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De rebus Hispaniae frente a la Crónica latina de los reyes de Castilla : virtudes regias y reciprocidad política en Castilla y León en la primera mitad del siglo 
Ana R 
Instituto de Historia-CSIC SIREM (GDR 2378, CNRS)
R  A través de la comparación entre dos crónicas escritas en la primera mitad del siglo  , la Crónica latina de los reyes de Castilla , atribuida al obispo Juan de Osma, y De rebus Hispaniae , escrita por el arzobispo de Toledo Rodrigo Jiménez de Rada, se analizará la caracterización de las virtudes regias y la manera en que algunas de ellas adquieren en algunas crónicas una impor-tancia fundamental en la constitución de las relaciones políticas en los reinos. R  À travers la comparaison de deux sources écrites au cours de la première moitié du XIII e siècle, la Crónica latina de los reyes de Castilla , attribuée à l’évêque Juan de Osma, et le De rebus Hispaniae , écrit par l’archévêque de Tolède Rodrigue Jiménez de Rada, cet article analyse la caractérisation des vertus royales et la façon dont certai-nes d’entre elles auraient un rôle fondamental dans la constitution des relations politiques dans les royaumes.
Cuando en torno a 1243 Rodrigo, « indignus cathedre Toletane sacer-dos » dedicaba su obra a Fernando III, rey de Castilla y Toledo, León y Galicia, Córdoba y Murcia, se estaba cerrando un período excepcional, el de la cronística latina en los reinos castellano y leonés que había pro-ducido, en un muy corto lapso de tiempo, el Chronicon mundi de Lucas de Túy, la llamada Crónica latina de los reyes de Castilla , atribuida al obispo Juan de Osma, canciller de Fernando III y, por supuesto, De rebus Hispaniae del arzobispo de Toledo 1 . La extraordinaria circunstancia de haber sido 1. Las ediciones utilizadas de estas crónicas en este trabajo son : Lucas de TÚY , Chronicon mundi , A. SCHOTT (ed.), Hispaniae bibliotheca , Francfort, 1608 ; Rodrigo JIMÉNEZ DE RADA, Historia de rebus Hispaniae , Juan FERNÁNDEZ VALVERDE (ed.), Turnhout : Brepols , , , p. -
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escritas contemporáneamente, casi de forma simultánea, convierte a estas tres crónicas latinas en un observatorio privilegiado para analizar no sólo la realidad histórica que reflejan sino también qué imagen de la monarquía castellana y leonesa componen y cómo afrontan y reelabo-ran, y a través de qué tipo de recursos, un proceso cierto de transforma-ción de las bases del poder regio ; para desbrozar, en definitiva, el com-plejo entramado de los discursos políticos, en ocasiones diversos e incluso enfrentados en la concepción del poder regio y de sus formas de legiti-mación, que van tejiendo fuentes narrativas más emparentadas, quizás, en la apariencia que en la realidad. Recientemente he analizado el discurso de las crónicas latinas sobre la sucesión en los reinos de Castilla y León y la difícil justificación de la legi-timidad en las diversas formas de acceso al trono 2 . En esta ocasión, se tra-tará de establecer como referencia central la caracterización de los reyes a través de sus virtudes para analizar la manera en la que ciertas de estas virtudes adquieren una importancia fundamental en algunas de las cróni-cas en la constitución de las relaciones políticas en el interior de los reinos.
