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Boaventura dos Santos. Texto de la conferencia ofrecida en el panel "¿Cuáles son los límites y posibilidades de la ciudadanía planetaria?", 28 de enero, Eje III ...

Publicado el : martes, 03 de abril de 2012
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Boaventura dos Santos Texto de la conferencia ofrecida en el panel "¿Cuáles son los límites y posibilidades de la ciudadanía planetaria?", 28 de enero, Eje III Boaventura dos Santos Vamos a hablar de la sociedad civil planetaria. El concepto de sociedad civil nacional siempre nos ha causado, a nosotros, críticos y de izquierda, muchos problemas. Porque es una sociedad que responde al modelo liberal, que incluye tanto al mismo mercado como a los derechos de los ciudadanos autónomos, vinculados a intereses particulares. Es una sociedad donde los derechos constituyen un falso universalismo. Esto es así porque no todos tienen derechos, muchos no son ciudadanos, quedaron fuera del contrato social, arrojados al estado natural. Es también una sociedad en la que, sobre todo en las ciudades coloniales, no se constituyó la sociedad civil. Para los indígenas, nativos eran los colonos, o sea, en el Estado capitalista, la sociedad civil es siempre el otro. Por lo tanto, ¿por qué vamos a apelar en este momento al concepto de sociedad civil planetaria para resolver el problema? Porque no somos capaces de pensar un nuevo escenario a partir de lo viejo y de conceptos que están a nuestra disposición para ser retrabajados. Pero tampoco es sólo eso. Pienso que en todas las tradiciones de la modernidad existen versiones dominantes y versiones dominadas. Hay versiones suprimidas, conocimientos suprimidos, marginados, que fueron parte de esta modernidad, pero que nunca pudieron tener derecho de ciudadanía. Y ahí hay un concepto de sociedad civil que es aquél que acostumbramos llamar sociedad civil extraña : la de los oprimidos, la de los de abajo, la de aquellos que están en una situación prácticamente de no-ciudadanía, pero que luchan efectivamente para adquirir esta ciudadanía y entrar en el contrato social. Esa sociedad es también una sociedad civil que el mercado no incluye. Es la sociedad civil del tercer sector : de las organizaciones solidarias, de las organizaciones no gubernamentales, de los movimientos sociales. Es esa sociedad civil que ha de ser el embrión de la sociedad civil planetaria que queremos construir. Curiosamente, no tenemos muchas expectativas en este momento, porque las dos grandes situaciones de emergencia de la sociedad civil en los años 80 sólo condujeron a la mercantilización del conjunto de la sociedad civil ; mercado y democracia : ésa es nuestra gran preocupación. La primera fue, naturalmente, el neoliberalismo de Thatcher y Reagan, donde las situaciones de emergencia de la sociedad civil son la otra cara de la destrucción del Estado de bienestar social, de los derechos sociales y económicos, arrojando a la sociedad civil a la lógica del mercado. Y esto lo sabemos muy bien a raíz de las privatizaciones de la seguridad social en este país y de otros países del mundo. También existió una situación de emergencia en los países del Este, y allí también la democracia, el capitalismo y el mercado fueron considerados parte de la sociedad civil. Todos recordarán cómo el logo de McDonalds en Moscú fue, durante mucho tiempo, el símbolo de la democracia. En virtud de ello, es necesario saber efectivamente lo que nos interesa acerca de este concepto y pienso que es fundamental trabajar con las tradiciones oprimidas, con las
tradiciones reemplazadas, de alguna manera, por éstas, que son las dominantes. ¿En qué situación estamos, dónde estamos? Estamos en una etapa en la que muchos países nunca tuvieron contrato social y los que lo han tenido atraviesan una crisis dentro del ámbito de ese contrato social. ¿Cómo se manifiesta la crisis? Prevalecen los procesos de exclusión, en oposición a los procesos de inclusión. Esto genera una desestabilización de las expectativas. Quien tiene empleo hoy, mañana puede no tenerlo. Y no sólo de las expectativas : sucede que la experiencia de cada uno, las discrepancias entre experiencia y expectativas, son ahora negativas. En Occidente, la modernidad, durante mucho tiempo, generó discrepancias entre experiencias y expectativas. En el pasado, quien nacía pobre, moría pobre; quien nacía analfabeto, moría