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Revista Latina de Comunicación Social. La Laguna (Tenerife) - número 2 - febrero de 1998. D.L.: TF - 135 - 98 / ISSN: 1138 - 5820. TEORÈA DE LA ...

Publicado el : viernes, 13 de abril de 2012
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Rodr uezBor es,Rodri oFidel, 1998: La ob etividaderiodstica, un mitoersistente.
Revista Latina de Comunicacin Social
La Laguna (Tenerife) - nmero 2 - febrero de 1998
D.L.: TF - 135 - 98 / ISSN: 1138 - 5820
   
La objetividad periodstica,
un mito persistente
Lic. Rodrigo Fidel Rodrguez Borges
(La Laguna)
P ina1 de 6
(3.843 palabras)
Esta vez no son dolos de nuestro tiempo, sino dolos eternos los que aqu son tocados con el martillo como con un diapasn; no hay en absoluto dolos ms viejos, ms convencidos, ms llenos de aire que stos... Tampoco ms huecos... Esto no impide que sean los ms credos.
1. La razn del mito
Friedrich Nietzsche, Crepsculo de los dolos
En sus orgenes, la prensa diaria fue en muchas ocasiones la voz de un personaje o sector influyente, de un partido o una faccin. En este periodismo el relato ms o menos imparcial de los hechos quedaba en un segundo plano frente a su valoracin crtica; hasta el punto de que muchas veces se omita la exposicin de esos hechos, dndolos por conocidos, y se entraba directamente en su enjuiciamiento. Con la consolidacin de la relacin entre prensa y publicidad y el desarrollo de la prensa como negocio, aquel modelo de prensa pierde posiciones y el periodismo de informacin se abre paso. La prensa atena su beligerancia partidista, se profesionaliza, se hace empresa moderna. Los diarios tratan de alcanzar un reconocimiento social que los legitime como interlocutores vlidos y sus cabeceras pasan a adjetivarse como «independientes». El peridico no quiere ser ya un burdo instrumento de presin o agitacin poltica y busca ser una institucin respetada por sus lectores. Ser ese deseo de respetabilidad, ese prurito por ser la voz de la opinin pblica -el nuevo ttem- el que impulsar el fraguado del mito de la objetividad: los periodistas no sern ya la hez de la tierra, esa canalla denostada por las gentes de bien. Los periodistas ascienden a honrados cronistas que cuentan lo que pasa. Son testigos objetivos de una realidad que trasladan a sus lectores, son -nada ms, pero tampoco nada menos- espejos al borde del camino.
Esta mitificacin de la objetividad (el periodista como humilde mensajero) se ha asentado sobre dos presupuestos:
1. El periodista puede y debe hacer una presentacin estrictamente objetiva de la realidad.
2. De acuerdo con lo anterior, es posible separar la exposicin de los hechos de su evaluacin crtica.
En su versin atenuada, la defensa de la objetividad se ha presentado como un desideratum tico: un ideal nobleue debeuiar la labor deleriodista, erodifcil de alcanzar. En suresentacin ms radical, la ob etividad en los relatosla searacin entre hechoso inioneses un ob etivo exiible en larctica profesional de cada da.
