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Sr. Indalecio Pozo Martínez
Las torres medievales del Campo de Caravaca (Murcia)
In: Mélanges de la Casa de Velázquez. Tome 32-1, 1996. pp. 263-285.
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Pozo Martínez Indalecio. Las torres medievales del Campo de Caravaca (Murcia). In: Mélanges de la Casa de Velázquez.
Tome 32-1, 1996. pp. 263-285.
doi : 10.3406/casa.1996.2768
http://www.persee.fr/web/revues/home/prescript/article/casa_0076-230X_1996_num_32_1_2768Las torres médiévales del
Campo de Caravaca (Murcia)
Indalecio Pozo Martinez
Murcia
Uno de los elementos arquitectonicos representatives del paisaje de campo y huerta de
Caravaca — si bien es cierto que ayer mas que hoy — lo constituyen las torres, denomina
tion asignada normalmente en relation a su apariencia externa. A pesar de no ser todas
iguales ni responder a una misma funcion o periodo historico, su parecido formal ha ser-
vido en algunas ocasiones para dotar de nombre a diferentes haciendas o pagos rurales. Un
reducido numéro de estas torres fueron construidas a lo largo de la Edad Media atendiendo
a diferentes criterios de carâcter militar, econômico y social.
Las torres vigia. Propuesta de dataciôn.
Estas construcciones tenian una funcion exclusiva de reconocimiento y control del terri-
torio. Por ello se encuentran localizadas en las inmediaciones de las vias de comunicaciôn
con Lorca y el reino de Granada, lugares por donde se produefan las incursiones musul-
manas que ponfan en peligro a las villas del noroeste murciano1. Las noticias sobre alga-
ras o proyeetos inconclusos de entradas en la zona de Caravaca son constantes en la
documentaciôn de la Baja Edad Media, habiendo sido reflejadas certeramente por J. Torres
Fontes en numerosas publicaciones que séria prolijo relatar aqui. También han merecido
la atenciôn de algunos cronistas y eruditos de los siglos xvii-xix, aunque con apreciables
errores y no exentas de confusiones en cuanto a las fechas y los personajes. La incursion y
pérdida de Bullas en 1285 motive, entre otras causas, que Sancho IV despojara a los tem-
1 No conocemos ninguna torre vigia del periodo islâmico. La denominada Cueva del Rey Mow, localizada
en el vado del rîo Quipar a la altura del Estrecho de la Encarnaciôn, en el camino de Caravaca a Lorca, no es
exactamente una torre, se trata de una oquedad natural que fue aprovechada y cerrada por un lienzo de tapial
almenado con un acceso adintelado. En su interior se aprecian restos de un forjado constituido por rollizos y
una pequena cisterna en forma de bafiera de 0,50 m de profundidad excavada en la roca. No existen restos cerâ-
micos, por lo que résulta imposible establecer una cronologfa. Su ubicacion dentro del «Estrecho» excluye una
funcion de reconocimiento visual del territorio, mas bien debia ejercer labores de control de personas, ganados
y mercanefas, quizàs a efectos tributarios. Existen varias fotos publicadas de la citada cueva, por ejemplo, en
la portada de la obra de G. Sanchez Romero, El campo de Caravaca (Murcia). Bases histôricas, Caravaca,
1987. INDALECIO POZO MARTINEZ 264
pianos de su bailïa de Caravaca y la incorporase a la Corona2. Otra cabalgada que tuvo
sérias repercusiones, y de la que todavia se lamentaban los historiadores locales del xix
por ser la causa, segûn decian, de la pérdida del Archivo Municipal, fue la de 13923,
emprendida por el sultan nasri Muhammad VII, relatada por los cronistas Gil Gonzalez4 y
el padre Cuenca, este ultimo de manera exagerada5.
Generalmente, las incursiones se realizaban atravesando los llanos del campo de Cara
vaca para llegar hasta Calasparra y la vega media del Segura. Asi, por ejemplo, la famosa
incursion del sultan Abû-1-Hassân a Cieza, en la Semana Santa de 1477, de la que infor-
maba dias después Pedro Fajardo, adelantado del reino de Murcia, al rey Juan II de Ara
gon6; o la cabalgada de 1434 hasta Calasparra, y la consiguiente respuesta que dieron los
aguerridos caballeros Garci Lopez de Cardenas, comendador de Caravaca, y Martin Fer-
2 El 14 de enero de 1286, Sancho IV incorporaba Caravaca a la corona y le concedia el fuero de Alcaraz, cf.
J. de Robles Corbalân, Historia del Mysterioso Aparecimiento de la Santisima Cruz de Caravaca, e innu-
merables milagros que Dios N. S. ha obrado y obra por su deuociôn, Madrid, 1619, lib. I, cap. xx, fos -J2v°-J2v°.