V  ,  . E       El modelo regio que establecen tanto Lucas de Túy como Jiménez de Rada aparece claramente reflejado en sus obras 3 . En el Proemio de la obra del Tudense se enumeran los cinco requisitos de los reyes para gobernar : « agnoscere Deum » (conocer a Dios), « fidem catholicam con-fitere » (confesar su fe), « regnum in pace conservare » (la paz en el reino), « iustitiam exhibere » (que haya justicia para todos) y « hostes viriliter expugnare » (luchar contra los enemigos). Como contraejemplo, los prín-cipes débiles se dejan llevar por el gusto de la carne y del vino, se entre-gan a la lujuria y están atentos a la maledicencia. En conclusión, cuando la « sapientia », la « fortitudo » y el « consilio » guían al príncipe, ni la lige-reza, ni la osadía ni la ira pueden con él. Rex dicitur a regendo, quod se et alios bene regat, cui specialius quinque sunt necessaria. Primo vidilicet creatorem et Regem suum, patrem, filium et spiri-
(Corpus Christianorum. Continuatio medievalis, LXXII), 1987 y Chronica latina regum Castellae , Luis CHARLO BREA (ed.), Turnhout : Brepols (Corpus Christianorum. Continuatio medie-valis, LXXIII), 1997. 2. Ana RODRÍGUEZ, « Sucesión regia y legitimidad política en Castilla en los siglos  y  . Algunas consideraciones sobre el relato de las crónicas latinas castellano-leonesas », in : Isabel ALFONSO y Georges MARTIN, Lucha política : condena y legitimación en las sociedades medie-vales (en prensa). 3. Se hará una somera referencia a estos aspectos, ya que algunos son tratados en otras con-tribuciones que aparecen también recogidas en este volumen.
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tum sanctum unum verum Deum in unitate substantiae et in trinitate perso-narum agnoscere. Secunduo fidem catholicam moribus et verbis confiteri. Tertio regnum in pacem omnimode conseruare. Quarto sine acceptione per-sonarum vunicuique iustitiam exhibere. Quinto vero hostes viriliter contemp-tis cunctis laboribus expugnare. Princeps enim delicatus potius flectitur ad carnis ludibria peragenda, quam ad hostium obstinatam fortitudinem ferien-dam. Princeps delicatus vino madet, lenitur blanditiis meretricum, dissoluitur luxuria et susurronibus libenter apponit aurem. […] De quarto vero diuina sapientia dicit : quod princeps qui libenter audit verba susurri, omnes minis-tros habet impios. Sed auferatur susurro et cessabit perturbatio 4 . En el prólogo de De rebus Hispaniae , el arzobispo de Toledo Rodrigo Jiménez de Rada establece una clara distinción entre los príncipes a quie-nes « ignauia fecit uiles » (la indolencia hizo despreciables) y los que fue-ron consagrados para los siglos venideros por su « sapiencia, strenuitas, largitas et iusticia ». … gesta etiam principum, quorum alios ignauia fecit uiles, alios sapiencia, strenuitas, largitas et iusticia futuris seculis comendauit, ut quanta sit differen-cia utrorumque exitu comprobetur, et discant posteri bonorum exemplis inniti et a malorum semitis declinare 5 Las virtudes y los vicios de los reyes, por tanto establecidos desde el ini-cio de las crónicas, se desgranan a medida que se van describiendo los personajes. Algunos concitan todas las virtudes, otros buena parte de los vicios. Así, Fernando I es, para Lucas de Túy, « mansuetus et pius, natu-rale benignitate », al igual que Fernando II de León, « pius, benignus, liberalis et largitate praeclarus ». La otra cara de la moneda, la de los « príncipes delicados » está ejemplificada por García de Navarra, a quien se califica de « hacer et furibundus… ferox et animosus », lleno de envi-dia, y por García de Galicia, otro de los personajes más denostados por el cronista, de quien se dice que es « iratus » 6 . Alfonso VIII de Castilla es descrito en las líneas iniciales que escribe el tudense sobre su reinado como « sapientia magnus, consilio prouidus, armis strenuus, largitate pre-cipuus, fide catholica roboratus », un compendio de virtudes que ejem-plificaría cómo debe ser el buen rey para el cronista leonés 7 . Todo ello no difiere en exceso de las virtudes que debe atesorar la
4. De rebus Hispaniae, p. 1. 5. Ibid., p. 6. 6. Sobre la ira de los reyes, Barbara H. ROSENWEIN (ed.), Anger’s past. The social uses of an emotion in the Middle Ages , Ithaca-Londres : Cornell University Press, 1998, en particular, Gerd ALTHOFF, « Ira regis : prolegomena to a history of royal anger », p. 59-74, en relación con la ira como un determinante de la acción regia y sus consideraciones positivas y negativas en las fuentes ; y Paul HYAMS, « What did Henry III of England think in bed and in french about kinship and anger ? », p. 92-124. 7. De rebus Hispaniae, p. 107.
