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The Project Gutenberg EBook of Filipinas Dentro De Cien Aos (Estudio Politico-Social), by Jos Rizal  This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included with this eBook or online at www.gutenberg.net   Title: Filipinas Dentro De Cien Aos (Estudio Politico-Social)  Author: Jos Rizal  Release Date: January 30, 2005 [EBook #14839]  Language: Spanish  Character set encoding: ISO-8859-1  *** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK FILIPINAS DENTRO DE CIEN ***     Produced by Tamiko I. Camacho, Pilar Somoza and PG Distributed Proofreaders. Produced from page scans provided by University of Michigan.        J. RIZAL  FILIPINAS  DENTRO DE CIEN AOS
 [ESTUDIO POLTICO-SOCIAL]   _ q _ Publicado en el uincenario La Solidaridad _ _ (_Septiembre 1889-Enero _) 1890. _Ahora reimpreso por primera vez._ Ao de 1905.    FILIPINAS  DENTRO DE CIEN AOS   I   Siguiendo nuestra costumbre de abordar de frente las ms rduas y delicadas cuestiones que se relacionan con Filipinas, sin importarnos nada las consecuencias que nuestra franqueza nos pudiera ocasionar, vamos en el presente artculo tratar de su porvenir.  Para leer en el destino de los pueblos, es menester abrir el libro de su pasado. El pasado de Filipinas se reduce en grandes rasgos lo que sigue:  Incorporadas apenas la Corona Espaola, tuvieron que sostener con su sangre y con los esfuerzos de sus hijos las guerras y las ambiciones conquistadoras del pueblo espaol, y en estas luchas, en esa crisis terrible de los pueblos cuando cambian de gobierno, de leyes, de usos, costumbres, religin y creencias, las Filipinas se despoblaron, empobrecieron y atrasaron, sorprendidas en su metamorfosis, sin confianza ya en su pasado, sin fe aun en su presente y sin ninguna lisonjera esperanza en los venideros das. Los antiguos seores, que slo haban tratado de conquistarse el temor y la sumisin de sus sbditos, por ellos acostumbrados la servidumbre, cayeron como las
hojas de un rbol seco, y el pueblo, que no les tena ni amor ni conoca lo que era libertad, cambi fcilmente de amo, esperando tal vez ganar algo en la novedad.  Comenz entonces una nueva era para los Filipinos. Perdieron poco poco sus antiguas tradiciones, sus recuerdos; olvidaron su escritura, sus cantos, sus poesas, sus leyes, para aprenderse de memoria otras doctrinas, que no comprendan, otra moral, otra esttica, diferentes de las inspiradas su raza por el clima y por su manera de sentir. Entonces rebajse, degradndose ante sus mismos ojos, avergonzse de lo que era suyo y nacional, para admirar y alabar cuanto era extrao incomprensible; abatise su espritu y se dobleg.  Y as pasaron aos y pasaron siglos. Las pompas religiosas, los ritos que hablan los ojos, los cantos, las luces, las imgenes vestidas de oro, un culto en un idioma misterioso, los cuentos, los milagros, y los sermones fueron hipnotizando el espritu, supersticioso ya de por s, del pas, pero sin conseguir destruirlo por completo, pesar de todo el sistema despus desplegado y seguido con implacable tenacidad.  Llegado este estado el rebajamiento moral de los habitantes, el desaliento, el disgusto de s mismo, se quiso dar entonces el ltimo golpe de gracia, para reducir la nada tantas voluntades y tantos cerebros adormecidos, para hacer de los individuos una especie de brazos, de brutos, de bestias de carga, as como una humanidad sin cerebro y sin corazn. Entonces djose, dise por admitido lo que se pretenda, se insult la raza, se trat de negarle toda virtud, toda cualidad humana, y hasta hubo escritores y sacerdotes que, llevando el golpe ms adelante, quisieron negar los hijos del pas no slo la capacidad para la virtud, sino tambin hasta la disposicin para el vicio.  Entonces esto que creyeron que iba ser la muerte fu precisamente su salvacin. Moribundos hay que vuelven la salud merced ciertos medicamentos fuertes.  Tantos sufrimientos se colmaron con los insultos, y el aletargado espritu volvi la vida. La sensibilidad, la cualidad por excelencia del Indio, fu herida, y si paciencia tuvo para sufrir y morir al pie