La ilusin referencial ha tenido sus valedores en histricos del periodismo como Charles P. Scott -clebre editor de The Guardian-, quien acu la divisa «Comment is free, but the facts are sacred». Por su parte, nuestro Tribunal Constitucional -por invocar una reflexin externa a la profesin- en su sentencia n 107/1988, de 8 de junio, estableca la doctrina de que la distincin «entreensamiento, ideaso iniones, de un lado, y comunicacin informativa de hechos, por el otro [...], tiene decisiva importancia [...], pues mientras los hechos,or su materialidad, son suscetibles derueba, losensamientos, ideas, oiniones o juicios de valor, no se prestan, por su naturaleza abstracta, a una demostracin de exactitud...». Sobre la base de esta sentencia, Martnez Albertos ha insistido en la obligacin profesional de esforzarse en separar hechos y opiniones, o, por lo menos, que los relatos no sean intencionales y se juegue limpio en el comentario; y lamenta que sean los propios periodistas «los primeros en no demostrar mucho inters
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1 en delimitar claramente el campo de los hechos del campo de las opiniones». An hoy, y contra aportaciones consolidadas de la psicologa, la sociologa o la lingstica, la objetividad como marchamo de calidad periodstica es un atributo a cuyos encantos no pueden sustraerse los peridicos: un reputado hombre de letras, Camilo Jos Cela, en su Dodeclogo del periodista, editado en 1990 por la Asociacin de Editores de Diarios Espaoles, afirma: El periodista debe «ser tan objetivo 2 como un espejo plano; la maniulacin aunla mera visin esecular deliberadamentemonstruosa de la imagen o la idea expresada con la palabra cabe no ms que a la literatura y jams al periodismo». A lo que se ve, la ilusin de un periodismo objetivo conserva su lozana.2. Alimentos para el mitoEn mi opinin, la persistencia del mito de la objetividad tiene que ver con una prctica profesional en la que no se escatiman recursos para convencer al lector (como al oyente o al telespectador) de que aquello que se les comunica bajo el rtulo de noticia es VERDAD (as, con maysculas y sin matizaciones) y que la presentacin que se hace de la realidad es puramente objetiva. Lo ideal es convencer al destinatario de que «los hechos hablan por s solos», de que el periodista se limita a reflejar (como en la socorrida metfora del espejo plano) lo que ocurre, sin interferir en ese relato «espontneo». Una suerte de automatismo de la escritura: eleriodista debe ser un testio imarcial uelevanta acta de lo ocurrido con la limpia asepsia de un sexador de pollos japons.El profesional de la prensa, como pretendido notario de la realidad social, tiene a bien llevar en sus blasones el lema que Newton acu en sus Principia: «Hypotheses non fingo»se entrea a la tarea de reunir para sus lectores todos las seales que refuercen la veracidad, objetividad e imparcialidad de su relato. En otras palabras, se trata de subrayar el contenido fctico de lo que se cuenta, usando 3 abundantemente «marcas de veridiccin». No se trata aqu de hacer un recuento completo de estos artificios, pero sealemos, por ejemplo, el uso de cifras (estadsticos econmicos, nmero de heridos en un accidente, nmero de dosis de droga aprehendidas, etc.) que enfatizan la objetividad de lo que se cuenta. Otro tanto ocurre con las precisiones sobre fechas, horas, lugares de los acontecimientos narrados, as como con los detalles sobre los protagonistas. De igual manera, las declaraciones de testigos o el recurso a la atribucin de citas -como reproduccin literal de lo dicho por el personaje- tratan de crear la impresin de que la actuacin del periodista y del medio se limita a la de meros transmisores de una informacin. «As, mediante un efecto de ocultamiento, la produccin [de la noticia] desaparece 4 de la vista del consumidor». Todo este conjunto de marcas textuales del que venimos hablando envan al receptor de la informacin una suerte de mensaje implcito: «¡Atencin, ste es un hecho contrastado, ste es un relato objetivo!».Mutatis mutandis, recursos semejantes pueden observarse en los informativos de televisin: frente a la personalizacin de los informativos norteamericanos, la tradicin objetivista europea ha buscado siempre la despersonalizacin de los textos que se leen ante la cmara. El control de los gestos, la sobriedad en la ropa y en los movimientos reducen al presentador a mero locutor -trasmisor de un texto escrito en otro lugar. Y lo mismo podemos decir de la utilizacin cada vez ms