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19:17 ^^^^i^:h^r^^'^ ; ESCORIAL Á LA VISTAISTORIA GUÍA DESCRIPTIVA DBL REAL e la independencia MiSTEIlIOJEmOYPAUCIl s Unidos haslanuesiros días 1776-1895) POB mmim de el escorial ilustrada con 20 láminas autotipias segaidAdy:rónimo begker varias noticias curiosas para el viajero, por Jnan Nognera Camoccia 5 acaba de ponerse á la venta, lio fiel extracto los principalesy "tonao en en cartoné.—Precio, 1 pescliUn S a con imparcialidad la historia sus dcft^ctos expone con miau-y ) referente a las relaciones exte- novísimo siendo, por tanto, de gran inte-, de un nnodo exacto el aspecto DICCIONARIO DE LA RIMA i cuesliÓD cubana. .0, 642 páginas, 8 pesetas. de los mejoresordenado en prcsucia pubHcad< adicionado unhasta el día, con considerably voces no se encuentrannúmero de que en nit pesarguno de ellos á de hallarse consignadas eCOPILACIÓN el de la Academia, por DE LAS 3 ua-u Hienda..X>. 4.°tomo en mayor.—Precio, 6 pesetas.Un lae imprimir publicary POR PRACTICÓ^EL CATÓLICA DEL REY CARLOS II Tratado completo de Cocina I, corregida aprobada por la AL ALCANCE DK T0D08y I Trihanal Supr'^mo do Justicia. 1 de la Regencia provisional del APROVECHAMIENTO ,DE SOBRAS o folio, 50 pesetas. 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FRANCESES ESCUDEROS de la casaOFICIALES , de Guiller- mo de Flai'V. La escena es en Francia durante el reinado de Carlos VIL Este drama es propiedad del Editor de los teatros moderno, antiguo espaíiol estrangero; quien perse-y guirá ante la ley al que le reimprima ó represente en autori-algún teatro del reino, sin recibir para ello su zación, según previene la real orden inserta en la gace- ta de 8 de mayo de relativa á la propiedad de las18j7, obras dramáticas. ACTO PRIMERO. Pabellón con puertas laterales puerta al loro, don-y por de se ven los árboles de un parque. ' yt ESCENA PRIMERA. V/ 'S&a^iA saliendo por la derecha por;^¡j^iis¿ua- el^ y furo, y^runo. {Volviéndose al lado por donde sale.) Magnífi- ^ 00 es por cierto el golpe de visla que ofrece una^ mesa bien servida ! auricio. (Llamando.) Bruno? •^; Bruno. Ab!... vos aqui? Iba á ensayar las últimas tro- vas que be compuesto para el señor. Mauricio. Que ensillen al instante mi caballo. osBruno. Y no quedáis al banquete con que agasaja boy el señor de Flavy, nuestro dueño á los capitanes sus amigos que han venido á contarle las últimas derro- tas de los ingleses. Mauricio. Tendré que quedarme. Estaría muy ir^^ulsa la función si no tuviera el señor conde á su escudero Mauricio, á quien dirigir sus bufonadas; pero nece- sito partir en seguida con que anda., Bruno. Voy corriendo. {Hace que se va vuelve.)y Iréis á verla ? (MirandoMauricio. en derredor.) Sí, calla! Bruno. Oh, yo soy muy reservado, no lo podéis dudar. Por una casualidad supe vuestro secreto bubleray podido vendérsele muy caro al señor de Flavy. Mauricio. Y te hubiera valido cien ducados por mano del señor la muertey por mano del escudero. Bruno. Me hubic'rais muerto ? Mauricio. Sin duda... pero jo te conozco se' que pre-y fieres la s:ratitud tude un amiiro á los favores de dueño. Bruno. Tampoco podría contarle gran cosa en sustan- he visto es que a seisLo único que leguas decía. del castillo de San Alberto vive unaaquí cerca jo- muy menudoquien visitáis á que os espe-ven á , y á una ventana os recibe conra asomada muestrasy mayor alegria pero ni aun he podidode la divisar; facciones.sus eso para mover la