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realeza según De Rebus Hispaniae . Al enjuiciar el reinado de Alfonso VI, don Rodrigo apunta los principios del buen gobierno : « zelare fidem, dilatare regnum, exterminare inimicos, concludere adversarios, multipli-care ecclesias, restaurare sancta, restituere dissipata », al final de una larga enumeración de las virtudes – y de las acciones de gobierno rela-cionadas con ellas – del conquistador de Toledo 8 : Hic fuit strenuitate maxima nobilis, uirtute excelsus, gloria singularis ; habun-dauit in diebus eius iusticia, finem accepit seruitus, consolationem lacrime, augmentum fides, dilatationem patria, audaciam populus, […] ; dextera eius presidium patrie, munimentum absque timore, fortitudo dine perturbatione, protectio pauperum, uirtus magnatum… A su vez, para don Rodrigo, Fernando I es « bonus et iustus, ac timens Deum ac strenuus in agendis », Fernando II de León es « pius, hilaris, liberalis, strenuus, benignus et in proeliis fortunatus », aunque éste, al igual que otro rey leonés, Alfonso IX, sufren de ciertos vicios, como el de dar crédito a las habladurías o rodearse de malos consejeros, atribuidos también por Lucas de Túy a los gobernantes débiles. Y, como en el Chro-nicon mundi , los dos Garcías son los malos príncipes por antonomasia : en el de Navarra destaca la superbia y en el de Galicia la insolentia y la ira . Por último, y como es bien sabido, el modelo regio del arzobispo se plasmará en la « strenuitas, largitas, curialitas, sapiencia et modestia » que compo-nen el retrato de Alfonso VIII en el capítulo del libro VIII de De rebus His-paniae dedicado a glosar las virtudes y la generosidad del rey castellano 9 . Sorprendentemente, Fernando III, bajo cuyo reinado se escriben las crónicas de Lucas de Túy y de don Rodrigo, merece a ambos muy poca atención en lo que respecta a sus virtudes o vicios : en el Chronicon mundi el rey Fernando es « pius, prudens, humilis, catholicus, benignus », una retahíla de lugares comunes donde no parece tenerse en cuenta lo espe-cífico de una época en la que se produjo la reunificación de los reinos castellano-leonés en 1230 y la gran expansión frente a al-Andalus a par-tir de la década de 1220 10 . Sólo elabora de forma especial la crónica leo-nesa la necesaria integración en el rey de las virtudes de sus predecesores en Castilla y Léon : gracias a una finta retórica de Lucas de Túy, reúne el rey en sí el « spiritus sapientiae » de Alfonso VIII de Castilla, su abuelo, y 8. El capítulo  del libro VI del De rebus Hispaniae está enteramente dedicado a glosar las virtudes de Alfonso VI, p. 202-203. 9. Libro VIII, Capítulo  , p. 262-263. Algunos de estos aspectos y otros de similar interés sobre la historiografía castellano-leonesa del siglo  han sido analizados en Peter LINEHAN, History and the historians of medieval Spain , Oxford : Oxford University Press, 1993. 10. El contexto general de la expansión castellana hacia el sur y de la consolidación interna del reino en la primera mitad del siglo  se ha estudiado en Ana RODRÍGUEZ LÓPEZ, La consolidación territorial de la monarquía feudal castellana. Expansión y fronteras durante el reinado de Fer-nando III , Madrid : CSIC, 1994.
