaellas ompoe rdaec iloones no lgraroustria lleas  paé rfadivdoardientes áreas inmediatas. En el Oriente y Surco Prelito-ddee  lpar ciugdoandi smoderna. s Dnuúracnleteo sl opsr eaiñnods primisecularesral hay jardines públicos o plazas arboladas del tercio se ieron en marcha los inicial del 1900 al menos en Arriondas, Cangas de On’s,  se nptiudso estricto de la figura Eunrbsaannc’hsetisc am oe ncooremso,  emne reolsCabrales y Colunga, as’ como en Naves, Panes, Pereda  a ortan nue de Llanes y Villamayor. En el Occidente pueden encon-ppllaaznaoss  ye np acruqauders’ ucrulbaa,n qosu.e  Eenn  tMoideor ecs aeslo prpimer Ensanv-astrarse otros tantos iconos de la munificencia indiana o he exponentes del desarrollo urbano en forma de paseos, cque  (s1e 9a0ñ0a)d icóo dmuprraenntde ’laa  Deli cjtaarddu’ran  ddee lP riAmyuo nottarmo iseinttuoa,- alalamedas, parques públicos o plazas-jard’n de carácter do en la calle ri central. Castropol, Figueras, Luarca y Ortiguera (Coa-grupo escolar ApnincceitpoalS e(lhao. yE nM 1a9n2u4e ll aL lpalnaentzaa )o, rjtuongtoon aallña) figuran entre ellos, al igual que Puerto de Vega, San  fue extendida me n se und Esteban de Pravia, Somao, Trilles de Coaña o Vegadeo. sdaen acqhue,e lq ubea rirnioc luye la plaza ajardidniaandtae  due La gLiberot aEdn o-Con ser decisivos en las nuevas formas de ocio y rela-de Marta Guilhou. En La o el Ensanche de Sama dio ción, ninguno de esos espacios jugó un papel tan desta-a la villa un espacio verdneg rdee categor’a urbana, el par-cado en términos de representación social como el pa-ue seo del Muro de Gijón, que según SENDÍN(1995) ya (q190 5D)o. raAdl oc a(3m bHiaos )d, e pdreévciaod ar ellal eenxot ednesli ócna uucreb adnela  dNea lLóanpose’a arbolado en los años veinte. Felguera trajo consigo una pieza equivalente aunque no ribereña, el parque Dolores F. Duro. De forma simultá-nea, las ciudades donde el proceso de formación del En- 2. EL ESPLENDOR INDIANO,LOS EXTRARRADIOS Y LAS sñaans cshuep eersftiacbiea s mveárs daevs adnez aotdroo  gtiapnoa,r coans joa rddei nOevs ieo dpo eeqnu el-COLONIAS DECASASBARATAS U HOTELITOS e recinto de la Diputación Provincial, los conventos y co- Las primeras décadas del siglo XX aportaron una legios religiosos (calle Ur’a, Pérez de la Sala) que siem- fracción muy considerable de los jardines particulares pre buscaban la compañ’a de los ricos. valorados como clásicos. La participación de la nobleza
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