3 El erudito local M. de Cuenca Fernândez-Pinero afirma que la entrada fue realizada en 1393 por Mahomat,
rey de Granada. En cambio, R. Arié, citando la Cronica de Enrique III, situa la incursion en 1 392, atribuyéndola
igualmente a Muhammad VII, cf. Rachel Arié, L'Espagne musulmane au temps des Nasrides (1232-1492),
Paris, De Boccard, 1990, p. 122. La obra del presbitero Cuenca tiene un titulo verdaderamente rimbombante:
Historia Sagrada de el compendio de las ocho maravillas del mundo, del non plus ultra de la admiraciôn y de el
pasmo. De el emporio, donde se hallan los portentos mas singulares: de un lignum-crucis, que se comporte de
cuatro brazos: de la quinta esencia y mas principales partes del Sacrosanto modem y dulce leno, en que muriô
el Rey de los Cielos y de la Tierra, y el segundo Adan, nuestro redentor Jesucristo: de la Santisima Cruz de Carav
aca, Madrid, 1722, p. 305. Existe una reimpresiôn bajo el titulo Historia Sagrada de la Cruz de Cara
vaca, Caravaca, 1891.
4 «[...] los reyes de Castilla y Granada tenian assentadas pazes, mas despreciando Mahomat estos tratados,
entro con setecientos caualleros moros, y très mil infantes por el reyno de Murcia, talando los campos; hizieron
presa de ganados, y otras cosas, y dezian que los lleuauan por danos recebidos de los nuestros. Llegaron a la villa
de Arauaca [Caravaca], y le pusieron fuego, y quedo abrasada toda, excepto el Castillo donde se saluo la gente,
defendiendole con mucho valor y esfuerço. Mas Alonso Yafiez Faxardo, adelantado del reyno de Murcia, despues
de auerse encomendado de todo su coraçon a Dios, y a nuestra Senora de las Huertas, salio contra ellos con vn
mediano numéro de caualleros, y peones de las ciudades de Murcia, y Lorca, y peleo con los moros junto al puerto
de Nogalete [Nogalte], con tanto valor que los vencio, quedando la mayor parte degollados, y cautiuos, libres de
la ira de su espada, dexando por aquellos campos la presa en manos del vencedor, se pusieron con la fuga con gran
presteza en Granada [...]» {Historia de la vida y hechos del rey Don Henrique Tercero de Castilla, Madrid, 1 638,
cap. xxix, pp. 56-57)-
5 «[...] el ano de 1393, Mahomat rey de Granada entré con numeroso ejercito por este reino de Murcia
haciendo muchos danos y hostilidades: llegô a Caravaca, villa entonces muy populosa: pusola fuego por muchas
partes, haciendo horrorosos estragos en ella tan continuado incendio de suerte que la dejô casi despoblada de el
todo; y quemô las escrituras y papeles de el archivo de esta villa: retirâronse los vecinos al castillo, donde se
defendieron valerosamente por algunos dias que durô el cerco» (Cuenca, op. cit., p. 305).
6 «[...] el rey de Granada [...] acordô de venir con todo su poder, do troxo quatro mil de cauallo e treynta
mil peones, e el sabado de Pascua que agora pasô, él entro por el termino de Caravaca, tierra inhabitable y
muy yerma, e diose tan gran priesa e recabdo en el caminar que Domingo de Pascua por la manyana llegô a
un lugar que se llama Cieça, de la Orden de Santiago, sin ningûn muro ni casa fuerte, e antes que fuessen sen-
tidos, tomaron toda la gente cautiva, e quemaron todo el lugar, a do fïzieron grandisimas crueldades, porque
mataron passados de ochenta personas entre hombres, mujeres e ninos [...]», carta de 26 de abril de 1477
(J. Torres Fontes, Don Pedro Fajardo, adelantado mayor del reino de Murcia, Madrid, 1953, pp. 152-153,
y J. Zurita, Anales de la Corona de Aragon, A. Canellas Lôpez (éd.), Zaragoza, Instituciôn Fernando el
Catôlico, 1970, lib. V, p. 674). LAS TORRES MEDIEVALES DEL CAMPO DE CARAVACA (MURCIA) 265
nândez Pinero, alcaide de Lorca, en el puerto del Conejo7. Segun parece, el llano de Cara
vaca también fue la via que utilize Alfonso I el Batallador a su regreso de al-Andalus, tras
la fulgurante campana de 1 1268. En otras ocasiones, la entrada se producia por la zona de
Campo Coy, cortijada limitrofe entre los términos de Caravaca y Lorca, dirigiéndose a tra-
vés de las canadas. El 10 de agosto de 1384 el concejo de comunicaba al de Lorca
la concentration de 700 caballeros en Vêlez y 600 en Huéscar, que se preparaban en la
frontera con la intention de pasar a Aragon, indicândole que una de las entradas posibles
podfa ser quizâs por Campo Coy9. El paso era bastante sencillo y râpido cuando se utili-
zaba el llano, en poco tiempo se podfa llegar a las proximidades de Caravaca. Para ello, el
camino real de Granada era la via mas adecuada puesto que llegaba directamente hasta la
puerta principal de la villa: transcurrîa en paralelo a la rambla de Tarragoya, los Royos y
los confines del Castillo de Celda10 (lâm. I) donde se dividia en dos, un tramo conducia
7 La jornada fue relatada anos mas tarde por el cronista Rodriguez de Almela, en un exhorto de las virtudes de
Garci Lopez de Cârdenas, padre del maestre de Santiago Alonso de Cârdenas. Por carta de 1 5 de mayo de 148 1 ,
dirigida a Fernando de Pineda, caballero de la Orden de Santiago, exponfa lo sucedido en aquel encuentro:
«commo acaesciese que seicientos cavalleros e mill peones moros de Baça e de su foya e tierra se ayuntasen e
entrasen en tierra de christianos por esta frontera del regno de Murcia e oviesen llegado a la villa de Calasparra,
que es de la Orden de Sant Johan, e fïziesen en ella grand dano, e tornandose para su tierra levando grand cabal-
gada de ganados e muchos christianos captivos, salieron a ellos el dicho senor comendador [de Caravaca] don
Garci Lopez de Cardenas, en uno con el noble cavallero Martin Ferrandez Pinedo, alcaide de Lorca, con ciertos
cavalleros e peones con el pendon de Lorca. E ovieron con los dichos moros batalla canpal acerca del puerto que
dizen del Conejo, e vencieronlos e mataron e captivaron los mas dellos, e tomaronle la cavalgada que levavan»
(J. Torres Fontes (éd.), Compilation de los milagros de Santiago de Diego Rodriguez de Almela, Murcia,
1946, pp. 9-1 1).