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el « spiritus fortitudines et clementiae » de su padre Alfonso IX de León 11 . Sorprende, por último, el absoluto olvido al que el arzobispo de Toledo condena a Fernando III, a quien – recordemos – había dedicado su obra, a la hora de otorgarle la capacidad de encarnar un modelo para la monarquía castellana a través de la posesión de ciertas virtudes. Virtudes regias que, por el contrario posee legítimamente su madre Berenguela, mediante la cual se establece el vínculo directo con Alfonso VIII 12 . Las referencias a tales virtudes de la reina son constantes en comparación con la parquedad de las referencias a su hijo el rey. En el penúltimo capítulo de la obra del arzobispo se hace un largo elogio de la reina en el que destacan las virtudes de gobierno así como la influencia ejercida sobre su hijo a lo largo de todo el reinado 13 : Hec enim regina nobilis Berengaria sic filium in bonis operibus enutruit, quod bona studia, que regina nobilis nullius uirtutis oblita, nullius charismatis expers, ut lac mellifluum graciis circumfusum, cordi eius influere non cessauit nec umquam ab ubere pleno uirtutibus ablactauit, ut licet uir factus et in etate roboris confirmatus, mater eius numquam cessauit nec cessat que Deo et hominibus sunt accepta studio uigili suadere, quia nec umquam feminae, set semper magnificencie opera persuasit. Tanto Lucas de Túy como Jiménez de Rada habían armado modelos de príncipes en sus crónicas, modelos legitimados a través de la posesión total o parcial de ciertas virtudes y de la ausencia de ciertos vicios, todo lo cual se enunciaba con claridad en los prólogos de ambas obras. Se fijaba así la esencia de lo que era la monarquía : virtudes que se iban poniendo a prueba a medida que discurrían los acontecimientos y de las que al final de los reinados se hacía un balance. Una de las formas de legitimación fundamentales para ambos sería, pues, cumplir con ese largo itinerario, plagado de obstáculos, que conducía al modelo regio. La Crónica latina de los reyes de Castilla es una obra ciertamente diferente. Poco conocida y poco copiada – de ella sólo se conserva un manuscrito
11. p. 111. Previamente Lucas de Túy había destacado la obediencia de Fernando III a su madre, la reina Berenguela, quien había encargado la composición del Chronicon mundi al canó-nigo de san Isidoro de León. 12. El capítulo  del libro IX del De rebus Hispaniae (p. 287-288) se titula parcialmente « De largitate regine Berengarie », y mediante este título se establece un paralelo con el capítulo citado anteriormente donde se glosaban las virtudes y la generosidad de su padre Alfonso VIII. 13. p. 299-300. Algunos de estos aspectos relacionados con Berenguela se han tratado en Ana RODRÍGUEZ, « Sucesión regia y legitimidad política en Castilla en los siglos  y  … », Ana RODRÍGUEZ, « “Quod alienus regnet et heredes expelatur”. L’offre du trône dCeUCAaystilleauroiLoÍuGisUVEIIZI,d«eFrance»,Le Moyen Âge , 105 (1), 1999, p. 109-128, y Esther PAS-Ana RODR Nuevos contextos políticos en la sociedad plenomedieval : espo-sas y señoras en un mundo de jerarquía y fidelidad », in : A. AGUADO (ed.), Mujeres, regulación de conflictos sociales y cultura de la paz , p. 29-57, Valencia : Publicaciones de la universidad de Valencia, 1999.
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de fines del  , quizás, entre otras cosas, porque no fue utilizada en la composición de la Estoria de Españ a alfonsí – ha sido atribuida de forma unánime al obispo Juan de Osma, canciller de Fernando III hasta su muerte en 1246. Contemporánea a la crónica de Jiménez de Rada, fue escrita al parecer en dos momentos : el primero al comienzo de 1230 y el segundo en una fecha posterior a 1236. Su alcance cronológico es mucho más limitado, y su pretensión es relatar la historia de Castilla, desde sus orígenes condales hasta los reinados de Alfonso VIII, Enrique I y Fer-nando III, para acabar después de la conquista de Córdoba en 1236. Su relato no depende directamente de otras fuentes conocidas, el autor es en muchas ocasiones testigo directo – como también Jiménez de Rada –, y ofrece datos inéditos, que completan la información procedente de otras fuentes del mismo período. El editor de la Crónica latina de los reyes de Cas-tilla , Luis Charlo, sostiene que la última parte de la crónica – entre los capítulos 69 y 75 (es decir, entre la conquista de Córdoba y el final) – podría haber sido escrita por otra mano, aunque quizás se trate única-mente