analfabeto. En la sociedad moderna, se hizo posible que quien nacía pobre, muriera rico, y que quien nacía analfabeto pudiera morir letrado, o incluso doctor. Ahora bien, esa discrepancia entre expectativas y experiencias es consecuencia de la sociedad occidental y del pensamiento de izquierda. Hoy estamos en un sistema que es exactamente opuesto a aquél en el que las expectativas eran siempre más brillantes que las experiencias. Hoy, por el contrario, las experiencias tienden a ser, aunque mediocres, mejores que las expectativas. Cuando se habla de una reforma en la seguridad social, es para peor. Cuando se habla de una reforma en la salud, es para peor. Una reforma en la educación, naturalmente es para peor. Quien pierde el empleo, no tiene grandes expectativas de tener un empleo mejor. Esa diferencia, esa degradación de las expectativas, está generando un problema, inclusive para la izquierda, porque dado que las expectativas son más negativas que las experiencias, la izquierda se ve muchas veces en la posición de defender el statu quo. Lo cual a la izquierda nunca le gustó. Estamos en una situación complicada, precisamente porque estamos frente a un nuevo autoritarismo, un autoritarismo que se transfirió desde el Estado a la propia sociedad civil. Para mí, esta es una idea nueva que tenemos que enfrentar, una idea de fascismo social. Vivimos hoy en sociedades políticamente democráticas y socialmente fascistas. Por ello nuestras luchas tienen que ser de tipo antifascista y tenemos que buscar el fascismo allí donde esté. No necesariamente en el Estado, pues ese mismo Estado democrático actúa a veces en forma democrática, en las llamadas áreas civilizadas de la sociedad, a veces en forma fascista, en las áreas salvajes de la sociedad, contra los campesinos sin tierra, contra los marginales de este mundo. Por lo tanto, el mismo Estado tiene ese doble comportamiento y actualmente estamos precisamente en esta situación. Es un Estado que no es mínimo. Dejó de regular a la sociedad. Al contrario, lo que sucedió es que el Estado de bienestar de los ciudadanos pasó a ser un Estado de bienestar de las empresas. Nunca se otorgaron tantos incentivos a las empresas como hoy. Pero la sociedad civil por la cual luchamos es la sociedad de los oprimidos y de los explotados. Y del conjunto de sus luchas es que los explotados dejan de ser víctimas para pasar a ser protagonistas y sujetos. Eso es una sociedad civil planetaria. Existe una diferencia entre explotados y oprimidos. Los explotados siempre fueron una minoría y las clases dominantes siempre tuvieron miedo a los explotados, nunca a los oprimidos. En este momento, asistimos a una fusión entre explotados y oprimidos y eso lleva al colapso del contrato social. Las luchas de las sociedades civiles tienen que articularse en tres escalas: local, nacional y global. No estamos en condiciones de privilegiar una escala en detrimento de otra, pues, en el futuro, vamos ser, transescalares. Tenemos que saber
luchar lo global a nivel nacional, lo nacional a nivel local, dado que lo nacional y lo global también son locales. Este principio es fundamental. El tercer principio es el de la unidad en la diversidad. Como bien demuestra este Foro, vivimos en un mundo que es uno y diverso. Es uno, y ese uno convoca al principio de igualdad. Estamos en una situación nueva respecto de la modernidad, y, a pesar de que la sociedad es muy desigual, la igualdad no llega. Queremos, al contrario de lo que sucedió en el pasado, destacar la diferencia. Queremos dos principios, y no uno solo: igualdad y diferencia. El principio de la igualdad exige una redistribución a través de luchas que continúan siendo fundamentales. El principio de la diferencia exige conocimiento igualitario de las diferencias. Es allí donde la modernidad occidental siempre fue débil. Esa dupla tiene que estar completamente unida en la sociedad civil. Y de allí surge el gran derecho en esta sociedad civil global. El derecho a ser iguales, cuando la diferencia nos inferioriza; el derecho a ser diferentes, cuando la igualdad nos descaracteriza. Piensen en nuestras luchas, en nuestras propias casas, en nuestra subjetividad y en el mundo. Y es ése el gran principio por el cual tenemos que luchar. Es por eso que esta sociedad tiene que ser multicultural. Hay dos tipos de multiculturalismo: uno reaccionario y otro progresista. El reaccionario fija las diferencias