8 «[...] y se trasladô Ibn Radmir [Alfonso I] al prado, acosado por la caballerîa que lo atacaba. Plantô su cam-
pamento forzosamente. Y luego se marché de él y volviô a Guadix. Se le adelantô Inalû al-Lamtunï con el ejér-
cito de Fez, y lo atacô por el lado del rîo, y fue alcanzado un gran jefe y fue rechazado con el mas vergonzoso
rechazo y con el mas fuerte empuje. Las tropas se dieron a estrecharlo hasta el llano de Caravaca, en la zona de
Murcia, y paso con sus tropas tomando por el castillo de Jâtiva; y las tropas musulmanas a todo ésto le pisaban
sus huellas y lo atacaban y alcanzaban, y en cada etapa dejaba muertos y enfermos; y no se detuvo hasta que llegô
a su pais con su contingente disminuido» (Ibn 'IdàrI, Bayân al-Mugnb, [Nuevos Fragmentes almorâvides y
almohades], trad, de A. Huici Miranda, Valencia, 1963, p. 167).
9 «[...] fazemos vos saber que oy miercoles, a ora de la canpana del Aue Maria, que supiemos por nueuas çier-
tas de vn moro de la sierra que nos dixo en poridat que estauan en Veliz seteçientos de cauallo e que estauan en
Yuesca [Huéscar] seyzientos, e quel conçeio de Veliz que enbiara al Coxo a saber sy podrien entrar por Cazlona,
diziendo que aquella conpana que va sobre Aragon, e que auien enbiado otro almocaten a saber sy podrien entrar
por el Canpo de Coy, e por do fallasen que fuese la mejor entrada que por ally entrarien» (J. Abellân Pérez,
«Un pacto defensivo entre la gobernaciôn de Orihuela y el reino de Murcia frente a Muhammad V, sultan de Gra
nada», Cuadernos de la Biblioteca Espanola de Tetuân, 2 1 -22, 1 980, doc. n° 6), y Cuenca, op. cit., pp. 305-306,
relata otro encuentro en Campo Coy en 1430: «dio un moro en Campocoy siete lanzadas a un muchacho vecino
de Caravaca, que se llamaba Ginés de Fuensalida, y habiéndose ido el moro con otros, vino un pastor, que estuvo
desde lejos mirando este suceso y hallô el muchacho casi muerto y asi le llevô y le entregô a su padre». Este lugar
también fue la via utilizada por Martin Fernandez Pinero para pasar al llano de Caravaca y cortar la retirada a los
cabalgadores granadinos que habian atacado Calasparra, cf. F. Veas Arteseros, «Lorca en la Edad Media», en
Ciclo de temas lorquinos para escolares, Lorca, 1982, p. 92.
10 El topônimo Celda no se registra como tal en las fuentes arabes aunque Al-cUdri menciona un hisn Yay((lla,
al norte de Lorca, que quizâs pueda identificarse con Celda. En 1246 aparece por primera vez en la documenta-
ciôn cristiana, departiendo términos con Vêlez y Bugéjar (Burgueja): «y como parte Burgeja con Huesca y con
Orçe e con Vêlez e con Celda». De su localizaciôn geogrâfica y de otro documento de 1 266 que délimita el obis-
pado de Cartagena, también cabe inferir que departia con Lorca y Caravaca: «et Lentur et Calasparra et 266 INDALECIO POZO MARTINEZ
Lâm. I. — Castillo de Celda, Los Royos (Caravaca, Murcia).
Lâm. II. — Torre de la Represa o de Los Alcores (Caravaca, Murcia). LAS TORRES MEDIEVALES DEL CAMPO DE CARAVACA (MURCIA) 267
hasta los Vêlez por Topares11 y el otro continuaba por la extensa planicie hasta Huéscar.