de un redactor definitivo de los apuntes escritos por el canciller 14 . Pero precisamente la visión original y de primera mano que ofrece de la Castilla de los reyes Alfonso VIII, Enrique I y Fernando III, entre 1158 y 1236, proporciona una idea de la complejidad política del reino que difiere en cierta medida de las demás fuentes. La Crónica latina de los reyes de Castilla no parece que establezca a priori un modelo regio ni que enumere abiertamente virtudes necesarias para el gobierno del reino. Evidentemente, la crónica carece de prólogo o de declaración de intenciones u objetivos, lo que en principio no facilita que un programa tal se exponga de entrada. Tampoco hay un destinatario claro y no sabemos cuáles fueron los motivos que llevaron al autor o auto-res – el canciller regio y el posible redactor de los últimos capítulos – a emprender la tarea de relatar los acontecimientos que configuran tres siglos de historia castellana. Pero el análisis de algunos indicios que vamos a ver a continuación, sin embargo, nos pueden llevar a pensar que – a pesar de todo – el autor de la Crónica latina se está sirviendo de un lenguaje político propio en la cons-trucción de un poder regio legítimo, que se va tejiendo no sólo en una contraposición de virtudes y vicios sino también, y fundamentalmente, en las relaciones políticas que se van creando a lo largo de ese proceso y que se ejemplifican a su vez en un sistema de virtudes y vicios asociados 15 .
14. Luis CHARLO BREA, « ¿ Un segundo autor para para la última parte de la Crónica latina de los reyes de Castilla ? », in : Actas del I congreso nacional de latín medieval , Madrid : Publicacio-nes de la universidad de León, 1995, p. 251-256. 15. El estudio del lenguaje político de la Crónica latina de los reyes de Castilla ya se ha llevado a cabo con respecto a la sucesión legítima en los reinos en el artículo citado anteriormente.
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Voy a intentar hilvanar algunos ejemplos mediante la comparación del uso de ciertos conceptos en De rebus Hispaniae y la Crónica latina de los reyes de Castilla que nos podría – creo – llevar en esta dirección o, al menos, hacernos plantearnos nuevas hipótesis.
L . L      D E REBUS H ISPANIAE    C RÓNICA LATINA DE LOS REYES DE C ASTILLA Las virtudes relacionadas con la generosidad son algunas de las que cons-tituyen los pilares del modelo monárquico para los cronistas latinos de las primeras décadas del siglo  . La largitas (es decir, la generosidad) es con-sagrada por el arzobispo de Toledo – junto con la sabiduría, el valor y la justicia – como una de las más distintivas virtudes regias. Y como tal, « largus » son los reyes a los que se alaba en la crónica, como se com-prueba en las descripciones de Alfonso VII y de Alfonso VIII. Referen-cias a « largitas » o a conceptos asociados como « liberalitatis » se desgra-nan a lo largo de todo el relato. En la genealogía que establece de los reyes de Aragón, Ramiro el monje fue « liberalis » hasta el extremo de regalar a los caballeros casi todas las villas y castillos que correspondían a la corona – « Hic fuit in preliis fortunatus et suis benignus, propicius, libe-ralis, adeo quod fere omnes uillas et castra regalia militibus est largi-tus » 16 –, mientras que Alfonso II era « amator liberalitatis », y su hijo Pedro II, el derrotado en Muret en 1213, fue « largus », y daba « liberali-ter » cualquier dinero que podía conseguir, hasta el extremo de que fre-cuentemente empeñaba castillos y plazas fuertes con tal de que su mano, según el arzobispo acostumbrada al regalo, no se encontrase sin nada que dar 17 : Hic fuit strenuus, curialis et largus, et undecumque pecunias habere poterat, liberaliter erogabat, adeo quod interdum castra et municipia creditoribus obli-gabat, ne manus solita semper dare inueniretur a largitionibus aliena. En este ejemplo, como en el de Ramiro II, aflora la reprobación en juicio de don Rodrigo, pero no se expresa conceptualmente de forma específica. El perdón generoso, « liberaliter », es el que dispensa Alfonso el Batallador al conde Pedro Ansúrez, dividido entre la lealtad a su señora natural, la reina Urraca, y el vasallaje prestado al rey de Aragón. Alfonso VII es « largitus » con los genoveses después de la conquista de Almería. Del rey Sancho II de Castilla, el arzobispo recuerda su « libera-litate » para con todos. Cuando el arzobispo comienza su narración de la conflictiva minoría 16. Libro VI, capítulo  , p. 179-180. 17. Libro VI, capítulo  , p. 181.