y mantiene las jerarquías entre culturas; el progresista transforma las diferencias, no las canibaliza, sino que atenúa las diferencias entre ellas. Es ese multiculturalismo progresista el que debe dirigir nuestras acciones. Esas luchas civiles de las sociedades planetarias o globales van a ser organizadas en diferentes áreas. Esto es muy importante, cómo vamos a organizarnos. En primer lugar, la sociedad civil es una sociedad de relaciones horizontales. Ni jerárquicas, ni de mercado. Por lo tanto, es necesario encontrar una forma de organización plural y tolerante. Porque sólo juntos podemos llegar a la diversidad, avanzar para crear espacios públicos transnacionales, donde sea posible otra noción de derechos. No hablamos de derechos abstractos, que existen para enmascarar las desigualdades, sino de los derechos organizados y concebidos políticamente, que desenmascaran las desigualdades, que desenmascaran las diferencias inferiorizantes. Esas luchas que propongo son de seis tipos. La primera es una democracia participativa, que es fundamental para que podamos contraponernos a la democracia de baja intensidad, que se tornó compatible con el capitalismo en la medida en que perdió su capacidad redistributiva . Una democracia sin redistribución es el sistema político ideal del capitalismo. Es un Estado débil por naturaleza, ilegítimo. Tenemos que crear democracias de alta intensidad. Sólo que una democracia de alta intensidad no se hace sin demócratas de alta intensidad. Las organizaciones no gubernamentales y los movimientos sociales tienen que ser el ejemplo de esa democracia de alta intensidad. El segundo punto se refiere a los sistemas alternativos de producción. En todo el mundo vemos cooperativas de mujeres y de hombres, de campesinos, diferentes tipos de intercambios solidarios que están surgiendo por afuera , planteando otra lucha, otra alternativa que tiene que ser parte del patrimonio de la sociedad civil global. En tercer lugar, existen nuevas ciudadanías, la ciudadanía postnacional, el multiculturalismo. Los derechos no tienen que ser los derechos humanos occidentales, individualistas, sino una concepción multicultural de derechos humanos. Las diferentes culturas hablan todas de la dignidad humana. Hablan en diferentes idiomas, pero el de los derechos humanos es uno de ellos. La cultura islámica tiene una manera diferente de hablar de los derechos humanos, del mismo modo
que la cultura indígena de este continente tiene la suya. El cuarto punto importante debe apuntar hacia dónde vamos a avanzar con los nuevos conocimientos con respecto a la biodiversidad, por ejemplo. La ciencia no puede ser, de ningún modo, el único conocimiento: tenemos que luchar por otro sentido común. Por un conocimiento que comience por la solidaridad. ¿Por qué nuestras escuelas sólo quieren formar estudiantes competitivos, y no estudiantes solidarios? La ciencia tiene que caminar junto con otras formas de conocimiento, pues las promesas que la ciencia nos hizo nunca fueron cumplidas y se siente la falta de una confianza epistemológica, de otros conocimientos alternativos. La biodiversidad va a ser una gran lucha contra el saqueo al Tercer Mundo, esa nueva forma de imperialismo que es el bioimperialismo. Una forma de conocimiento transforma a otra en materia prima. El conocimiento de los indígenas, o de los campesinos, es materia prima. Esta parece ser otra gran área de conflicto en la cual tenemos que organizarnos. En quinto lugar, el nuevo internacionalismo obrero no es hoy nuestra única lucha. Hace 30 años, podría ser. Hoy, es una lucha de ciudadanía. Es claro que los derechos de los trabajadores no se pueden reducir a los derechos humanos. ¿Por qué? Porque eso solamente sería posible si, en el plano internacional, se les diera a los derechos humanos, a los derechos sociales y a los derechos económicos, la misma importancia que se les da a los derechos cívicos y políticos. El nuevo internacionalismo obrero que está emergiendo después de la Guerra Fría, es riquísimo y tiene una enorme potencialidad. Tiene que convertirse en un ejercicio de ciudadanía, en una forma de juntar ese internacionalismo obrero con todas las otras luchas. Finalmente, existe una lucha por la información y la comunicación. Es otra gran dificultad que vamos a tener en el futuro. Una dificultad que tiene que ser combatida a través de formas alternativas de información y comunicación. La