Hacia el oeste de Caravaca se extendia un vasto territorio âspero y yermo que alcanzaba
hasta los términos de Vêlez y Huéscar, del que todavia se hacen eco algunos testimonios
del ultimo cuarto del siglo xv: «desde Xiquena, nueue léguas de tierra despoblada e todo
a peligro de moros»12. Todo el espacio que durante los siglos xm-xiv habia constituido el
dominio de Celda, senorio que estuvo limitado por los términos de Moratalla, Caravaca,
Lorca y Vêlez13, se convirtiô en un gran despoblado a mediados del siglo xiv y no sera
Carauaca con sus términos; Cella con su termino, et Lorca con su termino». Quizâs también con Moratalla por la
zona del puerto del Conejo (Canada de la Cruz). El Libro de la Monteria (M. I. Montoya [éd.], Granada, 1 992,
p. 668) refleja igualmente que tuvo identidad propia: «[E]n tierra de Çelda et de Carauaca ay estos montes: [L]as
Ranblas de Tello es buen monte de osso et de puerco en yuierno [. . .]». En 1277 el castillo de Celda fue concedido
a Lorca y posteriormente, en 1295, a Nicolas Pérez. Cuatro afios mas tarde volvîa de nuevo a Lorca. Hacia 1343,
Sancho Manuel habia logrado formar un pequeno senorio con Celda y Coy. Mas tarde, en 1381, vendia este
ultimo a Lorca la alqueria de Celda. Al igual que sucediô con Canara, los continuos cambios de propietario no
hacen sino evidenciar los problemas para su repoblaciôn, agravados en este caso por su situation en primera lînea
fronteriza. En el repartimiento de Lorca y en la documentation de la etapa aragonesa se registran varios persona-
jes que procedian — ellos o sus ascendientes — de Celda: dona Pascuala, Pedro Martinez, un tal Martin, los here-
deros de Domingo de Çella, testimonios del fracaso de la repoblacîôn de Celda, cf. entre otros, I. Pozo,
F. Fernandez y D. Marin Ruiz de AssfN, «Sobre el topônimo Yayu'ila de la Tarçi'al-Ajbârde Ahmad al-
'Udri y su posible identification con Celda», Anales del Colegio Universitario de Almeria, 1981, pp. 133-139;
Colecciôn de Documentos para la Historia del reino de Murcia (CODOM), I, pp. 37-39; CODOM, III, pp. 1 53-
154; CODOM, IV, pp. 151-153; CODOM, V, pp. 30-31; M. Rodriguez Llopis, «La expansion territorial cas-
tellana sobre la cuenca del Segura», Miscelânea Medieval Murciana, XII, 1985, pp. 107-138; Id., «La evolution
del poblamiento en las sierras de Segura (Provincias de Albacete y Jaén) durante la Baja Edad Media», Al-
Basit, 19, 1986, p. 25; Id., «El proceso de formation del termino de Lorca en la Baja Edad Media», en Lorca,
pasado y présente, 1. 1, Lorca, 1990, pp. 203-21 1; J. Torres Fontes, «El senorio y encomiendade Canara en la
Edad Media», En la Espana Medieval, 1 , 198 1, pp. 535-555; Id., Repartimiento de Lorca, Murcia, 1977, pp. 94-
95; F. Veas Arteseros, «Acuerdos sobre pastos y caza en el reino de Murcia», en Homenaje al prof esor Juan
Torres Fontes, Murcia, 1987 (citado Veas Arteseros, «Acuerdos»), t. II, pp. 1721-1722, y Ordenanzas de
Lorca, Granada, 1713 (reimpr. facsimil con Introduction de G. Lemeunier y Apéndices de M. Rodriguez
Llopis, Murcia, Academia Alfonso X el Sabio, 1983, p. 172).
1 ' Topares esta mencionado en el Libro de la Monteria {pp. cit., p. 669): «[L]as Cabeças de Copares [Topares]
es buen monte de puerco et de enzebras en yuierno. Et en este monte ay estas fuentes: La Fuente de la Penjella, la
Fuente de la Sarca, La Fuente de Copares [sic]». También en una carta de 1442 de Garci Lopez de Cârdenas,
comendador de Caravaca, por la cual comunicaba al concejo de Lorca que se respetasen los antiguos acuerdos
establecidos entre ambos concejos sobre herbaje de ganados y caza en sus respectivos términos, cf. Veas Arte
seros, «Acuerdos», pp. 1 722- 1 724. Esta ruta hacia los Vêlez debio ser la utilizada a mediados de agosto de 1 382
por 'Ali b. KumâSa, visir de Muhammad V, en su viaje de regreso al reino de Granada tras su estancia en Aragon.
Tal itinerario por el interior del reino le fue planteado al visir por el concejo y adelantado de Murcia, después de
la negativa del concejo lorquino a otorgarle salvoconducto para el paso por su termino, en respuesta a las recien-
tes correrias de los granadinos por la zona de Lorca, cf. J. Torres Fontes, «La embajada de 'Alï ibn KumâSâ en
1382», Murgetana, 16, 196 1, p. 29.