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del rey Alfonso VIII de Castilla, se detiene en el período en que se desató la guerra entre las distintas facciones nobiliarias que se enfrentaban por la custodia regia. Cuenta cómo los condes de Lara consiguieron arreba-tar la tutela del rey niño a los Castro y entregarla a su hermanastro Gar-cía Garcés de Aza, que era el mayor de entre ellos. Éste, « cum esset sim-plex et rerum non prodigus dispensator » (como era de corta inteligencia y poco amigo de la prodigalidad), al preocuparse sobremanera por cómo afrontar los gastos de la custodia, sólo consiguió perderla ya que los Lara aprovecharon entonces para hacerse con el rey niño, lo que era su deseo desde hacía tiempo. Sentencia Jiménez de Rada sobre García de Aza que al aceptar entregar al rey a sus hermanastros, se libró de los gastos pero también de su posición y de su honor 18 : Ipse uero cum esset simplex et rerum non prodigus dispensator, quesiuit a fra-tribus unde posset de sumptibus prouidere ; ipsi uero gaudentes eo quod ad custodiam pueri anelabant, dixerunt ei ut se ab expensarum onere expediret et traderet puerum comiti Amalrico ; quod et ipse acceptans, et sumptibus caruit et regimine et honore. Es interesante en estas circunstancias ver cómo se utiliza aquí « prodi-gus » en su calidad de sinónimo de « largus », aparentemente sin una con-notación especial o sin un significado alternativo. En los siguientes capí-tulos de De rebus Hispaniae se hacen otras referencias similares a las que se habían visto en relación con los monarcas aragoneses. Fernando II de León es también calificado como « liberalis », ya que entregó una buena parte de lo que pertenecía al patrimonio real a las órdenes religiosas y a las iglesia, si bien tales donaciones fueron posteriormente revocadas por su hijo Alfonso IX 19 . Nos movemos aquí de nuevo en el difuso límite entre la virtud y el vicio, aunque este límite no se señala de forma explí-cita ni se le atribuyen términos específicos. De la infanta Berenguela, en el momento del entierro de su hermano el infante Fernando, primogénito del rey de Castilla, en las Huelgas de Burgos en 1211, se dice que la generosidad de sus limosnas (« largitio ») superó a la generosidad de los reyes (« principum largitatem »). La lar-gueza, por su parte, se convierte en el motor del elogio a Alfonso VIII (« de prerrogativa virtutum et largitatis nobilis Aldefonsi ») en los prepa-rativos de la batalla de Las Navas, y una generosidad similar es alabada en la reina Berenguela en los comienzos del reinado de Fernando III, como se ha señalado unas líneas más arriba. De la virtud de la generosi-dad está dotado Ibn Hud de Murcia – eso sí, según don Rodrigo – en la
18. Libro VII, capítulo  , p. 237. 19. Libro VII, capítulo  , p. 242 : « … erga religiones et ecclesias sic deuotus et eis fere omnia regalia largiretur, que tamen filius eius postea reuocatit… »
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medida en que lo permite la deslealtad y la artería de ese pueblo. Por último, el elogio final de la reina Berenguela, que cierra prácticamente De rebus Hispaniae , al que se ha hecho referencia más arriba, recoge la idea de la generosidad extrema, la prodigalidad con sus riquezas (« … plus inue-nitur regni et rerum prodiga quam uirtutum… »), que permite al cronista enlazar a Berenguela con su padre Alfonso VIII saltándose, de paso y sin que sepamos muy bien la razón, al rey que reina y al que dedica la obra que está finalizando, a Fernando III. El autor de la Crónica latina de los reyes de Castilla utiliza los mismos tér-minos que el arzobispo a la hora de definir una de las virtudes regias fun-damentales : la largueza o la liberalidad. A pesar de que no se expresa en una declaración de intenciones previa, la generosidad constituye en la Crónica latina uno de los motores principales de las relaciones políticas en el reino. Alfonso VIII donaba « largissime » a los ultramontanos en los preparativos de Las