Peña Nieto, el Aplastamiento Visual

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Las elecciones mexicanas han arrojado un fenómeno particular entorno a la campaña de EPN: la manipulación propagandística para
propulsar su candidatura. Esta suerte de mercadotecnia política podría bien asemejarse al Goebels...de la política mexicana: spots,pancartas, mercadotecnia...todos los elementos están puestos para propulsar la victoria de Enrique Pena Nieto en las elecciones presidenciales de este 2012
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Publicado el : miércoles, 11 de abril de 2012
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Peña Nieto, el Aplastamiento Visual
Escrito por
Jenaro Villamil
el 10 abril 2012 a las 6:00 pm en
Sociedad
A las primeras horas del 30 de marzo, inicio formal de la mini-campaña presidencial en México, el
país amaneció tapizado por los espectaculares de Enrique Peña Nieto en posición de hombre que
mira al futuro, ilumina la oscuridad, apapacha a las señoras, promete el cambio sin decir para
dónde. A razón de 10 a 1 frente a López Obrador o a Josefina Vázquez Mota, los espectaculares de
Peña Nieto tapizaron avenidas como Circuito Interior o Periférico de la Ciudad, del Distrito Federal.
Hasta extrañaba uno los modestos anuncios de tiendas de ropa.
La inundación peñista no sólo fue en las calles de las ciudades más grandes del país. En una acción
perfectamente sincronizada, a través de
spots
televisivos y radiofónicos, el candidato de la coalición
PRI-PVEM apareció en tres ediciones distintas recorriendo el país, hablando a cada región de
México. Hombre solo que salva a la nación. Hombre-
spot
que conecta con las emociones evasivas
de una sociedad agotada. Peña Nieto presumió en estos promocionales hasta cuatro modelos de ropa
distinta, como si se tratara de un candidato “totalmente Palacio”. También se dio gusto para una
naturalidad impostada. Bailó un danzón, se paró en un muelle de Quintana Roo, mientras una
gaviota sobrevolaba su destino.
Ahora ya está el segundo “paquete” de
spots
de Peña Nieto. Habla de su infancia, de su familia, de
sus orígenes. El es el mensaje. El es la propuesta. Su biografía parece ser la plataforma de gobierno.
El es la imagen que arrastra hacia la victoria.
Y si usted quiere salvarse de esta intoxicación visual peñista no podrá. Va a cualquier sala de cine y
ahí le recetarán, por lo menos, 3
spots
de Peña Nieto y alguno de sus contrincantes. Los de Josefina
Vázquez Mota, fallidos y oscuros, se confunden con el promocional de la teleserie
Mujeres
Asesinas.
Y López Obrador, con mayor contenido, es visualmente pobre, hermético, dando la
espalda a la cámara.
De eso se trata la campaña de Peña Nieto: no es convencer de su propuesta sino inundar de su
inventario audiovisual el país. Ahí está su rostro, su nombre, la tipografía eficaz de sus promotores
en las playas de Semana Santa, en el reparto de afiches, en las páginas de internet, en Facebook y en
Twitter donde se han activado los @ectivistas que ahora
presumen su copete estilizado como helado
de chocolate sobre sus cabezas
.
Y si no quiere ver Peña Nieto hasta en la sopa, en microbuses o en playas artificiales, ahí está
Angélica Rivera, en el papel de
La Gaviota en Campaña
, subiendo videos al estilo doméstico de
Werevertumorro, perfectamente calculado para que den un tono “casual”, “hogareño”, emotivo.
Se trata de un “inventario visual dominante”. Es el aplastamiento mercadológico que precede al
emocional y busca traducirse en un “carro completo” en las urnas, según los cálculos de sus jefes de
campaña.
El movimiento peñista no sólo le apuestan al retorno del PRI a la presidencia de la República y a
una cómoda mayoría en el Congreso sino a la coronación del Rey Peña Nieto, soberano del
spot,
conde de los infomerciales, emperador de los espectaculares, que lleva por corona un Copete-
símbolo de la dinastía Atlacomulco.
Es un operativo que conjuga el dominio audiovisual de Televisa –ahí está el productor estelar Pedro
Torres, encargado de los
spots
- con el dominio del aparato político-partidista que tienen los
gobernadores peñistas. Ya no hay rubor para simular la separación entre gobierno y partido. En
Veracruz y en Yucatán los gobernadores no sólo presumieron su militancia
sino exhibieron el
músculo presupuestal y esa gran tradición mexicana que nunca se ha ido
(salvo en
el Estadio Azul
con Josefina Vázquez Mota
): el acarreo masivo.
Buscan consolidar un “voto duro” de 10 millones de personas, como mínimo. Y agregar 20 millones
de votos más. Si lo logran, en un escenario de 60 por ciento de abstención, el inventario visual
dominante se habrá traducido en “carro completo” en las urnas.
De esto se trata. Demostrar que es imparable, irrefrenable, adictivo, como la Coca Cola en el
desierto, el producto mejor cuidado y con mayor inversión en los últimos tiempos de la clase
política. A mayor abstencionismo, mayor margen de victoria.
¿Cuánto cuesta todo esto? El tope de gastos para la campaña presidencial es de 336 millones de
pesos. El PRI recibirá un financiamiento público de 1,644 millones de pesos, cinco veces más que
el tope de gasto para la campaña presidencial. Esa bolsa de recursos, más otra que no se ve y está
encubierta en fideicomisos o en extraños “envíos” de 25 millones de pesos por estado al aeropuerto
de Toluca pueden ser los fondos reales de la campaña de coronación más costosa en la historia del
país.
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