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The Project Gutenberg EBook of Los Hombres de Pro, by D. Jos M. de Pereda � This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included with this eBook or online at www.gutenberg.net Title: Los Hombres de Pro Author: D. Jos M. de Pereda� Release Date: February 9, 2005 [EBook #14995] Language: Spanish Character set encoding: ISO-8859-1 *** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LOS HOMBRES DE PRO *** Produced by Stan Goodman, Chuck Greif and the PG Online Distributed Proofreading Team. OBRAS COMPLETAS DE D. JOS� MAR�A DE PEREDA =LIBRER�A GENERAL DE VICTORIANO SU�REZ= PRECIADOS, 48 MADRID� MAR�A DE PEREDA A CINCO PESETAS TOMO EN MADRID I.--LOS HOMBRES DE PRO (sexta edici n), con el retrato del autor.� II.--EL BUEY SUELTO (sexta edici n). � III.--DON GONZALO GONZ L�EZ DB LA GONZALERA (sexta edici n). � IV.--DE TAL PALO, TAL ASTILLA (sexta edici n). � V.--ESCENAS MONTA�ESAS (quinta edici n). � VI.--TIPOS Y PAISAJES (cuarta edici n). � VII.--ESBOZOS Y RASGU O�S (tercera edici n). � VIII.--BOCETOS AL TEMPLE.--TIPOS TRASHUMANTES (cuarta edici n).� IX.--SOTILEZA (s pti�ma edici n). � X.--EL SABOR DE LA TIERRUCA (quinta edici n). � XI.--LA PUCHERA (cuarta edici n). � XII.--LA MONT �LVEZ (cuarta edici n). � XIII.--PEDRO S �NCHEZ (tercera edici n). � XIV.--NUBES DE EST �O (cuarta edici n). � XV.--PE �AS ARRIBA (s p�tima edici n). � XVI.--AL PRIMER VUELO (cuarta edici n) � XVII.--PACH �N GONZ L�EZ (segunda edici n). � TIPOS TRASHUMANTES; _edici n elegantemente ilustrada, en 4.� , 5 � pesetas_. DISCURSOS _le dos� por los Sres. Men ndez y Pelayo, Pereda y P�rez � Gald s,� ante la Real Academia Espa ola, en las recepciones p blicas � � verificadas los d as 7 y 21 de febrero de 1897; en 8. � , 2 pesetas_. � OBRAS COMPLETAS DE D. JOS� M. DE PEREDA DE LA REAL ACADEMIA ESPA�OLA CON UN PR�LOGO POR D. MARCELINO MEN�NDEZ Y PELAYO TOMO I LOS HOMBRES DE PRO SEXTA EDICI �N MADRID LIBRER�A GENERAL DE VICTORIANO SU�REZ PRECIADOS, 48 1921 _Es propiedad del autor_. IMPRENTA CL�SICA ESPA�OLA. MADRID DON JOS� MAR�A DE PEREDA Nunca he acertado a leer los libros de Pereda con la impasibilidad cr�tica con que leo otros libros. Para m (y pienso que lo mismo sucede � a todos los que hemos nacido _de pe as al mar_), esos libros, antes que � juzgados, son sentidos. Son algo tan de nuestra tierra y de nuestra vida, como la brisa de nuestras costas o el ma z de nuestras mieses. � Pocas veces un modo de ser provincial ha llegado a traducirse con tanta energ�a en forma de arte. Porque Pereda, el m s monta s de todos los � �� monta�eses, identificado con la tierra natal, de la cual no se aparta un punto y de cuyo contacto recibe fuerzas, como el Anteo de la f bula, � apacentando sin cesar sus ojos con el espect culo de esta naturaleza � dulcemente melanc lica, y descubriendo sagazmente cuanto queda de � po�tico en nuestras costumbres r sticas, ha tra do a sus libros la � � Monta a entera, no ya con su aspecto exterior, sino con algo m� s � profundo e ntimo, que no se ve, y, sin embargo, penetra el alma; con� eso que el autor y sus paisanos llamamos _el sabor de la tierruca_, encanto misterioso, producidor de eterna _saudade_ en los numerosos hijos de este pueblo cosmopolita, separados de su patria por largo camino de montes y de mares. Esta rec ndita� virtud es la primera que todo monta s, aun el m s �� � indocto, siente en los libros de Pereda, y por la cual, no s lo los lee � y relee, sino que se encari a con la persona del autor, y le considera � como de casa. No s si ste es el triunfo que m� s puede contentar la � � vanidad literaria. S nicamente que al autor le agrada m� � s que otro � alguno; y en verdad que puede andar orgulloso quien ha logrado dar forma art�stica y, en mi entender, imperecedera, al vago sentimiento de esta nuestra raza septentrional, que con rebosar de poes a, no hab a � � encontrado hasta estos ltimos tiempos su poeta. � Le encontr al fin, y le reconoci� al momento, cuando lleg a sus o dos � � � el eco profundo y melanc lico de _La Leva_ y de _El f n de una raza_, o� � cuando vi desplegarse a sus ojos, en minucioso lienzo holand � s o � flamenco, avivado por toques de vigor castellano, el panorama de _La Robla_ o de _La Romer a del Carmen_, el nocturno solaz de la _Hila_ al� amor de los tizones, o el viaje electoral de don Sim n de los Pe ascales � � por la tremenda hoz de Potes. Mir se el pueblo monta s en tal espejo, y � �� no s lo� vi admirablemente reproducida su propia imagen, sino realzada y� transfigurada por obra del arte, y se encontr m s po tico de lo que � � � nunca hab a imaginado, y le pareci� m s hermosa y m s rica de armon as y � � � � de ocultos tesoros la naturaleza que cari osamente le envolv a, y � � aprendi� que en sus repuestos valles, y en la casa de su vecino, y en las arenas de su playa, hab a ignorados dramas, los cuales s lo � � aguardaban que viniera tan soberano int rprete de la realidad humana a � sacarlos a las tablas y exponerlos a la contemplaci n de la muchedumbre. � Y eso que el artista no adulaba en modo alguno al personaje retratado, ni pretend a haber descubierto ninguna Arcadia ignota; antes consist � a � gran parte de su fuerza en sacar oro de la escoria y l grimas del fango, � haciendo que por la miseria atravesase un rayo de luz, que descubr a en � ella joyas ignoradas. Estos primeros cuadros de Pereda, para m los m s admirables, no son ni � � los m s conocidos de lectores extra� os, ni los que m s han contribu do � � � a extender su nombre fuera de Cantabria. S lo as se explica la necia � � porf�a con que, a despecho de los datos cronol gicos m s evidentes, y � � cual si se tratase de un principiante reci n llegado, insiste el vulgo � cr�tico en emparentarle con escuelas francesas y con autores que a n no � hab�an hecho sus primeras armas cuando ya Pereda hab a dado la m s alta � � muestra de las suyas. Pide una especie de lugar com n, en todo estudio acerca de Pereda, que � se discuta el m s o menos de su _realismo o naturalismo_, tomada esta� palabra en su sentido modern simo.