12 El 18 de mayo de 1473, Pedro de Alarcôn, comendador de Membrilla del Tocon, relataba ante el escribano
Francisco de Salas su fuga de Vêlez, lugar donde se encontraba preso. El testimonio lo recoge Robles Corba-
lan, op. cit., lib. II, cap. ix, F 98v"-ioiv0.
13 La Visita de 1480 (Archivo Histôrico Nacional [AHN], Ôrdenes Militares, Uclés, mss. Santiago 1065C,
p. 107) alude a Celda aunque ahora como: «lugar, termino e juridiçion de la villa de Caravaca», cuando ya se esta-
ban cultivando de nuevo sus tierras. Desconozco como se produjo este nuevo cambio de dominio, aunque segun
Rodriguez Llopis fue a consecuencia de una permuta con Lorca. El vicario Diego Chacon fundo alli una rica
hacienda: «tiene mas el dicho vicario de su patrimonio vn heredamiento de tierras en Çelda e vna casa, e algunas
de las dichas tierras en riego, que puede valer hasta çiento e çinquenta mill maravedis» (AHN, Ôrdenes Militares, 268 INDALECIO POZO MARTINEZ
hasta la segunda mi tad del siglo xv cuando se aprecie algûn sintoma de reactivation demo-
grâfica14. Segûn relato de los propios vecinos, la ermita de La Encarnacion situada a solo
12 kilometros de Caravaca, detuvo las obras de construction de una capilla «e por la gue-
rra de los moros se avya dexado de acabar»15.
En una villa como Caravaca, con un término jurisdiccional muy amplio, incrementado
notablemente con el senon'o de Celda, donde la ubicaciôn geogrâfica de su castillo que-
daba en una position claramente excéntrica, la concentration de la escasa poblaciôn al
amparo de la fortaleza impedia un conocimiento preciso de la situation a poco mas de una
decena de kilometros del castillo. Por ello, era necesario destacar observadores en lugares
privilegiados capaces de prévenir con la suficiente antelacion acerca de la presencia de
cabalgadores musulmanes. Al mismo tiempo, se enviaban espfas al interior del reino gra-
nadino y se atendia a los viajeros que podian presentar alguna informaciôn mas o menos
veraz sobre concentraciones y movimientos de tropas al otro lado de la frontera. Las noti-
cias se transmitian de un concejo a otro con suma rapidez para que se avisara a la pobla
ciôn y se hiciesen todos los preparativos necesarios para la defensa16.
mss. Santiago 1072C, p. 215). En 1512 instituyo una capellania con las posesiones de Celda, de la que existe
abundante informaciôn en diferentes archivos. Por un documento de 17 de mayo de 1808 sabemos que las pro-
piedades que recibiô el vicario en Celda incluian también: «7 [fanegas] de tierra de monterral [matorral] con mas
de 100 encinas inutiles y otras 7 fanegas de tierra montarral y un castillo ruinoso titulado de Celda, que se halla
en la cumbre del monte» (Archivo de la Vicaria de Caravaca, papeles sin clasificar).
14 Hasta el ultimo cuarto del siglo x v no se vuelve a colonizar el campo caravaqueno. Segûn parece, el concejo
repartio gran parte de los pagos rurales que habian estado prôximos a la frontera de Granada, entre ellos Celda,
cf. M. Rodriguez Llopis, Senorios yfeudalismo en el reino de Murcia. Los dominios de la Orden de Santiago
entre 1440 y 1515, Murcia, 1984 (citado Rodriguez Llopis, Senorios y Feudalismo), p. 212. La Visita de 1480
(AHN, Ôrdenes Militares, mss. Santiago, 1065C, p. 107), alude a un pleito mantenido en el lugar de Celda el
8 de diciembre de 1480 entre Fernando de Jerez y Pedro Lopez, regidor, vecinos de Caravaca, por un supuesto
préstamo del primero al segundo por valor de 2.000 maravedis. Que se produjera la alegacion ante el visitador
Fernando de Pineda en el lugar de Celda solo cuenta con una explication, y es que estuviera realizando alguna
inspection sobre bienes de la Orden, en concreto sobre las tierras que el maestre Alonso de Cârdenas concédera
algunos anos después al vicario Diego Chacon, donde este crearia una explotacion agraria aprovechando posi-
blemente una gran parte de la antigua infraestructura hidrâulica de época islâmica (AHN, Ôrdenes Militares,
Uclés, carp. 82).
15 Antes de 1494 ya existia como ermita, aunque se encontraba en estado ruinoso: «los dichos visitadores dixe-
ron que por quanto la hermita de Santa Maria de las Cuevas [La Encarnacion] avyan hallado mal reparada e se
començo de fazer en ella vna capilla, e por la guerra de los moros se avya dexado de acabar, e agora esta todo
caydo» (I. Pozo Martinez y C. Munoz Sanchez, «Iglesias y ermitas caravaquenas a finales del siglo xv y
primera mitad del xvi: San Salvador y la Vera Cruz», Argos, 3, 1 983, s. p.). Hasta la década de 1480 los vecinos
de Caravaca solo cultivaban una franja de media légua en torno a la villa debido a la inseguridad fronteriza,
cf. Rodr/guez Llopis, Senorios y Feudalismo, p. 210.