frecuente de imgenes «sucias» (grabadas en condiciones de luz insuficiente, con deficiencias en la banda sonora o sin haber sido convenientemente montadas), as como de imgenes tomadas por aficionados con cmaras caseras. La filmacin con la cmara al hombro, los movimientos bruscos de cmara (sin importar que entren en el plano elementos no previstos) son otros tantos elementos de un nuevo «realismo sucio» que trata de remarcar la verosimilitud y objetividad de lo mostrado por la pantalla. La consolidacin de esta nueva sintaxis visual ha sido tan rpida que hoy cualquier espectador sabe reconocer con un simple golpe de vista si el programa que contempla es un informativo (o, al menos, pretende serlo).Como parte de estas estrategias de reforzamiento de la veracidad, podemos sealar lo que Nez 5 Ladevze denomina crticamente retrica objetivadora. Se trata -explica Nez Ladevze- de un estilo de redaccin que aparenta imparcialidad y distanciamiento. Entre los recursos enfticos que caracterizan esta forma de escribir podemos sealar una fuerte tendencia a la nominalizacin del estilo (lo que provoca un alargamiento de las frases, la profusin de enlaces prepositivos y sensacin de estatismo), el recurso a los lexemas verbales complejos (provocar un debate por debatir, renunciar a cargos por dimitir, llevar a la prctica por aplicar... ) y el uso frecuente de giros nominalizados (a favor de, en lnea con, de cara a, en orden a...). Junto a estos elementos, el periodista suele recurrir a un lenguaje solemne y ampuloso, con abundantes expresiones tomadas de lxicos especializados (administrativo, judicial... ) para remarcar la exactitud y objetividad del mensaje. El resultado del uso de esta retrica es un texto inexpresivo, distante, en el que la personalidad del redactor queda oculta. En palabras del profesor de la Complutense, es «un uso imersonalizado de la lenua uetrata de aarentar uela redaccin se hiciera 6 por s misma, sin mediacin de un sujeto».
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3. Prueba de consistencia
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Excedera con mucho las pretensiones de esta comunicacin sistematizar todos los argumentos que aportados desde las distintas ciencias sociales ponen de manifiesto la imposibilidad de alcanzar la objetividad en el periodismo. Sin duda, sera muy ilustrativo atender a la evolucin de la historiografa en este siglo para observar cmo se resolvi el debate entre los defensores de una historia objetiva (los positivistas a la manera de Ranke) y los defensores de una historia racional y crtica, pero inevitablemente subjetiva (desde los presentistas a la escuela de los Annales, pasando por los 7 historiadores marxistas). A su vez, la sociologa ha insistido tambin en el papel de los elementos 8 subjetivos y simblicos en nuestra comprensin de la realidad. De igual manera, sera sumamente esclarecedor aproximarnos a las investigaciones de la psicolingstica y de la psicologa cognitiva para ver qu modelos de explicacin se manejan para problemas tales como: procesamiento de informacin, estructuras y procesos bsicos en la percepcin de la realidad, comprensin y lenguaje, verbalizacin de 9 experiencias, etc.; procesos muy complejos y directamente vinculados con la prctica periodstica.
S me gustara traer a colacin algunas aportaciones de la lingstica del texto para mostrar la inconsistencia de la ilusin referencial (ese modelo de prctica periodstica que se manifiesta en expresiones como «dejemos que hablen los hechos», «slo contamos lo que pasa», «el periodista es slo un mensajero», «separemos hechos de opiniones» y la consabida «slo somos espejos al borde del camino»).
Partamos de una definicin voluntariamente simplificadora: parafraseando a Twain, el periodista es una persona que sale a la calle, observa lo que pasa y lo cuenta a sus lectores. Si la tesis del periodismo objetivo es cierta, esto quiere decir que es posible poner en palabras determinados hechos observados, 10 sin que la subjetividad del periodista interfiera en la elaboracin del relato. En otras palabras, sera posible establecer una correspondencia isomrfica entre determinados estados del mundo y un conjunto de proposiciones que los representen. Para que el principio de objetividad pueda mantenerse, el ajuste entre estas expresiones verbales y aquellos hechos debe ser de tal naturaleza que cualquier periodista profesional y no conscientemente malvolo construira ante los mismos hechos un relato similar: universalidad e intersubjetividad.