de una bandera extranjera, no la tuvo cuando aquel, por quien mora, le pagaba su sacrificio con insultos y sandeces. Entonces examinse poco poco, y conoci su desgracia. Los que no esperaban este resultado, cual los amos despticos, consideraron como una injuria toda queja, toda protesta, y castigse con la muerte, tratse de ahogar en sangre todo grito de dolor, y faltas tras faltas se cometieron.  El espritu del pueblo no se dej por esto intimidar, y si bien se haba despertado en pocos corazones, su llama, sin embargo, se propagaba segura y voraz, gracias los abusos y los torpes manejos de ciertas clases para apagar sentimientos nobles y generosos. As cuando una llama prende un vestido, el temor y el azoramiento hacen que se propague ms y ms, y cada sacudida, cada golpe es un soplo de fuelle que la va avivar.  Indudablemente que durante todo este perodo ni faltaron generosos y nobles espritus entre la raza dominante que trataran de luchar por los fueros de la justicia y de la humanidad, ni almas mezquinas y cobardes entre la raza dominada que ayudaran al envilecimiento de su propia patria. Pero unos y otros fueron excepciones y hablamos en trminos generales.  Esto ha sido el bosquejo de su pasado. Conocemos su presente. Y ahora, cul ser su porvenir?  Continuarn las Islas Filipinas como colonia espaola, y, en este caso, qu clase de colonia? Llegarn ser provincias espaolas con sin autonoma? Y para llegar este estado, qu clase de sacrificios tendr que hacer?  Se separarn tal vez de la Madre patria para vivir independientes, para caer en manos de otras naciones para aliarse con otras potencias vecinas?  Es imposible contestar estas preguntas, pues todas se puede responder con un _s_ y un _no_, segn el tiempo que se quiera marcar. Si no hay un estado eterno en la naturaleza, cunto menos lo debe de haber en la vida de los pueblos, seres dotados de movilidad y
movimiento! As es que para responder estas preguntas es necesario fijar un espacio ilimitado de tiempo, y con arreglo l tratar de prever los futuros acontecimientos.  _La Solidarida _; nm. 16: Barcelona, 30 septiembre 1889. d     II   Qu ser de las Filipinas dentro de un siglo?  Continuarn como colonia espaola?  Si esta pregunta se hubiera hecho tres siglos atrs, cuando, la muerte de Legazpi, los malayos filipinos empezaron poco poco desengaarse, y encontrando pesado el yugo intentaron vanamente sacudirlo, sin duda alguna que la respuesta hubiera sido fcil. Para un espritu entusiasta de las libertades de su patria, para uno de aquellos indomables Kagayanes que alimentaban en s el espritu de los Magalats, para los descendientes de los heroicos Gat Pulintang y Gat Salakab de la provincia de Batangas, la independencia era segura, era solamente una cuestin de entenderse y de tentar un decidido esfuerzo. Empero, para el que, desengaado fuerza de tristes experiencias, vea en todas partes desconcierto y desorden, apata y embrutecimiento en las clases inferiores, desaliento y desunin en las elevadas, slo se presentaba una respuesta y era: tender las manos las cadenas, bajar el cuello para someterlo al yugo y aceptar el porvenir con la resignacin de un enfermo que ve caer las hojas y presiente un largo invierno, entre cuyas nieves entrev los bordes de su fosa. Entonces el desconcierto era la razn del pesimismo; pasaron tres siglos, el cuello fuse acostumbrando al yugo, y cada nueva generacin, procreada entre las cadenas, se adapt cada vez mejor al nuevo estado de las cosas.  Ahora bien; encuntranse las Filipinas en las mismas circunstancias de hace tres siglos?