Navas, y el elogio fúnebre de Alfonso VIII que rea-liza el canciller recoge lo que para éste deben ser las virtudes del rey : « iustus, prudens, strenuus, largus » 20 . También Fernando III primero y más tarde su madre la reina Berenguela distribuyen de forma generosa (« largissime ») a sus ejércitos en los inicios de las campañas contra los musulmanes de al-Andalus y más tarde en los preparativos de la cam-paña de Córdoba. Pero también los reyes musulmanes y los nobles y eclesiásticos pueden ser generosos : así se califica como largus a Abd-al-Mounin (« uir discretus, largus et bellicosus »), dirigente de los almoha-des, y el mismo calificativo se aplica al arzobispo Martín de Toledo (« uirum discretum, benignum et largum »). Hasta aquí, nada parece disentir de lo que se ha observado en el análisis de las demás crónicas latinas hasta ahora. Pero en dos ocasiones precisas las virtud regia de la generosidad alcanza en la Crónica latina de los reyes de Castilla la consideración de virtud política en relación con las obligaciones recíprocas necesarias para trabar el vínculo entre gobernantes y gobernados. Y es esto lo que configura en la Crónica latina una dimensión propia y singular en la caracterización de las virtudes políticas que marca la diferencia con las virtudes morales que propugnan los modelos de Lucas de Túy y de Rodrigo Jiménez de Rada. Se entra, así, de lleno en la naturaleza política de las relaciones sociales en el reino y en la legitimación del poder regio a través de ellas. En los primeros pasajes de la crónica, el canciller narra – con la minu-ciosidad y precisión que siempre le caracteriza en el relato de los aconte-cimientos externos al reino de Castilla – la ascensión de los almohades, la
20. p. 68 : « Flos regni fuit, decus mundi, omni morum probitate conspicuus, iustus, pru-dens, strenuus, largus, ex nulla parte maculam in gloria sua posuit. »
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predicación en Marruecos de Ibn Tumert y el juicio negativo que provo-caban almorávides por su falta de moderación en la recaudación de impuestos y por la explotación de sus súbditos : Predicauit [Ibn Tumert] igitur specialiter contra superbiam et opressionem Moabitarum, qui gentes sibi subditas crudeliter oprimebat, exactiones inmo-deratas facientes frequenter ut liberalitatis sue, imo pocius prodigalitatis uicium, quo laborabant et in quo gloriabantur, possent pro libitu suo exercere. Los almorávides, relata Juan de Osma, oprimían cruelmente a sus súbditos, imponiendo con frecuencia inmoderados impuestos para poder ejercer a su gusto la liberalidad, o más bien el vicio de la prodigalidad, en el que estaban inmersos y del que se vanagloriaban 21 . Encontramos aquí, por primera vez, la contraposición de dos conceptos que no aparecían enfrentados – sino incluso en ocasiones directamente como sinónimos, tal y como acabamos de ver – en De rebus Hispaniae , esto es, la liberalidad o largueza y la prodigalidad, que en la Crónica latina de los reyes de Castilla se corresponden una con la virtud y otra con su vicio correspondiente. Se podría pensar que la visión negativa que se presenta en el relato de la sus-titución de los almorávides por los almohades se explica por la simple razón de que se está describiendo un acontecimiento propio del mundo musulmán. Sin embargo, una lectura completa de la crónica desmiente este supuesto. Algunos párrafos después, el cronista se detiene en narrar el universo que rodea al hijo de Alfonso VIII, el infante Fernando, heredero del reino de Castilla y muerto poco antes de la batalla de Las Navas de 1212. La descripción es de gran interés por dos motivos. En primer lugar, porque establece una suerte de edades de la vida, en el sentido que diferencia – y no sólo en este caso, sino que también lo había hecho al hablar de la minoría de su padre, Alfonso VIII – entre la infancia y la pubertad de un rey (« annos pubertatis »), en los que el infante se dedica a una vida lúdica con sus pares, y