16 «[...] en el dicho conçejo [de Murcia] fue dicho por Pero Lopes Fajardo, comendador de Carauaca, que auian
sabido por nueuas çiertas las quales auian sabido de vn omme su amigo que era de que aquella gente de moros de
cauallo que eran venidos a correr el canpo de Lorca e de Alhama, e se auian leuado los ganados de la vega, que
querian venir a correr a Carauaca e Mula, e de aqui de Mula que fincaran su real, e que correran Çieça e Molina e
todos los otros lugares desta csomarca, e que era bien de poner recabdo en los ganados que auian quedado que se
non auian leuado la otra ves [...]» (Archivo Municipal de Murcia, Actas Consejo, 1407- 1408, sesiôn 1 3-1- 1408,
fos 1 i2v°-i 13V0); cit. por J. Torres Fontes, «Laregencia de don Fernando el de Antequera y las relaciones cas-
tellano-granadinas ( 1407- 14 1 6). Conclusion», Miscelânea de Estudios Arabes y Hebraicos, X VI-X VII, 1 967-
1968, 1 (citado Torres Fontes, «Laregencia»), pp. 89-145 (ver pp. 120-121). TORRES MEDIEVALES DEL CAMPO DE CARAVACA (MURCIA) 269 LAS
Lam. III. — Torre de Jorquera (Caravaca, Murcia).
Las torres vigias de Caravaca se levantaron en altozanos desde donde se conectaba
visualmente con la fortaleza y se podia avisar de la llegada de los jinetes granadinos. En
aquellas dos que se han conservado, sus caractensticas arquitectonicas y los testimonios
herâldicos e historicos no dejan lugar a dudas sobre su adscripcion al periodo cristiano, en
concreto a los ultimos afios del siglo xiv.
En las proximidades de Caravaca se encuentran las torres gemelas de La Represa
(lâm. Il), también llamada de Los Alcoves, y la de Jorquera (lam. Ill), ubicadas en las mâr-
genes de los ribs Argos y Quipar17. Ambas constituyen los puestos avanzados de vigilancia
que, con carâcter mas o menos permanente, dispuso la fortaleza de Caravaca durante la Baja
Edad Media. A través de un sistema de vigias generalizado en toda la frontera con el reino
de Granada, del cual aportan algunas noticias los textos conservados, los comendadores de
las Ôrdenes Militares, concejos y alcaides encomendaban a los escuchas y atalayeros la
guarda de la frontera disponiendo que se asentaran en los puertos de montana, en los alt
ozanos proximos a las ciudades y en las inmediaciones de las vias de comunicacion que enla-
17 Hasta hace unos anos, resultaba confusa la identificaciôn de estas torres con las que registran los textos y los
pianos antiguos, confusion derivada posiblemente de la asignaciôn de «torre vieja» indistintamente a una u otra.
Robles Corbalân, op. cit., lib. II, f° 86r°, menciona très torres denominadas del «Horcajo, Nueva y Vieja».
Segun Sanchez Romero, la «Nueva» séria la misma que Los Alcores mientras que El Horcajo deberia identifi-
carse con el torreon de Jorquera. Sin embargo, sendos pianos de 181 1 y 1895 evidencian la identificaciôn entre
torre de Represa- Alcores y «torre Vieja», en tanto que un documento de 1606 sugiere la identidad entre esta
ultima y el torreon de Jorquera. Por su parte, Marin de Espinosa en 1 856 dice, con respecto a la «Vieja», que solo
conserva los cimientos, por lo que debe referirse a otra bien distinta de Jorquera y Represa, hoy desaparecida,
cf. G. Sanchez Romero, «La torre de los Alcores», Vinales, 1, 1982 (citado Sanchez Romero, «La Torre»),
s. p., y A. Marin de Espinosa, Memorias para la historia de la ciudad de Caravaca (y del aparecimiento de la
Sma. Cruz) desde los tiempos mas remotos, hasta nuestros dias e ilustradas con notas histôricas, Caravaca, 1 856,
p. 106 (reimpr. facs., Barcelona, El Albir, 1975). 270 INDALECIO POZO MARTINEZ
zaban el reino de Murcia con el sultanato nasri18. Su mision consistia en informar verbal-
mente o a través de senales visuales a las villas o las torres vigias sobre la inminente llegada
de los cabalgadores musulmanes prestos a saquear los campos y capturar un buen botin19.