 Para los liberales Espaoles el estado moral del pueblo contina siendo el mismo, es decir, que los Indios filipinos no han adelantado; para los frailes y sus secuaces, el pueblo ha sido redimido de su salvajismo, esto es, ha progresado; para muchos Filipinos, la moral, el espritu y las costumbres han decado, como decaen todas las buenas cualidades de un pueblo que cae en la esclavitud, esto es, ha retrocedido.  Dejando un lado estas apreciaciones, para no alejarnos de nuestro objetivo, vamos hacer un breve paralelo de la situacin poltica de entonces con la del presente, para ver si lo que en aquel tiempo no ha sido posible, lo ser ahora, viceversa.  Descartmonos de la adhesin que pueden tener los Filipinos Espaa; supongamos por un momento con los escritores espaoles que entre las dos razas slo existen motivos de odio y recelo; admitamos las premisas cacareadas por muchos de que tres siglos de dominacin no han sabido hacer germinar en el sensible corazn del Indio una semilla de afeccin de gratitud, y veamos si la causa espaola ha ganado no terreno en el Archipilago.  Antes sostenan el pabelln espaol ante los Indgenas un puado de soldados, trescientos quinientos lo ms, muchos de los cuales se dedicaban al comercio y estaban diseminados, no slo en el Archipilago, sino tambin en las naciones vecinas, empeados en largas guerras contra los Mahometanos del Sur, contra los Ingleses y Holandeses, inquietados sin cesar por Japoneses, Chinos y alguna que otra provincia tribu en el interior. Entonces las comunicaciones con Mxico y Espaa eran lentas, raras y penosas; frecuentes y violentos los disturbios entre los poderes que regan el Archipilago; exhausta casi siempre la Caja, dependiendo la vida de los colonizadores de una frgil nao, portadora del comercio de la China; entonces los mares de aquellas regiones estaban infestados de piratas, enemigos todos del nombre espaol, siendo la marina con que ste se defenda, una marina improvisada, tripulada las ms de las veces por bisoos aventureros, si no por extranjeros y enemigos, como sucedi con la armada de Gmez Prez Dasmarias, frustrada y detenida por la rebelin de los bogadores Chinos que le asesinaron, destruyendo todos sus planes
intentos. Y sin embargo, pesar de tan tristes circunstancias el pabelln espaol se ha sostenido por ms de tres siglos, y su poder, si bien ha sido reducido, contina sin embargo rigiendo los destinos del grupo de las Filipinas.  En cambio la situacin actual parece de oro y rosa, diramos, una hermosa maana comparada con la tempestuosa y agitada noche del pasado. Ahora, se han triplicado las fuerzas materiales con que cuenta la dominacin espaola; la marina relativamente se ha mejorado; hay ms organizacin tanto en lo civil como en lo militar; las comunicaciones con la Metrpoli son ms rpidas y ms seguras; sta no tiene ya enemigos en el exterior; su posesin est asegurada, y el pas dominado, tiene al parecer menos espritu, menos aspiraciones la independencia, nombre que para l casi es incomprensible; todo augura, pues, primera vista otros tres siglos, cuando menos, de pacfica dominacin y tranquilo seoro.  Sin embargo por encima de estas consideraciones materiales se ciernen invisibles otras de carcter moral, mucho ms trascendentales y poderosos.  Los pueblos del Oriente en general y los Malayos en particular son pueblos de sensibilidad: en ellos predomina la delicadeza de sentimientos. Aun hoy, pesar del contacto con las naciones occidentales que tienen ideales distintos del suyo, vemos al Malayo filipino sacrificar todo, libertad, comodidad, bienestar, nombre en aras de una aspiracin, de una vanidad, ya sea religiosa, ya cientfica de otro carcter cualquiera, pero la menor palabra que lastime su amor propio olvida todos sus sacrificios, el trabajo empleado y guarda en su memoria y nunca olvida la ofensa que crey recibir.  As los pueblos Filipinos se han mantenido fieles durante tres siglos entregando su libertad y su independencia, ya alucinados por la esperanza del Cielo prometido, ya halagados por la amistad que les brindaba un pueblo noble y grande como el espaol, ya tambin obligados por la superioridad de las armas que desconocan y que para los espritus apocados tenan un carcter misterioso, ya porque valindose de sus enemistades intestinas, el invasor extranjero se