una edad adulta (« grandiuscultus »), centrada en la pre-paración de la guerra ya al margen de la relación con sus iguales, que le reviste de una serie de virtudes propias de la realeza de las que carece en la edad temprana. En segundo lugar, y esto es lo que interesa en el pre-sente análisis, porque revela cómo el canciller – y el medio en el que se mueve, suponemos – calcula el valor y la equivalencia de las prestaciones entre el infante y la nobleza, dónde sitúan el equilibrio – o el desequili-brio – entre ellas y cuáles son los conceptos políticos que se utilizan para definir todo ello 22 :
21. p. 40. A continuación se describe al almohade Abd-al-Mounin, uno de los que ha luchado contra los pródigos almorávides, como « largus ». 22. p. 52-53. El infante Fernando era de tanta liberalidad, por no decir prodigalidad, que,
     
Fernandus, cum peruenit ad annos pubertatis, tante liberalitatis erat, ne dicam prodigalitatis, quod, cum multa daret, se nichil dedisse credebat, cum adhuc superessent qui peterent, quorum cupiditati explede sufficere non uale-bat. Ex omni parte Yspanie cateruatim confluebant ad ipsum nobiles, quos omnes uelud notissimos recipiebat et multis muneribus eorum indigenciam releuabat. Imberbis iuuenis tandem, custode remoto, gaudebat equis canibus-que et aprici gramine campi ; ludebat i auibus diuersi generis ; mores eius supra modum a coequalibus laudabantur. Factum autem grandiuscultus, circa finem adolescencie prudenciam induens, cum robore iuuenilis etatis cepit omnia predicta, in quibus gloriabatur, uilipendere et armorum usui cepit iuuari, libenter adherens illis, quos in armis strenuos nouerat et rerum bellica-rum expertos. No se alude directamente en la frase … tante liberalitatis erat, ne « dicam prodigalitatis… » – como sí sucede en el citado ejemplo de la caída de los almorávides –, a la prodigalidad como vicio opuesto a la largueza. Sin embargo, en este pasaje se va incluso más allá en la caracterización política de esa dicotomía, dotándola de la capacidad de influir en la con-figuración del tejido social del reino al atribuir una connotación clara-mente negativa a la posibilidad de « dar demasiado ». Se establecen así los límites de lo que se podría denominar como una cierta « reciprocidad política » : la relación entre lo que debe dar el rey (o el infante), lo que deben recibir los nobles y lo que éstos por su parte deben dar a cambio. En el relato de la corta vida del infante Fernando, esta tercera parte de la ecuación de la reciprocidad – la de la devolución o, en este caso, su rup-tura debido a la no devolución por parte de los nobles – se pone clara-mente en evidencia en la alusión a la avaricia de los magnates del reino. La crítica al vicio de la prodigalidad del infante, el de dar demasiado, se complementa así con el vicio de la avaricia de los poderosos, el de no devolver nada, y teje una maraña de relaciones políticas que irremedia-blemente abocaría al desequilibrio en la relación y al endeudamiento del futuro rey con la nobleza. Es explícita, no obstante, la relación de la acti-tud del infante y su edad. Esto se refuerza en las líneas siguientes al citar las virtudes que se oponen a los vicios juveniles : así, revistiéndose de pru-dencia al final de su adolescencia, comenzó a despreciar todo aquello en lo que antes se gloriaba y a aficionarse al uso de las armas. Aquí se pueden encontrar algunas claves del lenguaje político que la crónica del canciller Juan de Osma no comparte con la obra del arzo-bispo de Toledo. La inexistencia de una contraposición de estas caracte-
aunque mucho diera, pensaba que no había dado nada, si aún había quienes pedían, cuya ava-ricia no era capaz de calmar suficientemente. De todas partes de España confluían a él en caterva nobles, a todos los cuales recibía como conocidos, y aliviaba su indigencia con muchos regalos (Luis CHARLO BREA (trad.), Crónica latina de los reyes de Castilla , Cádiz : Publicaciones de la universidad de Cádiz, 1984, p. 22-23).