El abuso del mal

De
Publicado por

En nuestras tradiciones religiosas, filosóficas y literarias el discurso del mal apuntó siempre a provocar el 'pensamiento', la indagación y la investigación. Sin embargo, desde el 11 de septiembre de 2001 el mal se ha convertido en un tema popular y "candente". Políticos conservadores, predicadores y medios de comunicación hablan sobre el mal. "Para ser franco -dice el autor- , tanto 'discurso sobre el mal' me deja muy consternado, ya que creo que el nuevo discurso sobre el bien y el mal que divide el mundo según esta dicotomía simplista y absoluta constituye 'un abuso del mal'." En esta breve y contundente obra, Richard J. Bernstein muestra de qué modo hoy se apela al mal como arma política para enmascarar cuestiones complejas, bloquear el pensamiento original y reprimir la discusión y el debate públicos. "Nos enfrentamos -afirma Bernstein- con un 'choque de mentalidades', no con un choque de civilizaciones. Una mentalidad atraída por los absolutos, las supuestas certezas morales y las dicotomías simplistas, se contrapone a otra que cuestiona la apelación a los absolutos en la política, y que mira con escepticismo la burda dicotomía acrítica entre las fuerzas del mal y las fuerzas del bien."
Publicado el : viernes, 01 de enero de 2010
Lectura(s) : 136
Etiquetas :
Licencia: Todos los derechos reservados
EAN13 : 9788492946662
Número de páginas: 225
Ver más Ver menos
Cette publication est uniquement disponible à l'achat
Prefacio
Elde agosto determiné el manuscrito de mi libro,El mal radical, y once días después tuvo lugar el ataque terrorista más dramático de la historia. Ya nadie duda de que el mundo cambió en ese día infame, en el que (literalmente) de la noche a la mañana nos bom bardearon con imágenes y discursos sobre el mal. Mi libro,El mal radical, constituía un intento de compren der los horrendos males vividos en el siglo. Quería saber qué podía enseñarnos la tradición filosófica moderna sobre el significado del mal. El subtítulo del libro era “Una indagación filosófica”, y en él inte rrogaba a Kant, Hegel, Schelling, Freud, Nietzsche, Levinas, Jonas y Arendt para saber qué nos dicen acerca de la naturaleza del mal. El libro concluía con una se rie de tesis, y la primera afirmaba: “Indagar sobre el mal es un proceso constante y de final incierto. A lo largo de este libro, indiqué mi escepticismo acerca de la idea misma de una teoría sobre el mal, si la entendemos como una explicación acabada de qué es el mal. No
 | E L A B U S O D E L M A L
creo que tal teoría sea factible, porque no podemos anticipar qué nuevas formas o vicisitudes del mal vayan a surgir”. En aquel momento, no me percaté de cuán profética resultaría mi afirmación. Después delde septiembre, pensé en revisar mi libro, pero decidí dejarlo tal cual lo había escrito. Desde esa fecha, el mal se ha convertido en un tema popular y “candente”. Políticos, conservadores, predicadores y medios de comunicación hablan sobre el mal. Para ser franco, tanto “discurso sobre el mal” después delde septiembre me deja muy consternado, ya que creo que el nuevo discurso sobre el bien y el mal que divide el mundo según esta dicotomía simplista y absoluta, cons tituye unabuso del mal. El discurso del mal en nues tras tradiciones religiosas, filosóficas y literarias siem pre apuntó a provocarel pensamiento, la indagación y la investigación. Hoy en día, sin embargo, se apela al mal como arma política para enmascarar cuestiones complejas, bloquear el pensamiento original y repri mir la discusión y el debate públicos. Sostengo que ahora nos enfrentamos a unchoque de mentalidades, no a un choque de civilizaciones. Una mentalidad atraí da por los absolutos, las supuestas certezas morales y las dicotomías simplistas, se contrapone a otra que cuestiona la apelación a los absolutos en la política, que sostiene que no debemos confundir lacertidum bremoral subjetiva con lacertezamoral objetiva y que,
 P R E F A C I O |
además, mira con escepticismo la burda dicotomía acrí tica entre las fuerzas del mal y las fuerzas del bien. Llamo a esta mentalidad “falibilismo pragmático”. También cuestiono lo que considero un argumento ridículo e injustificado que afirma que, sin apelar a los absolu tos y a las certezas morales inamovibles, carecemos de razones para luchar con firmeza contra enemigos rea les. No hay incompatibilidad entre el falibilismo y un profundo compromiso para oponerse a la injusti cia y a la inmoralidad. También creo que el abuso del mal posterior alde septiembrecorrompetanto a la política democrática como a la religión. No hay lugar para absolutos en la política democrática, y violamos el componente más vital de las religiones del mundo al suponer, en forma acrítica, que la fe religiosa es base suficientepara saber qué es el bien y qué es el mal. Hay fundamentalistas y fanáticos religiosos y no religiosos. Y también hay creyentes religiosos y secularistas no religiosos cuyas creencias, actos y emociones están imbuidos de un sólido falibilismo. El choque de men talidades atraviesa la división entre lo religioso y lo secular, y en ella hay demasiado en juego para deter minar cómo pensamos y actuamos en el mundo hoy y cómo lo haremos en el futuro.
Quisiera agradecer a John Thompson por alentarme a escribir este libro y a Jean van Altena por su maravi
 | E L A B U S O D E L M A L
llosa edición del texto. También agradezco a Louis Menand y a la editorial Farrar, Straus y Giroux por permitirme citar pasajes deEl Club de los Metafísicos. Historia de las ideas en los Estados Unidos.
¡Sé el primero en escribir un comentario!

13/1000 caracteres como máximo.