presentaba como tercero en discordia para despus dominar unos y otros y someterlos su podero.  Una vez dentro la dominacin espaola, mantvose firme gracias la adhesin de los pueblos, sus enemistades entre s, y que el sensible amor propio del Indgena no se encontraba hasta entonces lastimado. Entonces el pueblo vea sus nacionales en los grados superiores del ejrcito, sus _maeses de campo_ pelear al lado de los hroes de Espaa, compartir sus laureles, no escatimndoseles nunca ni honores, ni honras ni consideraciones; entonces la fidelidad y adhesin Espaa, el amor la Patria hacan del Indio, Encomendero y hasta General, como en la invasin inglesa; entonces no se haban inventado an los nombres denigrantes y ridculos con que despus han querido deshonrar los ms trabajosos y penibles cargos de los jefes indgenas; entonces no se haba hecho an de moda insultar injuriar en letras de molde, en peridicos, en libros _con superior permiso_ _ _, l pueblo que pagaba, con licencia de la autoridad eclesistica a combata y derramaba su sangre por el nombre de Espaa, ni se consideraba como hidalgua ni como gracejo ofender una raza toda, quien se le prohibe replicar defenderse; y si religiosos hubo hipocondracos, que en los ocios de sus claustros se haban atrevido escribir contra l, como el agustino Gaspar de San Agustn y el jesuta Velarde, sus ofensivos partos no salan jams luz, y menos les daban por ello mitras les elevaban altas dignidades. Verdad es que tampoco eran los Indios de entonces como somos los de ahora: tres siglos de embrutecimiento y oscurantismo, algo tenan que influir sobre nosotros; la ms hermosa obra divina en manos de ciertos obreros puede al fin convertirse en caricatura.  Los religiosos de entonces, queriendo fundar su dominio en el pueblo, se acercaban l y con l formaban causa contra los encomenderos opresores. Naturalmente, el pueblo que los vea con mayor instruccin y cierto prestigio, depositaba en ellos su confianza, segua sus consejos y los oa aun en los ms amargos das. Si escriban, escriban abogando por los derechos de los Indios y hacan llegar el grito de sus miserias hasta las lejanas gradas del Trono. Y no pocos religiosos entre seglares y militares emprendan peligrosos viajes, como _d putados del pas_, _ _ i lo cual unido las estrictas residencias que se formaban entonces ante los ojos del Archipilago todos los
gobernantes, desde el Capitn general hasta el ltimo, consolaban no poco y tranquilizaban los nimos lastimados, satisfaciendo, aunque no fuese ms que en la forma, todos los descontentos.  Todo esto ha desaparecido. Las carcajadas burlonas, penetran como veneno mortal en el corazn del Indio que paga y sufre, y son tanto ms ofensivas cuanto ms parapetadas estn: las antiguas enemistades entre diferentes provincias las ha borrado una misma llaga, la afrenta general inferida toda una raza. El pueblo ya no tiene confianza en los que un tiempo eran sus protectores, hoy sus explotadores y verdugos. Las mscaras han cado. Ha visto que aquel amor y aquella piedad del pasado se parecan al afecto de una nodriza, que incapaz de vivir en otra parte, deseara siempre la eterna niez, la eterna debilidad del nio, para ir percibiendo su sueldo y alimentarse su costa; ha visto que no slo no le nutre para que crezca, sino que le emponzoa para frustrar su crecimiento, y que su ms leve protesta ella se convierte en furia! El antiguo simulacro de justicia, la santa residencia_ ha desaparecido; principia el caos en la _ conciencia; el afecto que se demuestra por un Gobernador general, como La Torre, se convierte en crimen en el gobierno del sucesor, y basta para que el ciudadano pierda su libertad y su hogar; si se obedece lo que un jefe manda, como en la reciente cuestin de la entrada de los cadveres en las iglesias, es suficiente para que despus el obediente subdito sea vejado y perseguido por todos los medios posibles; los deberes, los impuestos y las contribuciones aumentan, sin que por eso los derechos, los privilegios y las libertades aumenten se aseguren los pocos existentes; un rgimen de continuo terror y zozobra agita los nimos, rgimen peor que una era de disturbios, pues los temores que la imaginacin crea suelen ser superiores los de la realidad; el pas est pobre; la crisis pecuniaria que atraviesa es grande, y todo el mundo seala con los dedos las personas que causan el mal, y nadie sin embargo se atreve poner sobre ellas las manos!  Es verdad que como una gota de blsamo tanta amargura ha salido el Cdigo Penal; pero de qu sirven todos los Cdigos del mundo, si por informes reservados, por motivos ftiles, por annimos traidores se extraa, se destierra sin formacin de causa, sin proceso alguno cualquier honrado vecino? De qu sirve ese Cdigo Penal, de qu sirve la vida si no se tiene seguridad en el hogar, fe en la justicia, y