curiosidadMauricio. Sobraba del llamado su atención mis paseosconde ya han soli- ; tarios. ocuparse de unaBruno. ¿Y juzgáis que por niña que no olvidarse de las brillantes hermosasconoce iria á, arrancadas á sus dueños por el derecho de laque adornan con susguerra del mas fuerte, gracias losy castillo de San Alberto?tétricos salones del Todo será que se le ponga en la cabeza. Oh!Mauricio. conozco muy bien; mas de diez años lé he seguidole compañero las batallas,como inseparable en comoy en sus amores. Me ha pagado bien,activo confidente puedo decir (jue soy rico, tengo tierrases verdad; y veintecriados, tengo un castillo; mas ni por veces que dejaria que el conde sospechasetodo lo poseo, ese ángel de mi vida ni le viese unala existencia de sola vez. En efecto , es temible la seducción del señorBruno. conde. Bruno; su seducción no. HeMauricio. Su violencia, cuidado de instruirla de lo que puedetenido buen las vicisitudes deen este mundo. Si por laesperar de mi apoyo no fue-guerra llegara á verse privada , su inocencia el medio mas seguro dera por cierto razónsu honor. Mas, iluminada su for-preservar y candida purasu alma, es en el dia tantalecida y como la pri-antes, pero discreta entendidacomo y mera. Bruno. Y bonita ? (Enseñándole un retrato.) Mira.Mauricio. esc retrato;{Turnando el retrato.) Oh ! dadmeBruno. quiero componerle unas trovas. delocultarla á los ojosMauricio. No hago bien en conde ? hermosa es!Bruno. {Besando el retrato.) Oh, qur di-jale de lo-Mauricio. {Quitándole el retrato.) V»iyal (S) curas, necio ! No reparas que puede ser mí hija, mi esposa o mi querida? Bruno. Oh ! decídmelo por Dios! es vuestra hija ? cuan- to me alegraría de saberlo! Mauricio. Chit!,.. La condesa!... mi caballo antes de un cuarto de hora... voy á la sala del banquete. Bruno. Cííspita! si el señor llegara á sospechar !... Pero no es vuestra mnger verdad ? {Mauricio, le im- pone silencio vánse aquel por la derechay Brunoj por el laforo.) iSo, no; quiere mucho para que sea su muger. ESCENA II. ajftBT>> saliendo por la izquierda.M r"^^^^"^f arta.y^flar (Dando el brazo á la condesa.) Tranquilizaos, 'y/^ señora;sei al cabo de un mes que os ha tenido encerra- da en vuestra habitación esa cruel enfermedad que tanto os ha molestado gozad al menos un solo día , de estos tan hermosos que nos da la primavera noy queráis oscurecerlos siempre recordando desgracias que no tienen remedio. Condesa. En verdad, Marta, no se como tan larga costumbre de sufrir, permite á mi corazón el senti- miento del dolor; mas seria preciso arrancar el úl- timo rastro de mi amor para olvidar los celos que me devoran por desgracia le amo cada dia mas!y Marta. Después de tanto como os ha hecho padecer? Condesa. Y tal vez por eso mismo. En los doce años que llevo unida á él, no me ha dejado pasar un solo dia sin complacerse en avivar el tormento de mis celos. Ya sabes que me está prohibido acercarme al castillo de San Alberto, donde podría al menos con- solarme con los recuerdos de mi infancia porque le , ha destinado jiara habitación de mis infames rivales. Pues bien, á pesar de todo, mira si soy débil, le amo todavía. Y aun cuando me atormentase mil veces mas me escupiera al rostroy y me pisara siempre le, amaría I siempre ! Marta. Mucho os han costado los primeros celos que tuvisteis que á la verdad fueron injustos.y no me quedoCondesa. Pero qne pronto lugar a ningun Cuando sin saber el íntimogenero de duda! afecto profesas, te eligió para que de acuerdoque me