intención es que esas alternativas sean conjuntas y articuladas. Pienso que en este Foro estamos en condiciones de hacernos una evaluación. Ayer, un colega me decía que, en Ecuador y en Perú, el movimiento indígena está a favor del movimiento de las mujeres y del movimiento estudiantil. Tenemos aquí mujeres por un lado, ambientalistas por otro, indígenas por otro, etc. Habrá con seguridad otro Foro y en él debemos generar una trama, una red que nos dé fuerza. No podemos continuar cada uno de nosotros encerrado en su ghetto. Voy a enunciar algunos principios que juzgo fundamentales. Primero, un principio de traducción. Tenemos que aprender a traducir las diferencias entre nosotros para crear una nueva inteligibilidad. A partir de la inteligibilidad llegamos a la proximidad, de la proximidad vamos a la simplicidad. En segundo lugar, el principio de la horizontalidad, que es muy difícil, sobre todo en las relaciones Norte-Sur. Luego, existe ambigüedad en lo que se denomina el principio emancipatorio. Lo que para cada uno de nosotros es emancipatorio puede ser regulatorio u opresivo para otros. Vean, por ejemplo, el caso de los parámetros del trabajo, de la calidad del trabajo, de los gorros y camisetas que circulan en el mercado mundial. Puede ser una lucha emancipatoria, pero los sindicatos del Primer Mundo tienen reservas, ven en eso un nuevo proteccionismo. O sea, no basta decir que estamos por la emancipación social, es preciso dar testimonio, es preciso ser autorreflexivo. Porque aquéllo que puede parecer emancipatorio, también puede ser una imposición de nuestras jerarquías. Y estaríamos siendo autoritarios sin querer. Otro principio fundamental es el de la política simbólica, en el que debemos ganar la prioridad de poner nombres. Poner nombres implica decir que la flexibilización de las relaciones de trabajo no es flexibilización, es
priorización. Implica decir que el neoliberalismo no es tan sólo un modelo económico, es asesino, mata gente. Y es preciso enfatizar que ese neoliberalismo excluyente, esa inseguridad elemental, son eufemismos para decir que hay gente muriendo. Tenemos que tener el derecho de nombrar eso. ¿Cuáles son nuestros objetivos? Si el socialismo tiene un nombre hoy, ese nombre es la democracia sin fin. Tenemos que democratizar la sociedad no sólo en el plano político, sino a todos los niveles sociales. En esas seis grandes luchas que propongo, va a haber también seis formas de democracia, vinculaciones entre Estado y sociedad civil. No va a ser nada fácil, pues nuestros objetivos, finalmente, son incompatibles con el capitalismo. Pero no vamos a angustiarnos porque con excepción de una situación revolucionaria, tenemos siempre que partir de lo que es compatible con el capitalismo. No nos dejemos angustiar por la idea de que la dominación económica nunca puede ser democratizada. Efectivamente no puede, pero podemos crear formas en el sentido de mantener la integridad de nuestras luchas. ¿Cuáles son nuestros principios? Primero, contra la idea de valor y precio. Frei Betto explicó eso muy bien en su intervención: hoy en día, sólo tiene valor lo que tiene precio. Es preciso combatir la prioridad de la competitividad en lo relativo a la solidaridad y es preciso evitar la idea de que el mercado es siempre eficiente. ¿Cuáles son nuestros problemas? Primero, ¿hasta qué punto llega la resistencia del nacionalismo? ¿Cómo construir una sociedad civil que no choque con un nacionalismo progresista? Por otro lado, ¿cómo vencer la ambigüedad emancipatoria? Otro desafío es la falta de comunidad, somos aún muy extraños unos a otros. Finalmente, debemos distinguir entre objetivos a corto y a largo plazo. A corto plazo, pienso que tenemos que cambiar los discursos de las instituciones monetarias y otras que nos dominan. Tenemos que sustituirlas por otras. El objetivo a largo plazo es la transformación hacia una nueva ética, una nueva estética, una nueva sensibilidad para una nueva política. Es una utopía, pero no se dejen intimidar por la idea de que somos utópicos. Todas las grandes ideas, antes de que se hicieran realidad, fueron consideradas utópicas. Transcripción de la conferencia, sin revisión final del expositor. Traducción : Cristina Saccone Revisión : Victoria Casabona TradSol - Traductor@s Solidari@s Fuente: http://www.forumsocialmundial.org.br/dinamic/esp_boaventura.php
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