Estos guardias y las construcciones de vigilancia debieron cumplir una inestimable labor
en el momento en que expiraban o se transgredfan las treguas concertadas con los granadi-
nos, cuando la salida a los campos alejados de la villa para el laboreo diario podia conver-
tirse en una aventura sin retorno20. La funciôn exclusiva de las torres era la de avisar a las
18 Los primeras afios del siglo xv son prodigos en noticias sobre el particular. El 19 de diciembre de 1407, ante
las noticias recibidas de Socovos y Caravaca sobre la presencia de tropas granadinas en la frontera, el concejo
murciano ordenaba a Luis Antolino, jurado, que pusiera «dos atalayas en Carrascoy e otras dos en la torre del alca-
çar viejo» para prévenir la supuesta llegada de los granadinos. Meses mas tarde, por albalâ fechada en Guadalaj
ara el 28 de junio de 1408, Juan II mandaba al recaudador Anton Sanchez que investigara la existencia de cinco
supuestas atalayas y pagase a sus ocupantes en el caso de confirmarse su existencia: «la dicha çibdat de Murçia
me enbiaron dezir en como ellos an tenido desde que la guerra de los moros se començo fasta aqui dos atalayas en
la sierra de Carrascoy para ver qualesquier senales de fuego que se fîzieren en el alar de la Terçia de Lorca e para
fazer otras senales semejantes a otras atalayas que dizen que ténia en el alcaçar viejo de la dicha cibdat para ser
avisados de la venida de los dichos moros que contra Lorca viniesen a las quales dichas quatre atalayas dizen que
les costavan cada dia quarenta e dos maravedis que les davan de sueldo. E otrosy, dizen que despues que los dichos
moros esta vegada postrimera corrieron aquella tierra por la fiesta de Navidat que paso, que acordaron de mandar
poner seys omes de guarda con otras guardas que la çibdat de Cartagena e las villas de Lorca e Mula e Caravaca
tenian puestas para atajar por se guardar de los dichos moros, e las quales dichas guardas dizen que les costavan
cada dia treynta e siete maravedis e medio cada uno, por quanto dizen que estavan en termino de moros, el quai
dicho sueldo que asy dizen que an dado a las dichas atalayas e guardas dizen que les nunca yo mando fazer
enmienda» (C0D0M, XII, pp. 230-234; Torres Fontes, «La regencia», p. 1 19, y C0D0M, XV, pp. 118-119).
19 Es évidente que en otras villas de la frontera, prôximas, debian existir igualmente otras construcciones
dedicadas a la vigilancia, aunque no siempre debian ser torres u otras edificaciones de nueva planta. Actual-
mente encontramos el toponimo atalaya en multiples municipios de la provincia de Murcia: Cartagena, Maza-
rrôn, Moratalla, Puerto Lumbreras, San Javier, Totana, Yecla, Murcia, Torre Pacheco, La Union, Alhama, Cieza,
Pliego y Yecla, cf. M. J. Vallcanera Calatayud (éd.), Repertorio de nombres geogrâficos de Murcia,
Valencia, 1976. Otros textos del ultimo tercio del siglo xvi mencionan varias atalayas en Béas de Segura, Cieza,
La Gineta, Chinchilla, Segura de la Sierra y Yeste, aunque no siempre atienden a un mismo signifïcado, cf. A. Ce-
briân y J. Cano Çeds.), Relacionestopogràjîcas de los pueblos del reino de A/wrc/a, Murcia, 1993 (Relaciones
topogrâficas), pp. 60, 106, 116, 119, 145, 265 y 390. Algunos documentos de particion de términos de 1365,
1398 y 1462 mencionan las atalayas de los Ballesteros y de Ucenda, en las divisorias entre Caravaca, Cehegin
y Mula: «e queste otro mojon en la Cabeça Rasa, que es en la somerada de la canada de Martin Yvanez, a la mano
derecha e commo van de Mula a Çehegin; que este otro mojon el Atalayuela de los Vallesteros, a teniente del
Pinar Hermoso, en la quai Atalayuela de los Vallesteros en ella fue puesto mojon oy a quinze dias por los dichos
comendador e conçejos» (J. Torres Fontes, Documentos para la historia medieval de Cehegin, Murcia, 1982
(citado Torres Fontes, Documentos), pp. 153-157, y C0D0M, XVII, pp. 32-33 y 109-1 11). Por otra parte,
résulta inaceptable la opinion de F. Gomez Ortin cuando prétende que el Valle del Paraiso, donde estuvo locali-
zado Alquipir, también fue otro puesto vigia cristiano, toda vez que Alquipir se despoblo completamente con la
conquista cristiana, si es que no lo estaba ya en los afios previos a la llegada de los feudales, hipotesis explica
ble por el hallazgo en esta alqueria de un tesorillo ocultado con toda probabilidad en época de Ibn Hûd al-Muta-
wakkil (1228-1238), cf. F. Gômez Ortin, «Alquipir, ignota ciudad murciana del Alto Medioevo»,
Carthaginensia, II(i), 1986, p. 92, y S. Fontenla Ballesta, «Los dirhems almohades del tesorillo de Ceheg
in (Murcia)», Boletin de la Asociaciôn Espahola de Orientalistas, XXI, 1985, pp. 275-283.