confianza en la tranquilidad de la conciencia? De qu sirve todo ese andamiaje de nombres, todo ese cmulo de artculos, si la cobarde acusacin de un traidor ha de influir en los medrosos odos del autcrata supremo, ms que todos los gritos de la justicia?  Si este estado de cosas continuase, qu ser de las Filipinas dentro de un siglo?  Los acumuladores se van cargando poco poco, y si la prudencia del Gobierno no da escape las quejas que se concentran, puede que un da salte la chispa. No es ocasin esta de hablar sobre el xito que pudiera tener conflicto tan desgraciado: depende de la suerte, de las armas y de un milln de circunstancias que el hombre no puede prever; pero aun cuando todas las ventajas estuviesen de parte del Gobierno y por consiguiente las probabilidades de la victoria, sera una victoria de Pirro, y un Gobierno no la debe desear.  Si los que dirigen los destinos de Filipinas se obstinan, y en vez de dar reformas quieren hacer retroceder el estado del pas, extremar sus rigores y las represiones contra las clases que sufren y piensan, van conseguir que stas se aventuren y pongan en juego las miserias de una vida intranquila, llena de privaciones y amarguras por la esperanza de conseguir algo incierto. Qu se perdera en la lucha? Casi nada: la vida de las numerosas clases descontentas no ofrece gran aliciente para que se la prefiera una muerte gloriosa. Bien se puede tentar un suicidio; pero y despus? No quedara un arroyo de sangre entre vencedores y vencidos, y no podran stos con el tiempo y con la experiencia igualar en fuerzas, ya que son superiores en nmero, sus dominadores? Quin dice que no? Todas las pequeas insurrecciones que ha habido en Filipinas fueron obra de unos cuantos fanticos descontentos militares que para conseguir sus fines tenan que engaar y embaucar valerse de la subordinacin de sus inferiores. As cayeron todos. Ninguna insurreccin tuvo carcter popular ni se fund en una necesidad de toda una raza, ni luch por los fueros de la humanidad, ni de la justicia; as ni dejaron recuerdos indelebles en el pueblo, antes al contrario, viendo que haba sido engaado, secndose las heridas, aplaudi la cada de los que turbaron su paz! Pero y si el movimiento nace del mismo pueblo y reconoce por causa sus miserias?
 As, pues, si la prudencia y las sabias reformas de nuestros ministros no encuentran hbiles y decididos intrpretes entre los gobernantes de Ultramar, y fieles continuadores en los que las frecuentes crisis polticas llaman desempear tan delicado puesto; si las quejas y necesidades del pueblo filipino se ha de contestar con el eterno _no h lugar_, sugerido por las clases que encuentran su vida en el atraso de los sbditos; si se han de desatender las justas reclamaciones para interpretarlas como tendencias subversivas, negando al pas su representacin en las Cortes y la voz autorizada para clamar contra toda clase de abusos, que escapan al embrollo de las leyes; si se ha de continuar, en fin, con el sistema fecundo en resultados de enajenarse la voluntad de los Indgenas, espoleando su _aptico_ espritu por medio de insultos ingratitudes, podemos asegurar que dentro de algunos aos, el actual estado de las cosas se habr modificado por completo; pero inevitablemente. Hoy existe un factor que no haba antes; se ha despertado el espritu de la nacin, y una misma desgracia y un mismo rebajamiento han unido todos los habitantes de las Islas. Se cuenta con una numerosa clase ilustrada dentro y fuera del Archipilago, clase creada y aumentada cada vez ms y ms por la torpezas de ciertos gobernantes, obligando los habitantes expatriarse, ilustrarse en el extranjero, y se mantiene y lucha gracias las excitaciones y al sistema de ojeo emprendido. Esta clase, cuyo nmero aumenta progresivamente, est en comunicacin constante con el resto de las Islas, y si hoy no forma ms que el cerebro del pas, dentro de algunos aos formar todo su sistema nervioso y manifestar su existencia en todos sus actos.  Ahora bien; para atajar el camino al progreso de un pueblo, la poltica cuenta con varios medios: el embrutecimiento de las masas por medio de una casta adicta al Gobierno, aristocrtica como en las colonias holandesas, teocrtica como en Filipinas; el empobrecimiento del pas; la destruccin paulatina de sus habitantes, y el fomento de las enemistades entre unas razas y otras.  El embrutecimiento de los Malayos filipinos se ha demostrado ser imposible. A pesar de la negra plaga de frailes, en cuyas manos est _ _ a j ventud, que pierde aos y aos la enseanza de l u miserablemente _ _, saliendo de all cansados, fatigados y disgustados de en las aulas