Descendamos al terreno de los hechos para ver cmo se comportan estas presuposiciones. Parece evidente que si yo muestro a cualquiera mi mano cerrada y digo «esto es un puo», habra un consenso total sobre la adecuacin de mi enunciado al hechoue uierodescribir. Lo mismo ocurrira si, sealando al objeto en que apoyo estas cuartillas, dijese «esto es una mesa». De manera que se puede colegir que existen afirmaciones de aceptacin universal sobre determinados hechos, y que estas afirmaciones pueden reunirse para conformar un relato objetivo del mundo. Pero de inmediato una dificultad obvia nos sale al paso: ningn lector de prensa, oyente de radio o telespectador, gasta tiempo y dinero en conocer el mundo a travs de afirmaciones de tan bajo nivel explicativo, con tan escasa densidad informativa y 11 tan poco significativas (sensu stricto: simples perogrulladas). En realidad, lo que demanda el lector de un diario es una estructuracin racional de los hechos, una comprensin global donde las afirmaciones elementales cobren sentido en un conjunto; y basta con echar un vistazo a la prensa para que esta afirmacin se convierta en una evidencia: Junto a titulares del estilo «Legalizan la eutanasia en nueve estados de EEUU», encontramos otros como «Apata en Irn ante las elecciones de hoy», «Las patronales catalanas presionan a Pujol para que pacte con el PP» o «Crisis en el Poder Judicial por la 12 negativa a destituir al juez Pascual Estevill». Resulta evidente que las afirmaciones de los tres ltimos ejemplos no son de la misma ndole que la contenida en el primer titular. Mientras la primera aseveracin se refiere a un hecho susceptible de ser verificado, las afirmaciones de los otros titulares tienen un carcter ms conjetural. Apata, presionan y crisis son aqu los trminos clave: los redactores de estas 13 noticias construyeronunas afirmaciones que interpretaban ciertos indicios, datos, acciones, circunstancias... Podemos decir que en los enunciados de este tipo el periodista da un salto en el vaco, no camina pegado al hecho como cuando informa de la legalizacin de la eutanasia: la apata de los iranes o las presiones de los empresarios catalanes no son datos del mundo directamente accesibles y 14 objetivos .De igual forma, ¿con qu fundamento podemos aseverar que la situacin del poder judicial es de «crisis» y no, de «confusin», «irritacin», «parlisis» o «descomposicin»? Parece claro que en trminos de rigor epistemolgico no hay un fundamento indubitable para hacer estas afirmaciones. Esa «crisis», a diferencia de mi «mesa», no es un objeto del mundo material, sino el fruto de la interpretacin subjetiva del periodista. Lo que trato de poner de manifiesto es que, puesto que se trata de una inter retacinsub etiva de unos datos, la disaridad en la desinacin estarantizada: loue araunos ser una situacin de crisis, para otros puede no pasar de un estado de irritacin. Y no puede ser de otra manera pues cada observador aprehende la realidad desde determinadas estructuras cognitivas y desde una determinada visin del mundo que fraguada individual y socialmente le acompaan. En palabras de Nez Ladevze: «Ese diferente proceso mental descriptivo de cada persona es el que explica que cada peridico ofrezca, para designar sus propios textos respecto a los mismos hechos, palabras completamente diferentes que suscitan interpretaciones diferentes porque toda actividad textual, toda actividad informativa es, en suma, una actividad de tipo interpretativo. Todo esto nos hace reflexionar acerca de [...] qu quieren decir cosas tales como <objetividad> de la informacin o en qu condiciones 15 puedo decir que una informacin es verdadera». De forma ms clara: un sujeto slo puede observar el
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mundo subjetivamente y es intil pedirle que se comporte objetivamente, tal si fuera un objeto. Hasta entre los metdicos cientficos naturales hace mucho tiemo ueno se sostiene el ob etivismo radicalue venimos analizando: «El que se pueda observar o no una cosa -escriba Einstein a Heisenberg en 1925-depende de la teora que se emplee».Pero an quisiera avanzar un paso ms sobre esta cuestin. Del conjunto de noticias que publica un peridico (o que componen los informativos de radio y televisin) una buena parte podramos decir que 16 consisten en discursos que tratan de otros discursos: noticias de declaraciones de polticos, empresarios o futbolistas; comunicados de instituciones y organizaciones; sentencias judiciales, atestados de la polica, etc. Quiere esto decir que la accin constructiva-conjetural del periodista que 17 venimos perfilando tiene frecuentemente por materia prima «actos de habla» (speech acts) .Si el periodista en su prctica diaria se dejase atar con la piedra de molino de la objetividad, el resultado sera absolutamente pedestre: «Gonzlez dijo: ...»