con favoreciesessu escudero Mauricio, sus pe'rfidas in- violencias seducciones...trigas, sus y (Suspirando.) Y fue preciso obedecer, para que-Mnrla. darme con vos consolaros. Pero en la situación eny seria lo masque nos vemos, ¿no acertado huir de vez tañías pesadumbres ? Yo osuna de seguiria á cualquier parte. Condesa. Cinco anos hace que adopte ese partido, cuan- no me conocías aun. Me retire aldo tú convento de Santa llosalia pero lejos de aliviarme la soledad, , irritaba mis penas. Multiplicaba en mi imagitiacion marido, exagerabalas ofensas de mi la realidad, su- tanto que al cabo de un mes tuvefría que abando- nar aquel asilo. María. Si yo me atreviera á aconsejaros, os diría que conducta menos resignada,tal vez ensayando una mas resuelta... Condesa. (Con amargura.) Calla nada me digas... No, ha habido proyecto alguno de venganza que no ha- mi pecho en su honda deses-ya acogido con avidez veces he locado un veneno con misperación. Cuantas labios! Cuántas inclinada sobre el lecho de mi esposo viéndole dormir tranquilo, ha rodado en mi cabeza mas profundo, eterno para losla idea de un sueno rejlcxionar.) Oh! si no fuera por tí. ! sinodos!... (Sin brazo, sihubiera sentido detener mi no hubierate gritaba sufre, sufre,escuchado tu voz que me : no vengarte!... hija mia!...tienes derecho de (Sorprendida.) Que decís !Marta. de silencio de mi-(Después de un inferi>a!oCondesa. j pero no iuíporta querar en derredor.) Imprudente!... secreto, oye... mil \cces he que-tú lo sepas... Es un tuve una hija antes de casarme conrido conllárlele... el conde. oírnos.Marta, jlas bajo! ptidieran secreto que guardaba yo so-Condesa. (Llorando.) Es un menos depo-mal, que uje pesaja que me hacia , y hablar de ella.tu seno... Asi podremos.«íilánddle en pero ya no es de angustiaMarta, cómo lloro?Ves, desesperación. Alida.)Condesa. {Profundamente Apretaba con la hoja de un puñal cuyos filos me habíanellas pe- netrado hasta los huesos. Procure' repasar mi memo- acorde' de que alria entonces me acercarse á míy aquellos infames le arranque' su puñaluno de noy pudlendo herirle quise volverle contra mi pecho cuando el dolor acabó de quitarme la fuerza ely conservaba estrechado con unasentido; pero le vio- convulsiva, porque una voz interior me grita-lencia : aguárdale, guárdale; con él has de vengarte,ba con él has de matar al monstruo que te acaba de ul- trajar!» Marta. con efecto?...*Y Condesa. (Enseñándosele.) Mírale; lleva escrito el nom- bre de su dueño: el caballero de Eurondel. Marta. Un ingles! Condesa. (Con amargura.) Y en este lado su divisa; mira: á las damas lealtad. (Se estremece.) Marta. Tranquilizaos, señora. otroCondesa. (Ocultando el puñal.) Al dia volvió á empeñarse batalla los ingleses fueron vencidosla ; y arrojados de la provincia. Volví al castillo de mi después. El pobre ancianopadre que llegó poco ve- herido, moribundo; confesarle mi afrenta hu-nia biera sido acabarle de matar, luego corrían vocesy habíade que el caballero de Eurondel muerto en la imposible vengarme. Peropelea, de modo que era cabo tres años cuando ya estaba casada conal de , Señor de Flavy supe que el infame no hahia muer-el manda ejércitosto.... Si) Marta, ann existe losy vencedor la guerraingleses le llaman ilustre yy y tiempo han respetado su vida... Pero ¿quién sabeely unMarta, quién sabe si no ha de llegar dia en que un día en que pue-Dios le atraviese en n)i camino, volverle puñalda su ? desechad, señora, esas horribles ideas.María. Oh!