20 La historiograffa ha dedicado numerosas lîneas a las incursiones y apresamientos de hombres y ganados
en la zona del noroeste, aunque a veces no fueron debidas precisamente a los granadinos. La documentacion
aragonesa también ha generado algunas noticias. Sin ânimo de ser extenso, pueden verse entre otros, ademâs de
los ya citados: M. T. Ferrer i Mallol, La frontera amb l'islam en el segle xiv. Cristians i sarraïns al Pais
Valencia, Barcelona, 1 988, pp. 77 y 472-473; A. Masià i de Ros, Jaume II: Aragô, Granada i Marroc. Aportaciô LAS TORRES MEDIEVALES DEL CAMPO DE CARAVACA (MURCIA) 27I
guamiciones de los castillos y prévenir a todos aquellos que anduvieran laborando por la
huerta o transitando por los desolados caminos sobre la presencia granadina.
Las torres de Jorquera y Represa presentan planta troncoconica invertida, diâmetro de
base de 6,5 m y altura en torno a los 8 m. Estân construidas a base de sillarejo regular tra-
bado con cal, con pequenas piedras en los intersticios. Constan de un primer cuerpo
macizo y un vano con dintel arqueado a unos 3,5 m de altura, lo cual evidencia que el
acceso debia ser mediante una escala movil a retirar una vez que la guardia estuviese en el
interior. Por este motivo no hemos podido entrar en ellas y utilizamos las descripciones de
G. Sanchez Romero y J. A. Melgares21. Ambas estân cubiertas mediante bôveda de forma
conica aplanada o bôveda por aproximaciôn de hiladas de lajas de piedra, que soporta un
terrado con antepecho. Bôveda que, por otra parte, présenta claros paralelos en algunas de
las torres del Castillo de Caravaca. Algunas improntas de agujeros en el interior de la habi
tation delatan la existencia de una escalera que conducia al terrado por un hueco de unos
70 centimètres abierto en la base de la bôveda. Las torres presentan diversas saeteras adin-
teladas y abocinadas. La terraza era el lugar adecuado para realizar senales visuales e
informar a Caravaca de la presencia granadina:
Y muchas veces las atalayas de las torres Nueva, Vieja y El Horcajo, que estân como a una
legua apartadas, correspondian dando con aumadas los mismos rebatos22.
No se aprecian restos visibles de otras dependencias anexas o lugares de habitat medieval
en las inmediaciones, dato que pone de relieve su funciôn exclusiva como elemento de
vigilancia del territorio.
Segun parece, hace unos anos los propietarios de la torre de Jorquera retiraron de la
misma un escudo herâldico rematado por fronton moldurado que al parecer estuvo colo-
cado sobre el vano de acceso23. La fotografia del blason, publicada por los citados autores,
muestra una division tripartita: en el centre y a un nivel superior encontramos la Cruz de
Santiago, mientras que a ambos lados aparecen sendas cartelas rectangulares que presen-
documental, Barcelona, 1989, pp. 228-229 y 44°; J- Torres Fontes, «Pedro Lopez de Ayala, comendador de
Caravaca», Revista de las Fiestas de Caravaca de la Cruz, Caravaca, 1987, s. p.; Id., «La frontera de Granada en
el siglo xv y sus repercusiones en Murcia y Orihuela: los cautivos», en Homenaje a José Maria Lacarra de
Miguel, IV, Zaragoza, 1977, pp. 210-21 1; Id., «Cabalgada y apellido en la frontera de Granada», Estudios de
Historia y Arqueologia Médiévales, V-VI, 1985-1986, pp. 177-204; CODOM, XVII, pp. 53-57; M. Rodri
guez Llopis, Documentos para la historia medieval de Moratalla, Murcia, 1988, pp. 79-81 y 99-101, y Veas
Arteseros, «Acuerdos», pp. 1722-1724.
21 Sanchez Romero, «La torre», s. p., y J. A. Melgares Guerrero y M. A. Martinez Cuadrado, /fo-
toria de Caravaca a través de sus monumentos, Murcia, 1984 (citado Melgares Guerrero y Martinez
Cuadrado, Historia de Caravaca), pp. 109-1 1 1 .
22 Robles Corbalân, op. cit., lib. II, f° 86. El sistema de aviso mas frecuente en la frontera eran las ahuma-
das: «[. . .] en tienpos pasados quel rreino de Granada hera de moros y esta villa estaua en ordinariamente
los vezinos desta villa costrennidos de la neçesidad sienpre estauan en arma e a punto de guerra teniendo atala
yas que uelasen esta villa e sus terminos y aviendo dado auiso que abia moros çerca desta villa haçia Guadalquiuir
en la parte que dizen Bujahariça e aviendo los dichos moros cautivado algunos vezinos desta villa e de otros pue
blos comarcanos del Ualle de Sigura y lleuandose como se lleuan muchos ganados las dichas atalayas hizieron
ahumadas y sennas de los dichos moros e como se ténia de costunbre salir a los dichos rreuatos [...]» (Relacio-
nes topogrâficas, Villa de Béas, p. 60).
23 Melgares Guerrero y Martinez Cuadrado, Historia de Caravaca, p. ni. Inexplicablemente, el
escudo se encuentra en la actualidad en una vivienda en Marbella.