... y a continuacin la reproduccin ntegra de lo dicho (incluidas todas las digresiones y nimiedades imaginables). El redactor bien pudiera limitarse a usar 18 verbos de escaso contenido realizativo («decir», «afirmar», «declarar»)y mantenerse en el mbito locucionario del acto de habla. Sin embargo, la interpretacin de las intenciones de los protagonistas, la conjetura acerca del componente ilocucionario del acto de habla es parte esencial de su trabajo. A diario podemos leer titulares como «Los populares reconocen que la movilizacin popular del PSOE fue <espectacular>», «Castro amenaza con cerrar su espacio areo a los aviones de Estados Unidos», «Rib amenaza con actuar en el Congreso al margen de IU si no cambia» o «Aznar admite que slo un pacto con Pujol evitar nuevas elecciones», sin que los verbos «amenazar», «reconocer» o «admitir» fuesen utilizados por los protagonistas. Esta utilizacin de verbos de fuerte contenido realizativo son saltos en el vaco (en el sentido en el que utilizamos antes esta expresin) porque implican afirmaciones no susceptibles de corroboracin objetiva. Y, sin embargo, a fuerza de ser justos, hay que decir que el periodista sirve as mejor al inters de sus lectores, pues el mensaje que trasmiten los protagonistas de una noticia va siempre ms all del puro texto. Junto a ste caminan la irona, las expresiones del rostro, la contundencia del tono de voz, la seriedad, el nerviosismo, el contexto comunicativo y una constelacin de seales que el periodista metaboliza en una interpretacin global desde la que se permite decir «los populares reconocen... ». Y si estamos de acuerdo enue noueremos eridicoscon noticiasue sean actas notariales (meros recuentos de hechos simples de perogrullo), sino que preferimos que el periodista realice para nosotros una construccin conjetural de los hechos (lo que deja la puerta abierta a la subjetividad) habr que abandonar por insostenible el mito de la objetividad que hemos venido criticando. ¿Cmo no defender entonces el ejercicio de la sana subjetividad de la que habla Paul Ricoeur?4. Conclusionesa. Contra lo que pudiera parecer, los hechos noticiosos no son algo puro, dado, objetivo y externo al observador que los percibe.b. La percepcin de un acontecimiento y su verbalizacin es una actividad interpretativa, un proceso constructivo realizado por el receptor de los estmulos; no es una mera pasividad refleja (la metfora del «espejo al borde del camino» no slo es una cursilera, sino tambin una falsedad).
c. La objetividad periodstica es un imposible en trminos epistemolgicos. La objetividad slo puede ser un desideratum tico, un ideal regulativo.
d. La noticia es una construccin, no es el resultado pasivo de una pelcula fotogrfica impresionada por la luz. Aqu el tipo de cmara y de pelcula, el encuadre, el diafragma, la velocidad y el tiempo de revelado son elecciones del fotrafo. De la imedimenta ueeli amosdel usoue le demos deender el tipo de hecho que quedar impresionado.e. De todo lo dicho no se desprende que el periodismo sea reo del subjetivismo absoluto: la noticia es una construccin, una cierta mirada, una cierta perspectiva; pero no es una fabulacin.ste es, a mi modo de ver, el estado actual de la cuestin a la luz de las aportaciones de las ciencias sociales. Otra cosa es que la exigencia de objetividad en la informacin haya tenido efectos positivos desde la perspectiva deontolgica -opinin con la que estara bsicamente de acuerdo-, pero se es un terreno de debate bien alejado del anlisis del fundamento epistemolgico de la objetividad periodstica, asunto objeto de la presente reflexin.Notas1 Martnez Albertos,El lenguaje periodstico, Madrid: Paraninfo, 1989, p. 64.
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2 Cursivas mas.
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3 «El enunciador debe hacer parecer verdad el mundo posible que construye. Para ello se vale de las marcas de veridiccin que permiten crear una ilusin referencial que es condicin necesaria para la virtualidad del discurso» (Miquel Rodrigo Alsina,La construccin de la noticia, Barcelona: Paids, 1989, p. 190).4 Ibid., p. 37.
5 Nez Ladevze se ocupa de estaretrica objetivadoraen varios de sus libros (Teora y prctica de la construccin del texto,El lenguaje de los «media»oManual para periodismo), pero es en «Estilo, texto y contexto en periodismo» (en Casass - Ladevze,Estilo y gneros periodsticos, Barcelona: Ariel, 1991, p. 103-127) donde encontramos una descripcin ms detallada. Vase tambin su artculo «La fluidez en el estilo periodstico», en la revistaEstudios de periodismo, La Laguna, 1993, n 2, 107-120 pp.6 Ibid., p. 121.
7 Para una presentacin detallada de esta polmica, A. Schaff:Historia y verdad, Barcelona: Crtica, 1976.
8 Con carcter general, merece la pena detenerse en el clsico de Berger y Luckmann,La construccin social de la realidad, Buenos Aires: Amorrortu, 1968. Una aplicacin de sus tesis al mundo de la prensa puede encontrarse en G. Tuchman, La produccin de la noticia, Barcelona: Gustavo Gili, 1983.
9 La bibliografa en este campo es inabarcable. Una presentacin divulgativa del panorama de la psicologa social puede encontrarse en D. Myers,Psicologa social, Madrid: Editorial Mdica Panamericana, 1991; un modelo clsico de procesamiento de informacin es el elaborado por Lindsay y Norman enProcesamiento de informacin humana, Madrid: Tecnos, 1975. Para tener una visin actual de la psicologa cognitiva, M. de Vega,Introduccin a la psicologa cognitiva, Madrid: Alianza, 1984.
10 En aras de la claridad expositiva, demos aqu por admitida la existencia de hechos puros, objetivos y plenamente independientes del observador.
11 Por utilizar una comparacin: Newton pas a la historia de la fsica no por su descripcin detallada de la manera en que caen las manzanas al suelo, sino por una construccin explicativa de un nivel superior de abstraccin que daba cuenta -entre otras muchas cosas- de las causas por las que aquella manzana (independientemente de que fuese tipo Golden o Reineta) cay sobre su cabeza y no se qued flotando en el aire.
12 Todos los titulares que se mencionan proceden de la prensa de los das en que se redact esta comunicacin.13 Y ntese que digo construir (a partir de unos materiales) y no, inventar o fabular.
14 Como ha sealado Lorenzo Gomis: «Los hechos no son alo ueest ah, inmediato, evidente,ronto a la comunicacin sin intermediarios. Los hechos forman parte de acciones, son efectos de causas no siempre conocidas y cuando son hechos humanos tampoco resultan evidentes los objetivos ni las intenciones» (Teora del periodismo, Barcelona: Paids, 1991).15 Nez Ladevze, op. cit., p. 161. 16 Esta idea est desarrollada por Van Dijk enLa construccin de la noticia, Barcelona: Paids, 1990.
17 El anlisis de los actos de habla se debe en buena parte a J. L. Austin. Para Austin, muchas de las expresiones que usamos, las usamos para hacer algo por medio de ellas, para realizar algn acto. Eso ocurre con expresiones del tipo «prometo que... », «te aconsejo que...», «te perdono...», en las que las palabras implican tambin acciones. As, Austin distingue en esos actos de habla un componente locucionario (locutionary act): el acto de decir; un componente ilocucionario (illocutionary act): lo que se hace al decir algo (prometer, perdonar...); y un componente perlocucionario (perlocutionary act): el efecto que el acto verbal produzca en los pensamientos o acciones del auditorio, del hablante o de otras personas. Las aportaciones de Austin, como las de Searle, han generado una extensa bibliografa. He seguido aqu la exposicin de J. Hierro Pescador,Filosofa del lenguaje, Madrid: Alianza, 1986.
18 Sigo aqu la clasificacin de Nuez Ladevze enManual para periodismo, Barcelona: Ariel, 1991, p. 343 y sig.
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[* Trabajo presentado en las II Jornadas La Laguna - Amrica sobre Comunicacin, celebradas en abril de 1997] [Regreso a la portadilla de la seccin de hemeroteca] [LATINA - 1 - enero 98][LATINA - 2 - febrero 98][Volver a la pgina principal]
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